Camarón. “La leyenda del tiempo”

La “Llave de Oro del Cante” es un galardón otorgado por el colectivo del flamenco que, desde su creación en 1868, sólo ha sido dado en cinco ocasiones: Tomás el Nitri (1868), Manuel Vallejo (1926), Antonio Mairena (1962), Camarón de la Isla (2000) y Fosforito (2005); el único que fue entregado a título póstumo fue el de Camarón de la Isla (1950-1992). Nacido como José Monje Cruz, este gaditano de etnia gitana adoptó como nombre artístico el apodo dado por un tío suyo, que le llamaba “Camarón” por su delgadez, su piel blanca y su cabello rubio. Con cinco años ya actuaba en público, a los doce ganó el primer premio del Concurso Flamenco del Festival de Montilla (Córdoba) y a los dieciséis el primer premio en el Festival del Cante Jondo de Mairena de Alcor (Sevilla). De actuar en las principales ferias de Andalucía, pasó a ser un fijo en el tablao de Torres Bermejas (Madrid), donde trabajó doce años acompañado por el guitarrista Paco Cepero; allí contactó con su paisano Paco de Lucía, con quien acabaría grabando nueve discos entre 1969 y 1977. Tras su brillante etapa junto a Paco de Lucía, se embarcó en un proyecto que terminaría revolucionando el mundillo del flamenco, aunque también sembrando el desconcierto entre el sector más ortodoxo.

El álbum se tituló “La leyenda del tiempo” (1979); en él participaron músicos tan destacados como Tomatito (guitarra flamenca), Raimundo Amador (guitarra flamenca), Jorge Pardo (flauta), Gualberto (sitar), Rubem Dantas (percusiones), Tito Duarte (percusiones) o los integrantes del grupo de rock andaluz Alameda: Manolo Marinelli (teclados), Rafael Marinelli (piano), Manolo Rosa (bajo) y Pepe Roca (guitarra eléctrica); a este excepcional plantel se unió Ricardo Pachón, tal vez el productor musical más influyente del nuevo flamenco, con importantes discos en su haber como los que realizó para Lole y Manuel, Veneno, Tomatito, Rafael Riqueni o las bandas de rock Tabletom e Imán Califato Independiente, además de haber sido mánager de Smash. Con estos mimbres era imposible crear un disco de flamenco académico, sin embargo la mayor parte de las canciones contenidas en él tienen un formato -incluso un sonido- de flamenco clásico. Entonces, ¿por qué fue tan discutido este álbum dentro del ámbito del flamenco? ¿Por qué se vendió tan poco, al menos al principio? ¿Por qué algunos se escandalizaron con este trabajo? En mi opinión, fue debido al planteamiento de algunas canciones, en las que se fusiona, de manera acertada, el flamenco con el jazz y el rock, y la voz de Camarón con guitarras eléctricas, teclados y otros instrumentos ajenos al flamenco. En este sentido, os recomiendo que escuchéis los cortes quizás más conocidos de este disco: “La Tarara”, “Nana del Caballo Grande” (prestad atención al sitar de Gualberto), “Volando Voy” y, por supuesto, “La leyenda del tiempo”, el tema con el que encabezamos esta entrada, una bambera con letra de Federico García Lorca en la que el bajo, percutiendo al comienzo de la canción, debió de horrorizar a los más puristas del género.

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Guillermo Portabales / Los Guaracheros de Oriente / Lone Star. “Al vaivén de mi carreta”

La guajira es un género musical nacido a partir de otro más antiguo, denominado punto cubano, que surgió en las regiones occidentales y centrales de Cuba en el siglo XVII; en él confluyeron elementos musicales africanos y sonidos procedentes de Andalucía y Canarias. En el siglo XVIII el punto cubano era conocido en España con el nombre de “punto de La Habana”, hacia la segunda mitad del siglo XIX fue incorporado al flamenco español a través del palo conocido como guajira. La guajira también fue utilizada en las zarzuelas, por ejemplo en “La Revoltosa” (1897) y, a finales del siglo XIX, empezó a formar parte de la música cubana. Quien refinó y popularizó este género, a partir de la década de 1930, fue el guitarrista y cantante cubano Guillermo Portabales; su estilo, conocido como “guajira de salón”, en el que predominaban las letras sobre campesinos y las melodías melancólicas y lánguidas, probablemente fuese más cercano al son y al bolero-son cubanos que a la guajira española del siglo XIX.

“Al vaivén de mi carreta” es una de las guajiras más conocidas de Guillermo Portabales. Fue compuesta por, el también cubano, Benito Antonio Fernández Ortiz, más conocido como Ñico Saquito (aquí tenéis su propia versión, un vídeo que va precedido de una breve semblanza biográfica de este personaje), creador de la agrupación musical Los Guaracheros del Oriente; si no estoy confundido, ya que el vídeo es equívoco, son los responsables de la segunda opción destacada de hoy. La letra de esta canción es un himno del campesinado cubano, habla de la vida de este colectivo y de la dureza de su trabajo cotidiano; la verdad es que varía un poco en función de la versión (Eliades Ochoa, Orquesta Aragón, Los Machucambos, Compay Segundo, Afro Cuban All Star, etc.), aunque abundan las de tipo social, protesta o reivindicativas. Un ejemplo de esto último lo tenemos en la melodía titulada “Basta Ya”, de los chilenos Quilapayun, publicada en el disco “Basta” (1969); en los títulos de crédito figura como compositor Atahualpa Yupanqui, aunque en realidad se trata de una adaptación del tema que nos ocupa, “Al vaivén de mi carreta”, con un añadido en la letra, más combativo, y una modificación de la canción en el último tramo. La tercera opción que proponemos es la del grupo de pop-rock español Lone Star, de quienes ya nos ocupamos a propósito del tema “Mi Calle”; fue publicada, en 1963, en un disco de cuatro canciones y, como podéis comprobar, es bien diferente de las interpretaciones habituales: más rápida y con un sonido eléctrico que, al menos a mí, me parece irresistible.

Buena Vista Social Club / Bebo & Cigala / Silvia Pérez Cruz. “Veinte Años”

La Revolución cubana propició el “cierre o nacionalización de tiendas de juego, clubes nocturnos y otros establecimientos asociados al estilo de vida hedonístico de La Habana”. Uno de aquellos clubs sociales que funcionaron con anterioridad al castrismo, sin duda de los más populares, fue el Buena Vista Social Club. Unos cincuenta años después de su cierre, el músico cubano Juan de Marcos González y el guitarrista estadounidense Ry Cooder decidieron crear un grupo, del que también formarían parte conocidos músicos cubanos, como Compay Segundo, Omara Portuondo o Eliades Ochoa, entre otros, algunos de ellos habituales del Buena Vista Social Club cuando éste local estaba en su pleno apogeo. Bajo la producción de Ry Cooder, se grabó un álbum en La Habana, finalmente publicado en septiembre de 1997 por la discográfica World Circuit. El grupo se presento en directo en un concierto celebrado en Amsterdam y, posteriormente, en el Carnegie Hall de Nueva York, que propició la filmación de un documental sobre estos músicos, dirigido por el cineasta Wim Wenders. El éxito de esta película dio a conocer e impulsó la música tradicional cubana en todo el mundo y, por extensión, también lo hizo con la música latinoamericana. Este histórico e imprescindible álbum está compuesto de catorce canciones, que forman parte de la historia de Cuba (aquí lo podéis escuchar). La número cuatro es la titulada “Veinte Años”, una habanera compuesta por la cantante, compositora y guitarrista cubana María Teresa Vera, aunque probablemente la letra fuera escrita por Guillermina Aramburu, una amiga de la infancia, abandonada por su esposo tras veinte años de relación, que debió entregar esta canción a María Teresa para que la cantara con el compromiso de que jamás revelaría su origen.

María Teresa Vera es una de las figuras más recordadas de la canción cubana; nacida en 1895, se dio a conocer en 1911 como cantante; aconsejada por el también cantante Manuel Corona, aprendió a tocar la guitarra y, entre 1914 y 1924, grabó unas doscientas canciones junto a Rafael Zequeira; tras su paso por este dúo, fundó el Sexteto de Occidente; dejó temporalmente la música para dedicarse a la santería y falleció en 1965. Ésta es la versión original de “Veinte Años” a cargo de María Teresa Vera y Rafael Zequeira y, a continuación, os dejo otras, como las debidas a Barbarito Díez, Fernando Albuerne, Omara Portuondo, Compay Segundo y Omara Portuondo, Mayte Martín, Marlango, Manu Chao, María Cristina Plata o Luis Frank Arias y Guillermo Rubalcaba. Para la segunda destacada de hoy he elegido la de otro excelente álbum, el que grabaron Bebo Valdés y Diego el Cigala titulado “Lágrimas Negras” (2003), ya aludido en este blog a propósito del tema homónimo. El tercer vídeo está protagonizado por la cantante Silvia Pérez Cruz -de cuya excelencia os hablé en ésta y en ésta otra entrada- y por su padre Càstor Pérez; es un documento sensacional, en el que se ve a ambos artistas improvisando la canción en el Casino de Palafrugell ante la indiferencia y la perplejidad de los parroquianos; me parece una interpretación emocionante, un instante mágico rodeado de cotidianeidad. Aquí tenéis otro directo, con mejor sonido, a cargo de los mismos intérpretes y de Alfons Carreras.

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Bonet de San Pedro / O Sister! / Twanguero (con Ara Malikian). “Rascayú”

Cada vez que leo cualquier texto sobre la censura que hubo en España durante el franquismo me imagino una serie de televisión como la de Paco León, “Arde Madrid”, una producción alocada, llena de personajes ignorantes, susceptibles y, sobre todo, muy cristianos, muy patriotas y muy decentes. Esa hipotética serie sobre la censura bien podría empezar con un señor con sotana, serio y con cara de pocos amigos, que un día como otro cualquiera de 1943 escucha por la radio una canción de Bonet de San Pedro -un mallorquín en principio inofensivo, más bien algo cursi y meloso-, con los siguientes versos:

“Rascayú, cuando mueras ¿qué harás tú? / Rascayú, cuando mueras ¿qué harás tú? / Tú serás un cadáver nada más. Rascayú, cuando mueras ¿qué harás tú”.

Nuestro protagonista lo tiene muy claro: están hablando de Franco y, además, la melodía no puede ser de peor gusto: necrofilia, enterradores, muertos escapados de la fosa, esqueletos que bailaban sardanas, muertos revolucionados y demasiado humor negro para una España sin sentido del humor. Imagino que una mente tan aguda como la de nuestro censor pensó en un posible complot para acabar con la vida del Caudillo. Por supuesto, en la España real la canción fue censurada, aunque consiguieron el efecto contrario porque “Rascayú” fue una de las melodías más populares durante el franquismo, todo el mundo la conocía y todo el mundo la cantaba.

David Bizarro, en su artículo “La negra historia de ‘Raska-yú’, una canción de difuntos”, publicada en El País Tentaciones, nos cuenta el origen de esta canción; como tantas otras, con una autoría muy discutible y un origen que se remonta a finales del siglo XIX. Aunque el autor legal de “Rascayú” es Bonet de San Pedro, ni la melodía ni la letra son del todo originales. La música puede que tenga su origen en el cortometraje animado de Betty Boop “I’ll be Glad When you’re Dead, Rascal You” (Dave Fleischer, 1932), en el que Louis Armstrong interpreta el tema que allí se escucha. Lo de la letra es aún más evidente; parece que Bonet de San Pedro debió de conocer el tema “La Boda Negra”, que el autor cubano Alberto Villalón tal vez escribió a partir de un poema homónimo del colombiano Julio Flórez o, incluso, del sacerdote venezolano Carlos Borges. “La Boda Negra” narra la historia del poeta en ciernes Francisco Caamaño de Cárdenas, que pierde a su prometida (Irene Gay) debido a la tuberculosis cuando ésta tenía diecinueve años; Francisco enterró a Irene con traje de novia y, cuando sus restos fueron exhumados tres años después, como habitualmente se hacía con las familias humildes para trasladar los restos a un osario común del cementerio, consiguió (quizás mediante sobornos) el esqueleto de su amada, que vistió y conservó con devoción y respeto, aunque finalmente tuviera que abandonar la población ante el miedo a las represalias por un posible brote tuberculoso originado por el cadáver.

Me imagino que el tono humorístico de la canción ha propiciado la existencia de versiones procedentes de diferentes géneros: Rudy Ventura, Los Gatos Negros, La Orquesta Mondragón y Bonet de San Pedro, Peret, Papawa, El Frenillo de Gaughin, Ben Trempats, etc.; algunas de ellas relativamente recientes -esa es otra de las cosas que llama la atención con esta canción-, por ejemplo, las dos versiones que hoy acompañan a la de Bonet de San Pedro: la de O Sister!, a quienes hace poco vi en directo, es de 2014, y la de Twanguero (con Ara Malikian al violín) es del año pasado (os aconsejo que no os la perdáis); por cierto, en otra ocasión os hablaré de este peculiar guitarrista que, a mi entender, merece la pena.

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Benny Moré / Antonio Machín / Huecco. “Camarera del amor”

Benny Moré (1919-1963) es uno de los grandes de la música cubana, especialmente en estilos como el bolero, el son o el mambo. Apodado “El Bárbaro del Ritmo” o “El Sonero Mayor de Cuba”, aprendió a tocar la guitarra durante su infancia, a los seis años se construyó su primer instrumento con una tabla y un carrete de hilo, y a los dieciséis ya formaba parte de un grupo. Tras ganar un concurso musical, Siro Rodríguez, del Trió Matamoros, lo descubrió al verlo actuar en un bar; poco tiempo después sustituyó a Miguel Matamoros como cantante, quien acabaría dedicándose exclusivamente a dirigir este conjunto. Estuvo de gira con el Trío Matamoros hasta que inició su carrera en solitario, en ocasiones colaborando con otros músicos como Lalo Montané (Dueto Fantasma), Mariano Mercerón y su orquesta, Dámaso Pérez Prado, Bebo Valdés o la Banda Gigante, formada por más cuarenta músicos, dirigidos por Benny Moré. Además de cantar temas propios, hizo populares los de otros compositores, como el también cubano José Dolores Sotolongo Quiñones (1918-2008), el “Filósofo del Bolero”; a él se deben canciones como “Los Aretes de la Luna” o “Camarera del amor”, el tema protagonista de esta entrada. Este bolero-mambo, también conocido como “Camarera de mi amor”, tiene dos versiones obligadas, las de Benny Moré y Antonio Machín, aunque tanto en Latinoamérica como en España se ha interpretado en bastantes ocasiones, no siempre con toda la dignidad que el tema requiere; a mí me parecen interesantes las versiones realizadas por Tito Puente, Orquesta Platería, Coco Freeman, Big Band Côte Sud o Alberto Pérez (integrante del trío La Mandrágora), ésta última entre grotesca y surrealista, en cualquier caso divertida. El espacio que habitualmente ocupa el tercer vídeo destacado en estos días de versiones, está ocupado por una versión muy diferente a todas las anteriores, a cargo del cantante y compositor español (nacido en Plasencia, criado en Madrid) Iván Sevillano Pérez, más conocido por su nombre artístico: Huecco. Este ex-profesor de patinaje sobre hielo, inició su carrera musical con la banda Sugarless hasta que, en 2006, grabó su primer álbum en solitario. Su estilo, denominado por algunos como “rumbatón”, se nutre de elementos procedentes del rock, del pop, de la rumba, del ska, del mambo o del hip hop. Grabó “Camarera de mi amor” en un álbum colectivo titulado “Guantanamera, un tributo a Cuba” (2007).

19ccad1b3c07cba490adc4a34258d452Benny Moré (1919-1963)