Status Quo. “Whatever You Want”

A pesar de lo que puedan pensar los partidarios de las danzas populares y los bailes de salón, el rock también se baila y, de hecho, siempre se ha bailado, no hay más que ver a Elvis Presley en sus mejores años o esos vídeos en los que aparecen jóvenes de los años cincuenta y sesenta moviendo alocadamente el esqueleto al ritmo del R&R. Con la llegada del heavy metal apareció una nueva manera de acomodar el cuerpo a la música: el “air guitar”, es decir, un baile que consiste básicamente en tocar la guitarra pero sin guitarra; el fenómeno es tan popular que incluso existen certámenes y concursos en los que se premian estas habilidades. No es necesario que suena heavy metal para practicar air guitar, también se puede hacer con estilos limítrofes, como el hard rock, el blues-rock, el rock sureño, el rock urbano o el boogie rock, un estilo caracterizado por unas melodías alegres, bailables, repetitivas y con escaso margen para la improvisación. Así lo explicábamos en una entrada anterior dedicada al tema “Gerdundula”, uno de los más recordados de Status Quo, abanderados de este género y uno de los grupos preferidos para el air guitar por sus coreografías guitarreras, las piernas abiertas y esos característicos movimientos de cabeza y melena, tan imitados por todos sus seguidores.

Cuando en 1979 publicaban su duodécimo álbum de estudio, titulado “Whatever You Want”, ya eran un grupo de éxito. Este nuevo trabajo no fue una excepción; en apenas unos días fue certificado como Disco de Oro, y se llegaron a vender más de cien mil copias sólo en el Reino Unido. Tal vez no sea el mejor álbum de los ingleses, pero es divertido, marchoso y muy bailable; os recomiendo que lo escuchéis una mañana de esas que necesitáis un poco de ayuda para terminar de despertaros. “Whatever You Want” es un disco elaborado a partir de una base o sustrato de boogie rock, sobre el que se añade un poco de hard rock, otro poco de AOR-pop y mucho R&R. La canción más conocida de este Lp, y de las más representativas de Status Quo, es la titulada igual que el disco, compuesta por el guitarrista y vocalista Rick Parfitt y por el teclista Andy Bown; recordemos que los restantes miembros de la banda eran: Alan Lancaster (bajo, voz), Joyhn Coughan (batería) y el líder, Francis Rossi (voz, guitarra solista). Estamos ante uno de los temas mimados por las emisoras de radio, muy utilizado en programas de televisión y en anuncios publicitarios de todo tipo; aquí os dejo esta perla, un spot de la Lotería Primitiva española del que, a lo mejor, ya no os acordabais. Para que no acabéis la entrada con una sensación un tanto rara o confusa, os dejo un par de interpretaciones en directo de esta canción, una de 1984 y otra del año 2009.

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Jeff Wayne. “The Eve of the War”

La Guerra de los Mundos es una novela de ciencia ficción de H.G. Wells publicada en el año 1898. Probablemente sea el primer relato sobre una invasión extraterrestre a nuestro planeta, aunque además tiene una segunda lectura; algunos autores, como Miguel Uceda, entienden que la novela es una crítica al colonialismo europeo decimonónico:

“En Londres, el colonialismo era considerado un acto de patriotismo beneficioso para Inglaterra e incluso para los países conquistados, pues les acercaba al progreso, a la civilización, al orden británico y al cristianismo. Wells no compartía esta visión idílica y pueril del colonialismo, por eso en esta novela presenta a la civilización marciana técnicamente muy superior a la humana, la conquista a la tierra se puede identificar como una conquista de un territorio cuyos moradores viven en el paleolítico. Londres, la orgullosa cabeza del imperio británico, sucumbe rápidamente sin que el ejército, ni la ciencia o el ingenio humano pueda hacer nada para frenar el avance enemigo (…) esta novela fue un golpe contra la mentalidad de sus coetáneos, ya que presenta al colonialismo no desde la prepotencia del ejercito vencedor, sino visto desde la sociedad que se ve conquistada, sus valores y su propia autoestima aniquilados”.

Esta obra fue adaptada para un programa radiofónico titulado “The Mercury Theatre on the Air”, que dirigía Orson Welles cuando tenía veintitrés años. La emisión se produjo el 30 de octubre de 1938, a las nueve de la mañana, en un especial de Halloween. La narración de Orson Welles duró prácticamente una hora, en concreto cincuenta y nueve minutos que sembraron el desconcierto y el terror entre la población estadounidense; a pesar de que avisaron de que aquello era una dramatización, muchos oyentes que se incorporaron a mitad del episodio pensaron que era real la invasión alienígena que allí se narraba. La Guerra de los Mundos también se ha llevado al cine, por ejemplo en 1953 ó, más recientemente, en 2005, en una película dirigida por Steven Spielberg. Y también dispone de una obra musical, en la que se adaptó la novela de H.G. Wells a través de un álbum conceptual que podríamos englobar dentro del rock sinfónico, con un estilo que recuerda un poco al de Alan Parsons Project. La composición y producción corrió a cargo de Jeff Wayne, un músico especializado en sintonías televisivas y publicitarias; la parte musical fue encomendada a solventes músicos de estudio y la parte vocal (narraciones y fragmentos cantados) a artistas como Justin Hayward (Moody Blues), Chris Thompson (Manfred Mann’s Earth Band), Julie Covington, Phil Lynnot (Thin Lizzy), David Essex o el actor Richard Burton. Este álbum contiene dos discos que, de manera aproximada, se corresponden a la estructura marcada en la obra literaria de Wells: la llegada de los invasores marcianos y la Tierra bajo el control de los alienígenas. Fue un gran éxito de ventas y, desde el año 1978 en que fue publicado por primera vez, ha dado lugar a giras con actuaciones en directo, todo tipo de versiones y ediciones, DVDs, videojuegos, etc. El álbum comienza con el tema titulado “The Eve of the War”, cuya melodía será la que nos acompañe, a modo de hilo conductor, durante toda la obra (aquí podéis escuchar este álbum de manera íntegra). La invasión ha comenzado.

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The Rolling Stones. “Sweet Virginia”

En 1972 los Rolling Stones habían publicado algunos de sus mejores álbumes, como “Beggars Banquet” (1968), “Let it Bleed” (1969) o “Sticky Fingers” (1971); eran ya ricos y famosos, tanto que el fisco británico también quiso llevarse su parte. Ante semejante panorama decidieron huir a Francia; por ejemplo, Charlie Watts se fue a vivir a Avignon, Mick Jagger y su esposa Bianca a Saint-Tropez y Keith Richards -junto con su mujer, Anita Pallenberg, y su hijo Marlon- se instaló en Villefranche-sur-Mer, en una mansión que había sido usada como cuartel de la Gestapo durante la II Guerra Mundial. Richards compró una lancha con la que viajaban algunos miembros de la banda por la Costa Azul francesa, incluso llegaban hasta Italia, ruta que acabarían llamando “Main St.”; dado que se sentían exiliados, aunque fuera por motivos económicos, decidieron titular su siguiente disco “Exile on Main St.” Este álbum es uno de los trabajos fundamentales en la discografía de los Rolling Stones (aquí lo podéis escuchar), para algunos críticos y seguidores es incluso el mejor, a pesar de que ninguna de sus canciones es de las más conocidas, y a pesar también de las circunstancias que rodearon la grabación de este doble Lp.

La casa de Keith Richards, donde se grabó el disco, parecía el hotel de los líos: explosiones, “groupies” por todas las esquinas, “camellos”, ladrones, conocidos, amigos, amigos de los amigos y de los conocidos, descontrol, drogas como para “colocar” a todo el sur de Francia y visitas de la policía para tratar de que aquello no se les fuera de las manos. El estudio de grabación fue el sótano de la casa, que estaba conectado a una unidad móvil exterior desde donde se intentaba rescatar el pésimo sonido que salía de aquel lugar lleno de humedad y sin electricidad suficiente como para trabajar con normalidad, de hecho, desviaron de manera ilegal fluido eléctrico procedente del cableado ferroviario con el fin de hacer frente a estas necesidades. En fin, que aquello era un caos en el que parecía sentirse muy a gusto el incontrolable y anárquico Keith Richards, pero que ponía de los nervios a otros integrantes del grupo, como Mick Jagger que, en aquella época ya frecuentaba los usos y costumbres de la jet set, y su voz sufría mucho con el calor y la humedad de aquel infame sótano. A pesar de todo, tal vez porque una parte importante del trabajo se hizo en Los Ángeles (EE.UU.), donde se produjo el disco, consiguieron hacer un trabajo excelente, con un sonido muy americano y canciones que se sitúan entre el R&R, el R&B, el country, el folk-rock, el boogie y el blues. Mi canción preferida de este disco es “Sweet Virginia”, compuesta por Jagger y Richards, un tema entre folk-rock y country que cuenta con un bonito solo de armónica tocado por Mick Jagger y otro de saxo a cargo de Bobby Keys. Os dejo también algunas versiones, en concreto las debidas a Ronnie Lane (Small Faces), Phish, Jerry Lee Lewis & Keith Richards y Tedeschi Tracks Band, la banda de Susan Tedeschi. Por si alguien se anima con la guitarra, aquí podéis ver un tutorial en el que enseñan a tocarla.

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The Doors. “The End”

El primer álbum de estudio grabado por The Doors está considerado como uno de los mejores discos debut de una banda de rock (aquí lo podéis escuchar); ya hemos hablado de él en dos entradas anteriores, las dedicadas a los temas “Break on Through (To The Other Side)” y “Light My Fire”, y hoy volvemos con “The End”, el último corte de este disco, una de las canciones que mejor representa el ideario de los Doors: uso de la tragedia griega y del lenguaje metafórico como elementos para un discurso existencialista, marcado por la psicodelia, la teatralidad y la poesía. También es una de las primeras canciones que tocaban en directo en los bares y clubs nocturnos en los que actuaban, cuando aún no habían publicado ningún álbum, y la siguieron tocando hasta la muerte de Jim Morrison, como si fuera un reflejo de la evolución anímica de la banda, durante los años en que se mantuvieron en activo, y también de la degradación física y mental de sus componentes, en especial la de su carismático líder. “The End”, que fue incluida en la banda sonora de la película “Apocalypse Now” (1979), comenzó siendo una canción de duración convencional, con una letra de Jim Morrison en torno a la ruptura sentimental con su novia, Mary Werbelow; meses después había evolucionado, se había hecho más larga, más épica, divagante y simbólica, con alusiones al drama griego del Edipo y un empleo del lenguaje incestuoso que asustó al dueño del bar Whisky a GoGo, donde habitualmente actuaban. Tras ser despedidos de este local, fueron fichados por la discográfica Elektra Records, cuyo dueño les vio tocar en el mencionado bar. No debió ser nada fácil la grabación de este primer álbum de los Doors, sobre todo por la actitud de Jim Morrison, que solía llegar en muy malas condiciones a las sesiones de grabación debido a su habitual consumo de drogas y alcohol. Apenas se grabaron dos tomas de “The End”, en directo y sin instrumentos o partes dobladas; la incluida finalmente en el disco fue la segunda, que grabaron con las luces del estudio apagadas y una única vela encendida. Sobre esta canción, y su posible significado, han opinado algunos de los miembros de la banda; Jim Morrison dijo que, cada vez que cantaba la canción, significaba algo diferente para él:

“comenzó como una simple despedida, probablemente sólo para una niña, pero también podría ser un adiós a una especie de infancia. Realmente no lo sé. Creo que es lo suficientemente complejo y universal en sus imágenes que podría ser cualquier cosa que quieras que sea”.

El batería John Densmore también tenía su propio punto de vista:

“En un momento Jim estaba llorando, y gritó en el estudio, ‘¿Alguien me entiende?’ Y le dije que sí, que yo lo hago, y en ese mismo momento entramos en una larga discusión, Jim seguía diciendo… matar al padre, se reduce a esto, matar a todas esas cosas en ti mismo, que te han inculcado, que no son tuyas, son conceptos ajenos que no vienen de ti mismo y deben morir. Joder a la madre es muy básico, y significa volver a la esencia, a lo que es la realidad, no la interpretación de los hechos. Así que lo que Jim dice al final de la canción, es que hay que matar a los conceptos ajenos, volver a la realidad, al comienzo de los conceptos propios no los inculcados”.

La parte más polémica de la canción es la recitada, cuando Jim Morrison dice (minuto 7:31): “Padre. Si, hijo. Quiero matarte. Madre …”, y Morrison balbucea algo ininteligible que, en algunas interpretaciones en directo (en ésta, por ejemplo -minuto 8:02-), queda perfectamente explicitado; el teclista Ray Manzarek dijo que, por supuesto, Jim Morrison teatralizaba un drama griego, no hablaba de matar a su padre y de poseer a su madre, todo era teatro.

Mañana comenzamos un nuevo año, os propongo recibirlo con el marcador a cero, sobre todo si 2019 ha sido duro con vosotros. Si para ello necesitáis purgar vuestros recuerdos, escuchad en soledad esta catártica melodía: “This is The End …” ¡Mis mejores deseos para 2020!

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Leonard Cohen / John Cale / Jeff Buckley. “Hallelujah”

Entre el sexto y el séptimo álbum de estudio de Leonard Cohen pasaron cinco años. “Various Positions” se publicó en 1984, en una época de incertidumbre en cuanto al estilo del canadiense, sobre todo por parte de la discográfica Columbia, que no sabía muy bien cómo encajar a este autor en plena eclosión del pop y la new wave. Este Lp tiene dos de las canciones más conocidas de Cohen: “Dance me to the End of Love”, de la que nos ocupamos en una entrada anterior, y “Hallelujah”, protagonista de ésta. El proceso creativo de este clásico fue difícil, incluso angustioso para Leonard Cohen, que tardó varios años en componerlo; llegó a escribir hasta ochenta versos, la mayor parte de ellos finalmente desechados:

“Me encontraba en la habitación de mi hotel en Nueva York, en ropa interior, y golpeaba mi cabeza en el piso diciendo: ¡No puedo terminar esta canción!” (Leonard Cohen, consultado en El Trastero de Palacio).

Es difícil precisar lo que Cohen nos quiere transmitir en este poema musicalizado: amor, dolor, amargura y la propia existencia del hombre vista a través de la tradición judeocristiana y su simbología; a Cohen le preocupaba que “Hallelujah” se convirtiera en un himno cristiano, de ahí su esfuerzo para que esta gran metáfora pareciera algo así como una versión secular de la Biblia. A pesar de todo, algunas de las adaptaciones que se hicieron después cambiaron parcialmente la letra con el fin de descargar la canción de trascendencia metafísica o, simplemente, para adecuarla como himno religioso. La primera versión que se hizo fue la de John Cale, antiguo integrante de la mítica banda The Velvet Underground; lo hizo para un álbum homenaje a Leonard Cohen (“I’m Your Fan”, 1991), realizado para la revista francesa Les Inrockptibles; en total fueron dieciocho canciones, interpretadas por artistas como Pixies, Lloyd Cole, Nick Cave o el mencionado John Cale, precisamente el encargado de cerrar el álbum con “Hallelujah”. Esta interpretación es la que utilizó Jeff Buckley como punto de partida, él transformó la canción, la hizo más íntima y más melancólica; es una versión bellísima, diferente del original y, a la vez, respetuosa con él, que a menudo se pone de ejemplo de lo que debe ser una buena versión. Desde los primeros acordes de guitarra ya sabes que estás ante algo grande, cuando empieza a cantar Jeff la emoción no te abandona hasta el final de la canción. Su “Hallelujah” fue publicada en el único álbum de estudio que grabó: “Grace” (1994), un excelente trabajo que acabó convirtiéndose en disco de culto tras su temprana muerte, a los treinta años, apenas tres después de que “Grace” viera la luz. Debe haber más de trescientas versiones, sin embargo hoy no quiero restar protagonismo a las tres primeras, ni tampoco quiero dar pie a posibles comparaciones que, desde mi punto de vista, sólo pueden conducir a un mismo ganador.

¡Feliz Navidad! para todos, para los que sois creyentes, para los que no lo sois y para los que queréis creer y no podéis. Nos vemos el próximo martes con la última entrada del año. Besos y abrazos.