Sting. “Fragile”

La noche del 13 de noviembre de 2015 fallecieron 137 personas y resultaron heridas 415 en una serie de ataques terroristas reivindicados por la organización yihadista Estado Islámico. La mayor parte de estas víctimas murieron en el teatro y sala de conciertos Bataclan, mientras actuaba el grupo de rock Eagles of Death Metal. La sala fue cerrada tras esta tragedia y no volvió abrir hasta un año después, el 12 de noviembre de 2016, con un concierto del británico Sting. El ex­Police comenzó su actuación con una breve reflexión, seguida de un minuto de silencio y, después, la primera canción que tocó aquella noche: “Fragile”, un tema emocionante que nos habla de la fragilidad de ser humano y de lo errado que resulta el uso de la violencia para resolver nuestros conflictos. Sting compuso “Fragile” pensando en Benjamin Linder, un ingeniero civil estadounidense abatido por la “Contra” nicaragüense, el 28 de abril de 1987, cuando se encontraba trabajando en un proyecto hidroeléctrico para suministrar energía a las zonas deprimidas del norte de Nicaragua. Esta canción formó parte de su exitoso segundo disco de estudio, “…Nothing Like the Sun” (1987), desde mi punto de vista uno de los mejores trabajos de Sting en solitario. El título tiene su origen en el soneto número 130 de Shakespeare: “My mistress’ eyes are nothing like the sun”. No sabría muy bien cómo catalogar este álbum, porque en él confluyen diferentes estilos: rock, pop, jazz, reggae, etc.; en cualquier caso, estamos ante una excelente producción, en la que podemos disfrutar del Sting más inspirado y, también, de un grupo de músicos de renombre que lo acompañaron en esta grabación: Brandford Marsalis, Gil Evans y su orquesta, Eric Clapton, Mark Knopfler, Rubén Blades, Annie Lennox o su ex­compañero Andy Summers. “…Nothing Like the Sun” está plagado de excelentes canciones, la mayor parte escritas por él, como “Fragile”, “We’ll Be Together”, “An Englishman in New York” –inspirada en la figura del exiliado británico Quentin Crisp-, “They Dance Alone” –dedicada a los “desaparecidos” de las dictaduras latinoamericas-, “The Lazarus Heart” o “Sister Moon”; además de una versión de Jimi Hendrix, el tema “Little Wing”, que contó con la colaboración musical de Gil Evans. Unos meses después de publicarse este álbum, se editó un Ep (“Nada como el sol”, 1988) con cinco cortes de “…Nothing Like the Sun”, entre ellos dos versiones de “Fragile”, una en portugués y otra en español.

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Nicky Hopkins. “Edward”

La historia del rock está llena de héroes anónimos, de músicos que, con su profesionalidad y dedicación han colaborado al engrandecimiento de este género. Algunos consiguieron saltar al estrellato en algún momento de su vida, es el caso, por ejemplo, de Jimmy Page o de los miembros del grupo Toto; otros, sin embargo, vivieron siempre al margen de la fama, arropados por el éxito de otros. El pianista inglés Nicky Hopkins fue uno de ellos. Nacido en 1944, comenzó a tocar el piano a una edad muy temprana; a comienzos de los sesenta ya formaba parte de la banda Screaming Lord Sutch’s Savages, en la que también militaron figuras del rock tan destacadas como Ritchie Blackmore, Jimmy Page, Mick Abrahams o Jeff Beck; y, más tarde, se enrolaría en una de las formaciones pioneras del R&B británico: The Cyril Davies All Stars. Sin embargo, su delicada salud –sufría de la Enfermedad de Crohn- le obligó a alejarse de las giras, comenzando así su carrera como músico de sesión. Durante los años sesenta y setenta, Nicky Hopkins trabajó para buena parte de los mejores grupos y artistas del momento: The Kinks, The Rolling Stones, The Beatles, Donovan, The Who, Jeff Beck, Jerry García, Cat Stevens, Jefferson Airplane, Steve Miller Band, Joe Cocker, Marc Bolan, etc. Ese piano que suena en algunos de los temas más conocidos de estos grupos –y de otros- es el de Hopkins, en ocasiones bien notorio, otras veces oculto o situado de manera secundaria en la canción. Aunque su contribución como músico de sesión es excepcional, también grabó algún disco en solitario, como “The Tin Man Was a Dreamer”, su segundo trabajo de estudio, para el que contó con la colaboración de artistas tan destacados como George Harrison, Mick Taylor, Bobby Keys o Jim Price. Es un disco francamente recomendable, con una producción y unos arreglos muy cuidados, que incluye temas rocanroleros (“Speed on”, “Banana Anna” o “Pig’s Boggie”), otros más orientados hacia el folk-rock (“Waiting for the Band”), baladas (“The Dreamer”) y el resto son canciones son de pop-rock con elementos psicodélicos y jazzísticos; es el caso de “Edward”, realmente la versión de un tema anterior que Hopkins escribió para el grupo psicodélico Quicksilver Messenger Service, del que también formó parte. La versión primigenia de “Edward” se titulaba “Edward, The Mad Shirt Gringer”, duraba más de nueve minutos y fue incluida en el álbum “Shady Grove” (1969).