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Cecilia. “Un ramito de violetas”

Evangelina Sobredo Galanes, más conocida como Cecilia, nació el 11 de octubre de 1948 en la localidad madrileña de El Pardo. Hija de un militar y diplomático español, pasó su infancia en diferentes países y recibió una educación cosmopolita y bilingüe (español e inglés); tras abandonar la carrera de Derecho, decidió dedicarse profesionalmente a la música, a escribir y cantar sus propias melodías cuando el franquismo daba los últimos estertores. Publicó tres álbumes de estudio (“Cecilia”, 1972; “Cecilia 2”, 1973; y “Un ramito de violetas”, 1975), tres excelentes trabajos repletos de buenas canciones que hablan de la vida cotidiana, del suicidio, del amor existencial, del papel  de la mujer en aquella sociedad profundamemente machista o de las dos Españas. Falleció en la madrugada del 2 de agosto de 1976, en el casco urbano de Colinas de Trasmonte (Benavente –Zamora-), por donde pasaba la antigua carretera C-620 (actualmente la N-525); venía de un concierto en Vigo con dirección a Madrid, cuando su coché, tal vez con exceso de velocidad, se estrelló contra la parte posterior de un carro tirado por bueyes que circulaba sin luces; se salvaron dos de sus compañeros músicos y la pareja de labradores, fallecieron el batería Carlos de la Iglesia y ella. Tan sólo tenía veintisiete años.

“Un ramito de violetas”, basada en un cuento que comenzó a escribir cuando era una adolescente, tal vez sea su canción más conocida. Siempre me ha parecido un tema fascinante, básicamente por dos razones; en primer lugar por su estructura narrativa, a medio camino entre un culebrón latinoamericano y una película de suspense; en segundo lugar por las diferentes interpretaciones o lecturas que pueden hacerse de ella. En el fondo es un tema profundamente nostálgico y muy triste; nos habla de una mujer resignada a su matrimonio, con un “marido [que] era el mismo demonio”, un hombre de mal genio que “nunca fue tierno”; sin embargo, “desde hace ya más de tres años recibe cartas de un extraño, cartas llenas de poesía que le han devuelto la alegría”, y “cada 9 de noviembre, como siempre sin tarjeta, la [sic] mandaba un ramito de violetas”. Ella soñaba y se imaginaba quién sería “aquel que tanto la estima”, tal vez un “hombre de pelo cano, sonrisa abierta y ternura en las manos”. Según va acabando la canción, como en los thrillers, la tensión aumenta y Cecilia nos ofrece un desenlace con giro argumental incluido: “Y cada tarde al volver su esposo, cansado del trabajo, la mira de reojo, no dice nada porque lo sabe todo, sabe que es feliz así de cualquier modo. Porque él es quien la escribe versos, él es su amante, su amor secreto y ella que no sabe nada mira a su marido y luego calla”. La primera opción que tenemos es confraternizar con el villano: hay que ver qué tío más majo, cómo quiere a su mujer, con esa apariencia de duro que tiene, y qué suerte tiene ella de tenerlo. Yo, desde luego, me niego a compartir esa interpretación: más bien es un sádico, un manipulador y, probablemente, un maltratador (el comienzo de la canción es suficientemente explícito). Un tema hermoso, de los más tristes que conozco. Hay bastantes versiones, pero ninguna me atrae; quizás la más conocida sea la de Manzanita, aunque también la han interpretado otros artistas como Víctor Manuel y Pablo Milanés, Zalo Reyes, Mi Banda El Mexicano, Erika Bonfil, Natalia Oreiro, Julio Iglesias, Lolita, David Broza (en hebreo) o Los Olestar, en clave punk.

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Tom Waits / Rod Stewart. “Tom Traubert’s Blues (Waltzing Matilda)”

Advance Australia Fair” es el himno nacional de Australia, aunque los nacidos allí prefieren la canción “Waltzing Matilda”, que ha llegado a ser propuesta como himno oficial de este país por lo que representa de desafío de la gente humilde ante el poder establecido, incluso tiene un museo monográfico dedicado a ella en Winton (Queeensland). Fue compuesta por el poeta Andrew Barton Paterson en 1895, utilizando un inglés coloquial plagado de juegos de palabras y giros idiomáticos de carácter local; aquí tenéis una posible traducción de esta canción y aquí una explicación de lo que podría significar el título, algo así como vagabundear paseando el saco: “Matilda” es el nombre que se daba a la bolsa donde los vagabundos llevaban sus escasas pertenencias y “Waltz” es la palabra que se empleaba en la Edad Media para designar el viaje iniciático que tenían que emprender los aprendices de algún oficio, ganándose la vida con su trabajo para poder subsistir, antes de ser aceptados por el gremio. “Waltzing Matilda” cuenta la historia de un vagabundo que roba una oveja a un terrateniente para alimentarse mientras se toma un té a orillas de una laguna; el dueño del animal llama a la policía para que lo arresten, sin embargo nuestro protagonista prefiere saltar al agua y morir ahogado; mientras, su fantasma invita a todos a bailar con él y a salir a vagabundear. Es un tema amado, casi venerado, por los australianos que, como os podéis imaginar, ha tenido muchas versiones: en ésta de John Collinson podemos apreciar su esencia folk, al igual que en las interpretadas por Rolf Harris o The Irish Rovers, por poner algún ejemplo; los soldados australianos la cantaban durante la II Guerra Mundial y la Royal Australian Navy Band la toca como si fuera un himno, hasta Chubby Checker le dio un aire twist. Sin embargo, permitidme que hoy recuerde una adaptación maravillosa y una bellísima versión de ésta. A partir de la melodía tradicional, Tom Waits compuso “Tom Traubert’s Blues”, tema que incluyó en su álbum “Small Change” (1976), con una poderosa letra (aquí la podéis ver) inspirada en sus propias experiencias de abuso con el alcohol cuando vagabundeaba por Los Ángeles y Copenhague. Rod Stewart publicó una versión del tema de Tom Waits en 1992, inicialmente como single y, poco después, la incluyó en el recopilatorio “Lead Vocalist” (1993) y en el álbum en directo titulado “Unppluged … and Seated” (1993), ésta última es precisamente la versión que recogemos en el segundo vídeo destacado de hoy.

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Rozalén. “Mi fe”

“Lo digo sin problema, es la pérdida de fe en la humanidad. No es a Dios, estoy jugando todo el rato con cosas de religión, pero digo claramente que me ponen triste muchas cosas del ser humano. Ahora entiendo cosas de las que hablan siempre los mayores que duelen en la vida. La frase de ‘mi padre se hace mayor’ es uno de esos momentos, en el que ves a tu padre y dices: ‘Ostras, es un abuelo’, tiene setenta y ufff, en algún momento lo voy a perder. Y luego llevo tres años sin televisión, porque el hecho de estar comiendo viendo determinadas imágenes en la tele también me parece algo súper cínico, y lo hemos asociado, todo el mundo come viendo eso y no hay problema, y no se te cierra el estómago; eso me parece muy poco humano. Y es eso, joder, ojalá volviese toda la ilusión que yo tenía de pequeña y todo lo que yo creía, porque me la habéis hecho perder”.

Así explicaba Rozalén, en noviembre de 2015, lo que había querido expresar con la canción “Mi fe”, un relato desencantado y amargo sobre la pérdida de la inocencia y la insensibilización de la sociedad actual. Esta albaceteña, nacida en 1986, es una de nuestras cantautoras en activo más valiosas por su versatilidad, sus letras y su excelente voz en cualquier registro. Aunque pueda parecer imposible en los tiempos que corren, ha conseguido el favor del público a base de calidad, riqueza melódica, sinceridad y compromiso social. Según nos cuenta Paco Cifuentes en la web oficial de Rozalén, “canta desde niña, porque su madre le cantó siempre y muy bien”; es psicóloga y máster en Musicoterapia, enseñanzas que, sin duda, ha sabido expresar en canciones que nos ayudan a sentirnos mejor. Tras trasladarse a Madrid, comenzó a actuar en salas como Libertad 8 o El Rincón del Arte Nuevo, en la calle Segovia, local del que fui asiduo durante los noventa, cuando esta cantante era una niña. En 2012 publicó su primer disco: “Con derecho a …”; tal vez algunos os acordéis del vídeo utilizado para promocionar el tema “80 veces”, en el que compartía protagonismo con Beatriz Romero, quien acercaba la canción a la comunidad de sordomudos. Ya con Sony, sacó al mercado su segundo disco (“Quién me ha visto …”, 2015), donde se incluyó “Mi fe”, la melodía protagonista de hoy; ese mismo año participó en la banda sonora de “Perdiendo el Norte”, pelicula dirigida por Nacho G. Velilla. Su tercer, y último trabajo hasta la fecha, vió la luz el 15 de septiembre del año pasado, con un título (“Cuando le río suena …”) en la línea de los anteriores, es decir, un refrán inacabado finalizado en puntos suspensivos, porque –tal y como nos cuenta la propia Rozalén– “como es evidente lo que viene, lo dejo abierto para que cada uno continúe lo que quiera, además yo en los conciertos me pinto tres puntitos debado de la raya del ojo, chorraditas”. Como os comentaba antes, “Mi fe” forma parte del álbum “Quien me ha visto …”, un disco amalgama de estilos que os recomiendo escuchéis si aún no lo habéis hecho; en él está presente el bolero (es el caso de “Berlín”, canción incluida en la ya citada “Perdiendo el Norte”), la cumbia (“Somos”), el cabaret (“Tonta”) o las fragancias del sur (“Mis palabras”). Por último, aquí tenéis una versión en directo de “Mi fe” traducida, de manera simultanea, al lenguaje de signos.

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Damien Rice. “Back to her Man”

 

Me imagino que ayer, en el Centre Bell de Montreal, se debió celebrar el concierto homenaje a Leonard Cohen, organizado con motivo del primer aniversario de su muerte, hoy hace justo un año. Según el cartel, habrían participado, entre otros, artistas como Elvis Costello, Lana del Rey, Philip Glass, Sting o Damien Rice, el protagonista de esta entrada. A este cantautor irlandés lo conocí gracias a Julia y a su blog Tarareando, y precisamente con esta misma melodía, “Back to her Man”, una de las canciones más emocionantes que he escuchado últimamente. Damien Rice, nacido en 1973, fue el cantante del grupo de rock Juniper, banda que, al parecer, abandonó cuando iban a grabar su primer disco, en 1999, debido a la presión de la discográfica y a la orientación comercial que comenzaba a tomar esta formación. Decidió refugiarse en la Italia rural para escribir sus canciones y luego comenzó a recorrer Europa cantando en diferentes lugares; gracias a un primo segundo pudo grabar su primer álbum, “0” (2002), un trabajo excelente que tuvo bastante éxito y recibió algunos premios, de hecho varias de sus canciones han sido utilizadas en películas como “Closer”, “Querido Frankie” o “Pequeñas mentiras sin importancia”, y en series de televisión como “Urgencias”, “Perdidos”, House”, Misfits” o “The O.C.” Tiene dos álbumes más (“9”, 2006; y “My Favourite Faded Fantasy”, 2014), dos Eps y varios sencillos. Sólo he escuchado el primer disco y os puedo asegurar que es una verdadera maravilla, un trabajo delicado, sensible, con buenos músicos acompañándole y una cautivadora manera de interpretar. Es de esperar que Damien cantara ayer “Back to her Man”, una canción que, salvo que me haya equivocado, no está incluida en ninguno de sus trabajos anteriores; este tema lo escribió tomando como inspiración una carta/homenaje dirigida a Leonard Cohen, publicada en las redes sociales, en la que Damien explica lo importante que fue para él actuar de telonero del canadiense en Irlanda y de la huella que dejó en las mujeres de su vida, locas de amor por Leonard. En este otro vídeo tenéis una versión más sencilla desde el punto de vista instrumental, pero igual de emotiva, donde incluso se puede escuchar al público cantando y haciéndole los coros. Una canción preciosa, muy del estilo de Cohen, que en algunos momentos me recuerda a “Take This Waltz“. Gracias, Julia, por mostrármela.

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Jim Croce. “I Got A Name”

Al igual que Janis Joplin, el cantante y compositor estadounidense Jim Croce nació en enero de 1943, aunque apenas puedo vivir tres años más que ella; falleció el 20 de septiembre de 1973, a los treinta años, víctima de un accidente aéreo en el que también perdieron la vida el guitarrista Maury Muehleisen -con veinticuatro años-, el piloto, el copiloto y varios acompañantes de los artistas, quienes habían subido al avión, rumbo a Texas, tras la finalización de su último concierto en el Prather Coliseum de Natchitoches (Louisiana -EE.UU.-). Jim Croce se inició en la música durante la década de los sesenta, primero a través de varias formaciones universitarias que actuaban en locales y en campus universitarios y, posteriormente, junto a su esposa (Ingrid Jacobson); a esta primera etapa pertenecen los álbumes “Facets” (1966) y “Jim & Ingrid Croce” (1969). Desencantados con el negocio de la música y agobiados por las deudas, Ingrid y Jim decidieron abandonar esa profesión e irse a vivir a su antigua casa en Philadelphia; Jim se puso a trabajar en la construcción y como camionero para dar de comer a su familia, mientras seguía escribiendo canciones inspiradas en su nueva vida entre camiones, bares de carretera y compañeros de fatiga. En 1970 se reencontró con un antiguo compañero de universidad, él le presentó a Maury Muehleisen, con quien acabaría retomando su carrera musical. Grabó su tercer álbum (“You Don’t Mess Around With Jim”) en 1972 y el siguiente en 1973, titulado “Life and Times”; dos meses después fallecía, publicándose su último Lp -ya de manera póstuma- en diciembre de ese mismo año; se tituló “I Got a Name“, un disco de folk-rock muy bonito y muy bien cantado, con algunos temas más volcados hacia el heartland rock y otros hacia el country, en el que destacan cortes como “Lover’s Cross“, “Five Short Minutes“, “Thursday” y los dos más conocidos: “I’ll have to Say I Love You in a Song” y “I Got a Name”, canción no compuesta por él sino por Charles Fox y Norman Gimbel, que nos habla de herencias compartidas, identidades y sueños cumplidos y por cumplir. Seguro que muchos de vosotros la habréis escuchado en “Django Desencadenado“, la película de Quentin Tarantino, aunque antes ya había sido incluida en otras bandas sonoras cinematográficas, como las de “El Último Héroe Americano” o “Invencible“. Y para terminar, aquí os dejo un vídeo en el que podéis ver a Jim Croce en directo.