The Coasters / The Rolling Stones / Manfred Mann. “Poison Ivy”

Luis Lapuente, en su Historia-Guía del Soul. “Magia Negra” (Madrid: Guía de Música, 1995; págs. 26 y 282), nos presenta a The Coasters como

“la banda más endiabladamente divertida y representativa del período 1957-1960. Fundada por Carl Gardner y Bobby Nunn a partir del grupo doo-wop The Robins, los Coasters crecieron a imagen y semejanza de sus productores y valedores máximos, el tándem Leiber/Stoller, que les proporcionaron una descacharrante colección de clásicos del r’n’b, desde “Charlie Brown” y “Yaketi Yak” hasta “Rio ton Cell Block Nº 9” y “Poison Ivy” (…) Leiber & Stoller fueron el referente básico para casi todo el rock’n’roll y el r’n’b de los últimos cincuenta y primeros sesenta y, junto a Phil Spector, casi los únicos productores/compositores blancos imprescindibles para entender la irrupción del r’n’b en el mainstream pop”.

Jerome “Jerry” Leiber escribía las letras y Mike Stoller la música; juntos compusieron temas para The Coasters, Elvis Presley, Big Mama Thorton, The Isley Brothers, The Drifters o Ben E. King, canciones como “Hound Dog”, “Jailhouse Rock”, “Kansas City”, “Young Blood”, “Stand By Me” o nuestra protagonista de hoy, “Poison Ivy, que son historia de la música popular. Esta última melodía fue publicada como single en agosto de 1959 y, a lo largo de los años sesenta, fue versionada por otros artistas, como The Dave Clarke Five, Ray Columbus & The Invaders, Billy Thorpe and The Aztecs, The Paramounts, The Hollies, The Kingsmen o las bandas elegidas para compartir trío destacado con el original de los Coasters: The Rolling Stones y Manfred Mann.

Jagger y compañía incluyeron esta canción en un EP de cuatro temas -todos versiones- que se publicó en enero de 1964, antes que su primer Lp -el homónimo “The Rolling Stones”-, que vio la luz en abril de ese mismo año. Los londinenses Manfred Mann utilizaron su interpretación de “Poison Ivy” como cara B del single “You Gave Me Somebody to Love”, de 1966. Por supuesto, se han seguido haciendo versiones de esta canción, véanse por ejemplo las debidas a The Lambrettas, The Nylons o Ian Gillan & The Javelins; o las cantadas en español por grupos como Los Rebeldes del Rock, Los Teen Tops o Los Straitjackets. La letra de “Poison Ivy” es una metáfora sobre las enfermedades de transmisión sexual, presentadas como una mujer fatal tan hermosa como peligrosa que, al igual que una hiedra venenosa, puede meterse en tu piel y hacerte enfermar.

Triana. “Tu frialdad”

La primera entrada del año 2015 publicada en este blog estuvo dedicada al tema “Luminosa mañana”, de la banda de rock sinfónico andaluz Triana, en mi opinión -ya lo dije entonces- la mejor que ha habido en España en el ámbito del rock progresivo. Sus tres primeros álbumes (“El Patio”, 1975; “Hijos del Agobio”, 1977; y “Sombra y Luz”, 1979) son tres obras fundamentales del rock hispano. En 1979 ya eran un grupo conocido y vendían bastantes discos, por lo que su compañía discográfica (Moviplay) decidió promocionar el disco “Sombra y Luz” a través de los canales habituales en aquellos años: “El Gran Musical” de la Cadena Ser, el programa de televisión “Aplauso”, incluso participaron en el espectáculo “La Noche Roja”, producido por Miguel Ríos, que recorrió diferentes localidades de nuestra geografía. Tal vez envalentonados por el éxito que había tenido “Sombra y Luz” y por la manera en que se seguían vendiendo “El Patio” e “Hijos del Agobio”, Lp que también hemos tenido aquí a propósito del tema “Sr. Troncoso”, decidieron grabar rápidamente otro álbum, sin dejar pasar los dos años que habían separado los lanzamientos de sus anteriores discos. “Un Encuentro” (1980), que es como se tituló el nuevo trabajo de Triana, fue una decepción; apenas quedaba nada del grupo que había maravillado con su emotivo estilo lisérgico, se habían apartado de los sonidos progresivos que los habían convertido en los líderes de este género en España, y daba la sensación que su cuarto álbum buscaba más el triunfo fácil que la calidad. Tampoco debe ser casual que Gonzalo García Pelayo, el productor discográfico de los tres primeros álbumes, no participara en éste, del que llegó a decir que su

“repertorio no era muy bueno, pero había una canción, Tu frialdad, que lo arreglaba, porque era muy buena. Pero en el quinto, Triana [sic] (1981), la selección del repertorio es prácticamente inexistente, y es ahí cuando el grupo cae en picado, viniéndose completamente abajo con el sexto, Llego el día (1983). La movida madrileña y el cambio de modas también influyó mucho en ello” (Dominguez, Salvador. Los hijos del rock. Los grupos hispanos. Madrid: SGAE, 2004; pág. 84).

Con el paso de los años, y disuelta la banda en 1983 tras el fallecimiento de su líder, Jesús de la Rosa, “Tu frialdad” se ha convertido en una de las canciones más populares de esta formación. De ella se han hecho bastantes versiones, aunque a mí el original me sigue pareciendo insuperable; no obstante, por si queréis probar con otras interpretaciones, os propongo dos: una más rockera, la de Alhándal, y otra más flamenca, la de José Mercé y Pablo Alborán. Os dejo con esta maravillosa canción de amor compuesta por Jesús de la Rosa, en la que destacan los teclados, la guitarra eléctrica de Antonio García de Diego y, por supuesto, su exquisita melodía. “Tu frialdad” es el canto del cisne de Triana, que emerge como un espejismo en plena decadencia del grupo.

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The Mars Volta – “The Widow”

 

The Mars Volta es una banda creada en El Paso (Texas -EE.UU.-) que conocí gracias al amigo Juanlu, autor del ya desaparecido 365 Radioblog. Estuvieron en activo entre 2001 y 2013, con seis álbumes de estudio en su haber, de los cuales sólo he escuchado uno, el titulado “Frances the Mute” (2005), el segundo tras el exitoso “De-Loused in the Comatorium” (2003). Como os venía diciendo, los orígenes de este grupo se remontan al año 2001, cuando Omar Rodríguez-López (guitarra) y Cedric Bixler-Zavala (voz) crean The Mars Volta a partir de músicos -como ellos mismos y otros- que habían formado parte de bandas como At the Drive-In y De Facto. Según han explicado en alguna entrevista, la palabra “Volta” está tomada de un libro de Federico Fellini, en el que éste llama “volta” a los cambios de escena; lo de “Mars” tiene que ver con la fascinación de estos músicos por la ciencia-ficción; además, tuvieron que añadir la palabra “The” para diferenciarse de otra formación que se llamaba “Mars Volta”. Dicen los que saben más de este grupo que es una banda de rock progresivo, aunque también la etiquetan dentro de otros géneros como el rock alternativo, el art rock, el rock experimental, etc.

Ya os digo que sólo he escuchado un álbum, eso sí, os puedo decir que no parece una banda fácil; “Frances The Mute” es algo así como un disco de rock psicodélico y experimental del siglo XXI, un trabajo conceptual supuestamente inspirado en los personajes que aparecen en un diario encontrado por Jeremy Michael Ward, antiguo miembro de la banda (técnico de sonido), fallecido por una sobredosis de heroína en mayo de 2003, apenas un mes antes de que saliera al mercado el primer álbum de The Mars Volta. Si os atrevéis a escuchar este interesante disco en seguida os daréis cuenta que es un álbum inquietante, agresivo, oscuro que, para algunos, puede resultar un tanto incómodo por su tono ácido, sus distorsiones y sus letras difíciles de interpretar. Esta formado por cinco temas, cuatro de larga duración y el corte titulado “The Widow”, de formato tradicional, con diferencia la canción más melódica y asequible de todas. Os aconsejo que os fijéis en su intensidad, en el sorprendente registro vocal de Cedric Bixler-Zavala, en el afilado trabajo de guitarra y en la trompeta que aparece fugazmente a mitad del tema, que está tocada por Flea, de la banda Red Hot Chili Peppers; por cierto, en otros temas del disco también participa el guitarrista de esta formación, John Anthony Frusciante, además de otros músicos como Larry Harlow. Finalizo con una versión en directo de “The Widow”, para que podáis ver su desempeño en vivo, y con el videoclip original, de menor duración y sin la parte psicodélica del final.

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Helloween. “A Tale That Wasn’t Right”

Del power metal ya os he hablado en entradas anteriores, en concreto las dedicadas a los temas “Black Diamond” (Stratovarius), “8th Commandment” (Sonata Arctica) y “Torquemada” (Avalanch), tres ejemplos de este veloz estilo. Hoy me gustaría hablaros de quienes para muchos son los pioneros de este género, los alemanes Helloween, una banda que se formó en 1978 con el nombre de Gentry. En 1983, tras pasar por otras denominaciones (Second Hell e Iron Fist), decidieron llamarse Helloween, me imagino que tratando de jugar con las palabras hell (infierno) y Halloween (la conocida Víspera de Todos los Santos), uno o dos años después sustituirían la letra “o” por una calabaza, que acabaría siendo uno de los signos distintivos de esta formación. Su primer álbum fue “Walls of Jericho” (1985), en el que las labores de cantante las realizaba el guitarrista Kai Hansen; junto a él estaban Michael Weikath (guitarra), Markus Grosskopf (bajo) e Ingo Schwichtenberg (batería). Tras las giras que acompañaron a este álbum, decidieron incluir a un quinto miembro: un vocalista que permitiera a Kai Hansen centrarse en su labor como guitarrista y compositor; el elegido fue un chaval de dieciocho años llamado Michael Kiske, que cantaba en una modesta banda local. Este cantante, “poseedor de una grandiosa y poderosa voz, de un rango vocal de cerca de cuatro octavas”-según describen algunos-, ha acabado convirtiéndose en uno de los vocalistas de referencia en el ámbito del heavy metal.

Ya con Kiske en el grupo, publicaron su segundo álbum: “Keeper of the Seven Keys Part 1” (1987), un trabajo que inicialmente iba a ser un álbum doble pero que, por imperativos de la discográfica, finalmente salió al mercado en dos Lps, el mencionado anteriormente y el titulado “Keeper of the Seven Keys Part 2” (1988). Ambos “Keeper …” están considerados como dos álbumes fundamentales en la discografía de esta banda, los mejores para muchos críticos musicales y seguidores de esta formación. El que nos ocupa, el primero de ellos, está lleno de buenas canciones: “I’m Alive”, “Twlight of the Gods” (magnífico el guitarreo), “Halloween” (un excelente tema de trece minutos de duración con cierto regusto progresivo) y la que preside esta entrada: “A Tale That Wasn’t Right”, una de las baladas más hermosas que ha dado el heavy metal, una melancólica historia de desamor, traición y dolor escrita por Michael Weikath. En este vídeo, de 1987, podéis ver a Michael Kiske interpretándolo en directo, y en éste otro a Andi Deris, el vocalista que sustituyó a Kiske cuando éste abandonó el grupo en 1994.

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Iron Butterfly. “In-A-Gadda-Da-Vida”

Iron Butterfly es el nombre de una banda californiana, creada en 1966 en torno al teclista Doug Ingle y el batería Ron Bushy, que tiene el honor de contar en su repertorio con uno de los temas emblemáticos del rock, de los más influyentes en la historia de este género y de los más recordados: “In-A-Gadda-Da-Vida”. Esta composición, con sus más de diecisiete minutos de duración, algo verdaderamente inusual para la época, por no decir impensable para una industria discográfica acostumbrada a las canciones de tres minutos, ocupó toda la cara B del segundo álbum de esta formación, también titulado “In-A-Gadda-Da-Vida”; fue publicado en 1968, aunque a comienzos de ese mismo año ya habían sacado al mercado su primer Lp, “Heavy”, un título profético para una formación que fue muy importante en el nacimiento del hard rock y el heavy metal. Las relaciones personales entre los miembros de la banda no debieron ser muy buenas; de hecho, una pelea entre ellos impidió que tocaran en el Festival de Woodstock, evento al que fueron invitados. Tras estos dos discos, y antes de su disolución en 1971, publicaron dos trabajos más: “Ball” (1969) y “Metamorphosis” (1970); se volvieron a reunir en 1975, manteniendo desde entonces una actividad intermitente con una formación cambiante, casi siempre liderada por Ingle y Bushy.

En el disco que nos ocupa, también tocaron el bajista Lee Dorman y un joven guitarrista de diecisiete años llamado Erik Brann. “In-A-Gadda-Da-Vida” fue compuesto, al igual que el resto de temas que integran este álbum, por Doug Ingle. Parece que estaba borracho cuando lo hizo, de tal manera que, al dárselo a escuchar a Ron Bushy, éste le preguntó a Ingle cómo se titulaba el tema; debió decir el título que inicialmente dio a esta composición (“In the Garden of Eden”), pero estaba tan ebrio que balbuceó algo ininteligible, que Bushy apuntó como lo pareció; así fue como “In the Garden of Eden” se convirtió en “In-A-Gadda-Da-Vida”, un título críptico y misterioso, ideal para una pieza endiabladamente psicodélica como ésta. Para incrementar aún más la leyenda en torno a este tema, parece que fue grabado en una sesión de prueba, mientras esperaban la llegada de su productor musical al estudio; quedó tan bien que decidieron elevar esa toma como definitiva.

En “In-A-Gadda-Da-Vida” se mezclaban dos estilos embrionarios, el rock progresivo y el hard rock, a partir de una pieza irresistiblemente hipnótica de aroma psicodélico, con continuos cambios y una pesada estructura rítmica -sustentada en el bajo y en la voz grave de Ingle-, que nos permite un viaje astral sin necesidad de tomar drogas. El tema está lleno de sorpresas: un solo de guitarra, otro de órgano –muy eclesiástico- y uno más de batería -algo bastante novedoso para la época, que acabaría siendo imitado por bandas como Led Zeppelin o Deep Purple- y, por supuesto, ese riff sostenido de guitarra que ha pasado a la posteridad. El guitarrista Jeff Beck afirma haber visto una actuación en directo de Iron Butterfly, en abril de 1967, cuando aún no habían grabado “In-A-Gadda-Da-Vida”, en la que interpretaron esta composición durante treinta y cinco minutos; sin embargo, es más habitual escuchar la versión mutilada reducida que se preparó para su emisión por radio.

Como ya viene siendo habitual por estas fechas, entramos en modo verano. Nos tomamos un descanso bloguero, aunque volveremos en septiembre ¡Feliz verano para todos!

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