King Crimson. “Prince Rupert Awakes”

Los primeros años de King Crimson fueron un ir y venir de músicos, atraídos -y a la vez repelidos- por el magnetismo que ejercía el carismático líder de la banda, Robert Fripp. Tras un primer álbum excepcional (“In The Court of the Crimson King”, 1969), uno de los discos pioneros del rock sinfónico, grabaron “In The Wake of Poseidon” (1970) en modo trío (Robert Fripp, Greg Lake y Peter Sinfield) con una serie de músicos de apoyo. En el siguiente trabajo, “Lizard” (1970), sólo quedaban Robert Fripp (guitarra, mellotron y teclados) y Peter Sinfield (teclados, letras) con respecto a la formación original; a ellos se unieron Gordon Haskell (bajo, voz), Andy McCulloch (batería) y Mel Collins (saxofón, flauta), y una serie de músicos adicionales (Keith Tippett, Robin Miller, Mac Charig, Nick Evans y Jon Anderson), responsables de la complejidad y riqueza instrumental que se exhibe en este Lp, un trabajo diferente de los dos anteriores, más inclinado hacia el jazz-rock, de gran sensibilidad y con un aporte magistral de la sección de viento. Esta formación fue la más efímera de todas en la historia de King Crimson; Haskell y McCulloch nunca se sintieron a gusto en la banda, tal vez por la propuesta musical de Fripp, extraña para ellos, de tal manera que esta alineación no llegó a actuar en directo, al menos al completo; y algo parecido ha venido sucediendo con los temas de este álbum, los grandes olvidados en las actuaciones en vivo del Rey Carmesí; en los últimos años, Fripp se ha animado a tocar algunas partes, incluso en el año 2009, dentro de la iniciativa “Edición 40 Aniversario”, este álbum fue remasterizado con la colaboración de Steven Wilson, de la banda Pocurpine Tree.

La portada original de “Lizard”, obra de Gini Barris, está diseñada a partir de las palabras “King Crimson”, de tal manera que, en cada letra de ornamentación medieval, aparecen incluidas imágenes que representan las enigmáticas letras escritas por Peter Sinfield para este disco, donde el simbolismo alegórico es protagonista. La cara A del álbum está ocupada por los temas “Cirkus”, “Indoor Games”, “Happy Family” (con alusión implícita a la separación de los Beatles) y “Lady of the Dancing Water”; mientras que en la B se incluye la suite “Lizard”, dividida en cuatro movimientos. Con el ánimo de llegar al mayor número de oyentes posible, esta vez he preferido poner sólo la primera parte (“Prince Rupert Awakes”), una de las baladas más bonitas del rock progresivo, un trabajo brillante a las guitarras, al piano y al mellotron, con la presencia inconfundible de Jon Anderson, el cantante de Yes, en la parte vocal. Para los que os animéis a escuchar la suite completa (también la tenéis al final de la entrada), os dejo enlaces a las partes restantes: “Bolero: The Peacock’s Tale“, “The Battle of Glass Tears” y “Big Top“. Si alguien tiene dificultades con el reproductor SoundCloud, puede intentar escuchar el tema protagonista de hoy en este enlace de youtube, aunque es probable que acaben eliminándolo, porque no es fácil escuchar a King Crimson a través de los canales habituales (youtube o spotify).

 

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Budgie. “Parents”

Budgie es una banda galesa, formada en 1967 por el bajista y vocalista Burke Shelley, el batería Ray Phillips y el guitarrista Tony Bourge, aunque en los inicios también contaron con Brian Goddard (guitarra), cuando el grupo se llamaba Hills Contemporary Grass y, posteriormente, Six Ton Budgie. No consiguieron grabar su primer álbum (“Budgie”) hasta 1971, ya bajo la denominación que conocemos; el segundo (“Squawk”) salió al mercado un año después; y el tercero, el titulado “Never Turn Your Back on a Friend”, lo hizo en 1973. Estos tres primeros álbumes, y tal vez los dos siguientes (“In For he Kill”, 1974; y “Bandolier”, 1975), constituyen a mi entender la obra más importante de Budgie, una banda que, a mediados de los setenta y durante los ochenta, acabó practicando un heavy metal más convencional, de acuerdo a los gustos de la época. Tal y como puede comprobarse en su página web, aún continúan en activo, aunque el único miembro de la formación original es Burke Shelley. En estos primeros discos a menudo se les compara con Black Sabbath, incluso con Rush; a mi entender tienen un sonido propio, en el que alternan canciones hardrockeras muy potentes con temas suaves y melódicos, algo que incluso se puede apreciar dentro de una misma canción; por estilo se sitúan entre el hard rock y el rock progresivo. Muchos aficionados al heavy metal han conocido a Budgie gracias a las versiones que han realizado de sus temas bandas tan conocidas como Iron Maiden, Metallica, Van Halen o Judas Priest, por mencionar algunas. El mejor álbum de esta formación tal vez sea el tercero, “Never Turn Your Back On a Friend”, con portada del ilustrador habitual de Yes, Roger Dean, que cuenta con temas tan buenos como “Breadfan”, publicado como single, aunque quienes realmente lo hicieron popular fueron los estadounidenses Metallica, que lo incluyeron como cara B de su single “Harvester of Sorrow” (1988); “You Know I’ll Always Love You”, una preciosa balada acústica; “You’re the Biggest Thing Since Powdered Milk”, uno de los temas más progresivos, con un solo de batería muy interesante al inicio de la canción y una aportación al bajo sensacional; o “Parents”, una de esas melodías de fragancia progresiva que tanto me gusta escuchar en bandas de hard rock, emocionante en su música y en su letra, con el conflicto generacional como telón de fondo. En 2003 se remasterizó el álbum y se incluyeron tres bonus track, uno de ellos una versión acústica de “Parents” que os dejo en este enlace.

Las Cinco Canciones de Nostromo (IV): “Sr. Troncoso” (Triana)

A lo mejor lo he contado alguna vez, la primera cinta que me compré en mi vida fue “El Patio” de Triana. Calculo que tendría en torno a catorce años. Acostumbrado a mis grabaciones de la radio en cintas Belair y KDK (no confundir con TDK, que eran las buenas, tal y como nos contó Nostromo el martes), una cinta comprada era para mí como un tesoro. Me acuerdo perfectamente dónde la compré, en un lugar y en unas circunstancias bien singulares. Fue en el mercado de mi barrio, en una tienda pequeña que vendía bombillas y enchufes; en el mostrador tenían un cacharro de esos que giran, como los que había hasta hace poco en las gasolineras (bueno, me imagino que aún quedará alguno con “cedés”). Tuvo que ser en verano o en navidades porque trabaja allí mi hermana, que aprovechaba las vacaciones para ganar un dinerillo y, de paso, charlar y hacer relaciones públicas con todo el mercado; si yo tenía catorce años, ella debería tener doce … No sé cuándo, pero no mucho tiempo después me hice con el segundo trabajo de Triana, también en casete; de él nos habla Nostromo, en concreto del tema “Sr. Troncoso”.

“No soy muy de flamenco o por lo menos eso es lo que pienso, aunque haciendo una ligera reflexión, me doy cuenta de que mis flirteos con él han sido más numerosos de los que en un principio creía, eso sí, siempre aderezado con rock o blues: Triana, Lole y Manuel, El último de la Fila, Medina Azahara, Veneno, Paco de Lucia, Alameda…

Para mí Triana es especial, si algún día tuviese que votar por la mejor banda española de todos los tiempos, seguro que estarían en mi hipotético pódium, lo que ya no sé es en qué altura. No solo por sus maravillosos tres primeros discos, ni por su rock “flamencoprogre”, ni por su creatividad, ni por su fusión de estilos a la postre embrión del rock andaluz -con permiso de Smash-, a parte de todo eso por lo de siempre, por los recuerdos.

Nunca olvidaré los sonidos de El patio en la mañana de una lejana primavera, en aquella casa de estudiantes (eso ponía en mi DNI) de Los Carriles, recostado en el poyete de la escalera del ídem (patio), admirando un bucólico prado verde y sonando Todo es de color de Manuel Molina. Antes ya había hecho palmas sordas con Abre la puerta, disfrutado de la psicodelia de Sé de un lugar o tarareado la lisérgica En el lago.

Hijos Del Agobio (1977) es un álbum más denso y complicado, las cosas empezaban a irles bien, su primer disco rulaba sin apenas promoción, la agenda se iba apretando de conciertos y aprovechaban cualquier hueco para grabar. Un trabajo más progresivo, donde también se meten en política con gritos de libertad en una España que quería desperezarse. La que da nombre al Lp es quizás la más conocida, pero a mí la que más me emocionaba era Sr Troncoso.

Sr. Troncoso suena sencilla y agradable, inconfundible la voz de Jesús de la Rosa con sus guitarras acústicas y percusiones, más el añadido de una palmeada guitarra eléctrica de Antonio García de Diego tocando a lo Zeppelin. Es un canto a la esperanza para los malos momentos, un soplo de aire fresco cuando todo huele a podrido, una invitación a ver el interior de algo que no nos llama la atención, una canción triste, ¡sí!, sobre Leopoldo ‘el legía’, un hombre que a los palos de la vida les devolvía una sonrisa. Simple y llanamente entrañable.

P.D.- Ya estaba casi terminada esta publicación, cuando el amigo Raúl ha hecho lo propio sobre el Sr. Troncoso, casualidades de la blogosfera. Un post es como un hijo que debe de nacer, el del autor de esta impecable bitácora siempre será el primogénito 😉”

Yes. “Roundabout”

Hace cuatro años me ocupaba de “Fragile” (1971), uno de los mejores álbumes de Yes, el primero de su época dorada, ya con Rick Wakeman a los teclados y Roger Dean en los diseños de portada, con esa estética Tolkien tan característica iniciada con una trilogía visual en la que, según nos cuenta Víctor Paraíso (Yes. Mas allá del abismo. Madrid: T&B, 2013; págs. 47-48), quiso mostrar “las aventuras de los habitantes de un planeta al borde de la destrucción” (“Fragile”), el mismo planeta en fragmentación (“Close to the Edge”) y allí “donde la nave espacial encuentra un nuevo lugar donde vivir” (“Yessongs”). En aquella entrada proponía el tema de Steve Howe “Mood for a day”, en ésta me gustaría recordar la melodía con la que se inicia el disco, “Roundabout”, una de las más conocidas de Yes y habitual en sus conciertos, una de las piezas imprescindibles del rock progresivo. Son ocho minutos y medio soberbios, en los que se entrelazan todos los instrumentos como pocas veces se puede escuchar en el ámbito del rock, apoyándose unos en otros de una manera exuberante y armónica; siempre tengo presente este tema cuando escucho ciertas composiciones abigarradas, en las que los instrumentos parecen amontonarse en lugar de fluir con arte y elegancia. “Roundabout” está plagado de momentos mágicos: la inolvidable intro de guitarra de Steve Howe (en este vídeo enseña cómo tocarla), apoyada en el teclado enigmático y misterioso de Rick Wakeman; la inconfundible voz de Jon Anderson narrándonos la historia; el poderoso bajo de Chris Squire, una de las señas de identidad de esta canción y de todo el álbum; las percusiones de Bill Bruford, en ocasiones como si se tratara de tambores tribales (véase a partir del minuto 3:23); o el trabajo virtuoso de Howe a las guitarras y Wakeman a los teclados, con un momento especialmente brillante (a partir del minuto 5:51), en el que ambos se lucen en un duelo magistral. “Roundabout” es obra de Jon Anderson y Steve Howe; la letra está inspirada en un viaje de Yes a Escocia, cuando promocionaban “The Yes Album” (1971). Al parecer, encontraron muchas rotondas en el camino (dicen que más de cuarenta); esta circunstancia, las montañas circundantes llenas de nubes, los lagos y la marihuana que había fumado Jon Anderson, fueron el punto de partida de esta canción, aunque Peter Banks (el guitarrista que antecedió a Steve Howe en Yes) ha comentado en alguna ocasión que el riff de guitarra había sido ideado por él antes de que la banda lo grabara. Acabo con la versión incluida en el álbum en vivo “Yessongs” (1973), con otra de la misma época en la podéis ver a los músicos y con una algo más moderna, de 2004, una interpretación acústica con cierto aire de jazz.

La Guitarra de las Musas cierra por vacaciones. Este año pasaré unos días por tierras escocesas (como decía la banda española Duncan Dhu). Por el bien de todos (veremos cómo se le da a mi hermano conducir por la izquierda …) espero que no nos encontremos con tantas rotondas y que, por el contrario, el paisaje nos inspire y reconforte. Volveremos con una nueva entrada a finales de agosto o principios de septiembre ¡Feliz verano a todos!

Barclay James Harvest. “Dark Now My Sky”

A pesar de no ser una de las bandas más famosas del rock progresivo clásico, Barclay James Harvest es una de mis preferidas, al igual que sucede con los Moody Blues, grupo con el que, a menudo, se les ha comparado. En una entrada anterior, dedicada al tema “Mockingbird“, incluido en su segundo disco de estudio (“Once Again”, 1971), comentaba que empezaron a tocar en 1967 y que publicaron su primer álbum (“Barclay James Harvest“) en 1970, con el sello discográfico Harvest; con esta compañía editaron sus primeros cuatro trabajos, en los que utilizaron una orquesta sinfónica de manera habitual. Después ficharían por Polydor, donde grabaron algunos de sus Lps más conocidos (“Time Honoured Ghosts”, 1975; “Octoberon”, 1976; etc.), con un sonido menos orquestal y más eléctrico. Hoy quiero prestar un poco de atención a “Dark Now My Sky”, el tema con el que estos británicos cerraron su primer disco de estudio, probablemente el más progresivo de todos los que formaron parte de este álbum, en el que el pop, la psicodelia y los arreglos orquestales son los protagonistas. Está compuesto por John Lee, guitarrista y vocalista de la banda, con arreglo orquestal debido al director musical Robert Godfrey. Tal y como indica la página web de esta formación, “Dark Now My Sky” es uno de los temas favoritos de sus seguidores y de alguno de los miembros de la banda; fue compuesto hacia 1968, aunque en una versión más sencilla, desprovista de orquesta; la introducción shakesperiana al inicio de la canción es del teclista Stuart “Woolly” Wolstenholme y la risa maniaca es de Robert Godfrey; está inspirado en la “Primavera Silenciosa”, un libro de Rachel Carson que, en 1962, trataba de advertir de los efectos perjudiciales de los pesticidas en el medio ambiente, sobre todo en las aves, y de la contaminación generada por las industrias químicas. El otro día, en otro post de este blog, conversábamos en torno a la posible diferenciación entre los términos “rock progresivo” y “rock sinfónico”; a pesar de que hay gente que defiende y justifica esta separación, a mí siempre me han parecido sinónimos. “Dark Now My Sky” me sirve muy bien para apoyar este punto de vista; el uso de la orquesta sinfónica, imprescindible en este tema, sería algo propio del rock sinfónico, mientras que la estructura es la de una suite progresiva, con continuos cambios y alternancia instrumental. Comienza con una parte recitada, poco a poco va entrando la orquesta hasta que, en el minuto 2:28, entra la guitarra eléctrica, protagonista de esta canción, que sirve de hilo conductor a lo largo de toda la melodía, a veces sola, otras veces entremezclada con la orquesta. La parte cantada hace su aparición hacia el minuto 5 y finaliza en el minuto 7:37, dando paso a un incremento épico, del que también participan los teclados (a partir del minuto 9:50). Un tema bello, melódico y emocionante, ideal para quienes deseen acercarse al rock progresivo / sinfónico.