Víctor Jara / Lhasa de Sela / Rosa Incaica. “Canción del árbol del olvido”

Alberto Ginastera (1916-1983) fue un compositor argentino de música clásica, autor de obras que trascendieron el género culto para instalarse en la música popular. “La canción del árbol del olvido” es un ejemplo de ello. Compuesta en 1938, cuando aún era alumno del Conservatorio Nacional de Música, es una pieza habitual, tanto en recitales líricos como en versiones folclóricas arregladas a ritmo de milonga, con referencias a otro estilo menos conocido, la vidalita, practicado en diferentes zonas de Argentina y Uruguay. La letra de este clásico de la música sudamericana, debida al uruguayo Fernán Silva Valdés (1887-1975), habla de un árbol al que acuden “los moribundos del alma” para “despenarse” y tratar de olvidar a quien todavía se ama; sin embargo, el efecto parece ser el contrario: “Al despertar de aquel sueño pensaba en vos, otra vez, pues me olvidé de olvidarte, vidalita, en cuantito me acosté”.

Tal y como señala Silvina Luz Mansilla, la canción fue estrenada el 25 de agosto de 1939, por la soprano Amanda Cetera y el pianista Roberto Locatelli. La obra fue editada por Ricordi Americana; esta partitura se ha perdido, aunque se conserva una transcripción para orquesta en la Fundación Paul Sacher de Basilea (Suiza). Entre las versiones líricas, a menudo voz y piano, destacaremos las de Martín Bucki (de 1948), Phyllis Curtin y Gregory Tucker (de 1953), Isabel Marengo y Roberto Locatelli, Manuel Cid, José Carreras, Alfredo Krauss, Montserrat Caballé, Raquel Lojendio, Raquel Pierotti, Celso Albelo y Juan Francisco Parra, José Cura o Alicia Nafé y Carmen Piazzini, entre otras.

La incorporación de este tema a la música folk se produjo de la mano de Víctor Jara (nuestra primera versión destacada de hoy), lo incluyó en su álbum “Canto libre” (1970), y de Alfredo Zitarrosa, quien registró esta melodía en su disco titulado “Coplas del canto” (1971). Tras éstas, vinieron otras interpretaciones en el ámbito de la música popular hispanoamericana, como las de Mercedes Sosa y Martha Argerich, Ginamaría Hidalgo, Leandro Medera o Vocal Anhelo. Para acompañar a Víctor Jara, os propongo las versiones de Lhasa de Sela, cantante mexicano-estadounidense, fallecida en 2010, de quien se ha ocupado la compañera Eva en su blog Canciones robadas; y Rosa Incaica, un dúo compuesto por la soprano Annelise Skovmand y el guitarrista Pablo González, que se dedican “a construir la comprensión intercultural a través de la música”, tal y como señalan en su página web. Lhasa de Sela incluyó el tema en su primer álbum (“La Llorona”, 1997), mientras que Rosa Incaica lo hizo en el disco “Flores argentinas. Canciones de Ginastera y Gustavino” (2006).

Alberto Ginastera (1916-1983)

Bob Dylan / Fairport Convention / Arlo Guthrie. “Percy’s Song”

El tercer álbum de Bob Dylan se tituló “The Times They Are a-Changin’” (1964), el primero en el que sólo se incluyeron temas originales del cantautor estadounidense, que trataban de asuntos como la pobreza, el racismo o los problemas sociales, todo ello tratado con crudeza, en lo que respecta a las letras, y con sencillez, en lo concerniente a los arreglos musicales. Tal era el estado creativo de Dylan durante aquellos años, que tuvieron que descartarse algunas de las canciones que se registraron en las sesiones de grabación de este álbum. Una de ellas fue “Percy’s Song”, una hermosa balada, que no se llegó a publicar hasta 1985, en la compilación titulada “Biograph”, aunque Dylan la había interpretado en directo mucho antes, la primera vez el 26 de octubre de 1963, en el Carnegie Hall. En aquella ocasión Dylan debió afirmar -también aparece explicitado en el recopilatorio “Biograph”- que la melodía estaba basada en la canción “The Wind And The Rain”, del cantante folk Paul Clayton que, a su vez, parece ser una variante de la balada tradicional británica “The Two Sisters”, cuyo origen se remonta al siglo XVII; en ella, se narra la historia de una niña asesinada por su celosa hermana.

Utilizando el recurso del verso repetido, a modo de estribillo letánico, y de la narración en tercera persona, Dylan hace que nos zambullamos en una dura historia, quizás basada en alguien que conocía, la de un conductor condenado a noventa y nueve años de prisión por un accidente automovilístico en el que fallecieron varias personas. El narrador trata de explicar al juez que su amigo es una buena persona, incapaz de matar a nadie, y que no merece una sentencia tan severa; el juez hace oídos sordos y mantiene la pena, técnicamente de cadena perpetua. Según señalan algunas fuentes, el recurso narrativo empleado por Dylan recuerda mucho al que aparece en “Geordie”, otra balada infantil tradicional, en la que se cuenta el juicio de un héroe y cómo la amante implora por su vida.

Joan Báez interpretó “Percy’s Song” en 1967, en el documental “Don’t Look Back” (aquí tenéis la secuencia). No existen demasiadas versiones de este tema, a pesar de que me parece de los mejores de Bob Dylan, lo cual es mucho decir. Entre las existentes, destaco la del dúo sesentero Dave Waite y Marianne Segal, las de Steve Sevek, Lötsjön y, por supuesto, las dos que os propongo para acompañar el original de Dylan: la del grupo británico Fairport Convention, incluida en su excelente álbum “Unhalfbricking” (1969), del que ya hemos hablado a propósito del tema titulado “Who Knows Where the Time Goes?”; y la del cantante estadounidense Arlo Guthrie, quien incluyó esta canción en su álbum “Washington County” (1970).

Jorge Drexler. “Todo se transforma”

No son pocas las canciones escritas en castellano que, de un modo u otro, plantean asuntos de índole científica. Aquí tenéis algunos ejemplos; incluso este blog tiene algunos temas, como “La estatua del jardín botánico” o “Llamando a la Tierra”. Pero, si exceptuamos a Jorge Drexler, no creo que haya muchos compositores que hayan escrito más de treinta canciones de temática científica; en la tabla 1 de este trabajo de investigación, podéis ver los títulos de todos estos temas, junto con el año de la canción y los conceptos e ideas científicas presentes en ellos.

No es casual que Jorge Drexler, hijo de judío alemán y de madre criolla uruguaya, se incline por buscar metáforas, paralelismos y reflexiones vitales en temáticas relacionadas con la ciencia, desde la física newtoniana a la teoría del Big Band, pasando por asuntos como la Óptica, la Geometría, la teoría de la Relatividad, la Astronomía, la física ondulatoria, la Biología, la Meteorología, la estructura de la materia o las leyes de conservación de la masa (Ley de Lomonósov – Lavoisier) y la energía. En efecto, Drexler estudió Medicina en Uruguay y, según señalan algunas fuentes, se dedicó a la Otorrinolaringología; de ahí que nunca haya renegado de su formación científica, más bien al contrario, la ha utilizado para dar vida a su manera de entender la música, desde la emoción, la intelectualidad y la física. En el trabajo de investigación aludido con anterioridad, escrito por Paulo Victor Santos Souza, Leila dos Santos Nogueira y Marta Maximo-Pereira, se alude a la capacidad de Jorge Drexler para transmitir emociones a través de la lírica de sus composiciones:

“Drexler es un experto en el arte de contar historias a través de sus letras, creando imágenes vibrantes sobre temas universales como el amor, la identidad y la existencia humana, lo que le permite conectarse con las experiencias y sentimientos de su audiencia. Además, la ‘cientificidad’, o ‘música para la cabeza’, es otro elemento de su lírica. Los temas científicos complejos, como la física, la biología y la astronomía, son abordados por el cantautor y convertidos en metáforas y analogías que resultan accesibles y evocadoras. Sus letras nos invitan a reflexionar sobre la naturaleza del universo, el tiempo, la evolución y otros conceptos científicos, generando una conexión emocional con el conocimiento científico”.

Aunque probablemente lo más interesante de Jorge Drexler sean sus letras -os aconsejo que echéis un vistazo a la bibliografía del artículo anteriormente mencionado, para que veáis la cantidad de trabajos de investigación y divulgación que hay sobre este autor-, la música es más compleja de lo que parece, plena de mestizaje de sonidos y estilos, y especialmente diseñada para el mensaje a transmitir. Jorge Drexler inició su andadura musical en 1990; en 1992 publicó su primer álbum (“La luz que sabe robar”) y, desde entonces, no ha parado de sacar discos al mercado. Es poseedor de dieciséis Grammy Latinos, de un premio Goya (2011) y de un Oscar por la canción “Al otro lado del río” (2005), incluida en la película “Diarios de motocicleta”, aunque no le dejaron interpretarla en la ceremonia porque pensaban que era un cantante poco conocido; en su lugar, fue Antonio Banderas quien cantó el tema, acompañado a la guitarra por Carlos Santana.

La canción con la que encabezamos esta entrada, “Todo se transforma”, formó parte de su noveno álbum de estudio (“Eco”, 2004). En ella, Drexler reflexiona sobre el amor, el equilibrio, las casualidades y causalidades de la vida cotidiana, y la justicia del destino, como si fuera una especie de efecto mariposa / bumerán gobernado por las leyes de conservación de la masa y la energía (aquí tenéis la letra). Un planteamiento brillante, intelectualmente poético, una canción asombrosa. Os dejo algunas interpretaciones de Drexler en directo (una de 2004, otra de 2008, y la última de 2014), y tres versiones, a cargo de Sole Giménez, Pau Lobo y Koino Yokan.

Eva Cassidy. “Over The Rainbow”

En un blog de canciones como éste, las versiones ocupan un lugar destacado. Después de publicar la entrada número 1.000, y de diez años de actividad bloguera, hoy me apetecía hacer un homenaje especial a las buenas canciones, aquellas que todo el mundo quiere cantar y, sobre todo, a esos grandes intérpretes que parece hayan nacido para hacer versiones.

Over The Rainbow” es el tema más conocido de la película “El Mago de Oz” (1939). Fue compuesto, para este largometraje, por Harold Arlen y Yip Harburg, y obtuvo el Oscar a la mejor canción original gracias a la inolvidable interpretación de Judy Garland (éste es el original). Este canto a la esperanza, la imaginación y la nostalgia contemplativa, es una de las canciones más versionadas de la historia; cientos de covers, quizás más de dos mil versiones. Esta vez, de manera excepcional, sólo os voy a mencionar una versión muy especial, una interpretación inolvidable a cargo de una cantante que, lamentablemente, se hizo famosa después de su fallecimiento prematuro en el año 1996, cuando sólo tenía 33 años.

Eva Cassidy nació en 1963, en Washington D.C. (EE.UU.); a los 9 años ya cantaba y tocaba la guitarra en reuniones familiares y, a los 11, formando parte de la banda Easy Street, actuaba en bodas, fiestas diversas y pubs de la zona de Washington. Durante su juventud, compaginó la música con actividades como la jardinería, la decoración de muebles y otras actividades artísticas como la escultura, el diseño de joyas o la pintura. De la mano del bajista e ingeniero de sonido Chris Biondo, comenzó a trabajar como cantante de sesión; juntos formaron la Eva Cassidy Band, en la que también participaron Lenny Williams (piano), Keith Grimes (guitarra) y Raice McLeod (batería). En 1992 grabó el álbum “The Other Side”, junto al músico Chuck Brown, en el que se incluyeron tres interpretaciones únicamente a cargo de Eva Cassidy: “God Bless the Child”, “Dark End of the Street” y “Over The Rainbow”, el tema por el que acabaría siendo conocida (aquí tenéis esa grabación).

Tras algunos intentos fallidos con la publicación de lo que debería ser su primer álbum en solitario, en buena parte debido a la negativa de Eva Cassidy a plegarse a las recomendaciones estilísticas de las discográficas, y algunos premios y reconocimientos otorgados por la Washington Area Music Association, Eva decidió gastarse el poco dinero que tenía para grabar un álbum en vivo con canciones muy conocidas, compuestas por músicos tan diferentes como Sting, Irvin Berlin, Paul Simon, Billie Holiday, Pete Seeger o Curtis Mayfield. Los temas fueron grabados en el Blues Alley, un local nocturno de jazz ubicado en el barrio de Georgetown (Washington D.C.) Se reservaron los días 2 y 3 de enero de 1996 pero, debido a una serie de problemas técnicos, las grabaciones del primer día no se pudieron utilizar. Por lo tanto, todos los registros tuvieron que hacerse el día 3 de enero. Eva sufría un ligero resfriado, pero este pequeño contratiempo no impidió que aquel modesto concierto acabara convirtiéndose en una noche mágica para la música; aquí podéis ver a Eva Cassidy y su banda en 12 de los temas que quedaron registrados en el disco, y aquí un documental sobre aquella mítica grabación. Aunque en el disco sólo se incluyeron 13 temas, esa noche se grabaron 31 canciones, que fueron publicadas en 2015, en el disco titulado “Nightbird”.

Eva Cassidy murió, debido a un cáncer de piel, seis meses después de que se publicara “Live at Blues Alley” (1996). En septiembre de 1997 salió a la luz su primer álbum en solitario (“Eva By Heart”), diez meses después de su fallecimiento. Tres años más tarde, en diciembre del año 2000, el programa “Top of the Pops 2” (BBC2) emitió uno de los vídeos grabados en el Blues Alley, en concreto la interpretación de “Over The Rainbow” que preside esta entrada; inmediatamente se convirtió en el vídeo más solicitado del programa en toda su historia, y el que dio a conocer a esta cantante excepcional, malograda como persona y como profesional de la música. Parece que ha habido varios intentos (todos ellos fallidos) para hacer una película basada en su vida; los padres de Eva incluso han sugerido a las posibles actrices que podrían hacer de su hija: Kirsten Dunst o Emily Watson. Desde luego, no se me ocurre una historia más bonita y más triste que ésta, al menos en el ámbito de la música, para llevar a la gran pantalla.

Mikel Laboa / Joan Baez / Itxaso y Daniel Pérez. “Txoria txori”

Ez Dok Amairu es el nombre de un movimiento musical surgido en el contexto de la Nueva Canción Vasca (Euskal Kantagintza Berria), que tuvo plena vigencia entre los años 1966 y 1972, en los últimos años de la dictadura franquista, cuando la Europa libre se convulsionaba con el movimiento hippie y las protestas estudiantiles que finalizaron con el episodio conocido como “Mayo francés” o “Mayo de 1968”. Los miembros de Ez Dok Amairu trataron de reivindicar valores como la paz, la libertad, la justicia o la esperanza, utilizando como punto de partida la lengua, la cultura y las tradiciones vascas. Joxean Artze y Mikel Laboa, ambos ya fallecidos, fueron dos de los miembros más destacados de este movimiento cultural; el primero fue un poeta y músico txalapartari, autor de uno de los poemas más reconocibles de la literatura vasca: “Txoria txori”, escrito en 1957; el segundo es uno de los principales cantautores en euskera que nos ha dejado la música popular.

Mikel Laboa fue quien puso música al poema “Txoria txori”; según ha contado su esposa, Marisol Labastida, todo ocurrió en 1968, cuando Mikel y ella acudieron a cenar al restaurante Aurrera, en San Sebastián, allí vieron impresos los versos de Joxean Artze en las servilletas y decidieron llevarse una a casa. Mikel compuso la melodía y grabó la canción en 1974, incluyéndola en su álbum “Bat-Hiru”. El poema no puede ser más sencillo y, a la vez, más bello y más abierto a cualquier interpretación: “Si le hubiera cortado las alas / habría sido mío / no habría escapado. / Pero así habría dejado de ser pájaro. / Y yo… / amaba al pájaro”. Este canto a la libertad y al amor sin ataduras es como un himno oficioso del País Vasco; se canta en reuniones familiares, eventos culturales y deportivos, fiestas populares y, en definitiva, en cualquier acto presidido por la armonía y la concordia. Incluso ha trascendido las fronteras generacionales, sobre todo desde que, en 2014, la joven cantante vascofrancesa Anne Etchegoyen grabara esta canción, bajo el título “Hegoak” (“Les ailes”, en francés; “Las alas”, en español); consiguió un disco de oro en Francia, con más de sesenta mil copias vendidas. En opinión de Josune Albisu Barandiaran, profesora de la Universidad del País Vasco (Euskal Herriko Unibertsitatea),

La ambigüedad del significado de la letra ayuda a que la canción pueda resultar coherente en diferentes espacios y situaciones. La letra no constriñe la canción para que esta sea clasificada en un sitio y lugar concretos. Más bien diría que se da una simbiosis entre letra y música que la hace libre para que se adapte a múltiples situaciones como lo ha mostrado durante todos estos años. La sencillez y claridad de una canción es importante a la hora de cantarla, sobre todo para la gente de a pie, porque normalmente cantamos regular (hay gente que muy bien) y una canción sencilla ayuda a soltarte a cantar y no sentirte incómoda. En este sentido Txoria txori invita a ser cantada, tanto por su sencilla melodía como por una letra fácil de aprender (…) con canciones como Txoria txori, entramos en una comunidad, no de un grupo o colectivo concreto, ni de un momento concreto (un concierto, una fiesta), sino de una especie de supra comunidad que engloba a cualquier ser vivo con su necesidad de conexión y comunión. Una supra comunidad que tiene en cuenta la simplicidad o si se quiere la sencillez del ser vivo, como ser efímero y eterno en esencia.

Albisu Barandiaran, Josune. “¿Por qué hay canciones que perduran? La historia interminable de una canción: Txoria txori”. Perifèria, 20(2): 178-194. 2015.

“Txoria txori” es una canción que apela a la conciliación y a la unidad desde la transversalidad; por ello, no es raro que las versiones procedan de ámbitos musicales bien diferentes, desde la música tradicional vasca y el folk (Carmen Leñero, Ester Formosa y Adolfo Osta, Errobi Kanta, Hak’Amarra, Ontuak, Battista Acquaviva, Sociedad Coral de Bilbao, Maialen Errotabehere, Mixu y Xabaltx, Kepa Junquera y Pablo Milanés, John Kelly & Maite Itoiz, Luar Na Lubre o Kalakan) hasta el punk (Sofokaos o Etsaiak), pasando por el heavy metal (Nao o Moonshine Wagon), el narcorrido (Puro Relajo), el flamenco (Sonakay), la música experimental y alternativa (Isseo & Dodosound o Xabier Montoia y Ángel Katarain), la canción melódica (María Berasarte) o los cantautores actuales (Salvador Sobral o Judit Neddermann). Para acompañar al original de Mikel Laboa, os propongo la versión en directo de Joan Baez, incluida en su álbum “Diamonds & Rust in the Bullring” (1988), y la de Itxaso y Daniel Pérez, dentro del ámbito del jazz, que formó parte de su disco “New Land-Lur Berria” (2000). Otra bonita interpretación es la de la cantautora vasca Izaro, que podéis ver en el “El Camerino”, un interesante (y recomendable) programa musical de la plataforma de televisión Movistar.