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Dr. Hooke. “Sylvia’s Mother”

Imaginaos la siguiente escena (estamos a principios de los años setenta): un chico llama desde una cabina a su ex-novia y, en lugar de contestar ella, lo hace su madre. No parece que el muchacho sea santo de su devoción, así que le comunica que su hija no puede atender el teléfono porque está muy ocupada tratando de rehacer su vida: Sylvia es feliz, ¿por qué no la dejas en paz? Él comienza a ponerse nervioso y pide, por favor, hablar con ella para decirle adiós. La madre se mantiene firme: está haciendo las maletas y va a reunirse con su novio para casarse, lo que menos le conviene ahora es hablar contigo, entristecerse y dudar si se queda o se va. En medio de esta conversación, al chaval le comunican que introduzca cuarenta centavos si quiere continuar hablando; su nerviosismo se incrementa: “¡por favor, señora, tengo que hablar con ella! Voy a ser breve, sólo quiero decirle adiós. La madre no afloja: Sylvia tiene que tomar el tren de las nueve; mientras, nuestro protagonista escucha cómo la señora le recuerda a su hija que coja un paraguas porque está lloviendo; gracias por llamar, añade la madre, pero no lo vuelva a hacer. La operadora está empeñada en rematar al chico: añada cuarenta centavos más … ¡Por favor tengo que hablar con ella, sólo quiero decirle adiós! Ante este relato tenemos dos opciones: llorar de pena por el pobre chaval o hincharnos a reír por lo hilarante de la situación. Esta es la historia que nos cuenta “Sylvia’s Mother”, una de las canciones más conocidas y exitosas de la banda estadounidense Dr. Hooke. Aunque en su momento conmovió a muchos jóvenes, que se identificaban y sufrían con lo que allí se contaba, yo me niego a aceptar que un grupo tan alocado, divertido y gamberro como Dr. Hooke no añadiera su parte de parodia a esta historia cotidiana de desamor, basada en una vivencia personal de Shel Silverstein, el compositor del tema. Esta banda se creó en 1967, con el nombre inicial de Dr. Hooke & The Medicine Show, en alusión a los charlatanes que vendían remedios milagrosos y al Capitan James Hook (“Capitán Garfio”), el personaje de Peter Pan. Publicaron su primer álbum (“Dr. Hooke“) en 1971, un trabajo de country-rock en el que se incluía “Sylvia’s Mother”, canción que ha tenido algunas versiones, como las debidas a Bobby Bare, Bon Jovi o Sacha Distel, por mencionar algunas, aunque probablemente ninguna pueda compararse con el original. Aquí y aquí podéis ver a Dr. Hooke en directo interpretando esta melodía.

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Rhonda Vincent. “Only Me”


El pasado 12 de junio dedicábamos la entrada a la banda actual Flatt Lonesome, habitualmente etiquetada dentro del sub-género denominado bluegrass, una de las corrientes más antiguas y genuinas del country. Rhonda Vincent es una de las figuras más destacadas de este estilo, no en vano algunos medios la han calificado como “la nueva reina del bluegrass”. Nacida el 13 de julio de 1962 en Kirksville (Missouri), se inició en la música muy pronto; a los cinco años ya cantaba góspel con los miembros de su familia, grupo que acabó denominándose The Sally Mountain Show; a los ocho años comenzó a tocar la mandolina, a los diez la guitarra y, poco después, se inició con el violín. Sus primeros álbumes en solitario los grabó a comienzos de los noventa y, desde entonces, ha ido publicando discos de manera más o menos regular, desde hace ya unos cuantos años con el apoyo de su banda, The Rage que, tal y como podemos ver en la página web de Rhonda Vincent, está formada por Hunter Berry (violín), Brent Burke (dobro), Mickey Harris (contrabajo), Aaron McDaris (banjo) y Josh Williams (guitarra). La lista de premios, nominaciones y distinciones de Rhonda Vincent es muy extensa, tanto en los premios anuales otorgados por la Society for the Preservation of Bluegrass Music of America, la International Bluegrass Music Association o los populares Grammy, en los cuales ha estado seleccionada en varias ocasiones; en una de las últimas concursó con su disco “Only Me” (2014), nominado en la categoría de mejor álbum de bluegrass -el premio fue para la banda The Earls of Leicester-. “Only Me” es un disco doble que cuenta con algunas colaboraciones como la de Daryle Singletary, en la canción “We Must Have Been Out of Our Minds”, o Willie Nelson en la titulada igual que el disco. Pero lo verdaderamente llamativo de Rhonda Vincent & The Rage son sus directos, así que os voy a dejar unos cuantos para que apreciéis el virtuosismo de esta banda; comenzamos con este vídeo de “Only Me” (aquí tenéis otro) y terminamos con otras canciones pertenecientes a este mismo disco: “Busy City“, “I’d Rather Hear I don’t Love You“, “I Need Somebody Bad Tonight” y “It’s Never Too Late“.

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Elmore James / The Yardbirds / Fleetwood Mac. “Dust My Broom”

Robert Johnson es, para muchos, el abuelo o el bisabuelo del rock; sólo grabó veinticuatro canciones pero la mayor parte de ellas han sido versionadas por las grandes figuras del blues y del blues-rock. En este blog nos hemos ocupado de temas como “Cross Road Blues“, “From Four Until Late” o “Sweet Home Chicago“; hoy volvemos a este músico con otra de las canciones más adaptadas y modificadas de cuantas compuso. “I Believe I’ll Dust My Broom“, título original de esta melodía, fue compuesta por Johnson a partir de otras canciones más antiguas, como “I Believe I’ll Make a Change“, “Believe I’ll Go Back Home“, “Sagefield Woman Blues” o “Sissy Man Blues“. En alguna de ellas se habla de un hombre que busca a su mujer para confesar que le ha sido infiel; Johnson dio la vuelta a la historia y convirtió a la mujer en infiel; ¿qué hacer entonces? ¿marcharse de casa dejando el camino libre a otros incautos, es decir, “pasar la escoba”, o buscarla donde quiera que estuviera y seguir rendido a sus pies? Johnson grabó este blues en 1936, después fue versionado por otros artistas, como Arthur “Big Boy” Crudup o Robert Lockwood Jr., hasta que Elmore James comercializó su propia adaptación en 1951: redujo el título a “Dust My Broom”, modificó la última estrofa e introdujo el inolvidable e imitadísimo riff tocado con su característica bottleneck guitar. Si queréis saber más detalles relacionados con la historia de esta canción (primeras versiones, significado de la expresión “Dust My Broom”, análisis de las letras, etc.) os recomiendo la entrada correspondiente de la wikipedia, el post de J. Martín Camacho y, sobre todo, el artículo de Jas Obrecht publicado en su página web. Como comentaba al principio, este tema ha sido objeto de muchas versiones, generalmente desde el blues y el blues-rock (aunque también las hay en otros estilos), véase por ejemplo las de Howlin’ Wolf, Otis Spam, Taj Mahal, Albert King, BB King, Etta James, Johnny Winter, Jeff Healey, Gary Moore, ZZ Top, Canned Heat, Freddie King, Luther Allison, Dr. Feelgood o Cassandra Wilson. Las dos versiones que he elegido para acompañar a Elmore James son las de The Yardbirds, de 1966, grabada en directo para la BBC; y la de Fleetwood Mac, incluida en su segundo álbum de estudio (“Mr. Wonderful”, 1968), aunque un año antes ya había sido grabada como single bajo el título “I Believe My Time Ain’t Long“.

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Los Brincos. “Flamenco”

Los Brincos fueron, en mi opinión, la banda de pop más importante que hubo en España durante los años sesenta; su éxito fue incontestable, consiguieron un fuerte apoyo mediático, fueron lanzados al mercado musical como un producto beat pero con una fortísima carga de idisincrasia hispana (letras en castellano, guitarras españolas, capas, zapatos con cascabeles …) y, por si esto fuera poco, componían sus propias canciones, algo poco habitual entre las formaciones españolas de la época, más orientadas hacia las versiones. El grupo se crea en 1964, tras la disolución de Los Estudiantes, banda pionera del pop y el pop-rock de nuestro país; el cuarteto inicial, el más conocido por el gran público, estaba integrado por Fernando Arbex a la batería (procedente de Los Estudiantes), Juan Pardo y Junior a las guitarras (habían sido cantantes ocasionales en Los Pekenikes) y Manuel González al bajo (ex de The Blue Shadows); Luis Sartorius, el representante, fue en gran medida el artífice del proyecto y quien consiguió la inclusión del grupo en el recién creado sello discográfico Novola, subsidiario de Zafiro, si bien nunca lograría ver en funcionamiento su idea pues falleció pronto en un accidente de coche, siendo sustituido en las labores de producción por Maryni Callejo, la directora artística y arreglista de Zafiro, una persona que siempre estuvo muy bien valorada por los miembros de la banda, para muchos “el quinto Brinco”. El primer Lp se tituló “Los Brincos“, fue publicado en 1964 incluyendo en él todas las canciones que habían ido apareciendo anteriormente en formato single o EP. El tema que nos ocupa, “Flamenco”, se publicó como cara B del tema “Cry“, tal vez por miedo a que el público juvenil lo considerara “una españolada”; no fue así, “Flamenco” se convirtió en la quintaesencia de su estilo: un pop beat de influencia británica pero con mucha personalidad española, como bien puede comprobarse en el arranque de la canción (batería y guitarra española) -uno de los mejores y más recordados comienzos de nuestra música popular- y en los característicos juegos vocales, que acabarían siendo una de las señas de identidad de esta formación. En cuanto a la letra, posiblemente hoy se podría considerar como políticamente incorrecta debido a ese tono chulesco-machista de quien se cree muy seguro de sí mismo y de su encanto ante las mujeres. Finalizamos con tres versiones de esta canción, las realizadas por Los Sencillos, Los Coronas y la sofisticada de Juan D’Ors, que podéis escuchar gracias a este interesante videoclip.

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Barney Bigard and His Jazzopators / Dizzy Gillespie / Thelonious Monk. “Caravan”

Juan Tizol Martínez (1900-1984) fue un compositor y trombonista puertorriqueño, miembro de la orquesta de Duke Ellington durante aproximadamente quince años. Se le suele considerar como uno de los grandes músicos de jazz centroamericano, pionero del jazz latino y autor de temas clásicos de este estilo, como “Caravan” (1936), aunque en la autoría de esta pieza también figura Duke Ellington, quien pronto supo ver las posibilidades comerciales que podía llegar a tener un tema como éste, con cierta carga exótica, ideal para ser tocado en los locales de jazz más exitosos de la época. Todo lo contrario de Juan Tizol, que llegó a vender sus derechos sobre “Caravan” a Irving Mills -autor de la letra en las versiones cantadas- por veinticinco dólares, aunque cuando se dio cuenta del éxito que tenía se quejó a Mills y consiguió que éste le cediera un porcentaje de los royalties. La primera grabación data de 1936 y corrió a cargo de la banda Barney Bigard and His Jazzopators, de la que formaban parte Barney Bigard (clarinete), Cootie Williams (trompeta), Harry Carney (saxo), Billy Taylor (bajo), Sonny Greer (batería) y los artífices de la canción: Juan Tizol (trombón) y Duke Ellington (piano). “Caravan” es uno de los estándares preferidos por los músicos de jazz; en palabras de Ted Gioia*, “la canción se presta a la jam session más desenfadada como a arreglos estilizados capaces de evocar toda una gama de estados de ánimo. La progresión armónica es bastante fácil hasta para intérpretes de nivel medio, la melodía sigue sonando moderna pese a las muchas décadas transcurridas desde que se compuso. El público, desde luego, responde bien a la canción, pero más devoción si cabe le profesan los propios músicos”. No es casual, por lo tanto, que existan más de cuatrocientas versiones de este tema; Gioia destaca las debidas al propio Duke Ellington, Oscar Peterson & Dizzy Gillespie, Nat King Cole, Art Blakey, Wes Montgomery, Wynton Marsalis, Michel Camilo, Gonzalo Rubalcaba y las dos destacadas que acompañan a la primera grabación de Barney Bigard, la de Dizzy Gillespie -publicada en 1951- y la de Thelonious Monk -de su álbum “Thelonious Monk Plays Duke Ellington”, 1955-. Woody Allen ha utilizado esta melodía en alguna de sus películas, en concreto en “Alice” (1990) y en “Acordes y Desacuerdos” (1999); más recientemente ha sido protagonista en “Whiplash” (2014), de Damien Chazelle, con mucha presencia de la batería, instrumento vertebrador de este film –aquí tenéis la primera parte de esta versión y aquí la segunda-.

* Gioia, Ted. El Canon del Jazz. Los 250 temas imprescindibles. Madrid: Turner, 2013.