Jane. “Spain”

Jane es una banda de rock progresivo alemán, a la que habitualmente se la incluye en la corriente conocida como klautrock, que tiene su origen en una banda de pop psicodélico radicada en Hannover conocida como The J.P.s. (Justice of Peace), disuelta en 1970. Algunos de sus integrantes (Peter Panka -batería, percusiones-, Klauss Hess -guitarra- y Werner Nadolny -órgano, flauta-) decidieron continuar con un nuevo proyecto al que se sumarían Charly Maucher (bajo, voz) y Bernd Pulst (voz). Ésta es la formación que hizo frente al primer álbum, titulado “Together” (1972), aunque la historia de este grupo es la de un ir y venir de músicos, eso sí, siempre con Peter Panka como referencia y factor de cohesión. Con él salieron al mercado, además del mencionado “Together”, protagonista de esta entrada, diez álbumes más, en un período comprendido entre 1972 y 1986; antes, en 1982, había abandonado la formación Klauss Hess lo que, a la larga, acabaría provocando la división del grupo en dos nuevos: uno con Panka como líder (Peter Panka’s Jane) y otro con Hess al frente (Mother Jane), aunque sólo el primero tenía los derechos de la banda original. Peter Panka falleció en julio de 2007, pero el grupo continuó en activo bajo el liderazgo del cantante Charly Maucher, tal y como Panka dispuso. Para complicar aún más las cosas, a finales de la década del 2000, Werner Nadolny -otro de los miembros históricos de Jane- creó su propia banda (Werner Nadolny’s Jane).

El álbum con el que debutaron, “Together”, es un trabajo muy interesante, al menos en mi opinión; se compone de seis temas: “Daytime” (mi preferido junto con “Spain”), “Wind”, “Try to Find”, “Spain”, “Together” y “Hangman”; podéis escuchar el disco entero en esta lista de reproducción o, si lo preferís, canción a canción en los enlaces que acabo de dejar. En el tema elegido para hoy, “Spain”, se identifican bien los principales elementos que caracterizan el sonido de este Lp: un órgano solemne con mucha presencia en todo el disco, una guitarra llorosa que también es protagonista, una voz rugosa, más próxima a la psicodelia y al blues-rock que al progresivo setentero, y una potente y carismática batería que, en el tema que nos ocupa, en ocasiones se conduce a ritmo de saeta (o algo parecido). “Spain” comienza con una guitarra con cierto sabor hispano (la misma con la que acaba el tema), después entra el órgano y la voz para construir la parte melódica de la canción; en el minuto 2:44 tenemos el primer cambio, con un teclado más agresivo que, en el minuto 4:32, cede el testigo a la guitarra, cuyo dominio se extiende hasta el minuto 8:41, en un efecto de crescendo épico al que contribuye esa batería a la que antes hacíamos referencia; tras esta parte iniciamos el fragmento final, en el que volvemos a recuperar la melodía inicial.

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Rush. “Tom Sawyer”

De los canadienses Rush hemos hablado en una entrada anterior, allá por octubre de 2015, dedicada al tema “La Villa Strangiato”; entonces explicaba las razones por las que, en mi opinión, Rush es una de las bandas más singulares e influyentes del rock progresivo. En 1981 publicaban “Moving Pictures”, su octavo disco de estudio, sin duda uno de los mejores de este grupo, lo cual es bastante decir porque tienen muchos y muy buenos álbumes; como ya hice en su momento, os dejo esta “pequeña guía de escucha” de Rush, que hace tiempo preparó el amigo Alex para su blog Rocktelegram. “Moving Pictures” está formado por siete canciones, unas más sombrías y otras más melódicas, en cualquier caso, todas de una gran calidad y muy bien trabajadas por los integrantes de este virtuoso trío: Geddy Lee (voz, bajo, teclados y sintetizadores), Alex Lifeson (guitarras) y Neil Peart (batería y percusiones). El tema más largo es “The Camera Eye”, con casi once minutos, y los más conocidos son “Limelight” y “Tom Sawyer”, protagonista de nuestra entrada de hoy.

Fue compuesto por los tres miembros de Rush a partir de un poema de Pye Dubois, integrante de la banda Max Webster, que llevaba por título “Louis The Lawyer” que, a su vez, estaba basado en la novela “Las Aventuras de Tom Sawyer”, publicada entre 1876 y 1878 por Mark Twain. Neil Peart dijo en 1985 que “Tom Sawyer” era algo así como el retrato de un rebelde moderno, “un individualista de espíritu libre que se paseaba por el mundo de manera decidida y con los ojos abiertos”; a partir de esta idea de Pye Dubois, Neil Peart trató de conciliar al niño que hay dentro del personaje con el adulto que debe hacer frente a la vida; os recomiendo que veáis este interesante vídeo, en el que se hace confluir el mensaje que Mark Twain trató de transmitir, a través del protagonista de su novela, con el Mark Twain de Dubois y Peart. En lo que a la música se refiere, “Tom Sawyer” es una obra de arte de poco más de cuatro minutos, en la que los tres miembros de Rush lucen a un altísimo nivel. El comienzo del tema, con la voz de Geddy Lee y los sintetizadores es uno de los inicios más recordados en la historia del rock progresivo; Neil Peart está soberbio a la batería durante toda la canción, incluso permitiéndose un pequeño solo; otro de los momentos mágicos lo protagoniza el guitarrista Alex Lifeson, con el bajo de Geddy Lee marcando el ritmo de manera simultánea al punteo de guitarra, en el vídeo se aprecia muy bien. Todo en esta canción funciona a la perfección, como un reloj de precisión; la sincronización de los instrumentos es perfecta, éstos se escuchan e identifican de manera nítida y, sin embargo, la percepción global es la de una obra homogénea en la que los sonidos se conducen con elegancia y armonía durante toda la composición.

Rush 'Moving Pictures'

 

Emerson, Lake & Palmer. “C’est la Vie”

Entre 1970 y 1973 el trío británico Emerson, Lake & Palmer (ELP) publicó cuatro excelentes álbumes, que se cuentan entre los mejores del género: “Emerson, Lake & Palmer” (1970), “Tarkus” (1971), “Trilogy” (1972) y “Brain Salad Surgery” (1973). Tardaron cuatro años en editar el siguiente, probablemente debido a tensiones entre los miembros de la banda, más interesados en proyectos personales, y ya sin esa complicidad creativa que les hizo ser uno de los grandes grupos de la historia del rock. No fue un caso único en este ámbito, en entradas anteriores ya hablábamos de lo que sucedió con Yes y con Genesis que, en 1978, publicaron sendos álbumes (“Tormato” y “And Then There Were Three”) que se apartaban del rock progresivo clásico para abrazar propuestas más cercanas al AOR y al pop-rock. Un año antes, este trío de virtuosos sacaba al mercado un trabajo doble titulado “Works, Volume 1” (unos meses después publicarían un segundo álbum, “Works, Volume 2”, esta vez en formato sencillo), que estaba compuesto por cuatro caras bien diferentes; la primera a cargo del teclista Keith Emerson, una pieza clásica con orquesta que, en cierto modo, acrecentaba el rechazo de quienes pensaban que el rock sinfónico tenía los días contados si no abandonaba su virtuosismo y grandilocuencia; la cara B era mucho más sencilla, estaba ocupada por cinco piezas intimistas compuestas por Greg Lake con la colaboración del King Crimson Peter Sinfield, quien ya había colaborado en el disco anterior de ELP; la cara C reunía el aporte de Carl Palmer, también con cierto regusto clásico (Bach, Prokofiev) y experimental; la última cara estaba formada por dos temas (“Fanfare for the Common Man” y “Pirates”) con la banda al completo.

Está claro que era un grupo en despedida; si aún se mantenían juntos era más bien debido a intereses económicos y comerciales que a motivos o razones de tipo artístico. Aún publicarían un Lp más antes de separarse (“Love Beach”, 1978), aunque después volverían a reunirse de manera esporádica, incluso en forma de trío con el batería Cozy Powell, en una formación denominada Emerson, Lake & Powell. El único que aún permanece con vida es Carl Palmer; Keith Emerson se suicidó en marzo de 2016 y, nueve meses después, falleció Greg Lake debido a un cáncer. Tal y como acabamos de comentar, Greg Lake tuvo a su cargo la cara B de “Works, Volume 1”. El tema más conocido, y el que tuvo mayor repercusión (probablemente también de todo el álbum), fue “C’est la Vie”, una bella y emotiva balada (aquí  tenéis una versión en directo de 1977) que, según él mismo ha comentado, compuso influenciado por los sonidos de los instrumentos que escuchaba en la calle, cuando vivía en París, y también estimulado por la propia Edith Piaf; quiso entonces escribir una especie de canción francesa en torno a una de las pocas frases que conocía en aquel idioma: “C’est la Vie”. Poco después, esta melodía acabaría siendo versionada por el rockero local por excelencia, Johnny Hallyday.

Emerson-Lake-and-Palmer.jpgEmerson, Lake & Palmer

 

 

Latte e Miele. “Il Calvario”

De vez en cuando la escena progresiva italiana, una de las más importantes del rock sinfónico setentero, encuentra acomodo en este blog; tras Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso y Dalton, le toca el turno a Latte e Miele, una formación genovesa creada en 1971 en formato de trío, al estilo Emerson Lake & Palmer, con Olivero Lacagnina (teclados, voz), Marcello Giancarlo Dellacasa (guitarra, bajo, voz) y Alfio Vitanza (batería, flauta, voz) como integrantes. Su primer álbum fue “Passio Secundum Mattheum” (1972), del que hablaremos a continuación; en 1973 sacaron un nuevo disco al mercado (“Papillon”) y fueron teloneros de la banda Van Der Graaf Generator; en 1974, año de su separación, publicaron un álbum en vivo y algunos singles. Dos años después volverían a reunirse a partir de una formación liderada por el batería Alfio Vitanza, con un planteamiento más melódico y menos progresivo, sobre todo a medida que se adentraban en los años ochenta. La formación original, junto con Massimo Gori (bajo, guitarra, voz), que se incorporó al grupo en 1975, volvió a juntarse en 2008, a partir de entonces han ofrecido conciertos y han grabado discos, sin ir más lejos una revisión o reformulación (de 2014) de su primer álbum, con más arreglos y mejores medios técnicos de los que dispusieron en 1972 (aquí lo podéis escuchar).

Aunque la producción original de “Passio Secundum Matheum” (sólo he conseguido esta lista de reproducción para que podáis escuchar el disco entero) no es excesivamente brillante, estamos ante un trabajo creativo notable, en el que los autores consiguen ensamblar los textos del Evangelio de San Mateo con fragmentos de música clásica inspirados en la obra de Johann Sebastian Bach y con el habitual desarrollo instrumental del rock progresivo. En una edición anterior a la reformulación de 2014 citada anteriormente, cuando se digitalizó el trabajo para venderlo como CD, se incluyó un bonus track, en concreto el tema “Mese di Maggio”, una bonita melodía de corte pop-rock que, sin embargo, no casa bien en un Lp tan solemne y sombrío como éste. Aunque os recomiendo, dado su carácter narrativo y conceptual, que escuchéis el álbum completo, podéis comenzar con uno de los cortes que, al menos en mi opinión, me parecen más interesantes, el que lleva por título “Il Calvario”. Comienza con una breve introducción coral dramatizada que pronto da paso a un órgano majestuoso y sacro, de corte muy clásico y ambientación lúgubre. En el minuto 3:05 entra la batería con ritmo funerario, como si fuera una saeta, incorporándose después los coros; la tristeza ya nos invade. Un minuto después hace su aparición la guitarra eléctrica, a modo de incisivo lamento, que se apodera de la canción al incrementar la sensación de dramatismo y pérdida, en un crescendo al que se incorporan los coros. Después (minuto 6:07) entra la guitarra acústica sobre un fondo orquestado y un recitado del Evangelio.

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Marillion. “Script for a Jester’s Tear”

Del concepto de rock neoprogresivo, así como de los comienzos de la banda Marillion y de los principales rasgos que definen su estilo musical, nos ocupamos en una entrada anterior dedicada al tema “Grendel“, que fue publicado en un EP con anterioridad a su primer Lp, titulado “Scrip for a Jester’s Tear” (1983), un excelente álbum en el que se recogieron algunas de las maquetas con las que venía trabajando este grupo desde su creación en 1979. Este disco, el único que cuenta con el batería Mick Pointer, miembro fundador de la banda, tiene una de las portadas más recordadas del rock progresivo, obra de Mark Wikinson a partir de las ideas de los integrantes de Marillion; en ella se puede ver a un bufón descalzo, con una pluma en la mano intentando finalizar una obra escrita para violín, en una habitación repleta de detalles: una taza de café o té, un cenicero con colillas, papel con borradores de la composición, el estuche del violín, incluso un camaleón. La edición original de “Script for a Jester’s Tear” está compuesta de seis canciones, tres en cada cara: “Script for a Jester’s Tears” (la protagonista de nuestra entrada), “He Knows You Know” (editada como single, alude al abuso de drogas), “The Web“, “Garden Party“, “Chelsea Monday” y “Forgotten Sons” (otro de los títulos más reconocibles de Marillion).

La canción que da nombre al álbum, y con la que comienza, se ajusta bastante bien a los patrones clásicos del rock progresivo: larga duración (casi nueve minutos), buen desempeño instrumental aunque con mayor protagonismo en la parte vocal -como es habitual en esta banda-, continuos cambios en la base melódica y cierto tono épico. Sin embargo, aunque llena de metáforas, la letra no nos habla de reflexiones filosóficas o existenciales, ni de historias mitológicas, ni tampoco de relatos lisérgicos de difícil comprensión; “Scrip for a Jester’s Tear” es una sencilla y mundana historia sobre un amor no correspondido o ya finalizado. Si en “Grendel” los parecidos con Genesis son más que evidentes, en el tema que hoy nos ocupa también se pueden apreciar claramente, sobre todo en algunas fases de esta mini-suite; por ejemplo al comienzo, con esos teclados y ese tono suave que, poco a poco, irá in crescendo hasta que irrumpe la guitarra en el minuto 1:49, incrementando el dramatismo del relato que nos va dejando Fish. La guitarra continúa dejándonos lacerantes y expresivos solos de guitarra hasta que, alrededor del minuto 4:07, la canción regresa a su tono folk inicial, también muy genesiano. La última parte comienza hacia el minuto 5:42: la melodía recupera el dramatismo épico y nuevamente la guitarra nos deja momentos emocionantes. Aquí podéis ver a Marillion interpretando en directo esta canción, y aquí una versión a cargo del dúo brasileño Fleesh.

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