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Jolie Holland. “Old Fashioned Morphine”

Algo tendrá Jolie Holland para que músicos como Tom Waits o el rapero Sage Francis hayan manifestado, sin tapujos, su entusiasmo hacia esta artista norteamericana. En su página web la presentan como alguien que ha sido capaz de recoger un siglo de música estadounidense (jazz, blues, soul y rock) en una propuesta ecléctica, difícil de etiquetar, en la que se recogen influencias diversas, desde Al Green a Tom Waits, pasando por Mavis Staples, Skip james, Neil Young o la Velvet Underground. El fondo de Jolie Holland es clásico, pero la manera de expresarse es actual; yo diría que, al menos en las formas, podría tener cabida dentro del movimiento indie, con el jazz, el folk y el estilo americana como herramientas fundamentales de su idiosincrasia estilística. Tiene publicados ocho discos, uno de ellos junto a Samantha Parton, y ha colaborado con músicos como Booker T. Jones, Be Good Tanyas’, David Dondero, Joel Hamilton, Guy Garvey (de la banda Elbow), Sean Hayes, David Gray, Gregg Graffin (de Bad Religion) o Chuck Ragan. El primer álbum (“Catalpa”) salió al mercado en 2003 y el segundo (“Escondida”) al año siguiente, un trabajo muy interesante, con canciones de la propia Jolie Holland y un apoyo instrumental muy atractivo: batería y marimba (Dave Mihaly); guitarra eléctrica y acústica (Brian Miller); bajo, mandolina y banjo (Keith Cary); trompeta (Ara Anderson); sierra musical (Enzo García); saxo soprano (Paul Scriver); y, por supuesto, la aportación de Jolie Holland: voz, guitarra, ukelele y piano. El tema que he elegido es el corte número tres, “Old Fashioned Morphine”, una canción sobre el consumo de morfina que hoy en día podríamos catalogar como políticamente incorrecta, en la que aparecen mencionados el abuelo de Jolie, la exploradora y escritora suiza Isabelle Eberhardt y el novelista y ensayista estadounidense William Burroughs:

Gimme that old fashion morphine
Gimme that old fashion morphine
Gimme that old fashion morphine
It’s good enough for me

What was good enough for my grandpa
It was good enough for my grandpa
It was good enough for my grandpa
It’s good enough for me

Sister don’t get worried
Sister don’t get worried
Sister don’t get worried
Because the world is almost done

Gimme that old fashion morphine
Gimme that old fashion morphine
Gimme that old fashion morphine
It’s good enough for me

It was good enough for Billy Burroughs
It was good enough for Billy Burroughs
It was good enough for Billy Burroughs
It’s good enough for me

Sister don’t get worried
Sister don’t get worried
Sister don’t get worried
Because the world is almost done

Gimme that old fashion morphine
Gimme that old fashion morphine
Gimme that old fashion morphine
It’s good enough for me

It was good enough for Isabelle Eberhardt
It was good enough for Isabelle Eberhardt
It was good enough for Isabelle Eberhardt
It’s good enough for me

Sister don’t get worried
Sister don’t get worried
Sister don’t get worried
Because the world is almost done

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Guadalquivir. “Baila Gitana”

Andrés Olaegui y Luis Cobo “Manglis” (también conocido como “El Mangarra”) son dos guitarristas sevillanos creadores de la banda Guadalquivir, una de las formaciones de mayor calidad de cuantas compusieron el entramado conocido como rock andaluz. Ambos músicos hicieron el servicio militar juntos, en 1972, allí empezaron a hablar de la música que les gustaba (Miles Davis, Herbie Hancock, Return to Forever, Weather Report, etc.), a componer y a tocar; Andrés Olaegui ha reconocido en una entrevista que intentaban hacer la música de sus bandas de referencia con sus propias guitarras y que algunos de los temas de Guadalquivir, grabados seis años después, se gestaron durante la mili. Tras licenciarse marcharon a Madrid y crearon Manantial, junto a otros músicos; comenzaron a tocar en locales de jazz (Balboa Jazz, Whisky Jimm, Raíces, etc.), donde se codearon con la vanguardia del jazz-rock madrileño: Jorge Pardo, Pedro Ruy Blas, Luis Fornés, Rubem Dantas, etc. Olaegui y “Manglis”, junto con Jaime Casado (bajo), Pedro Ontiveros (saxo, flauta) y Larry Martín (batería), crearon Guadalquivir en 1978, después de grabar el disco de Miguel Ríos “Al Andalus” (1977), en el que intervinieron como músicos de sesión. Fue entonces cuando el mánager de Triana les sugirió que crearan una banda que hiciera de teloneros de sus representados; debutaron en marzo de 1978, en el Polideportivo de Móstoles. Tras una gira muy exitosa por todo el país, grabaron su primer álbum (“Guadalquivir”, 1978) en los estudios EMI de Barcelona y Kirios de Madrid, y dos años después el segundo (“Camino del Concierto”); se disolvieron en 1983, tras publicar su último Lp (“Después del silencio”), en palabras del batería Larry Martín: en aquella época “ya no llenaban las plazas de toros Weather Report, Chick Corea, Triana o Iceberg, sino gente muy joven haciendo pop y punk, en general muy malo musicalmente, con dos acordes y una caja de ritmo; eso nos empezó a descorazonar”. El disco que más me gusta es el primero, en el que también intervinieron en su grabación músicos como Manolo Marinelli (Alameda) a los teclados, Rubem Dantas a la percusión o el guitarrista flamenco Diego Carrasco; en este trabajo se puede apreciar bien el sonido característico de Guadalquivir, más cercano al jazz-rock que al rock progresivo. Es un trabajo francamente bueno, cálido y sensible, os aconsejo que lo escuchéis entero cuando podáis (aquí lo podéis hacer); para tratar de convenceros os dejo una de mis piezas preferidas, “Baila Gitana”, espero que os guste.

La cita, y gran parte de los datos que aparecen en esta entrada, ha sido tomados del texto de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004.

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Barney Bigard and His Jazzopators / Dizzy Gillespie / Thelonious Monk. “Caravan”

Juan Tizol Martínez (1900-1984) fue un compositor y trombonista puertorriqueño, miembro de la orquesta de Duke Ellington durante aproximadamente quince años. Se le suele considerar como uno de los grandes músicos de jazz centroamericano, pionero del jazz latino y autor de temas clásicos de este estilo, como “Caravan” (1936), aunque en la autoría de esta pieza también figura Duke Ellington, quien pronto supo ver las posibilidades comerciales que podía llegar a tener un tema como éste, con cierta carga exótica, ideal para ser tocado en los locales de jazz más exitosos de la época. Todo lo contrario de Juan Tizol, que llegó a vender sus derechos sobre “Caravan” a Irving Mills -autor de la letra en las versiones cantadas- por veinticinco dólares, aunque cuando se dio cuenta del éxito que tenía se quejó a Mills y consiguió que éste le cediera un porcentaje de los royalties. La primera grabación data de 1936 y corrió a cargo de la banda Barney Bigard and His Jazzopators, de la que formaban parte Barney Bigard (clarinete), Cootie Williams (trompeta), Harry Carney (saxo), Billy Taylor (bajo), Sonny Greer (batería) y los artífices de la canción: Juan Tizol (trombón) y Duke Ellington (piano). “Caravan” es uno de los estándares preferidos por los músicos de jazz; en palabras de Ted Gioia*, “la canción se presta a la jam session más desenfadada como a arreglos estilizados capaces de evocar toda una gama de estados de ánimo. La progresión armónica es bastante fácil hasta para intérpretes de nivel medio, la melodía sigue sonando moderna pese a las muchas décadas transcurridas desde que se compuso. El público, desde luego, responde bien a la canción, pero más devoción si cabe le profesan los propios músicos”. No es casual, por lo tanto, que existan más de cuatrocientas versiones de este tema; Gioia destaca las debidas al propio Duke Ellington, Oscar Peterson & Dizzy Gillespie, Nat King Cole, Art Blakey, Wes Montgomery, Wynton Marsalis, Michel Camilo, Gonzalo Rubalcaba y las dos destacadas que acompañan a la primera grabación de Barney Bigard, la de Dizzy Gillespie -publicada en 1951- y la de Thelonious Monk -de su álbum “Thelonious Monk Plays Duke Ellington”, 1955-. Woody Allen ha utilizado esta melodía en alguna de sus películas, en concreto en “Alice” (1990) y en “Acordes y Desacuerdos” (1999); más recientemente ha sido protagonista en “Whiplash” (2014), de Damien Chazelle, con mucha presencia de la batería, instrumento vertebrador de este film –aquí tenéis la primera parte de esta versión y aquí la segunda-.

* Gioia, Ted. El Canon del Jazz. Los 250 temas imprescindibles. Madrid: Turner, 2013.

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Louis Armstrong / Sonny Rollins / Orquesta Platería. “Mack The Knife” / “Pedro Navaja”

Pedro Navaja es un maleante que vive del crimen, aguarda escondido al acecho de víctimas a las que robar; la policía está cerca pero él ya ha encontrado a su próxima víctima, una prostituta; salta sobre sobre ella con su cuchillo, la apuñala pero la mujer le dispara. Ambos mueren. Un borracho que pasa por allí tropieza con los cuerpos, alegrándose de su suerte; coge la pistola, el arma blanca y el dinero que portaban los fallecidos. “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida …” Esta es la historia que nos cuenta una de las canciones de salsa más conocidas que existen: “Pedro Navaja”, compuesta por el músico y actor panameño Rubén Blades. Fue incluida en su álbum “Siembra” (1978), trabajo realizado de manera conjunta con el compositor, músico y activista político estadounidense Willie Colón. Sin embargo, como muchos de vosotros ya sabréis, “Pedro Navaja” es un tema basado en otro, “Mack The Knife”, también conocido como “The Ballad of Mack The Knife”, que en los años cincuenta popularizaran artistas como Louis Armstrong o Bobby Darin, probablemente la adaptación que sirvió de referencia a Rubén Blades para componer su “Pedro Navaja”. Pero la historia de esta canción se remonta más atrás, nada más y nada menos que al siglo XVIII; el protagonista era Macheath, un bandido con clase, educado y para nada violento que apareció por primera vez en “The Beggar’s Opera“, obra del poeta y dramaturgo inglés John Gay, en la que se trataba de satirizar a la burguesía y el poder de la época. Dos siglos después, en 1928, este personaje serviría de inspiración a Bertolt Brecht (letra) y Kurt Weill (música) para componer el tema que nos ocupa; en la nueva adaptación de la obra, titulada “La Ópera de los Tres Centavos“, Macheath pasó a llamarse Mackie Messer, aunque ya no era un elegante ladrón sino un ratero de poca monta, agresivo y violento. “Mack the Knife” tiene más de doscientas cincuenta versiones, en las que predominan las de corte melódico y las concebidas desde el jazz, como las dos primeras que ofrecemos hoy en formato destacado, interpretadas por Louis Armstrong y Sonny Rollins, respectivamente. Pero hay muchas más; por mencionar algunas, citaremos las de Wayne Shorter, Kenny Garrett, Bill Haley & his Comets, Santo & Johnny, Quincy Jones, Anita O’Day, Ella Fitzgerald, Rosemary Clooney & Pérez Prado, Peggy Lee, Lisa Stanfield, Frank Sinatra, Michael Bublé, The Brian Setzer Orchestra o The Psychedelic Furs. Aquí podéis escuchar la versión original de “Pedro Navaja”, a cargo de Rubén Blades, aunque para el tercer vídeo destacado he preferido rescatar a la Orquesta Platería, una de las bandas más importantes del movimiento conocido como “música laietana” que, durante los años setenta, se desarrolló en torno a la barcelonesa sala Zeleste.

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Billie Holiday / Sinéad O’Connor / Björk . “Gloomy Sunday”

“Gloomy Sunday” es uno de los temas más conocidos de Billie Holiday, una canción lúgubre que habla de alguien que ha perdido a su amante y se plantea acompañarlo en su triste final. Esta melodía ha dado lugar a una serie de leyendas urbanas, relacionadas con fallecimientos producidos debido a un irresistible deseo suicida tras escuchar la canción. Tal y como nos cuentan Héctor Sánchez y David Sánchez en su libro Paul está muerto y otras leyendas urbanas del rock (Madrid: errata naturae, 2014), “Gloomy Sunday” fue compuesta por el músico húngaro Rezsö Seress y el poeta de la misma nacionalidad László Jávor. En 1936, tres años después de que se escribiera este tema, Hungría tuvo que hacer frente a una ola de suicidios, diecisiete personas en apenas unos meses; en algunas de las notas que se encontraron junto a los cadáveres aparecían escritos los versos de “Gloomy Sunday”, incluso la partitura; otras veces las víctimas morían después de escuchar esta melodía. Incluso la novia de László Jávor, a quien éste le dedicó la canción, se quitó la vida dejando una nota junto al texto de la canción. “La canción húngara del suicidio” llegó a los Estados Unidos en 1936, a través de una adaptación de Sam M. Lewis; la Hal Kemp Orchestra realizó la primera grabación, aunque quien la popularizó fue Billie Holiday, en 1941, dando lugar a una nueva epidemia de suicidios. El tema llegó a prohibirse en las emisoras de radio norteamericanas, de la misma manera que había sucedido en Hungría. La leyenda de “Gloomy Sunday” se consolidó en 1968, cuando uno de los compositores de la canción, Rezsö Seress, saltó al vacío desde el balcón de su apartamento en Budapest, probablemente víctima de su propio éxito, atado a una partitura que maniató su creatividad hasta que decidió acabar con su vida. En cuanto a la leyenda, conviene hacer algunas aclaraciones; los suicidios de Hungría seguramente se debieron a la depresión económica en la que estaba sumida el país, al hambre y a la pobreza; de las que ocurrieron en EE.UU., adjudicadas a la versión de Billie Holiday, poco o nada se ha podido saber al respecto; en cuanto al suicidio de la novia de Jávor, hay quien opina que fue precisamente este hecho el que desencadenó la redacción de la letra de la canción. Tras la versión de Billie Holiday, otros artistas se animaron a hacer suyo este tema: Sarah Vaughan, Elvis Costello, Carmen McRae, Anna Black, Ray Charles, Sarah McLachlan, Heather Nova, Diamanda Galás, Portishead, etc. No es fácil competir con Billie Holiday, por lo que he tenido que recurrir a cantantes con mucha fuerza y personalidad; el segundo vídeo está protagonizado por la irlandesa Sinéad O’Connor, la versión pertenece a su álbum “Am I Not Your Girl?” (1992); y el tercero a la islandesa Björk, que eligió este tema para el disco colectivo en directo “Stormy Weather” (1998).