Os espero en Musicae Memorandum

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Como ya os comenté el año pasado (reproduzco lo mismo que ya dije entonces), Musicae Memorandum es un excelente blog de música. Y no soy el único que lo piensa; fueron los ganadores de su categoría en los Premios 20Blogs (edición de 2014). Desde mi punto de vista, un premio bien merecido; basta con que os paséis por allí para percataros de la calidad que tienen sus contenidos, tanto en lo que tiene que ver con la música que proponen como por la exquisita manera que tienen de contarlo, con abundancia de enlaces y referencias, por no hablar de su impecable formato, muy atractivo desde el punto de vista visual y bien ajustado a sus intereses.

Cada año celebran su aniversario invitando a participar a sus amigos (el año pasado lo hice con un tema de Pink Floyd). Ya van por su quinta efeméride, y para esta especial ocasión han contado con más cuarenta colaboraciones, que comienzan a publicarse hoy, precisamente con la entrada que un servidor ha preparado para este gran acontecimiento; el resto irán apareciendo a lo largo de este mes y el de marzo. Quiero dar las gracias a los patrones de esta web, Nostromo, Oloman y Jake Snake, por haberme invitado a participar y por haber creído conveniente que sea yo quien inicie este homenaje. Mañana no habrá entrada en La Guitarra de las Musas, estos días me traslado a Musicae Memorandum; desde el siguiente enlace podéis acceder al post con el que participo de esta iniciativa:

Porque te quiero a ti: Tu nombre me sabe a yerba

 

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Otis Rush / John Mayall / Steve Miller Band. “All Your Love (I Miss Loving)”

Otis Rush, con sus ochenta y dos años, es uno de los más importantes guitarristas que ha dado el blues. Grabó sus primeros discos, ocho singles con la discográfica Cobra, de Chicago, entre 1956 y 1958; el último lleva en la cara A el tema titulado “All Your Love (I Miss Loving), compuesto por él y producido por Willie Dixon con el apoyo instrumental del propio Dixon (bajo), Ike Turner (segunda guitarra), Little Brother Montgomery (piano), Harold Ashby (saxo), Jackie Brenston (saxo) y Billy Gayles (batería). El tema no era del todo original, un año antes el guitarrista Jody Williams había escrito y grabado una melodía instrumental titulada “Lucky Lou” que, como podréis comprobar, ya lucía el característico riff de “All Your Love (I Miss Loving)”. De la misma manera que Otis Rush se dejó influenciar por el trabajo de Jody Williams, otros músicos han hecho lo mismo utilizando como material de partida el tema “All Your Love”; es el caso de Bob Dylan y su canción “Beyond Heres Lies Nothin’s”, incluida en el álbum “Together Through Life” (2009), un tema muy parecido al de Otis Rush; o de Peter Green y su conocidísimo “Black Magic Woman”, tema que el mismo Green ha reconocido haberlo compuesto tomando como inspiración “All Your Love”. Hay versiones excelentes de esta canción, ejecutadas por músicos de blues como Buddy Guy, Gary Moore, Stevie Ray Vaughan, Melvin Taylor o Johny Perez Trio, incluso hay alguna más metalera, como la de Aerosmith; sin embargo, ninguna supera a la que hiciera John Mayall en los años sesenta, en mi opinión incluso mejor que el original de Otis Rush. A Mayall se le considera el padre del british blues, distinción tal vez compartida con Alexis Corner; ambos músicos fueron como escuelas de blues para jóvenes talentos, desde donde se rescató la obra de los grandes del blues (Muddy Waters, John Lee Hooker, Willie Dixon o Howlin’ Wolf); por sus filas pasaron los mejores músicos que, poco después, fueron figuras de referencia en bandas como Fletwood Mac, The Rolling Stones, Cream, The Animals, The Yardbirds o Manfred Mann. Para su segundo álbum (“Blues Breakers with Eric Clapton“, 1966), Mayall contó con Eric Clapton a la guitarra, antes de que iniciara su andadura con Cream, y con otros músicos como John McVie (bajo), Hughie Flint (batería) o Jack Bruce (bajo), en alguno de los cortes de este disco. El tercer vídeo destacado de hoy es bien diferente de lo propuesto hasta ahora, con el saxo como protagonista, una versión más suave y relajada a cargo de la Steve Miller Band, incluida en el álbum “Wide River” (1993).

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Cat Stevens. “Lady D’Arbanville”

Patty D’Arbanville es una actriz y modelo neoyorquina, nacida en 1951 que, con apenas ocho años, había actuado en una película realizada por aficionados; con trece, fue descubierta por Andy Warhol e incluida como actriz en su película “Flesh” (1968); y antes de los dieciséis ya recorría el mundo como groupie. En una de las habituales fiestas que se celebraban en Londres, con músicos como Steve Winwood, Ginger Baker, Eric Clapton o Jimmy Page, conoció a Cat Stevens, que finalizaba su período de convalecencia tras una tuberculosis que contrajo en 1968. Cat y Patty comenzaron a salir, incluso ella lo acompañó a sus giras durante un tiempo pero, cuando él quiso formalizar la relación, Patty le rechazó y regresó a Nueva York; allí, al cabo de unos meses, escuchó atónita una canción titulada “Lady D’Arbanville, que hablaba de su propia muerte. Esta melodía fue escrita por Cat Stevens como respuesta a aquel desengaño amoroso, en ella nos habla de la fuerza del amor, incluso tras la muerte de la persona amada, probablemente como metáfora de un amor imposible o llegado a su fin. Con anterioridad a estos acontecimientos, Steven Demetre Georgiou, este londinense hijo de madre sueca y padre greco-chipriota, conocido con el nombre artístico de Cat Stevens, ya había grabado dos álbumes (“Matthew and Son”, 1967 y “New Masters”, 1967) en plena efervescencia de la British Invasion, sin embargo no se sentía del todo a gusto con la imagen pop que transmitía, ni con la música que hacía. De modo que trató de dar un giro a su carrera con algunos cambios en su estilo; en un tono más acústico, más folk-rock, grabó “Mona Bone Jakon“, disco publicado en 1970, en el que intervinieron músicos como Alun Davies, John Ryan o Peter Gabriel, que contribuyó con la flauta en la canción que lleva por título “Katmandu“. Este álbum comenzaba con “Lady D’Arbanville”, tema que fue lanzado primero como single y que, de algún modo, fue el inicio del éxito de Cat Stevens, consolidado con trabajos que vendrían después como “Tea for the Tillerman” (1970), “Teaser and the Firecat” (1971), “Catch Bull at Four” (1972) y alguno más. En 1978 se convirtió al Islam, dejando de ser Cat Stevens para tomar el nombre de Yusuf Islam.

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The Beatles / Circus / Tangerine Dream. “Norwegian Wood”

Rubber Soul” (1965) es el sexto álbum de estudio de los Beatles, un excelente trabajo que, gracias a las influencias procedentes del folk y del folk-rock, principalmente de Bob Dylan, al que conocieron en 1964, supuso el final de su primera etapa, caracterizada por los sonidos pop y los planteamientos alegres y desenfadados. Con “Rubber Soul” las letras empiezan a ser más introspectivas, incluso pesimistas, y más crípticas; se incorporan nuevos sonidos, nuevos instrumentos, nuevos métodos de grabación y, en general, se incrementa la complejidad de la música. La propia portada, con esa imagen deliberadamente alargada, algo psicodélica, es  toda una declaración de intenciones, como llegó a reconocer el propio George Harrison: “habíamos perdido nuestro lado de ‘jóvenes inocentes’, nuestra ingenuidad; y era la primera portada en la que teníamos de verdad cara de ‘fumeta'”. El álbum obtuvo el apoyo de crítica y público, y puede considerarse como uno de los discos más influyentes en la historia del rock; Brian Wilson, líder de los Beach Boys, reconoció que la huella que dejó en él fue clave para la concepción de otro de los grandes títulos de la música popular: “Pet Sounds” (1966), por no hablar de la influencia que tuvo en la posterior aparición del rock psicodélico. La mayor parte de las canciones está asignada a la dupla Lennon / McCartney, temas como “Drive My Car“, “Michelle“, “In My Life“, “Nowhere Man“, “Girl” o la elegida para hoy: “Norwegian Wood (This Bird has Flown)”, pero también hubo hueco para dos temas de Harrison: “If I Needed Someone” y “Think for Yourself“.

“Norwegian Wood”, aunque de manera un tanto embrollada, nos habla de una relación extramatrimonial. La canción es mayoritariamente obra de Lennon, aunque fue McCartney quien introdujo algunas mejoras y, sobre todo, la parte de la letra en la que el protagonista incendia el apartamento cuando descubre, al despertarse, que su amante se ha marchado. El título de la canción hace alusión a la “madera noruega”, el pino barato con el que solían estar construidas las casas de la clase media británica. Desde el punto de vista musical lo más novedoso e interesante fue el uso del sitar, instrumento adquirido por Harrison en la tienda Indiacraft, en la calle Oxford de Londres; lo utilizó por primera vez para grabar este tema, como él mismo nos cuenta: “Normalmente, empezábamos a rebuscar en el armario para ver si descubríamos algo, un nuevo sonido … y yo cogí el sitar: estaba por allí, en el suelo. No había pensado que iba a hacer con él. Fue algo muy espontáneo. Encontré las notas del riff. Empastaba muy bien y funcionó”. Aunque al que le costó integrar el sonido de este instrumento fue al ingeniero Norman Smith: “Es muy difícil de grabar porque da picos y la curva de la onda es muy compleja. Llegábamos al rojo con la distorsión sin que fuera audible”. Se han hecho más de doscientas versiones de este tema: Waylon Jennings, The Kingston Trio, Jan & Dean, Juddy Collins, José Feliciano, Buddy Rich, Herbie Hancock, Milton Nascimento, etc. Aunque, para esta ocasión, he preferido optar por dos adaptaciones bastante singulares: la grabada en 1969 por la banda de rock psicodélico y jazz-rock Circus, en la que militó el saxofonista Mel Collins, y la de Tangerine Dream, en clave new age, perteneciente a su álbum en directo “Zeitgeist Concert” (2010).

Las citas textuales están tomadas del libro de Guesdon, J.M. & Margotin, P. 2015. Todo sobre los Beatles, la historia de cada una de sus 211 canciones. Barcelona: Blume.

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Bunbury. “El Extranjero”

Fue un día de San Valentín del año 2015. Eran las ocho o las nueve de la noche, cuando me acerqué al ordenador para ver los comentarios que tenía en el blog; entonces me percaté de un aviso de WordPress, que decía algo así como que el tráfico que estaba recibiendo la web era anormalmente elevado. Entré en las estadísticas y me quedé helado, aquello parecía el cuentakilómetros de un Fórmula 1, en unas pocas horas las visitas se contaban por miles; entre ese día y los siguientes el contador llegó prácticamente a las dieciocho mil visitas. Rápidamente averigüé lo que estaba pasando, todo era debido a una sola entrada, la titulada “Héroes del Silencio. ‘Héroe de Leyenda'”; Enrique Bunbury la había posteado en su página oficial de facebook, el resto os lo podéis imaginar: sus fans entraron en masa a leer aquella entrada, que el amigo Adrián (Bonus Track Blog) calificó como el “post milagro”. Y todo gracias a Enrique Bunbury y a su legión de fieles seguidores. Me consta que es un artista que tiene también algunos detractores; de hecho, es probable que la entrada de hoy coseche críticas positivas y negativas, de la misma manera que suele suceder cuando aparece por aquí Joaquín Sabina. Me considero seguidor de ambos, de Joaquín y de Enrique, son dos artistas a los que respeto y admiro por haber creado un estilo propio, por su creatividad y por saber compaginar calidad y éxito de masas. A Bunbury le debía una entrada; como bien sabrán todos sus seguidores, decidió romper con el rock potente, característico de la última etapa de Héroes del Silencio, con un disco en solitario (“Radical Sonora”, 1997) cercano al tecno y a la música electrónica con algunas pinceladas étnicas, un trabajo diferente al que nos tenía acostumbrados en Héroes y que, a pesar de contener canciones muy interesantes, puede decirse que no es muy representativo del estilo Bunbury. El nuevo Bunbury realmente apareció con el segundo disco (“Pequeño“, 1999), en el que ya podemos escuchar ese pop-rock marca de la casa fusionado con elementos procedentes de la música melódica, la canción mexicana, el cabaret y un sinfín de influencias étnicas y culturales de origen diverso. “El Extranjero” es el corte número tres de este álbum, un tema que, después de dieciocho años, sigue manteniendo su frescura y vigencia en plena vorágine de exaltación nacionalista; a pesar de todo lo que estamos viviendo y escuchando estas últimas semanas, no nos debemos olvidar que también hay muchas personas que defienden lo que aquí se canta: “Ni patria ni bandera, ni raza ni condición, ni límites ni fronteras”. Esta canción va dedicada a todos los “ciudadanos del Mundo”: emigrantes, buscadores de fortuna, aventureros, víctimas de la “movilidad exterior”, soldados de la globalización y apátridas de vocación.