Frank Zappa / Zappa Plays Zappa. “Peaches en Regalia”

La edición número 51 (año 2009) de los archiconocidos Premios Grammy de la música tuvo un ganador un tanto sorprendente en la categoría de mejor interpretación instrumental de rock. En un concurso en el que optaban al galardón artistas y grupos como David Gilmour, Metallica, Nine Inch Nails o Rush, ganó una banda tributo: Zappa Plays Zappa. Bien es cierto que no era una banda tributo cualquiera; el grupo se había formado en el año 2006, en torno al guitarrista Dweezil Zappa, hijo mayor del gran Frank Zappa, fallecido en 1993. Dweezil estaba acompañado en esta aventura por algunos de los miembros de la banda de su padre, como Napoleon Murphy Brock (saxo, flauta, voz) y, en ocasiones, el batería Terry Bozzio y el virtuoso guitarrista Steve Vai. Tras realizar algunas giras entre los años 2006 y 2009, ganaron el mencionado Grammy con una interpretación magistral del clásico de Frank Zappa “Peaches en Regalia”, en la que participaron -además de Dweezil, Steve Vai y Murphy Brock- Aaron Arntz (teclados), Scheila González (saxofón, flauta, teclados), Jamie Kime (guitarra), Pete Griffin (bajo), Joe Travers (batería) y Billy Hulting (percusión, xilófono).

La grabación original de “Peaches en Regalia” había sido incluida en el segundo álbum en solitario del estadounidense Frank Zappa, uno de los grandes genios que ha dado la música rock. Con este disco, Zappa cerraba su etapa como líder de la banda The Mothers of Invention, pionera del rock progresivo experimental, creada en 1964. Iniciaba así una fecunda carrera en solitario, que apenas conozco porque, a pesar de que soy un enamorado del rock progresivo, siempre me ha costado mucho conectar con este artista, incluso más aún en su etapa con The Mothers of Invention. En una entrada dedicada a este músico por el compañero lrotula, en su blog Algo de Jazz, Blues, Rock …, decía lo siguiente sobre uno de los temas de este músico: “la típica canción de Frank Zappa que enseguida se enmaraña con exabruptos, chillidos, interrupciones, etc. que invitan a pasar al siguiente tema”. Lo cierto es que me identifico totalmente con esta frase; Zappa es un autor desconcertante, nunca sabes por donde van a ir sus canciones, pueden empezar como una pieza de jazz fusión o de rock experimental y acabar a ritmo de doo wop o de country-blues, todo ello ejecutado con un poco de esquizofrenia y mucha complejidad. Con todo, he de decir que me encanta el disco en el que se incluyó “Peaches en Regalia”; se titula “Hot Rats” (1969), y os animo a que lo escuchéis en su totalidad; además, lo encuentro bastante asequible, de escucha agradable, incluso melódico, en particular esa sensacional pieza con la que se arranca el disco, la ya mencionada “Peaches en Regalia”. Un tema que es todo un regalo para los aficionados al jazz, al rock, y para un buen número de grupos (muchos de ellos desconocidos), que han sentido la necesidad de interpretar este clásico del jazz fusión (incluso existen versiones orquestales). Finalizo con dos vídeos de Zappa, un directo de 1976 y un vídeo promocional de 1987.

The Mars Volta. “L’Via L’Viaquez”

Miranda era una mujer católica, muy devota. Confiaba en los sacerdotes, al fin y al cabo, hablaban por boca de Dios. Vivía en un barrio pobre, muy cerca del mar, un lugar poseído por los pecados, los secretos, la moral religiosa y el miedo. Tenía una hija, Frances, que pronto se dejó seducir por la lujuria y las drogas. Entre quienes frecuentaba había un hombre de Dios, que aliviaba con Frances las pasiones que escondía bajo su sotana. Un día, las bonitas palabras que empleaba con Frances (amor, dinero, protección …) se tornaron en violación, y la hija de Miranda quedó embarazada. La Iglesia quiso sepultar este turbio asunto, valiéndose de recursos como la negación, el silencio y … el aborto. Pese a todo, Frances quiso llevar a término su embarazo. Impulsados por el odio y la ira, un grupo de hombres asesinaron a Frances cerca de un lago, un lugar que guardaba en su memoria el alma de veinticinco mujeres, veinticinco esposas asesinadas para mantener la reputación de los hombres. L’Via, hermana de Frances, fue testigo de todo: sotanas, cuchillos y la visión de su hermana ahogándose en el lago. Fue descubierta mientras huía, y sometida a una atroz amenaza: o callaba o correría la misma suerte. Así fue como L’Via cambió su apellido por L’Via Viaquez. Mientras Miranda era acusada de blasfema, histérica y enemiga de la Iglesia, su amada Iglesia, el niño que Frances llevaba en su vientre, Cygnus, logró sobrevivir y fue dado en adopción. El joven Cygnus también cedió a la tentación de las drogas, incluso se ganó la vida traficando con ellas, pero siempre sintió el vacío en su corazón. Un buen día, encontró un diario abandonado en el asiento trasero de un coche, en el que se narraba una historia de adopción parecida a la suya. Espoleado por el diario, decidió investigar su propio pasado, que terminó reconstruyendo gracias a los relatos fragmentados y las confesiones de su tía y de su abuela biológicas. Cygnus, consumido por la rabia, la culpa y la desesperación, se refugió en su adicción. Y, así, desde la confluencia entre realidad y alucinación, nació Cassandra Gemini, una especie de alter ego demoniaco deseoso de venganza, que regresó al lugar de los hechos para ajusticiar a los asesinos de su madre.

Este relato no deja de ser una ficción, eso sí, elaborada (con algo de imaginación y la ayuda de algunos “Mars Volta maniacos”) a partir de las crípticas letras contenidas en las canciones que integran el disco “Frances The Mute” (2004), del grupo estadounidense The Mars Volta, una banda a medio camino entre la psicodelia experimental y el rock progresivo del siglo XXI. Tanto de los orígenes de este grupo, como de este disco, nos hemos ocupado en una entrada anterior, dedicada al tema “The Widow”. En ella comentábamos que no es un trabajo de escucha fácil, un “álbum inquietante, agresivo, oscuro que, para algunos, puede resultar un tanto incómodo por su tono ácido, sus distorsiones y sus letras difíciles de interpretar”. Si en aquella ocasión proponíamos el tema “The Widow”, hoy os animo a que os sumerjáis en la magia de “L’Via L’Viaquez”, una canción cantada en inglés y español, con continuos cambios de estilo, como si fuera una montaña rusa de sensaciones sonoras, desde la psicodelia experimental al rock progresivo, con interludios de música latinoamericana y agresivos solos de guitarra a cargo de John Frusciante (Red Hot Chili Peppers). Finalizo con un directo de 2023, para que veáis a The Mars Volta en acción interpretando nuestra canción de hoy.

Asia. “The Heat Goes On”

Los que tenéis la santa paciencia de seguir este blog, semana tras semana, habréis leído más de una vez mi punto de vista respecto de lo que fue el punk, un movimiento social, cultural y musical que apareció con el deseo de recuperar la frescura del viejo R&R y acabó como un homenaje a la provocación, la disidencia, el rechazo a lo socialmente establecido y el odio hacia el rock progresivo o hacia cualquier mecanismo que hiciera del rock un estilo complicado, pretencioso y pretendidamente culto. En esta revolución, los aristócratas del rock, grupos como Yes, Genesis, King Crimson, Camel o Pink Floyd (especialmente odiados por bandas como Sex Pistols), no lo pasaron muy bien, al igual que sucedió con otro género setentero por excelencia: el hard rock. En estas circunstancias, tanto los grupos hardrockeros como los progresivos, intentaron simplificar sus propuestas musicales, con el fin de hacerse más comerciales y llegar a un público que ya estaba paladeando el rock sencillo y sin complicaciones que proponían punkies y nuevaoleros. Bandas como Boston, Foreigner, Toto, REO Speedwagon o Asia, nuestros protagonistas de hoy, trataron de facturar un producto fundamentado en melodías reconocibles, con estribillos bien trabajados, y un sonido bien arreglado, de calidad pero sin la aspereza del rock duro o el virtuosismo del rock progresivo. Una especie de rock melódico apto para todos los públicos, también conocido como AOR (“adult-oriented-rock”), “west coast sound” o “yacht rock”. Si queréis saber más sobre este subgénero del rock, os recomiendo la entrada que dedicó Álvaro en su blog Anhelarium.

De Asia ya os hablé en un par de entradas anteriores, las dedicadas a los temas “Don’t Cry” y “Heat at the Moment”, quizás los más conocidos de esta formación, un supergrupo británico creado en 1981 por Steve Howe -guitarra- y Geoff Dones -teclados- (antiguos miembros de Yes), John Wetton -bajo, voz- (King Crimson) y Carl Palmer -batería (Emerson, Lake & Palmer). Publicaron su primer álbum (“Asia”) en 1982, con una portada diseñada por Roger Dean, el artista de referencia de Yes y otras bandas de rock progresivo. Sin embargo, de este estilo quedaba poco en este álbum; como ya comenté en aquellas entradas, el disco tuvo bastante éxito, pero fue muy criticado por la prensa especializada y por los aficionados al rock progresivo que, entonces, consideramos que este disco era una traición al género. Como ya soy mayor, detesto los prejuicios musicales y me da igual el sentimiento de pertenencia tribal, os dejo con Asia, esta vez con “The Heat Goes On”, el segundo tema incluido en la cara B del álbum titulado “Alpha” (1983), compuesto por Geff Dones y John Wetton; y con esta interpretación en directo del año 1983, para que podáis ver en acción a estos supermúsicos.

The Nice. «America (2nd Amendment)»

Para muchos aficionados al rock progresivo, The Nice fue la banda de la que salió el teclista Keith Emerson, antes de que éste fundara -junto a Gregg Lake- el trío de rock progresivo Emerson, Lake & Palmer. Aunque fue indudable el liderazgo de Emerson en este proyecto, surgido a partir de un grupo llamado Gary Farr and the T-Bones, hacia 1967, lo cierto es que The Nice fue inicialmente el grupo de acompañamiento de la cantante de soul P.P. Arnold; además, solían tocar como teloneros en los conciertos de Arnold, donde mostraban todo su potencial de rock psicodélico agresivo y ampuloso, con Keith Emerson como maestro de ceremonias, torturando su órgano Hammond (saltaba sobre él, lo hacía distorsionar como si se estuviera quejando del daño sufrido, utilizaba cuchillos para mantener pulsadas las teclas …), de esta manera trataba de emular las maniobras que había visto hacer a Jimi Hendrix con la guitarra o a Jerry Lee Lewis con el piano. Como os podéis imaginar, el directo era el medio natural de The Nice, pero también grabaron tres Lps, varios singles y, por supuesto, algunos álbumes en vivo. Se hicieron famosos por sus agresivos directos, sus atrevidas versiones de autores como Bob Dylan o sus adaptaciones de piezas de música clásica.

Pero terminaron de llamar la atención con su segundo single, un provocativo arreglo del clásico “America”, el tema de Leonard Bernstein (música) y Stephen Sondheim (letra) perteneciente al musical “West Side Story”, representado por primera vez en Broadway en el año 1957 (aquí os dejo la primera grabación de Chita Rivera & Girls) y llevado al cine en 1961, de la mano de Rober Wise y Jerome Robbins (ésta es la secuencia en la que se interpreta la canción). Aunque con algunas diferencias entre las versiones teatral y cinematográfica, “America” es una especie de disputa entre neoyorkinos y puertorriqueños sobre las virtudes y defectos de sus territorios de origen. Keith Emerson fue más allá con la polémica, convirtiendo su “America” en, prácticamente, un alegato antiimperialista yanki; de entrada, tituló su arreglo “America (2nd Amendment)”, en clara alusión a la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, aprobada en 1791, la que concede el derecho de poseer y portar armas a los ciudadanos estadounidenses; esta versión instrumental de “America” finaliza con unas palabras de un niño de tres años, hijo de la ya mencionada P.P Arnold: “América [Estados Unidos] está llena de promesas y expectativas, pero es asesinada por la mano de lo inevitable”; en julio de 1968, la discográfica Inmediate Records publicitó el sencillo de The Nice con un póster en el que se podía ver a los miembros del grupo con niños pequeños e imágenes superpuestas de los rostros de Robert F. Kennedy, John F. Kennedy y Martin Luther King Jr sobre las cabezas de los niños, una polémica promoción que algunas tiendas de discos británicas se negaron a compartir en sus establecimientos. Por si todo esto fuera poco, Keith Emerson quemó una bandera estadounidense en el escenario, mientras interpretaban “America” en el Royal Albert Hall de Londres, recinto que les prohibió la entrada para futuros conciertos.

Paradójicamente, esta canción protesta se concibió como una pieza instrumental, con gran protagonismo de la guitarra y el órgano, en la que se incluyen algunos fragmentos de la Sinfonía del Nuevo Mundo (1893) de Antonín Dvořák. Este tema, inicialmente grabado como sencillo, acabó incorporándose al primer álbum de los británicos («The Thoughts of Emerlist Davjack», 1968), aunque hubo que esperar a la reedición de 1999, incluyéndose como bonus track. Finalizo con un directo de 1968, para que veáis a The Nice en acción interpretando “America”, y un popurrí de 1992 en el que, a partir del minuto 6:22, se les puede ver (esta vez como Emerson, Lake & Palmer) tocando esta pieza.

Renaissance. “Kiev”

Renaissance probablemente sea la banda más elegante y delicada del rock progresivo clásico. De ella ya nos ocupamos en un par de entradas anteriores, dedicadas a los temas “Ashes are Burning” y “Prologue”. Ésta última pieza se incluyó en el álbum titulado “Prologue” (1972), el tercero de los británicos, aunque para muchos aficionados al género se considere el primero, porque con él se dio inicio a la mejor época de Renaissance, ya con la excepcional vocalista Annie Haslam. “Prologue” comienza con el tema homónimo ya mencionado, en el que se incluye ese magistral tarareo, que nos traslada a una época en la que el rock sinfónico nos apasionaba y emocionaba a partes iguales. El segundo corte es el titulado “Kiev”, compuesto por Jim McCarty, antiguo batería de The Yardbirds y de Renaissance -recordemos que Renaissance se creó en 1969, tras la disolución de The Yardbirds-, y por la letrista Betty Thatcher, responsable de buena parte de las mejores canciones de Renaissance.

La letra de «Kiev» nos traslada a un cementerio nevado, según algunas interpretaciones (reseña de Joolz) “la letra de ‘Kiev’ evoca la imagen de un triste mundo al estilo del Dr. Zhivago, con un anciano arrodillado en la nieve junto a la solitaria tumba de su hijo Davorian”; un lugar que se han atrevido a aventurar como el Askold’s Grave, un parque de Kiev creado por los rusos en 1930, aunque esta suposición no deja de ser una elucubración más en torno al posible significado de esta canción, en la que un hombre anciano, “entumecido por el dolor del amor que no pudo compartir”, se sitúa al pie de la nevada tumba de Davorian, probablemente su hijo; éste último, “un hombre sencillo” que compartía el pan con su padre en una existencia austera, sin apenas placeres … ni siquiera pensamientos; “murió donde nació”, en “un lugar silencioso de la tierra”.

En lo musical, como es habitual en la obra de Renaissance, los teclados mandan. El tema comienza con unos acordes de piano clásico que, en seguida, son apoyados por la sección rítmica y, poco a poco, por otros instrumentos, siempre con el piano como hilo conductor de la melodía. De manera excepcional, esta canción no tiene a Annie Haslam como voz principal, sino al bajista Jon Camp. Los segmentos cantados -incluso tarareados, como en “Prologue”- son muy melódicos, casi pegadizos, incluso cercanos al pop; para los más “progadictos” -entre los que no me encuentro-, una parte demasiado edulcorada, incluso he llegado a leer que la califican como de “eurovisiva” (reseña de Certif1ed en Progarchives). Hacia el minuto 3:40, el tema se acelera, empieza a adquirir tintes épicos y entra en su fase más cambiante y progresiva. Si prestáis un poco de atención, hacia el minuto 5, podréis detectar algunos acordes de la obra “Bells of Moscow”, de Sergei Raschmaninoff, y la voz de Annie Haslam en los coros. Un poco después, volvemos a recuperar la melodía inicial, ya hasta el final. Una experiencia sensorial resumida en menos de ocho minutos que, espero, no os deje indiferentes. Finalizo con un vídeo, creo que de 1976, para que escuchéis como sonaban en directo.