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The Smiths. “This Charming Man”

Hace algunas semanas, dentro de la sección “Las Cinco Canciones de tu Vida”, Antonio (Diccineario) quiso acabar su espléndida participación con un tema de los Smiths, en concreto “There is a light that never goes out“. Recuerdo aquella entrada como una de las más animadas y participativas que hemos tenido en este blog; cuarenta y seis comentarios en los que todos nosotros mostramos nuestra predilección por esta banda, además señalasteis aquellas canciones que más os gustaban. Julia Fern llegó a decir: “¡¡Bueno!! ¡Menudo especial The Smiths que habéis preparado en un momento, una selección de lo mejorcito!” Ésta es la selección que se hizo aquel día, contando con la canción propuesta por Julia y la protagonista de esta entrada: “The boy with the thorn in his side“, “Everyday is like sunday” (ésta de Morrisey), “Bigmouth strikes again“, “First of the gang of die” (también de Morrisey), “You have killed me live in jools Holland” (Morrisey), “The Headmaster ritual“, “Last night I dreamt that somebody loved me“, “There is a light that never goes out” y la que obtuvo más votos de todos vosotros, “This Charming Man”; entonces me comprometí a dedicar una entrada a este tema, y lo prometido es deuda.

Esta canción es una de las más reconocidas de los británicos; fue su segundo single, publicado en octubre de 1983 por el sello independiente Rough Trade Record, posteriormente incluido en el primer álbum de esta banda (“The Smiths“, 1984), una formación creada en 1982, en la ciudad de Manchester, en torno al vocalista Morrisey y el guitarrista Johnny Marr -precisamente los autores del tema que hoy nos ocupa-, a los que se unieron Andy Rourke (bajo) y Mike Joyce (batería). No estamos hablando de un grupo más de los muchos que hubo en los años ochenta; consiguieron un sonido propio, inconfundible, entre el post-punk, el rock alternativo y el jangle pop, sustentado en la guitarra de Marr, la peculiar y carismática voz de Morrisey y unas letras inteligentes, sugerentes, provocadoras y muy atrevidas para aquella Inglaterra conservadora de Margaret Thatcher. Precisamente este primer álbum se vio envuelto en varias controversias y escándalos, al acusarles de promover la pedofilia, incluso la tortura y el asesinato de niños, algo que siempre negaron con vehemencia; en concreto, estuvieron dentro de la polémica las canciones “Suffer little children“, “The hand that rocks the cradle” y “Reel around the fountain“. Precisamente este último tema tenía que haber sido el segundo single del grupo pero, tras las acusaciones de promover la pedofilia realizadas por algunos medios, decidieron sustituirle por “This Charming Man”, una canción que nos habla de un chico guapo al que se le pincha una rueda de su bicicleta, un hombre encantador en un coche, el asiento del pasajero y lo lamentable que es querer ir de fiesta y no tener nada que ponerse ¿Una canción de temática gay? ¿La crónica de alguien que acaba de “salir del armario”? ¿Una reflexión sobre la importancia de ir bien vestido a las fiestas o, tal vez, un aviso dirigido a ciclistas solitarios? Quiero agradecer a todos los amigos que participasteis en aquella tertulia que dio origen a esta entrada: Alex, Antonio, Vidal, Salva, Eduardo, lrotula, Julia y Whatgoesaround, que nos mostró su canción preferida (“Girlfriend in a Coma“) en un post que publicó unos días después de este bonito debate.

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Boston. “Don’t look back”

No es habitual que un ingeniero del prestigioso MIT acabe dedicándose a la música de manera profesional. Tom Scholtz, el líder de la banda norteamericana Boston, se graduó en este centro donde probablemente adquirió una serie de conocimientos de gran utilidad para su carrera musical; incluso se llegó a extender el rumor de que el primer trabajo de esta banda (“Boston“, 1976), del que nos hemos ocupado en otra ocasión a propósito de la conocidísima canción “More than a feeling“, fue compuesto con un programa informático; mientras, en la radio se escuchaban cuñas publicitarias como la que decía: “Boston: mejor música gracias a la Ciencia” (Roberts, David. Crónicas del Rock. Una historia visual de las 250 mejores bandas de todos los tiempos. Barcelona, Lunwerg, 2013; págs. 82-83). En aquel primer álbum es donde se encuentra la quintaesencia de Boston: un hard rock melódico con una producción muy cuidada, con un sonido cristalino, algunas influencias procedentes del rock progresivo y, ante todo, la pretensión de llegar al gran público utilizando las premisas de lo que se ha venido en denominar “Adult Oriented Rock” (AOR). El segundo disco, titulado “Don’ look back”, se publicó en 1978 y en él se incluyeron ocho cortes todos compuestos por Tom Scholtz, aunque él siempre quiso haber contado con una canción más; de hecho, la cara B de este Lp sólo dura quince minutos. Lo cierto es que el metódico y concienzudo Scholtz se vió sorprendio y violentado por la compañía discográfica (CBS), que no quiso conceder más tiempo a la banda para la preparación de su segundo álbum; de tal manera que prácticamente lo publicaron a partir de la maqueta provisional que recibieron del grupo, para desesperación de Scholtz quien reconoció que habría necesitado unos seis meses más para pulir el trabajo. El malestar entre el guitarrista y la discográfica fue a más, hasta el extremo de verse involucrados en una serie de demandas y pleitos, en los que unos reclamaban indemnizaciones por no haber entregado a tiempo algunos materiales, mientras que la banda acusó a la compañía de no beneficiarles con los royalties a los que tenían derecho. No volvieron a grabar otro disco hasta ocho años después, ya con el grupo desmembrado, el titulado “Third Stage” (1986), donde se recogía la conocida balada “Amanda”. Volviendo a “Don’t look back”, con todos sus problemas que hemos comentado, me sigue pareciendo un trabajo interesante, tal vez no tanto como el primero pero con buenos temas: “It’s easy“, “Don’ be afraid“, “A man i’ll never me” o el que titulado igual que el disco, el más popular de este álbum.

En recuerdo de Sib Hashian (1949-2017), batería del grupo Boston en los álbumes “Boston” (1976) y “Don’t Look Back” (1978)

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Pink Floyd / Dream Theather / Gov’t Mule. “Money”

Independientemente de los gustos personales de cada uno, bien podría decirse que “The Dark Side of The Moon” (1973) es la obra de referencia de Pink Floyd, aquella que es capaz de encandilar a los críticos musicales más severos y al público más variopinto, tanto seguidores del rock progresivo, como rockeros en el más amplio sentido de la palabra, pasando por partidarios de fórmulas próximas al pop-rock y público en general. Estamos hablando de uno de los álbumes más vendidos en la historia del rock; un disco que, según nos cuenta José Ramón Pardo en La Discoteca Ideal de la Música Pop. Los 1.000 mejores discos de pop-rock (Barcelona: Planeta, 1997), llegó a contar con una planta en Alemania donde sólo se fabricaban cedés de este trabajo. “The Dark Side of the Moon” es un álbum conceptual, construido a partir de ideas, desarrollos y experimentos realizados por Pink Floyd en conciertos y grabaciones anteriores, que reflexiona sobre aquellos aspectos cotidianos de la vida que nos preocupan, nos atenazan, incluso nos atormentan, como el paso del tiempo, el estrés, la muerte, la avaricia o la locura. Las letras de todas las canciones fueron escritas por Roger Waters, mientras que en la música también intervino el resto de miembros de la banda, así como Alan Parsons, el ingeniero de sonido, cuyo papel fue fundamental en el ensamblaje de todas piezas, en la grabación y en la materialización de los innovadores efectos sonoros característicos de este Lp (cajas registradoras, ruido de papel y de monedas, relojes, etc.) En “The Dark Side of the Moon” no existen largas suites como en discos anteriores y, en líneas generales, podríamos hablar de un disco complejo pero de fácil y agradable escucha, uno de los trabajos menos progresivos de esta formación. La cara B comienza con un tema de Roger Waters, “Money”, tal vez el más recordado del disco, que nos habla del poder del dinero, de su capacidad para doblegar ideales y corromper espíritus. Hoy he preferido rendir homenaje a esta gran canción con dos versiones en directo muy en la línea del original; en primer lugar la de la banda de metal progresivo Dream Theather y, después, la ejecutada por el grupo de rock sureño Gov’t Mule, proyecto paralelo de la Allman Brothers Band. No obstante, para todos aquellos que busquéis algo diferente, más atrevido o más original, os recomiendo otras posibilidades en función del género donde os encontréis más cómodos: hard rock y blues-rock (Velvet Revolver, Michael Schenker Group), rock progresivo (The Pineapple Thief), funk (Dan Reed Network, Rosebud), reggae rock (Easy Star All-Stars), jazz (Frank Bennett, Kitty Margolis, Emmerson Nogueira) o música clásica de cuerda (The String Quartet).

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Pedro Ruy Blas. “A los que hirió el amor”

A comienzos de los setenta triunfaba en España “A los que hirió el amor”, una canción antibelicista con una letra lo suficientemente ambigua como para sortear la censura de la época. Aunque, dicho sea de paso, creo que se utilizó más como recurso romántico en los guateques que como reivindicación pacifista; tal vez por eso fue respetada por los censores, todo lo contrario que sucedió con el tema “Mi voz es amor“, que acabó siendo prohibida por este organismo represivo minutos antes de ser presentada en público por Pedro Ruy Blas, uno de esos músicos que, pese a la huella que ha dejado en la escena española, apenas es recordado más que por la canción “A los que hirió el amor”. Nacido en Madrid, Pedro Ample Candel comenzó su carrera musical muy joven, formando parte de grupos como Los Príncipes o Los Grimm; en 1968 ingresó en Los Canarios -una de las mejores bandas españolas del momento-, como sustituto de Teddy Bautista mientras éste realizaba el servicio militar. Tras este periplo temporal grabó “A los que hirió el amor” bajo la batuta del productor Alain Milhaud, ya bajo el nombre artístico de Pedro Ruy Blas en homenaje a “Ruy Blas”, una de las obras más importantes de Victor Hugo. A mediados de los setenta lideró, como cantante y batería, un proyecto de los más interesantes que ha dado la música española, el grupo Dolores, donde el flamenco y el jazz-rock se daban la mano de manera magistral y en el que participaron músicos tan destacados como Jorge Pardo o Rubén Dantas. En 1980 reinicia su carrera en solitario, como cantante y como actor de musicales; aún continúa en activo. “A los que hirió el amor” es un tema compuesto por Jean Gaston Renard y Lucien Marie Antoine Thibaut, bajo el título inicial de “Ceux que l’amour a blessé”, que fue popularizado en Francia por Johnny Hallyday. En este caso, al menos desde mi punto de vista, la versión de Pedro Ruy Blas y Alain Milhaud supera en fuerza y autenticidad al original galo. Y, aunque se han hecho otras versiones, creo que ninguna mejora la del madrileño; entre ellas podemos citar la de Bruno Lomas, la de los Briks, la más gamberra de Los Petersellers y la de Medina Azahara, tal vez la más destacable de todas.

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Van Der Graaf Generator. “Man-Erg”

Sé que algunos de vosotros pasáis de largo cuando el tema propuesto es de rock progresivo, y eso que trato de elegir los grandes títulos del género, temas que por su estructura melódica me parecen aptos para todos los paladares o canciones en la frontera con otros estilos, como el hard rock o el AOR. Si sois de los que consideráis que Yes, Genesis o Camel son, en el mejor de los casos, bandas que no escucháis porque pensáis que su música es árida y complicada, mejor que no lo intentéis con otras como The Mothers of Invention, Gentle Giant o el grupo protagonista de hoy: Van der Graaf Generator. He de reconocer que yo tampoco conozco bien la discografía de este último grupo, y no precisamente porque no lo haya intentado, pero el tono excesivamente sombrío de su música, su extrema apuesta por lo experimental y lo dificultoso de su seguimiento melódico, son algunos de los motivos que me han impedido conectar con estos británicos. A pesar de todo, me parecen una formación muy interesante por una serie de razones que, a continuación, paso a enumerar: 1) Son unos pioneros del rock progresivo experimental, y se han atrevido con planteamientos y sonidos que han servido de guía a otras bandas que han venido después. 2) Cuentan con uno de los mejores cantantes del género, su líder absoluto Peter Hammill. 3) La guitarra eléctrica no es la protagonista de su sonido, sino los teclados en todas sus variantes, así como los instrumentos de viento, en particular el alocado y original saxo de David Jackson. 4) En algunos de sus mejores Lps, como el que nos ocupa, contaron con Robert Fripp -el líder de King Crimson- a la guitarra. 5) No dejan indiferente a casi nadie, o te gustan o juras no escucharlos nunca más. A punto estuve de pasarme a este segundo grupo, pero entonces cayó en mis manos “Pawn Hearts” (1971), el excelente cuarto trabajo de estudio de esta formación creada en 1967, a partir de tres estudiantes de la Universidad de Manchester: Nick Pearne (teclados), Chris Judge Smith (percusión, viento) y el ya citado Peter Hammill (guitarra, voz y, con el tiempo, multiinstrumentista). Tras algunas idas y venidas, desajustes y cambios, grabaron su primer álbum (“The Aerosol Grey Machine”) en 1969 y los dos siguientes (“The Least We Can Do Is Wave To Each Other” y “H to He, Who Am the Only One”) en 1970. “Pawn Hearts” es un álbum formado por tres temas: “Lemmings“, la suite “A Plague of Lighthouse Keepers” y “Man-Erg”, la canción protagonista de hoy; os puedo asegurar que se trata de una de las composiciones de Van Der Graaf Generator más asequibles, además cuenta con una interesante letra que nos habla de las fuerzas opositoras que gobiernan el mundo, el bien y el mal, a menudo conviviendo con nosotros como en la mente de un esquizofrénico.