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Patti Smith. “Frederick”

Es reconfortante encontrarse con artistas que enriquecen y trascienden un género como el punk, socialmente muy combativo pero no excesivamente comprometido con posicionamientos culturales e intelectuales, al menos convencionales. Este estilo ha contado entre sus filas con presencias francamente interesantes, como la de la estadounidense Patti Smith, música y poeta a partes iguales, una rockera carismática, inconformista, creativa y feminista. Hija de una cantante de jazz y de un trabajador de la multinacional Honeywell, se crió en un ambiente muy religioso, como testigo de Jehová, algo con lo que nunca estuvo muy conforme; valga como ejemplo la conocida estrofa que añadió al tema “Gloria“, de Van Morrison: “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no los míos”. Conoció la poesía francesa y la obra de los cantautores de aquella época, como Bob Dylan, quien le ayudaría a concebir su primer disco: “Horses” (1975). Antes había colaborado con el que fuera su pareja y miembro de Blue Öyster Cult, Allen Lanier, y con el guitarrista Lenny Kaye, quien acabaría formando parte de la banda Patti Smith Group, creada hacia 1974. En 1976 salió al mercado su segundo álbum (“Radio Ethiopia”) y dos años más tarde, tras recuperarse de varias fracturas al caerse en plena promoción de “Radio Ethiopia”, lo hizo “Easter” (1978), con la conocidísima “Because the Night“, compuesta conjuntamente por Patti Smith y Bruce Springsteen. Ya sé que, tanto “Horses” como “Easter”, son sus álbumes más conocidos y valorados, sin embargo a mí también me gusta bastante su cuarto de trabajo de estudio, “Wave” (1979), un disco con un sonido ya alejado del punk que contó con Todd Rundgren como productor, de quien recientemente se ha ocupado el compañero Irotula a través de varias entradas, muy recomendables, publicadas en su web “Algo de Jazz, Blues, Rock …” “Wave” (aquí lo podéis escuchar) cuenta con una versión de los Byrds (“So You Want to be“) y temas originales compuestos por Patti, como “Revenge“, “Citizen Ship“, “Broken Flog” o los dos más conocidos: “Dancing Barefoot” y “Frederick”, éste último (creo que el anterior también) dedicado a Fred “Sonic” Smith, guitarrista de la banda de rock MC5, con quien acabaría casándose y formando una familia. Durante gran parte de los años ochenta y noventa estuvo prácticamente retirada de la música; en 1994 falleció Fred y, poco después, también perdería a su hermano y al teclista de su banda, Richard Sohl. En 1996 volvió de nuevo con su grupo y aún continúa en activo, incluso la pudimos ver hace poco en la ceremonia de entrega de los premios Nobel, donde acudió en representación de Bob Dylan.

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Bill Haley & his Comets / Dr. Feelgood / Little Feat. “See You Later Alligator”

Robert Charles Guidry, de nombre artístico Bobby Charles, fue un músico nacido en 1938, en Abbeville (Lousiana, EE.UU.), al que el periodista Alfonso Cardenal ha calificado como de “niño prodigio que vivió en la sombra”; según puede leerse en un artículo suyo publicado en cadenaser.com, “siendo un niño, Bobby Charles descolgó el teléfono y llamó a Chicago, a las oficinas de Chess Records, el sello en el que grababan Muddy Waters o Chuck Berry; les cantó una canción y le invitaron a ir a la ciudad. Cuando llegó a las oficinas de Chess los dueños no entendían qué estaba pasando. Aquel tipo que les había cantado por teléfono tenía 13 años y era blanco. La canción que el joven Charles les había tatareado era ‘See you later, alligator’, un tema que él mismo había compuesto y que a finales de los años cincuenta se convirtió en un gran éxito en la voz de Bill Haley”. La primera versión que se grabó fue la del propio Bobby Charles, quien durante un tiempo engrosó la nómina de artistas de la Chess, todos negros menos él. También colaboró con artistas como Fats Domino o The Band; incluso cantó en aquel mítico homenaje inmortalizado por Martin Scorsese en la película “The Last Waltz”, aunque su actuación finalmente nunca llegara a aparecer al ser eliminada en el montaje final. Después de Bobby Charles, “See You Later Alligator” fue grabado por Roy Hall, aunque la versión más famosa y de mayor resonancia fue la de Bill Haley & his Comets, una de las formaciones pioneras del rock & roll. Se dieron a conocer con temas como “Crazy Man, Crazy” (1953), “Rock Around the Clock” (1954), “Shake, Rattle and Roll” (1954) o la mencionada “See You Later Alligator”, una versión bastante más rápida que el original de Bobby Charles, muy rocanrolera y que comenzaba con una voz de niño, impostada, que en realidad se debía al guitarrista de la banda, Franny Beecher. Tras la de Bill Haley, se hicieron otras versiones, como las de Wayne Gibson & Dynamic Sound (con Jimmi Page a la guitarra), Freddie & the Dreamers y, curiosamente, muchas en español o por grupos de ámbito hispano, como Los Llopis, Los Hobbies, Los Shakers, Los Misteriosos o, incluso, el grupo infantil Parchis. El segundo vídeo destacado pertenece a los británicos Dr. Feelgood, quienes la grabaron en 1986. Por último, os propongo a un grupo muy interesante, en la órbita del rock sureño y el blues-rock, Little Feat; esta versión formó parte de su álbum “Join the Band” (2008) y cuenta con la participación de dos voces solistas, una masculina y otra femenina.

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Emerson, Lake & Palmer. “Lucky Man”

En octubre de 1969 King Crimson editaba “In the Court of the Crimson King“, uno de los primeros trabajos de rock progresivo, una obra de referencia para todos los que quieran aproximarse a este estilo. El cantante y bajista de aquella formación era un amigo de Robert Fripp: Greg Lake, fallecido el pasado 7 de diciembre a los sesenta y nueve años, víctima de un cáncer. Apenas unos días después de publicar este disco, King Crimson ofrecía un concierto en el Filmore West de San Francisco, donde compartió escenario con The Nice, la banda liderada por el virtuoso de los teclados Keith Emerson. Al parecer, la conexión entre Emerson y Lake fue instantánea; el primero pensaba que su aventura en The Nice había llegado a su fin y el segundo ya empezaba a ver cómo King Crimson se desintegraba, entre otras razones, por el liderazgo dictatorial de Robert Fripp. Aún grabó con éste último el segundo disco del Rey Carmesí (“In the Wake of Poseidon”, 1970), pero pronto abandonaría la banda para crear otra de las formaciones históricas del rock sinfónico: Emerson, Lake & Palmer (de la que ya hemos dado cuenta en esta entrada y en esta otra), donde Lake se haría cargo del bajo, de las labores vocales y de la guitarra, instrumento que en King Crimson era tocado por el jefe Fripp. En noviembre de 1970 publicaban su primer trabajo, “Emerson, Lake & Palmer“, un Lp en cuya cara A se incluyeron tres temas arreglados por el trío a partir de sendas obras de Béla Bartók (“The Barbarian“), Johann Sebastian Bach (“Take a Pebble“) y Leoš Janáček / J.S. Bach (“Knife Edge“); la cara B estaba ocupada por un tema en tres movimientos de Keith Emerson (“The Three Fates“), otro de Emerson y Palmer (“Tank“) y el último compuesto por Greg Lake (“Lucky Man”). Esta última canción, una de las más famosas de ELP y la que más éxito tuvo cuando fue lanzado el disco, llegó al álbum de casualidad, cuando se dieron cuenta que necesitaban un tema de relleno para esa cara B, que apenas duraba catorce minutos. En aquellos momentos de duda, Greg Lake habló a sus compañeros de una canción que había escrito cuando tenía doce años, con la que quiso expresar su malestar por las guerras utilizando la ironía de quien se siente feliz por todo lo que tiene en la vida y muere en plena batalla, sin posibilidad alguna de revertir este fatal desenlace, ni siquiera con dinero. Decidieron grabarlo con el tono acústico original pero introdujeron unos excelentes arreglos de batería y sintetizador, incluso dejaron una parte de guitarra eléctrica para ser interpretada por Greg Lake. Desde mi punto de vista, una melodía ideal para todos aquellos que quieran acercarse al rock progresivo y, de algún modo, se sientan intimidados por este género.

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Greg Lake (1947-2016)

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Avalanch. “Torquemada”

A pesar de ser un género que no conozco bien, hace algo más de un año manifestaba mi interés por el power metal, uno de los subestilos surgidos a partir del heavy metal que, durante los noventa, gozó de una gran popularidad. Entonces dedicaba la entrada al tema “Black Diamond“, de los finlandeses Stratovarius, a la vez que trataba de tipificar las principales señas de identidad de este género, al menos aquellos elementos que a mí me parecen más atractivos: velocidad de ejecución, gusto por el tono épico y melódico, voces poderosas y agudas, virtuosismo y riqueza instrumental, y uso de elementos procedentes del rock progresivo y de la música clásica. Uno de los grupos españoles que mejor se ajusta a estos parámetros -al menos de los que conozco- es Avalanch, banda asturiana creada en 1993 en torno a Alberto Rionda, guitarra solista, compositor y productor musical de esta formación que, en su primera etapa, contó con Fran Fidalgo (bajo), Alberto Ardines (batería), Roberto García (guitarra) y Juan Lozano (voz), posteriormente sustituido por Víctor García. El primer álbum de estudio se tituló “La Llama Eterna” (1997) y el siguiente “Llanto de un héroe” (1999), ya con Víctor García en la parte vocal; se trata de uno de los trabajos importantes del power metal hispano, con letras que se adentran en personajes históricos y de leyenda españoles, como Don Pelayo, el Cid Campeador, el pirata Cambaral o el inquisidor Torquemada, nuestro protagonista de hoy. Tal y como nos cuenta el compañero Francisco Javier Tostado en su excelente blog, Tomás de Torquemada fue nieto de judíos conversos, fraile dominico y era el prior del Convento de Santa Cruz cuando conoció a la reina Isabel “La Católica”; ella le nombró confesor personal y, posteriormente, máximo responsable de la Inquisición Española, institución creada por los RR.CC. en 1478 aunque ya existía en Europa otro organismo inquisitorial anterior, instaurado durante el siglo XII en el sur de Francia. La opinión de Torquemada fue clave para que los RR.CC. acabaran decretando la expulsión de los judíos no conversos y, mientras él estuvo al frente de la Inquisición, se ejecutaron en la hoguera a cientos de personas, probablemente miles, utilizando para ello horribles y crueles interrogatorios envueltos en todo tipo de torturas y coacciones. “Torquemada” es uno de los grandes temas de Avalanch, casi un himno para sus seguidores, con una letra bien explícita que podéis leer en el vídeo elegido para hoy.

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Steve Howe & Jon Anderson. “Sad Eyed Lady of the Lowlands”

Mañana va a ser un día importante para la Música, por primera vez en la historia el premio Nobel de Literatura va a ser entregado a un cantautor, Bob Dylan, aunque parece que finalmente no irá a recogerlo (sus razones tendrá). La decisión de la Academia no ha podido ser más polémica; se han vertido ríos de tinta para tratar de justificar lo inadecuado de este galardón, en manos de alguien que no se gana la vida como literato sino como cantante y escritor de canciones. El argumento más recurrente tiene que ver con la propia concepción de su obra que, efectivamente, no está pensada para la lectura sino para la escucha en forma de canción; entiendo que los defensores de esta posición también hubiesen estado en contra de que Shakespeare o Molière recibieran tal distinción si hubiera existido en su época, al fin y al cabo buena parte de sus obras estaban escritas con la finalidad de ser representadas en público. Entiendo a quienes critican esta decisión desde el conocimiento literario y porque, además, han escuchado las canciones de Dylan, se han esforzado en comprender y, en el mejor de los casos, se han dejado acariciar por sus poemas; pero, sinceramente, no comparto esas críticas que vienen de personas que, en su vida, se han parado a escuchar una canción de Dylan y, lo que es peor, tal vez nunca hayan tenido el placer de leer un libro. Como me imagino que hoy me estaré ganando una buena cantidad de collejas por mis opiniones, ahora voy a cosechar algunas más, esta vez por parte de los fans de Dylan; creo que el estadounidense es único escribiendo canciones pero no soy un gran enamorado de su voz, ni de su manera de interpretar; siempre he preferido las versiones que otros han hecho de sus temas y, de hecho, en este blog ya han aparecido algunas. Así que, para homenajear a Bob Dylan por este premio Nobel he querido seleccionar uno de los trabajos donde, desde mi punto de vista, mejor se condensa el espíritu poético de este autor, pero interpretado por dos de mis ídolos de juventud: los ex-Yes Steve Howe y Jon Anderson. La canción en cuestión es “Sad Eyed Lady of the Lowlands“, un tema de casi doce minutos que escribió probablemente pensando en su mujer Sara, con quien se había casado unos meses antes, poniendo fin a su romance con Joan Baez; ocupaba toda la cara D del disco doble “Blonde on Blonde” (1966), uno de sus mejores álbumes, en el que intervinieron músicos tan destacados como Al Kooper, Joe South o los miembros de The Band. La versión que os propongo fue incluida en un álbum de Stewe Howe homenaje a Dylan (“Portraits of Bob Dylan”, 1999), y para este tema contó con su ex-compañero Jon Anderson. La primera vez que la escuché me cautivó, la segunda me emocionó, con la tercera se me escapó alguna lágrima.

With your mercury mouth
in the missionary times,
And your eyes like smoke
and your prayers like rhymes,
And your silver cross,
and your voice like chimes,
Oh, who among them do they think
could bury you?
With your pockets well protected at last,
And your streetcar visions
which you place on the grass,
And your flesh like silk,
and your face like glass,
Who among them do they think could carry you?
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet
says that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
With your sheets like metal
and your belt like lace,
And your deck of cards missing the jack
and the ace,
And your basement clothes
and your hollow face,
Who among them can think
he could outguess you?
With your silhouette when the sunlight dims
Into your eyes where the moonlight swims,
And your match-book songs
and your gypsy hymns,
Who among them would try to impress you?
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet says
that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
The kings of Tyrus with their convict list
Are waiting in line
for their geranium kiss,
And you wouldn’t know it
would happen like this,
But who among them really wants
just to kiss you?
With your childhood flames
on your midnight rug,
And your Spanish manners
and your mother’s drugs,
And your cowboy mouth
and your curfew plugs,
Who among them do you think
could resist you?
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet says
that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
Oh, the farmers and the businessmen,
they all did decide
To show you the dead angels
that they used to hide.
But why did they pick you to sympathize
with their side?
Oh, how could they ever mistake you?
They wished you’d accepted the blame
for the farm,
But with the sea at your feet
and the phony false alarm,
And with the child of a hoodlum wrapped up
in your arms,
How could they ever,
ever persuade you?
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet says
that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
With your sheet-metal memory
of Cannery Row,
And your magazine-husband
who one day just had to go,
And your gentleness now,
which you just can’t help but show,
Who among them do you think
would employ you?
Now you stand with your thief,
you’re on his parole
With your holy medallion
which your fingertips fold,
And your saintlike face
and your ghostlike soul,
Oh, who among them do you think
could destroy you
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet says
that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
Con tu boca de mercurio
en tiempos de misioneros
y tus ojos como humo
y tus oraciones como poesías
y tu cruz de plata,
y tu voz como repiques
oh, ¿quién hace que ellos piensen
que podrían enterrarte?
Con tus bolsillos siempre bien protegidos
y tus visiones de tranvía
que colocas en la hierba
y tu carne como seda,
y tu cara como el cristal
¿quién podría conseguir llevarte?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería ponerlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Con tus sábanas como metal
y tu cinturón como un lazo
y tu baraja de cartas perdida la J
y el As
y tus ropas de sótano
y tu cara sin expresión
¿quién de ellos podría pensar
que podría vencerte?
Con tu silueta cuando la luz del sol a media luz
en tus ojos donde nada la luz de luna
y tus canciones de caja de cerillas
e himnos gitanos
¿quién entre ellos intentaría impresionarte?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería ponerlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Los reyes de Tiro con sus listas de presidiarios
están todos esperando en fila
sus besos de geranio
y tú no sabías que podría ocurrirte
algo como eso
¿pero quien de ellos realmente
quiere besarte a ti?
Con tus amores de infancia
en tu alfombra de medianoche
y tus ademanes hispanos
y tus drogas de madre
y tu boca vaquera
y tus enchufes de toque de queda
¿quien de ellos te hace pensar
que pudiera resistirte?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería abandonarlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Oh, los granjeros y los hombres de negocios
han decidido
mostrarte los ángeles de la muerte
que solían esconder
pero porqué ellos te escogieron
para simpatizar contigo
¿cómo podrían alguna vez equivocarte?
Querían que te responsabilizaras
de lo de la granja
pero con el mar a tus pies
y la alarma falsa
y con el niño de un matón
arropado en tus brazos
¿cómo podrían ellos alguna vez,
haberte convencido?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería abandonarlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Con tus recuerdos de planchas metálicas
de Cannery Row
y tu marido de revista
que un día tuvo que irse
y tu gentileza, que ahora no puedes
evitar mostrar
¿cual de ellos crees
que te emplearía?
Ahora estás junto a tu ladrón,
estás en su libertad condicional
con tu medallón sagrado
que la yemas de tus dedos doblaron
y tu cara de santa
y tu alma de fantasma
oh, ¿quién de ellos podría pensar siquiera
que pudiera destruirte?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería abandonarlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Fuente: http://www.goddylan.com