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Módulos. “Todo tiene su fin”

“Sin Tiempo” es el sexto álbum de Medina Azahara, en él se incluyeron dos temas que todo buen aficionado a esta banda conoce bien: “Necesito Respirar” y “Todo tiene su fin“. Muchos estaban convencidos que “Todo tiene su fin” era un tema original de los cordobeses (con más de uno tuve que discutir sobre este particular); lo cierto es que habían rescatado una de las mejores baladas españolas y, de paso, habían recordado y reivindicado a uno de los grupos más importantes que ha tenido nuestra música popular, los madrileños Módulos; y no es ésta la única vez que Medina Azahara ha hecho versiones de Módulos, yo al menos recuerdo otros dos temas: “Adiós al Ayer” y “No quiero pensar en ese amor“. La banda fue creada en 1969, en torno al guitarrista y cantante Pepe Robles, a él se unieron Tomás Bohórquez (teclados), Juan Antonio Reyzábal (batería) y Emilio Bueno (bajo); publicaron cinco álbumes de estudio, varios sencillos y acabaron disolviéndose a finales de los setenta. Módulos fue el último gran grupo de los sesenta, con un estilo que se situaba entre el pop-rock barroco y el rock sinfónico, con mucha presencia del órgano Hammond; los seguidores del rock progresivo solemos considerar a esta banda como una de las pioneras de este estilo en España, de hecho su compromiso con el rock sinfónico se fue afianzando a medida que fueron publicando discos, lo que les obligó a cambiar de compañía discográfica; así nos los cuenta el propio Pepe Robles: “A los Módulos nos gustaba mucho la música de Yes, Genesis y King Crimson, e indudablemente influyeron en nuestra evolución. Con Hispavox, al final tuvimos que dejarlo; ya se sabe, cuando más estudias más radical te vuelves en tus planteamientos musicales. Nosotros íbamos hacia otros derroteros y la compañía no estaba muy de acuerdo”*. Con todo, su primer Lp con Hispavox, titulado “Realidad” (1970), es un trabajo excelente, un disco de escucha obligada para todos los que deseen acercarse a nuestra historia musical, con un sonido muy trabajado y la evidencia de que algo así no se había improvisado en unos días. Aquí podéis escuchar el disco; todo el álbum está a un gran nivel, aún así os recomiendo los cortes titulados “Realidad“, “Noche de Amor“, las dos versiones de los Beatles (“Yesterday” y “Hello, Goodbye“) y, por supuesto, “Todo tiene su fin”, lanzado primero como single en 1969 (la cara B de “Nada me importa“), un tema que, a menudo, sólo se le presta atención en su superficie, como balada romántica; os sugiero que, en la escucha que hagáis hoy, os percatéis de la atmósfera, entre misteriosa y melancólica que consigue transmitir el órgano Hammond, y en el solo de guitarra que aparece hacia el final. Como curiosidad, os comentaré que el tema fue incluido a última hora en el álbum, y que acabó habiendo polémica en torno a la autoría de la canción entre algunos de los miembros del grupo; el autor que aparece en la SGAE es el batería Juan Antonio Reyzábal.

* Domínguez, Salvador. Bienvenido Mr. Rock. Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; págs. 421-422.

 

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Pink Floyd. “Comfortably Numb”

En uno de los multitudinarios conciertos que Pink Floyd dio para promocionar “Animals” (1977), concretamente en la ciudad canadiense de Montreal, Roger Waters escupió en la cara a un agresivo fan que estaba situado en la primera fila; aquel episodio le hizo pensar en la posibilidad de construir un muro imaginario que le aislara de aquella vida alienante de megaestrella del rock, con la que no se sentía muy identificado. Así fue como se gestó “The Wall” (1979), el álbum más personal de Roger Waters, con el que trató de desatar toda su creatividad y al que trasladó su manera de entender el mundo, las relaciones personales y un amplio catálogo de filias, fobias y delirios paranoicos. El recuento oficial de álbumes de Pink Floyd dice que “The Wall” es el undécimo disco de estudio de esta banda, sin embargo la idea es de Roger Waters, como también lo son todas las canciones (excepto la protagonista de hoy, co-firmada junto a David Gilmour), así como el mando de las operaciones relacionadas con la grabación del disco. “The Wall” es la quintaesencia del álbum conceptual. Nos cuenta la historia de Pink, una estrella de rock, una mezcla entre el malogrado Syd Barret -primer líder que tuvo Pink Floyd- y el propio Roger Waters, que construye un muro para protegerse de la vida, cuyos ladrillos son sus propios traumas de infancia y juventud: la pérdida del padre, el conservador sistema educativo británico, la sobreprotección materna, los excesos de su vida como estrella del rock, los fracasos sentimentales, etc. En su descenso al infierno de la locura, llega a convertirse en un dictador fascista, justo lo contrario de lo que Pink realmente siente. En el juicio sumarísimo al que le someten los agentes que han generado sus traumas (esposa, maestros, madre, etc.) le condenan a derribar el muro y a vivir en armonía con la gente. En 1982 se filmó la película “Pink Floyd – The Wall“, dirigida por el cineasta Alan Parker e interpretada por Bob Geldof, líder de la banda The Boomtown Rats, cuyo pasado punk en principio no parecía la mejor carta de presentación para interpretar una obra de Pink Floyd, el gran enemigo de la causa punk.

“Comfortably Numb” probablemente sea el mejor corte de este álbum, uno de los temas más apreciados de Pink Floyd. Con él sucede algo parecido a lo que ocurrió con el proceso de gestación de “Dogs“, la canción más representativa de “Animals”; en ambas composiciones la guitarra de Gilmour es protagonista, y en ambos casos el germen, la melodía original, los acordes básicos, son debidos a Gilmour; Waters construyó el tema, compuso la letra y el resto de la melodía; Gilmour grabó los espectaculares solos de guitarra y, entre ambos (imagino que no sin muchas discusiones) consensuaron el sonido general que querían para la canción. Fue el último tema que tocó la formación clásica (Waters – Gilmour – Wright – Mason), con él cerraron uno de los conciertos que integraron el “Live 8” (2005), evento impulsado por el mencionado Bob Geldof con el objetivo de combatir la pobreza en el Mundo.

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Anyone’s Daughter. “Adonis”

Anyone’s Daughter es una banda alemana de rock progresivo fundada en 1972, que empezó tocando versiones de Deep Purple. Precisamente uno de los temas de los británicos, incluido en su Lp “Fireball” (1971), acabó dando nombre a este grupo germano. Aunque disponen de varios álbumes, incluso han anunciado el lanzamiento de un nuevo trabajo, su disco más representativo, y tal vez el mejor para la mayoría de críticos y aficionados, fue el primero: “Adonis“, publicado en 1979 tras reestructurar la formación sucesivas veces. Este disco está dedicado al dios griego más hermoso de cuantos existían en el Olimpo; hijo de un amor incestuoso, logró cautivar a diosas como Perséfone o Afrodita; murió destrozado por un jabalí, tal vez enviado por Artemisa en un ajuste de cuentas con Afrodita, aunque otras versiones mitológicas señalan que fue Ares, el celoso amante de Afrodita, transformado en fiero jabalí. “Adonis” es un interesantísimo trabajo de rock sinfónico en el que se aprecian influencias de grupos como Camel, Eloy o Genesis -véase, sin ir más lejos, el comienzo del tema protagonista de esta entrada-; está compuesto de cuatro temas: “Blue House“, “Sally“, “Anyone’s Daughter” y la suite con la que se inicia este disco, “Adonis”, de unos veinticuatro minutos de duración y dividida en cuatro movimientos. En esta pieza destacan la guitarra y los teclados, que se alternan para construir, junto con la omnipresente melodía cantada, este bello tema de rock sinfónico lleno de matices, cambios y de impecable ejecución. En el primer movimiento, titulado “Come Away”, predominan los tonos melódicos, siempre conducidos por el relato vocal, la guitarra y el órgano, y finaliza con unos relajantes efectos de sonidos marinos envueltos en un delicado desarrollo de batería; el segundo movimiento, “The Disguise” (7′ 48”) se torna más enérgico, con mayor protagonismo instrumental y menor presencia vocal; la parte denominada “Adonis” (11′ 15”) recupera la suavidad característica de esta suite, esta vez arropada por elementos folk y por la presencia de guitarra y teclados que, alternándose en el protagonismo, nos regalan uno de los mejores momentos de este tema; y finalizamos con “Epitaph”, a partir del minuto 19′ 04”, donde se incrementa el tono épico gracias al piano y, sobre todo, la guitarra eléctrica de Uwe Karpa que recuerda, por su gusto y sensibilidad, a la de grandes músicos como David Gilmour o Andy Latimer.

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Procol Harum. “Repent Walpurgis”

Para la mayor parte del público Procol Harum es el grupo de “A Whiter Shade of Pale“, una balada romántica que animó los guateques a finales de los sesenta. Sin embargo, esta canción, el disco del que forma parte y la propia banda tuvieron más trascendencia en la música rock de lo que pudiera parecer. Procol Harum se formó en Londres a partir de una agrupación primigenia (The Paramounts) de la que formaron parte Gary Brooker (voz, piano) y Robin Trower (guitarra, voz), a ellos se unieron Keith Reid (letrista), Matthew Fisher (órgano), Ray Royer (guitarra), David Knights (bajo) y B.J. Wilson (batería). “A Whiter Shade of Pale” fue publicada, como single, en mayo de 1967, aunque no fue incluida en el primer álbum de estudio de la banda (“Procol Harum”, 1967), sí en la edición que se hizo para el mercado estadounidense y en posteriores reediciones, como ésta que podéis escuchar a través de youtube, con once bonus track. El sonido de este Lp se sitúa entre el pop beat, el soul, el R&B, la psicodelia y el rock sinfónico. Se trata de un trabajo de obligada escucha para todos los amantes del órgano Hammond, de las buenas melodías y para quienes deseen investigar sobre los orígenes del rock progresivo. En este álbum destacan temas como el ya citado “A Whiter Shade of Pale”, “Conquistador“, “Something Followed Me“, “She Wandered Through The Garden Fence“, “Cerdes“, “Kaleidoscope” o “Repent Walpurgis”, instrumental probablemente dedicado a la Noche de Walpurgis que, en mi opinión, es el mejor corte, con un órgano Hammond emocionante y cautivador, bien apoyado por el piano y la guitarra eléctrica (de las pocas veces que es protagonista en este disco). Disfrutad con esta maravillosa melodía, escrita por el teclista Matthew Fisher a partir de obras de Johann Sebastian Bach y Charles-Marie Vidor; pensad que es un tema de rock sinfónico publicado en fecha muy temprana (1967), coetáneo del “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967) de los Beatles, de los primeros trabajos de The Mother of Invention o del álbum “The Thoughts of Emerlist Davjack” (1967) de The Nice, y anterior a otras obras que suelen considerarse como pioneras del rock progresivo, como “Days of Future Passed” (1967) de los Moody Blues, “In-A-Gadda-Da-Vida” (1968) de Iron Butterfly, “A Saucerful of Secrets” (1968) de Pink Floyd, “Anthem” (1968) o “April” (1969) de Deep Purple,  “In the Court of the Crimson King” (1969) de King Crimson, o el álbum “Emerson, Lake & Palmer” (1970). Ésta es la versión de estudio y aquí tenéis una interpretación en directo de 1968, aunque hoy he preferido mostraros, como vídeo destacado, una actuación en vivo fechada en 1971 llena de fuerza y con un claro incremento de los planteamientos progresivos, que apenas habían sido esbozados en el original de estudio. Por último, os dejo una interesante y rara versión a cargo de The Shiver, banda suiza de la misma época que Procol Harum.

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Camel. “Never Let Go”

Camel es una de las bandas más representativas del rock progresivo clásico, una de las primeras que conocí, y con la que me siento muy identificado por su apuesta melódica, por el inteligente uso que hace de la guitarra y los teclados, y por sus influencias bluseras y jazzísticas. Ya hemos tenido oportunidad de escucharlos en un par de ocasiones, a propósito del tema “Lady Fantasy“, incluido en su segundo álbum (“Mirage”, 1974), y del Lp “The Snow Goose” (1976); estos dos trabajos, junto con “Moonmadness” (1976) y el directo “A Live Record” (1978), probablemente sean los discos mejor valorados de esta banda; pero tampoco debemos olvidarnos del homónimo primero, publicado en 1973 por MCA Records, antes de su paso a Decca. El grupo se creó en 1971, a iniciativa del teclista Peter Bardens y del guitarrista Andrew Latimer, a quienes se unirían el bajista Doug Ferguson y el batería Andy Ward; los vocalistas fueron los propios Latimer y Bardens, después de que desecharan a una treintena de candidatos a ocupar ese puesto. Este primer álbum de los londinenses comienza con tres temas fabulosos: “Slow Yourself Down“, con mucha presencia del órgano e influencias procedentes del blues y el jazz; “Mystic Queen“, una preciosa y melódica pieza de folk-rock sinfónico, uno de mis temas preferidos de Camel; y “Six Ate“, una pieza cambiante bien sostenida por la sección rítmica, muy presente a lo largo de la melodía. Aún pudiendo haber elegido cualquiera de estos tres cortes, no tengo ninguna duda que el tema estrella de este disco, y uno de los imprescindibles y más representativos de esta banda, es “Never Let Go”. Aquí podéis escuchar la versión original de estudio y aquí la publicada, como bonus track, en la reedición que se hizo de este álbum en 2002, de apenas tres minutos y medio de duración. Sin embargo, permitidme que, en esta ocasión, os proponga una versión en directo -algo que no suelo hacer con temas de rock sinfónico-, la publicada en el álbum “A Live Record” (1978), en la que podemos escuchar instrumentos, como el saxofón, que no estaban presentes en la grabación original, así como un mayor protagonismo de todos los miembros de la banda. Empieza muy suave, con Latimer a la guitarra, pronto se incorporan el resto de instrumentos y la voz de Bardens, que da paso a una parte instrumental en la que destacan el saxo de Mel Collins y los teclados; hacia el minuto 4:45 el bajo y la batería se convierten en los protagonistas, para acabar cediendo el testigo a la irresistible guitarra eléctrica de Andy Latimer.

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