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Tom Waits / Rod Stewart. “Tom Traubert’s Blues (Waltzing Matilda)”

Advance Australia Fair” es el himno nacional de Australia, aunque los nacidos allí prefieren la canción “Waltzing Matilda”, que ha llegado a ser propuesta como himno oficial de este país por lo que representa de desafío de la gente humilde ante el poder establecido, incluso tiene un museo monográfico dedicado a ella en Winton (Queeensland). Fue compuesta por el poeta Andrew Barton Paterson en 1895, utilizando un inglés coloquial plagado de juegos de palabras y giros idiomáticos de carácter local; aquí tenéis una posible traducción de esta canción y aquí una explicación de lo que podría significar el título, algo así como vagabundear paseando el saco: “Matilda” es el nombre que se daba a la bolsa donde los vagabundos llevaban sus escasas pertenencias y “Waltz” es la palabra que se empleaba en la Edad Media para designar el viaje iniciático que tenían que emprender los aprendices de algún oficio, ganándose la vida con su trabajo para poder subsistir, antes de ser aceptados por el gremio. “Waltzing Matilda” cuenta la historia de un vagabundo que roba una oveja a un terrateniente para alimentarse mientras se toma un té a orillas de una laguna; el dueño del animal llama a la policía para que lo arresten, sin embargo nuestro protagonista prefiere saltar al agua y morir ahogado; mientras, su fantasma invita a todos a bailar con él y a salir a vagabundear. Es un tema amado, casi venerado, por los australianos que, como os podéis imaginar, ha tenido muchas versiones: en ésta de John Collinson podemos apreciar su esencia folk, al igual que en las interpretadas por Rolf Harris o The Irish Rovers, por poner algún ejemplo; los soldados australianos la cantaban durante la II Guerra Mundial y la Royal Australian Navy Band la toca como si fuera un himno, hasta Chubby Checker le dio un aire twist. Sin embargo, permitidme que hoy recuerde una adaptación maravillosa y una bellísima versión de ésta. A partir de la melodía tradicional, Tom Waits compuso “Tom Traubert’s Blues”, tema que incluyó en su álbum “Small Change” (1976), con una poderosa letra (aquí la podéis ver) inspirada en sus propias experiencias de abuso con el alcohol cuando vagabundeaba por Los Ángeles y Copenhague. Rod Stewart publicó una versión del tema de Tom Waits en 1992, inicialmente como single y, poco después, la incluyó en el recopilatorio “Lead Vocalist” (1993) y en el álbum en directo titulado “Unppluged … and Seated” (1993), ésta última es precisamente la versión que recogemos en el segundo vídeo destacado de hoy.

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Rozalén. “Mi fe”

“Lo digo sin problema, es la pérdida de fe en la humanidad. No es a Dios, estoy jugando todo el rato con cosas de religión, pero digo claramente que me ponen triste muchas cosas del ser humano. Ahora entiendo cosas de las que hablan siempre los mayores que duelen en la vida. La frase de ‘mi padre se hace mayor’ es uno de esos momentos, en el que ves a tu padre y dices: ‘Ostras, es un abuelo’, tiene setenta y ufff, en algún momento lo voy a perder. Y luego llevo tres años sin televisión, porque el hecho de estar comiendo viendo determinadas imágenes en la tele también me parece algo súper cínico, y lo hemos asociado, todo el mundo come viendo eso y no hay problema, y no se te cierra el estómago; eso me parece muy poco humano. Y es eso, joder, ojalá volviese toda la ilusión que yo tenía de pequeña y todo lo que yo creía, porque me la habéis hecho perder”.

Así explicaba Rozalén, en noviembre de 2015, lo que había querido expresar con la canción “Mi fe”, un relato desencantado y amargo sobre la pérdida de la inocencia y la insensibilización de la sociedad actual. Esta albaceteña, nacida en 1986, es una de nuestras cantautoras en activo más valiosas por su versatilidad, sus letras y su excelente voz en cualquier registro. Aunque pueda parecer imposible en los tiempos que corren, ha conseguido el favor del público a base de calidad, riqueza melódica, sinceridad y compromiso social. Según nos cuenta Paco Cifuentes en la web oficial de Rozalén, “canta desde niña, porque su madre le cantó siempre y muy bien”; es psicóloga y máster en Musicoterapia, enseñanzas que, sin duda, ha sabido expresar en canciones que nos ayudan a sentirnos mejor. Tras trasladarse a Madrid, comenzó a actuar en salas como Libertad 8 o El Rincón del Arte Nuevo, en la calle Segovia, local del que fui asiduo durante los noventa, cuando esta cantante era una niña. En 2012 publicó su primer disco: “Con derecho a …”; tal vez algunos os acordéis del vídeo utilizado para promocionar el tema “80 veces”, en el que compartía protagonismo con Beatriz Romero, quien acercaba la canción a la comunidad de sordomudos. Ya con Sony, sacó al mercado su segundo disco (“Quién me ha visto …”, 2015), donde se incluyó “Mi fe”, la melodía protagonista de hoy; ese mismo año participó en la banda sonora de “Perdiendo el Norte”, pelicula dirigida por Nacho G. Velilla. Su tercer, y último trabajo hasta la fecha, vió la luz el 15 de septiembre del año pasado, con un título (“Cuando le río suena …”) en la línea de los anteriores, es decir, un refrán inacabado finalizado en puntos suspensivos, porque –tal y como nos cuenta la propia Rozalén– “como es evidente lo que viene, lo dejo abierto para que cada uno continúe lo que quiera, además yo en los conciertos me pinto tres puntitos debado de la raya del ojo, chorraditas”. Como os comentaba antes, “Mi fe” forma parte del álbum “Quien me ha visto …”, un disco amalgama de estilos que os recomiendo escuchéis si aún no lo habéis hecho; en él está presente el bolero (es el caso de “Berlín”, canción incluida en la ya citada “Perdiendo el Norte”), la cumbia (“Somos”), el cabaret (“Tonta”) o las fragancias del sur (“Mis palabras”). Por último, aquí tenéis una versión en directo de “Mi fe” traducida, de manera simultanea, al lenguaje de signos.

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Joan Isaac. “A Margalida”

La pena de muerte en España fue abolida en la Constitución de 1978, excepto en lo relativo a las leyes penales militares, situación que no quedó corregida hasta la Ley Orgánica de 27 de noviembre de 1995. El método utilizado para ejecutar las condenas fue el garrote vil, procedimiento utilizado en nuestro país desde 1820, que consistía “en un collar de hierro atravesado por un tornillo acabado en una bola que, al girarlo, causaba a la víctima la rotura del cuello“. Los últimos ajusticiados por garrote vil fueron el anarquista catalán Salvador Puig Antich, en la Cárcel Modelo de Barcelona, y el delincuente común Georg Michael Welzel, en la de Tarragona. Murieron el mismo día, el 2 de marzo de 1974, probablemente con la intención de que el caso Welzel desviara la atención de uno de los asuntos más turbios y controvertidos a los que tuvo que hacer frente el tardofranquismo. Salvador Puig Antich formó parte del Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), una organización anticapitalista, activa a comienzos de los años setenta, que se especializó en atracos a sucursales bancarias con el objetivo de utilizar el dinero robado para editar publicaciones clandestinas y ayudar a comités de huelga y obreros represaliados. El último atraco del MIL se produjo en Bellver de Cerdanya (Lérida); la guardia civil detuvo a alguno de los atracadores y, unos días después, a otros miembros del grupo: Xavier Garriga y Salvador Puig Antich; durante el arresto se produjo un forcejeo que acabó con Puig Antich malherido y con el joven inspector Francisco Anguas Barragán muerto. Puig Antich fue acusado, juzgado en consejo de guerra y condenado a la pena capital “por la muerte de un funcionario público por razones políticas“. Al parecer, tanto en la detención como en la investigación realizada y en el juicio, hubo irregularidades y ausencia de garantías procesales. La movilización de partidos políticos y colectivos de derechos humanos europeos no sirvió de nada, Salvador fue ejecutado el 2 de marzo de 1974.

Joan Miró pintó la serie “La esperanza del condenado a Muerte” mientras Puig Antich esperaba su ejecución; en 1977 el grupo de teatro Els Joglars produjo la obra “La torna“, sobre la ejecución de Welzel como distracción del caso Puig Antich, fueron sometidos a Consejo de Guerra por esta representación; se han publicado varios libros sobre este asunto y alguna película, como la titulada “Salvador (Puig Antich)“; y, por supuesto, los músicos también se han querido ocupar de este episodio: Lluis Llach (“I si canto trist“), Loquillo (“El año que mataron a Salvador“) o Joan Isaac, autor del tema “A Margalida”, publicado en su álbum “Viure” (1977), todo un himno contra la pena de muerte donde se nos cuenta la historia desde el punto de vista de la novia de Puig Antich, a partir de la última carta que Margalida recibió de Salvador. No puedo dejar de recomendaros este vídeo, relativamente reciente, en el que Joan Isaac interpreta en directo esta melodía y, al final, explica cómo creó la canción y lo que ella representa.

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Hilario Camacho. “Negra Noche”

“La noche que yo amo es turbia como tus ojos, larga como el silencio, amarga como el mar. La noche que yo amo crece de los despojos que al puerto del fracaso arroja la ciudad. La noche que yo amo tiene dos mil esquinas, con mujeres que dicen: ‘¿me das fuego chaval?’ Cada vez que renace mueren las oficinas, la noche que yo amo no amanece jamás (…)”. Este homenaje a la noche canalla pertenece a la canción “Negra Noche”, compuesta por Hilario Camacho y Joaquín Sabina (aunque la SGAE recoge un tercer autor: Miguel Ángel Campos López). Fue publicada, con algún cambio en la letra, en el tercer álbum del jienense, “Ruleta Rusa” (1984) –aquí la podéis escuchar-, donde también se incluyó un tema escrito por Manolo Tena (“Guerra Mundial”) y una canción (“Juana la Loca”) que Sabina compuso junto con Javier Krahe. Un año antes ya había aparecido en el Lp “Subir, Subir“, del madrileño Hilario Camacho. Tras una primera etapa semiprofesional junto con otros compañeros de la Universidad, publicó su primer álbum en 1972 (“A pesar de todo”), después vendrían otros dos trabajos de gran calidad: “De Paso” (1975) y “La Estrella del Alba” (1977). El éxito le empezó a acompañar con “Subir, Subir“, un disco que tuvo bastante aceptación por la inclusión de elementos pop, rock y por su tono desenfadado, en el que aparecen algunos temas co-firmados con otros autores, como Moncho Alpuente (“Nicotina“), Jaime Compairé (“Estrella Polar“) o el ya mencionado Joaquín Sabina con el tema que nos ocupa y con el titulado “Taxi“. Pero el reconocimiento definitivo no llegó hasta 1986, cuando compuso “Tristeza de Amor” para la serie de televisión del mismo nombre, protagonizada por Alfredo Landa y Concha Cuetos. A partir de entonces su carrera musical se hizo menos visible, probablemente por sus dificultades para hacerse un hueco dentro de la inhóspita industria musical; no sin problemas, logró grabar algún disco más y colaboró con otros artistas como María del Mar Bonet, Pedro Ruy-Blas, Pablo Guerrero, Martirio, Cucharada, Moncho Alpuente, Luz Casal o Cómplices, a menudo escribiendo para ellos. Incluso compuso las canciones de la serie infantil “David el Gnomo“. Se suicidó el 16 de agosto de 2006, a los cincuenta y ocho años; según contó el periodista Santiago Alcanda, lo hizo con una carta en la que señalaba que “vivimos en un mundo de estafadores”, y en la que trató de hacer pública su dificultad para seguir en la brecha “cuando nos encaminamos a una especie de pensamiento único en lo musical enfatizado por las nuevas operaciones televisivas”.

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Las Cinco Canciones de Antonio (IV): “19 días y 500 noches” (Joaquín Sabina)

Ya lo comentaba él en la presentación que hizo el lunes, a Antonio lo conozco en persona; hace algunos meses vino con la familia a Madrid y tuvimos ocasión de pasar una bonita (y calurosa) tarde de domingo, entre capirinhas, cervezas y una animada conversación sobre cine, música, fútbol, familia, inquietudes y montón de temas más. Antonio y yo compartimos algunos valores, circunstancias vitales y aficiones, entre ellos el Servicio Militar (ambos tuvimos que pasar por CIR de San Fernando -Cádiz-) y Joaquín Sabina, un artista al que respetamos, admiramos y, lo que es más importante, con el que disfrutamos. “19 días y 500 noches” es la canción que da nombre al disco homónimo del ubetense, en mi opinión su mejor trabajo, con temas excelentes desde la primera hasta la última canción, “Noches de Boda”, en la que hace dúo con Chavela Vargas.

“Fue en la “mili” (en San Fernando, por más señas) donde un compañero me prestó una cinta de cassette, de título “Joaquín Sabina y Viceversa”, sin saber que me estaba introduciendo en uno de los mayores placeres para los sentidos que me ha proporcionado mi afición por la música. Aquel día sucumbí a un hechizo que me mantuvo durante varias décadas enganchado a su alma de poeta, fascinado por unas letras que en muchas ocasiones parecían estar escritas para mí. No me ha sido fácil elegir un tema en concreto, pues hay una docena ellos que aún hoy siguen poniéndome la piel de gallina”.