The Zombies. “Time of the Season”

La British invasión fue, junto a la cita cultural conocida como “Verano del Amor” (en esta entrada ya hablábamos de ello), el movimiento musical predominante en los Estados Unidos a mediados de los sesenta. Grupos como The Beatles, The Animals, The Kinks, The Hollies, The Rolling Stones, The Yardbirds o The Who fueron protagonistas; algunos de ellos, como bien sabéis, acabaron teniendo mucha trascendencia en la música popular. The Zombies también formaron parte de este movimiento aunque tuvieron menos suerte que los grupos antes mencionados. Esta banda fue creada en St Albans (Inglaterra), en el año 1961, por Rod Argent (teclados), Paul Atkinson (guitarra), Hugh Grundy (batería), Chris White (bajo) y Colin Blunstone (voz). Grabaron cuatro álbumes de estudio, tres en 1965 –uno de ellos era, en realidad, una recopilación de singles- y el último, titulado “Odessey and Oracle”, en 1968; después se separaron, probablemente por disensiones entre los integrantes del grupo y por el deseo de iniciar sus respectivas carreras en solitario. Después tuvieron breves y esporádicas reuniones, incluso se reagruparon en 2001 (aún deben seguir en activo), aunque el período clásico de The Zombies fue el comprendido entre 1961 y 1968. “Odessey and Oracle” es un trabajo excelente, que inicialmente se grabó en mono y, para la edición americana, se volvió a grabar en estéreo bajo la producción de Al Kooper. La portada original, muy característica de la época, fue diseñada por Terry Quirk, amigo o compañero del teclista Rod Argent. El disco se cierra con la canción “Time of the Season”, compuesta por el mencionado Argent, un éxito inesperado pues, aunque fue publicado como single, lo hizo después de que aparecieran otros de este mismo Lp. Esta melodía se ha utilizado mucho en publicidad, en eventos deportivos, en películas y en series, a menudo para ilustrar lo que fue el final de los sesenta, cuando se podían escuchar canciones como ésta, desenfadadas y llenas de dobles sentidos en torno al amor libre y el sexo (aquí tenéis la letra, en español y en inglés). La parte musical es especialmente interesante, en ella destaca la interpretación vocal, el riff de bajo, muy parecido al de “Stand By Me” y, sobre todo, el trabajo a los teclados de Rod Argent: psicodelia, rock progresivo y jazz en medio de una pieza de corte pop. Los compañeros de la web Similar Rock, Similar Pop han encontrado un parecido razonable con la canción titulada “Sábado a la noche” (2002), de la banda argentina Juana la Loca ¿Qué opináis?

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Los Bravos. “Black is Black”

En la entrada del otro día, la dedicada al grupo español Los Pasos, comentábamos algunos de los detalles en torno al nacimiento de Los Bravos -la primera banda española que logró triunfar en el extranjero-, en particular los que tienen que ver con la canción “La Moto” y el papel desempeñado en todo este asunto por el productor Alain Milhaud y el músico Manolo Díaz. Ambos fueron los creadores e impulsores de este proyecto musical que, desde su nacimiento, allá por 1965, estaba llamado a competir con el grupo hegemónico del momento en España, Los Brincos. Los Bravos tienen su origen en dos formaciones: Los Sonor y Mike & The Runaways, cuyo cantante era Mike Kennedy, un alemán que no cantaba en español, sólo en inglés, con un timbre de voz parecido al de Gene Pitney. Fue Manolo Díaz, antiguo miembro de Los Sonor quien hizo las presentaciones ante Alain Milhaud, ya que aquel había pertenecido a Los Sonor; el productor lo vio claro desde el principio:

“Me gustó mucho la fuerza del grupo y en particular la voz del cantante, su estilo, la fuerza de sus interpretaciones, su dominio instintivo de la escena y su excelente vocalización inglesa (…) Con ellos necesitaba poder ejercer un control absoluto, no solamente sobre las actividades discográficas del grupo, sino también sobre su empleo del tiempo, su imagen, su contratación, sus entrevistas, etc. (…) Es a Manolo Díaz a quien los Bravos deben su nombre. Cuando tuvo lugar el concurso [para elegir el nombre del grupo] él hizo mandar una postal con ese nombre, que nos parecía excelente y definitivo”*.

Los Bravos fue un grupo exitoso desde el mismo momento de su creación, pero el salto definitivo al primer puesto de la escena musical española (compartido con Los Brincos) tuvo lugar tras el viaje que decidieron emprender a Londres Milhaud y los directivos de la discográfica española Columbia, a fin de entrevistarse con quienes mandaban en el sello británico Decca. Allí les atendió Phil Solomon, al que convencieron para grabar en aquellos estudios, aunque éste no consintió en hacerlo con las melodías que traían sino con otras que ellos mismos les proporcionarían; de tal manera que, poco después, el arreglista Ivor Raymonde les presentó una treintena de canciones, a partir de las cuales fueron elegidas las que más gustaron a los integrantes de Los Bravos. El tema “Black is Black” fue inicialmente descartado; sin embargo, pese a la opinión del grupo, finalmente fue incluido: “Vimos en él un hit potencial”, dijo Milhaud. Así nos cuenta el productor francés cómo fue la grabación de “Black is Black”:

“Semanas después, los cinco Bravos se fueron a Londres para grabar. Los estudios eran fantásticos para su tiempo. Disponían de 4 pistas. Todo un lujo. En aquellas sesiones sólo grabaron Mike -la voz- y Tony -los coros-, en directo, con músicos profesionales ingleses: batería, bajo, piano eléctrico, dos guitarras, sección de metales, percusión latina y tubular bells. El sindicato británico de músicos no autorizaba que sus miembros se mezclasen con músicos de grupos que ellos consideraban como aficionados. El guitarrista era Jimmy Page (futuro creador de Led Zeppelin), y el bajista, Herbie Flowers (tocaría en T-Rex, de Marc Bolan, y en Sky)”*.

A pesar del testimonio de Milhaud, no está claro que Jimmy Page interviniera en aquella grabación:

“¿Qué si toqué en el Black is Black de Los Bravos? No me suena. Tocar en el estudio era como fichar en una oficina. De las nueve a las doce con una cantante. De la una a las tres con un grupo. Por la tarde, con una orquesta. Muchas veces ni sabíamos el nombre de la canción … ¡o del artista!” (Jimmy Page, consultado en Partitule).

“Black is Black” (aquí podéis ver la letra en inglés y en español) fue el primer tema español, al menos del ámbito del pop y el rock, que fue un éxito internacional; fue número uno en Canadá, alcanzó la segunda posición en ventas en el Reino Unido y la cuarta en los Estados Unidos, en España se vendieron dos millones de copias y fue número uno de Los 40 Principales durante seis semanas consecutivas. Deben existir unas cien versiones, en diferentes idiomas, tanto de artistas españoles (Pedro Ruy Blas, La Unión, El Chaval de la Peca, etc.) como extranjeros (Johnny Hallyday, The Standells, Rick Springfield, The Shadows, Paul Mauriat, etc.) Los Bravos publicaron cuatro álbumes de estudio y participaron en diferentes películas y programas de televisión. Se separaron a comienzos de los años setenta (tal vez algo después), aunque se han vuelto a juntar en varias ocasiones para realizar giras y actuaciones en directo.

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Los integrantes de Los Bravos eran: Antonio Martínez (guitarra), Manolo Fernández (teclados), Mike Kennedy (voz), Miguel Vicens (bajo) y Pablo Sanllehí (batería)

* Las citas de Alan Milhaud han sido tomadas del libro de Salvador Domínguez. Bienvenido Mr. Rock … Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; págs. 294-318.

Los Pasos. “Anouschtka”

A mediados de los sesenta Los Brincos eran los reyes de la escena pop española. Con el fin de contrarrestar o nivelar esta supremacía, el productor francés Alain Milhaud trató de crear un supergrupo con músicos procedentes de otras formaciones madrileñas, como Los Diablos Rojos, Los Jets, Los Sonor o Los Flaps; esta nueva banda, liderada por el guitarrista Joaquín Torres (aquí tenéis una interesante entrevista a este músico y conocido productor musical), inició los ensayos en 1966, con un tema escrito por Manolo Díaz que llevaba por título “La Moto”. Sin embargo, en algún momento, Alain Milhaud les debió retirar su apoyo en favor de otro grupo que estaba creándose en torno a un cantante de origen alemán llamado Mike Kennedy, que formaba parte de la banda Mike & the Runaways. Este nuevo grupo, el que finalmente estaba llamado a competir con Los Brincos, acabaría siendo conocido como Los Bravos, mientras que los músicos que constituyeron el primer embrión anti-Brincos encontraron acomodo con el productor Rafael Trabuchelli y la compañía discográfica Hispavox, ya bajo la denominación de Los Pasos. “La Moto” acabó siendo grabada por ambas formaciones (ésta versión es la de Los Bravos y ésta otra la de Los Pasos), aunque Milhaud y Díaz hicieron valer sus derechos para que fueran Los Bravos los primeros en lanzarla al mercado.

Tal y como nos cuenta Salvador Domínguez en su libro Bienvenido Mr. Rock. Los primeros grupos hispanos 1957-1975 (Madrid: SGAE, 2002; págs. 322-326), Los Pasos “solían actuar con regularidad en la cadena de clubs Consulado, Caravell y Principado”, y en los festivales matinales que organizaba El Corte Inglés en el Palacio de los Deportes de Madrid, situado en la calle Felipe II; incluso llegaron a participar en el largometraje “Long Play” (1968), dirigido por Xavier Setó. Publicaron un buen número de singles y dos Lps: “Los Pasos” (1967) y “Los Pasos y Los Albas” (1972), éste último de manera conjunta con Los Albas. Se separaron en 1972, aunque posteriormente tuvieron algunas reuniones esporádicas, como la que tuvo lugar con motivo del programa de televisión de Miguel Ríos “¡Qué Noche la de aquel Año!”, a finales de los ochenta, o el concierto ofrecido –junto a otros grupos de los sesenta- en la sala Jácara de Madrid, en el año 1990. Aquí podéis escuchar todas sus grabaciones con Hispavox (1966-1969), el período tal vez más interesante de esta banda; de entre todos estos temas, he seleccionado el titulado “Anoutschka”, uno de los más conocidos, en el que se puede apreciar bien la calidad instrumental y los característicos juegos vocales de esta banda. Como podréis comprobar, la letra es sencilla; nos habla de un amor abandonado en la lejana Rusia:

“Ella se llamaba Anoutschka. Nunca la podré olvidar. Me dejó un bello recuerdo. Su inocencia y su bondad (…) Anoutschka vivía en la nieve. Una aldea sin cuidar. Sucia triste y olvidada. Muy lejos de la ciudad (…) Ella se llamaba Anoutschka. Nunca la podré olvidar. En mi caminar constante yo la tuve que dejar”.

Hay un par de detalles en esta canción que me parecen significativos, sobre todo para la época; en primer lugar, el tema finaliza con un fragmento de la canción folclórica rusa “Kalinka”; en segundo lugar, Joaquín Torres utilizó en este tema una guitarra de doce cuerdas Framus Sorento 5/012, algo verdaderamente innovador para aquella España de tecnócratas, censores y “yé-yés”.

maxresdefault.jpgLos integrantes de Los Pasos eran: José Luis “Joe” González (teclados, voz solista), Álvaro Nieto (guitarra rítmica), Luis Baizán (batería), Joaquín Torres (guitarra solista) y Martín Careaga (bajo)

 

Radio Futura. “Annabel Lee”

Edgar Allan Poe empieza a ser un habitual de este blog, a él recurrimos en las entradas dedicadas al tema “Descenso en el Mahëllstrong” (Crack) y al disco “Tales of Mystery and Imagination” (The Alan Parsons Project); desde el blog Rockologia nos hablan de otras canciones inspiradas en la obra de este autor. Falleció en 1849, aunque antes dejó escrito un poema completo que vio la luz poco después de morir. Con seis estrofas –tres con seis versos, una con siete y dos con ocho- “Annabel Lee” nos cuenta una bella historia de amor entre dos jóvenes, “en un reino junto al mar”. Su amor era tan fuerte y puro que desató la envidia de los ángeles del cielo, que se llevaron a Annabel Lee, helada por un viento que estalló de una oscura nube, para “encerrarla en un sepulcro en este reino junto al mar”. Sin embargo, era tan fuerte su amor que “ni los ángeles del cielo, ni los demonios del mar” lograron separar las almas de estos dos enamorados. En 1987, el grupo español Radio Futura, del que ya hemos hablado en las entradas dedicadas a las canciones “La estatua del jardín botánico” y “Divina”, decidió musicalizar este poema, con arreglos de Santiago Auserón (letra) y Luis Auserón (música).

“La sonoridad que tiene el poema de Poe en inglés es prácticamente rockera … cualquier autor contemporáneo podría agarrarla y hacer un rock ácido con ella, bien ácido. Creo que es un ejemplo de claridad, de medida, de sonoridad, que al pasarla al castellano, prácticamente, se conserva. Es de esas letras mágicas que tienen poder musical antes de ponerle música” (Santiago Auserón, consultado en wikipedia).

Incluyeron esta melodía en su cuarto álbum de estudio (“La Canción de Juan Perro”, 1987), uno de los mejores de esta banda, con canciones que hoy día ya son historia del pop y el pop-rock hispano, como “A cara o cruz”, “La negra flor”, “37 grados” o “En un baile de perros”; con él se confirmaron como el grupo español más importante del momento, iniciaron su despegue internacional en Latinoamérica y pusieron las bases para la creación de un estilo, el pop-rock latino, que acabaría triunfando en décadas posteriores. El vídeo de “Annabel Lee” que preside esta entrada fue estrenado en el programa “La Bola de Cristal”, de Televisión Española; en él se puede ver, en un ambiente gótico decimonónico, a Annabel Lee interpretada por la actriz Cristina Marcos, a Santiago Auserón como un noble en su mansión y a Enrique Sierra y Luis Auserón en representación de los ángeles del cielo y los demonios del mar aludidos en el poema. Acabo con dos versiones, una a cargo de Santiago Auserón (con la Original Jazz Orquestra) y otra interpretada por Enrique Bunbury, que fue incluida en el álbum “Arde la calle” (2004), publicado en homenaje a Radio Futura.

Hace muchos muchos años en un reino junto al mar
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee
y crecía aquella flor sin pensar en nada más
que en amar y ser amada, ser amada por mí.

Éramos sólo dos niños mas tan grande nuestro amor
que los ángeles del cielo nos cogieron envidia
pues no eran tan felices, ni siquiera la mitad
como todo el mundo sabe, en aquel reino junto al mar.

Por eso un viento partió de una oscura nube aquella noche
para helar el corazón de la hermosa Annabel Lee
luego vino a llevársela su noble parentela
para enterrarla en un sepulcro en aquel reino junto al mar.

No luce la luna sin traérmela en sueños
ni brilla una estrella sin que vea sus ojos
y así paso la noche acostado con ella
mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.

Nuestro amor era más fuerte que el amor de los mayores
que saben más como dicen de las cosas de la vida
ni los ángeles del cielo ni los demonios del mar
separaran jamas mi alma del alma de Annabel Lee.

No luce la luna sin traérmela en sueños
ni brilla una estrella sin que vea sus ojos
y así paso la noche acostado con ella
mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.

En aquel sepulcro junto al mar
en su tumba junto al mar ruidoso.
Hace muchos muchos años en un reino junto al mar
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee
y crecía aquella flor sin pensar en nada más
que en amar y ser amada, ser amada por mí.

Aquí podéis leer el poema original de Edgar Allan Poe (en español e inglés).

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Stukas. “Hazañas Bélicas”

Casi todo el mundo habla de la “Movida Madrileña” hasta llegar a la mitificación. En realidad duró poco tiempo (apenas 4 ó 5 años), aunque fue muy importante para todos los que vivimos aquella época y sirvió como expresión de la ruptura definitiva con el franquismo. Sus valores musicales son discutibles, eso sí fue el trampolín en el que se impulsó el pop español de los 80 y los 90, un movimiento de los más importantes que ha experimentado nuestra historia musical. Otra de las injusticias ha sido circunscribir “La Movida” a Madrid, cuando hubo otras zonas de España donde el fenómeno tuvo también su importancia. Con la canción de hoy, “Hazañas Bélicas”, del grupo asturiano Stukas, quiero rendir homenaje a “la otra Movida” y, de paso, recordar a esta veterana banda, apenas conocida fuera de su territorio natural. Según cuentan en su página web, los orígenes se remontan al año 1961, cuando un grupo de amigos de La Felguera decidieron formar un grupo musical; al principio tocaban en festivales, fiestas de amigos y lugares como el Teatro Pilar Duro o el Cine Sindical. En 1964 decidieron llamar a la banda Stukas, en recuerdo de los Junkers Ju 87 de las fuerzas aéreas alemanas, característicos de la II Guerra Mundial, que los integrantes de este grupo veían en los tebeos españoles de Hazañas Bélicas que tanto éxito tuvieron en la España franquista. La formación original la integraban José Miguel García (voz), César Valdés (bajo), Manolito Antuña (guitarra solista), Enrique Álvarez (guitarra rítmica) y José Luis Menéndez (batería); con ella actuaron por todo Asturias, consiguiendo premios como el de “Conjuntos Modernos” o “Rumbo a la Gloria, incluso compartieron escenario con Los Brincos, Los Bravos, Les Surf o Jaime Morey, casi siempre interpretando versiones de otros y haciendo música de baile. La oportunidad de grabar sus propios temas apareció en 1981, vino de la mano de la Sociedad Fonográfica Asturiana, la entidad que les editó su primer álbum: “Hazañas Bélicas” (1981). Este trabajo les abrió las puertas de la televisión (actuaron en “Tocata”) y de la “movida madrileña”, con actuaciones en Rock-Ola o en la Casa de Campo. Durante los ochenta y los noventa continuaron publicando álbumes, incluso en los primeros años del presente siglo. Su tema quizás más conocido, al menos para los que no somos asturianos, es el titulado igual que su primer álbum, una canción pop muy de la época, con una letra arrebatadoramente adolescente que nos habla de lo difícil que era luchar con aquellos ídolos que forraban las carpetas de las chicas, en una época en la que el amor se vivía como si fuera una hazaña bélica. A pesar de lo sencilla que es la canción, hay un interesante trabajo de guitarras en ella y algunos arreglos de viento inusuales para la época. Podéis escuchar esta melodía en la película española “La Torre de Suso”, y hay una versión de ella a cargo del grupo femenino de Gijón Urdershakers, ya desaparecido; esta versión forma parte del álbum “Homenaje a Stukas” (1997), en el que también intervinieron artistas como Víctor Manuel o Burning.