Le Orme. “L’Equilibrio”

No es la primera vez que nos ocupamos de los grupos de rock sinfónico que poblaron la escena italiana durante la época dorada de este género, la década de 1970; si en anteriores ocasiones hemos tratado de poner en valor a formaciones como Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Dalton o Latte e Miele, hoy le toca el turno a Le Orme, banda que hizo su aparición a finales de los años sesenta, en la zona de Venecia, al principio con un sonido más cercano al pop, el beat y la psicodelia hippy que al rock progresivo. Tras publicar algunos singles y álbumes dentro de estas coordenadas, decidieron cambiar de estilo para acercarse a lo que ya venían haciendo grupos británicos como King Crimson o Emerson, Lake & Palmer. Ya como trío (Aldo Tagliapietra -voz, bajo, guitarra-, Tony Pagliuca -teclados- y Michi Dei Rossi -batería, percusiones-), publicaron “Collage” (1971) y “Uomo di Pezza” (1972), aunque el disco que les encumbró fue el siguiente: “Felona e Sorona” (1973), uno de los álbumes imprescindibles del rock progresivo italiano, del que incluso existe una versión en inglés a cargo de Peter Hammill, miembro fundador de Van der Graaf Generator.

Si queréis disfrutar con el lirismo y la delicadeza característicos de la escena progresiva italiana (aquí dábamos algunas pautas para caracterizar este movimiento musical), os recomiendo que escuchéis este disco (aquí lo podéis hacer), es tan bonito como su portada, obra del pintor y escultor italiano Lanfranco Frigeri. Todos los temas son fantásticos, desde “Sorona”, “La solitudine di chi protegge il mondo”, “Felona”, “Sospesi nell’incredibile” o “Ritratto di un mattino” hasta el tema elegido para ilustrar esta entrada, el titulado “L’Equilibrio” (aquí tenéis una versión en directo, creo que del año 2005), quizás el que mejor resume la propuesta musical de este álbum: gran protagonismo de los teclados, a lo Emerson, Lake & Palmer, interludios sinfónicos y una melodía que nos cuenta la historia de dos planetas opuestos, que comparten espacio y destino, uno desde la luz y el otro desde la oscuridad. Me he tomado la libertad de reproducir las palabras de Hernan Bertgni HerGus, recogidas en la web La Caja de Música, con las que nos relata la bonita historia narrada en este disco conceptual:

“Felona y Sorona son dos planetas que son vigilados por un mismo Dios que se encuentra en medio de los dos. Entre ambos hay una armonía, un equilibrio como entre las mitades de un reloj de arena (…) ‘Felona, cuenta la vida en ese planeta, en que todo es luminoso y la gente vive dentro de grandes burbujas (esferas transparentes) que les proveen a sus habitantes de todo lo que necesitan, y que se desplazan impulsadas por el viento durante el día, mientras que por la noche reposan en el suelo formando pequeños pueblos donde la gente se reúne a festejar y todo es alegría, hasta que el nuevo día otra vez se lleva por el aire a las casas-burbuja hasta la noche siguiente (…) [En] ‘L’Equilibrio’ (…) [se] habla sobre el gran vacío que hay entre ambos planetas, y como cada uno ignora la existencia del otro y del Creador, aunque los destinos de ambos están relacionados, ya que cuando uno está bien el otro está mal, pero con el paso del tiempo todo tiende a equilibrarse, aunque sea por un tiempo. Porque el Creador, cuando ve que uno de sus planetas (Felona en este caso) es un paraíso y ya no puede hacer más, siente curiosidad por saber que pasa en el otro. ‘Sorona fue una vez un planeta feliz, pero esos son recuerdos que se perdieron en el tiempo, y ahora todo es desolación y tristeza, tierra gris y pantanos, plantas y animales extraños, con viejas ciudades sin jardines y envueltas en la niebla. En Atessa Inerte (…) se habla de los habitantes del planeta, con caras endurecidas por un dolor eterno, que se juntan todos los días a rogar para que venga el Salvador a liberarlos y producir el milagro. Sus vidas son un eterno tormento, pero de repente aparece una que otra sonrisa, y se vislumbra una luz de esperanza. Ritratto di un Mattino () solo tiene una breve estrofa que dice que la felicidad no la encontraras dentro de ti sino en el amor que un día le darás a otros. De allí pasa a All’ Infuori del Tempo () donde se relata cómo llega la luz del Creador a Sorona y empiezan a aparecer las primeras hojas y el amor. En ese momento hay dos mundos felices, la tristeza olvidada en ambos, pero no puede durar mucho. Mientras en Sorona crece la felicidad, en Felona el viento se detiene y las burbujas se posan sobre el suelo y se disuelven, dejando a los que las habitaban librados a su suerte, y el equilibro se vuelve a terminar».

Hernan Bertgni HerGus, en La Caja de Música

Brownsville Station. “Smokin’ In the Boy’s Room”

En 1985 se publicaba “Theatre of Pain”, el tercer álbum de estudio de la banda estadounidense de heavy metal y glam rock Mötley Crüe, compuesto por temas escritos por Nikki Sixx y el resto de los componentes del grupo; además, se añadió una canción más perteneciente a la formación Brownsville Station, en concreto la titulada “Smokin’ in the Boy’s Room”, compuesta por Mike Lutz y Cub Koda, los guitarristas y cantantes de esta banda creada en el estado de Michigan (EE.UU.) hacia 1969. Publicaron siete álbumes de estudio, entre 1970 y 1978, un año más tarde se disolvió el grupo.

El tema que hoy nos ocupa, “Smokin’ in the Boy’s Room” -el mismo que rescataran del olvido los chicos de Mötley Crüe en 1985, con ese vídeoclip tan recordado, en el que se nos muestra una delirante historia tomando como excusa la letra original de la canción-, fue grabado inicialmente por los de Detroit en su tercer disco de estudio, el titulado “Yeah!” (1973). En él se incluyeron temas de autores como Hoyt Axton, Terry Knight, Doug Morris, Robert Parker (“Barefootin”), Jimmy Clift (“Let Your Yeah Be Yeah”) o Lou Reed (la conocida “Sweet Jane”), además de dos melodías compuestas por los miembros de la banda Mike Lutz y Cub Koda: “All Night Long” y el tema incluido por Mötley Crüe en su álbum “Theatre of Pain: «Smokin’ in the Boy’s Room”, en el que se cuenta la historia de unos estudiantes aburridos con la disciplina impuesta por el profesor, que pasan el tiempo fumando en el baño de los chicos mientras esperan a ser descubiertos por saltarse las prohibiciones y normas del colegio. En lo musical, es un tema bastante rocanrolero, lindando con el boogie rock; el resto de los temas que componen el disco se sitúan dentro de los mismos parámetros, si acaso con un sonido más cercano al hard rock que al boogie rock. Además de la versión de Mötley Crüe, existen otras, como las interpretadas por Bill Hurley, LeAnn Rimes, ApologetiX o T-Slam (en hebreo).

Concierto de Ole Swing (con Eva Durán). Teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de La Villa). Madrid, 14/11/2021

Todos los géneros musicales tienen sus seguidores y sus detractores. Yo diría que, en la mayoría de las ocasiones, abundan más los primeros que los segundos, excepto en el caso de la copla, sobre todo si nos situamos fuera de Andalucía y de algunos territorios castellanos. Sin embargo, no sucede lo mismo con dos géneros próximos, el flamenco y la rumba, bien arraigados en nuestro país, incluso entre la población más joven. Géneros como el rap, el rock, el pop, la canción melódica, el bolero y, por supuesto, el jazz, a menudo toman prestados sonidos procedentes de estos estilos, de manera análoga a como se hace en otras latitudes con músicas populares y tradicionales como el country, el góspel, la canción italiana, el cancionero americano o la samba brasileña, a menudo fusionados con géneros como el blues, el rock o el jazz, éste último siempre muy presente en todos estos movimientos de mestizaje musical.

En España, nuestros artistas no tienen reparos para incorporarse a la sempiterna moda de “lo flamenco” y el “flamenquito” (término que siempre me ha parecido horroroso), a veces por voluntad propia, otras a petición de las productoras y, las más de las veces, obligados por el tirón que tienen estos sucedáneos del flamenco (género grande donde los haya) entre el gran público. Sin embargo, nadie quiere saber nada de la copla; para ser más preciso, por supuesto que tiene sus seguidores, pero la copla que se suele hacer es la ortodoxa, en líneas generales la misma que se hacía durante la primera mitad del siglo XX, cuando este género fue protagonista. Un ejemplo de lo que acabo de comentar lo tenemos en el concurso de televisión “Se Llama Copla”, que se emitió durante nueve temporadas (2007-2016) en Canal Sur, la televisión pública andaluza; todo un homenaje al género: espectaculares y coloridos trajes con bata de cola, grandes orquestas, las coplas de siempre -cantadas una y otra vez, año tras año, con la duración reglamentaria y sin mutilar-, las características interpretaciones de los cantantes -las más de las veces, mujeres al borde de la sobreactuación- y un reconocimiento explícito de los principales autores de este género, algo que se agradece y de lo que, habitualmente, se olvidan en otros programas musicales de la televisión. Todo hecho con mucho respeto a la copla tradicional, medido con escuadra y cartabón, sin concesiones estilísticas que pudieran perturbar la ortodoxia del género.

El jazz es un estilo perfecto para desapolillar sonidos almacenados en viejos armarios, para revitalizar propuestas musicales muy deudoras de su tiempo, como el cancionero americano, el bolero, la samba o el flamenco. Por ello, no es de extrañar que, nuestros protagonistas de hoy, lo hayan elegido para poner en valor un género como la copla, cargado de excelentes melodías y bellas letras, escritas por poetas como Salvador Valverde, Juan Antonio Ochaíta, Xandoro Valeiro, Ramón Perelló o Rafael de León, uno de los integrantes de la literaria «Generación del 27”. Por supuesto, las historias que se cuentan en la canción española son hijas de su tiempo, algunas de ellas claramente anacrónicas; sin embargo, como en cualquier obra poética que se precie, lo más importante no es lo que se dice en ellas, sino cómo se dice.

La propuesta que nos ofrece Ole Swing es interesantísima y, por supuesto, apasionante; de un lado el “jazz manouche” o “gypsy jazz” francés del guitarrista Django Reinhardt y el violinista Stéphane Grappelli; y, de otro, la tradición musical española, sobre todo la copla, pero también el pasodoble, el bolero y la música clásica de autores como Falla, Albéniz o Tárrega. Tienen publicados dos discos: “Swing ibérico” (2012) y “Sueño gitano” (2015), con temas esencialmente instrumentales, aunque también incorporan algunas melodías cantadas por intérpretes como Zenet, Antonio Carmona o la cantaora flamenca Eva Durán, experimentada en colaboraciones con músicos de jazz como Chano Domínguez, Carles Benavent o Jorge Pardo. Eva acompañó a Ole Swing en el concierto que éstos últimos ofrecieron, el pasado domingo, en el Festival de Jazz de Madrid (JazzMadrid21).

Ha sido mi primer concierto con mascarilla y precauciones anti-COVID, aunque esto último siempre se lleva mejor en locales como la Sala Guirau del Teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de la Villa -Madrid-), con esas comodísimas y espaciadas butacas, que parecen pensadas para tiempos de pandemia. El repertorio de Ole Swing no puede ser más conocido; pudimos disfrutar de coplas y pasodobles como “El Emigrante”, “Ay pena penita pena”, “La bien pagá”, “Ojos verdes”, “El Gallito”, “Soy minero”, “Mi jaca” o “María de la O” (tal vez se me olvide alguna canción), unas veces ejecutadas sólo de manera instrumental y otras con la magnífica voz flamenca de Eva Durán, perfectamente acoplada con sus compañeros en ritmo y compás, algo no muy fácil de conseguir si tenemos en cuenta que el “jazz manouche” suele transitar más rápido que la copla tradicional. Eva también interpretó, por supuesto junto a Ole Swing, el bolero “Dos gardenias”, con giros y detalles diferentes a la propuesta de Diego “El Cigala”, que ya tuvimos la ocasión de escuchar en una entrada anterior. Finalizaron con una especie de popurrí de Manuel de Falla, en el que incluyeron la conocida pieza “Danza ritual del fuego”.

El Teatro Fernán Gómez tiene prohibidas las fotos y las grabaciones durante el concierto; por ello, sólo os puedo mostrar mi entrada, una imagen del escenario antes de iniciarse el concierto y el primer vídeo que he compartido, en el que interpretan «El Emigrante» (no es mío, aunque sí de aquella noche); el resto de fotos y vídeos no corresponden con este evento, pero estoy seguro que os ayudarán a haceros una idea de la excelente propuesta musical que nos ofrece Ole Swing, grupo formado por Paco Rivas, Fernando Bellver (guitarra), Roberto Jabonero (violín), Josemi Garzón (contrabajo) y Eva Durán (cante).

Paco Rivas, Roberto Jabonero, Josemi Garzón y Fernando Bellver
Eva Durán

T-Bone Walker / Alexis Corner’s Blues Incorporated / The Allman Brothers Band. “Call it Stormy Monday (But Tuesday is Just Bad)”

Aaron Thibeaux Walker, más conocido como T-Bone Walker, fue un cantante y guitarrista estadounidense de ascendencia afroamericana y cheroqui, pionero en el uso de la guitarra eléctrica en el blues y en la aproximación de este género al rock; su manera de tocar la guitarra, y de acelerar el blues, ha influido en músicos de este estilo y también en otros más próximos al rock, algunos incluso lo han reconocido de manera explícita, como Chuck Berry, BB King, Steve Miller o Jimi Hendrix, éstos dos últimos imitaron la costumbre que tenía T-Bone Walker de tocar la guitarra de espaldas, y con los dientes. De madre y padrastro músicos, a los quince años ya tocaba como profesional y, antes de cumplir los veinte, había grabado su primer disco con Columbia Records.

Una buena parte de su producción musical fue registrada entre 1946 y 1948, incluyendo el tema que hoy nos ocupa: “Call it Stormy Monday (But Tuesday is Just Bad)”, comúnmente conocido como “Stormy Monday” o “Stormy Monday Blues” aunque, en este último caso, de manera impropia, ya que existe otra canción con ese mismo título debida a Earl Hines y su orquesta, que fue grabada con anterioridad (1942). A la confusión en torno a estas dos melodías, tanto en los títulos como en las autorías y en las versiones que se hicieron después, también contribuyó el propio T-Bone Walker, concretamente a través de una entrevista en la que afirmó que grabó la canción en 1940, justo antes de que los Estados Unidos entraran en la II Guerra Mundial, pero que no fue lanzada debido a la situación derivada del conflicto bélico; sin embargo, según han señalado algunos especialistas musicales, lo más probable es que se grabara en una fecha cercana a la de su publicación, en 1947.

Este clásico del blues cuenta con muchísimas versiones, la mayor parte de ellas grabadas a partir de los años sesenta; precisamente de 1960 es el registro de Bobby Bland, una interpretación con nuevos arreglos, que fue el punto de partida para muchas de las versiones que se harían después. Entre las que a mí me parecen más interesantes, están las de Manfred Mann, John Mayall & The Bluesbreakers, Buddy Guy & Junior Wells, Freddie King, The Outlaw Blues Band, Van Morrison, Colosseum, Albert King, Albert King & Stevie Ray Vaughan, BB King, Albert Collins, Jethro Tull, Gary Moore, Otis Rush, Eric Clapton, Diane Schuur, Rita Coolidge, Eva Cassidy, Roy Buchanan o las dos que hoy he elegido para acompañar al original de T-Bone Walker. En primer lugar, la de Alexis Corner (y su Blues Incorporated), uno de los padres del british blues, incluida en su álbum “Red Hot from Alex” (1964). La segunda es un directo de más de diez minutos de duración, grabado por The Allman Brothers Band para su disco “At Filmore East” (1971), un trabajo del que ya hemos hablado en dos entradas anteriores, dedicadas a los temas “Whipping Post” e “In Memory of Elizabeth Reed”.

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T-Bone Walker (1910-1975)

Teverano. “Musical Express”

“Musical Express” fue un programa emitido por La2 de Televisión Española (el antiguo UHF) durante los años 1980-1983 aunque, desde un par de años antes, ya se emitía por el circuito catalán de la televisión pública. Estuvo presentado por el periodista Àngel Casas, quien se inició profesionalmente en el mundo de la radio (Radio Juventud y Radio Barcelona de la Cadena SER); en 1977 entró a formar parte -junto con Carlos Tena y Diego A. Manrique- del programa musical “Popgrama”, de algún modo el que abrió el camino a “Musical Express”. Tanto en “Popgrama” como en “Musical Express” se incluían noticias y actuaciones en directo de músicos y grupos de pop, rock, jazz y de otros estilos pertenecientes al universo underground, no siempre bien contemplado por la industria discográfica convencional. Mientras que para la sintonía de “Popgrama” se utilizó el tema “Preludi i Record”, de la banda catalana de rock progresivo Iceberg, “Musical Express” contó con la melodía titulada igual que el programa, perteneciente al grupo Teverano (aquí tenéis la cabecera con la sintonía).

Teverano fue una banda de vida efímera, formada a partir de componentes que había pertenecido a Iceberg, como el teclista Josep Mas “Kitflus”, y a Barcelona Traction, es el caso de Francis Rabassa (batería) y Jordi Clúa (bajo); a ellos se unieron los hermanos Bardagí: Pere (violín) y Josep Maria (guitarra), acompañantes habituales de Joan Manuel Serrat. Tan solo grabaron un single, con las canciones “Musical Express” y “Cel de Nit”, además de un disco homónimo publicado en 1981 por el sello Discophon (aquí lo podéis escuchar), cuyo estilo tiene una pizca de rock progresivo y mucho jazz-rock con un cierto toque latino-mediterráneo que, de alguna manera adelantaba el sonido que, apenas un año después, nos propondría Pegasus -banda de la que ya hemos hablado en este blog-, de la que formó parte el maestro “Kitflus”. Parece que el tema que nos ocupa fue versionado por su creador, Josep María Bardagí, años después; una interpretación ejecutada con dos guitarras y una caja de ritmos, que apareció en un disco que acompañaba a un fascículo perteneciente a un método de guitarra por entregas, de venta en quioscos; hablo de oídas, porque no he podido escuchar esta didáctica versión que, hoy día, debe ser pieza de coleccionista.

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