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Gaspard Royant. “Night in the City”

El término revival es definido por el Diccionario panhispánico de dudas como “voz inglesa que se usa con cierta frecuencia en español con el sentido de ‘retorno de gustos, modas o tendencias propios de otras épocas'”; también indica que es un “anglicismo evitable, que puede sustituirse por voces españolas como resurgimiento, recuperación, resucitación, renacimiento, retorno, regreso o similares”. Pues todo eso es Gaspard Royant, lo digamos en inglés o en español, un artista que parece sacado de películas como “Grease” o “American Graffiti” pero en versión 3.0, actualizado tanto en lo relativo a vestuario como a movimientos y sonido. Tengo que agradecer a whatgoesaround, el patrón de ongakumymusic, por darme a conocer a este cantante francés; en una de sus entradas nos contaba que nació en la Haute Savoie y que, con apenas siete años, ya empezó a estudiar solfeo y a familiarizarse con el saxo. En el año 2009 publicó su primer trabajo, un disco con cinco canciones y, a partir de 2012, varios singles hasta que consiguió editar su primer larga duración (“10 Hit Wonder”, 2014). En abril de 2016 sacó al mercado su segundo álbum, “Have You Met Gaspard Royant?“, en el que se incluía el tema protagonista de esta entrada. “Night in the City” es la novena canción del disco, que recomiendo no os perdáis porque está plagado de excelentes temas, como “Baby I’m with you“, “7” Club” (que a mí me recuerda a algunas canciones de Amy Winehouse), “Getaway“, “New Religion“, “Hard Times” o “Follow the Rhythm“, por citar algunos. En su estilo reconocemos elementos procedentes del R&B, el soul, el rockabilly, el pop o el nothern soul, un estilo o tendencia del que da buena cuenta whatgoesaround en el post anteriormente mencionado. En “Night in the City” incluso vemos un acercamiento al Doo-Wop, género del que apenas me he ocupado y que espero pronto pueda protagonizar alguna entrada en La Guitarra de las Musas. Este tema, además de ese sutil ritmo duduá, presenta un par de referencias, a modo de guiño homenaje, que confirman el espíritu revival de su propuesta; de un lado el inicio, similar al arranque de “Mister Sandman“, canción de 1954 popularizada por el grupo femenino The Chordettes; y, por otro, ese sonido (a partir del minuto 1:36) que recuerda al de la celesta utilizada por Buddy Holly en su conocido tema “Everyday“. Si os gusta lo retro, disfrutáis con artistas actuales como Nikki Hill, Imelda May o Sugarpie & The Candymen, no os perdáis a Gaspard Royant.

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Ike & Tina Turner / Deep Purple / Katrina & The Waves. “River Deep – Mountain High”

“River Deep – Mountain High” es una de las canciones más importantes del dúo Ike & Tina Turner, fue comercializada como single e incluida en el álbum homónimo publicado en 1966. Sin embargo, en su grabación no intervino Ike Turner y, en cambio, fue el productor Phil Spector el que acumuló todo el protagonismo, junto con la propia Tina Turner. Tal y como nos cuenta Emilio de Gorgot en un excelente artículo publicado en Jot Down, en 1965 Phil Spector buscaba “algo más robusto, más gigantesco, más colosal que nunca”, un tema acorde a la espectacularidad y complejidad de su “muro de sonido” que volviera a reconducir su megalomaniaca manera de entender la producción musical. Partieron de tres canciones compuestas por él y por la pareja Jeff Barry y Ellie Greenwich, y las unieron en una única pieza; convencido como estaba de tener entre sus manos un tema excepcional, contrató a cuarenta y dos personas, entre músicos y coristas, un impresionante despliegue de medios que, por supuesto, necesitaba de una intérprete capaz de mantenerse en pie ante semejante vendaval. Phil Spector lo tenía claro, debía ser Tina Turner. Pero había un pequeño problema: su posesivo e irascible marido; asumiendo que la grabación habría de ser costosísima, unos veintidós mil dólares, ofreció otros tantos a Ike Turner para que no pisara el estudio. Tina cantó una y otra vez la canción, durante varias horas; al parecer, Phil Spector sólo quedó conforme cuando, asfixiada por el calor que había en el estudio, se quitó la blusa y cantó una vez más el tema, esta vez en sujetador; aquella fue la toma definitiva, la única que dejó satisfecho al exigente productor. Sin embargo, “River Deep – Mountain High” no funcionó bien desde el punto de vista comercial, para desesperación de Spector que veía como el público empezaba a apreciar otra manera de entender la música, la de grupos como los Beatles o los Beach Boys, más limpia y donde los instrumentos se podían identificar claramente. Un par de años después aparecieron dos versiones fuertemente impregnadas de la psicodelia de la época; me refiero a la de Deep Purple -la segunda destacada de hoy-, incluida en su segundo álbum de estudio (“The Book of Taliesyn”, 1968), de diez minutos de duración y en la que cuesta reconocer la melodía, y la de Eric Burdon & The Animals, de siete minutos, que formó parte de su álbum “Love is” (1968). Las versiones de este tema se cuentan por docenas; especialmente numerosas son las realizadas en las décadas de los sesenta y setenta (Harry Nilsson, Toni Wine, The Badd Boys, Leslie Uggams, The Easybeats, The Supremes & The Four Tops, The Shadows, Meat Loaf, etc.), aunque también las hay posteriores: Neil Diamond, Jimmy Barnes, Annie Lennox, Flamin’ Groovies, The Overtones o Katrina & The Waves, el tercer vídeo elegido para ilustrar esta entrada.

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Las Cinco Canciones de Laacantha (III): “Rivers of Babylon” (Boney M)

Cuando leí el tercer relato de Laacantha inmediatamente me acordé de una canción de Radio Futura que alguna vez he pensado en dar cabida en un día de versiones (también fue interpretada por Enrique Urquijo, el que fuera líder de Los Secretos); me estoy refiriendo a “Historia de Play-Back“, escrita por Santiago Auserón y publicada en su segundo álbum de estudio (“La Ley del Desierto / La Ley del Mar”, 1984): “No digas una palabra más, no me fío de ti, ya oí eso en algún lugar y no te lo has aprendido bien. Es una historia de playback. Alguien dicta en la sombra y tú sólo mueves los labios”. No os doy más pistas y os dejo con Boney M, y su famosísimo “Rivers of Babylon”, en Moscú y vistos a través del diario Pravda, el que fuera periódico oficial del Partido Comunista de la Unión Soviética entre 1918 y 1991.

“Fue el año 1978. La noticia conmovió a toda la población del país: el grupo Boney M llegaba a Moscú para dar un concierto. La emoción fue comparable a la del primer vuelo espacial, ni más ni menos. Boney M fueron las primeras estrellas mundiales que atrevieron a visitar el baluarte del comunismo. Dieron un único concierto, por lo que los mortales no pudimos conseguir entrada. Boney M bailaron y cantaron, exclusivamente, para la élite política y artística del país.

Al día siguiente, el periódico Pravda (“La Verdad”) publicó un artículo criticando muy duramente el espectáculo, sobre todo por el playback, ya que no cantaron en directo. Pero lo más destacado del artículo fue la frase: “esas tres mujeres y un negro”. Aún hoy nos partimos de risa recordándolo; desde entonces, Boney M es para mí ese grupo con “tres mujeres y un negro”. “Rivers of Babylon” es la canción preferida de mi hermano y fue el himno de las discotecas, durante los años 80, en la Unión Soviética”.

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Las Cinco Canciones de Laacantha (II): “Yesterday” (The Beatles)

“Cuando una puerta se cierra, otra se nos abre”, “no mal que por bien no venga” o “no hay daño que no tenga apaño” son algunas expresiones o refranes que solemos utilizar cuando queremos ver el lado bueno de las desgracias o las cosas malas. También es verdad que son propias de personas optimistas porque los pesimistas siempre se acogerán a alguna de las variantes de la Ley de Murphy: “cuando parezca que ya nada puede ir peor, empeorará”, “todo lo que empieza mal, acaba peor” o “nada es tan malo nunca como para que no pueda empeorar”. Laacantha pertenece a la primera categoría, la de los optimistas, al menos por lo que nos cuenta en este relato, con los Beatles y un chico que canturreaba “Yesterday” como protagonistas. Es la primera vez que aparece este conocido tema en La Guitarra de las Musas, así que recordemos que se trata de una canción compuesta por Paul McCartney, incluida en el álbum “Help!” (1965); según señalan algunas fuentes, se trata de la canción más retransmitida a través de la radio (seis millones de transmisiones en los Estados Unidos) y la más versionada de la historia, con unas 1.600 interpretaciones distintas.

“- Yesterday … Why she had to go I don’t know…-, canturreaba el chico con los ojos cerrados, exaltado. Era casi un hippy, de pelo largo y despeinado, y le gustaban los Beatles . Yo casi una comunista, y “la cultura podrida” del Oeste hostil no estaba en mi círculo de intereses. Pero, pese a ello, estaba enamorada de él.

– ¿Te gustan los Beatles? -, el chico me pilló de improviso. No tuve ni menor idea de que se trataba. Así que él seguía insistiendo con esos dichosos Beatles, yo febrilmente buscaba una salida digna para aquella situación. – ¿Qué canción te gusta más? -, sonrió maliciosamente .

No era muy lista, pero tampoco una idiota. Entendí que, si le decía que mi canción preferida era “La internacional”, sería un fracaso total y definitivo. Nunca me rindo fácilmente, y cuando era más joven aún menos; era una chica con carácter, de esas que dicen: “no me toques los cojones” …

– ¡Ah! … ¿Que soneto de Shakespeare te gusta más? -, desvié de golpe la conversación a mi terreno. “El amor es tan loco, tan ingenuo y leal, que hagas lo que hagas, él nunca piensa mal” – ¿Te gusta?-

Él tampoco tenía mucha idea de a qué me refería. Acabamos en un justo empate. La semana entera busqué toda la información posible, e imposible, sobre este grupo, conseguí memorizar la melodía de “Let it Be”: … leidi biiii, leidi biiii … Pero aquel chico no volvió, desapareció de mi vida para siempre, dejándome un valioso regalo … cuatros chicos cantando ‘Yesterday'”.

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Las Cinco Canciones de Pedro (V): “Mi agüita amarilla” (Los Toreros Muertos)

Le decía a Pedro el otro día, cuando me entregó la última canción, que me había emocionado al leer los recuerdos que acompañan a las cuatro primeras canciones; con la quinta he de confesar que se me han saltado las lágrimas, y no precisamente por la temática de la canción, con la que puedes romper a llorar, pero de risa. Pedro nos habla hoy de su llegada a Madrid, de cómo nos conocimos y de cómo nos divertimos en aquellos locos años ochenta. Hace casi un año os hablaba de “Mi agüita amarilla”, de los buenos recuerdos que conservo en torno a esta canción; Pedro nos ofrece su propia versión de la película, en la que desempeño un papel destacado y agitado. Ha sido una semana muy especial para mí, con muchos recuerdos que han aflorado gracias a estos bonitos relatos que, de manera sincera y elocuente, nos ha ofrecido Pedro. Un abrazo muy fuerte, amigo, espero que te hayas sentido cómodo y que la experiencia bloguera haya sido de tu agrado; una vez abierto el melón lo mismo te apuntas a cualquier otro sarao, en forma de colaboración, que se nos ocurra …

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

“Eran los años de la movida, y España conseguía su primera medalla olímpica, de plata, en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 84 cuando, por una triste circunstancia, una enfermedad, a mis 24 añitos, caí en Madrid, solo y desamparado, en medio de una ciudad enorme y desconocida.

Estando yo en esa situación tan triste, quizá por el destino, si es que existe, me crucé por la calle con una chica muy mona que se me quedó mirando. Mi primer pensamiento fue, cómo no, que en Madrid se ligaba más que en Vitoria, donde decíamos entre los lugareños, que “ligar en Vitoria, con una de Vitoria, era un milagro”. Pero una vez pasado mi ilusión inicial, me di cuenta que aquella chica me miró no por mis encantos, sino porque nos conocíamos de algo. Sí, sabía quien era, era la prima madrileña de un amigo de Vitoria, a la que conocía, pero tan solo de vista. Alguien conocido en Madrid, pensé. Mi salvación. Corrí tras de ella, la abordé, y me agarré a ella (en sentido figurado, claro), como un náufrago que encuentra un salvavidas en altamar.

Esto fue un rescate en toda regla. Con la simpatía y la generosidad que caracterizan a los madrileños (y las madrileñas, como diría un político), mi amiga Marta, me enseñó Madrid y compartió conmigo su familia, madre vitoriana incluida, y sus amigos, entre los que se encontraba un nutrido grupo de estudiantes de Farmacia.

Aquel grupo de farmacéuticos se convirtió rápidamente en mi “pandilla”, y dado que además me ennovié con una de las chicas del grupo, comencé a visitar con mucha frecuencia Madrid, donde al cabo de unos años me instalé. Hoy, después de casi 30 años de trabajar y vivir en esta enorme ciudad, soy un madrileño más, y me parece maravillosa.

Uno de los sitios que estaban de moda entonces, hasta que fue tomado por los “fachas” y se convirtió en un lugar peligroso, eran “Los Bajos de Aurrerá”. Solíamos ir allí con frecuencia, porque había un ambiente universitario muy animado, a tomar unas cervezas, con nocturnidad y alevosía.

Había varios locales que nos gustaban, pero cuando queríamos marcha, nos metíamos en uno muy molón, “El Ibiza”, completamente blanco, como no podía ser de otra manera. Cuando digo “nos metíamos”, es literal, porque dado el tamaño reducido del local, estaba siempre a tope, y había que entrar “apretando”.

La música que ponían allí era prácticamente toda española, estábamos en plena movida, aunque también ponían música algo más antigua. Nacha Pop, Los Secretos, Gabinete, Danza Invisible, Kaka de Luxe,… eran habituales.

Había canciones que eran mágicas, como apretar un botón, era sonar y toda la masa se ponía a bailar…,bueno a saltar más bien, como auténticos posesos. Era imposible resistirte, no eras tú, eras parte de la masa que saltaba al unísono, como un solo cuerpo, sudado, claro.

Pero, para mí, la canción que define mejor aquella época es “Mi agüita amarilla”, gran éxito de aquel loco grupo, “Toreros Muertos”, que con su animada música y su divertido texto, nos “colocaba”, sin porro, y nos llevaba a aquel estado de catarsis corporal y mental.

Pero, es que, además, esta canción me recuerda especialmente a uno de aquellos estudiantes de Farmacia, a mi amigo y colega Raúl. Me trae la imagen de un Raúl exultante y divertido, cantando a todo trapo, y saltando como un verdadero batusi.

Va por ti, amigo”.