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R.E.M. “Imitation of Life”

Reveal” (2001) es uno de los últimos álbumes de R.E.M., la banda norteamericana de rock alternativo formada en 1980 por Michael Stipe (voz), Peter Buck (guitarra), Mike Mills (bajo) y Bill Berry (batería). Estamos ante uno de los grupos que más discos ha vendido en la historia de la música, y lo ha logrado gracias a un estilo con reminiscencias underground que, en principio, no era el dominante y más comercial en aquella época, en la que se preferían otros géneros como el hair metal, el pop, incluso el punk. Pero todo era misterioso, enigmático y envolvente en  R.E.M., desde las letras hasta su sonido, pasando por el nombre de la formación que, como bien saben todos sus seguidores, hace alusión al sueño R.E.M. (Rapid Eye Movement), habitual en los mamíferos. Tras algún single y EP, grabaron su primer álbum (“Murmur”, 1983), un excelente debut que tendría su continuidad en los discos que vendrían después, trabajos como “Reckoning” (1984), “Life Rich Pageant” (1986), “Document” (1987), “Out of Time” (1991), “Automatic For the People” (1992), “Up” (1998) o “Reveal” (2001), por citar los mejor valorados por crítica y público. No conozco en profundidad toda la obra de esta banda, pero los discos que he escuchado de ellos me gustan, me relajan y me ayudan a concentrarme, una sensación parecida a la que tengo cuando escucho rock sinfónico. Siempre me ha gustado “Reveal”, su duodécimo álbum, con esos tonos pop, electrónicos y acústicos que confieren al álbum un sonido muy especial, algo que se evidencia en temas como “I’ve Been High“, “The Lifting“, “All The Way to Reno“, “She Just Wants to Be“, “I’ll Take the Rain” o el más famoso de todos, tal vez el último gran éxito de R.E.M. antes de su disolución en 2011: “Imitation of Life”, inspirado en la película del mismo título dirigida por Douglas Sirk. Tal vez sea la canción más alegre del disco, al menos en lo que a su ritmo se refiere, con una letra indescifrable para mí, marca de la casa, y un vídeo promocional de lo más sugerente, grabado y emitido en ciclos de veinte segundos con una técnica que permite mostrarnos la acción desde diferentes planos (aquí lo explican). Para finalizar, aquí tenéis una versión en directo siguiendo la moda unplugged de aquellos años.

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The Cure. “Lullaby”

Lobos feroces que quieren comerse a los niños, padres que abandonan a sus hijos, payasos de mirada triste que tratan de amenizar a los más pequeños, canciones de cuna con letras tan terroríficas como “duérmete niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá”. Desde luego, no parecen las herramientas más adecuadas para acercarse a los niños y, sin embargo, están consolidadas en nuestra cultura popular. En realidad, todos tenemos nuestra vena siniestra; algunos van más allá y dedican su vida a ello, se visten de negro, se maquillan y adoran la oscuridad y la muerte, seguro que alguna vez habréis oído hablar de la cultura gótica o siniestra. La banda británica The Cure es una de las referencias en este ámbito, al menos en lo que a la música se refiere; la imagen de su líder, Robert Smith, es de las más imitadas, incluso fue utilizada para construir el personaje principal de la película “Eduardo Manostijeras” (1990), de Tim Burton. Dicho esto, no resulta excesivamente complicado imaginarse una nana compuesta por Robert Smith; para empezar, debe superar en carácter siniestro a las canciones de cuna populares, algunas verdaderamente inquietantes (el compañero Pere nos habla de ello en su entrada dedicada al tema protagonista de hoy), por ejemplo, una pesadilla en la que alguien aparece en su cama y sueña con arañas gigantes que lo devoran. Dicen que los sueños pueden interpretarse; los seguidores de The Cure, y el propio Robert Smith, han intentado descifrar “Lullaby”: ¿pánico a las arañas?, ¿problemas con las drogas? ¿tristeza obsesiva? o, tal vez, una mezcla de todo ello. Este tema es uno de los más importantes de The Cure; formó parte del octavo álbum de estudio de los ingleses, “Disintegration” (1989), probablemente su mejor disco junto con “Pornography”. Ambos trabajos, y alguno más como “Seventeen seconds” (1980) o “Faith” (1981), representan a los The Cure más siniestros, algo que puede comprobarse en las deprimentes letras y en la música, opresiva, distorsionada y con voces en eco, al límite de la experimentalidad. “Disintegration” fue el regreso de The Cure al pesimismo de sus primeros trabajos, tras varios álbumes practicando un synth pop electrónico más optimista y vital. En contra de lo que opinaba la compañía discográfica, “Disintegration” fue un éxito absoluto, al fin y al cabo la muerte, las pesadillas, la alienación, la desesperanza y el paso destructivo del tiempo son asuntos que, imagino, siempre serán de nuestro interés, aunque sólo sea para alimentar nuestro yo más siniestro.

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The Smiths. “This Charming Man”

Hace algunas semanas, dentro de la sección “Las Cinco Canciones de tu Vida”, Antonio (Diccineario) quiso acabar su espléndida participación con un tema de los Smiths, en concreto “There is a light that never goes out“. Recuerdo aquella entrada como una de las más animadas y participativas que hemos tenido en este blog; cuarenta y seis comentarios en los que todos nosotros mostramos nuestra predilección por esta banda, además señalasteis aquellas canciones que más os gustaban. Julia Fern llegó a decir: “¡¡Bueno!! ¡Menudo especial The Smiths que habéis preparado en un momento, una selección de lo mejorcito!” Ésta es la selección que se hizo aquel día, contando con la canción propuesta por Julia y la protagonista de esta entrada: “The boy with the thorn in his side“, “Everyday is like sunday” (ésta de Morrissey), “Bigmouth strikes again“, “First of the gang of die” (también de Morrissey), “You have killed me live in jools Holland” (Morrissey), “The Headmaster ritual“, “Last night I dreamt that somebody loved me“, “There is a light that never goes out” y la que obtuvo más votos de todos vosotros, “This Charming Man”; entonces me comprometí a dedicar una entrada a este tema, y lo prometido es deuda.

Esta canción es una de las más reconocidas de los británicos; fue su segundo single, publicado en octubre de 1983 por el sello independiente Rough Trade Record, posteriormente incluido en el primer álbum de esta banda (“The Smiths“, 1984), una formación creada en 1982, en la ciudad de Manchester, en torno al vocalista Morrisey y el guitarrista Johnny Marr -precisamente los autores del tema que hoy nos ocupa-, a los que se unieron Andy Rourke (bajo) y Mike Joyce (batería). No estamos hablando de un grupo más de los muchos que hubo en los años ochenta; consiguieron un sonido propio, inconfundible, entre el post-punk, el rock alternativo y el jangle pop, sustentado en la guitarra de Marr, la peculiar y carismática voz de Morrissey y unas letras inteligentes, sugerentes, provocadoras y muy atrevidas para aquella Inglaterra conservadora de Margaret Thatcher. Precisamente este primer álbum se vio envuelto en varias controversias y escándalos, al acusarles de promover la pedofilia, incluso la tortura y el asesinato de niños, algo que siempre negaron con vehemencia; en concreto, estuvieron dentro de la polémica las canciones “Suffer little children“, “The hand that rocks the cradle” y “Reel around the fountain“. Precisamente este último tema tenía que haber sido el segundo single del grupo pero, tras las acusaciones de promover la pedofilia realizadas por algunos medios, decidieron sustituirle por “This Charming Man”, una canción que nos habla de un chico guapo al que se le pincha una rueda de su bicicleta, un hombre encantador en un coche, el asiento del pasajero y lo lamentable que es querer ir de fiesta y no tener nada que ponerse ¿Una canción de temática gay? ¿La crónica de alguien que acaba de “salir del armario”? ¿Una reflexión sobre la importancia de ir bien vestido a las fiestas o, tal vez, un aviso dirigido a ciclistas solitarios? Quiero agradecer a todos los amigos que participasteis en aquella tertulia que dio origen a esta entrada: Alex, Antonio, Vidal, Salva, Eduardo, lrotula, Julia y Whatgoesaround, que nos mostró su canción preferida (“Girlfriend in a Coma“) en un post que publicó unos días después de este bonito debate.

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Las Cinco Canciones de Antonio (V): “There is a light that never goes out” (The Smiths)

Antonio se despide hoy de todos nosotros con “There is a light that never goes out”, uno de los mejores temas de los británicos The Smiths, banda que aún no había aparecido en La Guitarra de las Musas, pese a que siempre me gustó bastante, sobre todo sus discos “Meat is Murder” y “The Queen is Dead”. Mi intención es que vuelvan a ser protagonistas otro día, con otra canción; ¿cuál elegiríais vosotros?, me comprometo a acatar vuestra decisión, aquella con más votos será la escogida; sólo en caso de empate, haré valer mi preferencia. Antonio, ha sido todo un lujo contar contigo, espero que algún día pongamos en marcha aquella iniciativa de la que hablamos. Un abrazo muy fuerte. Y al resto os recuerdo que os paséis por Diccineario, un blog excepcional, imprescindible para todos los seguidores del cine y de la palabra.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

“Aunque siga molestándome que mucha gente solo la conozca por la versión de Mikel Erentxun, incluso algunos creen que es original suya, esta barbaridad de canción sigue emocionándome como el primer día que la escuché por el profundo instinto poético con el que trata una fatalista historia de amor no correspondido, impregnada de rebeldía, deseo y pesadumbre existencial. Un tema que representa mi actual pasión por el rock alternativo de raigambre inglesa, ejemplarizada en grupos como U2, The Cure, Oasis, Pulp, Radiohead…”

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Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (IV): “Half a World Away” (R.E.M.)

R.E.M. me recuerda a los dos años que viví en Francia (1995-1996), en aquella época era un grupo de masas; como bien nos indica nuestro invitado, una de las bandas que más discos ha vendido en la historia de la música. Siempre me alegro cuando un grupo de calidad vende discos, ojalá siempre fuera así, que los buenos fueran los que más éxito tuvieran, tanto de público como de crítica, que coparan las emisoras de radio comerciales y los concursos de cantantes, que al poner los cuarenta principales o ver programas de televisión como “La Voz”, no nos sintiéramos agredidos con música de engorde, con propuestas ramplonas, repetitivas y de calidad muy discutible. Ya sé que algunos dirán, sobre todo los de las emisoras de radio y las discográficas, que ellos se limitan a dar al público lo que quiere (el mismo argumento que se utiliza para legitimar la telebasura); yo me niego a comulgar con esas ideas, que sean otros los que les den la razón a sus interesados planteamientos. Os dejo con Whatgoesaround y su pasión por esta interesante banda norteamericana, que tanto marcó a una determinada generación.

“En una de las entradas publicadas en mi blog hablaba del amor al rock and roll. De vender tu alma, de incluso colocarla, junto con tu vida, en una balanza, y no para “ser juzgado”, sino para de alguna manera pagar una deuda inmensa… Pero no asustemos a nadie y dejemos de divagar. El amor puede ser algo metafísico, o espiritual, o psicológico, o mundano, o carnal. Y en ese (mi) amor por el rock debería poner en negrita y con mayúsculas al grupo R.E.M. La sensacional banda de Athens, Georgia, es uno de los grupos que más admiración y veneración me han despertado, y con el que tendría que poner mucho de mi parte en esa balanza imaginaria.

Los R.E.M. se formaron en 1980 y yo diría que no necesitan ni presentación. De grupo de culto o minoritario, de banda de rock alternativo pasaron, peldaño a peldaño, a golpe de magníficas canciones y magistrales álbumes, a mega estrellas mundiales vendiendo millones de discos. Los chicos del “Rapid Eye Movement”, aludiendo a esa fase del sueño tan peculiar, desarrollaron su carrera durante tres décadas, hasta disolverse amistosamente en el 2011. Una de las bandas que más discos ha vendido en toda la historia de la música (agárrense…más de 85 millones de copias), e incluidos en el Rock and Roll Hall of Fame, un museo de Ohio que inmortaliza a los más grandes en la historia de la música. No voy a escribir aquí “el Quijote” haciendo una reseña completa de los muchos álbumes de estudio que sacaron. Haría falta una entrada para cada disco. Nos dejaron algunas obras maestras como “Green”, “Murmur”, “Document”, “Lifes Rich Pageant” o “New Adventures in Hi-Fi”… Mucha, mucha tralla. Muchos quilates de rock de primera.

Ya con el maravilloso single “The One I Love“, del álbum “Document” (1987), alcanzan cierta notoriedad, pero es con la edición de los discos “Out of Time” (1991) y “Automatic for the People” (1992), que se ven catapultados a la fama mundial. Y no es para menos. Vaya dos discos. El primero de ellos se encarama en las listas norteamericanas y británicas. Basta decir que permanece 109 semanas en las primeras y 183 en las segundas, que vende 18 millones de copias en todo el mundo y que se lleva 3 premios Grammy. Buena parte de la culpa de todo esto la tiene el sensacional  “Losing My Religion”, pero es sabido que un corte por sí solo no suele sustentar todo un disco hasta esos extremos.

El grupo sufriría un revés cuando el batería Bill Berry tuvo que dejar la formación. Berry sufre un aneurisma cerebral durante una actuación en Suiza, en 1995. Pese a recuperarse y reintegrarse en la banda, acaba abandonándola en 1997, tras 17 años, para dar un nuevo rumbo a su vida. Sus compañeros deciden no reemplazarle en cuanto a grabación de discos se refiere, y siguen adelante como trío sacando algunos álbumes notables.

A mucha honra debo decir que no soy de los que -como millones y millones de fans- se subió al carro de R.E.M. a raíz del boom de “Losing My Religion” y del Out of Time. Les conocía de mucho antes y tenía un buen puñado de discos. Como expliqué una vez, compraba siempre la revista musical Rockdelux y fue gracias a esta publicación que les seguía de cerca. Ví a R.E.M. en directo en Barcelona, en la gira que hicieron del álbum “Monster” (1994), un trabajo con un sonido mucho más eléctrico, guitarras sucias y distorsionadas. R.E.M. tocaba en Barcelona el 18 de febrero de 1995. El 1 de marzo Berry sufría ese gravísimo percance en el Patinoire Auditorium, en Lausanne (Suiza). Lo que son las cosas, coincidiendo con la salida de “Monster”, Michael Stipe perdía a dos grandes amigos: Kurt Cobain,  de Nirvana, y el actor River Phoenix.

Y vamos con un tema precisamente de ese sensacional “Out of Time”. No será uno de los más conocidos o comerciales, pero vaya pedazo de tema: “Half a World Away”. Me fascina, me maravilla. Mi percepción personal es que Michael Stipe se encontraba en un momento creativo sublime, porque algunas de las piezas de esos dos discazos mencionados desprenden una serenidad casi mística o espiritual, una belleza y una paz que parecen apuntar hacia algo casi trascendente (ni quiero darle a esto un matiz en absoluto “religioso” ni quiero extenderme, pero me apoyo en la majestuosidad también de algunos temas del “Automatic for the People”). Este tema parece aludir al amor. Podríamos especular también, porque Stipe ha pasado por un periplo personal, emocional y sexual digno de mencionar, y quizá eso haya podido influir en un momento interior extraordinario. Quizá, sencillamente, estaba tocado por las musas del genio. Sólo hay una palabra: Excelencia.

A veces hay cosas, me topo con cosas tan hermosas, que me hacen llorar. Su hermosura, inmensa, sublime, casi -como decía- insinuando el infinito. No es tristeza, ni rabia, ni nostalgia, es belleza. Puede ser una película. Una imagen, un paisaje. Una situación. Una noticia, un acto, un gesto. Una frase, un pensamiento. La belleza interior de una persona. La belleza, tantas veces increíble, de una mujer, de un rostro femenino. O puede ser, cómo no, música. Un tema. Y es el caso de este “Half a World Away”. No son pocas las veces que he pensado que, si tuviera que abandonar este mundo, no me importaría que sonara en esos momentos esta canción, porque me iría en absoluta paz, cerrando los ojos y escuchando.

Sabemos que el inglés a veces no puede traducirse de forma literal y perfecta. “Half a World Away”: “A medio mundo de distancia, alejado medio mundo, al otro lado del mundo, en la otra punta del mundo.”

He tenido la suerte de encontrar este vídeo con una traducción altamente acertada y aceptable, así que me ahorro transcribir toda la letra en castellano. Haré sólo dos matizaciones: “Dusk” es atardecer, crepúsculo o anochecer. “My mind is racing”: Mi mente está corriendo, viajando, mi mente vuela”. Y el único error que duele a la vista es el siguiente: No es “Mirlos, hacia atrás, hacia adelante, y otoño (fall) y mantenerse y mantenerse” sino “…y caer (fall), y mantenerse y mantenerse”.

Aquí podéis ver un vídeo de este tema interpretado en uno de esos shows “unplugged” para televisión. Un tema, por cierto, sin batería, y con el sonido maravilloso de esa mandolina y ese teclado que suena a clavecín”.

Aquí tenéis la entrada original, con todas sus imágenes y la letra original de esta canción.

Paul Natkin