Hay fechas que conviene tener siempre presentes en nuestra memoria, acontecimientos que jamás deberían ser arrinconados por el irremediable paso del tiempo. El 6 de agosto de 1945, finalizando la II Guerra Mundial, los Estados Unidos arrojaron a «Little Boy» sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y, tres días después, a «Fat Man» sobre Nagasaki. «Little Boy» y «Fat Man» fueron los nombres con los que se bautizó a las primeras bombas atómicas lanzadas sobre territorios habitados; unos días antes se había realizado el primer ensayo atómico exitoso en el desierto de Alamogordo (Nuevo México), en el marco del Proyecto Manhattan, un ambicioso plan científico con el que, en poco más de dos años y gracias a un nutrido grupo investigadores del más alto nivel (Robert Oppenheimer, Enrico Fermi, Richard Feynman, etc.), se lograron canalizar los planteamientos de Einstein y la nueva Física del átomo (descubrimiento de las partículas subatómicas, Radiactividad y Mecánica Cuántica) hacia fines bélicos. Pocas veces en la Historia de la Ciencia se han conseguido unos resultados prácticos tan exitosos y contundentes como con el Proyecto Manhattan; está claro que entonces hubo el interés político, los científicos y el dinero necesario para ello. «Little Boy» fue lanzada, a las 8:15 horas, por un bombardero cuatrimotor de la clase Boeing B-29 Superfortress bautizado con el nombre de «Enola Gay», en honor de la madre de su piloto: Enola Gay Tibbets. La detonación provocó la muerte de unas ochenta mil personas, además de otros tantos heridos y destruyó la mayor parte de la ciudad. Treinta y cinco años después de esta masacre el grupo británico de synth pop, Orchestral Manoeuvres in the Dark (OMD), lanzaba su segundo álbum de estudio («Organisation», 1980), que comenzaba con el tema «Enola Gay» en recuerdo de aquel triste acontecimiento. La canción aparecía en un momento de controversia en el Reino Unido, en torno a la decisión de Margaret Thatcher de permitir en aquel país la presencia de misiles nucleares norteamericanos. En el vídeo podéis ver la letra, con claras alusiones a la hora del lanzamiento y con una irónica metáfora sobre una madre que se siente orgullosa de su hijo.
Categoría: Pop-canción melódica
Electric Light Orchestra. «Confusion»
¿Es Electric Light Orchestra un grupo de rock progresivo? Desde luego si nos limitamos a juzgar por esta canción, no. Pero lo cierto es que, cuando se crea esta banda, allá por 1970, su intención fue la de fusionar el pop y el rock con elementos e instrumentos procedentes de la música clásica, como violines, chelos e instrumentos de viento. Los líderes fundadores de ELO fueron Roy Wood y Jeff Lynne, quienes acometieron juntos los trabajos que dieron lugar a su primer álbum (“The Electric Light Orchestra / No Answer”) y, en parte también, los de su segundo trabajo (“ELO2”). Durante la grabación de este último disco, Roy Wood abandonó la formación dejándola en manos de Lynne que, poco a poco, fue reduciendo el peso de los instrumentos clásicos y acercando el sonido hacia posiciones más cercanas al pop. Puede decirse que los primeros discos de ELO tienen un cierto tono sinfónico pero, a pesar de lo que opinan algunos seguidores del rock progresivo, para mi gusto suenan algo raro; las guitarras, los violines y violonchelos juntos no llegan a empastar y el resultado final es un pastiche algo indigesto. Tiene gracia que con los estilos musicales ocurra como con los géneros cinematográficos; un drama, aunque sea un pestiño, siempre tiene mejor prensa que una película de acción o una comedia, aunque éstas sean excelsas. Con ELO ha pasado algo parecido; sus primeros trabajos suelen tener mejores críticas, tal vez por tener esa etiqueta de pop-rock sinfónico, mientras que su disco más pop, “Discovery” (1979), a menudo es tildado de producto comercial y de poca calidad. Yo no estoy de acuerdo, a mi me parece que es su mejor álbum; tiene un sonido propio, tal vez algo grandilocuente pero bien equilibrado y, lo que es más importante, incluye un puñado de interesantes canciones que se sitúan entre el pop-rock y la música disco, temas como “Shine a little love”, “Don’t bring me down”, “Last train to London”, “The Diary of Horace Wimp” o la que os propongo: “Confusion”, compuesta por Jeff Lynne y con una importante presencia de los teclados y el “vocoder” -o codificador de voz-, un artilugio inicialmente diseñado para las telecomunicaciones que acabó siendo utilizado como instrumento musical por grupos de klautrock, como los alemanes Kraftwerk.
Héroes del Silencio. «Héroe de Leyenda»
No es muy habitual que los libros sobre rock se ocupen de grupos españoles, salvo que sean textos de temática específicamente hispana. David Roberts, en su libro Crónicas del Rock. Una historia visual de las 250 mejores bandas de todos los tiempos (Barcelona: Lunwerg, 2013) ha tenido a bien considerar a formaciones europeas, e incluso de otros lugares como China, Japón o América del Sur, como dignas de merecer un hueco entre los doscientos cincuenta grupos más importantes de la historia del rock; no es fácil pero hay alguna banda española que lo ha conseguido, como los aragoneses Héroes del Silencio. Así se expresa David Roberts cuando habla de ellos: «Los Héroes del Silencio fueron una de las bandas de rock más populares surgidas en Europa continental. Formados en Zaragoza en 1984, su lealtad a su idioma natal los convirtió en pieza importante del movimiento Rock en español de los noventa. Su estilo dramático y grandilocuente les proporcionó popularidad duradera en Europa y América Latina. Su sonido con toques góticos y su imagen visual provocaron comparaciones con bandas postpunk británicas como The Cult y The Mission». Sus cuatro discos de estudio han sido incluidos, por la revista musical Al Borde, entre los doscientos cincuenta mejores álbumes de rock iberoamericano de todos los tiempos; la revista Rolling Stone los ha considerado como el segundo mejor grupo de rock español de la historia, tras El Último de la Fila; y, en 2007, fueron homenajeados en reconocimiento a sus más de seis millones de discos vendidos. Tuvieron actividad entre 1984 y 1996, no sólo en España, también fuera de nuestras fronteras, quizás más en su última etapa, la más cercana al hard rock. Su primer disco, en cambio, está más próximo al pop-rock; fue publicado, bajo el título de «El mar no cesa», en 1988 y finaliza con «Héroe de Leyenda», un tema que ya había sido grabado un año antes en un EP con cuatro canciones. Fue su primer éxito y en él ya podemos reconocer el estilo ampuloso y épico característico de este grupo, sus letras ambiguas y trascendentales, y el liderazgo de una de nuestras más reconocidas figuras del pop-rock actual: Enrique Bunbury. Aquí os dejo, también, la versión realizada por el grupo de rock mexicano Zoé.
Elvis Presley / Al Dimeola / Faith No More. «Spanish Eyes».
Existen himnos musicales ligados a la tradición española que, si los investigáramos un poco, no resistirían un examen medianamente exigente de pedigrí patrio. Una de las canciones preferidas por las tunas de nuestro país, habitualmente interpretada por coros, grupos regionales como Los Sabandeños o por artistas tan populares como Los Panchos, es “Ojos de España”. Lo cierto es que esta almibarada oda a “los ojos de la española” tiene muy poco de producción “made in Spain”, más allá de los ilustres intérpretes que la han adornado. Esta canción fue compuesta, en 1965, por el director de orquesta alemán Bert Kaempfert, el que fuera también autor de la archiconocida “Strangers in the Night” que popularizara Frank Sinatra, así como el arreglista musical elegido por TVE para el tema “La, la, la” que, a la postre, acabó ganando el Festival de Eurovisión de 1968. El tema que hoy nos ocupa fue incluido en el álbum de Kaempfert titulado “The Magic Music of Far Away Places”, con el título de “Moon Over Naples”, y no tenía letra, era instrumental. En 1966 se publicó una versión de esta canción, con letra de Charles Singleton y cantado por Sergio Franchi, que apenas tuvo repercusión; y, ese mismo año, lo hizo la de Al Martino, con letra de Eddie Snyder y un nuevo título: “Spanish Eyes”, que fue todo un éxito y abrió el camino a nuevas versiones popularizadas por artistas tan célebres como Andy Williams, Tony Bennet, Engelbert Humperdinck, Willie Nelson & Julio Iglesias, Matt Monro, Plácido Domingo o Michael Bublé. Además de las versiones que ya he ido dejando en el texto, en forma de enlaces, me gustaría que escucharais otras tres: la bien conocida de Elvis Presley y otras dos, tal vez menos populares, la del excelente guitarrista de jazz italoamericano Al Dimeola y la del grupo californiano Faith No More. Lo curioso del asunto es que la letra de “Spanish Eyes” nos habla de unos ojos españoles que son los más bonitos de todo México [sic] (ya se sabe que, para algunos estadounidenses, España hace frontera con México o es un estado que forma parte de él …) La letra de las versiones españolas es bien diferente y, según he podido leer, es probable que tampoco fuera escrita por un español sino por el mexicano Víctor Yturbe “El Pirulí”, que no la llamó «Ojos de España» sino «Ojos españoles”.
Els Pets. «Jo vull ser Rei»
Quien haya vivido algún tiempo fuera de su Hogar, sin el abrigo de su familia, amigos, costumbres, incluso de su idioma, sabrá que lo más importante para llevarlo bien y que aquello no se convierta en una experiencia antipática y hostil, es no sentirse solo, buscar la complicidad y la compañía de otros que están en la misma situación que tú. Al menos a mí siempre me ha dado muy buen resultado. Recuerdo con mucho cariño la etapa de mi vida en la que viví en Poitiers (Francia); la experiencia profesional fue muy interesante, pero lo verdaderamente enriquecedor tuvo que ver con las relaciones personales, el contacto humano y la amistad. Llegué a Francia sin apenas conocer el idioma, más allá de unos rudimentos básicos adquiridos en un apresurado curso de francés realizado meses antes; mis primeras horas en Poitiers transcurrieron en la Oficina de Relaciones Internacionales donde, a duras penas, logré enterarme de la residencia que me habían adjudicado, y con mi tutor, una de las mejores personas que conocí allí. Me presentó a un colega, nos fuimos a comer y, finalmente, llegué a mi alojamiento. Éste era el momento clave, sabía que no podía quedarme solo, así que no lo dudé: me quedé sentado en la puerta hasta que escuchara a alguien hablar español. Y así fue, mi estrategia dio resultado, aunque no fue castellano lo que oí sino catalán; era un grupito de erasmus de la Universidad de Girona, a quienes me pegué inmediatamente. En dos o tres días ya éramos unos cuantos, pronto empezó a sumarse gente de Valladolid, Madrid, Zaragoza y de otras zonas de España, además de franceses y estudiantes de otras nacionalidades. Aquello sucedió en 1994, en plena efervescencia del pop-rock español. De hecho, la música siempre estaba con nosotros: en las habitaciones, en la cantina de la residencia, incluso en las fiestas. Así fue como conocí a Els Pets, gracias a mis amigos catalanes, mientras que ellos aprendieron un juego tan poco habitual en su Tierra como el Mus, al que se engancharon igual que yo a su música. De todas las canciones que escuchábamos siempre recordaré, de manera especial, «Jo vull ser Rei», un pegadizo tema de pop-rock con una letra políticamente incorrecta para aquella España, en la que aún se reverenciaba a la Monarquía y todo lo que ella representaba. Os recomiendo que prestéis atención a su estimulante, irónica y demoledora letra (aquí lo podéis hacer, en catalán y en castellano). No quiero acabar sin dedicar esta canción a todos los amigos y amigas que hice en Poitiers, siempre os llevaré en mi corazón.