Barricada. “En blanco y negro”

Hay melodías que traspasan fronteras generacionales y clases sociales, que cantan niños pijos de familias bien y rockeros de barrio, temas que han sonado hasta el agotamiento en cadenas de radio de toda condición, en fiestas de pueblo, en los coches de lo amigos, en arrebatos alcohólicos y en esos garitos en los que puede cantar, a grito pelado, mientras suenan a todo volumen canciones como la que hoy protagoniza nuestra entrada.

“En blanco y negro” es un tema de la banda navarra Barricada, que fue publicado en su séptimo álbum de estudio (“Por instinto”, 1991). Según nos cuenta Chema Granados en su libro La Calle no calla!! Una historia del rock urbano en España, más de 100 bandas destacadas (Barcelona: Quarentena Ediciones; págs. 53-58), Barricada se formó en Pamplona, durante 1980, con los siguientes músicos: Enrique Villareal “El Drogas” (voz, bajo), José Landa (batería), Sergio Osés (guitarra) y Javier Hernández “El Boni” (voz, guitarra). La primera oportunidad importante les llegó en abril de 1982, en el concierto celebrado en la Plaza de Txantrea (Pamplona). Al año siguiente grabaron su primer álbum (“Noches de Rock and Roll”, 1983), con un nuevo batería ya que Mikel Astrain sustituyó a José Landa. Durante los ochenta continuaron grabando discos, con ese sonido tan característico de la banda, entre el heavy metal y el punk, aunque por sus combativas letras también podríamos posicionar a este grupo dentro los movimientos conocidos como rock urbano y rock radical vasco. En 1991, como ya hemos comentado, publicaron “Por instinto”, un trabajo más pulido que los anteriores, tal vez menos punk, menos áspero y menos aguerrido, capaz de llegar a más público, aunque para sus seguidores tal vez fuera algo decepcionante. Lo cierto es que sus discos anteriores tuvieron muchos problemas de censura, tanto por parte de su productora musical como de algunas cadenas radiofónicas, algo que les debió de desesperar hasta el agotamiento. “En blanco y negro” nos habla de esos habitantes de la noche que ven la vida sin matices, instalados en la autodestrucción y en la pelea diaria como recurso redentor; así nos presenta “El Drogas” esta canción:

“Habla de lo que había vivido en el casco viejo de Pamplona, de sus calles en los ochenta. El riff salió de la línea de bajo. Esto era muy habitual en Barricada, y me jode que parezca que pasé como una sombra por el grupo, porque aparte de haber hecho las letras, la gran mayoría de las canciones surgieron de empezar una melodía con mi bajo”.

Y acabo con un par de interpretaciones en directo de este tema, la primera en los conciertos de Radio 3 y la segunda en la Plaza de Toros de las Ventas (Madrid), con Rosendo y Aurora Beltrán (Tahúres Zurdos), como invitados.

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Supertramp. “Fool’s Overture”

Me consta que “Breakfast in America” (1979) es uno de los álbumes de Supertramp preferidos por el gran público, de hecho hay quien identifica a esta formación con el sonido pop de ese disco y, quizás también, con algunos de los trabajos que vendrían después, como “… Famous Last Words” (1982). Sin embargo, los que nos consideramos seguidores de este grupo británico, generalmente preferimos los tres anteriores (“Crime of the Century”,1974; “Crisis? What Crisis?”, 1975; y “Even in the Quietest Moments”, 1977), en mi opinión los mejores y los que mejor se ajustan a ese clásico e inconfundible estilo de Supertramp, entre el rock sinfónico, el pop y el art rock. “Even in the Quietest Moments”, al que ya aludimos en la entrada dedicada a la canción “Babaji”, con esa conocidísima portada en la que se ve un piano nevado, fue publicado en 1977 con gran éxito de público y crítica. Aunque todas las canciones están firmadas por sus dos líderes, Rick Davis y Roger Hodgson, lo cierto es que sólo el tema homónimo es una verdadera colaboración; mientras que “From Now On”, “Lover Boy” y “Downstream” fueron publicados por Davis, y Hodgson hizo lo propio con “Give a Little Bit”, “Babaji” y “Fool’s Overture, la melodía que protagoniza esta entrada.

Inicialmente se tituló “The String Machine Epic”; fue compuesta y grabada con un Elka Rhapsody String Machine, según nos cuentan en la web “The Logical Song”, “un primitivo sintetizador cuyo peculiar sonido sería un elemento vital en la alquimia creativa de Hodgson”. Entre los efectos de sonido que se incluyen en “Fool’s Overture”, se puede distinguir un extracto de la alocución de Winston Churchill sobre la entrada de Reino Unido en la II Guerra Mundial, además de sonidos de coches de policía y de las campanas del londinense Big Ben, un extracto del tema de Gustav Holst “Venus” (perteneciente a la suite “The Planets”) y la lectura del poema Jerusalem de William Blake. Según ha señalado el propio Roger Hodgson, no quiso dar ningún significado concreto a “Fool’s Overture”, “era una mezcla de ideas sobre diferentes acontecimientos históricos y cada uno puede interpretar la canción a su manera. No quiero limitarlo a mi propia interpretación, porque incluso ésta puede cambiar cada semana”. Os dejo con este épico y emocionante tema que, como ya dijimos en un post anterior, en lo musical es como una versión pulida de “A Soapboax Opera”, canción publicada en el Lp anterior. Y ya que “Fool’s Overture” es uno de los cortes habituales en los directos, también os ofrezco la posibilidad de escuchar, y en el segundo caso también ver, dos interpretaciones en vivo: la correspondiente al álbum “Paris” (1980) y otra orquestada a cargo de Roger Hodgson.

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Bill Haley & His Comets. “Rock Around the Clock”

Bill Haley (1925-1981) es uno de los pioneros del R&R y el primero que logró llevar una canción de este género, “Rock Around the Clock”, al número uno en la lista de ventas de los Estados Unidos y de otros países, como Reino Unido o Alemania. En plena Gran Depresión, sus padres le regalaron una guitarra de cartulina y le hicieron creer que era real, mientras su padre le acompañaba al banjo y a la mandolina, y su madre al piano. Con quince años abandonó su casa con una guitarra (de verdad) bajo el brazo y muchas ganas de ganarse la vida con la música; tras pasar años de penuria tocando en clubs y donde buenamente podía con su banda The Saddlemen, consiguió su primera grabación en 1951, para el sello Ed Wilson’s Keystone de Philadelphia (EE.UU.) Un año después, Bill y su banda tomarían su nombre artístico definitivo, Bill Haley & His Comets, dando así inicio a una destacada carrera musical durante las décadas de 1950, 1960 y, en menor medida, 1970. Falleció en 1981, víctima de un tumor cerebral.

Como comentábamos antes, Bill Haley & His Comets son los intérpretes más importantes que ha tenido la canción “Rock Around the Clock”, uno de los primeros rocanroles de la historia, que logró elevar este género a la categoría de fenómeno de masas. Sin embargo, bien podría decirse que su éxito fue accidental. Esta melodía, conocida inicialmente como “We’re Gonna Rock Around the Clock Tonight!” y posteriormente como “(We’re Gonna) Rock Around the Clock”, fue compuesta por Max C. Freedman y James E. Myers probablemente tomando como referencia temas anteriores, como “Move it On Over” de Hank Williams (a su vez basado en piezas musicales de los años veinte) o “Red Wagon” de Count Basie. La primera grabación corrió a cargo del grupo Sonny Dae & His Knights y, unos meses después (en 1954), se registró la de Bill Haley & His Comets, en una sesión desastrosa, tal y como nos cuenta Íñigo López Palacios en un artículo publicado en el diario El País. Según relata este autor, Haley sólo consiguió que “Rock Around the Clock” figurara como cara B del tema “Thirteen Women (and only one man) in town”. El día de la grabación todo funcionó mal: Bill y su banda llegaron tarde, tuvieron que grabar la cara A del single seis veces porque no era del agrado de los productores, y sólo cuarenta minutos antes de abandonar el estudio comenzaron con “Rock Around the Clock”. Como el tema se quedaba corto, el guitarrista Danny Cedrone tuvo que improvisar un solo de guitarra a partir de otro que ya habían tocado en un tema anterior del grupo, “Rock The Joint” (comprobadlo, ya veréis como son idénticos); en la primera toma apenas se escuchaba la voz de Haley, así que hicieron una segunda sólo con el micrófono y, después, sincronizaron ambas.

El single no tuvo una gran acogida, hasta que uno de los ejemplares cayó en manos de un niño de nueve años, Peter Ford, el hijo del actor Glenn Ford. Este chaval, aficionado a la música, puso el disco en su equipo alta fidelidad y quedó decepcionado hasta que dio la vuelta al single y escuchó “Rock Around the Clock”: “Pensé que era una buena canción con un gran ritmo de batería. Pero no puedo decir que fuera de mis favoritas”. Poco tiempo después, Richard Brooks, que estaba dirigiendo “Semilla de Maldad”, le pidió a Glen Ford que le buscara una canción para su película; éste a su vez solicitó de su hijo una selección de discos que él considerara interesantes para los propósitos de Brooks. “Semilla de Maldad” fue estrenada en 1955, con “Rock Around the Clock” sonando al comienzo de la misma. Ni que decir tiene que, tanto la película como la canción, fueron un gran éxito. Os dejo algunas versiones, en concreto las grabadas por The Isley Brothers, Chubby Checker, The Platters, Sha Na Na, Sex Pistols y Los Llopis (en español), aunque hay muchas más.

Bill-Haley---his-Comets-rocknroll-remembered-713902_1139_1344Bill Haley & His Comets

Tri Yann. “La Jument de Michao”

La nostalgia se comporta como un microorganismo oportunista, se apodera de nosotros cuando nos entregamos a prácticas de riesgo, como escuchar una cinta de casete por el viejo método de poner una cara y, después, darle la vuelta. Dada la dificultad de encontrar el disco en internet, fue lo más sencillo que se me ocurrió para escuchar el álbum “La Découverte ou l’ignorance” (1976), de la banda bretona de folk-rock celta Tri Yann. Conocí a esta formación en el año 1995, gracias a la canción “La jument de Michao”, que escuchábamos y bailábamos en una discoteca de Poitiers (Francia) durante mi estancia postdoctoral. La expresión bretona Tri Yann significa algo así como “los tres Juanes”, haciendo alusión a los tres Jean fundadores del grupo (Jean-Louis Jossic, Jean Chocun y Jean-Paul Corbineu), aunque inicialmente el nombre que tomaron fue el de Tri Yann an Naoned, es decir, “los tres Jean de Nantes”. Comenzaron su andadura en 1969, siguiendo la estela de pioneros de la música celta como Alan Stivell, y grabaron su primer álbum en 1972 (“Tri Yann and Naoned”), aunque el disco que les dio a conocer fue el cuarto, el ya mencionado “La Découverte ou l’ignorance”, al que incorporaron instrumentos eléctricos que ayudaron a fusionar el rock con los planteamientos folk-celta característicos de esta formación. Aún siguen en activo, de hecho, es una de las bandas más longevas de Francia y, tal vez, la más conocida en el ámbito de la música celta francesa, junto con Gwendal.

“La jument de Michao” es una canción popular bretona que forma parte de un tronco común habitualmente conocido con el nombre de “J’ai vu le loup, le renard, le lièvre”, una “canción tipo” perteneciente al repertorio tradicional francés, probablemente de origen medieval, que debido a su transmisión oral ha dado lugar a canciones diferentes en función del territorio en el que se ha difundido; por ejemplo, en Borgoña se llama igual, en la región occitana “Ai vist lo lop, lo rainard, la lèbre”, en Quebec (Canadá) “Le loup, le renard, le lièvre”, en la zona Cajún (Luisiana -Estados Unidos-) “le loup, le renard et la belette”, y en Bretaña “La jument de Michao”. Esta última versión fue recuperada en 1973 por la banda Kourien y, de manera definitiva, en 1976 por Tri Yann. La mayor parte de las versiones existentes parten de la adaptación realizada por Tri Yann; aquí os dejo dos en registros diferentes, la de Nolwenn Leroy y la de los alemanes Saltatio Mortis. Puede escucharse a Tri Yann a través de Spotify, aunque no el disco que hoy nos ocupa, al menos completo; en este enlace los podéis ver interpretando en directo “La jument de Michao”. Quiero dedicar esta entrada a los amigos que hice en Poitiers; a los que regresaron a sus países de origen, a los españoles (espero que no se os haya olvidado jugar al mus) y a los que se quedaron en Francia. Gracias, Sam, por regalarme este casete, por tus deliciosas crepes y por explicarme lo que significa ser bretón.

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Eric Burdon / Eeels / ZZ Top con Jeff Beck. “Sixteen Tons”

A comienzos del siglo XX las condiciones laborales de los trabajadores, sobre todo en determinados sectores como la industria o la minería, eran a menudo abusivas, por no decir inhumanas. Una de las prácticas habituales llevadas a cabo en los Estados Unidos fue la conocida como truck system, un sistema de pago en especie mediante el cual las empresas pagaban a sus empleados, en lugar de dinero, bonos o vales para consumir productos en las tiendas de estas mismas empresas. El empresario conseguía así un doble objetivo: vendía sus productos a sus empleados y se aseguraba que el salario en especie que les daba volviera rápidamente a las arcas de donde habían salido. Si tenemos en cuenta que los precios eran establecidos por el empresario y que al obrero le detraían una parte de su sueldo para pagar el alojamiento en los barracones de las compañías, lo normal es que éste casi nunca dispusiera de dinero en efectivo, incluso solía consumir a crédito en estas tiendas para cautivos. Esta situación, que por ejemplo se puede ver en la película “Las Uvas de la Ira” (1940), es la que denuncia Merle Travis en su canción “Sixteen Tons”, por supuesto con toda la cautela que se podía hacer en 1947, cuando el propio autor publicó este disco. Parte de la letra de la canción fue escrita a partir de testimonios de familiares suyos, en concreto de su padre y de su hermano, trabajadores del carbón que, menudo, solían decir frases similares a las que aparecen en la canción: “Cargas dieciséis toneladas ¿Qué obtienes? Otro día más viejo y sumido en deudas (…) mi alma pertenece al almacén de la compañía”.

El lanzamiento de Merle Travis fue bastante exitoso, pero la interpretación más conocida de esta canción es la de Ernie Ford, de 1955, de hecho es la que se conserva en el Registro Nacional de Grabación de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, y la que ha servido como punto de partida para las numerosas versiones que se han hecho de este tema, como las de Ed Sovine, BB King, The Platters, Bo Diddley, Harry Nilsson, Stevie Wonder, Johnny Cash, Leon Russell, Willie Nelson, Tom Morello o Hayseed Dixie, por citar algunas. La mayor parte de ellas respetan el tono folk-country original, pero también las hay más melódicas, bluseras, incluso rockeras. Precisamente las tres que hoy proponemos como destacadas tienen ese perfil y, además, no son excesivamente antiguas; la de Eric Burdon es de 1990, publicada como single; de 2003 es la de la banda de rock alternativo Eels, fue incluida en su álbum en directo “Sixteen Tons (Ten songs)”, publicado en 2005; mientras que el directo de ZZ Top (con Jeff Beck) es de 2016. Finalizo con dos versiones más, esta vez españolas: la clásica de José Guardiola, de 1960, y una más reciente a cargo de Arizona Baby; también se la he oído tocar al guitarrista Twanguero, pero no he podido encontrar ningún registro sonoro que lo pruebe.

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Merle Travis (1917-1983)