Módulos. “Adiós al ayer”

Módulos fue el último gran grupo de rock español surgido en la década de 1960. De sus inicios ya hablamos en una entrada anterior, dedicada la tema “Todo tiene su fin”, una balada romántica de corte pop-rock, que también podemos situar en los orígenes del rock sinfónico patrio. Tras publicar su primer álbum (“Realidad”, 1970), en el que se incluyó la mencionada “Todo tiene su fin”, sacaron al mercado su segundo Lp, titulado “Variaciones” (1971), en la línea del anterior, con temas pop-rock, letras románticas y elementos psicodélicos y progresivos salpicados en las nueve canciones que conforman el álbum, todas ellas compuestas por los componentes de esta banda madrileña -con mayor protagonismo del guitarrista y cantante Pepe Robles y del batería Juan A. García Reyzábal-, excepto una interesante versión del clásico de Paul Simon “The Sound of Silence”; también fue editado por Hispavox, con Rafael Trabucchelli como  productor musical.

En “Variaciones” seguimos identificando el característico sonido Módulos, que se dio a conocer en su primer álbum, el de las melodías envueltas en órgano Hammond y en unos desarrollos a medio camino entre el pop-rock barroco y el rock progresivo. Sin embargo, también se atisban algunos elementos jazzísticos -en temas como “Un nuevo día” o “Quiero olvidar”- y hardrockeros, especialmente evidentes en canciones como “Juan” o “Adiós al ayer”; en ambas, la guitarra de Pepe Robles adquiere un gran protagonismo, de manera más notoria en el tema que hoy nos ocupa, la clásica historia de enamoramientos adolescentes que vienen y van, como si fuera imposible resistirse a la magia del amor. “Adiós al ayer” también fue publicado como single, concretamente ocupando la cara B de “Sólo tú”, una excelente canción -también incluida en “Variaciones”-, que tampoco os deberíais perder.

Al igual que sucediera con “Todo tiene su fin”, “Adiós al ayer” también fue versionada por la banda de rock andaluz Medina Azahara, con la fuerza hardrockera que caracteriza a esta formación. Esta versión, bien conocida entre los seguidores del heavy metal, fue publicada en el octavo álbum de estudio de la formación cordobesa (“Árabe”, 1995), un álbum doble con temas originales en el primer cd y con versiones de Miguel Ríos, Paco de Lucía, The Rolling Stones, Federico García Lorca y Módulos en el segundo.

Tras “Variaciones”, Módulos publicó “Plenitud” (1972) -con otra canción que volvió a ser versionada por Medina Azahara: “No quiero pensar en ese amor”- y “Módulos 4” (1974), después del grave accidente de coche sufrido por Pepe Robles. Ese mismo año de 1974 abandonaría el grupo Juan A. García Reyzábal, confirmándose así el declive de esta banda, muy tocada desde el accidente de Pepe Robles. Con diferentes cambios en su formación, aún grabarían algunos singles y el Lp “Módulos” (1978), con José Luis Campuzano (Sherpa) -el mismo que, tiempo después, estuvo en el origen del grupo Barón Rojo– entre los integrantes de Módulos. Entre 1999 y el año 2000 se volvieron a reunir para realizar algunas actuaciones en directo y para grabar el disco titulado “Pensado y hecho … en la intimidad” (2000), con canciones nuevas y versiones de temas antiguos (aquí tenéis la grabación de “Adiós al ayer”).

Bob Marley / Johnny Cash & Joe Strummer / Playing for Change. “Redemption Song”

Bob Marley, al que ya hemos tenido en una entrada anterior dedicada al tema “No Woman No Cry”, falleció el 11 de mayo de 1981, debido a un melanoma maligno localizado debajo de la uña del dedo gordo de su pie derecho. Poco antes de morir, publicó su último álbum (“Uprising”, 1980), que abordó cuando el cáncer ya estaba en un estado muy avanzado, y en el que sus creencias rastafari fueron las protagonistas. El disco se cierra con el tema titulado “Redemption Song”, el único de este Lp que Marley ejecuta con el único acompañamiento de su guitarra, en un tono intimista que recuerda más a una canción folk de Bob Dylan que a una melodía reggae. Según Rita Marley -viuda del cantautor jamaicano-, Bob ya conocía la gravedad de su enfermedad y la sufría en secreto cuando, hacia 1979, escribió la canción. En ella, animaba a “emanciparse de la esclavitud mental”, tal y como propugnara el predicador, activista y empresario jamaicano Marcus Garvey quien, en un discurso pronunciado en Nueva Escocia (Canadá) en 1937, defendía que «la mente es nuestro único gobernante. El hombre que no es capaz de desarrollar y utilizar su pensamiento se ve obligado a ser esclavo de otro hombre que usará su pensamiento (…) Vamos a emanciparnos nosotros mismos de esa esclavitud mental, mientras que otros crean que el cuerpo es libre, nadie más que nosotros puede liberar la mente. El pensar es nuestra regla» (consultado en La Nación). La letra de “Redemption Song” fue escrita por Bob Marley tomando como base las premisas expuestas por Marcus Garvey y, también, el pasado esclavista de su pueblo y la fe en el movimiento rastafari.

Aunque la versión acústica de esta canción es la más conocida y recordada del artista jamaicano, también se grabó otra con toda la banda, que finalmente fue incluida en la reedición de “Uprising” del año 2001 (aquí la podéis escuchar). “Redemption Song” es un himno para los jamaicanos, y una de sus las canciones más recordadas de Bob Marley, de ahí que sean muchas las interpretaciones que se han hecho de ella: Manfred Mann’s Earth Band, Dean Fraser, Stevie Wonder, Jackson Browne, Sinead O’Connor, Reggae Cowboys, Michael McDonald, Richard Bona & Michael Brecker, Ziggy Marley & The Chieftains, Joe Strummer & The Mescaleros, Chris Cornell, Bob Geldof & Steven Van Zandt, Pearl Jam, Eddie Veder & Beyoncé, No use for a name, Amparanoia, Berri Txarrak, Cultura Profética o varias en español, como las de Attaque 77, Maniática o Los Chulis (Bunbury). Para acompañar a Bob Marley, he optado por las versiones de Johnny Cash & Joe Strummer y la del colectivo Playing for Change; la primera apareció en el disco titulado “Unearthead” (2003), publicado dos meses después del fallecimiento de Johnny Cash; la segunda, como es habitual en esta iniciativa antropológica y musical, cuenta con artistas de distintas partes del Mundo, entre ellos nuestro compatriota el guitarrista flamenco Niño Josele.

Queen. “Bohemian Rhapsody”

A Night at the Opera” (1975) es el cuarto álbum de estudio de los británicos Queen, uno de los más conocidos y exitosos de esta banda, y el que les ayudó para ascender al Olimpo del rock. Grabado entre agosto y noviembre de 1975 en diferentes estudios londinenses y de Gales, contiene un puñado de canciones que son historia del rock; temas tan recordados como “Love of My Life” -que ya fue objeto de una entrada anterior-, “Death on Two Legs”, “You’re My Best Friends”, “God Save the Queen”, “I’m In Love With My Car” o “Bohemian Rhapsody”, probablemente la canción más escuchada y famosa de este inolvidable grupo, formado por Brian May (guitarra), John Deacon (bajo, teclados), Roger Taylor (batería y percusiones) y Freddie Mercury (voz, piano), una de las grandes voces del rock, fallecido a los cuarenta y cinco años. Cuando se publicó “Bohemian Rhapsody” en formato single, permaneció en lo más alto de las listas británicas durante nueve semanas, volvió a ocupar el número uno en 1991, tras la muerte de Freddie Mercury, y han vuelto a resucitar el tema en 2018, con motivo de la película del mismo nombre que la canción, un drama biográfico musical sobre Freddie Mercury y Queen, dirigido por Bryan Singer y protagonizado por Rami Malek y Gwlym Lee en los papeles de Mercury y May (espectacular el parecido), respectivamente.

Esta inmortal melodía, con alusiones a Scaramouche, Galileo, Figaro o Belcebú, fue compuesta por Mercury a partir de tres canciones diferentes, finalmente ensambladas en una. Al contrario de lo que solía suceder con casi todos los temas de Queen, “Bohemian Rhapsody” no tuvo su origen en el estudio de grabación -con todos los miembros de la banda implicados-, parece que siempre estuvo presente en la cabeza de Freddie, de hecho, escribió la mayor parte de la canción en su casa de Holland Road (Londres); según algunos autores, su intención fue escribir “una suerte de ópera, algo fuera de las normas de las canciones de rock, y sigue la lógica operística: coros de muchas voces alternados con solos similares a arias, las emociones son excesivas y la trama confusa” (Judith Peraino). Tardó en grabarse varias semanas, en sesiones maratonianas que dieron lugar a un total de ciento ochenta registros diferentes. La grabación que finalmente se comercializó en el álbum “A Night at the Opera” tenía una duración de casi seis minutos, repartidos según la siguiente estructura musical: una introducción a capela, una parte en forma de balada al piano, un espectacular solo de guitarra a cargo de Brian May, un segmento operístico, otro hardrockero y una coda final; en definitiva, una obra que fluctúa entre la ópera rock, la balada y el rock progresivo.

En cuanto al significado de su letra, se han propuesto muchas interpretaciones (aquí podéis leer algunas); sin embargo, quizás sólo sea “un sinsentido aleatorio y rítmico”. El propio Mercury reconoció que es “una de esas canciones que tienen un aura de fantasía alrededor. Pienso que la gente simplemente debería escucharla, pensar en ella y luego formar su propia opinión acerca de lo que les dice … ‘Bohemian Rhapsody” no salió de la nada. Hice algunas investigaciones, porque está pensada para ser un modelo de ópera, ¿por qué no?” Brian May explicó que, entre los integrantes del grupo, había una regla no escrita, según la cual “el significado de la canción era un asunto privado de su compositor (…) [Freddy] nunca nos explicó la letra, pero creo que puso mucho de sí mismo en ella”. Aunque existen muchas versiones de este clásico del rock (aquí tenéis algunas), esta vez prefiero finalizar con algunos directos de Queen interpretando “Bohemian Rhapsody”, en concreto los publicados en los álbumes “A Night at the Odeon – Hammersmith 1975” y “Live Killers” (1979), y las actuaciones del “Live at Rock Montreal” (1981), “Live Aid” (1985) y Wembley 1986. Tampoco os perdáis este vídeo, un interesante montaje en el que podemos ver una pantalla partida, a la izquierda escenas de la película “Bohemian Rhapsody” (2018) y, a la derecha, imágenes reales del “Live Aid” (1985).

The Troggs / The Guess Who / Wet Wet Wet. «Love Is All Around»

En 1994 triunfaba la comedia romántica «Cuatro bodas y un funeral«, una película plagada de canciones pop de esas que conoce casi todo el mundo. La que tal vez acaparó mayor protagonismo fue «Love Is All Around«, una balada interpretada por el grupo escocés Wet Wet Wet, creado en 1982 pero que no grabó su primer álbum de estudio hasta el año 1987. Fue tal el éxito de esta canción que logró mantenerse durante quince semanas en el primer puesto de las listas británicas; todo el mundo hablaba de la canción de Wet Wet Wet, para desesperación -aunque parezca paradójico- de los integrantes de la banda, quienes consideraban que el estilo de la canción no les representaba, incluso la llegaron a retirar de la venta hastiados de obtener la fama a cualquier precio. Tras varios años tratando de hacerse un hueco en el mundo de la música, me imagino que no les debió gustar mucho ser aclamados por un tema que, en realidad, no era suyo, que no había sido compuesto por ellos sino por Reg Presley, pseudónimo utilizado por Reginald Maurice Ball, cantante, compositor y líder del grupo británico The Troggs, banda creada en 1964 dentro del movimiento beat / garage rock tan de moda en aquella época; fue lanzado, como single, en 1967.

Entre el original de The Troggs y la versión de Wet Wet Wet, os voy a proponer una rareza que merece ser rescatada y reivindicada; se trata de la grabación realizada por los canadienses The Guess Who, formación de la misma época que The Troggs pero más volcada hacia el blues rock y el boogie rock. Según he podido leer, esta versión debió ser grabada en fechas próximas al original -tal vez entre 1967 y 1968- aunque nunca llegó a ser publicada como single, ni fue incluida en discos de estudio; sin embargo, es uno de los temas habituales en sus recopilatorios. Existen más versiones de «Love Is All Around», muchas de ellas pertenecientes a artistas o grupos no muy conocidos o englobados dentro de la corriente «indie»; tal vez la más conocida sea la que realizó REM en 1991, como cara B del single «Radio Song», un lanzamiento que acabó siendo muy importante para The Troggs ya que, gracias al apoyo de REM (económico y profesional), consiguieron reaparecer y volver a actuar en directo.

Led Zeppelin. “Stairway to Heaven”

El tercer disco de Led Zeppelin (“Led Zeppelin III, 1970) fue muy criticado por la prensa especializada, que acusó a la banda de ser un montaje, un grupo formado por músicos famosos que se había pasado al folk-rock. Enfadados ante esta reacción, decidieron sacar al mercado el siguiente Lp con una portada en la que no apareciera el título del disco, el nombre del grupo, ni el logo de la discográfica, así, el que lo escuchara, no estaría condicionado; como bien saben todos los seguidores del rock, en la portada sólo se ve el cuadro de un hombre cargando leña colgado de una pared desconchada. Finalmente bautizado como “Led Zeppelin IV”, hoy día está considerado como una obra maestra del rock; en él se incluyeron algunas de las canciones más recordadas de esta banda: “Black Dog”, “Rock & Roll”, “The Battle of Evermore”, “Misty Mountain Hop”, “Four Sticks”, “Going to California”, “When the Levee Breaks” y, por supuesto, “Stairway to Heaven”, el inolvidable tema con el que se cierra la cara A. Gran parte del éxito que tuvo el disco se debió a la negativa de lanzar esta última canción como single, para obligar así a que todo el mundo comprara el álbum.

Stairway to Heaven” fue compuesto por Jimmy Page y Robert Plant, en una cabaña situada en un lugar remoto de Gales, donde descansaban después de una exigente gira por los Estados Unidos; Page empezó a improvisar unos acordes, mientras Plant esbozaba la letra. En “Stairway to Heaven” hay hard rock, balada, folk-rock, incluso algo de rock progresivo, todo ello en una composición de ocho minutos de duración. Empieza con una suave melodía folk, con reminiscencias renacentistas, que va electrificándose mientras se mantiene la melodía; hacia la mitad de la canción, se incrementa el ritmo hasta desembocar en un magistral solo de guitarra lleno de energía y sensibilidad, que da paso a un final hardrockero y una frase que ya es historia del rock: “And she’s buying a stairway to heaven”.

El significado de la canción es otro de los factores que han ayudado a mitificar esta composición. Carlos Marcos, en un artículo publicado en El País, titulado “’Stairway to Heaven’ de Led Zeppelin: de qué se trata realmente la letra y por qué su autor reniega de ella”, expone varias teorías y recoge unas palabras de Robert Plant con las que alaba la vertiente musical del tema, aunque no tanto la letra: “(…) ahora mismo no me siento identificado con ella. No tendría la intención de escribir algo parecido a aquella letra abstracta ahora mismo. Incluso vocalmente no estoy convencido”. Teniendo en cuenta las escasas y vagas explicaciones dadas por Plant en torno al significado de la canción, la primera lectura que se podría hacer de ella tendría que ver con el estado de mal humor con el Plant escribió la canción: estamos ante una mujer cínica, que consigue todo lo que quiere, a la que quizás Plant le guarda rencor, que compra una escalera al cielo para llegar a un lugar donde todo le será dado. Una segunda explicación, argumentada por Chris Salewicz en el libro Jimmy page. La biografía definitiva (Barcelona: Cúpula, 2019), tiene que ver con el materialismo y la riqueza: “trata sobre el materialismo, sobre aquellos que creen que las posesiones pueden llevarnos a la salvación. Todo personificado en una mujer que cree que todo lo que brilla es oro y que le servirá para comprar una escalera al cielo”; interesante teoría, pero entonces habría que concluir que la canción habla de ellos mismos, de sus lujos y caprichos como estrellas del rock. Una tercera explicación fue defendida por Jimmy Page en una entrevista concedida en el año 2012: “Me dijo [Plant] que se sentía bloqueado, así que tuve una idea: imagina que estas caminando dentro de un túnel oscuro y que a lo lejos hay una luz por donde ves la salida. La oscuridad significa el sentimiento vacío y la luz representa la vida. Apenas le propuse la idea, él escribió la canción. La gente cree que es una letra oscura, pero no. Robert lo metaforizó y lo hizo complicado, pero en realidad tiene un significado simple: la búsqueda de la esperanza. Sentirte perdido y encontrar la vida. Eso significa la escalera al cielo”. Pero la teoría más hilarante y divertida es la satánica; al igual que se ha comentado con otros temas de rock, de “Stairway to Heaven” se dijo que la letra era de difícil comprensión, siempre y cuando se escuchara el disco al modo tradicional; sin embargo, se podían oír mensajes satánicos ocultos si se reproducía al revés, por ejemplo, las siguientes palabras: “Oh aquí mi dulce Satán. Aquel cuyo estrecho camino me hiciera triste, cuyo poder es de Satán. Él le dará a aquellos el 666, había un pequeño cobertizo donde él nos hacía sufrir, triste Satán” (escuchadlo y juzgad vosotros mismos). Los autores siempre han negado esta teoría por considerarla absurda, frívola y sucia, a pesar de que Page era seguidor del ocultista Aleister Crowley, partidario de “rituales oscuros y orgías basadas en sexo y en la ingesta de drogas”, a la vez que “enseñaba a sus seguidores cómo leer y hablar hacia atrás fluidamente”.

Al igual que sucede con otros temas de Led Zeppelin (véase la entrada que dedicamos a la canción “Whole Lotta Love”), “Stairway to Heaven” tampoco se ha librado de las acusaciones de plagio, en este caso realizadas por los autores del tema “Taurus”, publicado en 1968 por la banda Spirit, aunque finalmente los jueces dieran la razón a Plant y Page. Para finalizar, os dejo tres directos, uno de 1971 en Belfast, el incluido en la película “The Song Remains the Same” (1973) y otro más de 1975; y tres versiones: la de Frank Zappa y otras dos ya escuchadas en este blog, a cargo de Stanley Jordan y del dúo de guitarra Rodrigo y Gabriela.

A %d blogueros les gusta esto: