Bob Seger & The Silver Bullet Band. “Till It Shines”

Heartland rock es un término que se suele utilizar para un tipo de música característica de los Estados Unidos en la que, utilizando elementos del R&R clásico mezclado con country, folk e instrumentos de viento, se cuentan historias sobre la América profunda: desempleo, dificultad para subsistir en zonas rurales, desilusión, nostalgia, amargura y denuncia social. Las letras, lejos de la metáfora o la poesía, suelen ser explícitas, sinceras, rudas y ásperas, como si la delicadeza estuviese reñida con el modo de vida del obrero americano. Tom Petty, Bruce Springsteen o Bog Seger, nuestro protagonista de hoy, son algunas de las figuras más destacadas de este movimiento, que se desarrolló en la década de 1970 y logró el apoyo del gran público durante los ochenta.

Bob Seger comenzó su carrera en los sesenta, en bandas como The Decibels, The Town Criers, The Omens o The Last Heard, hasta que se estableció en solitario, primero como The Bob Seger System, después como Bob Seger y, finalmente, como Bob Seger & The Silver Bullet Band, que es como aún continúa ofreciéndonos su música. La Silver Bullet Band se formó en 1974, con Bob Seger (voz, guitarra), Drew Abbott (guitarra), Charlie Allen Martin (batería), Rick Manasa (teclados), Chris Campbell (bajo) y Tom Cartmell (saxo). Juntos grabaron el álbum en directo “Live Bullet” (1976), uno de los mejores discos en vivo de la historia del rock, e inmediatamente después comenzaron a trabajar en los primeros discos de estudio: “Night Moves” (1976) y “Stranger in Town” (1978), un trabajo lleno de excelentes temas que os aconsejo escuchéis entero. Hoy me ha costado elegir canción; al principio pensé en la más evidente: “Old Time Rock & Roll”, un tema escrito por George Jackson y Thomas E. Jones III, que es un himno para todos los rockeros estadounidenses, sobre todo desde que fuera incluido en la banda sonora de la película “Risky Business”; después me fijé en “Still the Same”, incluso en otras canciones como “Hollywood Nights”, “Feel Like a Number” o la balada “We’ve Got Tonight”; sin embargo, al final me quedé con “Till it Shines” y con ese solo de guitarra tocado por el Glenn Frey (Eagles), al que Bob Seger conocía desde sus comienzos en los años sesenta; con él escribiría la canción “Heartache Tonight” (también firmada por J.D. Souther y Don Henley), que fue incluida en el sexto álbum de estudio de Eagles, el titulado “The Long Run” (1979).

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Grandes canciones en versión española: Miguel Ríos. “Conciertos de Rock y Amor”

A comienzos de los ochenta, cuando el rock parecía una vieja antigualla oxidada, arrumbada en un rincón por el movimiento conocido como “Movida”, Miguel Ríos hizo una aparición estelar  difícil de olvidar. Las giras que acompañaron a los discos “Rock and Ríos” (1982) y “El Rock de una noche de verano” (1983) son acontecimientos poco habituales en España, al menos con rockeros de aquí; del primer álbum se vendieron cuatrocientos mil ejemplares y a la gira de 1983 acudimos unas setecientas mil personas, en alguno de los conciertos que Miguel Ríos dio por la geografía española, con teloneros ilustres como Luz Casal y Leño, y músicos tan renombrados como Thijs Van Leer (de la banda Focus), Mario Argandoña, Antonio García de Diego, John Parsons o Salvador Rodríguez. No fue una casualidad que Miguel Ríos se embarcara en una aventura como ésta, diez años antes ya había sido pionero del rock en directo en nuestro país; en 1972 publicó uno de los primeros álbumes que se grabaron en directo en España, en concreto durante los conciertos que el granadino ofreció en el entonces Monumental Cinema de Madrid (el Teatro Monumental) durante los días 27, 28 y 29 de abril de 1972, en maratonianas jornadas de tarde y noche, con precios que oscilaban entre las cincuenta y las ciento veinticinco pesetas, como bien puede verse en la portada del disco. Aunque para los estándares actuales no puede decirse que el sonido sea excelente, estamos ante un trabajo histórico, novedoso en España, en el que se emplearon dieciséis micrófonos conectados a un equipo grabador de ocho pistas, con equipos reductores de ruido Dolby y compresores Bellman. “Conciertos de Rock y Amor” -así fue como se llamó el Lp- es un homenaje al R&R, en el que se pueden escuchar versiones de temas tan conocidos como “Hound Dog”, “Tutti frutti”, “Rock de la cárcel”, “Popotitos”, “What’d I say”, “Land of Thousand Dances” o “Abraham Martin & John”; el disco se completa con una interpretación del “Cantares” de Serrat, la presentación de los músicos al ritmo de “Sabor”, un tema de Fernando Arbex (“Yo sólo soy un hombre”) y otro de Miguel Ríos (“Vuelvo a Granada”). Una de las cosas que más llama la atención de este disco es la actitud de Miguel Ríos en el escenario, tratando en todo momento de animar, arengar y jalear al público para que se comprometiera con el espectáculo, en ocasiones incluso soltándoles alguna regañina si consideraba que estaban acomodados en exceso o poco participativos. Así nos lo ha contado el propio protagonista:

“En esa grabación aprendí mucho para posteriores discos en directo: por ejemplo, intentar controlar lo que hablas. Creo que tiene mucho que ver con un disco en directo de Johnny Rivers que tenía mucho parlamento, también está el hecho de que había que jalear a la gente para que se metieran en el ambiente. Ese juego, que he seguido durante mucho tiempo, de parecer que estás disgustado por el poco calor que te da la gente; aunque estén bramando, siempre pedirles un poco más. Un truco que aún se emplea para decir luego “muy bien, ahora habéis llegado al culmen”. Además era una época en la que se tenían que explicar muchas cosas, sobre todo alrededor del rock. Todavía era anecdótico cantar rock and roll en este país, estuvimos en media España con el espectáculo y cuando se enteraban de que era un show de rock and roll no nos dejaban hacerlo. Fue muy potente y avanzado para la época, con las proyecciones de diapositivas y todo aquello. Lo pasamos bien, estábamos haciendo la primera gira de rock en teatros que se hacía aquí, planteada como gira, no como una serie de bolos. También fue la primera vez que se grababa un concierto en directo de esas características. Personalmente, era como una celebración de mis diez años de profesional”.

Para que os hagáis a la idea, por si no queréis escuchar el disco entero, a continuación os señalo, utilizando los vídeos que aparecen al comienzo de la entrada, algunos de los momentos en los que nuestro protagonista de hoy se dirige al público; estas parrafadas comienzan en los minutos 1:33 de la primera canción (“Hound Dog”), al comienzo de la tercera canción (“El Rock de la Cárcel”, este momento es especialmente bueno), en el minuto 0:41 de la cuarta canción (“Popotitos”) y en los temas “What’d I Say” y “Land of Thousand Dances” (que no os pongo en youtube para no recargar demasiado, los podéis escuchar más abajo en spotify). Al poco tiempo de grabar este disco, Miguel Ríos fue detenido por consumo de marihuana, pasó veintisiete días en la cárcel de Carabanchel, de donde salió libre de cargos; en 1974 comenzaría su etapa más comprometida, con tres álbumes del rock progresivo que ya hemos mencionado en la entrada dedicada el tema “Bienvenida Katherine”.

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Las Cinco Canciones de Caito (III): “Intro/Sweet Jane” (Lou Reed)

Lou Reed (1942-2013) es uno de los grandes del rock, una “vaca sagrada” como dice Caito. Desarrolló una destacada una carrera en solitario y fue el líder de la banda The Velvet Underground (1964-1973), uno de los grupos más importantes que ha habido en el ámbito del rock psicodélico y experimental. Le agradezco mucho a Caito que haya querido incluir un tema de este autor entre las cinco canciones de su vida; cuando me llegaron enseguida me di cuenta que aún no había aparecido ningún tema de Lou Reed en el blog, algo que me parece imperdonable, como para enviarme a mí mismo al rincón de pensar o al “calabozo del blog”, que diría nuestro invitado de esta semana. “Sweet Jane” es una de sus canciones mas conocidas y valoradas, como bien nos cuenta Caito.

“En estos dos días pasados me extendí algo más de la cuenta en los artistas que presentaba. Consideré, no sé si acertadamente o no, que al no ser eso que llamamos “vacas sagradas”, una parte de los visitantes del blog bien pudieran saber poco o casi nada de ellos, y creí conveniente dar al menos unas pinceladas de sus figuras.

Hoy me ahorro ese trabajo, Lou Reed es una “vaca sagrada” y, además, consagrada.

Como a pesar de eso aún puede quedar alguien lego en su figura, no tengo más remedio que mandarlo al calabozo del blog a que investigue, aunque sea en la wikipedia. Que se redima, y que de paso comprenda que el delito no compensa. Un castiguillo para un pecadillo, que diría Ned Flanders.

Compuesta por Lou Reed en sus tiempos de la Velvet Undergroud, allá por 1970, fue grabada ¿en directo? con el/la Intro, de la que más abajo me ocupo, para el álbum “Rock n Roll Animal” en 1973, y publicado al año siguiente.

Como curiosidad, en España se han publicado tres versiones de dicho álbum, con o sin “Heroin”, según pasara o no la censura, y otra más, remasterizada, con dos temas añadidos para alargar su duración.

Y lo más grande, tiene el mejor intro (¿o se dice la mejor?) de la historia del rock. No soy yo únicamente quien lo dice pero, aunque así fuera, seguiría siendo el mejor. Incluso si yo no pensara o no dijera que es el mejor, también lo sería. No sé si ha quedado claro, espero que sí, y lo he intentado razonar como bien habéis podido comprobar.

Por aquel entonces Lou Reed se hizo acompañar de los dos mejores guitarristas con los que se podía contar, Steve Hunter, a quien se atribuye la creación de la entrada (no vuelvo a decir “intro” así me maten), y su amigo Dick Wagner, que le corresponde magistralmente.

El resultado es soberbio, todo un homenaje a la guitarra eléctrica, y el resto de la ejecución del tema no le anda a la zaga. Es del todo imposible permanecer impasible cuando se escucha. Te alegra, te pone a cien, te levanta, te hace mover… indescriptible.

¿Y por qué es una de las canciones de mi vida? Pues porque sí.

Sabido es que el corazón tiene razones que la razón no entiende, y mucho menos explicar, y éste es uno de esos casos.

Dejo sin aclarar el interrogante de lo del directo, pero si alguna o alguno de vosotros quiere que lo haga, gustosamente lo haré, que aquí me estoy enrollando ya de más y no quiero arriesgarme a que Raúl me eche del blog, lo que además constituiría un despido procedente y me quedaría sin finiquito ni cesta de Navidad.

Saludos”

Joaquín Sabina / Antonio Flores / Porretas. “Pongamos que hablo de Madrid”

Hace algunos meses Íñigo Errejón se mostraba partidario de sustituir el himno oficial de la Comunidad de Madrid, compuesto por Pablo Sorozábal Serrano y Agustín García Calvo, por la canción de Joaquín Sabina “Pongamos que hablo de Madrid”; así lo explicitó y defendió en Onda Cero: “No hay madrileño que no se emocione con esa canción y esa sí que nos la sabemos”. No voy a entrar a polemizar sobre la idoneidad de la propuesta; a una España tan crispada y turbia en lo político sólo le faltaba que los blogs de música también entraran en disputas ideológicas. Sin embargo, no me es difícil comprender por qué Errejón entendió que esta melodía podría representar a los madrileños; llevo toda mi vida en esta ciudad, aquí nacieron mis padres, mis hermanos y yo, y todos nos sentimos orgullosos de nuestra procedencia, pero no hace falta ser de aquí para amar y ser amado por esta ciudad. Casi todos la queremos a pesar de sus imperfecciones o, más bien, precisamente por eso, porque es un lugar deliciosamente imperfecto, que puedes amar y odiar incluso en un mismo día debido a sus interesantes contrastes y, también, por esa opción que nos da para poder vivirla con cierta hostilidad y pausado desenfreno, algo que está a disposición de todos los que quieran acercarse para disfrutar de ella o sufrir sus incomodidades.

Como bien supo plasmar Sabina -jienense de cuna pero madrileño de adopción y corazón-, Madrid es ciudad de contrastes, un lugar “donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo”, donde puedes dejarte “la vida en sus rincones” tratando de buscar esas estrellas que “se olvidan de salir”; un enclave mágico, en el que “el deseo viaja en ascensores” y “los pájaros visitan al psiquiatra”; una ciudad difícil para los que vivimos en ella, con jeringuillas en los lavabos y la muerte viajando en ambulancias blancas. Sabina no dudó en terminar este tema con la siguiente estrofa: “Cuando la muerte venga a visitarme que me lleven al sur donde nací, aquí no queda sitio para nadie, pongamos que hablo de Madrid”. Con estos versos apareció publicada en su segundo álbum de estudio (“Malas Compañías”, 1980) y en el disco “La Mandrágora” (1981), grabado en directo junto a Javier Krahe y Alberto Pérez, acompañados del guitarrista Antonio Sánchez, precisamente el coautor de “Pongamos que hablo de Madrid”, como el propio Sabina reconoce al comienzo del tema:

“Esta canción se llama Pongamos que hablo de Madrid, y es una historia de amor y odio a una ciudad invisible pero insustituible. Es una letra que yo hice según la melodía de Antonio Sánchez, que es este chico (…)”.

En ese mismo año 1981, Antonio Flores grabó una excelente versión, más rockera, por supuesto con la estrofa final anteriormente aludida, que fue grabada en su disco titulado “Al Caer el Sol”. Con el paso del tiempo, Sabina decidió cambiar el final de la canción (aquí o aquí lo podéis escuchar), tal vez porque llegó un momento en que ya no sentía lo que cantaba, porque a nadie se le obliga a amar Madrid, simplemente sucede: “Cuando la muerte venga a visitarme no me despiertes, déjame dormir. Aquí he vivido, aquí quiero quedarme. Pongamos que hablo de Madrid”. Se han hecho versiones acústicas (Revolver), pop (Rosario), rock (Alhandal, Los Lebreles), latinas, de orquesta, flamencas (Enrique Morente, Carmen Linares), incluso pensadas para bebés (Nico Infante), sin embargo no podía dejar fuera del trío de cabecera a la realizada por Porretas, una banda de rock y punk rock creada en los años ochenta (aún en activo) procedente del barrio de Hortaleza (Madrid), precisamente el que da nombre al distrito en el que actualmente resido.

Felicidades para todos los Isidros, para todos los que se sientan madrileños y para todos aquellos que, aún viviendo en Madrid, sufren en esta imperfecta ciudad de la que -estoy seguro- se acabarán enamorando.

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Van Morrison. “If You Love Me”

Van Morrison, apodado “El León de Belfast”, lleva publicados cuarenta álbumes de estudio en solitario, a los que habría que sumar los directos, los recopilatorios, sus discos con Them y siete u ocho álbumes tributo. Desde luego, no son cifras habituales en el mundo de la música que puedan estar al alcance de cualquiera, y menos aún si tenemos en cuenta la calidad de estos trabajos. El primer single con Them lo publicó en 1964 y su primer Lp en solitario (“Blowin’ Your Mind!”) en 1967, por lo que lleva en la música más de cincuenta y cinco años; por supuesto, continúa en activo, ofreciendo conciertos en distintas partes del Mundo y grabando álbumes casi cada año (el último se editó en 2018: “The Prophet Speaks”). Con una trayectoria tan larga ha tenido tiempo de visitar muchos géneros musicales: música celta y folk irlandés, country, jazz, blues, R&B, rock, soul, etc., pero siempre con su particular e inigualable estilo, apoyado en los mejores músicos y en una voz que ha ido cambiando con el paso de los años, desde los tonos agudos de su juventud a la voz profunda de su madurez; así ha explicado su evolución vocal el propio Van Morrison:

“El enfoque ahora es cantar desde más abajo [del diafragma] por lo que no arruino mi voz. Antes, cantaba en la zona alta de la garganta, que tiende a arruinar las cuerdas vocales en el tiempo. Cantar desde más abajo en el vientre permite llevar más lejos la resonancia. Puedo estar de pie a cuatro pies de un micrófono y ser escuchado con bastante resonancia”.

En marzo de 1997 lanzó su vigésimo sexto álbum de estudio, titulado “The Healing Game” (lujosamente reeditado este mismo año), un disco en el que trabajaron músicos como Alec Dankworth (contrabajo), Phil Coulter (piano), Geoff Dunn (batería, percusiones), Leo Green (saxo) o Ronnie Johnson (guitarra), por mencionar sólo algunos. Entre las canciones más destacadas y conocidas podemos citar “Rough God Goes Riding”, “Sometimes We Cry”, “The Healing Game” o “If You Love Me”, una bella y sensual balada con cierta cadencia doo-wop, que Van Morrison engrandece gracias a la armónica y a su gran capacidad para transmitir. Apenas unos meses después de salir al mercado “The Healing Game” lo hacía “Deuces Wild”, a cargo del gran B.B. King, otro músico tan influente y prolífico como Van Morrison, no en vano este disco era su trigésimo quinto trabajo de estudio. “Deuces Wild” no es un álbum más en la discografía de B.B. King; contiene diecisiete canciones, cada una de ellas interpretada por una figura importante de la música: Eric Clapton, Tracy Chapman, Mick Hucknall (Simply Red), Bonnie Raitt, Dionne Warwick, Paul Carrack, David Gilmour, The Rolling Stones, Joe Cocker o Willie Nelson, entre otros. El disco comienza con una versión blusera de “If You Love Me” que os aconsejo no os perdáis, porque me parece un privilegio poder escuchar juntos a estos dos excepcionales músicos. Os dejo un enlace más, en este caso un directo de Van Morrison interpretando esta melodía.