John Miles. “You Have it All”

Cuando Alan Parsons decidió publicar su primer disco junto con el músico Eric Woolfson, bajo la denominación grupal de The Alan Parsons Project, ya era un reputado ingeniero de sonido, con un importante currículum en su haber, conseguido gracias a su trabajo en estudios de grabación como EMI o Abbey Road, y a la labor desarrollada, como ingeniero y productor, con músicos como Al Stewart, The Beatles o Pink Floyd, en este último caso su aportación resultó fundamental en el clásico de pop-rock sinfónico “The Dark Side of the Moon” (1973). De este fascinante álbum de debut, titulado “Tales of Mystery and Imagination” (1976), nos hemos ocupado en una entrada anterior, en la que recomendábamos una de las canciones interpretada por John Miles. Este cantante, compositor, guitarrista y teclista británico acababa de firmar un contrato de grabación con el sello Decca, después de que diera sus primeros pasos musicales con el grupo local The Influence. Nada más llegar a los estudios de grabación de Abbey Road le presentaron a Alan Parsons, con quien debió congeniar bastante bien, ya que intervino, como cantante, en el mencionado “Tales of Mystery and Imagination”, así como en otros álbumes suyos, como “Pyramid”, “Stereotomy”, “Gaudí” o “Freudiana”. Por supuesto, Alan Parsons produjo el primer álbum de John Miles, titulado “Rebel” (1976), con esa portada que quizás recordaréis, en la que se ve a este músico posando con una escopeta en los hombros, como si fuera el mismísimo James Dean, el rebelde por excelencia.

Rebel” es un disco excelente, con canciones que se sitúan entre el pop-rock y el rock melódico, una producción muy cuidada en la que abundan las guitarras, los teclados y los arreglos orquestales; un disco grandilocuente, épico y apoteósico que, en mi opinión, deberíais escuchar, estoy seguro que pasaréis un buen rato. La canción más conocida es “Music”, un emocionante homenaje a la música que, a menudo, ha eclipsado al resto de las canciones de este álbum y, por supuesto, la posterior carrera de John Miles, más conocida y valorada por sus colaboraciones con otros artistas, como Tina Turner, Jimmy Page, Joe Cocker o Alan Parsons, que por su discografía en solitario. Como probablemente muchos de vosotros conoceréis el tema “Music”, os voy a recomendar otro, el titulado “You Have it All”, no menos épico que «Music», con un cierto regusto progresivo y un ampuloso final, en el que la orquesta da paso a una apoteosis instrumental con guitarras, sintetizadores y percusiones latinas. En este vídeo, del año 1976, podéis ver una interesantísima interpretación de esta canción a cargo de John Miles, mucho más rockera y sin arreglos orquestales.

The Pretenders. “Don’t Get Me Wrong”

En la entrada dedicada a la canción “Kid”, donde aludíamos a los tres primeros discos de la formación británica The Pretenders y al liderazgo de Chrissie Hynde, definíamos su estilo como un rock melódico, cercano al pop-rock, hecho en tiempos de new wave y punk, movimientos musicales también presentes en este grupo, aunque a menudo de manera más estética que musical. Su cuarto álbum se tituló “Get Close”; fue publicado a finales de 1986, después de unas sesiones de grabación un tanto dispersas, en las que intervinieron músicos diferentes en cada una de ellas. Además de los característicos sonidos de la banda, en este Lp también se aprecia un cierto aire funk en algunas canciones, tal vez debido a la procedencia estilística de algunos de los músicos estadounidenses que intervinieron en la grabación del álbum; en este sentido, véanse, por ejemplo, los temas “Dance”, “How Much Did You Get for Your Soul?” o “Room Full of Mirrors” (de Jimi Hendrix). Yo destacaría especialmente otras tres canciones: “My Baby”, la balada “Hymn to Her” y la que hoy nos ocupa, “Don’t Get Me Wrong”, comercializada como single y, a la postre, uno de los éxitos más reconocibles de Pretenders.

Según ha manifestado Chrissie Hynde, escribió esta melodía pensando en John McEnroe; ella no era aficionada al tenis, pero McEnroe solía acudir a sus conciertos y llegó a mantener una relación muy amigable con la banda. Cuando se retiró de las canchas, decidió convertirse en guitarrista; aprendió de amigos como Eddie Van Halen y Eric Clapton e incluso llegó a formar su propio grupo (The Johnny Smyth Band), a escribir canciones y a dar conciertos (él cantaba y tocaba la guitarra); el círculo se cerró en 2014, cuando tuvo la oportunidad de grabar una canción (“A Plan Too Far”) en el primer álbum en solitario de Chrissie Hynde.

Volviendo a “Don’t Get Me Wrong”, la líder de Pretenders reconoció que escribió la canción en un avión, y que la inspiración le llegó cuando oyó el anuncio de bienvenida de la compañía aérea por los altavoces: “Dong-dong-dong-dong … Wellcome to British Airways”. La letra de este tema recoge, con un poco de ironía, esa sensación que se tiene cuando estás enamorado de alguien que te deslumbra y te hipnotiza, mientras él o ella se mantiene impasible, como si toda esa explosión de sentimientos del otro le dejara indiferente. El vídeo oficial de esta canción, con el que encabezamos la entrada, es un homenaje a la serie británica de televisión “Los Vengadores”, que se emitió entre 1961 y 1969. Aquí podéis ver a los Pretenders interpretando este tema, en una actuación de la época y, para finalizar, os dejo algunas versiones, en concreto las de Lily Allen, The Pharaohs, Berk & The Virtual Band y Hilda Lizarazu.

Asia. “Heat of the Moment”

A los músicos, como a casi todo el mundo, les gusta el dinero, pero probablemente más aún sentirse vivos, admirados y queridos. A finales de la década de 1970, ir con pantalones de campana y melenas, mientras se ejecutaban complejas piezas musicales que formaban parte de sesudas obras conceptuales, no parecía algo que estuviera ya de moda; entonces se llevaban las camisetas de tirantes rotas, los peinados de colores con crestas y las canciones hechas con dos acordes y mensajes tan eruditos como “Never Mind the Bollocks”. Del final de la época dorada del rock progresivo hemos hablado en entradas anteriores; el punk arremetió contra este estilo de manera inmisericorde, por considerarlo elitista, pretencioso, poco divertido y, también, porque se pensaba que habían convertido al viejo R&R en un monstruo, que ya en nada se parecía a aquellas composiciones, sencillas y vitales, de los pioneros de este estilo. En este contexto de desmantelamiento del rock progresivo, cada grupo y cada músico de este género intentó hacer lo que buenamente pudo; algunos, como los protagonistas de nuestra entrada de hoy, decidieron refugiarse en el AOR, un estilo con mucho tirón popular en aquella época, que aún siendo muy comercial, conservaba algunas de las viejas esencias del hard rock y el rock sinfónico de los años setenta.

Cuando dos miembros de Yes (Steve Howe y Geoff Dones), uno de King Crimson (John Wetton) y otro de Emerson, Lake & Palmer (Carl Palmer) se unieron, en 1981, para formar un nuevo grupo llamado Asia, muchos aficionados al rock progresivo pensaron que este supergrupo salvaría al género y le pondría en el lugar que merecía; nada más lejos de la realidad, el primer disco de esta banda (“Asia”, 1982) era un álbum de AOR bastante comercial, que disgustó tanto a estos seguidores como gustó al gran público. De la vieja esencia de Yes, King Crimson y ELP quedaba poco más que la portada, diseñada por el artista de cabecera de Yes: Roger Dean. Para desesperación de los “progresivoadictos”, fue un gran éxito de ventas, en particular el tema titulado “Heat of the Moment”, con el que se iniciaba el álbum, compuesto por John Wetton y Geoff Downes. Con la perspectiva que nos ofrece el tiempo, y ya sin los condicionamientos y prejuicios de la época, sólo hay que escuchar el disco una vez (aquí lo podéis hacer) para darse cuenta de que es un excelente trabajo, como también lo fue su segundo Lp (“Alpha”, 1983), que recoge otro de los clásicos de esta ya longeva formación: “Don’t Cry”, al que también dedicamos una entrada hace tiempo. Finalizo con un pequeño guiño a mi admirado Steve Howe; no os perdáis este directo de 1983, en el que sobresale un excelente solo de guitarra de este músico.

Fleetwood Mac. «Go Your Own Way»

Fleetwood Mac es una de las mejores bandas de blues-rock que ha dado el Viejo Continente; de su origen, ligado a otro de los grupos más importantes de british blues (John Mayall & The Bluesbreakers), y de sus primeros discos durante la década de 1960, ya hemos hablado en entradas anteriores, en especial en la dedicada al tema “Like it this Way”. Tras tres excelentes discos de estudio, Peter Green (guitarrista, cantante y líder del grupo) abandonó Fleetwood Mac al agravarse sus problemas mentales con el consumo de drogas alucinógenas. Es el principio del fin para esta banda de blues-rock que, durante la primera mitad de los setenta trató de redefinir su estilo a medida que entraban y salían músicos del grupo. En 1975 publicaron su décimo álbum de estudio, que titularon “Fleetwood Mac”, una manera de comunicar a todos sus seguidores que empezaban de cero con un nuevo proyecto, con un nuevo sonido y con nuevas incorporaciones; de la formación original sólo quedaban el batería Mick Fleetwood y el bajista John McVie, a los que se sumaron Christine McVie (teclados, voz) -que ya había trabajado en discos anteriores-, Lindsey Buckingham (voz, guitarras) y Stevie Nicks (voz).

El rock melódico, cercano al AOR y el pop-rock, de este disco fue perfeccionado en el siguiente, “Rumours” (1977), un álbum imprescindible, que todos los aficionados a la música deberían conocer. Sin embargo, este excelente álbum, probablemente el mejor de los Fleetwood Mac más conocidos por el gran público, fue grabado en unas circunstancias muy adversas, con casi todos los miembros de la banda inmersos en peleas y conflictos sentimentales; Mick Fleetwood se había dado cuenta que su mujer, Jenny Boyd (hermana de Pattie Boyd), le había sido infiel; de otro lado, la pareja formada por John y Christine McVie acabó divorciándose después de ocho años de convivencia, de tal manera que no se hablaban más allá de lo estrictamente necesario por motivos profesionales; y, para no ser menos, la otra pareja del grupo (Lindsey Buckingham y Stevie Nicks) también estaban rompiendo su relación, convirtiendo en algo normal las peleas entre ellos. A este polvorín sentimental se unieron las drogas y los excelsos alcohólicos, las fiestas interminables y un largo proceso de grabación que dio lugar a todo tipo de rumores y noticias falsas, lo que incrementó aún más el desasosiego y la incertidumbre en torno a este disco. Visto el resultado final, es evidente que estas circunstancias fueron, precisamente, las que generaron este sincero y apasionado disco, con letras sobre sus respectivos problemas sentimentales envueltas en una cubierta musical pop, aparentemente desenfada, que contrasta con lo que se cuenta en las canciones.

Casi cualquier tema de este disco podría haber sido merecedor de protagonizar este post: “Don’t Stop”, “Dreams”, «You Make Loving Fun”, “The Chain”, etc.; me quedo con “Go Your Own Way”, compuesto y cantado por Lindsey Buckingham, cuyas virtudes musicales han sido bien destacadas por el compañero Antonio Chico en su blog Música y Oxígeno:

“Y es la música lo que convierte a Go Your Own Way en una canción tan memorable pues une la melancolía de su letra con un ritmo dulce y enérgico que la vuelve contagiosa. El bajo de John McVie es profundo y vibra mientras Mick Fleetwood golpea los tambores de su batería con un ritmo casi tribal, las guitarras de Lindsey Buckingham son claras y abiertas y su solo se escucha expresivo, la melodía es llevada en un órgano Hammond por Christine McVie y Stevie Nicks aporta los coros en conjunto con la voz principal de Buckingham”.

En la letra de esta canción (aquí la tenéis en inglés y español) Buckingham nos habla de cómo fue el final de su relación con Stevie Nicks, una mezcla de amor, nostalgia y rencor que no gustó nada a Stevie Nicks y, a pesar de ello, fue la encargada de hacer los coros. De entre las versiones existentes de esta melodía, os dejo con las realizadas por el propio Lindsey Buckingham y la, muy conocida, a cargo de los irlandeses The Cranberries.

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Kansas. “Dust in the Wind”

Allá por marzo de 2015 os hablaba de Kansas, una de las mejores bandas que ha dado el rock sinfónico estadounidense. Fue creada a comienzos de los setenta y grabaron su primer álbum de estudio (“Kansas”) en 1974, ya con la formación que acabaría consolidándose como la clásica de este grupo: Kerry Livgren (guitarra, teclados), Steve Walsh (voz, teclados), Robby Steinhardt (violín, voz), Rich Williams (guitarra), Dave Hope (bajo) y Phil Ehart (batería). Entonces comentábamos que el sonido de Kansas -en el que destacan las guitarras, la voz solista, el violín y los arreglos sinfónicos- está influenciado por los grandes grupos británicos de rock progresivo, pero también tienen una herencia americana muy marcada, especialmente visible a través de elementos procedentes del hard rock, el blues-rock y el rock sureño, muy presentes en esta formación. A pesar de que la obra de Kansas es elaborada y compleja, algo especialmente notorio en sus primeros álbumes, estamos ante un grupo más conocido por las baladas y el rock melódico tipo AOR que por su faceta progresiva, al menos entre el público más numeroso. Esta situación ha sido propiciada, en gran medida, por dos canciones especialmente exitosas: “Carry On Way Ward Son”, incluida en su cuarto álbum de estudio (“Leftoverture”), del que ya nos hemos ocupado en la entrada que mencionaba líneas arriba, y “Dust in the Wind”, uno de los temas más reconocibles del rock, que formó parte del siguiente Lp: “Point of Know Return” (1977), un excelente trabajo de rock sinfónico -tal vez el mejor de Kansas, aquí tenéis una interesante reseña-, en el que esta canción es la excepción en cuanto a sonido y planteamiento musical.

Según ha manifestado su autor, el guitarrista Kerry Livgren, la música surgió al tratar de componer una línea de guitarra con la que aprender la tradicional técnica del fingerpicking; a su esposa le gustó, por lo que le sugirió a Kerry que escribiera una letra para esa melodía. El texto, una reflexión sobre el destino y la inevitabilidad de la muerte, con reminiscencias bíblicas, surgió tras la lectura de un libro de poesía nativa norteamericana, en el que se incluía la frase: “for all we are dust in the wind”. Pese a no ser algo habitual en esta banda, “Dust in the Wind” se grabó como melodía acústica con las guitarras sonando a la vez, así consiguieron un sonido reverberado que se mantiene a lo largo de toda la canción, acompañando a la voz solista y al característico solo de violín de esta inmortal melodía. Aquí os dejo una interpretación en directo de “Dust in the Wind” y, para finalizar, algunas versiones, en concreto las debidas a Scorpions, The Moody Blues y la violinista española Judith Mateo.

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