Las Cinco Canciones de Caito (III): “Intro/Sweet Jane” (Lou Reed)

Lou Reed (1942-2013) es uno de los grandes del rock, una “vaca sagrada” como dice Caito. Desarrolló una destacada una carrera en solitario y fue el líder de la banda The Velvet Underground (1964-1973), uno de los grupos más importantes que ha habido en el ámbito del rock psicodélico y experimental. Le agradezco mucho a Caito que haya querido incluir un tema de este autor entre las cinco canciones de su vida; cuando me llegaron enseguida me di cuenta que aún no había aparecido ningún tema de Lou Reed en el blog, algo que me parece imperdonable, como para enviarme a mí mismo al rincón de pensar o al “calabozo del blog”, que diría nuestro invitado de esta semana. “Sweet Jane” es una de sus canciones mas conocidas y valoradas, como bien nos cuenta Caito.

“En estos dos días pasados me extendí algo más de la cuenta en los artistas que presentaba. Consideré, no sé si acertadamente o no, que al no ser eso que llamamos “vacas sagradas”, una parte de los visitantes del blog bien pudieran saber poco o casi nada de ellos, y creí conveniente dar al menos unas pinceladas de sus figuras.

Hoy me ahorro ese trabajo, Lou Reed es una “vaca sagrada” y, además, consagrada.

Como a pesar de eso aún puede quedar alguien lego en su figura, no tengo más remedio que mandarlo al calabozo del blog a que investigue, aunque sea en la wikipedia. Que se redima, y que de paso comprenda que el delito no compensa. Un castiguillo para un pecadillo, que diría Ned Flanders.

Compuesta por Lou Reed en sus tiempos de la Velvet Undergroud, allá por 1970, fue grabada ¿en directo? con el/la Intro, de la que más abajo me ocupo, para el álbum “Rock n Roll Animal” en 1973, y publicado al año siguiente.

Como curiosidad, en España se han publicado tres versiones de dicho álbum, con o sin “Heroin”, según pasara o no la censura, y otra más, remasterizada, con dos temas añadidos para alargar su duración.

Y lo más grande, tiene el mejor intro (¿o se dice la mejor?) de la historia del rock. No soy yo únicamente quien lo dice pero, aunque así fuera, seguiría siendo el mejor. Incluso si yo no pensara o no dijera que es el mejor, también lo sería. No sé si ha quedado claro, espero que sí, y lo he intentado razonar como bien habéis podido comprobar.

Por aquel entonces Lou Reed se hizo acompañar de los dos mejores guitarristas con los que se podía contar, Steve Hunter, a quien se atribuye la creación de la entrada (no vuelvo a decir “intro” así me maten), y su amigo Dick Wagner, que le corresponde magistralmente.

El resultado es soberbio, todo un homenaje a la guitarra eléctrica, y el resto de la ejecución del tema no le anda a la zaga. Es del todo imposible permanecer impasible cuando se escucha. Te alegra, te pone a cien, te levanta, te hace mover… indescriptible.

¿Y por qué es una de las canciones de mi vida? Pues porque sí.

Sabido es que el corazón tiene razones que la razón no entiende, y mucho menos explicar, y éste es uno de esos casos.

Dejo sin aclarar el interrogante de lo del directo, pero si alguna o alguno de vosotros quiere que lo haga, gustosamente lo haré, que aquí me estoy enrollando ya de más y no quiero arriesgarme a que Raúl me eche del blog, lo que además constituiría un despido procedente y me quedaría sin finiquito ni cesta de Navidad.

Saludos”

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Joaquín Sabina / Antonio Flores / Porretas. “Pongamos que hablo de Madrid”

Hace algunos meses Íñigo Errejón se mostraba partidario de sustituir el himno oficial de la Comunidad de Madrid, compuesto por Pablo Sorozábal Serrano y Agustín García Calvo, por la canción de Joaquín Sabina “Pongamos que hablo de Madrid”; así lo explicitó y defendió en Onda Cero: “No hay madrileño que no se emocione con esa canción y esa sí que nos la sabemos”. No voy a entrar a polemizar sobre la idoneidad de la propuesta; a una España tan crispada y turbia en lo político sólo le faltaba que los blogs de música también entraran en disputas ideológicas. Sin embargo, no me es difícil comprender por qué Errejón entendió que esta melodía podría representar a los madrileños; llevo toda mi vida en esta ciudad, aquí nacieron mis padres, mis hermanos y yo, y todos nos sentimos orgullosos de nuestra procedencia, pero no hace falta ser de aquí para amar y ser amado por esta ciudad. Casi todos la queremos a pesar de sus imperfecciones o, más bien, precisamente por eso, porque es un lugar deliciosamente imperfecto, que puedes amar y odiar incluso en un mismo día debido a sus interesantes contrastes y, también, por esa opción que nos da para poder vivirla con cierta hostilidad y pausado desenfreno, algo que está a disposición de todos los que quieran acercarse para disfrutar de ella o sufrir sus incomodidades.

Como bien supo plasmar Sabina -jienense de cuna pero madrileño de adopción y corazón-, Madrid es ciudad de contrastes, un lugar “donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo”, donde puedes dejarte “la vida en sus rincones” tratando de buscar esas estrellas que “se olvidan de salir”; un enclave mágico, en el que “el deseo viaja en ascensores” y “los pájaros visitan al psiquiatra”; una ciudad difícil para los que vivimos en ella, con jeringuillas en los lavabos y la muerte viajando en ambulancias blancas. Sabina no dudó en terminar este tema con la siguiente estrofa: “Cuando la muerte venga a visitarme que me lleven al sur donde nací, aquí no queda sitio para nadie, pongamos que hablo de Madrid”. Con estos versos apareció publicada en su segundo álbum de estudio (“Malas Compañías”, 1980) y en el disco “La Mandrágora” (1981), grabado en directo junto a Javier Krahe y Alberto Pérez, acompañados del guitarrista Antonio Sánchez, precisamente el coautor de “Pongamos que hablo de Madrid”, como el propio Sabina reconoce al comienzo del tema:

“Esta canción se llama Pongamos que hablo de Madrid, y es una historia de amor y odio a una ciudad invisible pero insustituible. Es una letra que yo hice según la melodía de Antonio Sánchez, que es este chico (…)”.

En ese mismo año 1981, Antonio Flores grabó una excelente versión, más rockera, por supuesto con la estrofa final anteriormente aludida, que fue grabada en su disco titulado “Al Caer el Sol”. Con el paso del tiempo, Sabina decidió cambiar el final de la canción (aquí o aquí lo podéis escuchar), tal vez porque llegó un momento en que ya no sentía lo que cantaba, porque a nadie se le obliga a amar Madrid, simplemente sucede: “Cuando la muerte venga a visitarme no me despiertes, déjame dormir. Aquí he vivido, aquí quiero quedarme. Pongamos que hablo de Madrid”. Se han hecho versiones acústicas (Revolver), pop (Rosario), rock (Alhandal, Los Lebreles), latinas, de orquesta, flamencas (Enrique Morente, Carmen Linares), incluso pensadas para bebés (Nico Infante), sin embargo no podía dejar fuera del trío de cabecera a la realizada por Porretas, una banda de rock y punk rock creada en los años ochenta (aún en activo) procedente del barrio de Hortaleza (Madrid), precisamente el que da nombre al distrito en el que actualmente resido.

Felicidades para todos los Isidros, para todos los que se sientan madrileños y para todos aquellos que, aún viviendo en Madrid, sufren en esta imperfecta ciudad de la que -estoy seguro- se acabarán enamorando.

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Van Morrison. “If You Love Me”

Van Morrison, apodado “El León de Belfast”, lleva publicados cuarenta álbumes de estudio en solitario, a los que habría que sumar los directos, los recopilatorios, sus discos con Them y siete u ocho álbumes tributo. Desde luego, no son cifras habituales en el mundo de la música que puedan estar al alcance de cualquiera, y menos aún si tenemos en cuenta la calidad de estos trabajos. El primer single con Them lo publicó en 1964 y su primer Lp en solitario (“Blowin’ Your Mind!”) en 1967, por lo que lleva en la música más de cincuenta y cinco años; por supuesto, continúa en activo, ofreciendo conciertos en distintas partes del Mundo y grabando álbumes casi cada año (el último se editó en 2018: “The Prophet Speaks”). Con una trayectoria tan larga ha tenido tiempo de visitar muchos géneros musicales: música celta y folk irlandés, country, jazz, blues, R&B, rock, soul, etc., pero siempre con su particular e inigualable estilo, apoyado en los mejores músicos y en una voz que ha ido cambiando con el paso de los años, desde los tonos agudos de su juventud a la voz profunda de su madurez; así ha explicado su evolución vocal el propio Van Morrison:

“El enfoque ahora es cantar desde más abajo [del diafragma] por lo que no arruino mi voz. Antes, cantaba en la zona alta de la garganta, que tiende a arruinar las cuerdas vocales en el tiempo. Cantar desde más abajo en el vientre permite llevar más lejos la resonancia. Puedo estar de pie a cuatro pies de un micrófono y ser escuchado con bastante resonancia”.

En marzo de 1997 lanzó su vigésimo sexto álbum de estudio, titulado “The Healing Game” (lujosamente reeditado este mismo año), un disco en el que trabajaron músicos como Alec Dankworth (contrabajo), Phil Coulter (piano), Geoff Dunn (batería, percusiones), Leo Green (saxo) o Ronnie Johnson (guitarra), por mencionar sólo algunos. Entre las canciones más destacadas y conocidas podemos citar “Rough God Goes Riding”, “Sometimes We Cry”, “The Healing Game” o “If You Love Me”, una bella y sensual balada con cierta cadencia doo-wop, que Van Morrison engrandece gracias a la armónica y a su gran capacidad para transmitir. Apenas unos meses después de salir al mercado “The Healing Game” lo hacía “Deuces Wild”, a cargo del gran B.B. King, otro músico tan influente y prolífico como Van Morrison, no en vano este disco era su trigésimo quinto trabajo de estudio. “Deuces Wild” no es un álbum más en la discografía de B.B. King; contiene diecisiete canciones, cada una de ellas interpretada por una figura importante de la música: Eric Clapton, Tracy Chapman, Mick Hucknall (Simply Red), Bonnie Raitt, Dionne Warwick, Paul Carrack, David Gilmour, The Rolling Stones, Joe Cocker o Willie Nelson, entre otros. El disco comienza con una versión blusera de “If You Love Me” que os aconsejo no os perdáis, porque me parece un privilegio poder escuchar juntos a estos dos excepcionales músicos. Os dejo un enlace más, en este caso un directo de Van Morrison interpretando esta melodía.

 

Henry Mancini / Sarah Vaughan / Emerson, Lake & Palmer. “Peter Gunn”

Pocas veces la música y el cine han caminado de la mano como en el caso de Blake Edwards y Henry Mancini; lo hicieron durante más de treinta años y en un total de veintiocho películas, con títulos tan destacados como “Desayuno con Diamantes”, “Días de Vino y Rosas”, “Chantaje contra una mujer”, “La Pantera Rosa”, “La Carrera del Siglo” o “Víctor o Victoria”, por mencionar algunas. Parece que todo comenzó en 1958, cuando Blake Edwards se fijó en el excelente trabajo que Mancini había hecho para la película de Orson Welles “Sed de Mal”; Edwards le contrató  para la serie de  televisión “Peter Gunn”, que estuvo en pantalla entre 1958 y 1961. Desde entonces no dejó de trabajar, y no sólo con Black Edwards, también con otros directores importantes, como Stanley Donen (“Arabesco”, “Charada”, “Dos en la Carretera), Howard Hawks (“Su juego favorito“, “Hatari”) o Vittorio de Sica (“Los Girasoles”); quizás le recordéis también por series como “Hotel” o “Remington Steele”. Henry Mancini estuvo nominado en diecisiete ocasiones para los Oscars, obtuvo cuatro, además de veinte premios Grammy y un Globo de Oro.

Aunque el estilo de Mancini era el jazz ejecutado con orquesta, él mismo ha reconocido que el tema protagonista de esta entrada, “Peter Gunn”, se aproximaba más al R&R que al jazz, por eso no es de extrañar que una de las primeras versiones se debiera al guitarrista de R&R y blues Duane Eddy. De esta misma época, es decir, finales de la década de los cincuenta, son también las versiones de Ray Anthony, Ted Heath, Bud Ashton o King Curtis. La primera interpretación cantada (nuestro segundo vídeo destacado) fue la de Sarah Vaughan, publicada en el álbum “Sarah Vaughan Sings the Mancini Songbook” (1965), con letra de Jay Livingston y Ray Evans. Entre las numerosas versiones de esta canción también me gustaría destacar las de The Kingsmen, Quincy Jones, Dick Dale, Blues Brothers, Roy Buchanan, Pulp, Jeff Beck y The Art of Noise, aunque es posible que a vosotros os gusten otras. Para acompañar a Henry Mancini y a Sarah Vaughan, he optado por la potente e irrepetible versión de los progresivos Emerson, Lake & Palmer, una interpretación en directo (nunca la llegaron a grabar en estudio) publicada en su álbum “Emerson, Lake & Palmer in Concert” (1979), que fue grabado a partir del concierto celebrado, el 26/08/1977, en el Olympic Stadium de Montreal (Canadá), aunque algunas de las pistas -sin ir más lejos “Peter Gunn”- no se tomaron de este concierto sino de otros de los que tuvieron lugar en la gira que realizaron durante los años 1977 y 1978.

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The Who. “Baba O’Riley”

A Jerry Bruckheimer le encantan los Who, desde la web Partitule nos cuentan que siempre fue un seguidor de esta banda y que, incluso, ha soñado con que pudieran tocar en alguna de sus fiestas de cumpleaños. Este estadounidense de origen judío-alemán es el productor de la franquicia CSI, que tiene cuatro series de televisión con la criminología y la ciencia forense policial como protagonistas; las cuatro cuentan con una canción de The Who en su cabecera de presentación: “Who are you?” en “CSI (Las Vegas)”, “Won’t Get Fooled Again” en “CSI (Miami), “I Can See for Miles” en CSI (Cyber) y nuestra canción de hoy, “Baba O’Riley”, en CSI (Nueva York). Este tema forma parte del quinto álbum de estudio de los británicos, “Who’s next” (1971), que tiene su origen en una fallida ópera rock del guitarrista Pete Townshend titulada “Lifehouse”, un ambicioso y complejo proyecto difícil de entender incluso para su creador, en el que se mezclaba la política con la ciencia-ficción distópica y la música interactiva (Héctor Sánchez lo explica muy bien, y con detalles, en este artículo publicado en la revista Efe Eme). Era todo tan complicado en “Lifehouse” que no hubo otro remedio que cancelar el proyecto, para desesperación de Pete Townshend, que llegó incluso a valorar la posibilidad de abandonar The Who e iniciar una nueva aventura musical. Finalmente se logró reconducir la situación, y se utilizaron algunos de los materiales de “Lifehouse” para un nuevo álbum, que titularían “Who’s next”; los restantes fueron incorporándose a otros discos de la banda y a trabajos en solitario de Townshend. De hecho, “Baba O’Riley” duraba inicialmente media hora; el propio autor nos ha explicado (lo cual es de agradecer) el significado de este tema en el contexto de “Lifehouse”:

“Un grupo familiar autosuficiente que rompe con todo y que viven en una granja en una parte remota de Escocia decide ir al sur para investigar los rumores de un concierto subversivo que promete agitar y despertar a la sociedad británica apática y asustadiza. Ray está casado con Sally y esperan reunirse con su hija Mary, que se escapó de casa para ir al concierto. Viajan a través de las tierras baldías del centro de Inglaterra en una caravana, con un aparato de aire acondicionado que esperan que les proteja de la polución”.

En ningún momento se hace mención al título de la canción (aquí tenéis la letra, en inglés y español), por lo que a menudo se ha llamado, de manera errónea, “Teenage Wasteland”; en realidad en ella se recuerda a Meher Baba, un gurú indio cuyas enseñanzas fueron fundamentales en la creatividad de Pete Townshend, y a Terry Riley, un compositor de música minimalista cuya impronta puede apreciarse en los efectos sonoros de este disco y en el uso de sintetizadores y teclados sintetizados, algo novedoso para la época que, además, representaba un cambio importante respecto de lo que había sido el sonido de esta banda hasta entonces. “Baba O’Riley” comienza con un potente y pegadizo sonido de sintetizador, después van entrando el resto de instrumentos, como el piano, la batería, incluso el violín -interpretado por Dave Arbus-, una idea de Keith Moon, con aire de música clásica india en recuerdo de Meher Baba. En opinión de Héctor Sánchez (Efe Eme), “el ritmo de ‘Baba O’Riley’ era lo que Townshend imaginaba que sucedería si el espíritu de Meher Baba entrara en un ordenador y se transformara en música”.

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