The Rubettes. “Sugar Baby Love”

El bublegum es un subgénero de entronque pop que funcionó desde finales de los sesenta hasta la aparición del movimiento punk, a mediados de los setenta. Se trata de música de porte naif especialmente diseñada para adolescentes, sencilla, de melodía pegagosa y con mucho ritmo, ideal para ligar y pasárselo bien en fiestas y guateques. En 1973, los productores y compositores Wayne Bickerton y Tony Waddington, los mismos que escribieron “Summertime Girl”, uno de los éxitos más conocidos de la formación española Los Iberos, decidieron explotar el repunte del viejo R&R y el doo-wop de los años cincuenta entre ciertos sectores de la juventud de aquella época; la idea era crear un grupo, al estilo Sha Na Na, que fuese capaz de interpretar una canción titulada “Sugar Baby Love”, que Bickerton y Waddington habían intentado presentar al Festival de Eurovisión y, posteriormente, ceder a otros grupos y músicos británicos, aunque no tuvieron éxito y la canción fue sistemáticamente rechazada. Ante este panorama, pero convencidos de que tenían un éxito potencial entre sus manos, grabaron la canción con músicos de sesión y un cantante, Paul Da Vinci, que se desmarcó muy pronto de este proyecto para iniciar su carrera en solitario. La banda creada en torno a la grabación de “Sugar Baby Love” acabó llamándose The Rubettes; estaba formada por Alan Williams, John Richardson, Mick Clarke, Tony Thorpe, Pete Arnesen y Bill Hurd. En este vídeo os podéis hacer a la idea de su aspecto y vestimenta: trajes blancos ajustados de estética inclasificable y boinas blancas o de colores, todo muy kitsch. Aunque aún deben continuar en activo, incluso con pleitos y demandas debido a la utilización del nombre del grupo, la época clásica fue la setentera, entre 1973 y 1980, cuando grabaron la mayor parte de sus discos; álbumes que no conozco porque siempre he escuchado a este grupo a través de sus recopilatorios (aquí tenéis uno), una buena manera de acercarse a The Rubettes. Hay quien dice que son un grupo one-hit wonder; yo no estoy muy de acuerdo porque tienen temas, como “Juke Box Jive”, “Tonight” o “I Can Do it” que, en España, sonaron mucho -ese al menos es mi recuerdo-, aunque ninguno tanto como “Sugar Baby Love”, canción que quizás recordéis de la película “La Boda de Muriel”; llegó a ser número uno en la lista de singles del Reino Unido y estuvo cuatro semanas entre los temas más escuchados del momento. Os recomiendo que prestéis atención a ese “Bop-shu-waddy”, a ritmo doo-wop, obsesivamente presente en toda la canción, y al falsete con el que comienza la canción, a cargo del mencionado Paul Da Vinci quien, paradójicamente, nunca llegó a formar parte de la banda.

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The Hollies / Robert Gordon / Brian May / “It’s Only Make Believe”

The Hollies fue un grupo beat de los que podríamos englobar dentro del movimiento musical conocido como British Invasion. Fue creado en Manchester, en 1962, por dos compañeros y amigos del colegio, Allan Clarke y Graham Nash, que se conocían desde que tenían cinco años. Siempre mostraron interés por la música y, cuando comenzaron a crecer, se establecieron como dueto semi-profesional, con un estilo parecido al de los Everly Brothers; en 1962 conocieron a Eric Haydock y Don Rathbone, juntos crearon The Hollies. A la formación original se uniría el guitarrista Vic Steel, sustituido poco después por Tony Hicks; en 1963 entro a formar parte de la banda Bobby Elliot (batería) en sustitución de Rathbone, convertido en representante del grupo; y en 1968, cuando Graham Nash abandonó la formación para constituir Crosby, Still & Nash, se incorporó Terry Syvester. El período más exitoso de los Hollies fue la década de los sesenta, también la de los setenta y, a juzgar por lo visto en su página web, aún continúan en activo. Publicaron sus primeros singles en 1963 y su primer álbum en enero de 1964, un trabajo titulado “Stay with the Hollies”, en el que se incluyó un tema o dos escritos por ellos, aunque la mayoría eran versiones de Chuck Berry, Little Richard, Maurice Williams, Ray Charles, Berry Gordy Jr. o Conway Twitty.

“It’s Only Make Believe” es un tema country escrito precisamente por Conway Twitty y Jack Nance, publicado por el primero en 1958. Según nos cuenta Eduardo en su blog River of Country, fue el primer número uno de este artista, con más de ocho millones de singles vendidos; nos cuenta la historia de un hombre muy enamorado que desearía verse correspondido por su novia, al parecer menos entregada a la relación. Las versiones country y melódicas son mayoría (Loretta Lynn & Conway Twitty, Glen Campbell, Mina, Wanda Jackson, Lynn Anderson, Connie Francis, Billy Fury, Child, etc.), aunque también las hay más singulares, como las de Fiona Apple, Cold Chisel o Misfits. Después de escuchar a los Hollies (prestad atención a su delicado y elegante solo de guitarra), os propongo al rockabilly Robert Gordon con una versión publicada en su álbum “Rock Billy Boogie” (1979); y, para finalizar, al guitarrista de Queen, Brian May, que publicó este tema como single, en 1998, con una banda de excepción: Cozy Powell (batería), Jamie Moses (guitarra), Spike Edney (teclados) y Neil Murray (bajo).

Las Cinco Canciones de Nostromo (I): “Hadaly” (Radio Futura)

Esta semana tenemos nueva entrega de “Las Cinco Canciones de tu Vida”. Ya sabéis que es una sección abierta a todos los que queráis participar en ella si queréis compartir con nosotros vuestros recuerdos y vuestras canciones; tan sólo tenéis que elegir cinco que sean importantes en vuestra vida por alguna razón, contarnos por qué son o han sido importantes y enviar el texto por correo electrónico (raulrn@wanadoo.es) o twitter (@guitarmuses). El invitado de esta semana es Nostromo, uno de los tres patrones de Musicae Memorandum, un blog excelente, ganador de los Premios 20Blogs (categoría de Música) en la edición de 2014. Ya os he hablado de esta web en otras ocasiones, no en vano he tenido el privilegio de participar, al igual que otros amigos, en sus dos últimos aniversarios, una fiesta bloguera que este último año (el quinto en la blogosfera) contó con más de cuarenta colaboraciones en forma de entradas, publicadas una cada día, todo ello amenizado con juegos, regalos y sorteos. También os hablé de Musicae Memorandum cuando nos visitó JakeSnake -otro de los responsables de esta web- en esta misma sección.

Cuando leí los textos que me envió Nostromo lo primero que pensé es que muchas de las cosas que cuenta las podría haber escrito yo mismo. Cuando volví a leerlos por segunda vez me di cuenta que las vivencias y, sobre todo, las coincidencias musicales eran muy numerosas; debemos tener una edad similar, no hacemos ascos a casi ningún género musical (excepto al regaeton, jajaja) aunque el rock siempre estará en el centro de nuestro corazón musical, nos sentimos más a gusto con la música que conocemos, que no suele ser la de rabiosa actualidad, iniciamos el siglo un poco despistados sin saber muy bien a qué musica quedarnos, vivimos los ochenta y disfrutamos con el pop que se hacía en España y, por si esto fuera poco, también compartimos una anécdota parecida, luego en los comentarios lo cuento. Estoy seguro que os va a encantar Nostromo y que vais a disfrutar, tanto como yo, con sus canciones y sus recuerdos. Comienza con “Hadaly”, tema de Radio Futura publicado en su segundo Lp.

“Cuando el amigo Raúl me sugirió hacer la tan famosa tanda de Las cinco canciones de mi vida, la verdad es que me abrumé un poco. Como le dije, me considero un bloguero amateur, de los de andar por casa, nunca he publicado en terrenos forasteros padeciendo mal de altura fuera de mi hábitat natural, pero ante su amabilidad y predisposición, no solo porque participa en nuestros últimos aniversarios de Musicae Memorandum o por sus sabios apuntes, me veo casi obligado a corresponder a su positivismo y dejarme liar, Quid pro quo” o “do ut des como diría aquel. Allá vamos con todo cariño y mi mejor voluntad.

Nací castellano-manchego y me siento cartagenero de adopción, mis mejores baños estivales me los he dado, y espero seguir dándomelos, en Castilla-La Manga; o sea que por esos tres lugares es por donde ha pululado el 95% de mi existencia, no me preguntéis cómo lo he calculado porque rima. Todo eso explica que aparezca en mi bio lo de manchego/carthaginés, una peculiar amalgama con lo peor de cada bando.

Como decía, vine a este mundo en un lugar llamado Puertollano hace más de veinte mil días, que se dice pronto. Puertollano es un pueblo grande o una ciudad pequeña, según se tenga que defender la tierra de uno. Un buen sitio para vivir venido a menos como tantos otros, tiene la enorme ventaja de la proximidad con el centro neurálgico en muchos kilómetros a la redonda de aquella zona, Madrid. Aparte de esta pequeña presentación de un servidor, meto este rollo porque está relacionado con la música, con mi canción de hoy, mi flashback particular me lleva hasta 1984 directamente a una ya decadente Movida madrileña.

Musicalmente me siento ecléctico convencido, me gustan casi todas las tendencias (cuando digo esto siempre me acuerdo del reguetón) y he pasado por casi todas las etapas musicales, según la época con mayor o menor duración; desde el heavy hasta el tecno, desde el punk hasta el pop, pero siempre con un denominador común: el rock. Lo que me ha dado la sabiduría necesaria para no saber de nada, y el don de reconocer lo que me gusta a la primera escucha, pocas veces me falla… sobre todo si es bueno.

Hadaly es un tema de Santiago Auserón que ocupa la segunda pista del famosísimo disco de Radio Futura La ley del desierto / La ley del mar, ya sabéis, un pelotazo con una nueva fórmula de funky/punk donde dicen que apareció el término rock latino con aquella Semilla negra. Hadaly no tuvo tanta repercusión como otras canciones del álbum, pero a mi media naranja y a mí nos encantaba. Su letra es ambigua, como casi todas las de esta banda, está basada en la novela de ciencia ficción La Eva futura de Auguste Villiers.

Ahora y para terminar, me explico en la elección de esta canción. Hacemos de nuevo ese flashback y volvemos al pueblo apodado de las dos mentiras (algo que no es cierto), por aquel entonces regentaba junto a mi amigo Pepe un disco bar típico de aquellos años, mucha marcha, sonido fuerte y oloroso humo, El Tenerife, puntero con buen ambiente y buena música. Veinteañero y con pasta para gastar no existía el aburrimiento, hasta que un poco cansado de los excesos (afortunadamente) y por motivos laborales, me trasladé a estas tierras de Aníbal y los Barca. Bien, mi actual mujer también se vino y tuvimos nuestra hija ochentera, tenemos la pareja. Cuando nació, como todo quisqui fui al registro para darle de alta, allí al decirle al funcionario de turno el nombre elegido me frunció el ceño: “¿eso qué es, no está en el santoral?”, ante mi insistencia dijo: “tendrás que ir a hablar con el juez”, efectivamente, por aquel entonces no me achicaba y el de la toga estaba de juicios en una sala contigua. En un receso me metí y me fui para el estrado cargado de razones, otro que frunció el ceño, “¿eso qué es?” espetó, “¡una flor!” afirmé mintiendo, “¿una flor?”, “¡Sí, como Rosa!”, “Bueno, ponle María delante y asunto arreglado” sentenció. Me retiré de la batalla apabullado, pero con la sensación de haber ganado al poderoso aunque solo sea a medias. Desde aquel día mi hija se llama Mª Adalí (nos pareció más adecuado), un nombre precioso y único para un ser maravilloso.

Miro una estrella lejana
Y me pongo a pensar
Que al llegar a mí su luz
Puede haberse apagado ya”

Stukas. “Hazañas Bélicas”

Casi todo el mundo habla de la “Movida Madrileña” hasta llegar a la mitificación. En realidad duró poco tiempo (apenas 4 ó 5 años), aunque fue muy importante para todos los que vivimos aquella época y sirvió como expresión de la ruptura definitiva con el franquismo. Sus valores musicales son discutibles, eso sí fue el trampolín en el que se impulsó el pop español de los 80 y los 90, un movimiento de los más importantes que ha experimentado nuestra historia musical. Otra de las injusticias ha sido circunscribir “La Movida” a Madrid, cuando hubo otras zonas de España donde el fenómeno tuvo también su importancia. Con la canción de hoy, “Hazañas Bélicas”, del grupo asturiano Stukas, quiero rendir homenaje a “la otra Movida” y, de paso, recordar a esta veterana banda, apenas conocida fuera de su territorio natural. Según cuentan en su página web, los orígenes se remontan al año 1961, cuando un grupo de amigos de La Felguera decidieron formar un grupo musical; al principio tocaban en festivales, fiestas de amigos y lugares como el Teatro Pilar Duro o el Cine Sindical. En 1964 decidieron llamar a la banda Stukas, en recuerdo de los Junkers Ju 87 de las fuerzas aéreas alemanas, característicos de la II Guerra Mundial, que los integrantes de este grupo veían en los tebeos españoles de Hazañas Bélicas que tanto éxito tuvieron en la España franquista. La formación original la integraban José Miguel García (voz), César Valdés (bajo), Manolito Antuña (guitarra solista), Enrique Álvarez (guitarra rítmica) y José Luis Menéndez (batería); con ella actuaron por todo Asturias, consiguiendo premios como el de “Conjuntos Modernos” o “Rumbo a la Gloria, incluso compartieron escenario con Los Brincos, Los Bravos, Les Surf o Jaime Morey, casi siempre interpretando versiones de otros y haciendo música de baile. La oportunidad de grabar sus propios temas apareció en 1981, vino de la mano de la Sociedad Fonográfica Asturiana, la entidad que les editó su primer álbum: “Hazañas Bélicas” (1981). Este trabajo les abrió las puertas de la televisión (actuaron en “Tocata”) y de la “movida madrileña”, con actuaciones en Rock-Ola o en la Casa de Campo. Durante los ochenta y los noventa continuaron publicando álbumes, incluso en los primeros años del presente siglo. Su tema quizás más conocido, al menos para los que no somos asturianos, es el titulado igual que su primer álbum, una canción pop muy de la época, con una letra arrebatadoramente adolescente que nos habla de lo difícil que era luchar con aquellos ídolos que forraban las carpetas de las chicas, en una época en la que el amor se vivía como si fuera una hazaña bélica. A pesar de lo sencilla que es la canción, hay un interesante trabajo de guitarras en ella y algunos arreglos de viento inusuales para la época. Podéis escuchar esta melodía en la película española “La Torre de Suso”, y hay una versión de ella a cargo del grupo femenino de Gijón Urdershakers, ya desaparecido; esta versión forma parte del álbum “Homenaje a Stukas” (1997), en el que también intervinieron artistas como Víctor Manuel o Burning.

Sui Generis. “Mr. Jones, o Pequeña semblanza de una familia tipo americana”

Sui Generis fue un grupo argentino creado en 1969 alrededor del dúo formado por Charly García (piano, guitarra acústica, voz) y Nito Mestre (flauta, guitarra acústica, voz), que se conocieron cuando realizaban sus estudios de secundaria en el Instituto Social Militar “Dr. Dámaso Centeno”, situado en el barrio del Caballito (Buenos Aires). Con Vanilla Fudge y Procol Harum como inspiración, comenzaron a hacer música hasta que, en 1972, lograron grabar su primer álbum (“Vida”) gracias al interés mostrado por Pedro Simón Bayona y el productor Jorge Álvarez, uno de los fundadores del sello independiente Mandioca. Este disco es uno de los clásicos del rock argentino, con temas –como “Canción para mi muerte”- muy conocidos en aquel país. En 1973 publicaron su segundo álbum (“Confesiones de Invierno”), con el que consolidaron su característico estilo folk-rock, con buenas letras y algunos elementos prestados de la psicodelia y el progresivo (véase, por ejemplo, el tema “Un hada, un cisne”) y del R&R, es el caso de la melodía que nos ocupa: “Mr. Jones, o Pequeña semblanza de una familia tipo americana”, una alocada canción de menos de dos minutos, con un ritmo frenético acorde a la historia que lo envuelve. “Mr. Jones …” nos presenta a una “familia muy normal” que se mata a hachazos por nimiedades domésticas, se lamentan de las manchas de sangre en el tapizado y tienen niños que comen pajaritos, perros, gatitos y otros bichos que vagan por ahí. Algo así como una parodia de una familia de la América profunda, de esas que salen en películas como “La Matanza de Texas” o en series más actuales como “American Horror Story”. Al final de la entrada os dejo la letra, una auténtica locura gestada en una Argentina dominada por la dictadura y la censura. Y aquí tenéis la versión que Los Rodríguez hicieron de esta canción para el álbum en vivo “Disco Pirata” (1992). Después de “Confesiones de Invierno”, Sui Generis publicó un disco de estudio más (“Pequeñas anécdotas sobre las instituciones”), que tuvo problemas con la censura, y un disco en directo titulado “Adiós Sui Generis, parte I & parte II” (1975), con el que se despidieron de sus seguidores. En 1987 publicaron una antología con sus mejores temas, en el año 2000 editaron un nuevo disco de estudio (“Sinfonías para adolescentes” y en el 2001 un álbum en vivo “Si – Detrás de las paredes”).

“Mr Jones abrió la puerta, vio a su madre recién muerta y la sangre del chaleco se limpió.

Guardó a su madre en el ropero, le puso más leña al fuego y el invierno muy crudo se avecinó.

Llamó a su esposa y le dijo: ‘mamá está muerta en el ropero’, ‘por supuesto, si yo la asesiné.  Ella puso mal la mesa, le hundí un hacha en la cabeza y la sangre el tapizado me manchó’ ¡Ay que pena nena!

Y Mr Jones trabajaba y su esposa asesinaba y los chicos correteaban por ahí. Se comían los pajaritos, los perros y los gatitos y otros bichos que vagaban por ahí.

Y llegó la policía con un carro y dos tranvías para toda la familia encarcelar. Yo no se por qué el sargento me lleva al destacamento, si somos una familia muy normal.”