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Concierto de Roger Hodgson. Noches del Botánico. Madrid, 11-VII-2017

entrada rogerCuando acudes a un concierto de Roger Hodgson lo que menos te esperas es que, al entrar al recinto, suene una copla cantada en directo; la verdad es que la cantante lo hacía muy bien, su versión de “Y sin embargo que quiero”, entre flamenca e indie, me pareció bastante buena y me hizo pensar, tras echar un primer vistazo al espacio habilitado para este festival, en cuánto había cambiado este evento desde la última vez que participé en él, hace dos años, en el concierto de Imelda May. Me alegré mucho al ver que “Las Noches del Botánico” empiezan a consolidarse como acontecimiento de referencia, para todos los que amamos la música, en las sofocantes noches del verano madrileño. En las fotos que os dejo a continuación podéis comprobar el ambientazo que habían preparado: tiendas, bares, restaurantes de comida rápida tipo food truck y, por supuesto, una actuación en directo para entretener la espera y complacer a unos parroquianos más próximos a los sesenta que a los cuarenta años (los hijos que acompañan a los padres siempre bajan la media de edad en estos conciertos).

Esta vez sólo fuimos tres los que nos animamos a pagar los 49,5 euros que costaron las entradas, tres de los habituales en estos saraos: Begoña, mi hermano Carlos y quien escribe. Entramos hacia las 21:10 de la tarde, nos entretuvimos dando una vuelta y nos tomamos una cerveza; teníamos entrada sin numerar, de pista, aún así no corrimos mucho para buscar un acomodo razonable; a las 21:40 -más o menos- ya nos habíamos situado, justo a tiempo porque cinco minutos después ya no cabía ni un alfiler, hubo un llenazo total, como se puede apreciar en estas imágenes facilitadas por la organización. El concierto empezó a las 22:15 horas y finalizó hacia las 24:00 horas, sin descansos ni interrupciones de ningún tipo; comenzamos con el tema “Take the Long Way Home” y finalizamos con “It’s Raining Again”, en medio pudimos escuchar un puñado de canciones de lo mejorcito del repertorio de Supertramp (“School” -no os perdáis el vídeo grabado por mi hermano Carlos, que haría sin él en los conciertos …-, “Breakfast in America”, “The Logical Song”, “Child of Vision”, “Dreamer” -de ésta también hay vídeo-, “Fool’s Overture”, “Give a Little Bit”, algunas melodías pertenecientes a sus discos en solitario (“Death and a Zoo” o la bellísima “Lovers in the Wind”) y un par de temas inéditos (“Teach me to love again” y “The Awakening”).

No os podéis ni imaginar el aspecto jovial y saludable que tiene Roger, ni mucho menos aparenta la edad que tiene (67 años). Una taza lo acompañó toda la noche, tal vez sea ese el secreto de su eterna juventud; mi hermano dijo que la taza sólo podía contener dos cosas: té o ginebra, y me lo dijo muy convencido … Aunque parezca increíble, su voz está igual que hace treinta o cuarenta años, luciendo esos agudos y falsetes tan característicos suyos que lleva al límite, hasta ese punto de no retorno del que sólo Roger sabe salir airoso. La banda que lo acompañaba está formada por excelentes músicos; tal y como señala eldiario.es, es la habitual de Hodgson: David J. Carmenter (bajo), Bryan Head (batería), Kevin Adamson (teclados) y un canadiense llamado Aaron McDonald, imagino que de ascendencia hispana, que encandiló al público con su manera de tocar los instrumentos de viento (saxo, flauta, melódica, armónica y probablemente algún instrumento más de los que desconozco el nombre) y su disposición para todo lo que hiciera falta: teclados, voces, pandereta, etc.

Ya sé que habrá quien me diga que Supertramp aún existe, y que está capitaneado por tres de sus miembros históricos: Rick Davies, Bob Siebenberg y John Helliwell. Tras la finalización del concierto, Begoña me envió una antigua entrevista a Roger Hodgson en la que éste no oculta su malestar por los actuales Supertramp, de quienes dice son “sólo el nombre de una marca”: “Rick Davies explota como si se tratara de una empresa que cada cierto tiempo sigue explotando para sacar algo de dinero. No hay banda, son unos músicos que se reúnen para irse de gira. Ya está. La verdad es que para mí estaría todo perfecto si se limitaran a tocar sus canciones, pero me disgusta la decepción que están provocando en mucha gente cuando que va a ver un concierto de ellos y no reconocen la voz del cantante. El gran público no sabe la historia de que yo dejé el grupo y piensan que van a escucharme cantando, pero se encuentran otra cosa. Esto ocurre en todas sus giras: cada cierto tiempo, recibo una avalancha de correos electrónicos de gente enfadada y decepcionada. Y me molesta que ocurra eso con algo que fue mi creación”.

Para ser justos, he de decir que no he visto en directo a los “Supertramp oficiales”, pero también os puedo asegurar que el martes pasado yo escuché a Supertramp, a ese grupo que me acompaña desde mi adolescencia, con el que tanto he disfrutado y al que jamás pudé ver porque nunca tuve dinero para pagarme la entrada. No hace falta ser muy avispado para darse cuenta del cariño con el que Roger Houdgson hace las cosas, de las horas de trabajo que debe dedicar a la música y de lo bien que prepara los directos (el sonido fue impecable, de una calidad fuera de lo común en conciertos de rock), todo encaminado a desmostrar que Supertramp es él. Visto lo visto la otra noche, a mí no me cabe ninguna duda del “quién es quién” en esta disputa.

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Roger estuvo simpático a rabiar, no paró de hablar, de reír, de piropear a nuestro país -donde dice encontrarse muy a gusto- , y al público español porque, en su opinión, “no hay público igual”. Nos invitó a dejar a un lado todos nuestros problemas durante un par de horas, y vaya si lo consiguió. Muchas gracias, Roger, por recordarnos que la buena música aún existe.

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America. “Sister Golden Hair”

Los finales felices acaban en boda, al menos eso es lo que nos cuentan en las películas románticas y lo recogido en los manuales cristianos de buenas costumbres. Cuando escucho “Sister Golden Hair”, y trato de interesarme por su letra, veo una canción de amor, un grito desesperado de un hombre que ama pero no desea casarse, alguien que trata de diferenciar el amor del matrimonio y de resistirse a lo inevitable. Sin embargo, estoy casi seguro que algunos pensaréis que lo que narra esta canción es un caso más de inmadurez y falta de compromiso. Dos diferentes puntos de vista que, a día de hoy, aún lucen con plena vigencia y que, en los años setenta, cuando se escribió esta melodía, ya tenían sus defensores y detractores. “Sister Golden Hair” es un tema de la banda “America”, formada en Londres, durante 1970, por dos hijos de militares estadounidenses destinados en Reino Unido (Gerry Beckley y Dan Peek), a quienes se unió el británico Dewey Bunnell; en 1972 ya estaban instalados en Sausalito (California), donde grabaron su primer álbum -titulado igual que el grupo-, en el que destacó el tema “A Horse With No Name“, del que tal vez nos ocupemos en otra ocasión. Los tres cantaban y tocaban la guitarra; eso hizo que su estilo, entre el folk-rock, el country y el pop-rock, se situara en la órbita de lo propuesto por Crosby, Still & Nash, es decir, predominio de las armonías vocales, las guitarras acústicas y las letras. En 1975 editaron su quinto trabajo de estudio (“Hearts“), un interesante álbum de folk-rock con bonitas canciones como “Daisy Jane“, “Bell Tree“, “Old Virginia” o la protagonista de esta entrada, cuyo título estuvo al parecer inspirado en las madres de los integrantes de la banda, las tres rubias. Fue compuesta por Gerry Beckley, tal y como él mismo ha reconocido, tomando como fuente de inspiración “My Sweet Lord“, de George Harrison, algo que se aprecia muy bien al comienzo de la canción, con ese riff que recuerda al del ex-Beatle, muy bien secundado por las guitarras acústicas de doce cuerdas características de esta formación. En cuanto a la letra, Beckley tampoco ha ocultado que está muy influenciada por las composiciones de Jackson Browne, cantautor por el que sentía una gran admiración; incluso hay quien opina que la letra de esta canción también se parece a la conocida “Without You“, de Badfinger. Aquí os dejo una actuación de 1975, para que los podáis ver en directo; y, finalmente, una versión del grupo español Guaraná, titulada “En el medio del camino“.

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Genesis. “Follow you, follow me”

Para muchos aficionados al rock progresivo “Follow you, follow me” fue la confirmación de una traición perpetrada sobre las bases conceptuales y estilísticas de una de las principales bandas que ha dado el rock sinfónico clásico, el cultivado durante la primera mitad de la década de los setenta. En 1987 Genesis era una incógnita; un par de años antes Peter Gabriel, el líder indiscutible de esta formación, la abandonaba para iniciar su carrera en solitario; tras probar con algunos cantantes decidieron que fuera el batería, Phill Collins, quien ejerciera esta función; así, como cuarteto, publicaron un par de álbumes en 1976: “A Trick of the Tail” y “Wind & Wuthering”, el último con el guitarrista Steve Hackett. Ya como trío (Phill Collins -batería, voz-, Tony Banks -bajo y guitarras- y Mike Rutherford -teclados-) comienzan una nueva etapa con el álbum “And then there were three” (1978), un trabajo que puede considerarse como la antesala de unos nuevos Genesis renovados en su estilo, cada vez más alejados del rock progresivo y más próximos al rock melódico, al AOR, incluso al pop. Los siguientes discos (“Duke”, 1980 y “Abacab”, 1981) abundarían en estos planteamientos y acabarían encumbrando a la banda, incluso con mayor contundencia que en su primera etapa para desesperación de sus seguidores más progresivos. “And then there were three” se gestó en un momento de indefinición para el grupo, en el que imagino que incluso valoraron la posibilidad de disolver Genesis. Además, Phill Collins atravesaba una crisis sentimental, por lo que apenas pudo colaborar en la elaboración del disco; de hecho, la mayor parte de los temas fueron compuestos en solitario por Tony Banks y Mike Rutherford. Aunque es verdad que este Lp deja a un lado las largas suites sinfónicas y los complejísimos desarrollos instrumentales, aún desprende aromas progresivos, sobre todo en algunos temas como “Down and Out” o “Burning Rope“, mis favoritos. Sin embargo, finaliza con “Follow you, follow me”, una canción bastante sencilla, decididamente pop, como si fuera una declaración de intenciones de lo que habría de ser esta banda en el futuro. Siempre he querido ver un paralelismo, entre este álbum y este tema, con una canción y un disco de Yes publicado el mismo año: “Tormato” y la pegadiza “Don’t Kill the Whale“; dos grandes bandas tratando de reconducir su estilo y su futuro. Como curiosidad, me gustaría señalar que en la canción protagonista de hoy no tocó la batería Phill Collins sino Chester Thompson, conocido por su trabajo en grupos como el de Frank Zappa o Weather Report.

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Christie / Elton John / R.E.M. “Yellow River”


One-hit wonder es una expresión que se suele utilizar para designar a aquellos artistas musicales que sólo son conocidos por una canción, generalmente muy exitosa. Seguro que casi todos recordaréis algún grupo o solista que se ajusta a esta tipificación; hasta la industria del cine se ha ocupado de este asunto a través de la película “The Wonders” (1996), dirigida por Tom Hanks, en la que se narra la historia de un grupo ficticio de un sólo éxito (“That Thing You Do!“) Un ejemplo de One-hit wonder fue Christie, una banda británica creada en 1969 en torno al vocalista, bajista y compositor Jeff Christie que, en 1970, se dio a conocer gracias a “Yellow River”, un pegadizo tema de pop-rock compuesto por el mencionado Jeff Christie, que nos habla de las ansias de un soldado de la Guerra de Secesión americana por regresar a su hogar situado en el, probablemente inexistente, condado de Río Amarillo; dado que la canción fue lanzada durante la controvertida Guerra de Vietnam, hubo quien quiso interpretarlo como la historia de un joven que trata de abandonar el ejército tras su período de servicio militar obligatorio; esta misma fuente señala que, en lo musical, el autor se inspiró en algunos fragmentos del clásico de 1920 “In a Persian Market“, de Albert Ketèlbey, circunstancia que, en mi opinión, apenas se evidencia más allá de algunos segundos de canción que, remotamente, recuerdan a este clásico de aroma oriental. “Yellow River” fue ofrecida a The Tremeloes, grupo de beat inglés creado en 1958 bajo la denominación original de Brian Poole and the Tremeloes; tras grabar la canción, finalmente decidieron no comercializarla por considerarla demasiado pop para ellos, y consintieron en que Christie grabara de nuevo el  tema modificando el registro inicial. A pesar de que publicaron algunas canciones interesantes, como “San Bernardino” -publicada en el mismo Lp que “Yellow River” (“Christie“, 1970)- o “Iron Horse“, lo cierto es que nunca volvieron a disfrutar de un éxito tan rotundo como el que obtuvieron con la canción que hoy nos ocupa. En vista de la oportunidad desaprovechada y probablemente con el ánimo de enmendar su error, los Tremeloes la volverían a grabar y, esta vez sí, a comercializar, incluso hicieron una versión en español (o algo parecido). También existe otra en francés, a cargo de Joe Dassin, y un buen puñado más, como las de Middle of the Road, The Compton Brothers o las otras dos destacadas de hoy, interpretadas por Elton John y R.E.M., respectivamente. La primera pertenece a un álbum de versiones muy interesante,que tal vuelva a aparecer por aquí en alguna otra ocasión, el titulado “Chartbusters Go Pop” (1994); y la segunda fue incluida en el sencillo de los estadounidenses “All the Way to Reno (You’re Gonna Be a Star)”, publicado en el año 2001.

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King Harvest. “Dancing in the Moonlight”

Los amigos metaleros que hayan leído el título de esta entrada probablemente han pensado que me he equivocado porque “Dancing in the Moonlight” es, en realidad, un tema de Phil Lynott que formó parte de “Bad Reputation”, el octavo álbum de estudio de la banda de hard rock Thin Lizzy; y efectivamente es así, pero se trata de una canción diferente a la que protagoniza el post de hoy. La mayor parte de vosotros habréis pensado en la conocida melodía de los británicos Toploader, que tanto éxito tuvo allá por el año 2000 y que, incluso, fue utilizada en una campaña de verano llevada a cabo por la compañía Movistar; y no os equivocáis, aunque se trata de una versión, ya que el original pertenece a la formación franco-americana King Harvest, y no a Van Morrison o a Elvis Costello, otra de las confusiones que persiguen a “Dancing in the Moonlight”, elegida como “la canción más feliz del Mundo” de la década 2000-2009, según un estudio realizado por neurocientíficos de la Universidad de Groningen (Holanda), por supuesto en la versión de Toploader porque King Harvest parecen condenados al olvido. De hecho, no hay mucha información en internet sobre esta banda que, según nos cuenta el amigo Chus (El Espacio de Chus), se formó en 1970 y estuvo en activo hasta 1976 con continuos cambios en su formación, pero donde se puede identificar al núcleo fundacional: Dave “Doc” Robinson (bajo, teclados, voz), Ron Altbach (teclados), Ed Tuleja (guitarra) y Rod Novak (saxo), quienes se conocieron en la Universidad de Cornell. Si no estoy equivocado, publicaron tres álbumes: “I Can Tell” (1971), “Dancing in the Moonlight” (1972) y “King Harvest” (1975). El segundo es el que contiene el tema que nos ocupa; fue compuesto por Sherman Kelly, también miembro de King Harvest, cuando formaba parte de su anterior banda, Boffalongo, en la que también militó Dave “Doc” Robinson, líder de King Harvest. Os aconsejo que escuchéis este segundo Lp porque tiene de todo, desde temas pop-rock como el que da título al disco, hasta otros más psicodélicos, incluso algunos con elementos funk; desde esta web podéis acceder al disco. Por supuesto, existen más versiones, en diferentes estilos, y la canción ha sido utilizada en algunas películas y series de televisión, como “Bates Motel“, “Better Call Saul” o “The Blacklist“.