Genesis. “Horizons”

Stewe Howe y Steve Hackett son dos de mis guitarristas preferidos. Ambos formaron parte de dos bandas legendarias en el ámbito del rock progresivo: Yes y Genesis, respectivamente. Llegaron a tocar juntos en un álbum titulado “GTR” (1986), el único disco que publicó el supergrupo del mismo nombre, formado por Max Bacon (voz), Phil Spalding (bajo), Jonathan Mover (batería) y los dos guitarristas anteriormente mencionados. Ambos músicos son autores de sendos temas instrumentales para guitarra que influyeron en dos de los álbumes más importantes de Yes y Genesis, ambos con un título de una sola letra que comienza por efe; Steve Howe compuso “Mood For a Day” -melodía que apareció en este blog en junio de 2014- para el disco “Fragile” (1971); y Steve Hackett hizo lo propio con “Horizons” para el Lp “Foxtrot” (1972), el cuarto de los británicos. Tanto “Mood For a Day” como “Horizons” son dos piezas virtuosas y delicadas escondidas en dos álbumes maravillosos, más conocidos por otros cortes como “Roundabout”, “Long Distance Runaround” o “The Fish”, en el caso de “Fragile”, y “Watcher of the Skies” o “Supper’s Ready”, en el de “Foxtrot”. De este último tema, una de las obras fundamentales del rock progresivo nos hemos ocupado en una entrada anterior, al igual que del álbum en el que está incluido. Hoy nos vamos a limitar a escuchar esta breve exquisita pieza de poco más de minuto y medio de duración, que podéis ver escrita como “Horizons” u “Horizon’s”. Aunque fue escrita por Steve Hackett, es habitual verla con la autoría de los cinco miembros clásicos de Genesis (Tony Banks, Phil Collins, Peter Gabriel, Mike Rutherford y Steve Hackett), una práctica habitual de Genesis en aquella época. Hackett la compuso tomando como base el preludio de la Suite para violonchelo No1, BWV 1007, de Johann Sebastian Bach. “Horizons” es una de las piezas habituales del repertorio de Steve Hackett en directo; fue incluida en su álbum de estudio titulado “Bay of Kings” (1983) y en algún trabajo en directo, como “There are Many Sides to the Night” (1995). Tal y como señalan algunas fuentes, fue escrita en homenaje al cantautor y guitarrista John Renbourn, el que fuera miembro de la banda británica Pentangle: “Ésta fue la primera obra completa que escribí para la guitarra, sin acompañamiento, y se convirtió en el barco insignia para el resto de mi flota de garabatos” (Steve Hackett).

857c018fc15ee0430e6239ff951af.jpgSteve Hackett, guitarrista de Genesis

Dalton. “Cara Emily”

Del rock progresivo italiano nos hemos ocupado en un par de entradas anteriores, una dedicada al tema “La Carroza di Hans” (Premiata Forneria Marconi) y otra a la suite “L’Evoluzione” (Banco del Mutuo Soccorso); en ésta última apuntábamos algunas de las características de la escena progresiva italiana: barroquismo como recurso compositivo e instrumental, un cierto tono melodramático en sus composiciones, y utilización de la Ópera y la tradición melódica italiana como parte de su discurso musical e intelectual. Entre los muchos (y buenos) grupos que conformaron este estilo durante la década de 1970, hoy os quiero hablar de Dalton y de su tema “Cara Emily”, una bellísima balada que se sitúa en la frontera entre la canción melódica italiana y el rock sinfónico.

En realidad existen dos formaciones italianas que responden al mismo nombre; la primera se formó en 1967, en Brescia, publicaron algunos singles (entre ellos una versión de “Venus”, de Shocking Blue) y se disolvieron hacia 1970; la segunda, con músicos totalmente diferentes, comenzaría su andadura poco después, con el álbum “Riflessioni: Idea d’Infinito” (1973), con el que consiguieron el primer puesto en el Pop Festival de Zurich, aunque en Italia no gozaron del favor del público. Aún así, grabaron un segundo Lp, titulado “Argitari” (1975), antes de su disolución en 1979. “Riflessioni: Idea d’Infinito” es un álbum muy interesante, también muy breve porque apenas tiene una duración de 28 minutos; está formado por seis canciones unidas por una breve melodía de flauta, en las que destacan la guitarra de Aronne Cereda, la flauta de Alex Chiesa y los teclados de Temistocle Reduzzi.

La canción que protagoniza esta entrada, “Cara Emily”, es la última de la cara A en el vinilo original; sin duda, es el tema menos progresivo de todos, aún así os recomiendo que no os perdáis el excelente trabajo a la flauta y el imponente mellotron, instrumentos con los que se consigue emular el característico efecto orquestal de las clásicas canciones melódicas italianas. Para los más progresivos os recomiendo otros cortes de este álbum, como la hardrockera “Riflessioni”, “Dimensione Lavoro” o “Idea d’Infinito”, muy en la onda Jethro Tull. Tal y como puede leerse en los títulos de crédito de este álbum, las canciones fueron compuestas por la letrista Antonietta De Simone y los músicos Edilio Capotosti y Andrea Lo Vecchio, tres habituales de la canción italiana. “Cara Emily” es debida a los dos primeros, los mismos que compusieron temas tan conocidos como “Nessuno”, que fue todo un éxito en la voz de Mina. Finalizo con dos palabras en torno a la letra de “Cara Emily”, una de las canciones más románticas que conozco; al principio parece una historia más sobre infidelidades, sobre alguien que tuvo una aventura con otra persona en un hotel, aunque en seguida te das cuenta que la tercera persona, la engañada, está muerta: “Lastimé tu memoria durante una hora, pero mi alma no estaba allí (…) Pero primero me traicionaste, te ofreciste infinitamente (…) Querida Emily ¿Por qué preferiste el cielo a mí?”

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Los Jaivas. “Sube a nacer conmigo hermano”

En noviembre de 1999, apenas un mes antes de aquel profético “Efecto 2000”, me encontraba en Lima por motivos profesionales. Terminada nuestra estancia en la capital peruana, volamos a Cuzco para visitar la ciudad y sus alrededores; aquello lo recuerdo como uno de los viajes más bellos e impactantes que he hecho en mi vida: el propio Cuzco es espectacular, por no hablar de Pisac, Ollantaytambo o Sacsayhuamán; pero el encuentro con Machu Picchu es sobrecogedor, maravilla y emociona, y sientes pena por tenerlo que abandonar. Hace poco escuché que querían hacer un aeropuerto allí, una noticia que me dejó preocupado pensando en el posible deterioro de aquel lugar único en el Mundo, por no hablar de que muchos se perderían el inolvidable viaje en tren desde Cuzco a Aguas Calientes.

En 1950, Pablo Neruda publicó su Canto General, compuesto por quince secciones o “cantos”; uno de ellos fue el titulado “Alturas de Machu Picchu”, para muchos críticos y especialistas una de las poesías más importantes del autor chileno, en la que reflexiona sobre la grandeza de Machu Picchu, pero también sobre las miserias humanas y el dolor de quienes construyeron la ciudad. A comienzos de los ochenta, el productor peruano Daniel Camino pensó en musicalizar esta obra de Neruda con la ayuda de Mario Vargas Llosa, Chabuca Granda, Mercedes Sosa y un grupo conocido como Los Jaivas, que serían los encargados de intentar el milagro.

Esta banda (Gato Alquinta, Mario Mutis y los hermanos Parra: Gabriel, Claudio y Eduardo) se había formado en Viña de Mar (Chile) en 1963, inicialmente con el nombre de “The High & Bass” -aludiendo a la diferencia de estatura entre los componentes del grupo- que, entre 1969 y 1971, decidieron castellanizar. Los Jaivas, que creo aún continúan en activo, es uno de los grupos de rock más importantes de América Latina, con una amplia discografía que arranca en 1971 con el álbum “El Volantín”. Os mentiría si os dijera que la conozco en profundidad, tan solo he escuchado algunos temas sueltos y, sobre todo, el disco que hoy nos ocupa: “Alturas de Machu Picchu” (1981), para el consenso de crítica y público su álbum más importante. Como decíamos antes, Daniel Camino fue quien les puso ante este reto, y ellos respondieron con un trabajo acorde al material escrito del que se partía. Como no podían incluir todo el texto completo del canto de Neruda, eligieron algunas frases, que fueron intercalando en una obra musical excepcional construida como una obra de rock progresivo, pero con multitud de elementos procedentes del folclore tradicional andino (aquí podéis ver la riqueza instrumental utilizada). Todo muy raro, ¿verdad? Sin embargo, el experimento dio resultado, más aún cuando escuchamos el disco mientras vemos el documental que se grabó a tal efecto (aquí lo tenéis).

Este especial de televisión fue estrenado el 8 de octubre de 1981; en él podemos escuchar la voz de Mario Vargas Llosa en las presentaciones (Mercedes Sosa y Chabuca Granda finalmente quedaron fuera del proyecto) y a Los Jaivas interpretando todas las canciones del álbum en el sitio arqueológico de Machu Picchu, no en vano hay quien dice que éste es el “Pink Floyd: Live at Pompeii” latinoamericano. Como me temo que no tendréis tiempo (o ánimo) para ver entero el documental, os dejo con el tema quizás más conocido del disco, sobre todo en Chile puesto que su letra fue muy recordada en los tiempos difíciles de la dictadura de Pinochet, me refiero a “Sube a nacer conmigo hermano”, una canción con aires de joropo en la que destaca la guitarra eléctrica, el piano y el sintetizador minimoog, que incluso emula el sonido de las trompetas. Para terminar, os dejo un vídeo en el que se puede escuchar la presentación de Vargas Llosa antes de que comience el tema; también un directo de 1983, en el festival de Viña de Mar, y varias versiones, en concreto las de Difuntos Correa, La Rata Bluesera, Ensamble Mapocho y Patricia Zárate Pérez.

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Yes. “Awaken”

Rick Wakeman abandonó Yes tras la gira de promoción de “Tales from Topographic Oceans (1973). De esta manera, se adelantó a sus compañeros al iniciar su carrera en solitario con álbumes como “The Six Wives of Henry VIII” (1973), “Journey to the Centre of the Earth” (1974) o “The Myths and Legends of King Arthur and The Knights of the Round Table” (1975). Mientras tanto, el resto de los integrantes de Yes, junto al teclista Patrick Moraz, el sustituto de Rick Wakeman, grabaron “Relayer” (1974), álbum del que ya nos hemos ocupado en una entrada anterior. Finalizada la gira promocional de este disco, quisieron hacer un paréntesis en su trayectoria como banda y, de alguna manera, decidieron emular a Rick Wakeman grabando sus respectivos álbumes en solitario: “Olias of Sunhillow” (Jon Anderson, 1975), “Beginnings” (Steve Howe, 1975), “Fish out of Water” (Chris Squire, 1975), “Ramshackled” (Alan White, 1976) y “The Story of I” (Patrick Moraz, 1976). Una vez concluido este período de separación pactada, decidieron volver a reunirse para grabar un nuevo álbum, que titularon “Going for the One” (1977), con una portada que no estaba diseñada por Roger Dean sino por el estudio gráfico Hipgnosis, en la que se puede ver a un hombre desnudo frente a una imagen futurista del Century Plaza Towers de Los Ángeles. Patrick Moraz abandonó la formación para dar paso al hijo pródigo, Rick Wakeman, que decidió volver con sus antiguos compañeros. En palabras del vocalista Jon Anderson, “el álbum fue una especie de celebración. En los últimos dos o tres años estuvimos experimentando un montón, y estamos felices de poder concretar eso en un disco que es más suelto y relajado que los anteriores”; el batería Alan White llegó a reconocer que “estaban felices con la vuelta de Rick”:

“Fue un proceso grandioso grabar este trabajo. Todos fuimos juntos a conocer el estudio y trabajábamos arduamente desde muy temprano hasta el atardecer. Creo que hicimos una gran labor en ese tiempo y nos demoramos cerca de seis meses en todo el proceso creativo. Quedamos muy contentos con el resultado y, en lo personal, es muy gratificante escucharlo en la actualidad” (Paraíso, Víctor. 2013. Yes. Mas allá del abismo. Madrid: T&B editores, pag. 98).

Desde mi punto de vista, “Going for the One” es el último gran disco de Yes; sólo contiene cinco cortes, pero todos son temas impresionantes, de una calidad y un virtuosismo que dejan perplejo a cualquiera. Sólo hay que escuchar, para darse cuenta de ello, el trabajo de Steve Howe a la guitarra en el tema homónimo, que por momentos parece una canción de hard rock o blues-rock; el sonido de “Parallels”, con ese imponente órgano de iglesia que Rick Wakeman tocó en la iglesia de Saint-Martin de Vevey (Suiza), a dieciséis kilómetros de donde tenían el estudio de grabación; la riqueza acústica y atmosférica de “Turn of the Century”; la balada melódica “Wonderous Stories”, magníficamente interpretada por Jon Anderson; y, por supuesto, la traca final: “Awaken”, uno de los mejores y más espectaculares temas de esta excepcional banda británica, el preferido de Rick Wakeman:

“’Awaken’ fue algo realmente especial desde el momento que empezó a tomar forma en los estudios en Suiza. Hay tantos elementos en ese tema que merece un libro entero sobre cómo llegó a terminarse. ‘Awaken’ es una visión musical que viene desde dentro. Un momento musical muy especial en la historia de Yes” (Paraíso, Víctor. 2013. Op. cit., pág. 28).

“Awaken” es una montaña rusa de ritmos y sensaciones; comienza suavemente al piano, dando paso a un sonido de teclados acuoso y atmosférico que acompaña a la virginal voz de Jon Anderson; salimos del letargo hacia el minuto 1:30, cuando la guitarra de Steve Howe suministra energía a la composición, después se incorpora Rick que, en este tema, luce todo tipo de teclados (órgano de iglesia, piano, sintetizadores); en el minuto 6:34 la canción parece haber finalizado, pero realmente volvemos al principio, con ese tono relajante y sosegado donde Rick vuelve a lucirse y Steve realiza una entrada espectacular hacia el minuto 9:53, su guitarra suena limpia y sensual en medio del todopoderoso órgano; Jon se incorpora para llevarnos a un final en el que aún habrá tiempo para lucimiento de todos los músicos y para un recogido desenlace, casi como si fuera una oración. Si queréis ver en acción a Yes tocando este tema, os recomiendo éste vídeo de 1977 o éste otro del año 2003.

La Guitarra de las Musas y yo nos ponemos en “modo vacaciones”. A finales de agosto o principios de septiembre volveremos con más canciones. Mis mejores deseos para todos, espero que disfrutéis (los que podáis o tengáis oportunidad) con el descanso estival.

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Babe Ruth. “The Mexican”

Babe Ruth es una banda inglesa de rock progresivo, hard rock y blues-rock creada, hacia 1970, a partir de un grupo denominado Shacklock, del que formaban parte Alan Shacklock (guitarra, órgano hammond, percusión voz), Janita “Jennie” Haan (voz, con un registro vocal que recuerda al de Janis Joplin), y Dave Hewitt (bajo); posteriormente se incorporarían Dick Powell (batería, percusiones) y Dave Punshon (teclados). En 1972 adquirieron su nombre definitivo, en honor de la leyenda del béisbol Babe Ruth, y grabaron su primer álbum (“First Base”), probablemente el mejor de todos; después publicaron cuatro discos de estudio más antes de separarse, aunque posteriormente volvieron a reunirse, incluso grabaron otro disco en 2007, y aún mantienen abierta su página web. “First Base” fue grabado en los estudios EMI de Londres con los cinco miembros anteriormente citados y bastantes músicos más, a cargo de instrumentos como el saxo, el oboe, el violonchelo y diversos artilugios de percusión. Bajo portada de Roger Dean, el álbum contiene seis excelentes temas: “Wells Fargo”, “The Runaways” y “Joker” compuestos por el líder de la banda, Alan Shacklock; “King Kong” –versión de una melodía de Frank Zappa-, “Black Dog” –no la de Led Zeppelin, sino otra debida a Jesse Winchester- y “The Mexican”, su tema más conocido y de mayor éxito, también de Alan Shacklock aunque con fragmentos intercalados de la pieza de Ennio Morricone “Per Qualche Dollaro in Piu”, bien conocida gracias a la película homónima de Sergio Leone; en la versión Cd se incluyeron dos bonus track: una versión corta de “Wells Fargo” y una interpretación del mencionado tema de Ennio Morricone. La canción fue escrita como protesta a la película de John Wayne “El Álamo“, plagada de inexactitudes y con un relato heróico que dejaba sin honor, y sin dolor, a las tropas mexicanas del General Santa Ana (en la entrada que dedicamos al tema “Remember the Alamo” también hablábamos de este asunto). Aquí les podemos ver interpretándola en directo. “The Mexican” tiene varias versiones, por ejemplo las realizadas por la banda de power metal Helloween o la de Jellybean con la voz de la cantante original, Jenny Haan, que tuvo mucho éxito en las pistas de baile estadounidenses. Pero donde ha encontrado un lugar para quedarse es en el ámbito del hip-hop, allí los “samples” de esta canción son habituales, véase por ejemplo el tema “Planet Rock”, de Afrika Bambata, o “Dreams of Santa Ana”, de Orange Lemon, aunque hay bastantes más; la web oficial de Babe Ruth tiene un apartado específicamente dedicado a esta canción, en el que lucen con orgullo los premios que ha tenido esta melodía y su presencia en el mundo del hip-hop, los DJ y la música de baile.

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