Joan Manuel Serrat. «Tu nombre me sabe a yerba»

“Yo empecé a cantar porque me gustaba sencillamente tocar un instrumento a los quince años (…) pero lo más difícil no es tomar una guitarra y empezar a cantar, porque en un país como el nuestro, que ha estado muy reprimido en muchos aspectos, pero sexualmente y políticamente en los que más, sexualmente ha habido siempre en toda nuestra gente la gran dificultad de tener relaciones con una muchacha. Entonces, la guitarra abre caminos insospechados y cuando uno tiene 19 años y tiembla cuando ve pasar cosas bonitas por delante suyo, que le son inaccesibles en un momento determinado, descubre que toca la guitarra y canta una canción y le escuchan. Entonces, las entradas son siempre más fáciles. Yo, a veces, he pensado que quizás, aunque pueda parecerles una frivolidad, empecé a tocar la guitarra porque era mucho más fácil tocarles el culo a las muchachas”.

Joan Manuel Serrat. Entrevista concedida a Joaquín Soler Serrano para el programa de televisión “A Fondo”, emitido en 1977 por Televisión Española, minuto 19:19.

Tengo tan lejos la adolescencia que ya no sé nada sobre las técnicas, habilidades y recursos que manejan los jóvenes de hoy para acercarse a las chicas; en los setenta, tal y como nos cuenta Serrat, había algo que siempre funcionaba o, mejor dicho, le funcionaba siempre al que sabía cantar y tocar la guitarra; y más aún si ese joven aprendiz de trovador se sabía canciones de amor, además de escuchar a Deep Purple o Led Zeppelin. Esa mezcla de tipo duro que deja al descubierto sus sentimientos con una guitarra, con la palabra o la mirada es algo que encandilaba a las chicas de mi generación. Cuando en nuestra pandilla de segundo de BUP empezaron a surgir las discusiones entre chicas y chicos alguien tuvo la feliz idea de solucionarlo utilizando a Serrat; no me acuerdo de lo que pasó exactamente, pero lo cierto es que los chicos no nos hablábamos con las chicas, y viceversa. Probablemente fue una tontería propia de adolescentes, alguna burrada que hicimos, algún desplante o cualquier cosa que sentó muy mal a las chicas, porque de lo que estoy seguro es que fuimos nosotros los que metimos la pata.

Como os iba diciendo, algún iluminado, probablemente con hermanos mayores que escuchaban a cantautores, dio con la solución: tenemos que hablar con ellas, pedirles perdón y dedicarles una canción; estaba claro que algunas de nuestras habituales, como “Highway Star” o “Shine on You Crazy Diamond”, no eran muy adecuadas para esos fines; tampoco servían las de “Grease”, como “Those Magic Changes”, muy del gusto de ellas pero que podían pecar de cursis, además de no estar cantadas en español. Nuestro redentor propuso a Serrat e inmediatamente apareció la canción: tiene que ser “Porque te quiero a ti”; nadie, hasta varios días después, se refirió a ella como “Tu nombre me sabe a yerba”. Lo demás os lo podéis imaginar: conversamos, desnudamos nuestros sentimientos y escuchamos, una y otra vez, este tema de Serrat como si no existiera otra cosa en el Mundo, enamorados de nuestra amistad.

Esta melodía apareció publicada en el primer Lp de Serrat con canciones en castellano, titulado “La Paloma” (1969), en el que también se recogieron otras canciones editadas con anterioridad en formato single, como “El titiritero” o “Poema de Amor”. “Tu nombre me sabe a yerba” es casi una canción pop, sencilla, vitalista, que nos habla del amor y de la naturaleza cercana (los montes, el mar …), dos de las constantes poéticas en la obra del catalán:

“Yo tengo dos paisajes fundamentales, el mar y el campo. El mar es la Barceloneta de mi niñez, con todo lo que representaba. Hubo una época preciosa en la que me tocó ir a Navarra, con trece años, a un lugar al que no había ido nunca, Viana. La vida del niño cambiaba absolutamente cuando llegaba el verano y te ibas a la playa en libertad. O la familia te mandaba al campo”.

Vicente, Jordi & Cubeiro, Carlos. Serratología. Joan Manuel Serrat en cincuenta canciones comentadas e ilustradas. Barcelona: Comanegra, 2015; pág. 31.

En cuanto al amor, así se manifestaba Serrat a finales de los sesenta, cuando se publicó “Tu nombre me sabe a yerba”:

“Yo pretendo componer una canción de amor distante sobre el amor constante. Hablando del amor muchos me han asegurado que éste no es capaz de llenar al hombre de vida. Este tema me da mucho que pensar. Intento saber si es realmente importante o sólo nos lo inculcan”.

Vicente & Cubeiro, 2015: 31.

Se ha especulado bastante en torno al origen de esta canción; aunque el autor nunca lo ha confirmado, hay quien opina que Serrat se inspiró en la historia de amor de sus padres cuando se conocieron y Ángeles, su madre, abandonó su Aragón natal para irse a vivir a Barcelona, donde residía Josep, el padre de Serrat. Otros piensan que su musa fue Pepa Flores (Marisol), con quien mantuvo un romance en aquellos años. En cualquier caso, lo único que ha confirmado Serrat, ante las preguntas de algunos periodistas, en un momento de gran lucidez mental, es que “Tu nombre me sabe a yerba” es un homenaje juvenil al canuto (Vicente & Cubeiro, 2015: 31).

Precisamente, una de las versiones más conocidas de este tema es la de Pepa Flores, aunque se han hecho muchas (con acierto desigual), no en vano es una de las melodías más populares de Joan Manuel Serrat; entre las más destacadas podemos citar las de Antonio Flores, María Dolores Pradera, Joaquín Sabina (junto al propio Serrat) o la de Sweet Little Band, especialmente pensada para bebés.

Esta entrada fue inicialmente publicada en el blog Musicae Memorandum, en febrero de 2018. Quiero dar las gracias a Jakesnake, Nostromo y Olomán por invitarme a participar en aquella bonita iniciativa.

Leonard Cohen / Enrique Morente y Lagartija Nick / Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró. «Take This Waltz» / «Pequeño vals vienés»

Poeta en Nueva York” es una de las obras más importantes de Federico García Lorca. Este poemario fue escrito entre 1929 y 1930, durante su estancia en Nueva York y Cuba. El borrador de esta obra fue entregado por Lorca a José Bergamín, poco antes de su fusilamiento en 1936 por las fuerzas golpistas que desencadenaron la Guerra Civil española. La obra fue publicada en 1940, en dos ediciones simultáneas: una mexicana y otra estadounidense. “Pequeño vals vienés” es uno de aquellos metafóricos y surrealistas poemas que escribió el granadino durante su estancia americana, en la que reflexionó sobre el capitalismo, la alienación del ser humano, la libertad, las injusticias sociales, la belleza y el amor. Parece que está fechado el 13 de febrero de 1930, y publicado con anterioridad a la antología de 1940, concretamente en 1934, en la revista 1616.

En 1986, con motivo del cincuenta aniversario de la muerte del poeta, el músico Manolo Díaz puso en marcha un proyecto discográfico con artistas como Lluis Llach, Leonard Cohen, Víctor Manuel, Paco de Lucía, Donovan, Georges Moustaki o Patxi Andión, por mencionar algunos nombres; el disco, cuya portada es obra del pintor Eduardo Úrculo, se tituló “Poetas en Nueva York” (1986). El álbum abre con la canción titulada “Take This Waltz”, compuesta a partir del poema “Pequeño vals vienés”, con una traducción libre al inglés que, según comenta Adrián Vogel -uno de los artífices de aquel disco homenaje-, “le trajo de cabeza” a Leonard Cohen (“empleó unas 150 horas para adaptar el texto al inglés”). El canadiense también publicó esta grabación como single (aquí lo podéis escuchar) y, más tarde, la incluiría en su álbum “I’m Your Man” (1988); una nueva edición, con nuevos elementos como el violín o la voz de Jennifer Warnes. Con esta versión iniciamos nuestra terna de hoy (aquí tenéis un análisis musical de esta melodía).

La segunda interpretación que quiero destacar es la llevada a cabo por el cantaor flamenco Enrique Morente y el grupo de rock Lagartija Nick, incluida en el álbum titulado “Omega” (1996), un disco fundamental en la historia de la música española, una obra de arte de la fusión musical y de la deconstrucción del flamenco; las canciones que integran este disco son poemas musicalizados de Federico García Lorca, pertenecientes a la obra que nos ocupa (“Poeta en Nueva York”), o versiones de temas escritos por Leonard Cohen. Si la versión de Morente y Lagartija Nick es una maravilla, no le va a la zaga la de Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró (“Refree”), un directo emocionante, con una ejecución de guitarra soberbia y la excepcional voz de Silvia, una enamorada de esta canción y de la obra de Cohen, como bien podéis comprobar en el artículo que publicó en El País tras el fallecimiento del canadiense. Desde mi punto de vista, hoy es difícil superar las tres versiones señaladas como destacadas, aunque a lo mejor no estáis de acuerdo conmigo y preferís otras; desde luego, hay donde elegir: Ana Belén, Soleá Morente, Patricia O’Callaghan, Henk Hofstede, Lena Måndotter, Adam Cohen, Keith James & Rick Foot, Clare Teal, Ebba Forsberg o Hélène Labarrière y Hasse Poulsen.

Amos Lee y Calexico. “Hello Again”

Amos Lee es un cantautor estadounidense nacido en 1977, cuyo estilo deambula entre el folk-rock, el soul y el sonido americana. Después de graduarse en inglés, comenzó a trabajar como profesor, mientras desarrollaba su faceta artística en Filadelfia (EE.UU.), actuando en diferentes eventos musicales de la zona, incluso llegó a ser contratado como telonero de BB King, Mose Allison, Bob Dylan o Norah Jones; la hija del guitarrista indio Ravi Shankar fue, precisamente, uno de sus principales apoyos cuando dio los primeros pasos en la discográfica Blue Note, no en vano hay que dice que Amos Lee es algo así como la versión masculina de Norah Jones. Su primer álbum se tituló “Amos Lee” (2005), después vendrían “Supply and Demand” (2006), “Last Day at eh Lodge” (2008) y “Mission Bell” (2011), el disco de donde hemos extraído nuestra canción de hoy (“Hello Again”), aunque después de 2011 ha seguido publicando álbumes y aún continúa en activo.

Conocí a este excelente artista gracias a mi amiga Marta, que lo sabe todo de Bob Dylan y The Band, y disfruta con cualquier tipo de música que emocione y sirva como alimento del alma. El otro día nos invitó a su casa y, cuando llegamos, sonaba “Mission Bell”; mientras conversábamos también prestaba atención a la música, hasta que llegó el tema “Hello Again”. Le pregunté a Marta qué era lo que estaba sonando, me dijo que un disco de Amos Lee con varios invitados de excepción, como Lucinda Williams, Sam Beam, Willie Nelson, Priscilla Ahn, Pieta Brown, James Gadson y, por supuesto, Calexico, la banda que presta el soporte instrumental a Amos Lee en este disco, producido por uno de los líderes de Calexico, Joe Burns. Recuerdo que, de esta banda fronteriza, situada entre el indie, el folk-rock y los sonidos tex-mex, ya nos ocupamos en una entrada anterior, dedicada al tema titulado “No te vayas”. Como os podréis imaginar, Marta me recomendó el disco, sobre todo que lo escuchara con tranquilidad, cosa que hice en cuanto llegué a casa; tenía razón, es un disco precioso, de esos que te acarician si te dejas mecer por el sonido americana de Amos Lee, cuya voz luce mejor que nunca gracias al cálido y polvoriento sonido de Calexico.

También he de deciros que mi intuición no me engañó en la primera escucha en casa de Marta, “Hello Again” es la canción que más me gusta de este álbum, quizás porque es en la que mejor se aprecia la conexión de Amos Lee con el Calexico más latino y desértico; una pieza de neo soul, que se acurruca entre guitarras y trompetas, como si fuera el onírico bolero que suena en un oasis de paz. Según ha manifestado el propio Amos Lee, “en Hello Again crearon [arreglistas e instrumentación] una cama de guitarras españolas, vibráfonos y cuerdas en la que nada parece posible”; el resto -poesía y voz- es cosa de Amos Lee. Aquí podéis escuchar “Mission Bell” al completo, aunque también podéis empezar con temas como “Violin” (con Sam Beam), “Jesus” (con James Gadson), “Stay With Me” (con Priscilla Ahn), “Clear Blue Eyes” (con Lucinda Williams) o “El Camino Reprise” (con Willie Nelson). Finalizo con un directo del año 2011 (no os lo perdáis), para que veáis a Amos Lee y Calexico interpretando “Hello Again».

Cesária Évora. “Sodade”

La mayor parte de cantantes, grupos y artistas musicales, aún dedicándose en cuerpo y alma a su pasión y profesión, no llegarán a conocer el éxito; otros, lo conseguirán en plena madurez cuando, a lo mejor, ya no contaban con ello. Cesária Évora pertenece a este último grupo. Logró el respeto del gran público cuando tenía cuarenta y siete años, con el álbum “La Diva aux pieds nus” (1988), titulado así en alusión a su costumbre de subir a los escenarios descalza, como acto de solidaridad con los más desfavorecidos de su país, sobre todo mujeres y niños. También conocida con los apodos de Cise y Reina de la Morna, Cesária Évora nació en Mindelo (Cabo Verde), cuando esta isla africana, situada frente a las costas de Senegal, aún pertenecía a Portugal; obtuvo la independencia en 1975, poco tiempo después de que la metrópoli recuperara la democracia tras la Revolución de los Claveles. Si os queréis dar un paseo sensorial por Cabo Verde, con nuestra canción de hoy como fondo musical, os recomiendo que visitéis la entrada que, hace unos años, el compañero What dedicó a esta melodía.

Desde muy joven, Cesária cantaba -acompañada de su hermano, al saxo- en eventos familiares y en la plaza principal de la ciudad; a los dieciséis años empezó a ser conocida en los circuitos locales, sobre todo en hoteles y bares y, a los veinte, comenzó a trabajar como cantante en cruceros portugueses que paraban en Mindelo, así como en la radio local. A mediados de los setenta, Cesária dejó de cantar para ponerse a trabajar, y sostener así a su familia en aquellos difíciles años de la independencia caboverdiana, una situación que empeoró debido a su alcoholismo y a otros problemas de índole económica y personal. Estos años oscuros -como la propia Évora acostumbraba a decir- se dilataron durante más de una década, hasta que José da Silva la convenció para ir a París, ciudad donde acabó instalándose; la descubrió en Lisboa, donde había ido invitada por el cantante caboverdiano Adriano Gonçalves, más conocido como Bana.

El éxito absoluto le llegó con su disco “Miss Perfumado” (1992) -publicado tras los Lps titulados “La Diva aux pieds nus” (1988), “Distino di Belita” (1990) y “Mar Azul” (1991)-, del que se llegaron a vender más de trescientas mil copias en todo el mundo; si aún no lo conocéis, no dejéis de escucharlo, seguro que os cautivará. Englobado en esa vaga e inespecífica etiqueta de “world music”, “Miss Perfumado” es una excelente manera de acercarse a los ritmos característicos de Cabo Verde, la “morna” y la “coladeira”, que algunos identificamos como una mezcla de fado portugués, tango argentino, percusiones africanas y sonidos brasileños. La canción más conocida de este disco es la titulada “Sodade”, variante caboverdiana del término portugués “Saudade”, uno de los vocablos más difíciles de traducir al castellano. Escrita por Armando Zeferino Soares durante la década de 1950, “Sodade” describe el sentimiento de los emigrantes caboverdianos que tuvieron que abandonar su hogar, rumbo a Santo Tomé, durante la dictadura salazarista. Creo que la primera grabación de esta canción fue la del angoleño Bonga, incluida en su disco “Angola 74” (1974), aunque la versión más conocida es la de Cesária Évora. Os dejo tres versiones más de este bello tema, en concreto las interpretadas por Kepa Junquera y Dulce Pontes; Carmen Souza; y Lila Downs, Niña Patori y Soledad, ésta última en español.

Serrat. “Aquellas pequeñas cosas”

La vida es una suma de pequeñas cosas, de recuerdos que nos hacen llorar en la intimidad, cuando nadie nos ve. Éste es el sentir de una de las canciones más emocionantes y bellas del cantautor catalán Joan Manuel Serrat. “Aquellas pequeñas cosas” forma parte del álbum titulado “Mediterráneo” (1971), tal vez el más conocido y valorado de este artista; fue compuesto en su totalidad por él -excepto la letra de “Vencidos”, basada en un poema de León Felipe- e incluye temas tan recordados como “Mediterráneo”, “La mujer que yo quiero”, “Tío Alberto”, “Lucía”, “Barquito de papel” o la protagonista de nuestra entrada de hoy. La producción musical del disco estuvo a cargo de Piero Reverberi y de Juan Carlos Calderón, quienes también intervinieron en los exquisitos arreglos de este disco, al igual que Antoni Ros Marbà; Francesc Burrull cayó del proyecto cuando había empezado a trabajar en los temas “Mediterráneo” y “Vencidos”. En opinión de Luis García Gil (Serrat, canción a canción. Barcelona: Ronsel, 2004; págs. 112-113), “’Aquellas pequeñas cosas’ supone una introspección en la fragilidad de los recuerdos”:

“Asoma aquí la nostalgia y la capacidad sintética del cantautor para, prodigiosamente, narrarnos en poco tiempo lo que los recuerdos y el paso del tiempo traen consigo. Un violín y una guitarra son ahora los instrumentos que portan las emociones. ‘Aquellas pequeñas cosas’ es una canción mayúscula que tiene, como en ‘Barquito de papel’, la perfección de la síntesis, porque en poco campo expresivo todo se dice, nada se esconde. El tiempo naufraga y los recuerdos emanan de las palabras volcadas desde el sentimiento de la pérdida, de la huida, porque machadianamente Serrat canta lo que se pierde. Música y texto vuelven a dialogar ejemplarmente con hallazgos melódicos de primer orden. La escritura se revela espontánea y profundamente poética sin necesidad de recurrir a pareados forzados”

García Gil, Luis. Serrat, canción a canción. Barcelona: Ronsel, 2004; págs. 112-113.

En 1984, Serrat volvió a registrar esta canción, esta vez para el álbum “En directo” (1984), en el que intervinieron músicos tan destacados como Ricard Miralles (piano), Josep Mas ‘Kitflus’ (teclados), Jordi Clua (bajo), Francesc Rabassa (batería) y Albert Cubero (guitarra); en esta nueva grabación Serrat modificó la primera estrofa, para corregir un error lingüístico: “Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia”, en lugar de como aparece en el álbum de estudio: “Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia”. Luis García Gil, en el texto mencionado líneas arriba, nos recuerda que este imperceptible cambio no ha sido recogido en la mayor parte de las versiones que se han hecho de este tema; en la nota 93 (página 112), este autor nos habla de las principales versiones de esta canción emblemática de Serrat: Ketama, Gino Paoli, Rolando Ojeda, Santiago Auserón, Presuntos Implicados, La Voss del Trópico, Tania Libertad, El Consorcio, La Vieja Trova Santiaguera, etc. “Aquellas pequeñas cosas” ha sido grabada más veces por Serrat: para el disco “Serrat sinfónico” (2003), para el álbum titulado “Dos pájaros de un tiro” (2007) -realizado junto a Joaquín Sabina- o incluso en italiano, en el álbum “Quelle piccole cose” del grupo Pan Brumisti. Y finalizo con el punto de vista del autor sobre esta canción, a través de testimonios recogidos en el libro de Jordi Vicente y Carlos Cubeiro, titulado Serratología. Joan Manuel Serra en cincuenta canciones comentadas e ilustradas:

“Quería reflejar cierta ternura de lo cotidiano, la gran dimensión que adquieren en nosotros muchas veces las pequeñas cosas (…) Nada es indiferente. Todo lo que hay a nuestro alrededor es importante y, si a alguien no le pareciese así, le pediría sencillamente un minuto de reflexión. Cada una de las cosas que uno tiene alrededor significan o significaron algo o uno espera que vayan a significar algo (…) Por eso, muchas veces abriendo cajones, removiendo papeles o hurgando en las buhardillas, uno encuentra cosas pequeñas que le dan la vuelta al corazón (…) y hacen que el cerebro camine por otro rumbo muy diferente al que tenía unos segundos antes (…) Para mí son muy importantes estas pequeñas cosas, porque solo a base de estas pequeñas cosas puedo hacer mi gran cosa o nuestra gran cosa”.

Vicente, Jordi & Cubeiro, Carlos. Serratología. Joan Manuel Serra en cincuenta canciones comentadas e ilustradas. Barcelona: Comanegra, 2015; pág. 53.

Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.

Como un ladrón
Te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas

que el viento arrastra allá o aquí,
Que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.

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