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Yes. “The Gates of Delirium”

En 1973 se publicaba “Tales from Topographic Oceans”, el sexto álbum de Yes, banda de la que ya hemos dado cuenta en tres ocasiones, a propósito de los temas “Mood for a Day“, “Close to the Edge” y “Don’t Kill the Whale“. Rick Wakeman nunca se sintió a gusto en un proyecto controlado por el espiritual Jon Anderson, incluso llegó a decir: “No puedes tocar lo que no entiendes, y yo no entendía nada de este disco”. Obviamente, Rick abandonó para continuar su carrera en solitario y, tras la negativa de Vangelis, la plaza de teclista fue a parar al suizo Patrick Moraz, un músico que introdujo el equilibrio que Yes necesitaba en aquella época, además de un cierto aroma clásico y jazzístico que, de manera suave, casi imperceptible, se incorporó al disco que grabarían después del controvertido “Tales from Topographic Oceans”; lo titularon “Relayer” (1974). En algunas ocasiones menos es más; Patrick Moraz no parecía un recambio tan espectacular como Rick Wakeman, sin embargo fue determinante en el sonido de este disco y, además, permitió algo que, a la postre, resultó mágico: Steve Howe asumió el protagonismo, y de qué manera … Ya os he comentado en alguna ocasión que es mi guitarrista preferido (junto con Jimi Hendrix) y probablemente lo sea por este disco, un álbum con tres canciones: “Sound Chaser“, “To Be Over” y “The Gates of Delirium”. La primera es una pieza enérgica, por momentos caótica, que arranca con bajo y batería hasta que Steve Howe, a partir del minuto tres, construye un maravilloso solo de guitarra al que, a partir del minuto ocho, dan relevo los teclados de Patrick Moraz. “To Be Over” es una canción tranquila, suave, sin excesivos contrastes, mientras que “The Gates of Delirium” es una suite majestuosa, que comienza con una parte atmosférica, a modo de presentación, donde se mezclan efectos y donde todos los músicos contribuyen; entre el minuto dos y el ocho, aproximadamente, hace su aparición la parte cantada, un fragmento épico que da paso a un incremento de ritmo, donde los cambios se suceden muy deprisa, donde todo parece muy complejo y a la vez muy sencillo, una fase alocada, virtuosa, Yes en estado puro; hacia el minuto trece se relaja la tensión y vuelve a tomar protagonismo la guitarra, hasta que llegamos al minuto 16:07, cuando comienza el fragmento conocido como “Soon”, una bellísima pieza, uno de los momentos mágicos que ha dado el rock, con Steve Howe a la steele guitar y Jon Anderson luciendo su característica voz castrati. Esta parte, “Soon”, es uno de los clásicos de Yes; aquí lo podéis escuchar en su edición como single y aquí en un directo del año 1975.

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The Moody Blues. “Melancholy Man”

Ya es la tercera vez que asoman por aquí los Moody Blues, banda británica muy conocida gracias a su segundo disco, “Days of Future Passed” (1967), del que nos hemos ocupado a través del clásico “Nights in White Satin“; el otro tema incluido en este blog es “The Voice“, perteneciente a su álbum “Long Distance Voyager” (1981), ya sin Mike Pinder a los teclados, sustituido por el suizo Patrick Moraz. Entre ambos trabajos de estudio encadenaron una serie de discos muy interesantes: “In Search of the Lost Chord” (1968), “On the Threshold of a Dream” (1969) y “To our Children’s Children’s Children” (1969), en los que sustituyeron la orquesta de “Days of Future Passed” por el mellotron, tan característico de esta banda, y por los recursos técnicos propios del rock progresivo. Toda esta complejidad la trataron de simplificar en sus siguientes trabajos, sobre todo pensando en poder incluir estos nuevos temas en las actuaciones en directo sin que desmerecieran respecto de lo grabado en estudio. Así se gestó “A Question of Balance”, grabado entre enero y junio de 1970 en los estudios West Hampstead de Londres para el sello discográfico Decca; fue publicado ese mismo verano, alcanzando el número uno en la lista de Reino Unido y el número tres en la de los Estados Unidos. A mí me parece un álbum muy interesante (aquí lo podéis escuchar), con mucha presencia de elementos acústicos y un cierto aroma folk-rock que impregna el sustrato progresivo, elegante y melódico, propio de esta formación. El corte más conocido es “Question“, compuesto por el guitarrista Justin Hayward, que llegó a ser comercializado como single. Sin embargo, yo os voy a proponer la penúltima canción de la cara B, la titulada “Melancholy Man”, obra del teclista Mike Pinder, un tema triste, con una letra sugerente y poética que, desde mi punto de vista, luce esplendorosamente en directo; quizás no suene tan bien como el original de estudio, donde los arreglos tal vez le resten algo de fuerza y expresividad, justo lo contrario que consiguieron con esta preciosa interpretación en el Festival de la Isla de Wight (edición de 1970).

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Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (II): “Hide in your Shell” (Supertramp)

Ya son varios los amigos los que han pasado por “Las Cinco Canciones de tu Vida”, y yo diría que todos hasta ahora hemos concedido un gran protagonismo a los recuerdos de adolescencia; Whatgoesaround no es una excepción, lo vimos en la canción de ayer y hoy vuelve a hablarnos de sus años de instituto, de los viajes de fin de curso, de las personas que facilitaron su gusto por la música (es evidente que las mujeres han sido claves en el despertar musical de Whatgoesaround …), y también de Supertramp. Está claro que somos casi de la misma edad porque yo tuve una época, también cuando iba al instituto, en la que no paraba de escuchar a esta banda; muchos de los recuerdos que vertí en esta sección, cuando hablé de “Shine on you Crazy Diamond”, bien podrían haber servido para cualquiera de las piezas más sinfónicas de Supertramp. “Hide in your Shell” (aquí podéis escuchar la versión original) formó parte del álbum “Crime of the Century”, “su cumbre creativa”, como dice Whatgoesaround. Para mi gusto, el mejor disco de los británicos.

“Podría decirse que Supertramp fue el grupo que abrió mis oídos y mi mente hacia la música y los siete reinos del pop-rock, que afortunadamente son muchos más de siete y trascienden todo tipo de etiquetas. Así que la mítica banda británica significa muchísimo para mí en ese sentido, porque llegué a adorarles y a estar absolutamente colgado de su música durante varios años.

Fue en 1974 cuando Supertramp sacó al mercado su tercer álbum de estudio, el disco que les lanzó al estrellato mundial y que quizá -sólo quizá, porque los 3 discos que le siguieron son formidables- fue su cumbre creativa. Por lo menos eso han manifestado algunos de sus miembros en algunas entrevistas.

Por supuesto, estamos hablando del disco “Crime of the Century”. Unos pocos años después, andaba yo cursando el B.U.P. en un instituto de Barcelona y fue en aquellas épocas que Springsteen se cruzó en mi camino a través de una mágica cinta de cassette, y después de él el resto del universo rock. Pero en realidad, antes de que apareciera el Boss ya se habían instalado Supertramp hacía algún tiempo. Como explico en la entrada de ayer, que retrotrae a mis inicios musicales, había un grupo de chicas que venían juntas de otros centros e hicieron una buena piña. Ahí nos metimos 3 ó 4 afortunados chicos, y fue gracias a ellas que la música de esta banda empezó a calarme. Es curioso, porque el otro foco musical en torno al cual orbitaban Isa, Montse, Asun y compañía era…, sí, Lluís Llach. Los numerosos discos y algunas grandes canciones del cantautor catalán las volvían loquitas. Además, por el hecho de ser catalano-parlantes muchas de ellas las cantaban y versionaban a la guitarra. Así que ya os podéis imaginar, más de 2 y 3 excursiones al más puro estilo Cumbayá. Y entonces llegó esa excursión al final -juraría- de 2º de B.U.P. Nos fuimos a un camping de Colera, en la provincia de Girona. Ya bastante al norte, cerca de Portbou y la frontera con Francia. Lo que más recuerdo de aquella excursión son las largas noches de paseos, payasadas y aventuras varias por las rocosas playas de aquella localidad…y la música omnipresente y mágica del grupo.

Andábamos saltando de roca en roca, venciendo escolleras y haciendo las típicas cosas que se supone se hacen en esos casos: correr descalzos y mojarse o acurrucarse un rato aquí y otro allí envueltos en mantas, entre el misterio de esos escondites…y la música de la banda británica. Pero  lo más curioso es que el radiocassette nos acompañaba siempre, y teclados y voces de Davis, Hodgson y compañía inundaban las noches al igual que la luna.

Pese a la importancia y la enorme significación personal de los 3 magníficos álbumes que vendrían a continuación (“Crisis? What Crisis?” en 1975, “Even in the Quietest Moments” en 1977 y “Breakfast in America” en 1979), el impacto que me produjo ese “Crime of the Century” no es fácil de olvidar.

Y desde luego, me conozco esos 4 discos de memoria y podría detallar todos sus temas uno por uno. En el disco que nos ocupa, podría decir que el tema que me parece más flojo y espeso es el “Asylum”, corte que cierra la cara A. Tampoco es nada del otro mundo el tema “Bloody Well Right”, pese a que gozó de bastante difusión y éxito. Curiosamente, el famoso y editado como single “Dreamer” tampoco me vuelve loco. Está bien en algunos pasajes, pero demasiado comercial comparado a otros. Además, esos falsetes de voz tan típicos del grupo me llegaban a agobiar por momentos. A mi madre le cargaba bastante el grupo, y en casa siempre les llamaba medio en broma “los piojosos” por sus largas melenas. La razón era también esos juegos de voces algo estridentes y una música para ella pesada (“vaya coñazo”), aunque con el paso de los años llegó a soportarlos…y a reconocerlos al instante (¿por qué será?)

De la cara B también puede decirse que el tema que en principio parecería más flojo (“If Everyone Was Listening”) en realidad es un pedazo de canción, mientras que el que da título al disco y lo cierra parece sustentarse en un arreglo de piano muy simplón, pero que resulta hipnótico y fascinante a partes iguales. Y quedarían por reseñar las que para mí son las tres joyas del disco (junto con el propio “Crime of the Century”): “Rudy”, “School” y “Hide in Your Shell”.

“Rudy” es un tema impresionante, una obra maestra del rock sinfónico, progresivo o como diantres quieran calificarlo: se llega a emular el discurrir de un tren a través de una historia personal. Magistral, no hay otra palabra. ¿Qué decir de “School”? El tema lo co-escribieron Hodgson y Davies y tiene diferentes partes instrumentales alternadas con voz, creando un crescendo memorable y una eclosión/solo final de piano que es de lo mejor que he escuchado jamás. Mágico, fascinante, evocador al máximo. Como el mismo “Hide in Your Shell”, que posee un hermoso estribillo y una gran letra. La forma en que canta Roger Hodgson es sublime.

Y es que siempre he tenido un “problema” y una debilidad con este grupo: Mi absoluta predilección por las composiciones y la voz de Hodgson frente a Davies. “Y Hide in Your Shell” lo escribió él, así que queda todo bastante claro. Siempre recordaré los pasajes de esta canción entre las rocas de las playas nocturnas de Colera, y en muchas posteriores escuchas en casa. Más tarde pude ver a Supertramp en directo. Fue en la gira para presentar su álbum “Famous Last Words”, publicado en 1982. En la portada se ven unas tijeras a punto de cortar la cuerda floja de un equilibrista, y así empezó justamente el concierto: Con las tijeras prestas a dar el corte fatal y a derribar al funambulista. Fue emocionante. Por supuesto, donde mejor pueden apreciarse los detalles es en la versión de estudio original. Magníficos arreglos, impresionantes coros y crescendo final, como era su costumbre”.

Aquí tenéis la entrada original, con todas sus imágenes y la letra original de esta canción.

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Eloy. “Poseidon’s Creation”

Todos los amantes del rock progresivo sabemos que este estilo tuvo su período de esplendor durante los años setenta, y que buena parte de los grupos que más hicieron por impulsar el género eran británicos; sin embargo, durante aquellos años, también se hizo muy buen rock sinfónico en lugares como Italia, España o Alemania. En este último país se cultivo un sub-género conocido como klautrock, kraut rock o kosmische musik, caracterizado por el uso de nuevas tecnologías, sonidos atmosféricos, improvisaciones en las que se mezclaban sonidos procedentes del jazz, la música étnica o el rock con elementos electrónicos ejecutados con sintetizadores y otros instrumentos más o menos complejos. Entre los grupos alemanes que destacaron dentro de aquel movimiento contracultural de reafirmación alemana, podríamos destacar a Tangerine Dream, Can, Kraftwerk, Embryo o Eloy, tal vez el menos klautrock de estas bandas alemanas. Digo esto porque, aunque es evidente que participan de algunas de las señas de identidad características de este estilo, también están muy influenciados por formaciones clásicas como King Crimson y, sobre todo, Pink Floyd; no en vano, son conocidos como los Pink Floyd alemanes. Fundada en 1969 por el guitarrista Frank Bornemann, esta banda toma su nombre de los “eloi”, aquellos seres hedonistas y débiles que aparecen en la novela “La Máquina del Tiempo”, de H.G. Wells. Publicaron su primer álbum en 1971 (“Eloy”), aunque no empiezan a desarrollar su estilo hasta el siguiente (“Inside”, 1973); después vendrían “Floating” (1974), “Power and the Passion” (1975), “Dawn” (1976) y el álbum que contiene el tema que hoy presentamos: “Ocean” (1977), tal vez el mejor disco de estos alemanes que, con alguna interrupción, han continuado en activo hasta nuestros días, aunque con desigual fortuna en cuanto a la calidad de sus trabajos se refiere. Algunos de los detractores del rock progresivo suelen recurrir a este disco cuando intentan ridiculizar el género, sin embargo para mí es uno de los álbumes fundamentales del rock progresivo. “Ocean” es un álbum conceptual sobre el mito de la Atlántida, probablemente como recurso metafórico para referirse al carácter autodestructivo de la sociedad que les tocó vivir. Como suele pasar con estos álbumes importantes del progresivo, os animo a que lo escuchéis entero (aquí lo podéis hacer); si no os apetece o no tenéis tiempo, os recomiendo el primero de los cuatro cortes que conforman el disco: “Poseidon’s Creation”; si nunca lo habéis escuchado, os va a sorprender su sonido pinkfloniano, en ocasiones parecido a “Shine on you Crazy Diamond”.

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Mezquita. “Recuerdos de mi Tierra”

Recuerdos de mi Tierra” es uno de los mejores discos de rock progresivo que se han hecho en España. Pertenece a los cordobeses Mezquita, banda que tiene su origen a finales de 1969, cuando José Rafa García (guitarra, voz), Randy López (bajo, voz), Rafael Zorrilla “El Pelucas” (batería) y Paco “Roscka” López (teclados), éste último incorporado algo después, crearon un grupo de rock llamado Expresión. Ensayaban en el céntrico barrio de Los Patios de San Francisco de su ciudad natal, aunque durante un período vivieron en Madrid; fue entonces cuando los descubrió el Mariscal Romero, quien incluso les llegaría a grabar una maqueta con Eurosonic. Ya de nuevo en Córdoba, y con el servicio militar cumplido, deciden modificar el nombre del grupo por el de Mezquita y añaden nuevos sonidos, arábigo-andaluces, al hard rock progresivo que ya venían practicando. Tras estos cambios fichan por Chapa Discos para grabar “Recuerdos de mi Tierra“, un álbum muy cuidado, con portada de Máximo Moreno, habitual en los trabajos de Triana, y arreglos de José Juan Almela, músico del departamento artístico de Zafiro. Publicaron un segundo álbum en 1981, titulado “Califas del rock”, también muy interesante aunque, en mi opinión, no tanto como el primero, tal vez porque trataron de ajustarse (o ajustarlos) a lo que tenía tirón en aquella época: Barón Rojo y Obús; de hecho, mientras que su primer trabajo recuerda a Triana y a Medina Azahara, el segundo se acerca más a la propuesta de estos últimos. Tras este disco se separaron; en palabras de Randy López, “preparamos un tercer disco que nunca llegó a grabarse por el poco interés de la discográfica en invertir en rock, ya que fue en aquella época cuando llegaron los modernos a Madrid y se cargaron todo lo que con mucho trabajo habíamos conseguido los rockeros” (Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 437). Aunque “Recuerdos de mi Tierra” merece una escucha en su totalidad, os recomiendo el corte que da nombre al disco, una pieza fabulosa, llena de cambios, como si en siete minutos y medio hubieran querido resumir una suite progresiva de veintitantos minutos; a destacar toda la instrumentación y la evocadora parte cantada, que comienza hacia el minuto cinco.