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The Doors / José Feliciano / I. Gillan, R. Wakeman & S. Howe. “Light My Fire”

Hace algunas semanas vi un interesante vídeo en facebook en el que Ray Manzarek, teclista de los Doors, explicaba cómo se creo este grupo, así como otros aspectos relacionados con la banda; os dejo algunas de sus frases: “(…) una vez en California un amigo me dijo: ¿sabes que sería genial? matricularse en la Escuela de Filmación (…) Y uno de los muchachos que estaba ahí en la carrera en la UCLA era (…) Jim Morrison (…) Un día conversábamos [y me dijo]: he estado escribiendo canciones (…) Y me canta “Moonlight Drive” (…), no había escuchado unas letras tan profundas y esa voz tan oscura (…) y le dije (…) estas canciones son geniales, podríamos montar una banda de rock & roll. A lo que me responde: te digo la verdad, Ray, es exactamente lo que tengo en mente”. Tras incorporar a John Desmore (batería) y a Robby Krieger (guitarra), The Doors comenzó su andadura con un álbum homónimo publicado en 1967, del que extrajeron dos singles: “Break on Through” y “Light My Fire”; así nos cuenta Ray Manzarek cómo compusieron este último tema: “Robbie Krieger llegó con su primera canción, “Light My Fire” (…) Densmore dice: no, no, no, no la hagamos folk, démosle algo de jazz y un ritmo latino (…) Morrison agregó el segundo verso (…) por supuesto, otra acotación sobre la muerte, y yo inventé la introducción”. La canción nos habla de una pareja tratando de alcanzar la euforia por medio de las drogas; algunas de sus líneas trataron de ser suavizadas en ciertos programas de televisión, como el muy popular de Ed Sullivan, quien les solicitó cambiar la frase “Girl, we couldn’t get much higher” (“nena, no podríamos habernos colocado más”) por otra más inofensiva: “girl, we couldn’t get much better” (“nena, no podríamos haberlo hecho mejor”); Jim Morrison hizo caso omiso y cantó el tema con la frase original, para desesperación de Ed Sullivan quien, al parecer, ni siquiera se despidió de ellos, además de vetar su presencia para futuros programas. En 1968, José Feliciano publicaba su exitosa versión, que serviría como referencia para la mayor parte de las interpretaciones que se hicieron después. De hecho, existen más versiones al modo Feliciano que al modo Doors; son adaptaciones melódicas u orientadas hacia estilos como el soul, el funk o la música brasileña, por ejemplo las de Shirley Bassey, Al Green, Stevie Wonder, Erma Franklin, Etta James, UB40, Astrud Gilberto, Tahta Menezes, Julie London, Nancy Sinatra o Will Young. Las versiones psicodélicas son menos abundantes: The Guess Who, Julie Driscoll, Brien Auger & The Trinity (no os la perdáis) y la tercera destacada de hoy, a cargo de tres grandes músicos: Ian Gillan, Rick Wakeman y Steve Howe, grabada en el álbum homenaje “Light My Fire: A Classic Rock Salute to the Doors” (2014). Hay muchas versiones de este tema, algunas verdaderamente singulares, como la de la London Symphony Orchestra o la de Amorphis, grupo de metal finlandés.

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David Bowie. “Heroes”

¿Quién no ha soñado alguna vez con la posibilidad de ser un héroe, aunque sólo fuera por un día? ¿Quién no ha sentido la necesidad de aparcar miedos, complejos y convencionalismos sociales, mandarlo todo a mejor vida, aunque fuera sólo por un día? Que levante la mano el que se haya comportado como un valiente durante toda su vida. Si hay algún héroe entre vosotros la letra de esta canción os va a parecer una tontería, en ese caso siempre os podéis quedar con la música que es también excelente. Al resto de mortales que leáis este blog os aconsejo que os dejéis seducir por este esperanzador himno al amor y la valentía, al igual que han hecho miles de personas desde que este tema fuera lanzado al mercado en 1977. En aquel año, David Bowie vivía en Berlín, ciudad a la que había llegado procedente de Suiza con el ánimo de desintoxicarse o, cuando menos, reducir su consumo de cocaína; pero también con el propósito de buscar nuevos proyectos vitales, artísticos y profesionales con los que satisfacer su ansia creadora; así, tras sus etapas de formación jazzística, el R&R, la psicodelia, el glam rock o el funk, tocaba marcarse unos nuevos objetivos. Lo conseguiría gracias a su gran talento y al apoyo de músicos como Brian Eno o Iggy Pop, quienes le ayudaron a iniciar en Berlín un nuevo proyecto, más intelectual, basado en el rock experimental, la instrumentación electrónica y algo que algunos especialistas han venido en denominar art rock. Esta colaboración berlinesa con Brian Eno fructificó en tres álbumes de estudio: “Low” (1977), “Heroes” (1977) y “Lodger” (1979). En “Heroes” participaron músicos como el ya mencionado Brian Eno, Carlos Alomar o el mismísmo Robert Fripp, líder de King Crimson, que contribuyó como guitarrista en la grabación de este interesante disco. La tercera canción de la cara A se titula igual que el Lp; la letra está escrita por Bowie, mientras que en la música también intervino Eno. Durante mucho tiempo Bowie mantuvo que la historia de esta canción estaba basada en una pareja de enamorados que se besaban junto al muro de Berlín, probablemente un amor imposible a merced de cualquier acto heroico que pudiera reivindicarlo. Sin embargo, bastantes años después, Bowie confesaría que la inspiración para escribir la canción no procedió de aquella pareja sino de su propio productor musical, Tony Visconti, protagonista de un encendido romance con la alemana Antonia Maass cuando Tony seguía casado con la cantante galesa Mary Hopkin. Hace poco tuve la oportunidad de ver la interesante película “Las ventajas de ser un marginado“, en la que esta canción desempeña un rol principal; y una serie, “Vinyl“, con un capítulo en recuerdo de David Bowie (aquí podéis ver un fragmento), artista fallecido en enero de 2016.

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Santi Picó. “Lago de Cristal” / “Oasis” / “Moonflower”


En la entrada dedicada al “Tema del Müll”, del grupo Pegasus, mostraba mi admiración por los músicos catalanes que, durante los años setenta, conformaron el llamado rock laietano y que, en los ochenta, cultivaron un jazz-rock mediterráneo de una gran calidad; entonces mencionaba a Max Sunyer, Josep Mas “Kitflus”, Rafael Escoté o Santi Arisa, músicos imprescindibles para poder entender la historia reciente de la música hecha en España. Hoy quiero hablaros del guitarrista Santi Picó, un barcelonés al que también podríamos incluir dentro de este selecto grupo, de hecho las colaboraciones entre todos ellos han sido siempre muy habituales. Tal vez alguno lo conozcáis gracias a su paso, durante los ochenta, por el grupo de música electrónica Neuronium; por ser uno de los miembros fundadores del proyecto “Guitarras Mestizas”, en el que también participaron Max Sunyer, David Palau, Joan Vinyals y José Gómez “Chicuelo”; por su trabajo como músico para anuncios publicitarios de televisión, por ser telonero de Marillion en alguna ocasión; por su Santi Picó Blues Band o, tal vez, por su relativamente reciente “Loop Project”, junto con el músico Adrià Grandia. Sin embargo no hay mucha gente que sepa de él por sus cuatro discos en solitario: “La Llave de Plata” (1979), “Oasis” (1980), “Mágica Medianoche” (1984) y “Miskatonic II” (1992). Éste último es el más electrónico de todos, un poco en la órbita de Neuronium, aunque en su trabajo anterior también se pueden apreciar estas influencias. Mis preferidos son los dos primeros, con temas tranquilos, ese tipo de música que transmite paz y sosiego y que, por momentos, recuerda al estilo de Al Di Meola o de Carlos Santana. No resulta muy fácil seguir a este artista a través de youtube, por lo que os sugiero que lo hagáis a través de spotify (aquí tenéis el enlace a su obra en este canal de música). Mientras tanto, por si queréis ver si realmente merece la pena, os voy a proponer algunos temas; los dos primeros, “Lago de Cristal” y “Oasis”, pertenecen a su segundo Lp (“Oasis”), que contó con la colaboración de Evarist Ballús (batería), Josep Mas “Kitflus” (teclados), Ricardo Hochberger (percusiones) y Rafael Escoté (bajo). El tercer tema destacado es una versión del conocido “Moonflower” de Santana, incluido en el primer álbum del proyecto “Guitarras Mestizas”. Por último, aquí os dejo una interpretación de “Tubular Bells”, en el ámbito del mencionado “Loop Project”, que intuyo no os va a dejar indiferentes, ya sea para bien o para mal.

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Porcupine Tree. “I Drive the Hearse”

Steven Wilson es uno de los músicos más creativos y brillantes que aún conserva el rock. De formación autodidacta, es productor e ingeniero de sonido, compositor, cantante y toca varios instrumentos, entre ellos la guitarra y los teclados. Ha colaborado con bandas como King Crimson, Marillion, Opeth o Yes, por mencionar sólo algunas, y es el creador y líder de la formación británica Porcupine Tree, creada en 1987 por Steven Wilson y Malcolm Stocks casi como si fuera un juego en homenaje a las grandes bandas de los setenta; llegaron a crear una biografía ficticia del grupo, con nombres de músicos y de discos publicados, incluso hacían creer que se conocieron en un festival de rock durante los años setenta y que algunos habían pasado por la cárcel. Grabaron algunos temas en un estudio propio montado por Wilson y, lo que empezó como una broma, acabó consolidando en un grupo al que empezaron a apoyar las compañías discográficas, con actuaciones en directo que obligaron a montar una verdadera banda. Editaron su primer trabajo en 1991 (“On the Sunday of Life”) y , desde entonces, han publicado una decena de álbumes, el último (“The Incident“) en el año 2009, precisamente el trabajo del que nos ocupamos en esta entrada. Porcupine Tree es habitualmente englobado en la categoría de rock progresivo, sobre todo en sus comienzos, luego irían incorporando otros estilos, como el metal progresivo, la música industrial y otros sonidos claramente experimentales, de tal forma que resultan difíciles de etiquetar puesto que aúnan lo clásico y lo vanguardista, la complejidad y la sencillez, los tonos suaves y rugosos al mismo tiempo, a menudo en el mismo disco, incluso en la misma canción. El propio Wilson casi siempre ha tratado de huir de la etiqueta de rock progresivo, y suele dar mucha importancia al trabajo de producción como algo fundamental para conseguir las texturas y los sonidos característicos de Porcupine Tree. “The Incident” es un álbum doble, en el que el primer disco está ocupado por una sola canción de cincuenta y cinco minutos que, a su vez, está dividida en catorce movimientos; estas piezas narran los eufemísticamente denominados “incidentes” por las autoridades locales o gubernamentales que, en realidad, esconden historias trágicas o conflictos de carácter social, a menudo tratados con frialdad por quienes nos gobiernan. Con este planteamiento Wilson nos hace viajar por un sendero casi surrealista, alocado, construido sobre un sonido pulcro, envolvente e intimista, que transmite melancolía y desasosiego gracias a una brillante composición donde se alternan fases melódicas y acústicas con sonidos industriales y elementos procedentes del metal progresivo. Sé que soy un pesado, pero esta obra debe escucharse en su totalidad para poder apreciar su brillantez y originalidad, y para poder comprender que el movimiento número catorce, “I Drive the Hearse” (ésta es la versión de estudio), no es más que el epílogo de esta historia, el final de un complicado viaje, un merecido descanso.

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Patti Smith. “Frederick”

Es reconfortante encontrarse con artistas que enriquecen y trascienden un género como el punk, socialmente muy combativo pero no excesivamente comprometido con posicionamientos culturales e intelectuales, al menos convencionales. Este estilo ha contado entre sus filas con presencias francamente interesantes, como la de la estadounidense Patti Smith, música y poeta a partes iguales, una rockera carismática, inconformista, creativa y feminista. Hija de una cantante de jazz y de un trabajador de la multinacional Honeywell, se crió en un ambiente muy religioso, como testigo de Jehová, algo con lo que nunca estuvo muy conforme; valga como ejemplo la conocida estrofa que añadió al tema “Gloria“, de Van Morrison: “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no los míos”. Conoció la poesía francesa y la obra de los cantautores de aquella época, como Bob Dylan, quien le ayudaría a concebir su primer disco: “Horses” (1975). Antes había colaborado con el que fuera su pareja y miembro de Blue Öyster Cult, Allen Lanier, y con el guitarrista Lenny Kaye, quien acabaría formando parte de la banda Patti Smith Group, creada hacia 1974. En 1976 salió al mercado su segundo álbum (“Radio Ethiopia”) y dos años más tarde, tras recuperarse de varias fracturas al caerse en plena promoción de “Radio Ethiopia”, lo hizo “Easter” (1978), con la conocidísima “Because the Night“, compuesta conjuntamente por Patti Smith y Bruce Springsteen. Ya sé que, tanto “Horses” como “Easter”, son sus álbumes más conocidos y valorados, sin embargo a mí también me gusta bastante su cuarto de trabajo de estudio, “Wave” (1979), un disco con un sonido ya alejado del punk que contó con Todd Rundgren como productor, de quien recientemente se ha ocupado el compañero Irotula a través de varias entradas, muy recomendables, publicadas en su web “Algo de Jazz, Blues, Rock …” “Wave” (aquí lo podéis escuchar) cuenta con una versión de los Byrds (“So You Want to be“) y temas originales compuestos por Patti, como “Revenge“, “Citizen Ship“, “Broken Flog” o los dos más conocidos: “Dancing Barefoot” y “Frederick”, éste último (creo que el anterior también) dedicado a Fred “Sonic” Smith, guitarrista de la banda de rock MC5, con quien acabaría casándose y formando una familia. Durante gran parte de los años ochenta y noventa estuvo prácticamente retirada de la música; en 1994 falleció Fred y, poco después, también perdería a su hermano y al teclista de su banda, Richard Sohl. En 1996 volvió de nuevo con su grupo y aún continúa en activo, incluso la pudimos ver hace poco en la ceremonia de entrega de los premios Nobel, donde acudió en representación de Bob Dylan.