M Clan. “Carolina”

M Clan se creó en Murcia durante la primavera de 1993, con la siguiente formación: Santiago Campillo (guitarra), Juan Antonio Otero “Oti” (batería), Pascual Saura (bajo), Íñigo Uribe (teclados) y Carlos Tarque (voz); más tarde se uniría a ellos Ricardo Ruipérez (guitarra), al que conoció Carlos Tarque mientras realizaba el servicio militar. El grupo se llamó inicialmente Murciélagos, después Murciélagos Clan y, finalmente, M Clan. Tras grabar alguna maqueta y un mini vinilo editado por Subterfuge, publicaron su dos primeros álbumes (“Un buen momento”, 1995 y “Coliseum”, 1997), haciendo gala de un sonido rocanrolero cercano al rock sureño, incluso al hard rock. Con la entrada de Alejo Stivel como productor, suavizaron su sonido con el objetivo de acercarse al gran público, algo que consiguieron con su tercer disco de estudio (“Usar y tirar”, 1999), con el que triunfaron, sobre todo gracias a la versión en español del clásico de la Steve Miller Band “Serenade”, que ellos titularon “Llamando a la Tierra”. Este momento dulce del grupo se prolongó con su siguiente disco, “Sin enchufe” (2001), un álbum en directo grabado en modo acústico, siguiendo la moda estadounidense de los unplugged; en él se incluyeron canciones de sus discos anteriores, versiones de temas de Rod Stewart (“Maggie May”, titulado “Maggie despierta”), de los Rolling Stones (“Paint it, Black”, titulado “Todo negro” en homenaje a la versión sesentera de Los Salvajes) o de la Steve Miller Band (la ya mencionada “Llamando a la Tierra”), y canciones nuevas, como “Los periódicos de mañana”, “Souvenir” o “Carolina”, la más conocida de todas, uno de los temas más representativos de esta banda murciana y, también, de los más polémicos.

Cuando escuchamos la canción, lo primero que nos viene a la cabeza es que se trata de una historia de amor o de atracción sexual, con cierto componente obsesivo, entre un hombre adulto y una chica menor de edad; por ello, no es de extrañar que se dijera de este tema que incitaba a la pederastia. Con el paso del tiempo, se fue extendiendo la idea de que Carolina no era una mujer, sino la cocaína: “la reina de las medicinas que no se venden en farmacia legal”; en los bares, la gente incluso solía cantar la canción sustituyendo Carolina por cocaína. Pero Carlos Tarque ha manifestado claramente que esa interpretación es incorrecta, y que ellos nunca quisieron dar ese sentido a la canción:

La gente piensa que va sobre la cocaína porque la letra dice ‘la reina de las medicinas que no se venden en farmacia legal’. Pero eso no lo decimos por la cocaína, sino porque la niña es la que se droga y es la reina de las medicinas… Algo que ahora ya no se puede ni decir porque te llevan al talego. Esto fue hace 18 años y todavía se podía hacer un poco de ficción. Nosotros venimos de la escuela de Lou Reed, de los travelos… Es todo alucinante ahora: si cantas sobre una niña que es menor y se droga te llevan a la cárcel.

Entrevista a Carlos Tarque para la revista ICON (El País), fechada el 19/12/2018.

Otro de los miembros de la banda, Ricardo Ruipérez, también se ha manifestado en términos similares:

Se trata de un tema que plasma la relación con una menor, del año 2001, pero yo creo que sí y no tendría que pasar absolutamente nada. Al fin y al cabo, es una ficción, como tantas y tantas que hay en la música y en el arte. Es una canción blanca, que refleja un poco, entre comillas, ese símbolo de “Lolita”, que tantas veces se ha utilizado. Es una canción de tres minutos, no es ninguna declaración de principios. Es una canción más y ya está

Entrevista a Ricardo Ruipérez para Atlántico, fechada el 21/08/2021.

Carlos Tarque, me imagino que harto de dar explicaciones durante tantos años sobre el significado de la canción, ha terminado ofreciendo una nueva versión: Carolina es “el sueño húmedo de una adolescencia absurda y precoz” (Uppers). Continúo con algunas interpretaciones en directo de este tema por M Clan: una grabada en Murcia en 2005, otra con Fito Cabrales y una más reciente en la Sala Barts de Barcelona; y con el tema “A Better Place” (1973), de la banda The Hollies que, según la web Similar Rock, Similar Pop, es muy parecido a “Carolina” ¿Vosotros qué opináis?

Y finalizo con algunas fotos del concierto de M Clan que tuvimos la suerte de ver hace unos días en Madrid, en «Las Noches del Botánico». Se agotaron las entradas en 24 horas, y no me extraña porque fue un concierto excelente. Cantaron sus temas más conocidos, incluyendo alguna de las versiones que comentamos en la entrada; por supuesto, dejaron para el final «Carolina», lo grabé como buenamente pude, os dejo también el vídeo.

Frank Zappa / Zappa Plays Zappa. “Peaches en Regalia”

La edición número 51 (año 2009) de los archiconocidos Premios Grammy de la música tuvo un ganador un tanto sorprendente en la categoría de mejor interpretación instrumental de rock. En un concurso en el que optaban al galardón artistas y grupos como David Gilmour, Metallica, Nine Inch Nails o Rush, ganó una banda tributo: Zappa Plays Zappa. Bien es cierto que no era una banda tributo cualquiera; el grupo se había formado en el año 2006, en torno al guitarrista Dweezil Zappa, hijo mayor del gran Frank Zappa, fallecido en 1993. Dweezil estaba acompañado en esta aventura por algunos de los miembros de la banda de su padre, como Napoleon Murphy Brock (saxo, flauta, voz) y, en ocasiones, el batería Terry Bozzio y el virtuoso guitarrista Steve Vai. Tras realizar algunas giras entre los años 2006 y 2009, ganaron el mencionado Grammy con una interpretación magistral del clásico de Frank Zappa “Peaches en Regalia”, en la que participaron -además de Dweezil, Steve Vai y Murphy Brock- Aaron Arntz (teclados), Scheila González (saxofón, flauta, teclados), Jamie Kime (guitarra), Pete Griffin (bajo), Joe Travers (batería) y Billy Hulting (percusión, xilófono).

La grabación original de “Peaches en Regalia” había sido incluida en el segundo álbum en solitario del estadounidense Frank Zappa, uno de los grandes genios que ha dado la música rock. Con este disco, Zappa cerraba su etapa como líder de la banda The Mothers of Invention, pionera del rock progresivo experimental, creada en 1964. Iniciaba así una fecunda carrera en solitario, que apenas conozco porque, a pesar de que soy un enamorado del rock progresivo, siempre me ha costado mucho conectar con este artista, incluso más aún en su etapa con The Mothers of Invention. En una entrada dedicada a este músico por el compañero lrotula, en su blog Algo de Jazz, Blues, Rock …, decía lo siguiente sobre uno de los temas de este músico: “la típica canción de Frank Zappa que enseguida se enmaraña con exabruptos, chillidos, interrupciones, etc. que invitan a pasar al siguiente tema”. Lo cierto es que me identifico totalmente con esta frase; Zappa es un autor desconcertante, nunca sabes por donde van a ir sus canciones, pueden empezar como una pieza de jazz fusión o de rock experimental y acabar a ritmo de doo wop o de country-blues, todo ello ejecutado con un poco de esquizofrenia y mucha complejidad. Con todo, he de decir que me encanta el disco en el que se incluyó “Peaches en Regalia”; se titula “Hot Rats” (1969), y os animo a que lo escuchéis en su totalidad; además, lo encuentro bastante asequible, de escucha agradable, incluso melódico, en particular esa sensacional pieza con la que se arranca el disco, la ya mencionada “Peaches en Regalia”. Un tema que es todo un regalo para los aficionados al jazz, al rock, y para un buen número de grupos (muchos de ellos desconocidos), que han sentido la necesidad de interpretar este clásico del jazz fusión (incluso existen versiones orquestales). Finalizo con dos vídeos de Zappa, un directo de 1976 y un vídeo promocional de 1987.

Camarón / María José Llergó (con Paco Soto) / Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. «Nana del caballo grande»

El otro día me emocioné leyendo algunos pasajes de la obra autobiográfica Mi último suspiro, del cineasta Luis Buñuel. Me refiero, en concreto, a cuando el aragonés retrata a su amigo Federico García Lorca: “Brillante, simpático, con evidente propensión a la elegancia, la corbata impecable, la mirada oscura y brillante, Federico tenía un atractivo, un magnetismo al que nadie podía resistirse (…) Lorca me hizo descubrir la poesía, en especial la poesía española, que conocía admirablemente (…) De todos los seres vivos que he conocido, Federico es el primero. No hablo ni de su teatro ni de su poesía, hablo de él. La obra maestra era él. Me parece, incluso, difícil de encontrar alguien semejante. Ya se pusiera al piano para interpretar a Chopin, ya improvisara una pantomima o una breve escena teatral, era irresistible. Podía leer cualquier cosa, y la belleza brotaba siempre de sus labios. Tenía pasión, alegría, juventud. Era como una llama (…) En realidad, Federico murió porque era poeta. En aquella época, se oía gritar en el otro bando: ‘¡Muera la inteligencia!’” (Buñuel, Luis. Mi último suspiro. Barcelona: Debolsillo, 2012)

Buñuel conoció lo mejor de Lorca, el resto nos tenemos que conformar con su obra y su leyenda, precisamente los aspectos menos atractivos de Lorca, al menos en opinión de Luis Buñuel; con sinceridad, casi rudeza en su relato, nos recuerda que lo que nos ha llegado de Lorca es lo más imperfecto de él: “tengo que confesar aquí que la admiración que me merece el teatro de Lorca es más bien escasa. Su vida y su personalidad superaban con mucho a su obra, que me parece a menudo retórica y amanerada” (Buñuel, Luis. Mi último suspiro. Barcelona: Debolsillo, 2012). Sea como fuere, la mayoría solo podemos recordar a Lorca por su obra (tampoco hay que hacer caso a todo lo que dice Buñuel), por sus poesías, por la recuperación de las tradiciones y el folclore andaluz, y por su teatro. Dentro de este género, destaca “Bodas de sangre”, escrita en 1931 y estrenada en Madrid el 8 de marzo de 1933, en el Teatro Beatriz. Una de las partes más recordadas de esta obra es el fragmento lírico-dramático, en forma de nana, utilizado como recurso narrativo para incrementar el tono dramático de la obra. Lorca utilizó una canción de cuna popular de Granada e incluyó algunos elementos nuevos, que aportaron simbolismo y tragedia a la obra.

En 1979, Camarón de la Isla recuperó este pasaje, que tituló “Nana del caballo grande”, para su excepcional disco “La Leyenda del Tiempo”, álbum del que ya nos hemos ocupado a propósito del tema homónimo. Acompañado por músicos como Manuel Marinelli (Alameda) a los teclados o Gualberto al sitar, Camarón nos dejó una obra de arte, que recordamos en nuestra primera opción destacada de hoy. Diez años después, en 1989, volvería a grabar la canción, esta vez con apoyo de la Royal Philharmonic Orchestra de Londres y de músicos como Tomatito, Carles Benavent o Tino Di Geraldo; fue incluida en el álbum “Soy gitano”. Hay bastantes versiones de “Nana del caballo grande”; entre ellas, podemos destacar las de Carmen París (incluida en la película “La Novia”), India Martínez, Hanne Tveter, Josemi Garzón y Carmen Linares, Ricardo Fernández del Moral, Alba LaMerced, Ángeles Toledano y Paco Periago, Jorge Molero, Paco Candela, Kiko Navarro con Nuria Millán y Benji Habichuela, Bad Moon Eclipse y, por supuesto, las otras dos versiones destacadas, a cargo de María José Llergó y de Derby Motorota’s Burrito Kachimba. La de la cordobesa, una de las voces más destacadas del nuevo flamenco, es la que dejó -acompañada del guitarrista Paco Soto- en el programa de televisión “La Resistencia” (Movistar). La de los sevillanos fue incluida en el sencillo “Nana del viejo mundo” (2019); de esta excelente banda de rock psicodélico-progresivo andaluz, heredera de pioneros de este estilo, como Smash, quizás nos ocupemos en otra entrada, que intentaremos dedicar a uno de sus temas propios más conocidos.

Federico García Lorca (1898-1936)

The Great Society with Grace Slick . “White Rabbit”

Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas es la obra más conocida del matemático, fotógrafo y escritor británico Lewis Carroll. Fue publicada en 1865 y, aproximadamente un siglo más tarde, fue reinterpretada -tanto esta novela como su secuela, Alicia a través del espejo (1871)- por algunos colectivos vinculados al ámbito de la psicodelia estadounidense. Hongos y pastillas que aumentan el tamaño de las personas, líquidos desconocidos y asombrosos, alteraciones de la percepción espacial, orugas que fuman en pipas de agua, un mundo absurdo, onírico, donde lo real y lo imaginario se dan la mano en una especie de armonía, que fluctúa entre lo infantil y lo surrealista. No es extraño que, para artistas como Grace Slick, este libro fuera una fuente de inspiración en su creatividad como compositora musical, un lugar al que acudir para reivindicar las sustancias alucinógenas como vehículos para alimentar y expandir la mente. En este contexto, Grace Slick compuso una de las canciones más importantes que ha dado rock psicodélico, “White Rabbit”, un homenaje a la expansión sensorial preconizada durante aquellos años de la psicodelia y, también, un tirón de orejas a la hipócrita sociedad estadounidense, que perseguía y penalizaba el consumo de drogas, mientras alababa una obra de dudosa moralidad en esta materia como Alicia en el país de las maravillas, según la opinión de Grace.

Escribió primero la letra y, después, compuso la música en un piano vertical rojo, que le había costado cincuenta dólares y al que le faltaban algunas teclas; lo hizo influenciada por el “Bolero” de Maurice Ravel y por la interpretación que, del “Concierto de Aranjuez”, hizo Miles Davis en esa obra maestra que es “Sketches of Spain” (1960): “escribir cosas raras sobre Alicia, con el acompañamiento de una oscura marcha española estaba en sintonía con lo que sucedía en San Francisco entonces. Todos intentábamos alejarnos lo más posible de lo esperado” (Grace Slick). Los primeros en interpretar esta canción, en directo, en 1966, fueron los integrantes de la banda The Great Society, de la que formaba parte Grace Slick, junto con otros músicos, como su marido (Jerry Slick -batería-) o el hermano de éste (Darby Slick -guitarra-). Esta formación californiana tuvo una vida efímera como banda (1965-1966); se separaron cuando Grace decidió unirse a otro grupo: Jefferson Airplane, poco tiempo después se separaría de Jerry. Para entonces, sólo habían publicado un single, “Someone to Love”, que Grace aportaría -cambiando ligeramente el título- para un álbum de su nueva banda, el muy conocido “Surrealistic Pillow” (1967). En este disco también se incluyó “White Rabbit”.

Desde luego, ésta es la versión más conocida de este clásico de la psicodelia, la primera grabación que tuvo este tema, incluso participaron con ella en el Festival de Woodstock (de la versión de Jefferson Airplane se ha ocupado la compañera Eva, en su blog Canciones robadas). Sin embargo, como comentábamos anteriormente, “White Rabbit” ya había sido interpretado antes por The Great Society en vivo. No fue publicado en un disco hasta 1968, cuando salió al mercado el trabajo en directo titulado “Conspicuous Only in Its Absence”, cuando ya se había disuelto la banda. Ésta es, precisamente, la versión que hoy os propongo, mucho más larga que la de Jefferson Airplane y con menor protagonismo de Grace Slick, ya que la parte cantada no comienza hasta pasado el minuto cuatro. Cuatro minutos sensacionales, con un sonido como más oriental, mayor presencia de la guitarra y el saxo, y una cadencia aún más hipnótica que la de la versión canónica.

Christopher Cross. “Never Be The Same”

Un primer disco brillante y exitoso puede ser el mejor trampolín para un músico, siempre y cuando sea capaz de superarlo o, cuanto menos, igualarlo. En 1979 se publicaba el álbum titulado “Christopher Cross”, con el que debutaba el cantautor estadounidense (nacido en San Antonio -Texas-) Christopher Charles Geppert, conocido con el nombre artístico de Christopher Cross. Antes de grabar este disco se ganaba la vida tocando en bares y locales, generalmente versiones, junto con sus compañeros y amigos de la adolescencia: Andy Salmon (bajo) y Rob Meurer (teclados), que conformaban la banda Flash, en la que Christopher cantaba y tocaba la guitarra. Un instrumento que ejecuta bastante bien, no en vano, según he podido leer, sustituyó a Ritchie Blackmore en un concierto de Deep Purple, durante 1970, cuando el guitarrista de esta banda enfermó. En 1979, Cross fue contratado como solista para el sello Warner, donde grabó el disco que comentábamos anteriormente y varios sencillos que se extrajeron de este álbum. En mitad de la portada aparecía un pelícano, este recurso acabaría siendo la seña de identidad de este artista.

Christopher Cross” (1979) fue uno de los primeros discos de música popular grabados con tecnología digital, con el sistema de grabación 3M. Contó con la participación de músicos como Don Henley, Larry Carlton, Michael Omartian, JD Souther o Michael McDonald. Este álbum ostenta un record; ganó cuatro premios Grammy en una misma edición: mejor álbum, mejor grabación (“Sailing”), canción del año (“Sailing”) y mejor artista novel. Cross consiguió reunir, en un solo disco, un puñado de buenas canciones, sencillas, sin excesivas pretensiones y de gran riqueza melódica; en definitiva, un álbum de soft rock (hay quien denomina al estilo de Cross como “yacht rock”), en el que destacan canciones como la balada “Sailing”, “Say You’ll Be Mine”, “I Really Don’t Know Anymore”, “Ride Like The Wind” o la que hemos elegido para presentar este álbum, “Never Be The Same”, aunque podría haber sido cualquiera de las que acabo de mencionar porque todas son muy representativas del estilo Christopher Cross.

Tras este primer Lp, grabó el titulado “Another Page” (1983), en el que se incluyó una de sus canciones más conocidas: “All Right”. Aunque antes, en 1981, había lanzado al mercado la canción «Arthur’s Theme (Best That You Can Do)”, escrita por él y por Burt Bacharach, Carole Bayer Sager y Peter Allen como tema principal de la película “Arthur, el soltero de oro” (1981); esta canción obtuvo el Oscar a la Mejor Canción Original en la ceremonia de 1981. Christopher Cross nunca fue capaz de superar su primer álbum; a partir de 1984, su fama fue declinando, a pesar de que ha seguido publicando discos y ofreciendo conciertos (algo que continúa haciendo, a juzgar por la información que ofrece su página web). Para que le podáis ver en acción, os dejo tres actuaciones en directo en las que interpreta “Never Be The Same”, una de 1980, otra de 1998 y la última de 2023, en la que se puede apreciar las secuelas dejadas por el COVID que contrajo en abril de 2020.