Topo. “Vallecas 1996”

De los orígenes de la banda madrileña de rock urbano Asfalto ya os he hablado en algunas entradas anteriores, en concreto las dedicadas a los temas “Días de Escuela” y “Capitán Trueno”, y al concierto que ofrecieron el 23 de enero de 2016 en la Sala Penélope de Madrid. En ellas, más concretamente en la primera, recordábamos cómo se rompió el grupo al poco de salir publicado el primer disco (“Asfalto”, 1977). El caso es que Julio Castejón (guitarra, voz) y Enrique Cajide (batería) incorporaron a dos músicos más y continuaron con Asfalto, mientras que Lele Laina (guitarra, voz) y José Luis Jiménez (bajo, voz) crearon una nueva banda, a la que se incorporaron el batería Terry Barrios y el teclista Víctor Ruiz. Según ha manifestado Lele Laina, empezaron “a ensayar en una casita de la avenida de San Diego, en Vallecas [Madrid], tirando tabiques abajo para poder estar más cómodos, porque el lugar era pequeño. Este fue el sitio de creación de Topo” (Domínguez, Salvador. Los Hijos del Rock. Los grupos hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 373). El otro fundador de Topo, José Luis Jiménez, también ha reconocido que “el comienzo de Topo fue muy duro, por varios motivos: la compañía discográfica era la misma que con Asfalto, Chapa Discos, por lo cual nos putearon hasta que pudimos grabar nuestro primer elepé, que era tan bueno y tuvo tanta aceptación que no tuvieron más remedio que rendirse a la evidencia y prestarnos atención” (Domínguez, 2004: 373).

Este primer álbum (“Topo”) se publicó en 1979, producido por Teddy Bautista en colaboración con Luis Soler. En la actualidad, está considerado como uno de los álbumes fundamentales del rock urbano y uno de los mejores discos que ha dado el rock patrio (aquí lo podéis escuchar). Siete temas muy buenos, con letras comprometidas y un aroma a rock de barrio, que se quedó impregnado en muchos adolescentes de mi generación. Quizás la canción más conocida sea “Mis amigos donde estarán”, que ya salió publicada en este blog, nada menos que en el año 2014; un homenaje a los billares suburbiales, a los cigarrillos, a los bailes del domingo y a todos aquellos amigos con los que, en algún momento de tu vida, creíste hacer la Revolución. Hoy os propongo el titulado “Vallecas 1996”, una especie de relato futurista de Vallecas (Madrid) en el que las drogas están institucionalizadas y la televisión funciona siempre, vigilándonos y proyectando un mundo irreal, mientras que el aire limpio, los animales y los recursos para poder vivir brillan por su ausencia: “Vivir en Vallecas es todo un problema en 1996, sobrevivimos a base de drogas, que nos da el Ministerio del Bienestar”.

Os dejo algunas actuaciones en directo de Topo tocando este tema (todas bastante buenas); en concreto, una de 1979, otra de 2012, la grabación del disco «Canciones básicas» (2004), de Lele Laina y José Luis Jiménez, y una más que tuve la suerte de presenciar, correspondiente al Festival Rocktiembre 2016, evento realizado en recuerdo de aquel Rocktiembre de 1978, en el que participó lo más granado del rock español: Barón Rojo, Ñu, Burning, Coz, Topo, Asfalto, Leño y Cucharada. También comparto dos versiones, la de la banda madrileña de heavy metal Saratoga y la de Casablanca, grupo del que formó parte el exTopo Terry Barrios.

Cressida. “Munich”

Quienes seguís estas entradas dedicadas al rock progresivo seguro que os habréis dado cuenta que, además de los grandes clásicos del género, tengo especial predilección por los pioneros de este estilo, cuando aún se llamaba rock sinfónico y predominaban en él los sonidos melódicos próximos al pop barroco, los arreglos orquestales sinfónicos, la melancolía que lograban transmitir con instrumentos como el órgano, y esa manera de cantar, cálida y sensible, que solían tener los vocalistas de estas formaciones. Aquí hemos hablado de bandas englobables dentro de estos parámetros estilísticos, como The Moody Blues, Procol Harum, Beggar’s Opera, Barclay James Harvest o Czar; hoy traemos a los británicos Cressida, no excesivamente conocidos entre el gran público, aunque algo más entre los seguidores del rock progresivo temprano.

Los orígenes de esta banda se remontan al año 1968, cuando el vocalista Angus Cullen y el guitarrista John Heyworth entraron a formar parte de la banda The Dominators; a ellos se unieron, ya bajo el nombre de Charge, Lol Coker (órgano), Kevin McCarthy (bajo) e Ian Clark (batería). Iniciaron su andadura musical haciendo versiones de Spirit, The Doors o The Drifters, que alternaban con temas propios, compuestos por Cullen y Heyworth. A comienzos de 1969 ya se llamaban Cressida, nombre probablemente inspirado en “Troilo y Crésida”, la obra de Shakespeare. Con este nombre, tras intentar triunfar (o ganarse la vida) en países como Suiza o Alemania, consiguieron firmar con Philips Records, a través del recién creado sello Vertigo Records, especializado en rock progresivo. Sólo publicaron dos álbumes (“Cressida”, 1970 y “Asylum, 1971) y, salvo algún evento concreto, como cuando fueron teloneros de Black Sabbath en un concierto celebrado en Bruselas, sobre todo tocaron en el circuito universitario londinense y en clubes de la capital británica. Mientras que en el primer álbum predominan los temas cortos, entre el pop y el rock sinfónico melódico, en el segundo disco se incluyeron algunas composiciones más largas y esencialmente progresivas, como “Let Them Come When They Will” y “Munich”, mis temas preferidos de Cressida.

El primero -por momentos jazzístico-canterbury, al estilo Caravan– fue compuesto por John Heyworth, aunque este músico no llegaría a tocar en “Asylum” porque abandonó la banda a comienzos de 1970; fue sustituido por John Culley, que fue finalmente el guitarrista que tocó en este Lp. El corte titulado “Munich” fue compuesto por el teclista Peter Jennings quien, en verano de 1969, había sustituido a Lol Coker. Para septiembre de 1970, la banda ya se había separado; Ian Clarke se incorporó a Uriah Heep, Kevin McCarthy a la banda Tranquility -aunque lo hizo como guitarrista rítmico y vocalista- y John Culley entró a formar parte de Black Widow y, después, fundaría la banda Odin. John Heyworth falleció en 2010; un año después, tres de los cuatro miembros originales de Cressida (Cullen, Clark y McCarthy) se unirían a Jennings para dar un único concierto en The Underworld (Camden Town -Londres-), el 2 de diciembre de 2011. Hicieron coincidir este concierto con la publicación del álbum “Trapped in Time – The Lost Tapes” (2012), en el que se incluyeron algunas demos, convenientemente editadas, grabadas en 1969. A este concierto en Camden Town pertenece este vídeo, en el que se puede ver a la banda interpretando el tema “Munich”, aunque el sonido es bastante malo. Se trata de una minisuite de nueve minutos y medio de duración, en la que se alternan pasajes melódicos a lo The Moody Blues, con arreglos orquestales, emocionantes solos de guitarra, un sonido de órgano Hammond sensacional y un final épico, que nos deja con ganas de más.

Víctor Jara / Lhasa de Sela / Rosa Incaica. “Canción del árbol del olvido”

Alberto Ginastera (1916-1983) fue un compositor argentino de música clásica, autor de obras que trascendieron el género culto para instalarse en la música popular. “La canción del árbol del olvido” es un ejemplo de ello. Compuesta en 1938, cuando aún era alumno del Conservatorio Nacional de Música, es una pieza habitual, tanto en recitales líricos como en versiones folclóricas arregladas a ritmo de milonga, con referencias a otro estilo menos conocido, la vidalita, practicado en diferentes zonas de Argentina y Uruguay. La letra de este clásico de la música sudamericana, debida al uruguayo Fernán Silva Valdés (1887-1975), habla de un árbol al que acuden “los moribundos del alma” para “despenarse” y tratar de olvidar a quien todavía se ama; sin embargo, el efecto parece ser el contrario: “Al despertar de aquel sueño pensaba en vos, otra vez, pues me olvidé de olvidarte, vidalita, en cuantito me acosté”.

Tal y como señala Silvina Luz Mansilla, la canción fue estrenada el 25 de agosto de 1939, por la soprano Amanda Cetera y el pianista Roberto Locatelli. La obra fue editada por Ricordi Americana; esta partitura se ha perdido, aunque se conserva una transcripción para orquesta en la Fundación Paul Sacher de Basilea (Suiza). Entre las versiones líricas, a menudo voz y piano, destacaremos las de Martín Bucki (de 1948), Phyllis Curtin y Gregory Tucker (de 1953), Isabel Marengo y Roberto Locatelli, Manuel Cid, José Carreras, Alfredo Krauss, Montserrat Caballé, Raquel Lojendio, Raquel Pierotti, Celso Albelo y Juan Francisco Parra, José Cura o Alicia Nafé y Carmen Piazzini, entre otras.

La incorporación de este tema a la música folk se produjo de la mano de Víctor Jara (nuestra primera versión destacada de hoy), lo incluyó en su álbum “Canto libre” (1970), y de Alfredo Zitarrosa, quien registró esta melodía en su disco titulado “Coplas del canto” (1971). Tras éstas, vinieron otras interpretaciones en el ámbito de la música popular hispanoamericana, como las de Mercedes Sosa y Martha Argerich, Ginamaría Hidalgo, Leandro Medera o Vocal Anhelo. Para acompañar a Víctor Jara, os propongo las versiones de Lhasa de Sela, cantante mexicano-estadounidense, fallecida en 2010, de quien se ha ocupado la compañera Eva en su blog Canciones robadas; y Rosa Incaica, un dúo compuesto por la soprano Annelise Skovmand y el guitarrista Pablo González, que se dedican “a construir la comprensión intercultural a través de la música”, tal y como señalan en su página web. Lhasa de Sela incluyó el tema en su primer álbum (“La Llorona”, 1997), mientras que Rosa Incaica lo hizo en el disco “Flores argentinas. Canciones de Ginastera y Gustavino” (2006).

Alberto Ginastera (1916-1983)

Fairport Convention. “Mr. Lacey”

Bruce Lacey fue un artista británico pluridisciplinar de la escena underground, que se hizo relativamente conocido por sus planteamientos excéntricos en películas, documentales y todo tipo de espectáculos alternativos, a cuál más loco, en los que daba rienda suelta a una fértil imaginación creadora, habitualmente expresada a través de sus ingenios mecánicos (robots, autómatas y todo tipo de accesorios de su invención). Durante las décadas de 1950 y 1960 formó parte del grupo The Alberts, iniciativa en la que se mezclaban la música, el surrealismo y la comedia. También estuvo vinculado al programa radiofónico “The Goon Show”, emitido por BBC Home Service, entre 1951 y 1960; en este espacio fue donde se dio a conocer el actor Peter Sellers, con guiones donde abundaban las tramas absurdas, el humor surrealista, las frases pegadizas, los juegos de palabras y un sinfín de estrafalarios efectos de sonido. Bruce Lace participó en algunas exposiciones de arte contemporáneo y en películas, la más conocida quizás sea su aparición, como jardinero flautista de George Harrison, en la película “Help!” (1963), de Los Beatles.

En el año 1968, la banda de folk-rock Fairport Convention, de quienes ya nos hemos ocupado en dos entradas anteriores -dedicadas a los temas “Who Knows Where the Times Goes?” y “Fotheringay”-, quiso homenajear a este singular artista con una canción que formó parte del segundo álbum de estudio de esta formación (“What We Did On Your Holidays”, 1968), el primero con la cantante y compositora Sandy Denny, fundamental en el devenir futuro de Fairport Convention. En este álbum, pionero en el uso de instrumentos eléctricos en el folk, se incluyeron temas de autores como Bob Dylan o Joni Mitchell, canciones tradicionales y composiciones propias, como la ya mencionada “Fotheringay” o “Mr. Lacey”, compuesta por el bajista de la banda, Ashley Hutchings, en homenaje a este artista alternativo. Quizás no sea el tema más conocido de Fairport Convention, tampoco de los más representativos de su sonido; estamos ante un blues-rock -prácticamente un boogie rock- electrificado y enérgico (al menos en comparación con lo que habitualmente nos ofrecía esta banda), con una letra en la que se alude a una supuesta máquina del amor construida por Mr. Lacey, y una parte central de la canción (justo antes de que empiece la segunda parte cantada, casi al final del solo de guitarra) en la que se incluyen sonidos metálicos producidos por ingenios mecánicos de Bruce Lacey, que llevó al estudio de grabación para incluir en la canción los ruidos que producían.

El tema que hoy nos ocupa también fue recogido en un álbum en directo de esta formación (“Farewell, Farewell”, 1979), aquí dejo esta interesante interpretación. También un directo del año 2016, con el guitarrista Toby Lee cuando apenas tenía once años de edad.

Bruce Lacey (1927-2016)

Suzi Quatro y Chris Norman. “Stumblin’ In“

En dos viejas entradas de este blog, una de 2016 y otra de 2018, me ocupé de dos músicos que quizás hayan sido más conocidos por un éxito compartido en formato dueto, que por sus respectivas carreras musicales. El británico Chris Norman lideró, durante la década de 1970, la banda de rock melódico Smokie y, después, ha tenido una larga trayectoria como solista, incluso aun continúa en activo. La estadounidense Suzi Quatro inició su carrera en solitario también durante los años setenta. Concretamente en 1978, coincidió en una fiesta con Chris Norman, con sus compañeros de Smokie y con los productores y compositores Mike Chapman y Nicky Chinn, responsables de muchos de los éxitos que tuvieron Suzi Quatro y Smokie en años anteriores. Según ha contado Mike Chapman, en aquella fiesta en Düsserldorf (Alemania), Suzi tocaba el bajo, mientras Chris y ella cantaban juntos frente a un micrófono; Mike los vio tan bien, tan acoplados, que pensó en un tema para ellos a partir de la frase “Our love is alive …” La canción finalmente se tituló “Stumblin’ In”, y se publicó como sencillo en noviembre de 1978, con el tema “A Stranger With You” en la cara B. Realmente fue la primera grabación de Chris Norman en solitario, pues aun formaba parte de la banda Smokie, y en ella permaneció durante algunos años más. Fue un gran éxito para la discográfica RSO; era una canción sencilla, alegre, pegadiza y, por supuesto, romántica, pues no hay nada más romántico que dos personas que se conocen, tropiezan con el amor de manera inesperada y lo aceptan, aun a riesgo de perder lo que ya tenían (“Foolishly laying our hearts on the table”).

Hay bastantes versiones de esta canción, incluso en diferentes idiomas. Aquí podemos ver a Chris Norman con su banda, en una grabación del año 2009. Aquí a Norman junto a la cantante y compositora alemana-neerlandesa C.C. Catch, de quien quizás os acordéis -si tenéis edad suficiente para ello- por sus canciones discotequeras durante la década de 1980, creo recordar que incluso salía bastante en la tele. Y, por supuesto, también os dejo interpretaciones de otros artistas, como Lola Massey & Pino D’Angiò -el de “Ma quale idea”-, Jolina Carl & Mitch Keller, Ahmet Kilic, Stoto & Adeba, o Cyril, ésta última de 2023, del mismo año que la de los triunfitos Chiara & Cris. Hace unos años escuché esta canción en el largometraje “Licorice Pizza” (2021) -por cierto, qué gran banda sonora-, de Paul Thomas Anderson, aunque seguro que también aparece en otras series y películas.

Este año me está superando el calor. Este blog y yo nos ponemos en modo verano. Retomaremos la actividad en septiembre, si para entonces el Mundo aún no se ha derretido. Besos y abrazos.