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Tom Jones / Alex Harvey Band / Bruce Dickinson / “Delilah”

El año pasado, con motivo del encuentro de rugby entre las selecciones de Gales e Inglaterra, se retomaba la polémica en torno a la canción “Delilah”, himno de algunos equipos de fútbol británico, como el Stoke City, y una de las canciones más tarareadas en los campos de rugby y en otros eventos deportivos. El político laborista Chris Bryant llegó a decir que “está comprobado que cuando hay partidos internacionales de rugby y, a veces de fútbol, aumenta drásticamente el número de incidentes de violencia doméstica. Yo también he cantado Delilah. No obstante, es la hora de cambiarla por cualquier otra canción” Un par de años antes, Dafydd Iwan, cantante y presidente del Partido de Gales, se manifestaba en el mismo sentido: “es de lamentar que el texto que cuenta el asesinato de una mujer se haya elevado a la categoría de segundo himno nacional [de Gales]”. “Delilah” fue compuesta por Les Reed, Barry Mason y Whitinghan Sylvan, tomando como inspiración la historia bíblica de Sansón y Dalila; narra el crimen cometido por un marido celoso cuando descubre que su mujer le es infiel; el relato es el clásico que, tradicionalmente, han venido utilizando muchos de los hombres que cometen delitos de este tipo, poniendo como excusa el crimen pasional, que han perdido la cabeza o, como sucede en esta melodía, piden perdón a la víctima una vez asesinada. “Dalilah” fue publicada como single, en 1968, por el galés Tom Jones, y bien podría decirse que fue la canción que lanzó su carrera como cantante profesional. Cuando este tema llegó a España se tergiversó la letra, de tal manera que cuando la canción dice algo así como “Sentí el cuchillo en mi mano y ella dejó de reír”, nuestros guardianes franquistas de las buenas costumbres lo tradujeron como “Sentí su cuchillo de la traición en la mano, clavándolo en mi corazón”.

Existen unas cuantas versiones de este tema, sobre todo en el ámbito del pop y de la canción melódica, aunque también hay unas cuantas interpretadas por grupos de rock, que son las que hoy van a protagonizar la alternativa sonora en este día de versiones; es el caso de Paddy Goes To Holyhead, de los metaleros Leningrad Cowboys, de los góticos Inkubus Subkkubus, de los punk-celta Flogging Molly o de los metaleros alternativos Faith No More. Casi todas las versiones rock son un tanto gesticulantes y exageradas, a veces incluso hilarantes, para algunos divertidas, para otros sencillamente ridículas; los dos vídeos que acompañan al original de Tom Jones son partícipes de esta circunstancia (si os queréis reír un buen rato, aconsejo que no os los perdáis): en el primero podemos ver a la banda de Alex Harvey (a partir del minuto 2:20 la cosa se pone realmente grotesca) y en el segundo a Bruce Dickinson, vocalista de Iron Maiden, en un programa de televisión creo que irlandés. Para finalizar, os dejo con un bonus track en este mismo sentido, esta vez en español (con letra propia) a cargo de La Orquesta Mondragón.

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Iceberg. “La Flamenca Eléctrica”

El rock progresivo que se hizo en España durante la década de los setenta es, en líneas generales, el gran desconocido de nuestra música popular, a pesar de su innegable calidad y del enjambre de músicos y grupos que conformaron este colectivo; véase sin ir más lejos el texto de Antonio José Barroso Rivera*, una herramienta fundamental para todo aquel que desee zambullirse en este asunto. La mayor parte de estas bandas publicaron, en el mejor de los casos, uno o dos álbumes, otras veces sólo singles y, a menudo, ni siquiera llegaron a comercializar ninguno de sus materiales. Iceberg, el grupo protagonista de esta entrada, fue una excepción puesto que publicó cinco Lps y gozó del favor del público, incluso –según he podido leer– llegó a tocar en el popular concurso de televisión “Un, dos, tres… responda otra vez” (lástima que no haya podido encontrar el vídeo …) Bien podría decirse que forman parte de la segunda generación del rock progresivo catalán, los que tomaron el testigo de bandas como Pan y Regaliz, Evolution, Maquina!, OM, Tapiman, Pau Riba, Música Dispersa o Fusioon. Iceberg estuvo activo entre 1975 y 1979; buena parte de los músicos que fundaron esta banda lo hicieron cuando trabajaban a las órdenes de Tony Ronald o de Luis Aguilé; el quinteto inicial estaba formado por Max Sunyer (guitarra), Josep Mas “Kitflus” (teclados), Primi Sancho (bajo), Jordi Colomer (batería) y Ángel Riba (voz, saxo y guitarra rítmica). Con esta formación grabaron su primer disco, “Tutankhamon” (1975); el siguiente (“Coses Nostres“, 1976) fue totalmente instrumental; el tercero (“Sentiments”, 1977) ya se grabó como cuarteto, al abandonar el vocalista Ángel Riba; los dos últimos discos fueron “En Directe” (1978) y “Arc-en-ciel” (1979). Kitflus se fue con Serrat –de esta colaboración ya hemos dado cuenta en otra ocasión– y Max Sunyer, tal y como él mismo ha señalado,

“estaba [ya] harto de tirar del carro (…) Necesitábamos ideas nuevas, nuevas posibilidades y en cambio sentíamos que nos repetíamos. Si os fijáis en el último disco de Iceberg, la mayoría de los temas los compuse yo”**.

En 1982, Max Sunyer y Kitflus volverían a unirse para crear otra excelente banda: Pegasus, aún más volcada hacia el jazz que Iceberg. El tema que he elegido para presentar a este gran grupo es “La Flamenca Eléctrica”, perteneciente a su Lp “Coses Nostres“, un disco que comenzaba con “Prelui i Record“, la sintonía del magacín televisivo Popgrama (1977-1981). En mi opinión, “La Flamenca Eléctrica” representa muy bien lo que fue el estilo de esta banda: un rock progresivo de extraordinaria calidad, volcado hacia el jazz-rock, con influencias de bandas como la Mahavishnu Orchestra o Weather Report. Uno por uno, cada uno de los músicos representan a lo mejor del rock y el jazz-rock hecho en España, en especial Max Sunyer, un guitarrista con una técnica, una sensibilidad y un gusto musical a la altura de los mejores en su estilo, véase John McLaughlin, Pat Metheny, Al Dimeola, Larry Coryell o John Scofield.

* Barroso Rivera, Antonio José. Enciclopedia de la música progresiva en España. 2002, y aún … una Odisea. Castellar de la Frontera: Castellarte, 2007.
** Consultado en: Gómez-Font, Álex. Barcelona, del rock progresivo a la música layetana y Zeleste. Lleida: Milenio, 2011, pág. 133.
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Hot Tuna. “Keep On Truckin”

Hot Tuna es una banda californiana, aún en activo, creada en 1969 como proyecto paralelo de Jefferson Airplane. Sus fundadores fueron Jorma Kaukonen (guitarra, voz) y Jack Casady (bajo, voz) que, como divertimento, comenzaron a realizar actuaciones en directo cuando su calendario de giras con Jefferson Airplane lo permitía. A ellos se unió Will Scarlett (armónica) y, de esta manera, en formato trío, grabaron su primer disco (“Hot Tuna”, 1970) con temas tocados en vivo, melodías tradicionales americanas, canciones compuestas por Jelly Roll Morton, por el reverendo Gary Davis y temas del propio Kaukonen. La idea inicial de Hot Tuna era poder expresar en directo lo que no podían hacer en una banda de rock psicodélico como Jefferson Airplane: un blues acústico, impregnado de folk y country, con unas gotitas de esencia psicodélica. A estas actuaciones en locales, entre finales de los sesenta y principios de los setenta, se sumaron otros músicos como el batería Sammy Piazz, el violinista Papa John Crach y otros compañeros de Jefferson Airplane. El siguiente disco se tituló “Firs Pull Up, The Pull Down” (1971) y el tercero “Burgers“, publicado el mismo año en el que la banda madre se disolvía. Con los siguientes discos el sonido de Hot Tuna se fue electrificando y endureciendo, hacia estilos como el blues-rock y el hard rock. “Keep on Truckin'” es un tema tradicional que tuvo su primera grabación en 1936, bajo el título de “Trackin’ My Blues Away“, a cargo del bluesman Blind Boy Fuller, y algunas más a lo largo de la década de los sesenta, como las de Baby Tate, Mance Lipscomb o Donovan, ésta última publicada en su primer álbum (“What’s Bin Did and What’s Bind Hid”, 1965). Volviendo a Hot Tuna, ésta es la grabación de estudio que hicieron de este tema, la incluida en su Lp “Burgers“; sin embargo, he preferido encabezar esta entrada con una excelente interpretación en directo, de 1988, en el Fillmore Auditorium de San Francisco; en el vídeo podemos ver, de izquierda a derecha, si no me equivoco, a Papa John Creach y, sentados, a Paul Kantner (guitarra), Jack Casady (bajo) y Jorma Kaukonen (guitarra).

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Billie Holiday / Sinéad O’Connor / Björk . “Gloomy Sunday”

“Gloomy Sunday” es uno de los temas más conocidos de Billie Holiday, una canción lúgubre que habla de alguien que ha perdido a su amante y se plantea acompañarlo en su triste final. Esta melodía ha dado lugar a una serie de leyendas urbanas, relacionadas con fallecimientos producidos debido a un irresistible deseo suicida tras escuchar la canción. Tal y como nos cuentan Héctor Sánchez y David Sánchez en su libro Paul está muerto y otras leyendas urbanas del rock (Madrid: errata naturae, 2014), “Gloomy Sunday” fue compuesta por el músico húngaro Rezsö Seress y el poeta de la misma nacionalidad László Jávor. En 1936, tres años después de que se escribiera este tema, Hungría tuvo que hacer frente a una ola de suicidios, diecisiete personas en apenas unos meses; en algunas de las notas que se encontraron junto a los cadáveres aparecían escritos los versos de “Gloomy Sunday”, incluso la partitura; otras veces las víctimas morían después de escuchar esta melodía. Incluso la novia de László Jávor, a quien éste le dedicó la canción, se quitó la vida dejando una nota junto al texto de la canción. “La canción húngara del suicidio” llegó a los Estados Unidos en 1936, a través de una adaptación de Sam M. Lewis; la Hal Kemp Orchestra realizó la primera grabación, aunque quien la popularizó fue Billie Holiday, en 1941, dando lugar a una nueva epidemia de suicidios. El tema llegó a prohibirse en las emisoras de radio norteamericanas, de la misma manera que había sucedido en Hungría. La leyenda de “Gloomy Sunday” se consolidó en 1968, cuando uno de los compositores de la canción, Rezsö Seress, saltó al vacío desde el balcón de su apartamento en Budapest, probablemente víctima de su propio éxito, atado a una partitura que maniató su creatividad hasta que decidió acabar con su vida. En cuanto a la leyenda, conviene hacer algunas aclaraciones; los suicidios de Hungría seguramente se debieron a la depresión económica en la que estaba sumida el país, al hambre y a la pobreza; de las que ocurrieron en EE.UU., adjudicadas a la versión de Billie Holiday, poco o nada se ha podido saber al respecto; en cuanto al suicidio de la novia de Jávor, hay quien opina que fue precisamente este hecho el que desencadenó la redacción de la letra de la canción. Tras la versión de Billie Holiday, otros artistas se animaron a hacer suyo este tema: Sarah Vaughan, Elvis Costello, Carmen McRae, Anna Black, Ray Charles, Sarah McLachlan, Heather Nova, Diamanda Galás, Portishead, etc. No es fácil competir con Billie Holiday, por lo que he tenido que recurrir a cantantes con mucha fuerza y personalidad; el segundo vídeo está protagonizado por la irlandesa Sinéad O’Connor, la versión pertenece a su álbum “Am I Not Your Girl?” (1992); y el tercero a la islandesa Björk, que eligió este tema para el disco colectivo en directo “Stormy Weather” (1998).

Concierto de Vargas Blues Band. Fernán Gómez Centro Cultural de La Villa. Madrid, 21-XI-2017

Vargas-Blues-Band

A Javier Vargas lo llevo escuchando desde que publicó sus primeros discos: “All Around Blues” (1991) y “Madrid-Memphis” (1992), álbum éste último del cual ya hemos hablado a propósito del tema titulado “Del Sur”; sin embargo, por unas razones o por otras, nunca lo había visto en directo hasta el pasado martes, con motivo del Festival Internacional de Jazz de Madrid (JazzMadrid), un evento al que ya acudí el año pasado, concretamente al concierto de Madeleine Peyroux, y que, año a año, va adquiriendo consistencia y calidad, como puede comprobarse en el listado de actividades y en el programa impreso, que cada vez es más voluminoso y detallado.

Cuando me enteré de la sala en la que tocaría la Vargas Blues Band me quedé un poco extrañado: la Sala Guirau del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, un teatro con los asientos probablemente más cómodos y lujosos de todo Madrid; inmediatamente pensé que era un lugar ideal para el jazz, la música clásica o la canción melódica pero tenía mis dudas al respecto de que fuera adecuado para una banda de blues-rock latino. En cualquier caso, allí estábamos, embutidos en aquellos super-butacones, los habituales en estos saraos: Marta, Begoña, mi hermano Carlos y yo mismo, rodeados de un público que parecía querer mimetizarse con esta exquisita y placentera sala, como si fueran a juego con los carísimos sillones, en los que más de uno ya se estaba empezando a quedar dormido antes de empezar el concierto. Por un momento pensé que muchos se habían equivocado de sala y que iba a ocurrir una catástrofe cuando los decibelios de la Vargas Blues Band hicieran acto de presencia. Por supuesto, en este tipo de conciertos no hay cerveza ni bocadillos; se empieza puntual y se acaba a la hora prefijada; no se permiten fotos ni vídeos; se aplaude, pero no se suele gritar ni silbar; y te acompañan a tu asiento, como en la Ópera o como se hacía antiguamente en los cines de estreno.

Cuando empezaron a tocar me quedé más tranquilo; comenzaron de manera muy suave, como queriéndose, también ellos, adaptar al local y al público, con temas de corte latino (algunos de su último álbum, “Cambalache & Bronca”) y varias baladas de guitarra. Y tampoco sonaban a gran volumen (es evidente que esto lo habían pactado con la organización, algo que me confirmaron luego) por miedo a que la acústica de la sala se volviera contra ellos; sin embargo, la solución hizo que las guitarras sonaran con algunos ruidos de fondo cuando el volumen era bajo y los tonos graves. De hecho, al menos desde mi punto de vista, y aunque resulte paradójico, sonaron mejor los temas potentes y cañeros -como las versiones que hicieron de “Sunshine of Your Love” o de “Chill Out (Sácalo)”- que los más tranquilitos. Aunque en el programa del Festival figuraban cuatro músicos, lo cierto es que el teclista Giovanni Romano no estuvo en el concierto; a Javier Vargas, a la guitarra, le acompañaron Peter Kunst (batería, voz) y Luis Mayol (bajo, guitarra y voz). Luis Mayol, con un timbre que en algunos momentos nos recordaba al de Santiago Auserón (Radio Futura), llevó el peso vocal en la mayoría de las canciones; comenzó un tanto impreciso pero fue de menos a más, como si el concierto se le hubiera quedado corto; Peter Kunst, en cambio, estuvo más regular, aunque su participación como cantante se limitó a los temas más rockeros. Lógicamente, Javier Vargas fue el que llevó el protagonismo con su guitarra, deleitándonos con su técnica, sus recursos, su sentimiento y su pasión por el blues, el rock y los ritmos latinos; mientras lo escuchaba pensaba en Santana, en cual podría haber sido la evolución del mexicano si en lugar de arregostarse al éxito fácil hubiera continuado haciendo discos como los que publicó en los años sesenta y setenta.

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Como comentaba antes, no pudimos hacer fotos ni vídeos durante el concierto, sin embargo en esta entrada hay varias fotos (las podéis ver un poco más arriba, en forma de mosaico) y un vídeo tomados desde el backstage, y varias sorpresas más de esas que no olvidamos los aficionados a la música. Como podéis comprobar, Marta y yo tuvimos el privilegio de hacernos una foto con Javier Vargas quien, además, nos regaló una púa y un autógrafo firmado en el letrero de su camerino. Obviamente, nada de esto hubiera sido posible sin la intermediación de los organizadores de este Festival; muchísimas gracias, Sheila, por esos obsequios que alimentan y estimulan nuestra pasión por la música.

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