Calexico. “No te vayas”

Calexico es el nombre de la banda estadounidense liderada por Joey Burns (guitarra, voz) y John Convertino (batería) creada en 1996, aunque sus orígenes se remontan al año 1990, cuando ambos coincidieron en el grupo Giant Sand; cuatro años más tarde entraron a formar parte de Friends of Dean Martinez y, finalmente, crearon Spoke, nombre que cambiarían poco después por el de Calexico, una palabra que nace a partir de la conjunción de otras dos: Californa y México. Toda una declaración de intenciones porque el estilo Calexico se sitúa entre el indie, el folk, el sonido americana y el rock latino con fragancia tex-mex, una formación de espíritu fronterizo con base musical indie, pero con ramalazos que se sitúan a medio camino entre una película de Tarantino y otra de Sergio Leone. Han editado nueve discos de estudio, el primero (“Spoke”) publicado en 1997 y el último (“The thread that keeps us”) en este mismo 2018, y suelen visitar a menudo nuestro país, este verano se me escaparon pero estoy seguro que tendré otras oportunidades. “Algiers” (2012) fue su séptimo trabajo de estudio, llamado así en recuerdo del barrio del mismo nombre perteneciente a Nueva Orleans (EE.UU.), el único situado en la orilla oeste del río Mississippi, lugar de capital importancia en el nacimiento del jazz, con fuertes conexiones con África a través de su puerto esclavista y, también, uno de los lugares que resultaron más afectados por el Huracán Katrina. Si os animáis a escuchar este disco os daréis cuenta de lo bien trabajado que está, de su riqueza instrumental y de su estilo sosegado; sin embargo, cuando menos te lo esperas, aparecen esos irresistibles ramalazos que os comentaba al principio de la entrada, especialmente visibles en canciones como “Algiers”, “Puerto”, “Splitter” o “No te vayas”, el tema elegido para ilustrar este post, algo así como un bolero mariachi pero ejecutado con la cadencia, el relajo y la suavidad característica del indie (aquí les podéis ver interpretándolo en directo). Al contrario que el resto de temas (excepto “Fortune Teller”), debidos a Joey Burns y Jacob Valenzuela, fue compuesta por el trompetista Jacob Valenzuela, también está cantada por él (en español), y cuenta con el apoyo de otros músicos como Martin Wenk, Paul Niehaus y Jairo Zavala, más conocido en España con el nombre artístico de Depedro, el que fuera guitarrista del grupo de Amparo Sánchez, Amparanoia; así nos cuenta el propio De Pedro cómo fue su encuentro con Calexico:

“El camino me llevo a conocer a Calexico. Les pregunte si querían grabar conmigo. Me dijeron que sí. Otro accidente feliz. Luego ellos me llamaron para su disco. Tocaba canciones con ellos. Salí con ellos de gira. Posteriormente fuimos con Depedro de teloneros de Calexico por medio mundo, eso nos dio la oportunidad de que se oyera a Depedro fuera de mi país y a continuación arrancamos giras internacionales solos con Depedro”.

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Benny Moré / Antonio Machín / Huecco. “Camarera del amor”

Benny Moré (1919-1963) es uno de los grandes de la música cubana, especialmente en estilos como el bolero, el son o el mambo. Apodado “El Bárbaro del Ritmo” o “El Sonero Mayor de Cuba”, aprendió a tocar la guitarra durante su infancia, a los seis años se construyó su primer instrumento con una tabla y un carrete de hilo, y a los dieciséis ya formaba parte de un grupo. Tras ganar un concurso musical, Siro Rodríguez, del Trió Matamoros, lo descubrió al verlo actuar en un bar; poco tiempo después sustituyó a Miguel Matamoros como cantante, quien acabaría dedicándose exclusivamente a dirigir este conjunto. Estuvo de gira con el Trío Matamoros hasta que inició su carrera en solitario, en ocasiones colaborando con otros músicos como Lalo Montané (Dueto Fantasma), Mariano Mercerón y su orquesta, Dámaso Pérez Prado, Bebo Valdés o la Banda Gigante, formada por más cuarenta músicos, dirigidos por Benny Moré. Además de cantar temas propios, hizo populares los de otros compositores, como el también cubano José Dolores Sotolongo Quiñones (1918-2008), el “Filósofo del Bolero”; a él se deben canciones como “Los Aretes de la Luna” o “Camarera del amor”, el tema protagonista de esta entrada. Este bolero-mambo, también conocido como “Camarera de mi amor”, tiene dos versiones obligadas, las de Benny Moré y Antonio Machín, aunque tanto en Latinoamérica como en España se ha interpretado en bastantes ocasiones, no siempre con toda la dignidad que el tema requiere; a mí me parecen interesantes las versiones realizadas por Tito Puente, Orquesta Platería, Coco Freeman, Big Band Côte Sud o Alberto Pérez (integrante del trío La Mandrágora), ésta última entre grotesca y surrealista, en cualquier caso divertida. El espacio que habitualmente ocupa el tercer vídeo destacado en estos días de versiones, está ocupado por una versión muy diferente a todas las anteriores, a cargo del cantante y compositor español (nacido en Plasencia, criado en Madrid) Iván Sevillano Pérez, más conocido por su nombre artístico: Huecco. Este ex-profesor de patinaje sobre hielo, inició su carrera musical con la banda Sugarless hasta que, en 2006, grabó su primer álbum en solitario. Su estilo, denominado por algunos como “rumbatón”, se nutre de elementos procedentes del rock, del pop, de la rumba, del ska, del mambo o del hip hop. Grabó “Camarera de mi amor” en un álbum colectivo titulado “Guantanamera, un tributo a Cuba” (2007).

19ccad1b3c07cba490adc4a34258d452Benny Moré (1919-1963)

Marina Rossell / Alexandra Masangkay. “Yo te diré”

El Tratado de París, firmado el 10-XII-1898, puso fin a la guerra entre Estados Unidos y España; Cuba declaró su independencia -bajo el control norteamericano- mientras que las antiguas posesiones españolas en Puerto Rico, Guam y Filipinas fueron entregadas a los Estados Unidos, en el último caso con una indemnización por medio de veinte millones de dólares. Sin embargo, hubo un puñado de soldados españoles, conocidos como “los últimos de Filipinas”, que entregaron sus armas casi seis meses después de firmado el Tratado de París. Desconocedores de la situación, cincuenta y tantos militares decidieron hacerse fuertes en la iglesia de Baler, situada en la isla de Luzón, ante el ataque de los nativos filipinos que ansiaban la independencia. El sitio de Baler duró 337 días; durante este período fueron constantes los llamamientos de los sitiadores para que se entregaran; trataron de explicarles la situación, les enviaron periódicos y documentos de la época en los que se hablaba de la rendición española, incluso algunas autoridades militares españolas y representantes religiosos acudieron al sitio de Baler, sin conseguir nada. Sólo decidieron rendirse cuando vieron en los periódicos ciertas noticias que, en su opinión, era imposible que los filipinos las hubieran falsificado. Se entregaron el 2 de junio de 1899 aunque, tal y como quedó reflejado en el Decreto de la República de Filipinas de 30-VI-1899, no fueron considerados como prisioneros por las autoridades de aquel territorio, “sino por el contrario, como amigos; y en su consecuencia se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país”. En el preámbulo de este Decreto se les reconocía haberse “hecho acreedores á la admiración del mundo (…) por el valor, constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres, aislados y sin esperanzas de auxilio alguno, han defendido su Bandera por espacio de un año (…)”

En 1945 se estrenó en nuestro país la película titulada “Los últimos de Filipinas“, dirigida por Antonio Román y protagonizada, entre otros, por Fernando Rey, Tony Leblanc, Manuel Morán, José Nieto o Nani Fernández, actriz muy recordada por su interpretación de la canción “Yo te diré”, compuesta por Enrique Llovet y Jorge Halpern para este film. Esta habanera-bolero ha sido versionada por diferentes cantantes españoles y latinoamericanos. Son más o menos conocidas, con acierto desigual, las de Antonio Machín, Karina, Clara Montes, Elder Barber, Alberto Pérez, Paloma San Basilio, Pablo Carbonell, El Consorcio o Rosa León. Sin embargo, hoy os voy a proponer sólo dos versiones: la de la cantautora catalana Marina Rossell, en concreto la que formó parte de su álbum “Ha Llovido” (1996); y la incluida en “1898. Los últimos de Filipinas” (2016), una nueva película en torno al sitio de Baler, cantada por la bellísima Alexandra Masangkay, integrante de este reparto. Esta vez he tenido más dificultades de las habituales para elegir vídeos; para el primero no me ha quedado más remedio que recurrir a spotify, mientras que el segundo lo he tenido que construir yo mismo a partir del momento en el que aparecen los títulos de crédito al final de la película, espero no quebrantar ninguna normativa sobre derechos de autor.

The_church_of_Baler_from_-Under_the_red_and_gold-Iglesia de San Luis de Tolosa, lugar donde tuvo lugar el sitio de Baler

BALER CAPITULACIONDecreto de la República de Filipinas, de 30-VI-1899, firmado por el Presidente de la República Emilio Aguinaldo y el Secretario de la Guerra, Ambrosio Flores

BALER LOS ULTIMOS DE FILIPINAS 2

José Feliciano / Los Coronas & Arizona Baby. “La Cárcel de Sing Sing”

José Feliciano es uno de los más importantes activos con los que cuenta Puerto Rico en el ámbito del bolero y la balada romántica. Algunas fuentes dicen que fue el primer artista latino en adentrarse en el difícil mercado de la música en inglés, aunque a mí me gusta más cantando en español. Grabó su primer Lp en 1964, cuando tenía diecinueve años y, desde entonces, ha publicado más de sesenta álbumes, algunos de ellos de gran éxito. Ya apareció por aquí, cuando este blog daba sus primeros pasos; entonces compartió espacio con el grupo español Los Rodríguez, a propósito del tema “La Copa Rota“. En esta ocasión le acompañan Los Coronas -banda madrileña de rock instrumental- y Arizona Baby -Grupo de folk-rock indie procedente de Valladolid-. “La Cárcel de Sing Sing” es una canción compuesta por el dominicano Bienvenido Brens, que narra la historia de un prisionero de esta conocida penitenciaría del Estado de Nueva York, construida en 1825 y tristemente popular por su historial de ejecuciones en la silla eléctrica, condenado a muerte por matar a su mujer y al amante de ésta. El estribillo es de lo más explícito, en la línea romántica y trágica de ciertas canciones latinoamericanas que, en estos últimos años, vuelven a retomarse gracias a los narcocorridos, género del que hablaremos en otra ocasión: “Yo tuve que matar a un ser que quise amar. Aunque aún estando muerta yo la quiero, al verla con su amante a los dos los maté. Por culpa de ese infame moriré”. “La Cárcel de Sing Sing” ha sido interpretada por cantantes diversos, tal vez el más conocido sea el bolerista colombiano Alci Acosta (ésta es su versión), aunque quien la popularizó fue José Feliciano en los años sesenta. En el primer vídeo de hoy, que espero no supriman o invaliden, lo podemos ver con su inseparable guitarra, tocándola con gran sentimiento y maestría, y cantando con su carisma habitual; en el segundo, tenemos a Los Coronas & Arizona Baby, con una versión grabada en uno de los habituales conciertos de Radio 3, aunque también fue incluida en el interesantísimo álbum “Dos Bandas y un Destino” (2011), resultado de la gira que realizaron ambas formaciones en el año 2010. La interpretación de Los Corizonas se aleja del bolero canalla para adentrarse en los sonidos fronterizos, como si estuviéramos escuchando la banda sonora de un spaghetti western; me encanta la trompeta, sobre todo a partir del minuto 2:20.

Consuelo Velázquez / Diana Krall / The Beatles. “Bésame mucho”

A principios de septiembre aparecía en este blog una canción, “Sway”, que no era más que la adaptación al inglés del conocido mambo “Quién será”, de origen mexicano. De la misma nacionalidad era la compositora y pianista Consuelo Velázquez, autora de “Bésame mucho”, un bolero que compuso, en 1940, antes de que recibiera su primer beso de amor, tal y como puede leerse en algunas de sus biografías. El primero en grabarla fue el barítono hispano-mexicano Emilio Tuero y, en 1944, se hizo la primera adaptación al inglés de la mano del estadounidense Nat “King” Cole (ya sabemos que, más tarde, se animaría a cantar en español). Tal vez estemos ante la canción en castellano que más se ha cantado, traducido y versionado, sobre todo entre solistas líricos, melódicos y boleristas de todo tipo: Javier Solís, Pedro Infante, Antonio Machín, Lucho Gatica, Luis Mariano, Plácido Domingo, José Carreras, Sara Montiel, Frank Sinatra, Dean Martín y un larguísimo etcétera (a veces tengo la sensación de que cualquier artista melódico que se nos ocurra ha cantado este tema). A pesar de la avalancha de versiones lírico-melódicas, legitimadas por la primera grabación de Emilio Tuero, y apoyándome en el primer vídeo que propongo –datado en 1968-, bien pudiera parecer que la idea que tenía la compositora para esta canción era otra: un bolero empapado en jazz y con una suave cobertura clásica, tal y como lo entendió Nat “King” Cole. Resulta paradójico que algunas versiones orientadas hacia este estilo, como las de Diane Shur o la segunda que dejamos, la de la cantante y pianista Diana Krall, una de las más aclamadas figuras del jazz actual, se perciban como rarezas o propuestas singulares cuando, en realidad, se ajustan bien al concepto que manejaba su autora. Como hoy me he propuesto no incluir las clásicas versiones tipo bolero, añado un tercer vídeo con la particular visión aportada por los Beatles –y ese genial “cha-cha-pum”-; de propina, aquí dejo otra también en la línea pop de los de Liverpool pero instrumental, la debida al grupo The Ventures ¿Y a vosotros, cuál ha sido la versión de “Bésame mucho” que siempre os ha gustado más?