Marillion. “Script for a Jester’s Tear”

Del concepto de rock neoprogresivo, así como de los comienzos de la banda Marillion y de los principales rasgos que definen su estilo musical, nos ocupamos en una entrada anterior dedicada al tema “Grendel“, que fue publicado en un EP con anterioridad a su primer Lp, titulado “Scrip for a Jester’s Tear” (1983), un excelente álbum en el que se recogieron algunas de las maquetas con las que venía trabajando este grupo desde su creación en 1979. Este disco, el único que cuenta con el batería Mick Pointer, miembro fundador de la banda, tiene una de las portadas más recordadas del rock progresivo, obra de Mark Wikinson a partir de las ideas de los integrantes de Marillion; en ella se puede ver a un bufón descalzo, con una pluma en la mano intentando finalizar una obra escrita para violín, en una habitación repleta de detalles: una taza de café o té, un cenicero con colillas, papel con borradores de la composición, el estuche del violín, incluso un camaleón. La edición original de “Script for a Jester’s Tear” está compuesta de seis canciones, tres en cada cara: “Script for a Jester’s Tears” (la protagonista de nuestra entrada), “He Knows You Know” (editada como single, alude al abuso de drogas), “The Web“, “Garden Party“, “Chelsea Monday” y “Forgotten Sons” (otro de los títulos más reconocibles de Marillion).

La canción que da nombre al álbum, y con la que comienza, se ajusta bastante bien a los patrones clásicos del rock progresivo: larga duración (casi nueve minutos), buen desempeño instrumental aunque con mayor protagonismo en la parte vocal -como es habitual en esta banda-, continuos cambios en la base melódica y cierto tono épico. Sin embargo, aunque llena de metáforas, la letra no nos habla de reflexiones filosóficas o existenciales, ni de historias mitológicas, ni tampoco de relatos lisérgicos de difícil comprensión; “Scrip for a Jester’s Tear” es una sencilla y mundana historia sobre un amor no correspondido o ya finalizado. Si en “Grendel” los parecidos con Genesis son más que evidentes, en el tema que hoy nos ocupa también se pueden apreciar claramente, sobre todo en algunas fases de esta mini-suite; por ejemplo al comienzo, con esos teclados y ese tono suave que, poco a poco, irá in crescendo hasta que irrumpe la guitarra en el minuto 1:49, incrementando el dramatismo del relato que nos va dejando Fish. La guitarra continúa dejándonos lacerantes y expresivos solos de guitarra hasta que, alrededor del minuto 4:07, la canción regresa a su tono folk inicial, también muy genesiano. La última parte comienza hacia el minuto 5:42: la melodía recupera el dramatismo épico y nuevamente la guitarra nos deja momentos emocionantes. Aquí podéis ver a Marillion interpretando en directo esta canción, y aquí una versión a cargo del dúo brasileño Fleesh.

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Kansas. “Dust in the Wind”

Allá por marzo de 2015 os hablaba de Kansas, una de las mejores bandas que ha dado el rock sinfónico estadounidense. Fue creada a comienzos de los setenta y grabaron su primer álbum de estudio (“Kansas”) en 1974, ya con la formación que acabaría consolidándose como la clásica de este grupo: Kerry Livgren (guitarra, teclados), Steve Walsh (voz, teclados), Robby Steinhardt (violín, voz), Rich Williams (guitarra), Dave Hope (bajo) y Phil Ehart (batería). Entonces comentábamos que el sonido de Kansas -en el que destacan las guitarras, la voz solista, el violín y los arreglos sinfónicos- está influenciado por los grandes grupos británicos de rock progresivo, pero también tienen una herencia americana muy marcada, especialmente visible a través de elementos procedentes del hard rock, el blues-rock y el rock sureño, muy presentes en esta formación. A pesar de que la obra de Kansas es elaborada y compleja, algo especialmente notorio en sus primeros álbumes, estamos ante un grupo más conocido por las baladas y el rock melódico tipo AOR que por su faceta progresiva, al menos entre el público más numeroso. Esta situación ha sido propiciada, en gran medida, por dos canciones especialmente exitosas: “Carry On Way Ward Son”, incluida en su cuarto álbum de estudio (“Leftoverture”), del que ya nos hemos ocupado en la entrada que mencionaba líneas arriba, y “Dust in the Wind”, uno de los temas más reconocibles del rock, que formó parte del siguiente Lp: “Point of Know Return” (1977), un excelente trabajo de rock sinfónico -tal vez el mejor de Kansas, aquí tenéis una interesante reseña-, en el que esta canción es la excepción en cuanto a sonido y planteamiento musical. Según ha manifestado su autor, el guitarrista Kerry Livgren, la música surgió al tratar de componer una línea de guitarra con la que aprender la tradicional técnica del fingerpicking; a su esposa le gustó, por lo que le sugirió a Kerry que escribiera una letra para esa melodía. El texto, una reflexión sobre el destino y la inevitabilidad de la muerte, con reminiscencias bíblicas, surgió tras la lectura de un libro de poesía nativa norteamericana, en el que se incluía la frase: “for all we are dust in the wind”. Pese a no ser algo habitual en esta banda, “Dust in the Wind” se grabó como melodía acústica con las guitarras sonando a la vez, así consiguieron un sonido reverberado que se mantiene a lo largo de toda la canción, acompañando a la voz solista y al característico solo de violín de esta inmortal melodía. Aquí os dejo una interpretación en directo de “Dust in the Wind” y, para finalizar, algunas versiones, en concreto las debidas a Scorpions, The Moody Blues y la violinista española Judith Mateo.

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Pink Floyd. “Atom Heart Mother”

Atom Heart Mother” es el quinto álbum de estudio de Pink Floyd, un trabajo no excesivamente bien valorado incluso por los integrantes de la banda; David Gilmour lo calificó como “montón de basura”, Roger Waters dijo que no le importaba que “lo tiraran a la basura y nadie volviera a escucharlo” y Nick Mason, en su libro Dentro de Pink Floyd (Barcelona: Ma Non Troppo, 2007; págs. 107-112), habla de las dificultades técnicas que padecieron en la grabación de este disco, en su opinión claramente mejorable. A mí me parece un disco muy interesante, prácticamente el que hace de bisagra entre la etapa psicodélica y experimental de trabajos como “A Sauceful of Secrets” (1968) o “Ummagumma” (1969) y la progresiva que se inicia con “Meddle” (1971). Tal y como nos cuenta el batería Nick Mason en la monografía anteriormente citada, el título del álbum surgió en el último momento cuando, leyendo los periódicos de la tarde para buscar una idea, se encontraron con una noticia sobre una mujer que había dado a luz tras la implantación de un marcapasos. La inolvidable portada, con una vaca en mitad de un prado, fue un trabajo del grupo Hipgnosis, que inicialmente no gustó nada a los directivos de la compañía discográfica EMI. Los ingenieros de sonido fueron Peter Bown y Alan Parsons.

La cara B de este Lp contiene cinco temas: “If”, “Summer ‘68”, “Fat Old Sun” y “Alan’s Psychedelic Breakfast”; la cara A está ocupada por la suite homónima, de casi veinticuatro minutos de duración, el tema más largo de Pink Floyd después de “Shine On You Crazy Diamond”. Esta composición, con la que encabezamos nuestra entrada de hoy, era inicialmente una pieza que a veces tocaban en directo, por supuesto sin orquesta, titulada “The Amazing Pudding”. Según señala Nick Mason, la modificaron varias veces, aunque siempre que la intentaban grabar se bloqueaban; de ahí que decidieran entregar el tema a Ron Geesin tal y como estaba, para que le añadiera “cierto colorido orquestal y partes corales”. La grabación de esta suite fue muy complicada, debido a un sinfín de problemas técnicos derivados de la complejidad impuesta por los integrantes de Pink Floyd y por el propio arreglista, Ron Geesin. Éste último escribió las partituras orquestales y tenía que dirigir a los músicos de sesión contratados para la ocasión, un asunto que se transformó en pesadilla debido a las peticiones de Ron Geesin a la orquesta y al boicot que le hicieron los músicos, “reacios a que les dirigiera Ron, a quien consideraban perteneciente al mundo de la música rock”:

“Cuando Ron agitó su batuta con optimismo, ellos hicieron tanto alboroto como pudieron. Ron no sólo había escrito algunas partes técnicamente exigentes sino que además el fraseo que quería era inusual” (Nick Mason)

Uno puede entender que “Atom Heart Mother” pueda resultar algo decepcionante para un grupo tan exigente y perfeccionista como Pink Floyd; sin embargo, la mayoría de los mortales lo consideramos un disco buenísimo, en concreto la suite homónima, en mi opinión por varias razones: la orquesta y los coros finalmente quedaron muy bien y están bien integrados en el total de la obra; por su arriesgada apuesta experimental, concretada en unos efectos sonoros que fueron creados en una época en la que aún no existían los ordenadores para realizar esta tarea; por el meritorio trabajo de Roger Waters al bajo y Nick Mason a la batería, que consiguen poner orden y hacer inteligible una pieza tan compleja como ésta; por la manera con la que Richard Wright teje el tema con sus teclados, creando una atmósfera depresiva que no sé si el mismísimo Syd Barrett hubiera conseguido; y, finalmente, por la guitarra de David Gilmour, que parece sobrevolar la melodía, como si quisiera despegarse de ella, como si fuera un alma finalmente liberada de la opresión.

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Jeff Wayne. “The Eve of the War”

La Guerra de los Mundos es una novela de ciencia ficción de H.G. Wells publicada en el año 1898. Probablemente sea el primer relato sobre una invasión extraterrestre a nuestro planeta, aunque además tiene una segunda lectura; algunos autores, como Miguel Uceda, entienden que la novela es una crítica al colonialismo europeo decimonónico:

“En Londres, el colonialismo era considerado un acto de patriotismo beneficioso para Inglaterra e incluso para los países conquistados, pues les acercaba al progreso, a la civilización, al orden británico y al cristianismo. Wells no compartía esta visión idílica y pueril del colonialismo, por eso en esta novela presenta a la civilización marciana técnicamente muy superior a la humana, la conquista a la tierra se puede identificar como una conquista de un territorio cuyos moradores viven en el paleolítico. Londres, la orgullosa cabeza del imperio británico, sucumbe rápidamente sin que el ejército, ni la ciencia o el ingenio humano pueda hacer nada para frenar el avance enemigo (…) esta novela fue un golpe contra la mentalidad de sus coetáneos, ya que presenta al colonialismo no desde la prepotencia del ejercito vencedor, sino visto desde la sociedad que se ve conquistada, sus valores y su propia autoestima aniquilados”.

Esta obra fue adaptada para un programa radiofónico titulado “The Mercury Theatre on the Air”, que dirigía Orson Welles cuando tenía veintitrés años. La emisión se produjo el 30 de octubre de 1938, a las nueve de la mañana, en un especial de Halloween. La narración de Orson Welles duró prácticamente una hora, en concreto cincuenta y nueve minutos que sembraron el desconcierto y el terror entre la población estadounidense; a pesar de que avisaron de que aquello era una dramatización, muchos oyentes que se incorporaron a mitad del episodio pensaron que era real la invasión alienígena que allí se narraba. La Guerra de los Mundos también se ha llevado al cine, por ejemplo en 1953 ó, más recientemente, en 2005, en una película dirigida por Steven Spielberg. Y también dispone de una obra musical, en la que se adaptó la novela de H.G. Wells a través de un álbum conceptual que podríamos englobar dentro del rock sinfónico, con un estilo que recuerda un poco al de Alan Parsons Project. La composición y producción corrió a cargo de Jeff Wayne, un músico especializado en sintonías televisivas y publicitarias; la parte musical fue encomendada a solventes músicos de estudio y la parte vocal (narraciones y fragmentos cantados) a artistas como Justin Hayward (Moody Blues), Chris Thompson (Manfred Mann’s Earth Band), Julie Covington, Phil Lynnot (Thin Lizzy), David Essex o el actor Richard Burton. Este álbum contiene dos discos que, de manera aproximada, se corresponden a la estructura marcada en la obra literaria de Wells: la llegada de los invasores marcianos y la Tierra bajo el control de los alienígenas. Fue un gran éxito de ventas y, desde el año 1978 en que fue publicado por primera vez, ha dado lugar a giras con actuaciones en directo, todo tipo de versiones y ediciones, DVDs, videojuegos, etc. El álbum comienza con el tema titulado “The Eve of the War”, cuya melodía será la que nos acompañe, a modo de hilo conductor, durante toda la obra (aquí podéis escuchar este álbum de manera íntegra). La invasión ha comenzado.

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Genesis. “Horizons”

Stewe Howe y Steve Hackett son dos de mis guitarristas preferidos. Ambos formaron parte de dos bandas legendarias en el ámbito del rock progresivo: Yes y Genesis, respectivamente. Llegaron a tocar juntos en un álbum titulado “GTR” (1986), el único disco que publicó el supergrupo del mismo nombre, formado por Max Bacon (voz), Phil Spalding (bajo), Jonathan Mover (batería) y los dos guitarristas anteriormente mencionados. Ambos músicos son autores de sendos temas instrumentales para guitarra que influyeron en dos de los álbumes más importantes de Yes y Genesis, ambos con un título de una sola letra que comienza por efe; Steve Howe compuso “Mood For a Day” -melodía que apareció en este blog en junio de 2014- para el disco “Fragile” (1971); y Steve Hackett hizo lo propio con “Horizons” para el Lp “Foxtrot” (1972), el cuarto de los británicos. Tanto “Mood For a Day” como “Horizons” son dos piezas virtuosas y delicadas escondidas en dos álbumes maravillosos, más conocidos por otros cortes como “Roundabout”, “Long Distance Runaround” o “The Fish”, en el caso de “Fragile”, y “Watcher of the Skies” o “Supper’s Ready”, en el de “Foxtrot”. De este último tema, una de las obras fundamentales del rock progresivo nos hemos ocupado en una entrada anterior, al igual que del álbum en el que está incluido. Hoy nos vamos a limitar a escuchar esta breve exquisita pieza de poco más de minuto y medio de duración, que podéis ver escrita como “Horizons” u “Horizon’s”. Aunque fue escrita por Steve Hackett, es habitual verla con la autoría de los cinco miembros clásicos de Genesis (Tony Banks, Phil Collins, Peter Gabriel, Mike Rutherford y Steve Hackett), una práctica habitual de Genesis en aquella época. Hackett la compuso tomando como base el preludio de la Suite para violonchelo No1, BWV 1007, de Johann Sebastian Bach. “Horizons” es una de las piezas habituales del repertorio de Steve Hackett en directo; fue incluida en su álbum de estudio titulado “Bay of Kings” (1983) y en algún trabajo en directo, como “There are Many Sides to the Night” (1995). Tal y como señalan algunas fuentes, fue escrita en homenaje al cantautor y guitarrista John Renbourn, el que fuera miembro de la banda británica Pentangle: “Ésta fue la primera obra completa que escribí para la guitarra, sin acompañamiento, y se convirtió en el barco insignia para el resto de mi flota de garabatos” (Steve Hackett).

857c018fc15ee0430e6239ff951af.jpgSteve Hackett, guitarrista de Genesis