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Genesis. “Follow you, follow me”

Para muchos aficionados al rock progresivo “Follow you, follow me” fue la confirmación de una traición perpetrada sobre las bases conceptuales y estilísticas de una de las principales bandas que ha dado el rock sinfónico clásico, el cultivado durante la primera mitad de la década de los setenta. En 1987 Genesis era una incógnita; un par de años antes Peter Gabriel, el líder indiscutible de esta formación, la abandonaba para iniciar su carrera en solitario; tras probar con algunos cantantes decidieron que fuera el batería, Phill Collins, quien ejerciera esta función; así, como cuarteto, publicaron un par de álbumes en 1976: “A Trick of the Tail” y “Wind & Wuthering”, el último con el guitarrista Steve Hackett. Ya como trío (Phill Collins -batería, voz-, Tony Banks -bajo y guitarras- y Mike Rutherford -teclados-) comienzan una nueva etapa con el álbum “And then there were three” (1978), un trabajo que puede considerarse como la antesala de unos nuevos Genesis renovados en su estilo, cada vez más alejados del rock progresivo y más próximos al rock melódico, al AOR, incluso al pop. Los siguientes discos (“Duke”, 1980 y “Abacab”, 1981) abundarían en estos planteamientos y acabarían encumbrando a la banda, incluso con mayor contundencia que en su primera etapa para desesperación de sus seguidores más progresivos. “And then there were three” se gestó en un momento de indefinición para el grupo, en el que imagino que incluso valoraron la posibilidad de disolver Genesis. Además, Phill Collins atravesaba una crisis sentimental, por lo que apenas pudo colaborar en la elaboración del disco; de hecho, la mayor parte de los temas fueron compuestos en solitario por Tony Banks y Mike Rutherford. Aunque es verdad que este Lp deja a un lado las largas suites sinfónicas y los complejísimos desarrollos instrumentales, aún desprende aromas progresivos, sobre todo en algunos temas como “Down and Out” o “Burning Rope“, mis favoritos. Sin embargo, finaliza con “Follow you, follow me”, una canción bastante sencilla, decididamente pop, como si fuera una declaración de intenciones de lo que habría de ser esta banda en el futuro. Siempre he querido ver un paralelismo, entre este álbum y este tema, con una canción y un disco de Yes publicado el mismo año: “Tormato” y la pegadiza “Don’t Kill the Whale“; dos grandes bandas tratando de reconducir su estilo y su futuro. Como curiosidad, me gustaría señalar que en la canción protagonista de hoy no tocó la batería Phill Collins sino Chester Thompson, conocido por su trabajo en grupos como el de Frank Zappa o Weather Report.

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Christie / Elton John / R.E.M. “Yellow River”


One-hit wonder es una expresión que se suele utilizar para designar a aquellos artistas musicales que sólo son conocidos por una canción, generalmente muy exitosa. Seguro que casi todos recordaréis algún grupo o solista que se ajusta a esta tipificación; hasta la industria del cine se ha ocupado de este asunto a través de la película “The Wonders” (1996), dirigida por Tom Hanks, en la que se narra la historia de un grupo ficticio de un sólo éxito (“That Thing You Do!“) Un ejemplo de One-hit wonder fue Christie, una banda británica creada en 1969 en torno al vocalista, bajista y compositor Jeff Christie que, en 1970, se dio a conocer gracias a “Yellow River”, un pegadizo tema de pop-rock compuesto por el mencionado Jeff Christie, que nos habla de las ansias de un soldado de la Guerra de Secesión americana por regresar a su hogar situado en el, probablemente inexistente, condado de Río Amarillo; dado que la canción fue lanzada durante la controvertida Guerra de Vietnam, hubo quien quiso interpretarlo como la historia de un joven que trata de abandonar el ejército tras su período de servicio militar obligatorio; esta misma fuente señala que, en lo musical, el autor se inspiró en algunos fragmentos del clásico de 1920 “In a Persian Market“, de Albert Ketèlbey, circunstancia que, en mi opinión, apenas se evidencia más allá de algunos segundos de canción que, remotamente, recuerdan a este clásico de aroma oriental. “Yellow River” fue ofrecida a The Tremeloes, grupo de beat inglés creado en 1958 bajo la denominación original de Brian Poole and the Tremeloes; tras grabar la canción, finalmente decidieron no comercializarla por considerarla demasiado pop para ellos, y consintieron en que Christie grabara de nuevo el  tema modificando el registro inicial. A pesar de que publicaron algunas canciones interesantes, como “San Bernardino” -publicada en el mismo Lp que “Yellow River” (“Christie“, 1970)- o “Iron Horse“, lo cierto es que nunca volvieron a disfrutar de un éxito tan rotundo como el que obtuvieron con la canción que hoy nos ocupa. En vista de la oportunidad desaprovechada y probablemente con el ánimo de enmendar su error, los Tremeloes la volverían a grabar y, esta vez sí, a comercializar, incluso hicieron una versión en español (o algo parecido). También existe otra en francés, a cargo de Joe Dassin, y un buen puñado más, como las de Middle of the Road, The Compton Brothers o las otras dos destacadas de hoy, interpretadas por Elton John y R.E.M., respectivamente. La primera pertenece a un álbum de versiones muy interesante,que tal vuelva a aparecer por aquí en alguna otra ocasión, el titulado “Chartbusters Go Pop” (1994); y la segunda fue incluida en el sencillo de los estadounidenses “All the Way to Reno (You’re Gonna Be a Star)”, publicado en el año 2001.

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Pedro Ruy Blas. “A los que hirió el amor”

A comienzos de los setenta triunfaba en España “A los que hirió el amor”, una canción antibelicista con una letra lo suficientemente ambigua como para sortear la censura de la época. Aunque, dicho sea de paso, creo que se utilizó más como recurso romántico en los guateques que como reivindicación pacifista; tal vez por eso fue respetada por los censores, todo lo contrario que sucedió con el tema “Mi voz es amor“, que acabó siendo prohibida por este organismo represivo minutos antes de ser presentada en público por Pedro Ruy Blas, uno de esos músicos que, pese a la huella que ha dejado en la escena española, apenas es recordado más que por la canción “A los que hirió el amor”. Nacido en Madrid, Pedro Ample Candel comenzó su carrera musical muy joven, formando parte de grupos como Los Príncipes o Los Grimm; en 1968 ingresó en Los Canarios -una de las mejores bandas españolas del momento-, como sustituto de Teddy Bautista mientras éste realizaba el servicio militar. Tras este periplo temporal grabó “A los que hirió el amor” bajo la batuta del productor Alain Milhaud, ya bajo el nombre artístico de Pedro Ruy Blas en homenaje a “Ruy Blas”, una de las obras más importantes de Victor Hugo. A mediados de los setenta lideró, como cantante y batería, un proyecto de los más interesantes que ha dado la música española, el grupo Dolores, donde el flamenco y el jazz-rock se daban la mano de manera magistral y en el que participaron músicos tan destacados como Jorge Pardo o Rubén Dantas. En 1980 reinicia su carrera en solitario, como cantante y como actor de musicales; aún continúa en activo. “A los que hirió el amor” es un tema compuesto por Jean Gaston Renard y Lucien Marie Antoine Thibaut, bajo el título inicial de “Ceux que l’amour a blessé”, que fue popularizado en Francia por Johnny Hallyday. En este caso, al menos desde mi punto de vista, la versión de Pedro Ruy Blas y Alain Milhaud supera en fuerza y autenticidad al original galo. Y, aunque se han hecho otras versiones, creo que ninguna mejora la del madrileño; entre ellas podemos citar la de Bruno Lomas, la de los Briks, la más gamberra de Los Petersellers y la de Medina Azahara, tal vez la más destacable de todas.

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Mercedes Sosa / Michel Camilo / Silvia Pérez Cruz. “Alfonsina y el Mar”

Mujeres Argentinas” es el título de un disco publicado en 1969, cuyas canciones fueron escritas en homenaje a algunas de las grandes mujeres de la historia argentina. Todos los temas fueron compuestos por el pianista Ariel Ramírez y por el historiador y escritor Félix Luna, mientras que la interpretación corrió a cargo de la cantante Mercedes Sosa. Según nos ha contado el propio Ariel Ramírez en este vídeo, Felix Luna acudió a él con cuarenta nombres de argentinas ilustres de los que acabaron seleccionando ocho, entre los que estaba el de la poetisa Alfonsina Storni, fallecida a los cuarenta y seis años, el 25 de octubre de 1938, cuando se suicidó en Mar de Plata arrojándose desde la escollera del Club Argentino de Mujeres. Unos años antes le habían detectado un tumor en un pecho que inicialmente pensaron que era benigno; las cicatrices de la operación, los fuertes dolores que padecía y, al parecer, algunos errores médicos incrementaron su temperamento nervioso y depresivo. Antes de suicidarse dejó escrito un poema titulado “Voy a dormir”, enviado al diario La Nación, que sirvió de inspiración a Felix Luna para escribir la letra de “Alfonsina y el Mar”, una de las canciones que formaron parte del mencionado disco de Mercedes Sosa. En el relato de Félix Luna, Alfonsina no se arroja desde una escollera sino que se interna lentamente en el mar hasta perder la vida: “Por la blanda arena que lame el mar su pequeña huella no vuelve más, un sendero solo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda”. “Alfonsina y el Mar” es una de las grandes canciones de la música popular argentina y, por supuesto, ha sido interpretada en multitud de ocasiones y por artistas de diferentes procedencias y géneros: Chabuca Granda, Alberto Cortez, Teresa Salgueiro, Maria do Ceo, Antonio Machín, Pedro Guerra, Los Panchos, Pasión Vega, Andrés Calamaro, Diego el Cigala, Los Pianos Barrocos, Arpas Fantásticas, Avishai Cohen, Patricia Kraus o Ane Brun, sólo por citar algunas versiones porque la lista es muy grande, sobre todo en el ámbito latinoamericano. Finalmente me he inclinado por Michel Camilo y por Silvia Pérez Cruz para acompañar a Mercedes Sosa, el primero desde el jazz y Silvia porque, ya os lo comenté en otra ocasión, es una de las mejores voces que existen dentro del panorama musical español.

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Duncan Dhu. “Casablanca”

Duncan Dhu es uno de los personajes de la novela Secuestrado, publicada en 1886 por el escocés Robert Louis Stevenson, el mismo que escribiera La Isla del Tesoro, La Flecha Negra o El Extraño Caso del Doctor Jeckyll y el señor Hyde. Uno de los protagonistas (Alan Breck) busca alojamiento en casa de Duncan Dhu; durante su estancia, Alan se enfrenta con otro personaje, situación que Duncan trata de resolver con un histriónico duelo de gaitas entre ambos contendientes. En 1984, tres muchachos de San Sebastián -Diego Vasallo (ex vocalista y bajista del grupo Los Dalton), Mikel Erentxun (ex cantante de la banda Los Aristogatos) y Juan Ramón Viles (ex guitarrista y batería de Los Dalton)- deciden crear un grupo con el nombre de Duncan Dhu, en honor de aquel anfitrión amante de las gaitas que aparece en la novela de Stevenson. Aunque procedían del País Vasco su propuesta musical era diametralmente opuesta al llamado Rock radical vasco, la corriente dominante en aquella época, de la que formaron parte grupos de rock urbano, heavy metal o punk como Barricada, La Polla Records, Cicatriz, Kortatu o Eskorbuto; Duncan Dhu nos ofrecía un pop-rock acústico de sonido muy limpio, casi luminoso, que pronto caló entre la juventud española. En 1986 publican su primer Lp, titulado “Canciones”, todo un éxito de ventas en el que se incluyeron muchos de los temas que, con el paso del tiempo, acabarían siendo los más representativos de los donostiarras: “Cien Gaviotas”, “Esos Ojos Negros”, “No puedo evitar (pensar en ti)” o “Jardín de Rosas”, versión de una canción country escrita por Joe South. Sin embargo, “Canciones” no fue su primer trabajo publicado; un año antes sacaron un mini-Lp cuyo título (“Por Tierras Escocesas”) aludía directamente al origen del nombre de la banda y al interés de Erentxun, Vasallo y Viles por esta temática. Se trata de un disco con seis canciones que se abre con el tema “Casablanca”, una enigmática canción en la que destacan las voces y, sobre todo, las guitarras acústicas que, ejecutadas con sencillez, consiguen dar al tema una atractiva textura. “Casablanca” se editó también como single, pero no fue el primero; ese mismo año habían grabado dos canciones, “Mi Amor” y una curiosa versión de “Bésame Mucho” interpretada al más puro estilo Duncan Dhu, que fueron incluidas en un disco  (“La Única Alternativa”) en el que participaron otros grupos noveles, como La Dama se Esconde, Cadena Perpétua o Gente Corriente.