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Marina Rossell / Alexandra Masangkay. “Yo te diré”

El Tratado de París, firmado el 10-XII-1898, puso fin a la guerra entre Estados Unidos y España; Cuba declaró su independencia -bajo el control norteamericano- mientras que las antiguas posesiones españolas en Puerto Rico, Guam y Filipinas fueron entregadas a los Estados Unidos, en el último caso con una indemnización por medio de veinte millones de dólares. Sin embargo, hubo un puñado de soldados españoles, conocidos como “los últimos de Filipinas”, que entregaron sus armas casi seis meses después de firmado el Tratado de París. Desconocedores de la situación, cincuenta y tantos militares decidieron hacerse fuertes en la iglesia de Baler, situada en la isla de Luzón, ante el ataque de los nativos filipinos que ansiaban la independencia. El sitio de Baler duró 337 días; durante este período fueron constantes los llamamientos de los sitiadores para que se entregaran; trataron de explicarles la situación, les enviaron periódicos y documentos de la época en los que se hablaba de la rendición española, incluso algunas autoridades militares españolas y representantes religiosos acudieron al sitio de Baler, sin conseguir nada. Sólo decidieron rendirse cuando vieron en los periódicos ciertas noticias que, en su opinión, era imposible que los filipinos las hubieran falsificado. Se entregaron el 2 de junio de 1899 aunque, tal y como quedó reflejado en el Decreto de la República de Filipinas de 30-VI-1899, no fueron considerados como prisioneros por las autoridades de aquel territorio, “sino por el contrario, como amigos; y en su consecuencia se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país”. En el preámbulo de este Decreto se les reconocía haberse “hecho acreedores á la admiración del mundo (…) por el valor, constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres, aislados y sin esperanzas de auxilio alguno, han defendido su Bandera por espacio de un año (…)”

En 1945 se estrenó en nuestro país la película titulada “Los últimos de Filipinas“, dirigida por Antonio Román y protagonizada, entre otros, por Fernando Rey, Tony Leblanc, Manuel Morán, José Nieto o Nani Fernández, actriz muy recordada por su interpretación de la canción “Yo te diré”, compuesta por Enrique Llovet y Jorge Halpern para este film. Esta habanera-bolero ha sido versionada por diferentes cantantes españoles y latinoamericanos. Son más o menos conocidas, con acierto desigual, las de Antonio Machín, Karina, Clara Montes, Elder Barber, Alberto Pérez, Paloma San Basilio, Pablo Carbonell, El Consorcio o Rosa León. Sin embargo, hoy os voy a proponer sólo dos versiones: la de la cantautora catalana Marina Rossell, en concreto la que formó parte de su álbum “Ha Llovido” (1996); y la incluida en “1898. Los últimos de Filipinas” (2016), una nueva película en torno al sitio de Baler, cantada por la bellísima Alexandra Masangkay, integrante de este reparto. Esta vez he tenido más dificultades de las habituales para elegir vídeos; para el primero no me ha quedado más remedio que recurrir a spotify, mientras que el segundo lo he tenido que construir yo mismo a partir del momento en el que aparecen los títulos de crédito al final de la película, espero no quebrantar ninguna normativa sobre derechos de autor.

The_church_of_Baler_from_-Under_the_red_and_gold-Iglesia de San Luis de Tolosa, lugar donde tuvo lugar el sitio de Baler

BALER CAPITULACIONDecreto de la República de Filipinas, de 30-VI-1899, firmado por el Presidente de la República Emilio Aguinaldo y el Secretario de la Guerra, Ambrosio Flores

BALER LOS ULTIMOS DE FILIPINAS 2

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José Feliciano / Los Coronas & Arizona Baby. “La Cárcel de Sing Sing”

José Feliciano es uno de los más importantes activos con los que cuenta Puerto Rico en el ámbito del bolero y la balada romántica. Algunas fuentes dicen que fue el primer artista latino en adentrarse en el difícil mercado de la música en inglés, aunque a mí me gusta más cantando en español. Grabó su primer Lp en 1964, cuando tenía diecinueve años y, desde entonces, ha publicado más de sesenta álbumes, algunos de ellos de gran éxito. Ya apareció por aquí, cuando este blog daba sus primeros pasos; entonces compartió espacio con el grupo español Los Rodríguez, a propósito del tema “La Copa Rota“. En esta ocasión le acompañan Los Coronas -banda madrileña de rock instrumental- y Arizona Baby -Grupo de folk-rock indie procedente de Valladolid-. “La Cárcel de Sing Sing” es una canción compuesta por el dominicano Bienvenido Brens, que narra la historia de un prisionero de esta conocida penitenciaría del Estado de Nueva York, construida en 1825 y tristemente popular por su historial de ejecuciones en la silla eléctrica, condenado a muerte por matar a su mujer y al amante de ésta. El estribillo es de lo más explícito, en la línea romántica y trágica de ciertas canciones latinoamericanas que, en estos últimos años, vuelven a retomarse gracias a los narcocorridos, género del que hablaremos en otra ocasión: “Yo tuve que matar a un ser que quise amar. Aunque aún estando muerta yo la quiero, al verla con su amante a los dos los maté. Por culpa de ese infame moriré”. “La Cárcel de Sing Sing” ha sido interpretada por cantantes diversos, tal vez el más conocido sea el bolerista colombiano Alci Acosta (ésta es su versión), aunque quien la popularizó fue José Feliciano en los años sesenta. En el primer vídeo de hoy, que espero no supriman o invaliden, lo podemos ver con su inseparable guitarra, tocándola con gran sentimiento y maestría, y cantando con su carisma habitual; en el segundo, tenemos a Los Coronas & Arizona Baby, con una versión grabada en uno de los habituales conciertos de Radio 3, aunque también fue incluida en el interesantísimo álbum “Dos Bandas y un Destino” (2011), resultado de la gira que realizaron ambas formaciones en el año 2010. La interpretación de Los Corizonas se aleja del bolero canalla para adentrarse en los sonidos fronterizos, como si estuviéramos escuchando la banda sonora de un spaghetti western; me encanta la trompeta, sobre todo a partir del minuto 2:20.

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Consuelo Velázquez / Diana Krall / The Beatles. “Bésame mucho”

A principios de septiembre aparecía en este blog una canción, “Sway”, que no era más que la adaptación al inglés del conocido mambo “Quién será”, de origen mexicano. De la misma nacionalidad era la compositora y pianista Consuelo Velázquez, autora de “Bésame mucho”, un bolero que compuso, en 1940, antes de que recibiera su primer beso de amor, tal y como puede leerse en algunas de sus biografías. El primero en grabarla fue el barítono hispano-mexicano Emilio Tuero y, en 1944, se hizo la primera adaptación al inglés de la mano del estadounidense Nat “King” Cole (ya sabemos que, más tarde, se animaría a cantar en español). Tal vez estemos ante la canción en castellano que más se ha cantado, traducido y versionado, sobre todo entre solistas líricos, melódicos y boleristas de todo tipo: Javier Solís, Pedro Infante, Antonio Machín, Lucho Gatica, Luis Mariano, Plácido Domingo, José Carreras, Sara Montiel, Frank Sinatra, Dean Martín y un larguísimo etcétera (a veces tengo la sensación de que cualquier artista melódico que se nos ocurra ha cantado este tema). A pesar de la avalancha de versiones lírico-melódicas, legitimadas por la primera grabación de Emilio Tuero, y apoyándome en el primer vídeo que propongo –datado en 1968-, bien pudiera parecer que la idea que tenía la compositora para esta canción era otra: un bolero empapado en jazz y con una suave cobertura clásica, tal y como lo entendió Nat “King” Cole. Resulta paradójico que algunas versiones orientadas hacia este estilo, como las de Diane Shur o la segunda que dejamos, la de la cantante y pianista Diana Krall, una de las más aclamadas figuras del jazz actual, se perciban como rarezas o propuestas singulares cuando, en realidad, se ajustan bien al concepto que manejaba su autora. Como hoy me he propuesto no incluir las clásicas versiones tipo bolero, añado un tercer vídeo con la particular visión aportada por los Beatles –y ese genial “cha-cha-pum”-; de propina, aquí dejo otra también en la línea pop de los de Liverpool pero instrumental, la debida al grupo The Ventures ¿Y a vosotros, cuál ha sido la versión de “Bésame mucho” que siempre os ha gustado más?

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Bebo & Cigala. “Lágrimas negras”

La fusión de estilos musicales está de moda desde hace ya bastantes años. He de decir que soy un firme partidario de ella, entre otras cosas porque estoy convencido de que, tarde o temprano, nos proporcionará un nuevo paradigma musical que renueve la vieja carga genética que ya evidencian algunas de las corrientes musicales más importantes, por el ejemplo el Rock. Precisamente de la mezcla y mutación de estilos nació el Rock & Roll, una propuesta mestiza, un ejemplo palmario de fusión cultural y musical procedente de comunidades a menudo antagónicas. Los estilos puros pueden llegar a ser como las razas puras: engreídos, insolentes y narcisistas y, en mi opinión, corren el riesgo de estancarse por su natural tendencia a la endogamia. También es verdad que no debería valer todo bajo el reclamo o el pretexto de la fusión musical; estamos acostumbrados a que, a menudo, nos quieran intoxicar con extraños mejunjes comerciales vendidos bajo la etiqueta del mestizaje. No es éste el caso de la versión que hoy nos ocupa: “Lágrimas negras” (Miguel Matamoros, 1929), incluida en el disco homónimo publicado en el año 2003. El flamenco y el jazz han compartido espacio con relativa frecuencia; sin ir más lejos, nuestro genial Paco de Lucía, junto a algunos de los mejores guitarristas que ha dado el jazz actual (Larry Coryell, Al Di Meola o John McLaughlin), nos ha regalado discos de una calidad sublime. “Lágrimas negras”, un proyecto producido y mimado por el cineasta Fernando Trueba, es un álbum único, donde la fusión de estilos como el jazz, el flamenco, el bolero e, incluso, los ritmos brasileños es ejemplar; cualquier canción de este disco es elegante, delicada y con nervio a la vez. Finalmente me he inclinado por el tema que da título a todo el trabajo, tal vez por la mágica compenetración que se paladea entre Bebo Valdés y Diego “el Cigala” y, también, por el invitado de excepción: el saxofonista Paquito de Rivera. Inicialmente pensé en este tema para un miércoles, cuando suelo hablar de versiones, pero habiéndolas muy buenas no he encontrado ninguna tan redonda como ésta (tal vez no esté muy de acuerdo el compañero del blog “Después de la Media Rueda”, espero que nos regale alguna de sus fantásticas versiones cubanas). No obstante, para aquellos interesados, dejo aquí un enlace a la original del Trío Matamoros.

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Bunbury. “Aunque no sea conmigo”

El bolero es uno de los estilos más difíciles de cantar; en principio está al alcance de cualquiera pero, en la práctica, sólo unos pocos tienen la sensibilidad, la capacidad de comunicación y, como se diría en el jazz, el swing preciso para armonizar la melodía con la historia que se cuenta, en la mayoría de las ocasiones culebrones de intensidad notable. Enrique Bunbury no es un bolerista, sin embargo es poseedor de todas esas cualidades; os animo (a los más rockeros también) a que lo comprobéis con esta interpretación de “Aunque no sea conmigo”, un tema compuesto por el mexicano Santiago “Chago” Díaz. No perdáis de vista la letra, intensa y melodramática, como se espera de un bolero: “Pero si ahora tienes tan sólo la mitad del gran amor que aún te tengo, puedes jurar que al que te quiere lo bendigo. Quiero que seas feliz, aunque no sea conmigo”; abro el debate: ¿quién se comportaría como dice la canción? ¿Quién asesinaría a su ex y, si se pone a tiro, a su nueva pareja? (metafóricamente hablando, claro)