Supertramp. “A Soapbox Opera”

Aunque hay opiniones para todos los gustos, tengo la sensación que la mayor parte de los aficionados al rock, en particular los seguidores de Supertramp, pensamos que el mejor disco de los británicos es “Crime of the Century” (1974), al que ya aludimos en la entrada dedicada al tema “School”; después suelen estar en las listas de preferencias “Breakfast in America” (1979) y “Even in the Quietest Moments” (1977), un álbum con grandes temas, como “Fool’s Overture”, “Give a Little Bit” o “Babaji”, ya escuchado en este blog. Entre este disco y “Crime of the Century” se publicó “Crisis? What Crisis?” (1975), al que muchos aficionados, críticos, incluso los propios miembros de la banda, consideran un disco de transición, un trabajo menor en la discografía de Supertramp. Fue el primero que se grabó, al menos parcialmente, en los Estados Unidos; se hizo a toda prisa ante las presiones de la discográfica (A&M), que quería aprovechar el éxito que había tenido “Crime of the Century”. Como no pudieron terminar la gira de promoción de este disco debido a una lesión en la mano de Roger Hodgson, comenzaron a trabajar en el álbum, aunque sin apenas tiempo para componer nuevos temas y pulir adecuadamente los que ya tenían, en su mayoría material sobrante de grabaciones anteriores; por ejemplo, cuatro canciones que acabarían formando parte de “Crisis? What Crisis?” (“Sister Moonshine”, “Another Man’s Woman”, “Lady” y “Just a Normal Day”) ya habían sido tocadas en directo antes de que se grabaran en estudio. Roger Hodgson calificó este trabajo como de apresurado y sin cohesión, realmente puede decirse que es una colección de canciones sin un nexo en común, como era habitual en los Lps de rock sinfónico de la época; el bajista Dougie Thompson dijo algo parecido: “Pensamos que el álbum Crisis era un poco inconexo y que al grupo en su conjunto en ese momento no le gustaba mucho el álbum”.

Dicho todo esto, he de confesar que no estoy muy de acuerdo con la visión que se tiene y que tenían los propios Supertramp de este Lp, y digo “tenían” porque en la actualidad es el disco de Supertramp preferido por Roger Hodgson. Tal vez sea un álbum apresurado, poco elaborado, pero tal vez precisamente por eso parece un trabajo más directo y sincero; por otra parte, es verdad que no es un disco conceptual -tampoco era necesario-, pero está lleno de excelentes canciones, como las mencionadas líneas arriba y otras: “Easy Does it”, “Poor Boy” o, por supuesto, “A Soapbox Opera”, la protagonista de este post. El título y la portada del disco, concebidos por el teclista Rick Davies, hacen alusión, en tono jocoso e irónico, a la crisis económica que se vivía en aquella época. “A Soapbox Opera” es uno de mis temas preferidos de Supertramp, una canción melancólica, portadora de una letra indescifrable que ni los seguidores con mayor conocimiento de esta banda son capaces de desentrañar; algunos piensan que “habla de la desilusión que sentimos ante las respuestas que damos por sentadas en relación a asuntos como la razón de la existencia o el sentido de la vida. La canción reconoce la necesidad que tenemos de creer en algo, pero en algo que sea verdadero y que no nos decepcione”; otros que es “una crítica a las sectas y [a] la ingenuidad de los que las siguen”; y hay quien opina que la canción habla de una telenovela o “culebrón” y de sus protagonistas, “siempre desde la óptica peculiar de Mr. Hodgson”. En lo musical, me parece una canción bellísima, sencilla y llena de fuerza, en la que la voz de Roger Hodgson emociona, mientras que el piano y los arreglos orquestales confieren al tema la solemnidad y profundidad precisas. Siempre he tenido la sensación, sobre todo escuchando el comienzo del tema, con el piano y esas voces de fondo, que “A Soapbox Opera” es como una especie de boceto de “Fool’s Overture”. Como bien sabréis los aficionados a esta banda, escuchar sus discos a través de Youtube es bien difícil, por no decir imposible, de ahí que haya tenido que optar por Spotify; para aquellos que prefiráis Deezer (el registro es gratuito, como en Spotify), aquí tenéis “A Soapbox Opera” en esta plataforma. Y, si queréis ver a Roger Hodgson interpretando en directo el tema, lo podéis hacer desde este enlace de youtube.

81zBMJUwluL._SL1400_.jpg

Anuncios

The Rolling Stones / The Andrew Loog Oldham Orchestra / The Verve. “The Last Time” / “Bitter Sweet Symphony”

Urban Hyms” (1997), el tercer disco de los británicos The Verve, es uno de los trabajos más representativos del pop inglés realizado a finales del siglo pasado; llegó a vender más de diez millones de unidades en todo el mundo y fue diez veces disco de platino. El tema “Bitter Sweet Symphony”, lanzado inicialmente como sencillo, es una de las melodías más conocidas de aquellos años, posteriormente versionada por artistas como Limp Bizkit o London Grammar e incluida en numerosas películas y series de televisión; la última que he escuchado en la serie juvenil “Riverdale”, a cargo de dos de su protagonistas: Ashleigh Murray y Camila Mendes, pero también se puede oír en “Los Simpsons”, en “Crueles Intenciones”, en “Embrujadas”, etc. La letra de la canción fue escrita por el vocalista de The Verve, Richard Ashcroff, a partir de una melodía de la Andrew Loog Oldham Orchestra que, a su vez, versionaba una canción de los Rolling Stones titulada “The Last Time”. Ésta última fue publicada en 1965, primero como single y, posteriormente, en la versión norteamericana del Lp “Out of Our Heads” (1965), el tercero de la banda. De esta canción, escrita por Mick Jagger y Keith Richards, se han hecho varias versiones, como las debidas a The Pupils, The Challengers, The Pharaophs, Bobby Bare, The Tractors, Dwight Yoakam, The Grateful Dead o los mexicanos Los Ovnis, aunque una de las más conocidas es la que hicieron los Who (sin John Entwistle y con Pete Townshend al bajo), con la intención de ayudar a pagar la fianza de Jagger y Richards cuando éstos fueron encarcelados, en 1967, por tenencia de drogas; aunque, para cuando se publicó esta versión, ya habían sido liberados.

Volviendo a The Verve y a la canción “Bitter Sweet Symphony” (aquí tenéis un estudio en profundidad de este tema), lo cierto es que se solicitó permiso para utilizar un sample de cinco notas de la mencionada versión de “The Last Time” realizada por la Andrew Loog Oldham Orchestra; la discográfica propietaria (Decca Records) dio permiso, aunque el mánager de los Rolling Stones acabó demandando a The Verve por excederse en lo inicialmente acordado; para éstos últimos la reclamación no tenía sentido, ellos entendían que habían compuesto una canción completamente nueva. El asunto aún se complicó más y, aunque no estaban de acuerdo, los miembros de The Verve acabaron por ceder los derechos de la canción a Jagger y Richards, ante la posibilidad de un largo e incierto juicio del que no quisieron participar. El compositor de la canción, Richard Ashcroft, llegó a decir en tono irónico: “esta es la mejor canción que Jagger y Richards han escrito en los últimos 20 años”. Me llama la atención que los líderes de los Rolling Stones se prestaran a semejante arreglo, asumiendo como suya esta melodía ajena a ellos, sobre todo teniendo en cuenta que el tema objeto de discordia (“The Last Time”) es, en realidad, una adaptación de una canción góspel anterior titulada “This May Be the Last Time”, de los Staple Singers, algo incluso reconocido por el propio Keith Richards.

618zxulZWdL._SS500

Joaquín Sabina / Antonio Flores / Porretas. “Pongamos que hablo de Madrid”

Hace algunos meses Íñigo Errejón se mostraba partidario de sustituir el himno oficial de la Comunidad de Madrid, compuesto por Pablo Sorozábal Serrano y Agustín García Calvo, por la canción de Joaquín Sabina “Pongamos que hablo de Madrid”; así lo explicitó y defendió en Onda Cero: “No hay madrileño que no se emocione con esa canción y esa sí que nos la sabemos”. No voy a entrar a polemizar sobre la idoneidad de la propuesta; a una España tan crispada y turbia en lo político sólo le faltaba que los blogs de música también entraran en disputas ideológicas. Sin embargo, no me es difícil comprender por qué Errejón entendió que esta melodía podría representar a los madrileños; llevo toda mi vida en esta ciudad, aquí nacieron mis padres, mis hermanos y yo, y todos nos sentimos orgullosos de nuestra procedencia, pero no hace falta ser de aquí para amar y ser amado por esta ciudad. Casi todos la queremos a pesar de sus imperfecciones o, más bien, precisamente por eso, porque es un lugar deliciosamente imperfecto, que puedes amar y odiar incluso en un mismo día debido a sus interesantes contrastes y, también, por esa opción que nos da para poder vivirla con cierta hostilidad y pausado desenfreno, algo que está a disposición de todos los que quieran acercarse para disfrutar de ella o sufrir sus incomodidades.

Como bien supo plasmar Sabina -jienense de cuna pero madrileño de adopción y corazón-, Madrid es ciudad de contrastes, un lugar “donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo”, donde puedes dejarte “la vida en sus rincones” tratando de buscar esas estrellas que “se olvidan de salir”; un enclave mágico, en el que “el deseo viaja en ascensores” y “los pájaros visitan al psiquiatra”; una ciudad difícil para los que vivimos en ella, con jeringuillas en los lavabos y la muerte viajando en ambulancias blancas. Sabina no dudó en terminar este tema con la siguiente estrofa: “Cuando la muerte venga a visitarme que me lleven al sur donde nací, aquí no queda sitio para nadie, pongamos que hablo de Madrid”. Con estos versos apareció publicada en su segundo álbum de estudio (“Malas Compañías”, 1980) y en el disco “La Mandrágora” (1981), grabado en directo junto a Javier Krahe y Alberto Pérez, acompañados del guitarrista Antonio Sánchez, precisamente el coautor de “Pongamos que hablo de Madrid”, como el propio Sabina reconoce al comienzo del tema:

“Esta canción se llama Pongamos que hablo de Madrid, y es una historia de amor y odio a una ciudad invisible pero insustituible. Es una letra que yo hice según la melodía de Antonio Sánchez, que es este chico (…)”.

En ese mismo año 1981, Antonio Flores grabó una excelente versión, más rockera, por supuesto con la estrofa final anteriormente aludida, que fue grabada en su disco titulado “Al Caer el Sol”. Con el paso del tiempo, Sabina decidió cambiar el final de la canción (aquí o aquí lo podéis escuchar), tal vez porque llegó un momento en que ya no sentía lo que cantaba, porque a nadie se le obliga a amar Madrid, simplemente sucede: “Cuando la muerte venga a visitarme no me despiertes, déjame dormir. Aquí he vivido, aquí quiero quedarme. Pongamos que hablo de Madrid”. Se han hecho versiones acústicas (Revolver), pop (Rosario), rock (Alhandal, Los Lebreles), latinas, de orquesta, flamencas (Enrique Morente, Carmen Linares), incluso pensadas para bebés (Nico Infante), sin embargo no podía dejar fuera del trío de cabecera a la realizada por Porretas, una banda de rock y punk rock creada en los años ochenta (aún en activo) procedente del barrio de Hortaleza (Madrid), precisamente el que da nombre al distrito en el que actualmente resido.

Felicidades para todos los Isidros, para todos los que se sientan madrileños y para todos aquellos que, aún viviendo en Madrid, sufren en esta imperfecta ciudad de la que -estoy seguro- se acabarán enamorando.

00020g.jpg

Los Bravos. “Black is Black”

En la entrada del otro día, la dedicada al grupo español Los Pasos, comentábamos algunos de los detalles en torno al nacimiento de Los Bravos -la primera banda española que logró triunfar en el extranjero-, en particular los que tienen que ver con la canción “La Moto” y el papel desempeñado en todo este asunto por el productor Alain Milhaud y el músico Manolo Díaz. Ambos fueron los creadores e impulsores de este proyecto musical que, desde su nacimiento, allá por 1965, estaba llamado a competir con el grupo hegemónico del momento en España, Los Brincos. Los Bravos tienen su origen en dos formaciones: Los Sonor y Mike & The Runaways, cuyo cantante era Mike Kennedy, un alemán que no cantaba en español, sólo en inglés, con un timbre de voz parecido al de Gene Pitney. Fue Manolo Díaz, antiguo miembro de Los Sonor quien hizo las presentaciones ante Alain Milhaud, ya que aquel había pertenecido a Los Sonor; el productor lo vio claro desde el principio:

“Me gustó mucho la fuerza del grupo y en particular la voz del cantante, su estilo, la fuerza de sus interpretaciones, su dominio instintivo de la escena y su excelente vocalización inglesa (…) Con ellos necesitaba poder ejercer un control absoluto, no solamente sobre las actividades discográficas del grupo, sino también sobre su empleo del tiempo, su imagen, su contratación, sus entrevistas, etc. (…) Es a Manolo Díaz a quien los Bravos deben su nombre. Cuando tuvo lugar el concurso [para elegir el nombre del grupo] él hizo mandar una postal con ese nombre, que nos parecía excelente y definitivo”*.

Los Bravos fue un grupo exitoso desde el mismo momento de su creación, pero el salto definitivo al primer puesto de la escena musical española (compartido con Los Brincos) tuvo lugar tras el viaje que decidieron emprender a Londres Milhaud y los directivos de la discográfica española Columbia, a fin de entrevistarse con quienes mandaban en el sello británico Decca. Allí les atendió Phil Solomon, al que convencieron para grabar en aquellos estudios, aunque éste no consintió en hacerlo con las melodías que traían sino con otras que ellos mismos les proporcionarían; de tal manera que, poco después, el arreglista Ivor Raymonde les presentó una treintena de canciones, a partir de las cuales fueron elegidas las que más gustaron a los integrantes de Los Bravos. El tema “Black is Black” fue inicialmente descartado; sin embargo, pese a la opinión del grupo, finalmente fue incluido: “Vimos en él un hit potencial”, dijo Milhaud. Así nos cuenta el productor francés cómo fue la grabación de “Black is Black”:

“Semanas después, los cinco Bravos se fueron a Londres para grabar. Los estudios eran fantásticos para su tiempo. Disponían de 4 pistas. Todo un lujo. En aquellas sesiones sólo grabaron Mike -la voz- y Tony -los coros-, en directo, con músicos profesionales ingleses: batería, bajo, piano eléctrico, dos guitarras, sección de metales, percusión latina y tubular bells. El sindicato británico de músicos no autorizaba que sus miembros se mezclasen con músicos de grupos que ellos consideraban como aficionados. El guitarrista era Jimmy Page (futuro creador de Led Zeppelin), y el bajista, Herbie Flowers (tocaría en T-Rex, de Marc Bolan, y en Sky)”*.

A pesar del testimonio de Milhaud, no está claro que Jimmy Page interviniera en aquella grabación:

“¿Qué si toqué en el Black is Black de Los Bravos? No me suena. Tocar en el estudio era como fichar en una oficina. De las nueve a las doce con una cantante. De la una a las tres con un grupo. Por la tarde, con una orquesta. Muchas veces ni sabíamos el nombre de la canción … ¡o del artista!” (Jimmy Page, consultado en Partitule).

“Black is Black” (aquí podéis ver la letra en inglés y en español) fue el primer tema español, al menos del ámbito del pop y el rock, que fue un éxito internacional; fue número uno en Canadá, alcanzó la segunda posición en ventas en el Reino Unido y la cuarta en los Estados Unidos, en España se vendieron dos millones de copias y fue número uno de Los 40 Principales durante seis semanas consecutivas. Deben existir unas cien versiones, en diferentes idiomas, tanto de artistas españoles (Pedro Ruy Blas, La Unión, El Chaval de la Peca, etc.) como extranjeros (Johnny Hallyday, The Standells, Rick Springfield, The Shadows, Paul Mauriat, etc.) Los Bravos publicaron cuatro álbumes de estudio y participaron en diferentes películas y programas de televisión. Se separaron a comienzos de los años setenta (tal vez algo después), aunque se han vuelto a juntar en varias ocasiones para realizar giras y actuaciones en directo.

losbravos-blackisblackiwantaname(1).jpg

Los integrantes de Los Bravos eran: Antonio Martínez (guitarra), Manolo Fernández (teclados), Mike Kennedy (voz), Miguel Vicens (bajo) y Pablo Sanllehí (batería)

* Las citas de Alan Milhaud han sido tomadas del libro de Salvador Domínguez. Bienvenido Mr. Rock … Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; págs. 294-318.

Radio Futura. “Annabel Lee”

Edgar Allan Poe empieza a ser un habitual de este blog, a él recurrimos en las entradas dedicadas al tema “Descenso en el Mahëllstrong” (Crack) y al disco “Tales of Mystery and Imagination” (The Alan Parsons Project); desde el blog Rockologia nos hablan de otras canciones inspiradas en la obra de este autor. Falleció en 1849, aunque antes dejó escrito un poema completo que vio la luz poco después de morir. Con seis estrofas –tres con seis versos, una con siete y dos con ocho- “Annabel Lee” nos cuenta una bella historia de amor entre dos jóvenes, “en un reino junto al mar”. Su amor era tan fuerte y puro que desató la envidia de los ángeles del cielo, que se llevaron a Annabel Lee, helada por un viento que estalló de una oscura nube, para “encerrarla en un sepulcro en este reino junto al mar”. Sin embargo, era tan fuerte su amor que “ni los ángeles del cielo, ni los demonios del mar” lograron separar las almas de estos dos enamorados. En 1987, el grupo español Radio Futura, del que ya hemos hablado en las entradas dedicadas a las canciones “La estatua del jardín botánico” y “Divina”, decidió musicalizar este poema, con arreglos de Santiago Auserón (letra) y Luis Auserón (música).

“La sonoridad que tiene el poema de Poe en inglés es prácticamente rockera … cualquier autor contemporáneo podría agarrarla y hacer un rock ácido con ella, bien ácido. Creo que es un ejemplo de claridad, de medida, de sonoridad, que al pasarla al castellano, prácticamente, se conserva. Es de esas letras mágicas que tienen poder musical antes de ponerle música” (Santiago Auserón, consultado en wikipedia).

Incluyeron esta melodía en su cuarto álbum de estudio (“La Canción de Juan Perro”, 1987), uno de los mejores de esta banda, con canciones que hoy día ya son historia del pop y el pop-rock hispano, como “A cara o cruz”, “La negra flor”, “37 grados” o “En un baile de perros”; con él se confirmaron como el grupo español más importante del momento, iniciaron su despegue internacional en Latinoamérica y pusieron las bases para la creación de un estilo, el pop-rock latino, que acabaría triunfando en décadas posteriores. El vídeo de “Annabel Lee” que preside esta entrada fue estrenado en el programa “La Bola de Cristal”, de Televisión Española; en él se puede ver, en un ambiente gótico decimonónico, a Annabel Lee interpretada por la actriz Cristina Marcos, a Santiago Auserón como un noble en su mansión y a Enrique Sierra y Luis Auserón en representación de los ángeles del cielo y los demonios del mar aludidos en el poema. Acabo con dos versiones, una a cargo de Santiago Auserón (con la Original Jazz Orquestra) y otra interpretada por Enrique Bunbury, que fue incluida en el álbum “Arde la calle” (2004), publicado en homenaje a Radio Futura.

Hace muchos muchos años en un reino junto al mar
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee
y crecía aquella flor sin pensar en nada más
que en amar y ser amada, ser amada por mí.

Éramos sólo dos niños mas tan grande nuestro amor
que los ángeles del cielo nos cogieron envidia
pues no eran tan felices, ni siquiera la mitad
como todo el mundo sabe, en aquel reino junto al mar.

Por eso un viento partió de una oscura nube aquella noche
para helar el corazón de la hermosa Annabel Lee
luego vino a llevársela su noble parentela
para enterrarla en un sepulcro en aquel reino junto al mar.

No luce la luna sin traérmela en sueños
ni brilla una estrella sin que vea sus ojos
y así paso la noche acostado con ella
mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.

Nuestro amor era más fuerte que el amor de los mayores
que saben más como dicen de las cosas de la vida
ni los ángeles del cielo ni los demonios del mar
separaran jamas mi alma del alma de Annabel Lee.

No luce la luna sin traérmela en sueños
ni brilla una estrella sin que vea sus ojos
y así paso la noche acostado con ella
mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.

En aquel sepulcro junto al mar
en su tumba junto al mar ruidoso.
Hace muchos muchos años en un reino junto al mar
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee
y crecía aquella flor sin pensar en nada más
que en amar y ser amada, ser amada por mí.

Aquí podéis leer el poema original de Edgar Allan Poe (en español e inglés).

_radiofuturalacanciondejuanperrodelantera_cfa7a90b.jpg