Las Cinco Canciones de Antonio Chico (III): “Tunnel of Love” (Dire Straits)

“Tunnel of Love” es uno de mejores temas de Dire Straits, lo cual no es poco. Mereció una entrada en este blog, allá por enero de 2018. Entonces tratábamos de poner en valor el álbum “Making Movies” (1980) y su conexión springsteniana; en cuanto al tema que nos ocupa, recordábamos esa inolvidable música de carrusel de la intro -escrita por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II-,  la letra en torno a un amor intenso pero efímero, vivido entre tiovivos, tragaperras, norias y luces de neón, y esa guitarra final, que se torna épica en la versión en directo recogida en el disco “Alchemy” (1984), de imprescindible escucha para cualquier aficionado a la música.

“Esta canción para mí define lo que es el placer de escuchar música, está llena de emotividad, drama y un despliegue maravilloso de maestría interpretativa por parte de los integrantes de la agrupación y en especial por el sentimentalismo que Mark Knopfler impregna tanto a su voz como a su inconfundible guitarra. Además, “Tunnel Of Love” tiene interesantes cambios a lo largo del tema que hacen que su relativamente larga duración se pase en unos instantes. Es una de esas canciones que degusto y disfruto con cada segundo que va pasando. Es una joya en medio de infinidad de propuestas excepcionalmente buenas que fueron lanzadas en ese año, incluyendo el resto del álbum “Making Movies”, que la contiene. No recuerdo el momento exacto cuando la conocí, pero no fue al ser lanzado el álbum, sino años más tarde, creo que alrededor del final de la década de 1980 a través de su álbum recopilatorio titulado “Money for Nothing”. Lo curioso es que, aunque me agradó desde el principio, no fue sino hasta años después que comenzó a verdaderamente cautivarme y conforme más la escuchaba, más me envolvía en su encanto hasta que se volvió en una canción realmente importante en mi vida y de esas que me alegra cada vez que empieza a sonar”.

Antonio Chico

Joan Baez / The Animals / The White Buffalo “The House of the Rising Sun”

Joan Baez grabó su primer álbum en el año 1960, se tituló “Joan Baez” y en él se incluyeron trece canciones populares arregladas e interpretadas por la cantante estadounidense; ya hemos hablado de este disco en una entrada anterior, dedicada al tema “Donna, Donna”, en la que también dábamos alguna pincelada en torno a su biografía más temprana. En este Lp podemos escuchar una de las versiones más conocidas de “The House of Rising Sun”, melodía de autoría y origen incierto, cuya primera grabación se remonta al año 1933, en el sello Vocalion, por Clarence “Tom” Ashley y Gwin Foster a partir de los recuerdos que tenía de esta canción el primero, transmitidos por su abuelo. La canción nos habla de una persona (puede ser hombre o mujer, en función de quien la interprete) que debió pasarlo mal en la ciudad de Nueva Orleans (Luisiana –EE.UU.-), no se sabe muy bien si debido al juego, al alcohol, a la prostitución o a una suma de todo; quizás en las interpretaciones masculinas son más abundantes las referencias al juego, mientras que en las femeninas lo es la prostitución. Tanto los historiadores como los antropólogos musicales han propuesto diferentes lugares en Nueva Orleans donde localizar esa casa del sol naciente; las más de las veces burdeles, aunque también  hay casas de juego, hoteles, cárceles o lugares donde a las prostitutas se las trataba la sífilis. Aquí podéis descubrir algunas de estas ubicaciones reales propuestas para esta “casa”, aunque a lo mejor se trataba de una metáfora y, en realidad, tal enclave nunca existió.

No son pocas las versiones que se han hecho de esta canción anteriores a la de Joan Baez; en los años treinta lo hicieron, además de Tom Ashley y Gwen Foster, Callahan Brothers, Georgia Turner o Roy Acuff; en la década de 1940 la grabaron artistas como The Almanac Singers, Woody Guthrie, Libby Golman, Josh White, Leadbelly o Esco Hankins; mientras que en los cincuenta fue versionada por músicos como Glenn Yarbrough, Pete Seeger, The Weavers o Miriam Makeba. Posteriores a la de Joan Baez son las de Nina Simone, Carlyne Hester, Bob Dylan, Odetta y, por supuesto, la del grupo The Animals, la versión más conocida y mejor valorada de cuantas se han hecho de esta canción. La banda de Eric Burdon grabó “The House of the Rising Sun” en 1964, en un single cuya cara B estaba ocupada por el tema de Ray Charles “Talkin’ ‘bout You”. Tal y como ha reconocido en alguna ocasión Eric Burdon, estaban buscando una canción que captara la atención del público, y vaya si lo consiguieron; solían interpretar esta melodía en una gira que hicieron junto a Chuck Berry, la dejaban para el final, con el fin de concluir su actuación con una canción diferente, en tono folk-rock, para que contrastara con el estilo declaradamente roquero con el que habitualmente acababa este tipo de conciertos. En esta inmortal versión hay tres elementos que llaman la atención: el luminoso órgano de Alan Price, la voz agresiva y profunda de Eric Burdon y el arpegio de guitarra (compuesto a partir de la secuencia de acordes que utilizó Bob Dylan en su versión), especialmente llamativo al comienzo de la canción, imitado una y mil veces por músicos profesionales y aficionados que dan sus primeros pasos con la guitarra.

Para la tercera versión destacada de hoy propongo a un artista actual, The White Buffalo (ya hablamos de él en un post anterior) acompañado de la banda The Forest Rangers (conocida gracias a la serie “Hijos de la Anarquía”). Casi todas las versiones posteriores a 1964 suelen tomar como punto de partida la de los Animals; os dejo algunas, en concreto las de Lone Star (en español), Frijid Pink, The Everly Brothers, Conway Twitty, Alan Price, Santa Esmeralda, Tracy Chapman, Sinead O’Connor, Jerry García, David Grisman & Tony Rice, Bon Jovi y Muse.

Ten Years After. “I’d Love to Change the World”

Ten Years After fue una de las bandas triunfadoras en el mítico Festival de Woodstock con una interpretación frenética e irrepetible de “I’m Going Home”, canción que ya tuvimos aquí en una vieja entrada publicada hace casi seis años. Tal y como nos cuenta José M. Doménech en su interesante libro La música del diablo. Historia del blues británico (Barcelona: Curbet, 2012; págs. 121-126), este grupo fue creado por el guitarrista Alvin Lee en la ciudad inglesa de Nottingham; empezó tocando en bandas locales y, con diecisiete años, a comienzos de la década de 1960, formó el trío Jaybirds junto con Leo Lyons (bajo) y Dave Quickmire (batería), quien acabaría abandonando la formación en 1965; poco tiempo después, cambiarían el nombre de Jaybirds por el de Ten Years After, a la vez que se comprometían con un estilo menos rocanrolero y más cercano al blues-rock. Su primer álbum, titulado igual que la banda, se publicó en 1967, después vendría el directo “Undead” (1968), “Sssh” (1969), “Cricklewood Green” (1970), “Watt” (1970) y “A Space in Time” (1971), el Lp que contiene nuestra canción de hoy: “I’d Love to Change the World”. Tras este trabajo publicaron tres más: “Rock & Roll Music to the World” (1972), “Recorded Live” (1973) y “Positive Vibrations” (1974); después se separaron, aunque se han vuelto a reunir en varias ocasiones para ofrecer conciertos y grabar álbum más.

Podríamos decir que “A Space in Time” es un álbum más suave que sus trabajos anteriores, muy próximos al hard rock; es un disco más acústico y más hippie, como puede comprobarse en el tema que nos ocupa, en el que Alvin Lee (autor de la canción) realiza una deslavazada denuncia del sistema capitalista, de su desigual reparto de la riqueza, y de la paz, el amor y la ecología como valores a practicar y respetar: “Me gustaría cambiar el Mundo, pero no sé cómo hacerlo, así que te lo dejo a ti”. La parte musical es espectacular, sobre todo las guitarras (acústica y eléctrica), sobre las que se construye la melodía. Con tanto buen guitarrista como hubo en los setenta, a veces nos olvidamos del gran Alvin Lee que, en este tema, nos ofrece su faceta más delicada y pausada. Para finalizar, os dejo con la versión que, en el año 2007, publicó la banda estadounidense Tesla; fue incluida en un Ep titulado “A Peace of Time”, en el que se pueden escuchar versiones de temas propios y ajenos, al igual que hicieron en dos álbumes tributo publicados el mismo año: “Real to Reel” y “Real to Reel, Vol 2”.

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Bob Seger & The Silver Bullet Band. “Till It Shines”

Heartland rock es un término que se suele utilizar para un tipo de música característica de los Estados Unidos en la que, utilizando elementos del R&R clásico mezclado con country, folk e instrumentos de viento, se cuentan historias sobre la América profunda: desempleo, dificultad para subsistir en zonas rurales, desilusión, nostalgia, amargura y denuncia social. Las letras, lejos de la metáfora o la poesía, suelen ser explícitas, sinceras, rudas y ásperas, como si la delicadeza estuviese reñida con el modo de vida del obrero americano. Tom Petty, Bruce Springsteen o Bog Seger, nuestro protagonista de hoy, son algunas de las figuras más destacadas de este movimiento, que se desarrolló en la década de 1970 y logró el apoyo del gran público durante los ochenta.

Bob Seger comenzó su carrera en los sesenta, en bandas como The Decibels, The Town Criers, The Omens o The Last Heard, hasta que se estableció en solitario, primero como The Bob Seger System, después como Bob Seger y, finalmente, como Bob Seger & The Silver Bullet Band, que es como aún continúa ofreciéndonos su música. La Silver Bullet Band se formó en 1974, con Bob Seger (voz, guitarra), Drew Abbott (guitarra), Charlie Allen Martin (batería), Rick Manasa (teclados), Chris Campbell (bajo) y Tom Cartmell (saxo). Juntos grabaron el álbum en directo “Live Bullet” (1976), uno de los mejores discos en vivo de la historia del rock, e inmediatamente después comenzaron a trabajar en los primeros discos de estudio: “Night Moves” (1976) y “Stranger in Town” (1978), un trabajo lleno de excelentes temas que os aconsejo escuchéis entero. Hoy me ha costado elegir canción; al principio pensé en la más evidente: “Old Time Rock & Roll”, un tema escrito por George Jackson y Thomas E. Jones III, que es un himno para todos los rockeros estadounidenses, sobre todo desde que fuera incluido en la banda sonora de la película “Risky Business”; después me fijé en “Still the Same”, incluso en otras canciones como “Hollywood Nights”, “Feel Like a Number” o la balada “We’ve Got Tonight”; sin embargo, al final me quedé con “Till it Shines” y con ese solo de guitarra tocado por el Glenn Frey (Eagles), al que Bob Seger conocía desde sus comienzos en los años sesenta; con él escribiría la canción “Heartache Tonight” (también firmada por J.D. Souther y Don Henley), que fue incluida en el sexto álbum de estudio de Eagles, el titulado “The Long Run” (1979).

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Grandes canciones en versión española: Miguel Ríos. “Conciertos de Rock y Amor”

A comienzos de los ochenta, cuando el rock parecía una vieja antigualla oxidada, arrumbada en un rincón por el movimiento conocido como “Movida”, Miguel Ríos hizo una aparición estelar  difícil de olvidar. Las giras que acompañaron a los discos “Rock and Ríos” (1982) y “El Rock de una noche de verano” (1983) son acontecimientos poco habituales en España, al menos con rockeros de aquí; del primer álbum se vendieron cuatrocientos mil ejemplares y a la gira de 1983 acudimos unas setecientas mil personas, en alguno de los conciertos que Miguel Ríos dio por la geografía española, con teloneros ilustres como Luz Casal y Leño, y músicos tan renombrados como Thijs Van Leer (de la banda Focus), Mario Argandoña, Antonio García de Diego, John Parsons o Salvador Rodríguez. No fue una casualidad que Miguel Ríos se embarcara en una aventura como ésta, diez años antes ya había sido pionero del rock en directo en nuestro país; en 1972 publicó uno de los primeros álbumes que se grabaron en directo en España, en concreto durante los conciertos que el granadino ofreció en el entonces Monumental Cinema de Madrid (el Teatro Monumental) durante los días 27, 28 y 29 de abril de 1972, en maratonianas jornadas de tarde y noche, con precios que oscilaban entre las cincuenta y las ciento veinticinco pesetas, como bien puede verse en la portada del disco. Aunque para los estándares actuales no puede decirse que el sonido sea excelente, estamos ante un trabajo histórico, novedoso en España, en el que se emplearon dieciséis micrófonos conectados a un equipo grabador de ocho pistas, con equipos reductores de ruido Dolby y compresores Bellman. “Conciertos de Rock y Amor” -así fue como se llamó el Lp- es un homenaje al R&R, en el que se pueden escuchar versiones de temas tan conocidos como “Hound Dog”, “Tutti frutti”, “Rock de la cárcel”, “Popotitos”, “What’d I say”, “Land of Thousand Dances” o “Abraham Martin & John”; el disco se completa con una interpretación del “Cantares” de Serrat, la presentación de los músicos al ritmo de “Sabor”, un tema de Fernando Arbex (“Yo sólo soy un hombre”) y otro de Miguel Ríos (“Vuelvo a Granada”). Una de las cosas que más llama la atención de este disco es la actitud de Miguel Ríos en el escenario, tratando en todo momento de animar, arengar y jalear al público para que se comprometiera con el espectáculo, en ocasiones incluso soltándoles alguna regañina si consideraba que estaban acomodados en exceso o poco participativos. Así nos lo ha contado el propio protagonista:

“En esa grabación aprendí mucho para posteriores discos en directo: por ejemplo, intentar controlar lo que hablas. Creo que tiene mucho que ver con un disco en directo de Johnny Rivers que tenía mucho parlamento, también está el hecho de que había que jalear a la gente para que se metieran en el ambiente. Ese juego, que he seguido durante mucho tiempo, de parecer que estás disgustado por el poco calor que te da la gente; aunque estén bramando, siempre pedirles un poco más. Un truco que aún se emplea para decir luego “muy bien, ahora habéis llegado al culmen”. Además era una época en la que se tenían que explicar muchas cosas, sobre todo alrededor del rock. Todavía era anecdótico cantar rock and roll en este país, estuvimos en media España con el espectáculo y cuando se enteraban de que era un show de rock and roll no nos dejaban hacerlo. Fue muy potente y avanzado para la época, con las proyecciones de diapositivas y todo aquello. Lo pasamos bien, estábamos haciendo la primera gira de rock en teatros que se hacía aquí, planteada como gira, no como una serie de bolos. También fue la primera vez que se grababa un concierto en directo de esas características. Personalmente, era como una celebración de mis diez años de profesional”.

Para que os hagáis a la idea, por si no queréis escuchar el disco entero, a continuación os señalo, utilizando los vídeos que aparecen al comienzo de la entrada, algunos de los momentos en los que nuestro protagonista de hoy se dirige al público; estas parrafadas comienzan en los minutos 1:33 de la primera canción (“Hound Dog”), al comienzo de la tercera canción (“El Rock de la Cárcel”, este momento es especialmente bueno), en el minuto 0:41 de la cuarta canción (“Popotitos”) y en los temas “What’d I Say” y “Land of Thousand Dances” (que no os pongo en youtube para no recargar demasiado, los podéis escuchar más abajo en spotify). Al poco tiempo de grabar este disco, Miguel Ríos fue detenido por consumo de marihuana, pasó veintisiete días en la cárcel de Carabanchel, de donde salió libre de cargos; en 1974 comenzaría su etapa más comprometida, con tres álbumes del rock progresivo que ya hemos mencionado en la entrada dedicada el tema “Bienvenida Katherine”.

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