Ray Charles / The Beatles / The Honeydrippers. “I Got a Woman”

En plena década de 1980, con el pop y la new wave triunfando, al presidente de la Atlantic Records, Ahmet Ertegün, no se le ocurrió otra cosa que grabar un disco con versiones de sus canciones preferidas de los años cincuenta. Para llevar a cabo este proyecto pensó en el ex Led Zeppelin Robert Plant, a quien había visto cantar temas de R&B junto a una banda que había creado algunos años antes, probablemente como divertimento. El nombre del grupo era The Honeydrippers, en recuerdo del cantante de blues estadounidense Roosevelt Sykes, más conocido como “Honeydripper”. Grabaron un único disco, un EP titulado “The Honeydrippers. Volume One”, con tres canciones en la cara A (“I Get a Thrill”, “Sea of Love” y nuestra protagonista de hoy: “I Got a Woman”) y dos en la B (“Young Boy Blues” y “Rockin’ at Midnight”); versiones de autores como Roy Brown, Phil Spector o Ray Charles, que están interpretadas por una formación de lujo encabezada por Robert Plant y los guitarristas Jimmy Page y Jeff Beck, a quienes se unieron el resto de los Honeydrippers y otros músicos como Paul Shaffer, Nile Rodgers, Wayne Pedzwater, Dave Weckl, Keith “Bev” Smith o Brian Setzer, de los Stray Cats.

I Got a Woman” es un tema de Ray Charles publicado como single en el año 1954 que, en realidad, está basado en otro anterior titulado “It Must Be Jesus”, de Southern Tones, que Ray escuchó en la radio cuando viajaba con su banda durante el verano de 1954; como podréis comprobar en el enlace que acabo de dejar, la melodía de “I Got a Woman” es muy parecida a la pieza compuesta por Southern Tones. Los Honeydrippers no han sido los únicos que han interpretado este tema; de hecho, son numerosas las versiones: Elvis Presley, Carl Perkins, Bill Haley, Eddie Bond, Maurice Williams & The Zodiacs, Johnny Hallyday, King Curtis & The Shirelles, Rick Nelson, Conway Twitty, Johnny Rivers, Them, Johnny Cash & June Carter, Jo Stafford, The Anita Kerr Singers, Chet Atkins, The Dells, José Feliciano, Al Kooper, Herbie Mann, George Benson, Otis Rush, John Mayer o los propios Beatles, que llegaron a hacer dos versiones. La primera grabada, el 16/07/1963, en el Paris Theatre de la BBC (Londres) para un programa de radio, finalmente publicada en el álbum “Live at the BBC” (1994); la segunda fue registrada, el 31/03/1964, en el Playhouse Theatre de Londres, también para otro programa de radio, se publicó en el disco “On Air – Live at the BBC. Volume 2” (2013). Finalizamos con un comentario sobre la letra; en el artículo titulado “Porque el género musical no importa: canciones machistas por excelencia”, publicado en Komienza, no dudan en incluir esta canción entre sus elegidas, sobre todo por la estrofa que dice: “Ella sabe el lugar de una mujer. Y está ahí, ahora, en el hogar”.

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Grandes canciones en versión española: Miguel Ríos. “Conciertos de Rock y Amor”

A comienzos de los ochenta, cuando el rock parecía una vieja antigualla oxidada, arrumbada en un rincón por el movimiento conocido como “Movida”, Miguel Ríos hizo una aparición estelar  difícil de olvidar. Las giras que acompañaron a los discos “Rock and Ríos” (1982) y “El Rock de una noche de verano” (1983) son acontecimientos poco habituales en España, al menos con rockeros de aquí; del primer álbum se vendieron cuatrocientos mil ejemplares y a la gira de 1983 acudimos unas setecientas mil personas, en alguno de los conciertos que Miguel Ríos dio por la geografía española, con teloneros ilustres como Luz Casal y Leño, y músicos tan renombrados como Thijs Van Leer (de la banda Focus), Mario Argandoña, Antonio García de Diego, John Parsons o Salvador Rodríguez. No fue una casualidad que Miguel Ríos se embarcara en una aventura como ésta, diez años antes ya había sido pionero del rock en directo en nuestro país; en 1972 publicó uno de los primeros álbumes que se grabaron en directo en España, en concreto durante los conciertos que el granadino ofreció en el entonces Monumental Cinema de Madrid (el Teatro Monumental) durante los días 27, 28 y 29 de abril de 1972, en maratonianas jornadas de tarde y noche, con precios que oscilaban entre las cincuenta y las ciento veinticinco pesetas, como bien puede verse en la portada del disco. Aunque para los estándares actuales no puede decirse que el sonido sea excelente, estamos ante un trabajo histórico, novedoso en España, en el que se emplearon dieciséis micrófonos conectados a un equipo grabador de ocho pistas, con equipos reductores de ruido Dolby y compresores Bellman. “Conciertos de Rock y Amor” -así fue como se llamó el Lp- es un homenaje al R&R, en el que se pueden escuchar versiones de temas tan conocidos como “Hound Dog”, “Tutti frutti”, “Rock de la cárcel”, “Popotitos”, “What’d I say”, “Land of Thousand Dances” o “Abraham Martin & John”; el disco se completa con una interpretación del “Cantares” de Serrat, la presentación de los músicos al ritmo de “Sabor”, un tema de Fernando Arbex (“Yo sólo soy un hombre”) y otro de Miguel Ríos (“Vuelvo a Granada”). Una de las cosas que más llama la atención de este disco es la actitud de Miguel Ríos en el escenario, tratando en todo momento de animar, arengar y jalear al público para que se comprometiera con el espectáculo, en ocasiones incluso soltándoles alguna regañina si consideraba que estaban acomodados en exceso o poco participativos. Así nos lo ha contado el propio protagonista:

“En esa grabación aprendí mucho para posteriores discos en directo: por ejemplo, intentar controlar lo que hablas. Creo que tiene mucho que ver con un disco en directo de Johnny Rivers que tenía mucho parlamento, también está el hecho de que había que jalear a la gente para que se metieran en el ambiente. Ese juego, que he seguido durante mucho tiempo, de parecer que estás disgustado por el poco calor que te da la gente; aunque estén bramando, siempre pedirles un poco más. Un truco que aún se emplea para decir luego “muy bien, ahora habéis llegado al culmen”. Además era una época en la que se tenían que explicar muchas cosas, sobre todo alrededor del rock. Todavía era anecdótico cantar rock and roll en este país, estuvimos en media España con el espectáculo y cuando se enteraban de que era un show de rock and roll no nos dejaban hacerlo. Fue muy potente y avanzado para la época, con las proyecciones de diapositivas y todo aquello. Lo pasamos bien, estábamos haciendo la primera gira de rock en teatros que se hacía aquí, planteada como gira, no como una serie de bolos. También fue la primera vez que se grababa un concierto en directo de esas características. Personalmente, era como una celebración de mis diez años de profesional”.

Para que os hagáis a la idea, por si no queréis escuchar el disco entero, a continuación os señalo, utilizando los vídeos que aparecen al comienzo de la entrada, algunos de los momentos en los que nuestro protagonista de hoy se dirige al público; estas parrafadas comienzan en los minutos 1:33 de la primera canción (“Hound Dog”), al comienzo de la tercera canción (“El Rock de la Cárcel”, este momento es especialmente bueno), en el minuto 0:41 de la cuarta canción (“Popotitos”) y en los temas “What’d I Say” y “Land of Thousand Dances” (que no os pongo en youtube para no recargar demasiado, los podéis escuchar más abajo en spotify). Al poco tiempo de grabar este disco, Miguel Ríos fue detenido por consumo de marihuana, pasó veintisiete días en la cárcel de Carabanchel, de donde salió libre de cargos; en 1974 comenzaría su etapa más comprometida, con tres álbumes del rock progresivo que ya hemos mencionado en la entrada dedicada el tema “Bienvenida Katherine”.

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Joan Jett & The Blackhearts. “I Love Rock’n Roll”

A Joan Jett se la conoce como la reina del R&R o la abuela del punk; es una cantante, guitarrista y compositora estadounidense nacida en 1958, sin duda una de las artistas femeninas más importantes que ha dado el rock. Fue fundadora del grupo femenino The Runaways, del que también formaron parte Sandy West, Jackie Fox, Lita Ford y Cherie Currie; para aquellos que estéis interesados, existe una película (“The Runaways”, 2010), con Kristen Steward en el papel de Joan Jett. Tras grabar cinco Lps con The Runaways y un par de ellos en solitario, a comienzos de los ochenta nuestra protagonista se embarcó en un nuevo proyecto con The Blackhearts, su propia banda, tal y como ella misma venía reclamando a sus productores. El vídeo principal de esta entrada, todo un clásico de los años ochenta gracias a la difusión del canal musical MTV, fue una de las primeras grabaciones de Joan Jett con sus Blackhearts; la canción fue publicada en 1981, en un álbum titulado precisamente “I Love Rock’n Roll”. Sin embargo, este tema había sido grabado por Joan Jett con anterioridad, en concreto en 1979, con dos de los Sex Pistols: Steve Jones y Paul Cock; esta versión primigenia pasó algo desapercibida, al igual que ocurrió con el original interpretado por The Arrows, banda de la que formaban parte Alan Merrill y Jake Hooker, los compositores de “I Love Rock’n Roll”. Joan Jett conoció la melodía cuando formaba parte de las Runaways, gracias a un programa de televisión en el que aparecían los Arrows. Joan le dio a la canción lo que necesitaba para hacerla triunfar entre los jóvenes, necesitados de himnos que los representaran: actitud, agresividad, provocación y fuerza rockera; a su lado, la propuesta de The Arrows parecía una canción de misa. En mi opinión, la de Joan Jett es la versión definitiva, aunque otros se hayan empeñado en realizar las suyas, como la mismísima Britney Spears, para algunos una de las peores versiones de la historia. Aunque no siempre de mi gusto, no son pocas las adaptaciones de “I Love Rock’n Roll” realizadas desde el pop o el house, como las de Alex Gaudino & Jason Rooney (por cierto, un vídeo perfecto para la sección “Eros” del compañero What) o el sample del rapero Eminem; así como las exóticas, raras o hilarantes, como la de los japoneses L’Arc en Ciel, la de la actriz coreana Lee Da Hae o las españolas de Aerolíneas Federales y Los Berzas, con letras “made in Spain”.

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Loquillo. “Rock and Roll Star”

“Se buscan rockers para montar una banda de rock and roll clásico. Hippies abstenerse”

Según nos cuenta Rafa García-Purriños en su artículo publicado en La Fonoteca, éste fue el anuncio que José María Sanz Beltrán, más conocido como “Loquillo”, pinchó en el tablón de anuncios de la tienda de discos barcelonesa Gay & Company, que estaba regentada por el promotor musical Gay Mercader. Era el año 1978, Loquillo era un promesa del baloncesto y, además, uno de los rockers más activos en aquella efervescente Barcelona, un líder de su tribu urbana que ofrecía conciertos de versiones en locales de dudosa reputación, como el Tabú, en las Ramblas. Después de varios meses de aquel anuncio, recibió la llamada de un cantante y guitarrista llamado Carlos Segarra; juntos crearon Teddy Loquillo y sus amigos, grupo que resistió poco más de un concierto. Continuaron siendo amigos, pero cada uno se busco su camino; Carlos Segarra pronto crearía su propia banda, Los Rebeldes, mientras que Loquillo entraría en contacto con alguien que acabó siendo fundamental en su carrera musical: Sabino Méndez. En aquella época Loquillo también conoció a los hermanos Forteza, quienes habían formado una banda llamada C-Pillos junto con otros dos músicos. Sólo le quedaba terminar de perfilar su propia banda; a Sabino (guitarra) y Loquillo (voz) se unieron Teo Serrano (bajo), Carles Nadal (guitarra) y Juan “Canibal” Heyndeinreich (batería). Sin apenas repertorio, a Loquillo le ofrecieron la posibilidad de grabar un disco de versiones de R&R para una modesta compañía independiente llamada Cúspide; no se lo pensó, involucró en el proyecto a todos sus amigos: Los Rebeldes de Carlos Segarra, los C-Pillos y, por supuesto, su propio grupo: Los Intocables.

Así, en 1981, salía a la calle el primer disco de Loquillo, titulado “Los Tiempos están cambiando”, en el que se incluyeron versiones pero también temas propios. Carlos Segarra y Loquillo compusieron “Esto no es Hawai (que wai)”, que terminó siendo la sintonía del programa de radio en el que Jesús Ordovás promocionó este disco; Los Rebeldes también tocaron en otros temas, como “Cadillac” (versión de “Brand New Cadillac, de Vince Taylor), “Nena no me toques” (versión de “Please don’t touch”, de Johnny Kidd & The Pirates), “Mi odio caerá sobre ti” (versión de “Casting my spell”, también de Johnny Kidd & The Pirates), “Los tiempos están cambiando” (versión de “The Times they are changing”, de Bob Dylan) y “Por qué” (también compuesto por Segarra y Loquillo). Los C-Pillos tocaron en el tema “Eres tú” (versión de “Yes I do”, de Pete Mclaine and the Clan) y participaron en los coros de la mayor parte de las canciones. Y finalmente su propio grupo, Los Intocables, le acompañó en las canciones tituladas “Sólo un sueño” (versión de “Something Else”, de Eddie Cochran), “Ser o no ser” (compuesta por Loquillo y los Intocables) y, por supuesto, la que acabaría siendo la canción estrella del disco: “Rock and Roll Star”, compuesta por Sabino Méndez. No puede decirse que fuera una producción muy cuidada, sin embargo tuvo un éxito inesperado que les llevó hasta el epicentro de la “Movida madrileña”, la sala Rock-Ola. Poco después, Loquillo tuvo que abandonar Los Intocables para incorporarse al servicio militar; a su regreso, un año más tarde, le esperaba Sabino Méndez para iniciar un nuevo proyecto: Loquillo y los Trogloditas, aunque ésta ya es otra historia.

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The Rolling Stones / The Andrew Loog Oldham Orchestra / The Verve. “The Last Time” / “Bitter Sweet Symphony”

Urban Hyms” (1997), el tercer disco de los británicos The Verve, es uno de los trabajos más representativos del pop inglés realizado a finales del siglo pasado; llegó a vender más de diez millones de unidades en todo el mundo y fue diez veces disco de platino. El tema “Bitter Sweet Symphony”, lanzado inicialmente como sencillo, es una de las melodías más conocidas de aquellos años, posteriormente versionada por artistas como Limp Bizkit o London Grammar e incluida en numerosas películas y series de televisión; la última que he escuchado en la serie juvenil “Riverdale”, a cargo de dos de su protagonistas: Ashleigh Murray y Camila Mendes, pero también se puede oír en “Los Simpsons”, en “Crueles Intenciones”, en “Embrujadas”, etc. La letra de la canción fue escrita por el vocalista de The Verve, Richard Ashcroff, a partir de una melodía de la Andrew Loog Oldham Orchestra que, a su vez, versionaba una canción de los Rolling Stones titulada “The Last Time”. Ésta última fue publicada en 1965, primero como single y, posteriormente, en la versión norteamericana del Lp “Out of Our Heads” (1965), el tercero de la banda. De esta canción, escrita por Mick Jagger y Keith Richards, se han hecho varias versiones, como las debidas a The Pupils, The Challengers, The Pharaophs, Bobby Bare, The Tractors, Dwight Yoakam, The Grateful Dead o los mexicanos Los Ovnis, aunque una de las más conocidas es la que hicieron los Who (sin John Entwistle y con Pete Townshend al bajo), con la intención de ayudar a pagar la fianza de Jagger y Richards cuando éstos fueron encarcelados, en 1967, por tenencia de drogas; aunque, para cuando se publicó esta versión, ya habían sido liberados.

Volviendo a The Verve y a la canción “Bitter Sweet Symphony” (aquí tenéis un estudio en profundidad de este tema), lo cierto es que se solicitó permiso para utilizar un sample de cinco notas de la mencionada versión de “The Last Time” realizada por la Andrew Loog Oldham Orchestra; la discográfica propietaria (Decca Records) dio permiso, aunque el mánager de los Rolling Stones acabó demandando a The Verve por excederse en lo inicialmente acordado; para éstos últimos la reclamación no tenía sentido, ellos entendían que habían compuesto una canción completamente nueva. El asunto aún se complicó más y, aunque no estaban de acuerdo, los miembros de The Verve acabaron por ceder los derechos de la canción a Jagger y Richards, ante la posibilidad de un largo e incierto juicio del que no quisieron participar. El compositor de la canción, Richard Ashcroft, llegó a decir en tono irónico: “esta es la mejor canción que Jagger y Richards han escrito en los últimos 20 años”. Me llama la atención que los líderes de los Rolling Stones se prestaran a semejante arreglo, asumiendo como suya esta melodía ajena a ellos, sobre todo teniendo en cuenta que el tema objeto de discordia (“The Last Time”) es, en realidad, una adaptación de una canción góspel anterior titulada “This May Be the Last Time”, de los Staple Singers, algo incluso reconocido por el propio Keith Richards.

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