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Yes. “Roundabout”

Hace cuatro años me ocupaba de “Fragile” (1971), uno de los mejores álbumes de Yes, el primero de su época dorada, ya con Rick Wakeman a los teclados y Roger Dean en los diseños de portada, con esa estética Tolkien tan característica iniciada con una trilogía visual en la que, según nos cuenta Víctor Paraíso (Yes. Mas allá del abismo. Madrid: T&B, 2013; págs. 47-48), quiso mostrar “las aventuras de los habitantes de un planeta al borde de la destrucción” (“Fragile”), el mismo planeta en fragmentación (“Close to the Edge”) y allí “donde la nave espacial encuentra un nuevo lugar donde vivir” (“Yessongs”). En aquella entrada proponía el tema de Steve Howe “Mood for a day”, en ésta me gustaría recordar la melodía con la que se inicia el disco, “Roundabout”, una de las más conocidas de Yes y habitual en sus conciertos, una de las piezas imprescindibles del rock progresivo. Son ocho minutos y medio soberbios, en los que se entrelazan todos los instrumentos como pocas veces se puede escuchar en el ámbito del rock, apoyándose unos en otros de una manera exuberante y armónica; siempre tengo presente este tema cuando escucho ciertas composiciones abigarradas, en las que los instrumentos parecen amontonarse en lugar de fluir con arte y elegancia. “Roundabout” está plagado de momentos mágicos: la inolvidable intro de guitarra de Steve Howe (en este vídeo enseña cómo tocarla), apoyada en el teclado enigmático y misterioso de Rick Wakeman; la inconfundible voz de Jon Anderson narrándonos la historia; el poderoso bajo de Chris Squire, una de las señas de identidad de esta canción y de todo el álbum; las percusiones de Bill Bruford, en ocasiones como si se tratara de tambores tribales (véase a partir del minuto 3:23); o el trabajo virtuoso de Howe a las guitarras y Wakeman a los teclados, con un momento especialmente brillante (a partir del minuto 5:51), en el que ambos se lucen en un duelo magistral. “Roundabout” es obra de Jon Anderson y Steve Howe; la letra está inspirada en un viaje de Yes a Escocia, cuando promocionaban “The Yes Album” (1971). Al parecer, encontraron muchas rotondas en el camino (dicen que más de cuarenta); esta circunstancia, las montañas circundantes llenas de nubes, los lagos y la marihuana que había fumado Jon Anderson, fueron el punto de partida de esta canción, aunque Peter Banks (el guitarrista que antecedió a Steve Howe en Yes) ha comentado en alguna ocasión que el riff de guitarra había sido ideado por él antes de que la banda lo grabara. Acabo con la versión incluida en el álbum en vivo “Yessongs” (1973), con otra de la misma época en la podéis ver a los músicos y con una algo más moderna, de 2004, una interpretación acústica con cierto aire de jazz.

La Guitarra de las Musas cierra por vacaciones. Este año pasaré unos días por tierras escocesas (como decía la banda española Duncan Dhu). Por el bien de todos (veremos cómo se le da a mi hermano conducir por la izquierda …) espero que no nos encontremos con tantas rotondas y que, por el contrario, el paisaje nos inspire y reconforte. Volveremos con una nueva entrada a finales de agosto o principios de septiembre ¡Feliz verano a todos!

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João Gilberto / Dizzy Gillespie / Tuck Andress. “Manhã de Carnaval”

Orfeo Negro” (1959) es una película dirigida por Marcel Camus, con el carnaval de Río de Janeiro y el mito de Orfeo y Eurídice como protagonistas. La música fue compuesta por Antonio Carlos Jobim y otros autores, como Luiz Bonfá o Vinicius de Moraes; esta banda sonora está considerada como clave en el proceso de transmisión de la música popular y la bossa-nova brasileña a todo el mundo. Los temas más conocidos tal vez sean “A Felicidade”, de Jobim, y “Manhã de Carnaval”, compuesta por el ya mencionado Luiz Bonfá, con letra de Antõnio Maria y adaptación al inglés de Carl Signam. Si conocéis esta canción tal vez la hayáis escuchado bajo otros títulos, como “Morning of the Carnival”, la traducción al inglés del original escrito en portugués; a finales de los sesenta la cambiaron de nombre: “A Day in the Life of a Fool” (con letra de Carl Sigman), dando lugar a un buen número de versiones bajo esta etiqueta; por otro lado, también existen interpretaciones con el título de “La Canción de Orfeo Negro”, denominación que también se usa para nombrar a la “Samba de Orfeu”; en fin, que hay bastante confusión en torno a esta melodía, que muchos creen que fue escrita por Antonio Carlos Jobim debido al estilo de este músico y a su implicación en la banda sonora de “Orfeo Negro”. “Manhã de Carnaval” es una de las canciones brasileñas más conocidas en todo el mundo y de las más versionadas en diferentes estilos, aunque los mejores rendimientos se han obtenido desde el jazz. La primera versión que os propongo es la del músico y cantante brasileño João Gilberto, uno de los máximos exponentes de la bossa-nova; también es una de las más antiguas, de 1959, coetánea a las de Elizeth Cardoso o Agostinho dos Santos. En él ámbito de la música brasileña también son interesantes las versiones de Astrud Gilberto, Luiz Bonfá y Antonio Carlos Jobim, Jaime Marques (la primera que escuché) o Baden Powell. El segundo vídeo destacado pertenece a Dizzy Gillespie, con un aire latino muy adecuado para bailar; y el tercero al guitarrista Tuck Andress, que grabó este tema para su álbum “Reckless Precision” (1990). Como os decía antes, desde el jazz se han hecho versiones excelentes, véanse por ejemplo las de Stan Getz, Paquito D’Rivera, Vince Guaraldi, Paul Desmond, Freddie Hubbard, Art Pepper, Joe Harnell, Oscar Peterson o Michel Camilo & Tomatito. Si alguien quiere salirse un poco del ámbito del jazz puede probar con Joan Baez, con Paco de Lucía o con Lisa Ono.

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Bob Dylan. “Blowin’ in the Wind”

Ya lo he comentado en más de una ocasión, prefiero las versiones realizadas sobre canciones de Bob Dylan que los respectivos originales interpretados por su autor, excepto “Blowin’ in the Wind”, uno de sus temas más conocidos y versionados (habrá trescientas o cuatrocientas interpretaciones en estilos diversos), que siempre he preferido escucharlo por el propio Dylan cuando tenía veintiuno o veintidós años. Dicen que la compuso en diez minutos en un bar de Nueva York, fue en abril de 1962 y utilizó, como material de partida para inspirarse, el libro Bound for Glory, de Woody Guthrie, y una vieja canción de esclavos titulada “No More Auction Block”, algo que siempre ha reconocido Dylan, y que se hace evidente cuando comparamos ambas melodías. Fue publicada en 1963, dentro de su segundo álbum de estudio (“The Freewheelin’ Bob Dylan”), pero antes permitió que, tanto la letra como la música, fueran editadas en un par de revistas especializadas en folk: Sing Out! y “Broadside”; alguna de ellas debió caer en las manos de Lorre Wyatt, un estudiante de instituto de Nueva Jersey que, meses antes de publicarse el tema, ya lo cantaba con su grupo The Millburnaires. La revista Newsweek publicó un artículo en el que acusaba a Bob Dylan de plagio por adueñarse de una canción escrita por un estudiante; Wyatt llegó a decir que ya no podía interpretar “Blowin’ in the Wind” porque la había vendido por mil dólares, cantidad que había donado a una organización benéfica. Años más tarde, Wyatt reconoció que la historia era falsa y que, por supuesto, el autor de “Blowin’ in the Wind” era Bob Dylan (aquí podéis leer la historia con más detalle). Durante los años sesenta se convirtió en un himno del movimiento por los derechos civiles, una canción protesta que, como suele ser habitual en la obra de Dylan, no se caracteriza precisamente por su explícito mensaje; está construida en forma de preguntas retóricas en torno a asuntos como la guerra, la libertad o la paz. Esto fue lo que contó Dylan sobre “Blowin’ in the Wind” cuando dio noticia de ella en la revista Sing Out!, antes de grabarla:

“No hay mucho que decir sobre esta canción, excepto que la respuesta está soplando en el viento. No está en ningún libro o en una película o en un programa de televisión o en un grupo de discusión. Está en el viento, y está soplando en él. Muchas de estas personas me dicen dónde está la respuesta pero no voy a creerme eso. Sigo diciendo que está en el viento y al igual que un trozo inquieto de papel tiene que bajar un poco… Pero el único problema es que nadie recoge la respuesta cuando baja, por lo que no mucha gente llega a ver y saber… y luego se va volando. Sigo diciendo que algunos de los más grandes criminales son los que giran la cabeza cuando ven algo malo y saben que es malo. Solo tengo 21 años y sé que ha habido demasiados… Vosotros, gente mayor de 21, sois mayores e inteligentes”.

Ahora sí que está todo más claro, ¿verdad?

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Como os decía al comienzo de esta entrada, me encanta esta canción en la voz de un Dylan veinteañero, aunque mi opinión es bien diferente cuando uno escucha algunas interpretaciones suyas relativamente recientes que no sabría cómo calificar: con otra melodía, llenas de violines y haciendo como que canta; fijaos en éste o en éste otro vídeo ¿Sigue siendo “Blowin’ in the Wind”? ¡Ah, se me olvidaba! ¿y qué me decís de esta conocida canción de misa?

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Sui Generis. “Mr. Jones, o Pequeña semblanza de una familia tipo americana”

Sui Generis fue un grupo argentino creado en 1969 alrededor del dúo formado por Charly García (piano, guitarra acústica, voz) y Nito Mestre (flauta, guitarra acústica, voz), que se conocieron cuando realizaban sus estudios de secundaria en el Instituto Social Militar “Dr. Dámaso Centeno”, situado en el barrio del Caballito (Buenos Aires). Con Vanilla Fudge y Procol Harum como inspiración, comenzaron a hacer música hasta que, en 1972, lograron grabar su primer álbum (“Vida”) gracias al interés mostrado por Pedro Simón Bayona y el productor Jorge Álvarez, uno de los fundadores del sello independiente Mandioca. Este disco es uno de los clásicos del rock argentino, con temas –como “Canción para mi muerte”- muy conocidos en aquel país. En 1973 publicaron su segundo álbum (“Confesiones de Invierno”), con el que consolidaron su característico estilo folk-rock, con buenas letras y algunos elementos prestados de la psicodelia y el progresivo (véase, por ejemplo, el tema “Un hada, un cisne”) y del R&R, es el caso de la melodía que nos ocupa: “Mr. Jones, o Pequeña semblanza de una familia tipo americana”, una alocada canción de menos de dos minutos, con un ritmo frenético acorde a la historia que lo envuelve. “Mr. Jones …” nos presenta a una “familia muy normal” que se mata a hachazos por nimiedades domésticas, se lamentan de las manchas de sangre en el tapizado y tienen niños que comen pajaritos, perros, gatitos y otros bichos que vagan por ahí. Algo así como una parodia de una familia de la América profunda, de esas que salen en películas como “La Matanza de Texas” o en series más actuales como “American Horror Story”. Al final de la entrada os dejo la letra, una auténtica locura gestada en una Argentina dominada por la dictadura y la censura. Y aquí tenéis la versión que Los Rodríguez hicieron de esta canción para el álbum en vivo “Disco Pirata” (1992). Después de “Confesiones de Invierno”, Sui Generis publicó un disco de estudio más (“Pequeñas anécdotas sobre las instituciones”), que tuvo problemas con la censura, y un disco en directo titulado “Adiós Sui Generis, parte I & parte II” (1975), con el que se despidieron de sus seguidores. En 1987 publicaron una antología con sus mejores temas, en el año 2000 editaron un nuevo disco de estudio (“Sinfonías para adolescentes” y en el 2001 un álbum en vivo “Si – Detrás de las paredes”).

“Mr Jones abrió la puerta, vio a su madre recién muerta y la sangre del chaleco se limpió.

Guardó a su madre en el ropero, le puso más leña al fuego y el invierno muy crudo se avecinó.

Llamó a su esposa y le dijo: ‘mamá está muerta en el ropero’, ‘por supuesto, si yo la asesiné.  Ella puso mal la mesa, le hundí un hacha en la cabeza y la sangre el tapizado me manchó’ ¡Ay que pena nena!

Y Mr Jones trabajaba y su esposa asesinaba y los chicos correteaban por ahí. Se comían los pajaritos, los perros y los gatitos y otros bichos que vagaban por ahí.

Y llegó la policía con un carro y dos tranvías para toda la familia encarcelar. Yo no se por qué el sargento me lleva al destacamento, si somos una familia muy normal.”

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Booker T. & the M.G.’s / Brian Auger and the Trinity / Al Kooper & Mike Bloomfield. “Green Onions”

Motown y Stax Records probablemente fueron las dos discográficas dedicadas al soul más importantes que hubo en los años sesenta. La primera era una compañía de negros que más bien iba dirigida a un público blanco virginal, incapaz de meterse en líos o de verse involucrado en peleas callejeras, deseoso de escuchar temas pop intrascendentes, a menudo almibarados, en ocasiones incluso algo ñoños; formaron parte de la Motown bandas y solistas como The Marvelettes, Smokey Robinson, The Supremes, The Temptations, etc. Stax Records fue fundada por dos hermanos blancos (Jim Stewart y Estelle Axton), pero su corazón era totalmente negro; su alineamiento hacia el blues, el R&B y el funk nos ofrecía una propuesta más salvaje que la de la Motown, una música pensada desde las entrañas para bailar y amar, que se identificaba muy bien con el sentir de las comunidades negras más desfavorecidas; entre las formaciones más destacadas de este sello discográfico figuran Otis Redding, Sam & Dave, Isaac Hayes, Willie Dixon o Booker T. & The M.G.’s, una de las primeras bandas interraciales que hubo, quienes habitualmente se ganaban la vida como grupo de acompañamiento de otros artistas hasta que compusieron “Green Onions”. Tal y como nos cuenta Tony Soulman, esta melodía instrumental fue compuesta, en 1962, por Steve Cropper (guitarra), Booker T. Jones (órgano), Al Jackson Jr. (batería) y Lewie Steinberg (bajo) en uno de los habituales descansos que tenían cuando trabajaban como músicos de sesión; así nos lo cuenta el guitarrista Steve Cropper: “Inmediatamente supe que “Green Onions” era un hit. Fui con la grabación a ver a Reuben Washington, un DJ amigo en la WLOK, la radio de Memphis. Lo puso para escucharlo dentro del estudio, escuchó la intro y la mitad de la primera vuelta y lo detuvo sin decir nada. Lo mandó al aire … cuatro veces! Me dijo ‘Cropper, esto es lo mas funky que escuché en mi vida’”. Cuando empezaron a llamar a la radio preguntando por el título del tema, por sus compositores e intérpretes, no supieron qué decir porque, en realidad ni tenían nombre como grupo ni habían puesto título a la canción. Construido sobre una potentísima base rítmica de bajo y batería, inusual en aquella época, una agresiva guitarra y un inconfundible riff de órgano Hammond (en esta web enseñan cómo tocarlo), pronto se hizo irresistible para las versiones: Bill Justis, Tom & Jerry, The Ventures, The Surfaris, Count Basie, Jan Akkerman, Roy Buchanan, Blues Brothers, Jon Lord & The Hoochie Coochie Men, Tom Petty & The Hearthbreakers, Johnny Thunders o las dos destacadas de hoy para acompañar al original. Una de ellas, la de le Brian Auger and The Trinity, desde la psicodelia, publicada en 1965; la otra, la de Al Kooper & Mike Bloomfield en el ámbito del blues-rock, un directo recogido en el álbum “The Live Adventures of Mike Bloomfield and Al Kooper”. Para finalizar, os recomiendo que escuchéis el tema “Beat Breakfast”, del grupo Big Boss Man, recogido como “parecido razonable” por la web Similar Rock, Similar Pop.