Queen. “Teo Torriate (Let Us Cling Together)”

“A Night at the Opera” (1975) es, para quien esto escribe, el mejor álbum de Queen; a él pertenecen temas inmortales como “Bohemian Rhapsody”, “Love of My Life”, You’re My Best Friend” o “Death on Two Legs”, por mencionar sólo algunos. Es normal que el siguiente disco, “A Day at the Races” (1976), fuera en cierto modo una secuela o continuación de aquel; también se tituló como una película de los Hermanos Marx, incluso la portada es bastante parecida. Las canciones que finalmente se lanzaron como sencillos fueron “Somebody to Love”, tal vez el tema más conocido de este Lp, “Tie Your Mother Down” y “Good Old-Fashioned Lover Boy”, aunque hubo otra melodía que también se publicó como single exclusivamente en Japón: “Teo Torriate (Let Us Cling Together)”, precisamente la que cierra el álbum. Esta emotiva y vibrante canción, mi preferida de este disco, fue concebida por Brian May como un homenaje a los fans japoneses de la banda, que siempre estuvieron con ellos incluso antes de que se hicieran muy famosos. En las giras eran recibidos como grandes estrellas del rock, y bien podría decirse que el fervor y la entrega que mostraban los aficionados japoneses era incluso superior a la que los miembros de Queen sentían cuando actuaban en Europa o Estados Unidos.

“Teo Torriate” es la transcripción fonética de la expresión japonesa “vayamos juntos de la mano” (手をとりあって). Fue escrita en inglés, aunque tiene dos coros en el estribillo cantados en japonés, lo que incrementa aún más la implicación del público nipón con esta canción, su canción, sobre todo cuando la interpretan en vivo (aquí lo podéis comprobar, en un directo grabado en Tokyo, en el año 1979); como puede verse en el vídeo, el piano no es tocado por Freddie Mercuy, como era habitual, sino por el guitarrista Brian May, de hecho es la única pieza del disco en la que May se pone al piano. En la parte final de la versión incluida en el álbum (la que preside esta entrada) se incluyen las voces de un coro japonés y un fragmento que, de alguna manera, recuerda el inicio de “Tie Your Mother Down”, el tema con el que comienza “A Day in The Races”, cerrando así el círculo al conectarse la primera y la última canción. “Teo Torriate” fue incluida en “Songs for Japan”, un álbum recopilatorio comercializado para apoyar a los afectados por el terremoto y tsunami de Tohoku de 2011. Como no podía ser de otra manera, esta canción tiene algunas versiones realizadas por artistas japoneses, como la debida a la cantante Kokia.

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Los Pasos. “Anouschtka”

A mediados de los sesenta Los Brincos eran los reyes de la escena pop española. Con el fin de contrarrestar o nivelar esta supremacía, el productor francés Alain Milhaud trató de crear un supergrupo con músicos procedentes de otras formaciones madrileñas, como Los Diablos Rojos, Los Jets, Los Sonor o Los Flaps; esta nueva banda, liderada por el guitarrista Joaquín Torres (aquí tenéis una interesante entrevista a este músico y conocido productor musical), inició los ensayos en 1966, con un tema escrito por Manolo Díaz que llevaba por título “La Moto”. Sin embargo, en algún momento, Alain Milhaud les debió retirar su apoyo en favor de otro grupo que estaba creándose en torno a un cantante de origen alemán llamado Mike Kennedy, que formaba parte de la banda Mike & the Runaways. Este nuevo grupo, el que finalmente estaba llamado a competir con Los Brincos, acabaría siendo conocido como Los Bravos, mientras que los músicos que constituyeron el primer embrión anti-Brincos encontraron acomodo con el productor Rafael Trabuchelli y la compañía discográfica Hispavox, ya bajo la denominación de Los Pasos. “La Moto” acabó siendo grabada por ambas formaciones (ésta versión es la de Los Bravos y ésta otra la de Los Pasos), aunque Milhaud y Díaz hicieron valer sus derechos para que fueran Los Bravos los primeros en lanzarla al mercado.

Tal y como nos cuenta Salvador Domínguez en su libro Bienvenido Mr. Rock. Los primeros grupos hispanos 1957-1975 (Madrid: SGAE, 2002; págs. 322-326), Los Pasos “solían actuar con regularidad en la cadena de clubs Consulado, Caravell y Principado”, y en los festivales matinales que organizaba El Corte Inglés en el Palacio de los Deportes de Madrid, situado en la calle Felipe II; incluso llegaron a participar en el largometraje “Long Play” (1968), dirigido por Xavier Setó. Publicaron un buen número de singles y dos Lps: “Los Pasos” (1967) y “Los Pasos y Los Albas” (1972), éste último de manera conjunta con Los Albas. Se separaron en 1972, aunque posteriormente tuvieron algunas reuniones esporádicas, como la que tuvo lugar con motivo del programa de televisión de Miguel Ríos “¡Qué Noche la de aquel Año!”, a finales de los ochenta, o el concierto ofrecido –junto a otros grupos de los sesenta- en la sala Jácara de Madrid, en el año 1990. Aquí podéis escuchar todas sus grabaciones con Hispavox (1966-1969), el período tal vez más interesante de esta banda; de entre todos estos temas, he seleccionado el titulado “Anoutschka”, uno de los más conocidos, en el que se puede apreciar bien la calidad instrumental y los característicos juegos vocales de esta banda. Como podréis comprobar, la letra es sencilla; nos habla de un amor abandonado en la lejana Rusia:

“Ella se llamaba Anoutschka. Nunca la podré olvidar. Me dejó un bello recuerdo. Su inocencia y su bondad (…) Anoutschka vivía en la nieve. Una aldea sin cuidar. Sucia triste y olvidada. Muy lejos de la ciudad (…) Ella se llamaba Anoutschka. Nunca la podré olvidar. En mi caminar constante yo la tuve que dejar”.

Hay un par de detalles en esta canción que me parecen significativos, sobre todo para la época; en primer lugar, el tema finaliza con un fragmento de la canción folclórica rusa “Kalinka”; en segundo lugar, Joaquín Torres utilizó en este tema una guitarra de doce cuerdas Framus Sorento 5/012, algo verdaderamente innovador para aquella España de tecnócratas, censores y “yé-yés”.

maxresdefault.jpgLos integrantes de Los Pasos eran: José Luis “Joe” González (teclados, voz solista), Álvaro Nieto (guitarra rítmica), Luis Baizán (batería), Joaquín Torres (guitarra solista) y Martín Careaga (bajo)

 

The Alan Parsons Project. “The Eagle Will Rise Again”

Si hay un grupo partidario de los discos conceptuales ese es The Alan Parsons Project: “Tales of Mystery and Imagination” (del que ya hemos hablado aquí), “I Robot”, “Eve”, “The Turn of Friendly Card”, “Ammonia Avenue”, etc.; en realidad, la mayor parte lo son. “Pyramid” (1978) fue el tercer álbum de estudio de esta banda, articulada en torno al productor e ingeniero de sonido Alan Parsons y al teclista y cantante Eric Woolfson. En esta ocasión la temática se centra en las pirámides de Egipto, incluyendo los aspectos místicos y esotéricos tan de moda en aquella época y, por supuesto, una reflexión trascendente sobre el hombre como ser frágil y mortal, y sus inquietudes ante el poder del destino y la historia. La cubierta, realizada por el estudio gráfico Hipgnosis, nos muestra a alguien que, presumiblemente, se acaba de despertar de un mal sueño y se echa la mano a la cara, también se ve una mesa con diversos objetos, entre ellos un libro sobre las pirámides, enfrente una televisión y, por encima de la mesa, una ventana desde la que se ve una gran pirámide; las imágenes interiores del disco son aún más crípticas, las dejo al final para que podáis elucubrar vosotros mismos. Para muchos, “Pyramid” es un álbum inferior a sus predecesores (“Tales of Mystery and Imagination” y “I Robot”), y probablemente lleven razón, aun así siempre me ha parecido un trabajo excelente (creo que el primero que escuché de Alan Parsons), con un marcado lirismo en todos los temas y unos exquisitos arreglos musicales, como es habitual en este grupo. Creo que es un disco ideal, al igual que los dos mencionados líneas arriba, para quienes deseen acercarse al rock sinfónico sin mucho esfuerzo, ya que se trata de una obra melódica y muy asequible, sin temas excesivamente alambicados y largos. Todas las canciones fueron compuestas por Alan Parsons y Eric Woolfson; tres son instrumentales y las otras seis cuentan con cantantes diferentes: David Paton, Dean Ford, Colin Blunstone, Lenny Zakatek y John Miles. Para los que nunca hayáis escuchado este álbum, os voy a recomendar el corte número tres de la cara A, la balada “The Eagle Will Rise Again”, cantada por Colin Blunstone con coros de Eric Woolfson. Y, de paso, también os sugiero otro tema parecido a éste al que ya dedicamos una entrada, “Silence and I”, perteneciente al álbum tal vez más exitoso de Alan Parsons: “Eye in the Sky” (1982); una canción más larga pero con un corte parecido, al menos en sus partes más melódicas y melancólicas. Las letras de ambos temas son francamente sugerentes, en el caso de “The Eagle Will Rise Again” con alusiones a la trascendencia del ser humano, a la iconografía egipcia de los jeroglíficos (“leer entre líneas”), a la insignificancia del tiempo y a cualquier otra cosa que se os ocurra, porque la letra, desde luego, no nos ofrece un mensaje explícito. Y no quiero acabar sin mencionaros un hecho paranormal en torno a esta canción; fue protagonizado por el dúo español de rumba catalana Los Amaya; por favor, escuchad esta versión y decidme si la podríamos catalogar como de Expediente X.

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Paul McCartney. “No More Lonely Nights”

En 1984, apoyado por su banda Wings, Paul McCartney podía presumir de carrera en solitario; ya había publicado una docena de discos de estudio, además de algún recopilatorio y un trabajo en directo. Fue entonces cuando decidió embarcarse en un proyecto cinematográfico de resultados agridulces. “Recuerdos a Broad Street” (1984) fue el título en español que se le dio a una película musical en torno a unas supuestas grabaciones originales del nuevo álbum de McCartney robadas por un empleado de turbio pasado; fue producida, escrita e interpretada por Paul McCartney, y también contó con Ringo Starr y Linda McCartney como miembros del reparto. Fue un fracaso de crítica y público, aunque obtuvo dos nominaciones (Globos de Oro y BAFTA) en la categoría de mejor canción por el tema “No More Lonely Nights”. La banda sonora, sin embargo, llegó a ocupar el puesto número uno en la lista de discos más vendidos de Reino Unido y el número veintiuno en la estadounidense Billboard 200. La mayor parte de las canciones que componen este disco, titulado igual que la película (“Gime My Regards to Broad Street”), son clásicos regrabados de los Beatles y de Wings, como “Here”, “Silly Love Songs”, “Good Day Sunshine”, “Yesterday”, “Eleanor Rigby”, etc. Únicamente se incluyeron tres o cuatro temas inéditos, entre ellos “No More Lonely Nights”, compuesto integramente por el propio Paul McCartney, que además fue lanzado como single en diferentes formatos. McCartney, autor de baladas inolvidables con los Beatles, nos ofrece una bella melodía romántica, tal vez un tanto melosa, sobre la soledad que sufre el enamorado cuando está separado de la persona a la quiere (aquí podéis ver la letra en español e inglés). En la grabación de esta canción, el ex-Beatle contó con un invitado de excepción: el guitarrista de Pink Floyd David Gilmour, quien nos regala un solo lleno de sensibilidad, como sólo él es capaz de ejecutar. Hay algunas versiones de este tema, aunque no os voy a aburrir con ellas porque considero que la de McCartney-Gilmour es insuperable, tan solo os voy a proponer una, la del cantante y guitarrista estadounidense de jazz John Pizzarelli, que he conocido gracias al compañero lrotula (Algo de Jazz, Blues, Rock …); “No More Lonely Nights” formó parte de su álbum “Midnight McCartney”, publicado en el año 2015.

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The Hollies / Robert Gordon / Brian May / “It’s Only Make Believe”

The Hollies fue un grupo beat de los que podríamos englobar dentro del movimiento musical conocido como British Invasion. Fue creado en Manchester, en 1962, por dos compañeros y amigos del colegio, Allan Clarke y Graham Nash, que se conocían desde que tenían cinco años. Siempre mostraron interés por la música y, cuando comenzaron a crecer, se establecieron como dueto semi-profesional, con un estilo parecido al de los Everly Brothers; en 1962 conocieron a Eric Haydock y Don Rathbone, juntos crearon The Hollies. A la formación original se uniría el guitarrista Vic Steel, sustituido poco después por Tony Hicks; en 1963 entro a formar parte de la banda Bobby Elliot (batería) en sustitución de Rathbone, convertido en representante del grupo; y en 1968, cuando Graham Nash abandonó la formación para constituir Crosby, Still & Nash, se incorporó Terry Syvester. El período más exitoso de los Hollies fue la década de los sesenta, también la de los setenta y, a juzgar por lo visto en su página web, aún continúan en activo. Publicaron sus primeros singles en 1963 y su primer álbum en enero de 1964, un trabajo titulado “Stay with the Hollies”, en el que se incluyó un tema o dos escritos por ellos, aunque la mayoría eran versiones de Chuck Berry, Little Richard, Maurice Williams, Ray Charles, Berry Gordy Jr. o Conway Twitty.

“It’s Only Make Believe” es un tema country escrito precisamente por Conway Twitty y Jack Nance, publicado por el primero en 1958. Según nos cuenta Eduardo en su blog River of Country, fue el primer número uno de este artista, con más de ocho millones de singles vendidos; nos cuenta la historia de un hombre muy enamorado que desearía verse correspondido por su novia, al parecer menos entregada a la relación. Las versiones country y melódicas son mayoría (Loretta Lynn & Conway Twitty, Glen Campbell, Mina, Wanda Jackson, Lynn Anderson, Connie Francis, Billy Fury, Child, etc.), aunque también las hay más singulares, como las de Fiona Apple, Cold Chisel o Misfits. Después de escuchar a los Hollies (prestad atención a su delicado y elegante solo de guitarra), os propongo al rockabilly Robert Gordon con una versión publicada en su álbum “Rock Billy Boogie” (1979); y, para finalizar, al guitarrista de Queen, Brian May, que publicó este tema como single, en 1998, con una banda de excepción: Cozy Powell (batería), Jamie Moses (guitarra), Spike Edney (teclados) y Neil Murray (bajo).