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Frank Sinatra / Diana Krall / Boston Brass. “Fly me to the Moon”

Ya sabéis que hay quien opina que lo de la llegada del hombre a la Luna fue todo un montaje, incluidas las imágenes de aquel día. La versión oficial mantiene que este trascendental episodio de nuestra historia reciente se produjo el 21 de julio de 1969; a las 2:56 (hora internacional UTC) el comandante Neil Armstrong pisaba por primera vez la superficie lunar. A Armstrong, como jefe de expedición del Apolo XI, lo acompañaron Michael Collins y Edwin E. Aldrin Jr. Este último, según cuentan las crónicas, entró en la Luna con un reproductor de casetes y una canción, la primera que la especie humana escuchó en el satélite terrestre: “Fly me to the Moon”. Se trataba de la versión más famosa de este tema, la grabada en 1964 por Frank Sinatra, con la orquesta de Count Basie y arreglos de Quincy Jones. Fue compuesta diez años antes por Bart Howard, pianista del “Blue Angel” de Nueva York, donde cantaba Felicia Sanders, la primera en interpretar esta canción en la mencionada sala neoyorkina. En aquella época no se llamaba “Fly me to the Moon” -en realidad las primeras palabras de la canción- sino “In Other Words”, título con el que fue grabada por primera vez en 1954 por Kaye Ballard. Entre 1954 y 1964, año en el que aparece la versión de Sinatra, fueron muchos los artistas que se dejaron seducir por esta melodía: Johnny Mathis, Eydie Gormé, Nancy Wilson, Brenda Lee, Nat King Cole, Dion & The Belmonts, Sarah Vaughan, Joe Harnell, Paul Anka, Julie London, Dinah Washington, Oscar Peterson, Roy Haynes o Peggy Lee, en opinión de Ted Gioia (El Canon del jazz: los 250 temas imprescindibles. Madrid: Turner, 2013), la que dio el verdadero espaldarazo a la canción cuando fue interpretada en el programa de televisión de Ed Sullivan. Después de la de Frank Sinatra se han hecho muchas versiones, que prefiero no mencionar para no aburrir y para animaros a que propongáis alguna que os guste. Para el segundo vídeo no he tenido dudas; os propongo el “Fly me to the Moon” de la canadiense Diana Krall, incluido en su álbum “Live in Paris” (2002), que precisamente sonó en la ceremonia de conmemoración del 40 aniversario de la misión Apolo XI y, también, en el funeral de Neil Armstrong. Para el tercer vídeo he querido contar con el quinteto de jazz Boston Brass, un grupo en el que los instrumentos de viento son los verdaderos protagonistas.

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Jeff Beck / Colosseum / Carlos Núñez. “Bolero”

El “Bolero” de Ravel es una de las piezas procedentes de la música clásica más utilizada en cine, series de televisión, programas de entretenimiento, publicidad, videojuegos y espectáculos deportivos de toda índole. Dedicada a la bailarina Ida Rubinstein e inspirada en una danza española, fue compuesta por el francés Maurice Ravel en 1928 y estrenada, ese mismo año, en la Ópera Garnier de París. Hasta 1993 fue la composición que más derechos de autor generó en la Société des Auteurs, Compositeurs et Éditeurs de Musique (SACEM) de Francia; la partitura original se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, después de que el estado galo adquiriera el documento por 1,8 millones de francos. Entre las numerosas interpretaciones de este tema, señalaré algunas como las de la Orquesta Lamoreaux dirigida por el propio Ravel, de 1932, o las debidas a Charles Munch, Pierre Monteux, Pierre Boulez, Daniel Barenboim o Katia & Marielle Labèque, por mencionar sólo algunas. Sin embargo, me interesa más centrar este post en la influencia que ha ejercido esta pieza en la música popular, tanto en la canción melódica, el jazz, el rock, el flamenco o el folk. En primer lugar, recordamos la adaptación de Jeff Beck titulada “Beck’s Bolero”, publicada como single en 1967 y, posteriormente, en su primer Lp (“Truth”, 1968), en cuya grabación intervinieron Keith Moon, John Paul Jones, Nicky Hopkins y Jimmy Page; éste último es el que figura como autor, aunque existe bastante controversia sobre este particular, comenzando por el propio Jeff Beck que afirma haber desempeñado un importante papel en la composición de esta pieza. En este ámbito de las canciones originales basadas en la obra de Ravel, también destacaríamos “Et Maintenant“, de Gilbert Bécaud, muy conocida y versionada por diferentes autores; “Victim of Ritual“, de la cantante finlandesa Tarja Turunen, la que fuera vocalista del grupo Nightwish; “Abandon’s Bolero“, de Emerson, Lake & Palmer; y un buen número de temas de rock pertenecientes a solistas o grupos bien conocidos, como Roy Orbison, Vanilla Fudge, Led Zeppelin o James Gang, entre otros; no os perdáis este montaje, en el que se pueden apreciar estas influencias. El segundo vídeo pertenece a la banda británica de rock progresivo y jazz rock Colosseum, quienes la incluyeron en su álbum titulado “The Grass in Greener” (1970); en este caso, al ser una versión directa de la obra de Ravel, es éste último el que figura como autor. Aunque no esté entre tres los vídeos destacados de hoy, también conviene tener presente la de Frank Zappa, publicada en su álbum “The Best Band You Never Heard in Your Life” (1991). Para la tercera opción me he decidido por una interpretación en directo de mi admirado Carlos Núñez, en la que le podemos ver defendiendo este clásico con la gaita. Como versión patria, en clave de flamenco, también me parece muy interesante la de Jorge Pardo, a la flauta, publicada en su disco “Mira” (2001). En cuanto a las provenientes del jazz, se podrían citar las de Arthur Lyman, Larry Coryell -fallecido el pasado 19 de febrero-, Stanley Jordan, Charlie Palmieri o Jazzelicious.

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Las Cinco Canciones de lrotula (V): “Autumn Leaves” (Cannonball Adderley & Miles Davis)

Me incorporé al mundo del vinilo a comienzos de los ochenta, aunque al principio sólo utilizaba mi flamante equipo compacto para grabar discos que me dejaban los amigos. Pero en cuanto empecé a ganar un poco de dinerillo lo gastaba en vinilos; me gustaba comprarlos, llegar a casa ilusionado y ponerlos, los escuchaba mientras me miraba la portada y leía los contenidos que venían con el disco. Pensaba que había llegado un poco tarde, no obstante si seguía con ese ritmo de compras pronto podría tener una buena colección. Sin embargo, el Cd arrasó y acabó arrinconando al vinilo, para desgracia de muchos que tuvimos que comprar un nuevo equipo porque, poco a poco, veíamos como dejaban de editarse. Y cuando ya creía que era el formato definitivo, aparecieron nuevas posibilidades ligadas a la tecnología digital. En esta última entrada lrotula nos habla de toda esa vorágine tecnológica en la que ha estado (y sigue estando) inmersa la música en estos últimos años. En esta etapa de su vida ha querido ceder protagonismo al jazz, en concreto a un tema que ya apareció en La Guitarra de las Musas, me refiero a “Autumn Leaves“, en la versión de Cannonball Adderley & Miles Davis. Al final nos has contado muchas cosas, compañero, creo que este viaje a través de los formatos musicales ha sido muy interesante y entretenido, y nos ha ayudado a conocerte un poco mejor; muchas gracias por todo, ha sido un placer tenerte en este blog. Recordad que el blog de lrotula es Algo de Jazz, Blues, Rock … La Música que me sorprende. No seguimos leyendo. Un abrazo. Aprovecho la ocasión para desearos a todos unas Felices Fiestas y una buena entrada de Año. Un abrazo para todos.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

LOS FORMATOS DIGITALES

“El formato digital llegó con el CD. Para mí, esto fue en los 90. Hasta entonces veía los CDs en otras casas con gran envidia.

El plato hizo crash y por necesidad hubo que entrar en la era digital.

Mi primer CD “Joe Jackson live 1980-1986”. Lo compre y se lo tuve que dejar a un amigo pues no tenía reproductor.

Soy un manazas y mi relación con los vinilos ha sido muy mala. A la larga casi todos acababan con alguna raya y no precisamente en canciones de relleno. En mis últimos días del vinilo compraba el disco, lo grababa en cassete y lo guardaba.

Creía que los CDs eran indestructibles. Hasta el día que vi a un hijo mío con un CD de Taj Mahal en la boca. Tras rescatarlo rápidamente comprobé espantado que la mejor canción saltaba en un punto y volvía a empezar. Todo un descubrimiento.

Los CDs entonces valían una pasta 3200 pelas aprox. pero había un sitio “Galerías Preciados” donde había una pecera con una gran colección de Blue Note a 1600, y a veces pagando dos te llevabas tres.

Yo ya tenía algún vinilo de jazz: Cannonball Adderley, Miles Davis, Sonny Rollins, Dizzy … Además a muchos de estos músicos los había visto en directo. Empecé a tomarme el jazz más en serio, me hice con una buena colección de jazz.

Una cosa que me mosqueaba es que mucha gente me decía que mis discos no eran buenos pues eran AAD y sólo los DDD eran buenos discos digitales. Mira que se dicen tonterías. Hoy casi todos esos que me criticaban oirán la música a través de un móvil, como si lo estuviera viendo.

Luego salió el internet, napster, audiogalaxy, el emule…

Literalmente me volví loco. Era un “down louder” compulsivo. Todo era bajar y bajar y saturar el ordenador para grabar y grabar cds de Mp3 en los que hay 6 ó 7 discos. Al final 260 cds de mp3 catalogados, unos 50 sin catalogar, unos cuantos gigas en una memoria y en el ordenador también sin catalogar y a eso hay que añadir 700 cd wav que afortunadamente están catalogados.

Mi condena es oírlo todo. Me niego a acumular mas música ya no bajo nada más. El streaming está muy bien dentro de sus limitaciones. Siempre será más amplio que cualquier colección.

Al año compro dos o tres discos. Hace poco en el ascensor un vecino de unos 15 años menos me pregunta ¿pero todavía oyes cds? Si en spotify está todo. Yo que llevaba en la mano un fajo de seis CDs le dije “algo tendré que hacer con los 500 discos que tengo”. Estaba equivocado son 700.

Bueno para ilustrar esto os pongo por fin un tema de jazz. Clásico entre los clásicos. Las “Hojas muertas” en una versión impresionante. Era una especie de supergrupo, un Blind Faith del jazz dirigido por Cannonball Adderley y con acompañantes de relumbrón: Miles Davis, Hank Jones, Art Blakey, Sam Jones.

Bueno hasta la próxima en vuestros respectivos blogs”.

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Louis Prima / Benny Goodman / Chicago. “Sing, sing, sing (with a swing)”

Louis Prima fue un trompetista estadounidense conocido como “el rey del swing” debido a sus importantes contribuciones como compositor en este género. El tema “Sing, sing, sing (with a swing)” lo compuso en 1936 y fue el primero en grabarlo con su grupo New Orleans Gangs. Un año más tarde era grabado de nuevo, con arreglos de Jimmy Mandy, por la orquesta del clarinetista Benny Goodman; pese a que lo habitual en aquella época eran los temas de tres minutos, para que pudieran ocupar la cara de un disco de diez pulgadas a 78 rpm, Goodman hizo una versión de casi nueve minutos, por lo que tuvo que ocupar ambas caras de un disco de doce pulgadas. El “Sing, sing, sing” de Goodman es sensacional, con un solo de clarinete, apoyado en la batería, de los que no se olvidan; si tenéis conocimientos musicales (no es mi caso) os recomiendo este artículo, en el que se analiza el lenguaje del, probablemente, mejor clarinetista que ha dado el jazz clásico, estudiado a partir de la transcripción y el análisis de sus solos. El momento cumbre, en lo que a la popularidad de Benny Goodman se refiere, tuvo lugar el 16 de enero de 1938, con un concierto histórico en el neoyorkino Carnegie Hall; al parecer fue el estreno de una orquesta de jazz en aquel mítico recinto y dio lugar a un disco, “The Famous 1938 Carnegie Hall Jazz Concert” que, sin embargo, no fue publicado hasta 1950. Tal y como señalan algunas fuentes, fue el primer álbum doble de la historia, el primero en vender un millón de copias y, también, el primero que publicó Goodman en formato Lp a 33 rpm. No os perdáis la versión de “Sing, sing, sing” incluida en este disco en directo (aquí la podéis escuchar). Después de Benny Goodman se me hace un poco difícil proponer una tercera versión que esté a la altura, así que me voy a atrever con algo bien diferente, más ligero y más latino; me refiero a la interpretación de la banda de jazz-rock Chicago, incluida en su disco de clásicos del swing titulado “Night and Day: Big Band” (1995) que, para este tema en concreto, contó con la colaboración de los Gypsy King. Tal vez a vosotros os apetezca recomendar alguna otra versión, ya que existen muchas y no siempre ejecutadas por grupos o artistas famosos; a mí me gustaría señalar algunas de las que se hicieron en la década de los cincuenta, a menudo pensadas para cantantes (Teresa Brewer, The Andrew Sisters, Paul Anka, Anita O,Day, etc.), y en otras ocasiones para orquestas (Steve Allen & his Orchestra o Henry Mancini).

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Concierto de Madeleine Peyroux Trio. Fernán Gómez Centro Cultural de La Villa. Madrid, 23-XI-2016

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Madrid nunca ha tenido tradición de grandes festivales de jazz; es verdad que los ha habido y que durante todo el año se puede disfrutar de este género en salas de conciertos, teatros y bares con longeva tradición jazzística, como Clamores, Café Central o Café Populart, entre otros. Pero, desde hace algunos años, se viene celebrando el “Festival Internacional de Jazz de Madrid“, en el que se incluyen debates, exposiciones y, por supuesto, conciertos en distintos lugares de la capital. Aún es pronto para estar a la altura de festivales como los de Almuñécar, Donosti o Vitoria, entre otras cosas porque lo primero que tiene que hacer el de Madrid es consolidarse y no quedar expuesto al albur de nuestros gobernantes de turno.

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El pasado 23 de noviembre tuve el inmenso placer de presenciar uno de los conciertos incluidos en este festival, el de Madeleine Peyroux Trio; de esta cantante, guitarrista y compositora estadounidense ya hemos hablado aquí, a propósito de las canciones “Dance me to the end of love“, “Smile” y “J’ai deux amours“. Creo que es la segunda vez que visita Madrid, la primera fue hace unos tres años, cuando quizás era menos conocida; para esta ocasión la organización ha querido que la recibiéramos en la Sala Guirau del Centro Cultural de la Villa (Centro Fernán Gómez), un lugar perfecto para este evento, cómodo, suficientemente amplio (por supuesto, hubo lleno) y bien preparado para el sonido elegante y delicado que nos ofreció este trío. Lamentablemente, las fotografías y los vídeos estaban prohibidos, por lo que no puedo ofrecer más que una foto que pude hacer cuando se abrió el acceso a la sala y otra de mi entrada, el resto del material gráfico y videográfico que aparece en este post pertenece a otras actuaciones relativamente recientes.

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Acostumbrado a los conciertos de rock, a estar de pie durante horas, a los empujones y a la incomodidad propia de estos eventos, los butacones numerados de la sala Guirau me parecieron de ciencia-ficción. En estos conciertos no se bebe cerveza, así que acompañé la espera con la lectura del folleto que nos regalaron con todos los actos de este festival de jazz. A las 21:35 horas aparecieron Madeleine Peyroux (voz, guitarra acústica), Jon Herington (guitarra eléctrica) y Barak Mori (contrabajo); como podéis ver, una propuesta muy sencilla: tres instrumentos y la inigualable voz de Madeleine. Se situaron en formación triangular: en el vértice trasero Barak y delante de él Jon y Madeleine, ambos sentados.

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La mayor parte de los temas que sonaron pertenecen a su último álbum, “Secular Hymns” (2016), un disco de versiones con canciones pertenecientes a autores tan diferentes como Willie Dixon, Lil Green, Allen Toussaint, Stephen Foster o Tom Waits, es decir, temas de blues, folk, country y canción tradicional americana, vestidos de jazz y cantados con mucha personalidad por la que bien podría ser la heredera de Billie Holiday. Por cierto, he podido observar que, en directo, sigue conservando ese giro tímbrico parecido al de Billie, aunque quizás ya no sea tan acusado como en sus primeros discos; ahora su riqueza expresiva es mayor y, desde luego, no concibe la interpretación en los términos de desesperación trágica tan característicos en Billie Holiday.

Me sorprendió gratamente su simpatía, su buen humor y sus ganas de agradar al público; habló mucho durante la actuación, a menudo en castellano, esforzándose en todo momento por conectar con nosotros, incluso cambió la frase final del tema “J’ai deux amours”, sustituyendo París por Madrid. Además de las canciones de su último disco y de ésta que acabamos de comentar, hizo más versiones -no hay que olvidar que ésta es una de las facetas que caracterizan a esta artista-, como “Água de Beber”, de Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim, o la ya comentada “Dance me to the end of love”, de Leonard Cohen.

Excepto en un par de canciones, interpretadas en solitario por Madeleine, en el resto intervinieron Jon Herington y Barak Mori, que hicieron gala de una maestría y un buen gusto musical a la altura de las circunstancias, en ocasiones acompañando vocalmente; incluso se permitieron ejecutar, primero Jon con su guitarra y luego Barak con el contrabajo, sendos solos simultaneados con un tarareo en el que se imitaba al instrumento en cuestión, algo así como una versión actualizada de la técnica conocida como scat.

Hacía mucho tiempo que no iba solo a un concierto y, lamentablemente, no podía comentar con nadie los pormenores de la actuación; tal vez por eso estuve más concentrado y sentí la música como pocas veces. A todos nos ha pasado alguna vez que hemos desconectado en algún concierto y que sólo hemos vuelto a él cuando han empezado a aparecer los temas más emblemáticos del grupo; el pasado 23 de noviembre nunca tuve esa sensación de estar fuera, independientemente de que conociera o no las canciones. Imagino que eso es mérito de Madeleine, Jon y Barak, por eso no puedo más que agradecerles por compartir con nosotros su talento.