Neil Diamond / Tony Tribe / UB40. “Red Red Wine”

En 1978, en la Birmingham (Inglaterra) más proletaria, un grupo de amigos de la infancia creaban una banda de reggae rock a la que llamaron UB40; tuvieron que comprar sus primeros instrumentos con la indemnización que recibió uno de sus integrantes, Alistair Campbell, como compensación por una pelea ocurrida en un pub. Los descubrió Chrissie Hynde, la conocida vocalista del grupo The Pretenders, cuando actuaban en pubs y clubs nocturnos; en 1979 se los llevó como teloneros a la gira de su banda; en 1980 publicaron su primer álbum (“Signing off”) y, en 1983, obtuvieron su primer gran éxito con el tema que hoy nos ocupa: “Red Red Wine”, el cual incluyeron en su disco de versiones “Labour of Love” (1983). Los componentes de UB40 conocieron esta canción a través de la versión que, en 1969, había publicado el artista jamaicano Tony Tribe; siempre pensaron que el tema era suyo, hasta que les tocó asignar la autoría en los títulos de crédito, entonces se dieron cuenta que no era de Tripe sino de un tal “N Diamond”: “incluso cuando vimos el crédito por escrito que decía ‘N Diamond’, pensamos que era un artista jamaiquino llamado Negus Diamond” (Astro, consultado en Wikipedia).

Por supuesto, el tema no es ni de Tony Tribe ni de Negus Diamond, sino del neoyorkino Neil Diamond. Lo publicó en 1967 como sencillo y, también, lo incluyó en su segundo álbum de estudio (“Just for You”, 1967), con una letra en la que reivindicaba el vino tinto como único remedio para paliar el mal de amores. Con el paso del tiempo, Neil Diamond ha llegado a reconocer que la interpretación de UB40 es una de las mejores versiones que se han hecho de sus canciones, incluso la ha llegado a tocar en directo con los arreglos reggae de la banda inglesa (aquí lo podemos comprobar). El original de Neil Diamond es melódico, acústico y algo sombrío, mientras que las versiones de Tribe y UB40 son más alegres y están interpretadas en clave reggae. El tema salió en 1967 y, desde el principio, hubo dos líneas diferentes de versiones: a lo Neil Diamond y a lo Tony Tribe; en el primer grupo podríamos situar las debidas a Jimmy James & The Vagabounds (1968), Peter Tetteroo (1968), Charles Mann (1969), Vic Dana (1970), Roy Drusky (1971) o Suzzanne Klee (1977); en el segundo citaremos las adaptaciones realizadas por Eddie Lavette (1969) o Painted Garden (1969). En 1983 se publicó la de UB40 y, también, la instrumental de Dave Kelly Band, al estilo Diamond pero más blusera. Desde entonces, han predominado las versiones realizadas a partir del patrón dejado por UB40 (James Last, Lou Bega, John Holt o The Hobos), aunque también las hay al modo Neil Diamond, como la ejecutada por Van Broussard.

The Beach Boys. “God Only Knows”

El talento singular tiene un precio. A veces es el deterioro físico o mental, otras veces la infelicidad, por no hablar de esas leyendas –como la de Robert Johnson– que hablan de pactos con el diablo. A este grupo de sufrientes elegidos pertenece Brian Wilson, el líder de los Beach Boys, una de las bandas de pop-rock más importantes e influyentes en la historia de la música. En diciembre de 1964, cuando su grupo triunfaba con ese sonido surf desenfadado, tan característico de la banda californiana, Brian decidió retirarse de los escenarios al sufrir su primera crisis nerviosa grave (apenas tenía veintidós años) durante un vuelo, en plena gira por el sudoeste de los Estados Unidos. Sus compañeros decidieron sustituirle durante los compromisos que tenían adquiridos, y él se refugió en el estudio de grabación y en su labor como compositor. Mientras trabajaba en un nuevo proyecto, llegó a sus manos el álbum “Rubber Soul” (1965) de los Beatles, un trabajo que le dejó impresionado hasta el extremo de inspirar uno de los discos más innovadores de la música popular: “Pet Sounds” (1966).

Es difícil etiquetar este álbum dentro de un estilo, ya que tiene elementos jazzísticos, sinfónicos, experimentales y psicodélicos mezclados con un pop barroco, en el que se incluyen complejos arreglos orquestales, instrumentos de rock y otros más exóticos, además de efectos de sonido como timbres de bicicleta, botes y botellas de cocacola, campanas o ladridos de perro. El trabajo de grabación y producción se prolongó durante nueve meses; a pesar de que el estudio disponía de los medios necesarios para grabar en estéreo, Wilson decidió hacerlo en sonido mono, sobre todo por tres razones: en primer lugar, porque era prácticamente sordo de un oído, de manera que apreciaba mejor este tipo de sonido; en segundo lugar, porque así se podría difundir mejor por la radio y la televisión, medios que solían utilizar el mono; y, en tercer lugar, porque la propia complejidad de la grabación, con mucha instrumentación en diferentes capas de sonido, al estilo del “muro de sonido” de Phil Spector, era muy difícil de trasladar al estéreo. Wilson llegó a reconocer la influencia de Spector en su “Pet Sound”, cuyas iniciales -y no de manera casual- se corresponden con las del controvertido músico y productor estadounidense.

Brian esperó a que sus compañeros regresaran de sus giras para presentarles las nuevas canciones que había compuesto, junto al escritor de jingles Tony Asher, que fue el encargado de poner las letras a estas melodías. Lo cierto es que se quedaron muy sorprendidos, entre boquiabiertos y decepcionados, porque aquello no se parecía en nada a lo que habían hecho hasta entonces y, además, eran tan complejo que nunca se podría tocar en directo al ser necesaria una orquesta para reproducir aquel sonido. De hecho, en la grabación intervinieron experimentados músicos de sesión, quedando los Beach Boys al cuidado de las armonías vocales.

Hoy es uno de estos días en los que me pongo pesado para que escuchéis el álbum completo (aquí lo tenéis), pues se trata de una obra única, que sólo se puede apreciar bien en su conjunto. “God Only Knows” es, quizás, el tema más recordado, valorado y versionado del disco; parece que fue la primera canción pop en la que se usó la palabra “Dios” en el título. Brian Wilson dijo en una ocasión que la canción “surgió por inspiración gracias a cierta pieza de Johann Sebastian Bach que había escuchado (…) fue una visión que tanto Tony como yo tuvimos. Es como quedarse ciego pero en esa ceguera poder ver más. Cierras los ojos; eras capaz de ver un lugar o algo que sucede”.

The Beatles / Richie Havens / Nick Cave. “Here Comes The Sun”

En 1969 los Beatles no pasaban por su mejor momento; de hecho, se separaron poco después, tras un comunicado de Paul McCartney, el 10 de abril de 1970. Estaban inmersos en problemas económicos y fiscales que tensionaron, aún más, las difíciles relaciones personales que había entre los miembros del grupo. Hacía ya tiempo que no tocaban en directo, apenas había comunicación entre ellos y, cuando coincidían, las discusiones eran habituales. La situación fue empeorando poco a poco, hasta que las hostilidades se incrementaron durante la grabación del que, en principio, iba a ser su siguiente álbum: “Get Back”; el proceso de grabación fue tan complicado que finalmente se tituló de otra manera (“Let it Be”, 1970) y, a la postre, fue el último trabajo de estudio del cuarteto de Liverpool, el mismo en el que incluyeron algunas de las canciones que tocaron en la azotea de aquel edificio en el que ofrecieron su primer concierto, tras varios años sin dar ninguno, y el último antes de su definitivo adiós. El fracaso de “Get Back” abrió el camino a otro proyecto, que finalmente saldría publicado antes que “Let it Be”. Durante el verano de 1969, se volvieron a reunir en un estudio de grabación, con el propósito de aparcar sus diferencias y hacer un buen álbum, que sirviera como colofón a su exitosa aventura musical. Paul McCartney llegó a decir que

“el truco para las sesiones del Abbey Road fue que de alguna manera teníamos que ponernos los guantes de boxeo; tratamos de reunirnos para hacer un álbum muy especial. De alguna manera, pensábamos que este sería nuestro último trabajo, así que… todavía podíamos mostrarnos a nosotros mismos de lo que éramos capaces de hacer, y tratamos de divertirnos mientras lo hacíamos”.

A pesar de las desavenencias y discusiones, habituales durante la grabación, los Beatles no defraudaron; “Abbey Road” (1969), que fue como finalmente se tituló el disco, en homenaje a la calle en la que se encontraban los estudios de grabación de EMI, donde los Beatles grabaron casi todas sus canciones, es uno de los mejores discos de este grupo (lo cual es mucho decir) y, además, tiene una de las portadas más recordadas del rock, con esa fotografía de los cuatro integrantes del grupo en un paso de cebra, sin más indicaciones en la cubierta, ni siquiera el nombre de la banda o el título del Lp. Dos de las canciones que forman parte de “Abbey Road”, “Here Comes The Sun” y “Something”, fueron compuestas por George Harrison, un músico a menudo ninguneado por Lennon y McCartney, en aquella época cansado de su situación en la banda, que además acababa de ser arrestado por posesión de marihuana y aún convalecía de una reciente amigdalectomía. Harto de todo, Harrison se apartó del grupo y buscó el apoyo de su vecino y amigo Eric Clapton; fue precisamente en su casa donde empezó a componer “Here Comes The Sun”, la canción con la que trató de expresar todo lo que entonces le preocupaba; así nos lo ha contado Eric Clapton:

“Estábamos sentados en lo alto de un gran campo, en la parte sur del jardín, provistos de nuestras guitarras, y simplemente rasgueábamos, cuando se puso a cantar ‘de da de de, it’s been a long cold lonely winter’ y, poco a poco, dio cuerpo a la canción hasta la hora de almorzar” (consultado en Guesdon, Jean-Michel & Margotin, Philippe. Todo sobre los Beatles, la historia de cada una de sus 211 canciones. Barcelona: Blume, 2013; pág. 574).

Según señalan Jean-Michel Guesdon y Philippe Margotin en el libro señalado líneas arriba, se grabaron quince tomas de esta canción, sin John Lennon porque estaba recuperándose de un accidente de coche. De entre las muchas versiones que se han hecho de “Here Comes The Sun” voy a destacar las de Peter Tosh, Steve Harley & Cockney Rebel, Nina Simone, George Benson, Paul Simon (con Graham Nash y David Crosby), Joe Brown, John Pizzarelli, Riot, John Entwistle, el propio George Harrison en solitario y, por supuesto, las dos que he elegido para acompañar al original de los Beatles: la del estadounidense Richie Havens, incluida en su álbum “Alarm Clock” (1971), y la de Nick Cave, que formó parte de la banda sonora original de la película “Yo soy Sam” (2001), compuesta exclusivamente por canciones de los Beatles.

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Los Ángeles. “98.6”

Hacia 1964, un grupo granadino denominado Blue Angels -pronto castellanizado como Los Ángeles azules- ya empezaba a ser conocido en algunos locales de la ciudad (Club de Tenis, Jardines Neptuno, Sala Casablanca, etc.) y, también, en algunas poblaciones de la Costa del Sol, como Torremolinos. Grabaron algunos discos de cuatro canciones en Madrid para el sello Phillips, todavía con un estilo sin definir; pero la fama les llegó a finales de 1966, cuando el productor Rafael Trabucchelli les fichó para la discográfica Hispavox, ya con el nombre de Los Ángeles. Con un estilo pop-rock muy melódico y unos arreglos muy cuidados, estos Beatles españoles, como así les llamaron, lanzaron al mercado unos cuantos singles en los que versionaban temas de American Breed, The Tremeloes, Keith, The Turtles, Georgie Fame o The Hollies, mientras que en las caras B comenzaban a incluir algunos temas compuestos por ellos.

A pesar del éxito que cosecharon en el festival de Varadero (Cuba) de 1970 y de su intervención en algunas películas (“Un, dos, tres … al escondite inglés”, 1969; “A 45 revoluciones por minuto”, 1970), lo cierto es que el cambio de década ya no fue tan exitoso. De hecho, parece que en septiembre de 1976 ya tenían decidido dar por finalizada su aventura musical; sin embargo, un dramático suceso precipitó los acontecimientos. Tras una actuación en Tarragona, salieron en dirección a Madrid, precisamente para hablar de su futuro con Rafael Trabucchelli, pararon a dormir un rato en Valencia y prosiguieron su camino cuando, a la altura de Motilla del Palancar (Cuenca), su coche colisionaba con otro que viajaba en sentido contrario; como resultado del accidente fallecieron Poncho González (batería, voz) y José Luis Avellaneda (guitarra), mientras que Carlos Álvarez (guitarra, voz) sufrió graves lesiones, aunque logró salvar la vida; Paco Quero (bajo) no viajaba en aquel coche, ya que fue el encargado de trasladar el equipo a Granada en un furgón. En los años noventa, Carlos Álvarez, Agustín Rodríguez y otros músicos volvieron a retomar el grupo, y tuvieron cierta actividad. Entre 2005 y 2006 se realizaron homenajes a la banda, sobre todo en la ciudad de Granada; y, en 2006, se presentó el libro de Fernando Díaz de la Guardia Los Ángeles: una leyenda del pop español (Madrid: Rama Lama Music, 2006), acompañado de un documental. Carlos Álvarez, el superviviente de aquel fatídico accidente, falleció en Marbella, el 21 de julio de 2018, a los setenta y tres años.

Aquí os dejo un enlace de Spotify para que escuchéis a estos pioneros españoles del pop-rock, conocidos por temas como “Mañana, mañana”, “Dime, dime”, “Créeme”, “Momentos”, “Mónica”, “Nada va a cambiar el mundo” (me acuerdo que sonaba en la radio el año de su accidente) o su primer éxito: “98.6”, una versión de un tema escrito por Tony Powers y George Fischoff, que popularizó, en 1966, el cantante estadounidense Keith (éste es el original). La canción, que alude a la temperatura normal del cuerpo humano medida en grados Fahrenheit, ha sido versionada por otros artistas, como The Bystanders, Dinah Lee, Carolyn Lee Jones, etc. pero, desde mi punto de vista, ninguna tan lograda como la realizada por Los Ángeles. En este sentido, al igual que Julián Molero, yo también pienso que esta versión mejora el original, “una melodía rabiosamente pop de lo más pegadizo, [con] unos buenos arreglos y una utilización de las voces como nunca se le había oído a un conjunto español” (Julián Molero, en lafonoteca).

The Easybeats / David Bowie / Gary Moore. “Friday on My Mind”

The Easybeats fue uno de los grupos que poblaron la escena musical europea dentro de movimiento conocido como “british invasion. Pero no eran británicos, sino australianos de Sidney, ciudad en la que residían al igual que otras muchas familias, que habían emigrado desde Europa en busca de nuevas oportunidades; dos de sus integrantes, el batería Gordon “Snowy” Fleet y el cantante Stevie Wright, eran ingleses; otros dos eran holandeses: Dick Diamonde (bajo) y Harry Vanda (guitarra); mientras que el quinto miembro, el guitarrista y teclista George Young, había nacido en Escocia. El grupo se formó en 1964, cuando aún eran estudiantes, y se disolvió en 1969; durante ese período grabaron seis álbumes y un buen puñado de singles, en los que recogieron sus principales éxitos: “She’s So Fine”, “Wedding Ring”, “For My Woman”, “Sorry”, “Heaven and Hell”, “Bring a Little Lovin’” -popularizado por el grupo español Los Bravos, aquí nos hemos ocupado de ello- o “Friday on My Mind”, su canción más representativa y la que hemos elegido para protagonizar esta entrada.

Compuesta por dos de sus integrantes (Harry Vanda y George Young), y grabada en los IBC Studios de Londres por el sello United Artist Records, fue publicada en 1966 como sencillo y, en 1967, incluida en el cuarto álbum de estudio de esta formación, el titulado “Good Friday”. Obtuvo un gran éxito en todo el Mundo y, en 2001, fue reconocida como “Mejor Canción de Australia de todos los tiempos” por la Australian Performing Righ Association, votación en la que participaron cien personalidades musicales del país oceánico. “Friday on My Mind” nos habla (aquí tenéis la letra, en inglés y español) de lo dura que puede llegar a ser la semana laboral, sobre todo si tienes en el horizonte un buen fin de semana de diversión junto a tu chica. Se han grabado unas cuantas versiones de este tema, entre ellas podemos citar las debidas a The Dukes, Tages, The Shadows, London, John Kincade, Michael Bruce, Earth Quake, Peter Frampton, Burning Heads o las dos elegidas para acompañar al original: la de David Bowie y la de Gary Moore; la primera formó parte del álbum “Pin Ups” (1973), mientras que la de Gary Moore fue incluida en su disco “Wild Frontier” (1987).