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Aretha Franklin. “Respect”

Aretha Franklin es conocida como “La Reina del Soul”. Y no es un apodo gratuito o exagerado, probablemente sea la gran intérprete femenina de este estilo, la que ha sabido darle la intensidad, el sentimiento y el ritmo que precisa; ella misma ha definido este género como “la habilidad para hacer partícipes de tus propios sentimientos a otras personas”. Nacida en Memphis (EE.UU.), fue uno de los seis hijos del reverendo Clarence LeVaughn Franklin; su madre –Barbara Franklin-, que abandonó a la familia cuando Aretha tenía seis años, era la cantante de góspel, y su tía –Clara Ward- también era una vocalista de góspel conocida. A los catorce años ya acompañaba a su tía y a su padre en el coro de la iglesia, junto con sus hermanas Carolyn y Erma. Con dieciocho años, animada por Sam Cooke y respaldada por su padre, marchó a Nueva York para fichar por la compañía Columbia; sin embargo, no acabó de triunfar, tal vez por la orientación jazz-pop que quisieron dar a su carrera. En 1966 abandona Columbia y entra a formar parte de Atlantic Records donde, de la mano del productor Jerry Wexler, Aretha emergió en gran figura del soul. El primer álbum grabado para este sello discográfico fue “I never loved a man the way I love you”, con algunas canciones cofirmadas por la propia Aretha y otras por artistas como Sam Cooke, King Curtis u Otis Redding. Éste último fue el autor de “Respect”, un tema que él ya había grabado en 1965 (aquí lo podéis escuchar), aunque fue Aretha la que más hizo por su difusión. El “Respect” de Otis Redding es la típica vision masculina sobre el hombre que llega a casa después de trabajar y busca el respeto en la esposa a través de la estima. Aretha transformó esta canción, tanto en ritmo como en sentido; para ello se modificó ligeramente la letra, se aceleró la melodía y se introdujeron algunos cambios en la música, como el saxo o algunos acordes del tema “When something is with my baby”, de Sam & Dave. Ya no tenía nada que ver con la canción de Otis Redding, se había convertido en el canto reivindicativo de una mujer que no desea ser sometida por hombre alguno; por su letra, por la desafiante posición de Aretha ante este asunto y por su evidente carga sexual, “Respect” acabó convirtiéndose en un himno para el colectivo feminista durante los años sesenta.

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Etta James. “At Last”

Cadillac Records” (2008) es una película que narra la historia de la compañía discográfica Chess; creada en 1950 por los hermanos Leonard y Phil Chess, fue fundamental para el desarrollo del blues, del R&B y del incipiente R&R. Por la Chess pasaron artistas como Muddy Waters, Chuck Berry, Willie Dixon, Howlin’ Wolf, Bo Diddley, Gene Ammons o Jimmy Rogers, por mencionar sólo algunos nombres; y también Etta James que, en la película mencionada líneas arriba, tuvo un papel protagonista de la mano de Beyoncé Knowles. Según nos cuenta la amiga Marta, en la imprescindible web We Are Rock, tuvo una dura infancia, con padres de acogida que trataron de explotar su talento en coros gospel cuando apenas contaba con cinco años de edad. Con catorce inició su carrera en el grupo The Peaches y, cuando éste se disolvió, continuó en solitario. En 1960 firmó con la Chess Records; comienza así la etapa más brillante en la carrera de Etta, tan solo ensombrecida por sus problemas con la heroína y el alcohol, su costumbre de utilizar cheques falsos y su tendencia a la obesidad. A partir de los años setenta puso su extraordinaria voz a proyectos musicales en los que trató de fusionar el blues y el soul con otros ritmos como el rock o el funk. Falleció el 20 de enero de 2012. Etta James es una de las grandes voces que ha dado la música, tal vez menos valorada o con menos éxito que otras divas del soul, como Aretha Franklin. Era capaz de cantar casi cualquier cosa, sin embargo a mí me cautiva su manera de interpretar las baladas, precisamente el estilo con el que se dio a conocer en los años sesenta. Su primer álbum se tituló “At Last!” (1960), y contenía canciones como “A Sunday Kind of Love”, “Stormy Weather”, “My Dearest Darling” y, por supuesto, el tema titulado igual que el disco, que fue compuesto por Mack Gordon y Harry Warren para la película musical “Viudas del Jazz” (1942) y utilizado en el largometraje “Tu serás mi marido” (1941), gracias a los arreglos de la Glenn Miller Orchestra. Sin embargo, la versión más conocida es la de Etta James; es ella quien saca mejor partido a esta historia de amor que volvió a poner de moda Beyoncé cuando la interpretó al recoger el premio Grammy recibido por su interpretación de Etta James en “Cadillac Records” y, también, cuando la cantó ante el matrimonio Obama durante la gala en la que se celebró la toma de posesión como presidente de los Estados Unidos.

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The Chiftons / George Harrison. “He’s So Fine” / “My Sweet Lord”

La primera acepción de plagio que recoge el Diccionario de la RAE es la de “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. A pesar de que casi todos los que escuchamos música nos atrevemos a opinar sobre este tema, generalmente de manera intuitiva, lo cierto es que no es asunto baladí; la dificultad reside en valorar lo que es “sustancial”. A mí me gusta hablar de “parecidos razonables”, salvo que el plagio esté respaldado por sentencia judicial. Uno de los casos de plagio musical más conocido es el de “My Sweet Lord”, de George Harrison, tal vez su canción más conocida y exitosa. La compuso, en 1969, mientras realizaba una gira como invitado de Delaney & Bonnie y Eric Clapton; tal y como él mismo ha manifestado, la idea inicial era la de hacer una canción religiosa con la que cualquier creyente se pudiera sentir identificado, combinando las palabras “Aleluya” y “Hare Krishna” y, como base melódica, el “Oh Happy Day” de los Edwin Hawkins Singers. El primero en grabarla fue el cantante y pianista estadounidense Billy Preston, con quien colaboraba habitualmente George Harrison. Unos meses después, ya separados los Beatles, George volvió a grabar esta canción para su triple álbum “All Things Must Pass” (1970); fue una producción muy cuidada, en los Abbey Road Studios, que contó con el trabajo de Phil Spector y la colaboración en la grabación de Eric Clapton, Ringo Starr, Jim Gordon y algunos miembros de Badfinger; hay quien dice, aunque esto es más dudoso, que también intervinieron Alan White y John Lennon. Unos años más tarde Bright Tunes demandaba a George Harrison por plagio musical; entendían que había copiado el tema “He’s So Fine”, compuesto por Ronald Mack y publicado por el grupo The Chiftons en el año 1962. El juez falló a favor de Bright Tunes; Harrison tuvo que hacer frente a una cuantiosa indemnización por “plagio inconsciente”, probablemente provocado por un caso de criptomnesia, al parecer algo habitual en el mundo de los plagios: el sujeto cree componer algo totalmente novedoso cuando, en realidad, está rescatando recuerdos almacenados en su memoria que, en un momento dado, afloran sin tener consciencia de ello. Para complicar aún más el asunto, hay quien opina que el tema “Kind of a Drag” (1966), de los Buckinghams también se parece bastante. Para finalizar, os dejo con algunas versiones de “He’s So Fine” -en concreto las debidas a Jody Miller, Dee Dee Sharp, The Sangri-Las y The Angels– y de “My Sweet Lord” –U2, Megadeth, Hurray for the Riff Raff y Emmerson Nogueira-.

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Ray Charles / The Animals / Casey Abrams y Haley Reinhart. “Hit the Road Jack”

Para algunos Ray Charles fue el inventor del soul y uno de los impulsores del R&B, para otros el responsable de que la comunidad afroamericana se sintiera importante gracias a la música, a través de una propuesta que atacaba las bases conceptuales de lo que debería ser la música negra; el góspel era demasiado limpio y espiritual, mientras que el blues se manifestaba como un estilo triste y quejumbroso. Ray Charles puso todo su talento en una coctelera y el resultado fue algo apasionado y lleno de vida, una propuesta vital disfrazada de música en la que el góspel, el blues, el R&B, el jazz, el country y el pop se fusionaban de una manera milagrosa. Tras el gran éxito que supuso “What’d I Say“, en 1959, todo un latigazo de energía para una comunidad necesitada de propuestas así, Ray Charles se consolidaba como uno de los grandes intérpretes del momento y, también, empezaba a evidenciar sus problemas con las drogas, hasta llegar a ser encarcelado, a mediados de la década de los sesenta, por posesión de heroína. Uno de los temas más famosos de aquellos años fue “Hit the Road Jack”, compuesto por Percy Mayfield para Ray y grabado por éste en 1961. En el primer vídeo de hoy podéis ver esta canción tal y como fue concebida, es decir, como un diálogo entre Charles y The Raelettes, el coro femenino liderado por Marjorie Hendricks que acompañaba al artista norteamericano desde finales de los cincuenta; Ray suplica, mientras que las Raelettes le responden “No more, no more, no more”, además de aludir a su limitada solvencia por no tener dinero. La segunda propuesta destacada de hoy es la de los británicos The Animals, publicada en el álbum “Animalisms” (1966); en ella destaca la voz de Eric Burdon y los teclados de Dave Rowberry, una versión que me encanta. Por último, os propongo una más reciente, la debida a Casey Abrams y Haley Reinhart, dos concursantes del programa de televisión “American Idol“, creo que de la décima temporada. No obstante, hay otras versiones más o menos interesantes, como las de Suzi Quatro, The Stampeders, Shirley Horn, Jerry Lee Lewis o una de lujo, a cargo de Willie Nelson, Wynton Marsalis y Norah Jones. Incluso fue cantada por el actor Daniel Brühl en la película española “Los Pelayos“.

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The Isley Brothers / The Beatles / G. Bissonette, S. Ian & L. Kilmister. “Twist and Shout”

El primer Lp de los Beatles, titulado “Please Please Me”, fue publicado en marzo de 1963 tras una única sesión de grabación que apenas duró diez horas; aquello ocurrió un 11 de febrero, con John Lennon resfriado y la voz prácticamente rota, sobre todo al llegar al último tema -el número catorce-, titulado “Twist and Shout”. Tras una primera toma en la que Lennon cantó como pudo, se intentó una segunda pero la garganta de John no aguantó más; el productor George Martin se vio así obligado a validar esta grabación y a incluirla en el disco. Según he podido leer, “Twist and Shout” fue el único éxito de los Beatles no escrito por ellos que fue capaz de vender un millón de copias. La canción había sido compuesta por Phil Medley y Bert Russell, con el título inicial de “Shake it Up, Baby”, para los Top Notes (éste es el original de 1961). A pesar de que la producción corrió a cargo del solvente Phil Spector, apenas fue tenida en cuenta hasta que el compositor Bert Berns decidió modificarla con el fin de incrementar su energía; esta nueva adaptación fue entregada al grupo de funk-soul The Isley Brothers, quienes la publicaron como cara A en un single editado en 1962. La cara B se titulaba “Spanish Twist”, algo que no es casual si tenemos en cuenta que el “Twist and Shout” de Berns se parecía mucho en ritmo y concepto musical a una canción hispana muy conocida: “La Bamba“, de Ritchie Valens. Utilizando como referencia la versión de los Isley Brothers, popularizada y definida poco después por los Beatles, han sido muchos los artistas que se han animado con este clásico; formaciones como The Kingsmen, The Searchers o Brian Poole & The Tremeloes lo han hecho con aires beat/garage rock; desde el soul también se han hecho buenas versiones, como las de The Sangri-Las o Ike & Tina Turner; las hay en tono melódico, como la de The Mamas & The Papas, Minnah Karlsson o Petra Viková & Band; y también más rockeras, como las de los Who, Bruce Springsteen o la tercera destacada de hoy, a cargo de tres buenos músicos: el batería Gregg Bissonette, el guitarrista Scott Ian (Anthrax) y el bajista y cantante Lemmy Kilmister (Motörhead). Esta versión fue grabada para el álbum “Harder and Heavier” (2010).