Neil Sedaka. “Oh! Carol” / Leo Dan. “Te he prometido”

Una de las películas triunfadoras en los Globos de Oro y los Oscar del año 2019 fue la mexicana “Roma”, dirigida por Alfonso Cuarón. Cuando este realizador recogió el globo de oro al mejor director, sonó en la ceremonia la canción “Te he prometido”, una de las que forman parte de esta banda sonora, en la que también se pueden escuchar títulos tan conocidos como “Más bonita que ninguna”, “La nave del olvido”, “Yellow River”, “Corazón de melón”, “Mammy Blue” o “La casa del sol naciente”, entre otros. El autor de “Te he prometido”, el cantante, compositor y actor argentino Leo Dan, escuchó el tema en los mencionados Globos de Oro; así nos lo ha contado en una entrevista concedida para la web oficial de estos galardones, en la que también nos habla de cómo compuso esta canción:

“No, no sé qué tenía que hacer, no sé dónde andaba y cuando llegué a casa mis hijas me dijeron ‘papá tenés que subir a ver los Globos de oro’. Subí y fue una sorpresa, yo ni me imaginaba que iba a tener tanta repercusión para mi persona y mi familia, pero me puse muy contento. Mira, te voy a confesar, compuse esta canción en el estudio porque me tenía que ir a España y necesitaba completar un disco, un long play como se decía. La arregló un guitarrista, la grabé y dije ‘espero que esta canción nunca tenga éxito porque no la quisiera cantar más’, porque me recordaba a una chica que yo creía que era mi novia, [cuando tenía 16 ó 17 años], y al final no lo era. Cuando yo fui a su cumpleaños me dijo ‘te voy a presentar a mi novio’, y yo le dije ‘pero si tu novio soy yo’ y me dijo ‘no, tú eres mi mejor amigo’, y ahí le dije ‘prometo que voy a tratar de olvidarte’. Fue un éxito tremendo la canción”

Leo Dan, entrevista para goldenglobes.com

En efecto, fue un gran éxito en varios países de América latina, incluso fue recuperada en España, durante la década de 1980, por el grupo Un Pingüino en mi Ascensor. La historia que Leo Dan cuenta en esta canción es similar a la recogida en el tema “Oh! Carol”, publicado una década antes por el compositor y productor musical estadounidense Neil Sedaka, autor de la canción junto a Howard Greenfield. Parece que Neil Sedaka había salido con la cantautora norteamericana Carole King -entonces Carole Joan Klein- cuando estaban en el instituto; a los diecisiete o dieciocho años ella ya estaba casada Gerry Goffin, un compañero de universidad que acabaría siendo su compañero sentimental y profesional, pues juntos compusieron muchas de las canciones del repertorio de esta artista. Carole King se debió dar por aludida, pues se apresuró a cantar otra canción, a modo de réplica, con esta misma melodía y una jocosa letra escrita, con un poco de mala leche, por el marido de Carole King, Gerry Goffin; “Oh! Neil” también fue publicada en 1959, aunque apenas tuvo éxito, todo lo contrario que el original, del que deben existir más de cien versiones, entre ellas muchas en español o interpretadas por artistas españoles, véanse por ejemplo las debidas a Palito Ortega, Dúo Dinámico, Karina o Los Mustang (en inglés).

Volviendo a las similitudes entre “Te he prometido” y “Oh! Carol”, está claro que en ambas se narra una almibarada historia de amor juvenil no correspondido. Pero, es que también hay, al menos desde mi punto de vista, una cierta coincidencia entre estas melodías, algo que se hace especialmente evidente en los primeros compases del tema de Leo Dan y en el recitado como recurso dramático, común en ambas canciones ¿Coincidencia o parecido razonable?

The Yardbirds. “For Your Love”

The Yardbirds fue un excelente grupo británico, creado en 1963 y disuelto en 1968, que ha pasado a la historia de la música por haber contado, en diferentes períodos, con tres de los más grandes guitarristas que ha dado el rock: Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page. En una vieja entrada, publicada en mayo de 2014, contábamos cómo se fueron sucediendo estos músicos en el puesto de guitarrista. Aunque los Yardbirds -que toman su nombre como homenaje al saxofonista de jazz Charlie “Yardbird” Parker– se hicieron famosos con un sonido beat psicodélico cercano al R&B, lo cierto es que comenzaron haciendo blues-rock con versiones de John Lee Hooker, Muddy Waters, Elmore James, Howlin’ Woolf o Bo Diddley, primero como banda de acompañamiento y, después, en solitario; de hecho, el primer disco que grabaron fue un directo (“Five Live Yardbirds”, 1964), en el que se recogieron diez temas compuestos por algunos de los músicos mencionados líneas arriba.

Four Your Love” (1965) fue el primer Lp de estudio, en él se incluyeron los primeros sencillos de la banda. De las once canciones que componen el álbum, ocho fueron tocadas por Eric Clapton, mientras que en el resto intervino Jeff Beck; y, sin embargo, en la portada del disco aparece Beck en lugar de Clapton. La explicación hay que buscarla, precisamente, en la canción que protagoniza nuestra entrada de hoy, titulada igual que el disco; a “Mano Lenta” no le debió gustar mucho esta melodía, la consideraba sencilla, comercial, demasiado breve y, sobre todo, muy diferente del estilo que, hasta entonces, habían practicado los Yardbirds. Clapton no lo dudó, abandonó esta formación para reconciliarse con el blues-rock, primero en la banda de John Mayall y, después, en Cream.

“Four Your Love” fue escrita por Graham Gouldman -quien, tiempo después, fundaría el grupo 10cc– cuando trabajaba en una tienda de ropa; tenía dieciocho años y su ilusión era escribir canciones como las de los Beatles, su principal fuente de inspiración. La canción fue descartada por bandas como Animals o Herman’s Hermits, pero no por los Yardbirds quienes, casualmente, estaban participando del mismo espectáculo navideño que los Beatles, a quienes se propuso inicialmente la canción. Intervinieron en la grabación Keith Relf (voz), Jim McCarty (batería), Ron Prentice (bajo), Denny Piercy (bongos), Eric Clapton (guitarra), Chris Dreja (guitarra) y Brian Auger (clavecín), mientras que el bajista Paul Samwell-Smith actuó como productor y director musical. Una de las cosas que más sorprende de esta canción es la inclusión del clavecín; al finalizar la sesión de grabación, Brian Auger se preguntó: “quién, en su sano juicio, va a comprar un sencillo pop con clavecín?“. Finalizamos con una interpretación en directo de 1965, a cargo de The Yardbirds, y con algunas versiones, en concreto la del propio autor (Graham Gouldman), la de Humble Pie (irreconocible) y las debidas a Nils Lofgren (también muy singular y potente), Four Tops, Los Huracanes (grupo español, aunque cantada en inglés) y The Brisks (en español).

David Bowie / Nirvana / Silvia Pérez Cruz & Raül Fernández Miró. “The Man Who Sold the World”

El tercer álbum de David Bowie se tituló “The Man Who Sold the World”; fue publicado en noviembre de 1970, después de unas incómodas sesiones de grabación que tuvieron lugar entre el 18 de abril y el 22 de mayo de ese año. Peter Dogget, en su biografía sobre este artista, comentó que Ziggy Stardust estaba más preocupado de atender a su esposa Angie que de grabar el disco, tarea que se debió tomar con indiferencia y desgana. Según declaraciones realizadas por el productor Tony Visconti al mencionado Dogget, las canciones fueron escritas por él y por los músicos, aunque en la autoría sólo consta el nombre de David Bowie: “La banda (a veces con Bowie contribuyendo en la guitarra, a veces no) grabaría una pista instrumental, que podría o no estar basada en una idea original de Bowie. Entonces, en el último momento posible, Bowie de mala gana se levantaría del sofá en el que estaba descansando con su esposa, y lanzaría una serie de letras”. Años más tarde, Bowie trataría de defenderse de esta acusación: “realmente me opuse a la impresión de que no escribí las canciones de The Man Who Sold the World. Sólo tienes que ver los cambios de acordes. Nadie escribe cambios de acordes como estos”.

Un ejemplo de lo que tuvo que ser la grabación de este disco lo tenemos con la canción titulada igual que el disco; Bowie no grabó la parte vocal hasta el último momento, el día 22 de mayo, cuando ya casi habían acabado de editar el álbum, justo en las mezclas finales. La letra, plagada de metáforas, ha dado lugar a múltiples interpretaciones, algo habitual en la obra de este abanderado de la psicodelia pop, el glam y las composiciones cargadas de referencias filosóficas y literarias. En lo musical, destaca el tono folk que imprime Bowie con su guitarra acústica, el riff de guitarra eléctrica a cargo de Mick Ronson y la peculiar y enigmática manera de cantar del británico. El tema apenas tuvo éxito cuando se comercializó; fue la cantante escocesa Lulu la que rescató esta composición en 1974, gracias a una curiosa versión estilo cabaret berlinés pop.

Hay bastantes versiones de “The Man Who Sold the World”, muchas debidas a artistas no muy conocidos; si queréis escuchar algunas, podéis empezar con las de Richard Barone, Midge Ure, John Cougar, Cocosuma, Simple Minds o Kristen de Beavoir. Aunque la más conocida de todas es la que grabó la banda Nirvana poco antes del fallecimiento de Kurk Cobain; esta versión fue interpretada en una sesión MTV Unplugged registrada en Nueva York el 18 de noviembre de 1993, que fue incluida en el álbum “MTV Unplugged in New York” (1994). Para finalizar, como tercera opción de hoy, os propongo la versión de Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró, recogida en una edición especial del álbum de versiones titulado “Granada” (2014).

The Beach Boys. “God Only Knows”

El talento singular tiene un precio. A veces es el deterioro físico o mental, otras veces la infelicidad, por no hablar de esas leyendas –como la de Robert Johnson– que hablan de pactos con el diablo. A este grupo de sufrientes elegidos pertenece Brian Wilson, el líder de los Beach Boys, una de las bandas de pop-rock más importantes e influyentes en la historia de la música. En diciembre de 1964, cuando su grupo triunfaba con ese sonido surf desenfadado, tan característico de la banda californiana, Brian decidió retirarse de los escenarios al sufrir su primera crisis nerviosa grave (apenas tenía veintidós años) durante un vuelo, en plena gira por el sudoeste de los Estados Unidos. Sus compañeros decidieron sustituirle durante los compromisos que tenían adquiridos, y él se refugió en el estudio de grabación y en su labor como compositor. Mientras trabajaba en un nuevo proyecto, llegó a sus manos el álbum “Rubber Soul” (1965) de los Beatles, un trabajo que le dejó impresionado hasta el extremo de inspirar uno de los discos más innovadores de la música popular: “Pet Sounds” (1966).

Es difícil etiquetar este álbum dentro de un estilo, ya que tiene elementos jazzísticos, sinfónicos, experimentales y psicodélicos mezclados con un pop barroco, en el que se incluyen complejos arreglos orquestales, instrumentos de rock y otros más exóticos, además de efectos de sonido como timbres de bicicleta, botes y botellas de cocacola, campanas o ladridos de perro. El trabajo de grabación y producción se prolongó durante nueve meses; a pesar de que el estudio disponía de los medios necesarios para grabar en estéreo, Wilson decidió hacerlo en sonido mono, sobre todo por tres razones: en primer lugar, porque era prácticamente sordo de un oído, de manera que apreciaba mejor este tipo de sonido; en segundo lugar, porque así se podría difundir mejor por la radio y la televisión, medios que solían utilizar el mono; y, en tercer lugar, porque la propia complejidad de la grabación, con mucha instrumentación en diferentes capas de sonido, al estilo del “muro de sonido” de Phil Spector, era muy difícil de trasladar al estéreo. Wilson llegó a reconocer la influencia de Spector en su “Pet Sound”, cuyas iniciales -y no de manera casual- se corresponden con las del controvertido músico y productor estadounidense.

Brian esperó a que sus compañeros regresaran de sus giras para presentarles las nuevas canciones que había compuesto, junto al escritor de jingles Tony Asher, que fue el encargado de poner las letras a estas melodías. Lo cierto es que se quedaron muy sorprendidos, entre boquiabiertos y decepcionados, porque aquello no se parecía en nada a lo que habían hecho hasta entonces y, además, eran tan complejo que nunca se podría tocar en directo al ser necesaria una orquesta para reproducir aquel sonido. De hecho, en la grabación intervinieron experimentados músicos de sesión, quedando los Beach Boys al cuidado de las armonías vocales.

Hoy es uno de estos días en los que me pongo pesado para que escuchéis el álbum completo (aquí lo tenéis), pues se trata de una obra única, que sólo se puede apreciar bien en su conjunto. “God Only Knows” es, quizás, el tema más recordado, valorado y versionado del disco; parece que fue la primera canción pop en la que se usó la palabra “Dios” en el título. Brian Wilson dijo en una ocasión que la canción “surgió por inspiración gracias a cierta pieza de Johann Sebastian Bach que había escuchado (…) fue una visión que tanto Tony como yo tuvimos. Es como quedarse ciego pero en esa ceguera poder ver más. Cierras los ojos; eras capaz de ver un lugar o algo que sucede”.

Ketty Lester / Ike & Tina Turner / Alison Moyet. “Love Letters”

Ketty Lester es una cantante y actriz estadounidense nacida en Hope (Arkansas), en agosto de 1934. Empezó cantando en la iglesia, en coros escolares y, a principios de la década de los cincuenta, ya actuaba como profesional. Después trabajaría como cantante en la orquesta de Cab Calloway e, incluso, llegó a aparecer en el concurso “You Bet Your Life”, que presentaba Groucho Marx. Grabó su primer sencillo (“Queen for a Day”) en 1962, aunque para finales de los sesenta ya estaba abandonado su carrera como cantante para dedicarse al cine y las series de televisión; los que tengáis una cierta edad, quizás os acordéis de su papel de Hester-Sue Terhune en “La Casa de la Pradera”.

El gran éxito musical de Ketty Lester fue “Love Letters”, una canción de Edward Heyman (letra) y Victor Young (música) que apareció en la película “Cartas a mi amada”, de 1945, cantada por Dick Haymes, cantante y actor estadounidense nacido en Argentina. Tras esta primera grabación (aquí la podéis escuchar), aparecieron otras, como las de Tony Bennet, Herbie Mann, Nat King Cole, Rosemary Clooney, Eydie Gorme, Perry Como, Peggy Lee o Baden Powell. Sin embargo, ninguna tuvo tanto éxito como la de Ketty Lester, publicada en 1962; una versión que, por su estilo y sencillez, contrasta con el barroquismo orquestal o jazzístico de la mayoría de las versiones anteriores, quizás ahí radicara el éxito del “Love Letters” de Ketty Lester, una canción pop-soul sin apenas arreglos, que inspiró algunas de las versiones que se hicieron después. La de Lester es la grabación que se incluyó en la película “Terciopelo Azul” (1986), de David Lynch.

De entre las versiones posteriores a la de Ketty Lester, citaremos las de The Marvelettes, Brenda Lee, Julie London, Vera Lynn, Elvis Presley, Sandie Shaw, Don McLean, Joe Walsh, Boz Scaggs, Elkie Brooks, Aretha Franklin, Sinéad O’Connor, Bonnie Raitt y Elton John, Etta James, Carla Bruni, Diana Krall, Diane Schurr y, por supuesto, las dos que he elegido para acompañar a Ketty Lester: la de Ike & Tina Turner y la de Alison Moyet, cantante inglesa con una larga carrera en solitario, que se dio a conocer formando parte de la banda de synth pop Yazoo; la primera versión formó parte del álbum titulado “Don’t Play Me Cheap”, publicado en 1963, mientras que la segunda fue lanzada como single en 1987 y, finalmente, incluida en la reedición que, en 2016, se hiciera de su álbum titulado “Raindancing” (1987).