The Doors. “People Are Strange”

Los californianos The Doors, quintaesencia de la psicodelia estadounidense, son unos habituales de este blog y, sin embargo, creo que nunca me he parado a recordar, ni siquiera de manera telegráfica, los orígenes de esta banda. Como comentaba en la entrada dedicada al tema “The End”, este grupo se caracterizaba por el “uso de la tragedia griega y del lenguaje metafórico como elementos para un discurso existencialista, marcado por la psicodelia, la teatralidad y la poesía”. Los orígenes más remotos de esta formación se remontan al verano de 1965, cuando Jim Morrison (vocalista) y Ray Manzarek (teclados), antiguos compañeros de la UCLA School of Theather, Film and Television, se encontraron en la playa de Santa Mónica (California -EE.UU.-) Manzarek invitó a Morrison a su grupo Rick & The Ravens, del que también formaban parte Rick y Jim (hermanos de Ray); al grupo se unió el batería John Densmore -que conocía a Ray Manzarek por unas clases de meditación a la que ambos acudían- y la bajista Patty Sullivan. Ya con el nombre de The Doors -en alusión al libro aubiográfico de Aldous Huxley The Doors of Perception, en el que el escritor recuerda sus experiencias psicodélicas con el uso de la mescalina-, grabaron una demo con seis canciones; aquello ocurrió en septiembre de 1965, para finales de año ya se habían marchado del grupo Patty Sullivan y los hermanos Rick y Jim Manzarek, y había entrado el guitarrista Robby Krieger, consolidándose así el cuarteto clásico de esta banda (Morrison-Manzarek-Densmore-Krieger).

Tras actuar habitualmente en locales de Los Ángeles como London Fog o Whisky a Go Go, fueron descubiertos por Jac Holzman, presidente de Elektra Records. El primer álbum (“The Doors”) fue lanzado a comienzos de 1967, aunque se grabó durante los días 14 al 29 de agosto de 1966, a la vez que seguían actuando en la sala Whisky a Go Go, aunque no por mucho tiempo porque, el 21 de agosto, fueron despedidos de este local después de que Jim Morrison añadiera una versión explícita y blasfema del mito de Edipo mientras interpretaban “The End”. Este primer álbum fue todo un éxito, en él se incluyeron temas que ya han salido en este blog, como “Break On Through (To The Other Side)”, “Light My Fire”, o la mencionada “The End”. El segundo disco de estudio se tituló “Strange Days” (1967), un trabajo más experimental que el primero, en el que se utilizaron nuevos instrumentos, manipulaciones sonoras y todo tipo de efectos de sonido. Sin embargo, no tuvo demasiada aceptación, a pesar de incluir temas tan buenos como “You’re Lost Little Girl”, “Love Me Two Times”, “Strange Days”, “When The Music’s Over” o “People Are Strange”, la canción con la que encabezamos este post.

Lanzada inicialmente como sencillo, fue compuesta por Jim Morrison y Robby Krieger (aunque está acreditada a los cuatro miembros de la banda), tras un paseo por Laurel Canyon (Los Ángeles -EE.UU.-), después de que Morrison -al parecer muy deprimido- acudiera a la casa que compartían juntos Robby Krieger y John Densmore; según ha contado este último, Morrison regresó del paseo eufórico, después de haber estado contemplando la ciudad desde lo alto, con la canción prácticamente escrita. Según Ray Manzarek, el tema fue escrito después de que Morrison pasara una noche en The Factory, el local de Andy Warhol en Nueva York, concretamente al caminar hacia su hotel y ver salir a la gente del metro; esa alienación que sintió fue la que motivó esta psicodélica canción, sobre sentirse marginado, y solo, en un mundo que cambia según el estado emocional de quien observa: “La gente es extraña cuando eres un extraño. Las caras se ven feas cuando estás solo. Las mujeres parecen malvadas cuando no eres deseado …” El arreglo musical, y la magistral interpretación de Morrison, aún acrecientan más la sensación de extrañeza y soledad; en este sentido, fijaos en la guitarra de Krieger, ejecutada sin púa, usando la técnica de fingerpicking, y los teclados de Manzarek, en los que se reconoce ese sonido tan característico de los Doors, entre el cabaret y las ferias populares. Finalizo con dos directos a cargo de The Doors, uno de 1967 y otro grabado en el programa de Ed Sullivan; y con tres versiones (probablemente hay más de cien), a cargo de Echo & The Bunnymen, la sueca Stina Nordenstam y los mexicanos La Máquina del Sonido (una interpretación del año 1968, en español).

The Great Society with Grace Slick . “White Rabbit”

Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas es la obra más conocida del matemático, fotógrafo y escritor británico Lewis Carroll. Fue publicada en 1865 y, aproximadamente un siglo más tarde, fue reinterpretada -tanto esta novela como su secuela, Alicia a través del espejo (1871)- por algunos colectivos vinculados al ámbito de la psicodelia estadounidense. Hongos y pastillas que aumentan el tamaño de las personas, líquidos desconocidos y asombrosos, alteraciones de la percepción espacial, orugas que fuman en pipas de agua, un mundo absurdo, onírico, donde lo real y lo imaginario se dan la mano en una especie de armonía, que fluctúa entre lo infantil y lo surrealista. No es extraño que, para artistas como Grace Slick, este libro fuera una fuente de inspiración en su creatividad como compositora musical, un lugar al que acudir para reivindicar las sustancias alucinógenas como vehículos para alimentar y expandir la mente. En este contexto, Grace Slick compuso una de las canciones más importantes que ha dado rock psicodélico, “White Rabbit”, un homenaje a la expansión sensorial preconizada durante aquellos años de la psicodelia y, también, un tirón de orejas a la hipócrita sociedad estadounidense, que perseguía y penalizaba el consumo de drogas, mientras alababa una obra de dudosa moralidad en esta materia como Alicia en el país de las maravillas, según la opinión de Grace.

Escribió primero la letra y, después, compuso la música en un piano vertical rojo, que le había costado cincuenta dólares y al que le faltaban algunas teclas; lo hizo influenciada por el “Bolero” de Maurice Ravel y por la interpretación que, del “Concierto de Aranjuez”, hizo Miles Davis en esa obra maestra que es “Sketches of Spain” (1960): “escribir cosas raras sobre Alicia, con el acompañamiento de una oscura marcha española estaba en sintonía con lo que sucedía en San Francisco entonces. Todos intentábamos alejarnos lo más posible de lo esperado” (Grace Slick). Los primeros en interpretar esta canción, en directo, en 1966, fueron los integrantes de la banda The Great Society, de la que formaba parte Grace Slick, junto con otros músicos, como su marido (Jerry Slick -batería-) o el hermano de éste (Darby Slick -guitarra-). Esta formación californiana tuvo una vida efímera como banda (1965-1966); se separaron cuando Grace decidió unirse a otro grupo: Jefferson Airplane, poco tiempo después se separaría de Jerry. Para entonces, sólo habían publicado un single, “Someone to Love”, que Grace aportaría -cambiando ligeramente el título- para un álbum de su nueva banda, el muy conocido “Surrealistic Pillow” (1967). En este disco también se incluyó “White Rabbit”.

Desde luego, ésta es la versión más conocida de este clásico de la psicodelia, la primera grabación que tuvo este tema, incluso participaron con ella en el Festival de Woodstock (de la versión de Jefferson Airplane se ha ocupado la compañera Eva, en su blog Canciones robadas). Sin embargo, como comentábamos anteriormente, “White Rabbit” ya había sido interpretado antes por The Great Society en vivo. No fue publicado en un disco hasta 1968, cuando salió al mercado el trabajo en directo titulado “Conspicuous Only in Its Absence”, cuando ya se había disuelto la banda. Ésta es, precisamente, la versión que hoy os propongo, mucho más larga que la de Jefferson Airplane y con menor protagonismo de Grace Slick, ya que la parte cantada no comienza hasta pasado el minuto cuatro. Cuatro minutos sensacionales, con un sonido como más oriental, mayor presencia de la guitarra y el saxo, y una cadencia aún más hipnótica que la de la versión canónica.

Andrés Segovia / Los Pekenikes / The Doors. “Asturias (Leyenda)”

En julio de 1968 se publicó el tercer álbum de estudio de los estadounidenses The Doors, titulado “Waiting for the Sun”. En él se incluyeron algunos de los temas mas reconocibles de su repertorio, como “Hello, I Love You”, “Five to One”, “Wintertime Love” o “Spanish Caravan”. Esta última melodía, escrita por Jim Morrison dentro de las coordenadas habituales de este autor (simbolismo, lenguaje metafórico y romanticismo misterioso), contiene una pista de flamenco construida a partir de piezas de música clásica española, concretamente el tema conocido como “Asturias (Leyenda)”, del compositor español Isaac Albéniz (1860-1909), que se reconoce muy bien en el riff de guitarra a cargo de Robby Krieger.

Este clásico del patrimonio musical español fue compuesto para piano, hacia 1890, cuando Albéniz residía en Londres (aquí tenéis un análisis musical de la obra); lo publicó por primera vez Juan Bautista Pujol, en 1892, como preludio a la obra “Chants D’Espagne”; años después, se integraría en la “Suite española Op 47” -quinto movimiento, titulado “Asturias (Leyenda)”-, publicada en 1911 por la editorial alemana Hofmeister. Aunque se compuso para piano, probablemente sean más conocidas las adaptaciones para guitarra, buena parte de ellas realizadas sobre la partitura del guitarrista granadino Andrés Segovia, fechada en 1956. Sin embargo, no fue la primera; debió de haber varios guitarristas que se cruzaron a la hora de transcribir sus respectivas partituras. El propio Andrés Segovia ya tocaba el tema en 1924, incluso antes, quizás hacia 1918; pero es probable que todo comenzara en 1914, cuando Severino García Fortea publicó la primera transcripción de la partitura para guitarra. Otros autores pioneros en la adaptación de esta pieza para guitarra fueron Regino Sainz de la Maza (parece que tocó esta pieza en 1917, en la Sala Mozart de Barcelona) y Juan Parras del Moral (en 1921). La opinión que tenía Andrés Segovia de Severino García Fortea no era muy buena: “Este hombre tenía tal monumental vanidad y presunción que, a pesar de su insuficiente conocimiento musical o técnica de notación, se atrevió a retranscribir todo lo que Tárrega ya había transcrito para la guitarra. De alguna manera convenció a la prestigiosa editorial de música, Dotesio, para publicar tales sacrilegios, que todavía pueden encontrarse impresos” (Andrés Segovia, recogido por Marcial García Ballesteros en su ficha bibliográfica de Severino García Fortea).

También anteriores a la partitura de Andrés Segovia (aunque éste probablemente ya interpretara el tema desde 1918) son las de Luis Maravilla, Narciso Yepes, Laurindo Almeida o María Luisa Anido. Posteriores a las del maestro Segovia son las de Abel Carlevaro, Rogelio Reguera, Fernando Sirvent o Alicia de Larocha (ésta al piano), todas de 1958. A partir de 1960 se publicaron las versiones de Sebastián Maroto, Julian Bream, Christoper Parkering, Ernesto Bitetti, Lucero Tena y José Luis Rodríguez (con castañuelas y guitarra), Alexandre Lagoya, John Williams, Mauro Storti, Kiyoshi Shõmura o Thomas Müller-Pering, por citar sólo algunas, porque deber haber más de trescientas, la mayoría de ellas para guitarra. Yo me voy a quedar con otra adaptación libre, la que realizó el grupo español de pop-rock instrumental Los Pekenikes, publicado como sencillo en 1966, bajo el título de “Sombras y rejas”. Si queréis escuchar alguna versión del “Spanish Caravan” de los Doors, podéis probar con las de Eric Martin & Elliot Easton, Simon James o George Winston (instrumental al piano).

Isaac Albéniz (1860-1909)

Los Brincos. “Mundo, Demonio, Carne”

Hoy más de uno habrá pensado que me he equivocado de grupo o que, realmente, en España debieron existir dos formaciones conocidas con el nombre de Los Brincos. Nada de eso, el tema “Mundo, Demonio, Carne” pertenece al álbum homónimo de Los Brincos que todos conocemos, el cuarto y último de esta formación, publicado en 1970. De los inicios de esta mítica banda española me ocupé en una entrada dedicada al tema titulado “Flamenco”; en ella, daba mi opinión sobre lo importante que fue este grupo para el pop hispano que se hizo durante la década de 1960, la gran aceptación que tuvieron entre el gran público y la calidad de su propuesta musical, con Fernando Arbex, Juan Pardo y Junior como principales artífices. Tras la publicación de su primer álbum (“Los Brincos”, 1964), salió al mercado “Brincos II” (1966), más o menos en la misma línea que el anterior, en el que se incluyeron temas tan conocidos como “Mejor”, Me dijiste adiós” o “Borracho”; después se produjo la salida de Juan Pardo y Junior, parece que tras un intento fallido de hacerse con el control del grupo en detrimento de Fernando Arbex. El caso es que Juan y Junior acabarían formando un dúo (los de “Anduriña”) y Fernando Arbex asumió la jefatura de Los Brincos; para sustituir a Juan y Junior, entraron Vicente Jesús Martínez (guitarra rítmica) y Ricky Morales -hermano de Junior- (guitarra solista), que habían formado parte del grupo español The Shakers (no confundir con la banda uruguaya). Con esta formación (Manolo González continuaba al bajo), se grabó el disco “Contrabando”, al que pertenecen canciones tan emblemáticas de esta banda como “Lola”, “El Pasaporte” o “Nadie te quiere ya”.

En 1969, Vicente Jesús Martínez se marchó al servicio militar, siendo sustituido por Miguel Morales -hermano de Ricky y Junior-; además, Fernando Arbex decidió introducir en escena al teclista colombiano Óscar Lasprilla, con el fin de dar un giro al estilo sonoro del grupo, desde el pop de sus inicios a la psicodelia y el rock progresivo, géneros que ya estaban imponiéndose en la escena europea. Con estos mimbres, Arbex pergeñó un álbum conceptual -tal vez el primero realizado en España- en torno a los tres grandes enemigos del alma: el Mundo, el Demonio y la Carne. A la discográfica de Los Brincos (Novola) aquello les pareció un espanto: canciones larguísimas, muchas en inglés, con un sonido muy diferente al que había sido seña de identidad del grupo, sin canciones potencialmente exitosas y, por si esto fuera poco, con una portada del pintor Claudio Bravo en la que aparecían los cinco miembros del grupo dibujados con sus torsos desnudos. La discográfica obligó a que la mayoría de las canciones fueran en español -algunas, como la titulada “Esa mujer”, francamente interesantes-, y que se sustituyera la portada por otra horrorosa, obra de Jesús Rodríguez Parada, en la que se ve una especie de criatura en forma de cerebro chorreante. Tras esta negociación con Novola, Fernando Arbex consiguió mantener el tema “Mundo, Demonio, Carne”, cantado en inglés, con más de doce minutos de duración y una estructura vanguardista próxima a la psicodelia y el rock progresivo. Una maravilla de composición.

Comienza con unos efectos acústicos que, en seguida, dan paso a un ritmo casi latino, suave, con protagonismo del órgano, todo muy psicodélico. Las percusiones dan paso a una fase más experimental, tenebrosa, que comienza siendo instrumental (sobre todo guitarra) para continuar con una parte cantada, que finaliza con la entrada de la batería. A partir de aquí se abre un nuevo movimiento, con cierto tono marcial, apoyado en percusiones, guitarras y teclados. La última parte del tema es más melódica y jazzística, con arreglos de viento y una finalización entre sonidos de aves y mar. El disco apenas tuvo aceptación entre el público, lo que condujo a la disolución del grupo. Treinta y un años después de publicado “Mundo, Demonio, Carne”, se realizó una reedición de este trabajo por el sello Arcade, el disco que realmente siempre quiso publicar Fernando Arbex: diez temas, todos en inglés, con la secuencia ideada por él, y una diferenciación clara de los cuatro movimientos que integran la suite principal: “Crazy World”, “Angel Felt”, “Hell’s Door” y “Body & Soul”. Además, en la portada se utilizó el diseño inicial, en el que aparecen los cinco integrantes de Los Brincos con los torsos desnudos. Os animo a que descubráis (si aún no lo habéis hecho) a estos Brincos oscuros y psicodélicos, quizás os llevéis una sorpresa.

The Jimi Hendrix Experience. “Voodoo Child (Slight Return)”

The Jimi Hendrix Experience fue la banda del guitarrista Jimi Hendrix, uno de los músicos más innovadores y salvajes que ha dado el rock, y de los que más han influido en generaciones posteriores; recordemos, sin ir más lejos, el juicio emitido por el virtuoso guitarrista Joe Satriani a propósito del tema que hoy nos ocupa, “Voodoo Child (Slight Return)”: “Es la mayor pieza de guitarra eléctrica hecha jamás registrada. De hecho, la canción entera puede ser considerada como el santo grial de la guitarra de expresión y técnica. Se trata de un faro de la humanidad».

Este power trio, formado por el bajista Noel Redding, el batería Mitch Mitchell y el propio Hendrix a la guitarra, se creó en 1966, gracias a la iniciativa del productor Chas Chandler, convencido de que había que formar una banda solvente alrededor de un músico tan genial como Hendrix, capaz de aventurarse con la guitarra en territorios apenas explorados hasta entonces, y de aportar la suficiente dosis de teatralidad como para que se interesaran por él; véase, por ejemplo, la capacidad que tenía para tocar la guitarra con los dientes o en la espalda, o de hacer una hoguera con ella en mitad del escenario. El grupo estuvo en activo poco más de cuatro años, entre 1966 y 1970, cuando falleció Hendrix, concretamente dos meses antes de cumplir los veintiocho años, el 18 de septiembre. Sólo grabaron tres álbumes (“Are You Experienced?”, 1967; “Axis: Bold As Love”, 1967; y “Electric Ladyland”, 1968), tres discos fundamentales en la historia del rock. Bajo este formato de power trio tocaron como teloneros del francés Johnny Hallyday, participaron en eventos como el Monterey Pop Festival, el Denver Pop Festival o el Festival de Woodstock, aunque para entonces (agosto de 1969) la banda se llamaba Band of Gypsys (Billy Cox había reemplazado a Noel Redding).

El primer gran éxito de The Jimi Hendrix Experience fue “Hey Joe”, después vendrían otros temas míticos, como “Purple Haze”, “All Along The Watchtower”, “Foxey Lady”, “Little Wing” o “Voodoo Child (Slight Return)”. Este último es uno de los títulos más recordados, interpretados en directo y representativos de Jimi Hendrix, además compuesto por él. En esta composición destaca el clásico sonido Hendrix, un blues-rock ácido, hardrockero, de algún modo pionero de lo que, años después, vendría en denominarse heavy metal; el virtuosismo que demuestra con la guitarra; y el uso magistral que hace del pedal wah-wah, recurso técnico que siempre utilizó con maestría y acierto. “Voodoo Child (Slight Return)” surgió a partir de otro tema, “Voodoo Chile”, grabado en mayo de 1968, después de una sesión de improvisación en la que intervinieron Jack Casady al bajo y Steve Winwood al órgano; esta composición finalmente se incluyó en el disco “Electric Ladyland”, con una duración de quince minutos y un planteamiento musical entre el rock psicodélico y el rock progresivo. Volviendo a “Voodoo Child (Slight Return)”, hay bastantes versiones de esta canción, pero sólo os voy a proponer una, que me parece sensacional, la de Stevie Ray Vaughan. También os dejo enlaces a tres interpretaciones en directo de Jimi Hendrix, todas de 1969: la del Festival de Woodstock, la del Royal Albert Hall y otra de un concierto celebrado en Estocolmo.