Radio Futura. “Historia de playback”

Dicen que, a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, cualquiera podía hacer música en España, aunque no tuviera talento, ni supiera cantar o tocar un instrumento. Lo que no se comenta tanto es que estos jóvenes, tildados de transgresores, estaban mucho más controlados y manipulados por las discográficas de lo que, en principio, pudiera parecer. Que se lo digan a los componentes de Radio Futura, uno de los mejores grupos de pop y pop-rock que ha habido en nuestro país; os dejo unas palabras de su líder, Santiago Auserón, que hablan por sí solas:

“Nos convertimos en el grupo que queríamos. Mezclábamos la rebeldía del punk, el baile del funk y del soul, los ritmos latinos, la cadencia del reggae, y la psicodelia. Y dábamos mucha importancia a los textos de las canciones. Toda la música estaba hecha para apoyar la voz. Debido a este giro del grupo, tuvimos problemas con Hispavox. Ellos querían que siguiéramos haciendo canciones tipo Enamorado de la moda juvenil. Cuando les empezamos a presentar las maquetas de las canciones nuevas, nos las rechazaban. Nos pedían versiones de cantantes italianos. Y decían que éramos muy jovencitos e inexpertos, ya que habíamos firmado un contrato en el que la letra pequeña apuntaba que estábamos obligados a grabar cinco discos con ellos, e Hispavox tenía que dar el visto bueno a cada una de las canciones. Por lo tanto, o bien hacíamos lo que ellos querían o nunca íbamos a volver a grabar un disco ni en Hispavox ni en ninguna otra compañía. Ésta era su amenaza”.

Domínguez, Salvador. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 564.

Radio Futura comenzó como quinteto, una vez superado un proyecto multitudinario denominado Orquesta Futurama, finalmente fallido. De su primer álbum (“Música Moderna”, 1980) ya hablamos en una entrada anterior y, también, del single “La Estatua del Jardín Botánico”, que fue algo así como un punto de inflexión en la historia de esta formación: “En aquella época éramos colaboradores: la línea la marcaba Herminio [Molero]. Nosotros nos podemos sentir responsables a partir del single de ‘La estatua del jardín botánico’” (Luis Auserón). Con estos antecedentes uno comprende mejor por qué Radio Futura siempre ha renegado de su primer disco, hasta el extremo de no incluir estas canciones en sus directos. Ya como cuarteto, sin Herminio Molero y su impronta nuevaolera  tan característica de “La Movida”, Santiago Auserón (voz, guitarra), Luis Auserón (bajo), Enrique Sierra (guitarra) y Carlos “Solrac” Velázquez (batería) llegaron a un acuerdo con la discográfica Ariola para grabar su segundo álbum, finalmente titulado “La ley del desierto / La ley del mar” (1983), en el que se incluyeron todas aquellas canciones que solían tocar en directo, pero que los de Hispavox se habían negado a grabar.

El estilo de este disco, y de los que vendrían después (recordamos que en otra entrada hablamos del tema “Annabel Lee”, incluido en su cuarto álbum de estudio) no se parece en nada a “Música Moderna”; da la sensación que deseaban abandonar todo lo que tuviera que ver con “La Movida”, para ser dueños de su propio rumbo, tanto en lo relativo a planteamientos conceptuales y vitales, como musicales; no hay más que comparar estos dos primeros discos para darse cuenta que “La Ley …” no es un disco de pop nuevaolero, su sonido se acerca más al rock, eso sí mezclado con diferentes estilos, como el reggae, el funk o la música latina. Tal vez no sea el disco más valorado de Radio Futura (serían más bien los dos siguientes), ni el mejor producido, pero está muy ligado a mis recuerdos ochenteros y, tal vez por eso, yo lo tengo en mucha consideración. Lo normal es que, para ilustrar esta entrada, hubiera escogido alguno de los temas más conocidos: “Semilla Negra” o “Escuela de Calor”, incluso otros también muy radiados en aquella época, como “Hadaly”, “Un africano por la Gran Vía”, “En Portugal” o “La secta del mar”; sin embargo, siempre he tenido una especial predilección por el tema “Historia de playback”, que nos habla de esas personas, convenientemente adoctrinadas, que parecen no tener opinión propia, esas que lanzan mensajes y soflamas aprendidos, como si siempre estuvieran haciendo playback.

Además de la versión de estudio, con la que encabezamos el post, también os dejo la maqueta de este tema, un par de apariciones en televisión (Musical Express y Tocata) y la versión que Enrique Urquijo hiciera de esta canción, incluida en su disco en solitario “Enrique Urquijo y los Problemas” (1993).

Neil Sedaka. “Oh! Carol” / Leo Dan. “Te he prometido”

Una de las películas triunfadoras en los Globos de Oro y los Oscar del año 2019 fue la mexicana “Roma”, dirigida por Alfonso Cuarón. Cuando este realizador recogió el globo de oro al mejor director, sonó en la ceremonia la canción “Te he prometido”, una de las que forman parte de esta banda sonora, en la que también se pueden escuchar títulos tan conocidos como “Más bonita que ninguna”, “La nave del olvido”, “Yellow River”, “Corazón de melón”, “Mammy Blue” o “La casa del sol naciente”, entre otros. El autor de “Te he prometido”, el cantante, compositor y actor argentino Leo Dan, escuchó el tema en los mencionados Globos de Oro; así nos lo ha contado en una entrevista concedida para la web oficial de estos galardones, en la que también nos habla de cómo compuso esta canción:

“No, no sé qué tenía que hacer, no sé dónde andaba y cuando llegué a casa mis hijas me dijeron ‘papá tenés que subir a ver los Globos de oro’. Subí y fue una sorpresa, yo ni me imaginaba que iba a tener tanta repercusión para mi persona y mi familia, pero me puse muy contento. Mira, te voy a confesar, compuse esta canción en el estudio porque me tenía que ir a España y necesitaba completar un disco, un long play como se decía. La arregló un guitarrista, la grabé y dije ‘espero que esta canción nunca tenga éxito porque no la quisiera cantar más’, porque me recordaba a una chica que yo creía que era mi novia, [cuando tenía 16 ó 17 años], y al final no lo era. Cuando yo fui a su cumpleaños me dijo ‘te voy a presentar a mi novio’, y yo le dije ‘pero si tu novio soy yo’ y me dijo ‘no, tú eres mi mejor amigo’, y ahí le dije ‘prometo que voy a tratar de olvidarte’. Fue un éxito tremendo la canción”

Leo Dan, entrevista para goldenglobes.com

En efecto, fue un gran éxito en varios países de América latina, incluso fue recuperada en España, durante la década de 1980, por el grupo Un Pingüino en mi Ascensor. La historia que Leo Dan cuenta en esta canción es similar a la recogida en el tema “Oh! Carol”, publicado una década antes por el compositor y productor musical estadounidense Neil Sedaka, autor de la canción junto a Howard Greenfield. Parece que Neil Sedaka había salido con la cantautora norteamericana Carole King -entonces Carole Joan Klein- cuando estaban en el instituto; a los diecisiete o dieciocho años ella ya estaba casada Gerry Goffin, un compañero de universidad que acabaría siendo su compañero sentimental y profesional, pues juntos compusieron muchas de las canciones del repertorio de esta artista. Carole King se debió dar por aludida, pues se apresuró a cantar otra canción, a modo de réplica, con esta misma melodía y una jocosa letra escrita, con un poco de mala leche, por el marido de Carole King, Gerry Goffin; “Oh! Neil” también fue publicada en 1959, aunque apenas tuvo éxito, todo lo contrario que el original, del que deben existir más de cien versiones, entre ellas muchas en español o interpretadas por artistas españoles, véanse por ejemplo las debidas a Palito Ortega, Dúo Dinámico, Karina o Los Mustang (en inglés).

Volviendo a las similitudes entre “Te he prometido” y “Oh! Carol”, está claro que en ambas se narra una almibarada historia de amor juvenil no correspondido. Pero, es que también hay, al menos desde mi punto de vista, una cierta coincidencia entre estas melodías, algo que se hace especialmente evidente en los primeros compases del tema de Leo Dan y en el recitado como recurso dramático, común en ambas canciones ¿Coincidencia o parecido razonable?

The Beach Boys. “God Only Knows”

El talento singular tiene un precio. A veces es el deterioro físico o mental, otras veces la infelicidad, por no hablar de esas leyendas –como la de Robert Johnson– que hablan de pactos con el diablo. A este grupo de sufrientes elegidos pertenece Brian Wilson, el líder de los Beach Boys, una de las bandas de pop-rock más importantes e influyentes en la historia de la música. En diciembre de 1964, cuando su grupo triunfaba con ese sonido surf desenfadado, tan característico de la banda californiana, Brian decidió retirarse de los escenarios al sufrir su primera crisis nerviosa grave (apenas tenía veintidós años) durante un vuelo, en plena gira por el sudoeste de los Estados Unidos. Sus compañeros decidieron sustituirle durante los compromisos que tenían adquiridos, y él se refugió en el estudio de grabación y en su labor como compositor. Mientras trabajaba en un nuevo proyecto, llegó a sus manos el álbum “Rubber Soul” (1965) de los Beatles, un trabajo que le dejó impresionado hasta el extremo de inspirar uno de los discos más innovadores de la música popular: “Pet Sounds” (1966).

Es difícil etiquetar este álbum dentro de un estilo, ya que tiene elementos jazzísticos, sinfónicos, experimentales y psicodélicos mezclados con un pop barroco, en el que se incluyen complejos arreglos orquestales, instrumentos de rock y otros más exóticos, además de efectos de sonido como timbres de bicicleta, botes y botellas de cocacola, campanas o ladridos de perro. El trabajo de grabación y producción se prolongó durante nueve meses; a pesar de que el estudio disponía de los medios necesarios para grabar en estéreo, Wilson decidió hacerlo en sonido mono, sobre todo por tres razones: en primer lugar, porque era prácticamente sordo de un oído, de manera que apreciaba mejor este tipo de sonido; en segundo lugar, porque así se podría difundir mejor por la radio y la televisión, medios que solían utilizar el mono; y, en tercer lugar, porque la propia complejidad de la grabación, con mucha instrumentación en diferentes capas de sonido, al estilo del “muro de sonido” de Phil Spector, era muy difícil de trasladar al estéreo. Wilson llegó a reconocer la influencia de Spector en su “Pet Sound”, cuyas iniciales -y no de manera casual- se corresponden con las del controvertido músico y productor estadounidense.

Brian esperó a que sus compañeros regresaran de sus giras para presentarles las nuevas canciones que había compuesto, junto al escritor de jingles Tony Asher, que fue el encargado de poner las letras a estas melodías. Lo cierto es que se quedaron muy sorprendidos, entre boquiabiertos y decepcionados, porque aquello no se parecía en nada a lo que habían hecho hasta entonces y, además, eran tan complejo que nunca se podría tocar en directo al ser necesaria una orquesta para reproducir aquel sonido. De hecho, en la grabación intervinieron experimentados músicos de sesión, quedando los Beach Boys al cuidado de las armonías vocales.

Hoy es uno de estos días en los que me pongo pesado para que escuchéis el álbum completo (aquí lo tenéis), pues se trata de una obra única, que sólo se puede apreciar bien en su conjunto. “God Only Knows” es, quizás, el tema más recordado, valorado y versionado del disco; parece que fue la primera canción pop en la que se usó la palabra “Dios” en el título. Brian Wilson dijo en una ocasión que la canción “surgió por inspiración gracias a cierta pieza de Johann Sebastian Bach que había escuchado (…) fue una visión que tanto Tony como yo tuvimos. Es como quedarse ciego pero en esa ceguera poder ver más. Cierras los ojos; eras capaz de ver un lugar o algo que sucede”.

Jon & Vangelis. “I’ll Find My Way Home”

“Cuando Rick dejó a Yes la primera vez, el resto de la banda ensayó por unas dos semanas con Vangelis, pero no funcionó. Vangelis es un músico para una banda de una sola persona; así que no encajó en un grupo donde cada miembro tenía su propia visión e ideas sobre la música”.

Jon Anderson. Consultado en: Paraíso, Víctor. Yes. Más allá del abismo. Madrid: T&B Editores, 2013

Es evidente que Jon Anderson, el mítico vocalista de Yes, se refería a Rick Wakeman, el no menos distinguido teclista de esta formación, quien abandonó el grupo durante unos años, concretamente tras la gira de presentación del álbum “Tales from Topographic Oceans” (1973-1974). Fue sustituido por Patrick Moraz (ya lo contamos en una entrada anterior, dedicada a la suite “The Gates of Delirium”), aunque no fue el único candidato para hacerse con el puesto, también optaron otros músicos, como Eddie Jobson (Roxy Music) o Vangelis, que precisamente había abandonado Aphrodite’s Child buscando independencia creativa y libertad de movimientos. Finalmente Vangelis no se incoporó a Yes, buscó su camino en el ámbito de la música electrónica, las bandas sonoras de películas y las colaboraciones con otros músicos, algo que fue especialmente interesante en lo que respecta al ya nombrado Jon Anderson; el vocalista de Yes intervino en alguno de los discos del griego (“Heaven and Hell”, 1975; “Opera Sauvage”, 1979) y juntos crearon el dúo Jon & Vangelis, formado en 1980 aprovechando que Jon Anderson abandonaba temporalmente Yes. Jon y Vangelis publicaron cuatro álbumes de estudio: “Short Stories” (1980), “The Friends of Mr. Cairo” (1981), “Private Collection” (1983) y “Page of Life” (1991).

El tema protagonista de esta entrada formó parte de la segunda edición de “The Friends of Mr. Cairo”, tuvieron que incluirlo debido al gran éxito que tuvo esta melodía entre el gran público. Todas las canciones de este disco, que alude en su título -y en una de sus canciones- a la película “El halcón maltés” (1941), fueron compuestas por Jon Anderson (letra) y Vangelis (música). En lo que respecta al tema “I’ll Find My Way Home”, se trata del corte más pop y comercial de este disco de música electrónica; su letra, bienintencionada y optimista, reflexiona sobre la importancia de que cada uno encontremos nuestro camino y nuestra morada, ya sea la terrenal o la espiritual, con la amistad y el amor como aliados. Aquí podéis ver a Jon y a Vangelis interpretando el tema en un programa de televisión, y aquí a Ana Belén, cantándolo en español con una letra diferente, escrita por Víctor Manuel.

Los Ángeles. “98.6”

Hacia 1964, un grupo granadino denominado Blue Angels -pronto castellanizado como Los Ángeles azules- ya empezaba a ser conocido en algunos locales de la ciudad (Club de Tenis, Jardines Neptuno, Sala Casablanca, etc.) y, también, en algunas poblaciones de la Costa del Sol, como Torremolinos. Grabaron algunos discos de cuatro canciones en Madrid para el sello Phillips, todavía con un estilo sin definir; pero la fama les llegó a finales de 1966, cuando el productor Rafael Trabucchelli les fichó para la discográfica Hispavox, ya con el nombre de Los Ángeles. Con un estilo pop-rock muy melódico y unos arreglos muy cuidados, estos Beatles españoles, como así les llamaron, lanzaron al mercado unos cuantos singles en los que versionaban temas de American Breed, The Tremeloes, Keith, The Turtles, Georgie Fame o The Hollies, mientras que en las caras B comenzaban a incluir algunos temas compuestos por ellos.

A pesar del éxito que cosecharon en el festival de Varadero (Cuba) de 1970 y de su intervención en algunas películas (“Un, dos, tres … al escondite inglés”, 1969; “A 45 revoluciones por minuto”, 1970), lo cierto es que el cambio de década ya no fue tan exitoso. De hecho, parece que en septiembre de 1976 ya tenían decidido dar por finalizada su aventura musical; sin embargo, un dramático suceso precipitó los acontecimientos. Tras una actuación en Tarragona, salieron en dirección a Madrid, precisamente para hablar de su futuro con Rafael Trabucchelli, pararon a dormir un rato en Valencia y prosiguieron su camino cuando, a la altura de Motilla del Palancar (Cuenca), su coche colisionaba con otro que viajaba en sentido contrario; como resultado del accidente fallecieron Poncho González (batería, voz) y José Luis Avellaneda (guitarra), mientras que Carlos Álvarez (guitarra, voz) sufrió graves lesiones, aunque logró salvar la vida; Paco Quero (bajo) no viajaba en aquel coche, ya que fue el encargado de trasladar el equipo a Granada en un furgón. En los años noventa, Carlos Álvarez, Agustín Rodríguez y otros músicos volvieron a retomar el grupo, y tuvieron cierta actividad. Entre 2005 y 2006 se realizaron homenajes a la banda, sobre todo en la ciudad de Granada; y, en 2006, se presentó el libro de Fernando Díaz de la Guardia Los Ángeles: una leyenda del pop español (Madrid: Rama Lama Music, 2006), acompañado de un documental. Carlos Álvarez, el superviviente de aquel fatídico accidente, falleció en Marbella, el 21 de julio de 2018, a los setenta y tres años.

Aquí os dejo un enlace de Spotify para que escuchéis a estos pioneros españoles del pop-rock, conocidos por temas como “Mañana, mañana”, “Dime, dime”, “Créeme”, “Momentos”, “Mónica”, “Nada va a cambiar el mundo” (me acuerdo que sonaba en la radio el año de su accidente) o su primer éxito: “98.6”, una versión de un tema escrito por Tony Powers y George Fischoff, que popularizó, en 1966, el cantante estadounidense Keith (éste es el original). La canción, que alude a la temperatura normal del cuerpo humano medida en grados Fahrenheit, ha sido versionada por otros artistas, como The Bystanders, Dinah Lee, Carolyn Lee Jones, etc. pero, desde mi punto de vista, ninguna tan lograda como la realizada por Los Ángeles. En este sentido, al igual que Julián Molero, yo también pienso que esta versión mejora el original, “una melodía rabiosamente pop de lo más pegadizo, [con] unos buenos arreglos y una utilización de las voces como nunca se le había oído a un conjunto español” (Julián Molero, en lafonoteca).