Billie Holiday / Ella Fitzgerald & Louis Armstrong/ Miles Davis / Janis Joplin. “Summertime”

George Gershwin (1898-1937) fue un compositor y pianista estadounidense, hijo de una familia rusa de origen judío, que logró fusionar, de manera sobresaliente, la música clásica y el jazz; a él se deben obras como “Rhapsody in Blue”, “An American in Paris” o “Porgy and Bess”, y es también uno de los grandes autores del cancionero americano. Su última gran obra fue “Porgy and Bess”, una ópera en tres actos con música escrita por él, mientras que el libreto se debe a su hermano Ira y a DuBose Heyward. Con un reparto integrado por cantantes negros formados en música clásica, esta ópera trata de retratar el estilo de vida de las comunidades afroamericanas en el sur de los Estados Unidos a comienzos de la década de 1930; fue estrenada en el Colonial Theatre de Boston, el 30 de septiembre de 1935.

El tema más conocido de “Porgy and Bess” es el aria “Summertime”, grabado por primera vez en la voz de Abbie Mitchell, con George Gershwin al piano y dirigiendo la orquesta. Poco después (1936) lo haría Billie Holiday y su orquesta, cuyos integrantes los podéis identificar en nuestro primer vídeo de hoy. Sin embargo, la canción se haría realmente famosa gracias a la grabación de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, del año 1957. “Summertime” es una de las melodías más versionadas en la historia de la música, algunas fuentes hablan de unas treinta y ocho mil grabaciones registradas, aunque he de deciros que no me lo creo; en cualquier caso, seguro que superan las dos mil. Por lo tanto, como podéis comprender, parece una tarea inabarcable conocerlas todas. Como estoy seguro que vosotros habéis escuchado esta canción muchas veces, y por intérpretes diferentes, os animo a que nos digáis cuáles son vuestras versiones preferidas. Yo os propongo cuatro (en lugar de las tres habituales): las ya mencionadas de Billie Holiday y de Ella Fitzgerald & Louis Armstrong; una instrumental, la de Miles Davis (con Gil Evans), de 1958; y la de Janis Joplin, incluida en el segundo álbum de la Big Brother and the Holding Company, el titulado “Cheap Thrill” (1968). Seguro que os habéis dado cuenta que las tres primeras versiones propuestas son de jazz, sin embargo no es evidente que así lo fuera, al menos en sus orígenes; una vez más abuso del saber y la autoridad de Ted Gioia, él mejor que nadie nos explica qué es “Summertime”:

“Los expertos han debatido hasta la saciedad sobre cómo catalogar esta canción. Gershwin consideraba que había compuesto una nana. El compositor y estudioso Alec Wilder se negó a analizar “Summertime” en su libro La canción popular estadounidense porque, a su juicio, pertenecía al género operístico. Otros han intentado demostrar que existe una conexión entre la pieza de Gershwin y el espiritual “Sometimes I Feel Like a Motherless Child” o vincularla a canciones de orientación bluesera, como “St. Louis Blues”, de W. C. Handy. El musicólogo Peter Van der Merwe, en cambio, ha insinuado que la composición tiene más elementos en común con la música de Antonín Dvořák; y según Wayne Shirley, de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, la armonía principal de “Summertime” deriva del “acorde de Tristán” (formado por las notas Fa, Si, Re sostenido y Sol sostenido) de Richard Wagner. Por otro lado, tanto la producción original de Porgy and Bess, la ópera de 1935 para la que se compuso la canción, como la reposición de 1942 se estrenaron en Broadway, donde la conexión con el teatro musical estadounidense sería más evidente. Repare el lector en que ninguna de las hipótesis citadas llega siquiera a apuntar la posibilidad de que “Summertime” sea, por encima de todo, una canción de jazz”.

George-Gershwin.jpgGeorge Gershwin

 

Bob Marley & The Wailers. “No Woman No Cry”

Bob Marley es la figura más reconocible y probablemente la más destacada del reggae, un estilo musical característico de Jamaica que hunde sus raíces en el rocksteady, otro género jamaicano, sucesor del ska, que se desarrolló en esta isla durante la década de 1960. La edad dorada del reggae fueron los años setenta, cuando la banda The Wailers, de la que formaban parte músicos como Bob Marley, Peter Tosh o Bunny Wailer, hizo valer su hegemonía y, de algún modo, sentó las bases de lo que acabaría siendo este estilo, en el que confluyeron las tradiciones musicales jamaicanas y sonidos procedentes de los Estados Unidos, como el soul, el R&B o el jazz. Muchos hemos conocido a Bob Marley & The Wailers a través de un disco recopilatorio, el titulado “Legend” (1984), en el que se incluyen las catorce canciones más conocidas de esta banda, entre ellas “No Woman No Cry”, tal vez la más emblemática de todas. La versión que ahí se recoge no es la que se grabó en el álbum de estudio “Natty Dread” (1974), sino la que está incluida en el disco en directo “Live!” (1975), una interpretación más larga que fue registrada en el Lyceum Theatre de Londres, el 17 de julio de 1975; esta versión fue la que acabó por consolidar la legenda de Bob Marley, un músico que, como tantos otros, falleció joven, a los treinta y seis años, víctima de un cáncer.

“No Woman No Cry” probablemente fue escrita por Bob Marley, en 1968, pensando en su esposa Rita, una manera de disculparse (o tal vez no) por sus continuas y escandalosas infidelidades, algo que dejó bien claro la propia Rita Marley en su libro “No Woman No Cry” (2004), en el que describe al que fuera su marido como una persona miserable, violenta y machista, que incluso fue capaz de engendrar a uno de los hijos que tuvo con ella tras un acto de violación. A pesar de que probablemente fue Bob Marley el autor de esta canción, está acreditada a Vincent Ford, un amigo que le enseñó a tocar la guitarra y se ocupó de él cuando era un chaval, pobre y prácticamente desamparado, que solía comer en el comedor social donde Vincent trabajaba de cocinero; aunque nunca ha sido definitivamente confirmado, parece que Bob Marley le cedió los derechos de autor en agradecimiento por aquellos difíciles años. Aunque es posible que también hubiera otra razón, una posible guerra comercial entre compañías discográficas que hizo desaconsejable reivindicar la verdadera autoría (en éste artículo lo explican). Hay muchísimas versiones de este tema, probablemente más de cien; si os gusta alguna en especial no tenéis más que incluirla en los comentarios.

clement-sircoxone-dodd-1964.jpgVincent Ford y Bob Marley

 

Tom Waits. “Martha”

Martha. Música para el recuerdo (Barcelona: 66 rpm, 2015) es una novela de ficción escrita por el periodista Fernando Navarro, que desde hace tiempo quiero leer por esa reivindicación que hace de la música como herramienta de evocación y nexo de unión con nuestro pasado; el protagonista llega a preguntarse “¿Para qué sirve el rock’n’roll que transformó su mundo” o si una simple canción puede llegar a cambiar su vida. Juan Carlos Gomi, en su reseña publicada en La Vanguardia, señala que

“el libro arranca con un accidente mortal de tráfico que recorre toda la historia y que se deja acompañar por canciones de Tom Waits -“Martha”, que da título a la novela-, Los Rodríguez, Van Morrison, Bruce Springsteen, Extremoduro e, incluso, el popular pasodoble “Paquito, el Chocolatero. Esta banda sonora sirve de fondo para una historia de amor, llena de ideales, malentendidos y capítulos sin cierre que vuelven, una y otra vez, sobre el protagonista, Javi, un joven incapaz de decir “te quiero” a la persona que realmente ama y que trata de cicatrizar esta herida con el poder sanador de la música”.

Israel Pastor, autor del blog Mis 31 canciones, ha confeccionado una lista de spotify (aquí la tenéis) con todas las canciones (cuarenta y una) que “suenan” en la novela de Fernando Navarro; además de los artistas anteriormente mencionados, también aparecen canciones de otros como Nacha Pop, Oasis, Gram Parsons, Bob Dylan, The Beach Boys, Barricada, Jeff Buckley, Radio Futura, Burning o El Último de la Fila, por mencionar sólo algunos. Por supuesto, la lista está encabezada por “Martha”, uno de los primeros temas grabados por Tom Waits, ya aludido en junio de 2016, en una entrada que dedicamos a la canción “Ol’ 55”; ambas canciones forman parte del mismo álbum, el titulado “Closing Time” (1973), el primer Lp que grabó Tom Waits. Este álbum es una verdadera delicia; tiene doce canciones, entre el folk, el jazz y el rock, que cuentan historias de amor, desamor o libertad, con un exquisito soporte musical construido con instrumentos como el piano, la guitarra, la trompeta, el cello y, por supuesto, con la voz inconfundible de Tom Waits, cuando aún no era ese rugido cavernario que acabó adquiriendo con el paso de los años. Ya lo pudimos comprobar con “Ol’ 55”, han sido muchos los artistas que han versionado canciones de este álbum: Eagles, The Beat Farmers, Screamin’ Jay Hawkins, Bat For Lashes o Bon Jovi; en el caso concreto de “Martha”, el tema ha sido interpretado por músicos como Meat Loaf, Bette Midler o Tim Buckley, tal vez la versión más famosa de todas. Esta bella balada (aquí podéis ver la letra en inglés y español) nos presenta a dos protagonistas: Martha y Tom Frost; éste último, después de cuarenta años sin saber nada de su viejo amor, descuelga el teléfono y hace una llamada para hablar con ella de los viejos tiempos, de sus vidas actuales y para decirle que aún continúa enamorado de ella. Hay quien dice que esta fórmula de la conversación telefónica fue la misma que empleó Adele, incluso con algunas frases similares, para su tema “Hello”; al parecer, algunos la acusaron de plagio, aunque la verdad es que no veo ningún parecido entre ambos temas, al menos desde el punto de vista musical.

descarga.jpg

Barry McGuire / The Turtles / The Pretty Things. “Eve of Destruction”

En 1965 había quien pensaba que el Mundo estaba llegando a su fin. La Guerra del Vietnam se recrudecía, dejando a su paso destrucción, desolación y muerte; el segregacionismo aún se practicaba en algunas zonas de los Estados Unidos, incluso fue asesinado Malcolm X, uno de los históricos defensores de los derechos de los afroamericanos; el presidente John Fitzgerald Kennedy también había sido asesinado un par de años antes y, con él, muchas de las esperanzas que tenía un amplio sector de la ciudadanía estadounidense con este carismático político; el conflicto árabe-israelí ya empezaba a evidenciarse, apenas un par de años después, en 1967, eclosionaría en la Guerra de los Seis Días; la Guerra Fría entre Estados Unidos y la U.R.S.S. estaba en su pleno apogeo, con la crisis de los misiles cubanos aún en la memoria de todos; y, por si esto fuera poco, la amenaza de una posible guerra atómica se vio incrementada con la primera prueba de arma nuclear detonada por China, el 16-X-1964. Ante este panorama, un joven de apenas diecinueve años llamado P.F. Sloan decidió escribir una canción llena de rabia, energía y frustración para denunciar el mundo que le rodeaba, un relato áspero y pesimista de lo que él consideraba que era la “Víspera de la Destrucción”.

Eve of Destruction” es una de las grandes canciones protesta de todos los tiempos, de las más explícitas e incisivas que ha dado la música popular, con frases tan demoledoras como: “Tener la edad suficiente para matar, pero no para votar”; “Si el botón es presionado no hay escapatoria, no habrá nadie a quien salvar”; “Odia a tu vecino de al lado, pero no olvides decir gracias”, denunciando también la hipocresía de la sociedad con la que le tocó vivir; o “Puedes irte de aquí, durante cuatro días al espacio, pero cuando regreses será el mismo viejo lugar”, una alusión directa a la carrera espacial como cortina de humo para ocultar los verdaderos problemas de la gente. La canción fue ofrecida a The Byrds, aunque quien finalmente la grabó fue el cantautor estadounidense Barry McGuire; preparó una demo que se filtró en la radio, dado el éxito que tuvo decidieron registrar esta grabación provisional, que finalmente fue la que se comercializó. Algunos medios prohibieron la canción y otros la atacaron duramente, por considerar que se alineaba con el enemigo en la Guerra del Vietnam, incluso la pusieron como ejemplo de todo lo malo que acompañaba a la juventud. Al poco de publicarse el original de McGuire, se comercializaron otras versiones, como la del autor (P.F. Sloan), la de Jan & Dean o la de The Turtles, una de las más conocidas, la segunda destacada de esta entrada. Durante los setenta aparecieron más versiones como, por ejemplo, las de The Raiders o The Dickies y, en los ochenta, podemos destacar las de Johnny Thunders, Forgotten Rebels, Hot Tuna o The Pretty Things, nuestro tercer vídeo de hoy. Como puede comprobarse, no son pocas las bandas de punk que han hecho suya esta melodía, algo que ha seguido produciéndose después de los ochenta (ZSK o D.O.A.), aunque también ha sido interpretada desde el rap (Public Enemy), desde otros estilos (Will Hoppey, Billy Idol, etc.) o en otros idiomas (Claude François, Adriano Celentano, etc.)

ffcfedd99c6f2169a8d5785eb139ea29

Nino Bravo. “Cartas amarillas”

Luis Manuel Ferri Llopis, más conocido con el nombre artístico de Nino Bravo, nació el 3 de agosto de 1944 en Aielo de Malferit (Valencia) aunque, cuando apenas tenía dos años, la familia se trasladó al barrio de Sagunto, en la capital valenciana. Con dieciséis años ya trabajaba en una joyería, incluso también se desempeñó como bodeguero, aunque siempre compaginando estas ocupaciones con su verdadera pasión: el canto. A finales de 1962 fundó, junto con unos amigos, el trío Los Hispánicos, que solían actuar en bailes y verbenas de la época, y en algún que otro concurso radiofónico. Tras su disolución, en 1963, decidió integrarse en Los Superson, banda que lo acompañó a lo largo de su breve carrera como cantante. Tras realizar el servicio militar, período en el que dudó de su capacidad artística y valoró la posibilidad de abandonar la música, inició su carrera en solitario ya como Nino Bravo; en 1969 fue contratado por la compañía Fonogram (bajo el sello Polydor). El primer sencillo que grabó fue con temas de Manuel Alejandro, aunque la canción que acabaría encarrilando su carrera fue “Te quiero, te quiero”, compuesta por Augustó Algueró. Se publicó su primer álbum (“Te quiero, te quiero”) en 1970 y el quinto, y último, en 1973, apenas unos meses después de su inesperado fallecimiento, ocurrido el 16 de abril de 1973 en la N-III, concretamente en el término municipal de Villarrubio (Cuenca); conducía un BMW recién comprado que, según señalan algunas fuentes, se salió de la carretera cuando “se disponía a darle la vuelta a una cinta magnética, mientras se inclinaba ligeramente para atender una pregunta de uno de los ocupantes”.

Pese a que nos dejó cuando apenas comenzaba a ser alguien en el mundo de la música, sigue siendo uno de nuestros cantantes melódicos mejor valorados, más recordados, imitados y versionados; tal vez sea debido a su potente y penetrante voz, quizás sea debido a su inconfundible timbre o, tal vez, por su capacidad interpretativa. “Un Beso y una Flor” (1972), su tercer Lp, fue uno de los más exitosos; en gran parte fue debido a dos canciones algo melosas: “Un Beso y una Flor” y “Noelia”, con las que el valenciano luce un poderío vocal que, en ocasiones, resulta abrumador. Sin embargo, escondido en este disco, hay una canción, la titulada “Cartas Amarillas” que, desde mi punto de vista, es una pequeña joya del cancionero melódico español. Compuesta por Juan Carlos Calderón (creo que fue el primer tema que escribió para Nino Bravo), se inicia con un piano a lo Chopin para conducirse después de manera elegante, con un Nino Bravo inusualmente contenido (aquí le podéis ver) a fin de suministrar la profundidad requerida a esta romántica y nostálgica historia sobre un amor perdido y recordado, escondido entre la memoria descolorida de unas viejas cartas amarillas.

Nino_Bravo-Un_Beso_Y_Una_Flor_(Remasterizado)-Frontal.jpg