Mike Oldfield. “Moonlight Shadow”


En 1983 se cumplían diez años del lanzamiento de “Tubular Bells”, uno de los trabajos fundamentales en la historia del rock sinfónico. Teniendo en cuenta lo bien que aún se vendía, la discográfica Virgin valoró la posibilidad de realizar una segunda parte del mismo, sin embargo Mike Oldfield prefirió embarcarse en otro proyecto: su octavo álbum de estudio, que tituló “Crises” (1983). Un Lp compuesto por dos caras bien diferentes una de la otra; en la A se recogía la suite “Crises”, de casi veintiún minutos de duración, una compleja pieza de rock progresivo de gran calidad, en la línea de “Tubular Bells” como si, a pesar de todo, al final hubiese decidido autohomenajearse. La cara B, aun siendo también muy buena, se conduce por sonidos más próximos al pop-rock que al rock sinfónico; está integrada por cinco canciones de minutaje convencional, todas ellas –al igual que la mencionada “Crises”- compuestas íntegramente por Mike Oldfield, excepto los cortes “In High Places” y “Foreign Affair”. En el primero de ellos intervino en la letra Jon Anderson, vocalista de Yes, que es quien interpreta la canción; en el segundo, la cantante escocesa Maggie Reilly, también encargada de la parte vocal, al igual que sucede con el tema que nos ocupa, “Moonlight Shadow”, una de las canciones más reconocibles de los años ochenta y de las más representativas del Mike Oldfield más popular. La cara B se completa con el instrumental “Taurus 3” y con “Shadow on the Wall”, en la voz de Roger Chapman, el otro gran éxito que tuvo este álbum. Volviendo a “Moonlight Shadow”, podemos decir que, a pesar de ser un éxito de masas y de su sencilla estructura, se trata de una buena canción pop, bien apoyada en la sección rítmica y los teclados, con un solo de guitarra interesante y, sobre todo, la milagrosa voz de Maggie Reilly, que transforma esta melodía en una experiencia verdaderamente singular. Existe un rumor en torno a esta canción; hay quien ha sugerido que la letra pudiera hacer alusión al asesinato de John Lennon, aunque lo cierto es que no hay muchas coincidencias en cuanto a los detalles (día de la semana, hora, estado de la luna, etc.) que rodearon aquella muerte. Sin embargo, Mike Oldfield tampoco lo ha desmentido categóricamente, si bien también ha reconocido que, al menos al principio, la canción estuvo inspirada en la película “El Gran Houdini”:

“En realidad no… bueno, tal vez, cuando la reviso, quizá lo fuese. Efectivamente llegué a Nueva York aquella terrible noche en la que le dispararon y me había quedado en la sede de Virgin Records en la Calle Perry, que está a unas cuantas manzanas calle abajo del Edificio Dakota donde ocurrió, así que aquello probablemente se hundió en mi subconsciente. Originalmente fue inspirada por una película que me gustaba, `Houdini´, protagonizada por Tony Curtis, que trataba acerca de los intentos por contactar con Houdini después de que hubiera muerto, a través del espiritismo… en su origen fue una canción influida por esto, pero muchas otras cosas debieron de introducirse en ella sin que me diese cuenta” (consultado en Sinfomusic).

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The Box Tops / Joe Cocker / Neal Morse. “The Letter”




American Sound Studio fue un local de grabación ubicado en Tennessee (EE.UU.) que funcionó entre 1967 y 1972; allí grabaron artistas como Aretha Franklin, Elvis Presley, Neil Diamond, Dusty Springfield, Petula Clark o los Box Tops, una banda inicialmente llamada “The Devilles” que tomó su nombre definitivo con la grabación de su primer singlé, “The Letter”, uno de los éxitos más importantes que obtuvo este grupo durante los años en los que estuvieron juntos, entre 1967 y 1970, aunque en la década de los noventa volverían a reunirse, incluso podría decirse que aún permanecen en activo. “The Letter”, que cuenta la historia de un joven que, tras recibir una esperanzadora carta de un antiguo amor, no duda en viajar –cueste lo que cueste- para reunirse con ella, fue ofrecida por su autor (Wayne Carson) a Chips Moman, propietario de American Sound Studio; él fue quien sugirió al grupo local, De Devilles, que contaban con un cantante de dieciséis años llamado Alex Chilton, portador de una interesantísima voz grave, inusual para alguien de esa edad. Lo acompañaron en la grabación Danny Smythe (batería), Richard Malone (guitarra), John Evans (órgano) y Russ Caccamisi (bajo). Tras una treintena de tomas, en las que Alex Chilton no lo debió de pasar muy bien debido al tono de la canción, excesivamente alto para su color de voz, este grupo de novatos dejó grabada la pista base sobre la que trabajarían los productores; añadieron un sonido de avión y unos excelentes arreglos de cuerda y vientos a cargo de Mike Leach, y todo en menos de dos minutos de duración. Consiguieron facturar un producto notable, que llegó a alcanzar, en septiembre de 1967, el número 1 en la lista de singles de la revista Billboard.

Las versiones no se hicieron esperar: The Mindsbenders, The Shadows, Trini Lopez, Brenda Lee, Al Green o The Arbors, todas ellas durante el período 1967-1969. Joe Cocker, protagonista de nuestro segundo vídeo destacado de hoy, la grabó en 1970 como single y, poco después, la incluiría en su álbum en vivo “Mad Dogs & Englishmen” (1970). Tras la de Joe Cocker se han seguido haciendo versiones: Bob Marley, Peter Tosh, Barbara Mandrell, Sammi Smith, Dione Warwick, Eva Cassidy, Bachman Turner Overdrive, David Coverdale o, más recientemente, Haley Reinhart. La tercera destacada pertenece a alguien procedente del rock progresivo, me refiero a Neal Morse, antiguo integrante de bandas como Spock’s Beard o Transatlantic; en 2002 se convirtió al cristianismo y, desde entonces, ha grabado varios discos en solitario de rock progresivo cristiano que, sinceramente, no conozco. Esta versión de “The Letter” fue incluida, como bonus track, en la edición especial que se hizo de su disco “Lifeline” (2008). Los que tengáis una cierta edad tal vez recordéis la versión que, en los sesenta, realizara la formación catalana Los Mustang, cantada en español bajo el título de “La Carta”.

Las Cinco Canciones de Nostromo (III): “Free as a Bird” (The Beatles)

Al igual que la leyenda que envuelve al Cid Campeador, los Beatles han seguido ganando batallas después de su disolución. Nostromo nos cuenta hoy la historia de “Free as a Bird”, una canción que no se publicó hasta 1995, cuando los Beatles llevaban un cuarto de siglo separados. Nuestro invitado de esta semana nos cuenta el papel que desempeñó Yoko Ono en esta historia y cómo fue la grabación de esta canción, podríamos decir que un tema bastardo en la discografía de los Beatles, que no ha sido recogido por Jean-Michel Guesdon y Philippe Margotin en su obra Todo sobre los Beatles. La historia de cada una de sus 211 canciones (Barcelona: Blume, 2015).

“Siempre he proclamado a los cuatro vientos mi condición de beatlemaníaco, fui, soy y seré toda mi vida (imagino que después también), o sea que no podían faltar a la cita. Mi canción preferida A Day in the Life, ya apareció en este santuario musical, por lo que estuve en la tesitura de no saber qué canción elegir; me entusiasman el 95% 😉 de ellas y el resto simplemente me gustan. ¿Qué cuento sobre quienes se han escrito ríos de tinta y eran más famosos que Jesucristo?, ¡ah, vale! todavía me quedan las vivencias personales.

Me engancharon por lo menos un lustro después de su separación gracias a un amigo de la pandilla, el avanzado musical típico que hay en todas las pandillas. A. Lobo de hecho dirige y presenta un reputado programa en Radio 3, también fue el culpable de inocularme el veneno de Bob Dylan en mi torrente sanguíneo. Cuando no sonaban unos, sonaba el otro, años de fanatismos y descubrimientos, como tantos y tantos chavales tampoco hay que darle mayor importancia.

Por eso me he inclinado por dos ‘rarezas’ con la simple pretensión de intentar sorprender a alguien. Sí, ya sé que esas ‘rarezas’ de los Beatles tampoco son tan desconocidas o por lo menos eso me dictan mis neuronas beat, pero merece la pena intentarlo.

Free as a Bird, salió a la venta como sencillo a finales de 1995, como parte de la promoción del lanzamiento del documental The Beatles Anthology y del extraño recopilatorio que le acompañaba. He de confesar que no lo compré, me horrorizan todos esos intentos de reflotar algo tan místico e irrepetible, como dirían ellos: “Let it be”.

Pues sí ¡en 1995, veinticinco años después de su disolución y sin Lennon! Para ese proyecto, McCartney habló con Yoko Ono para ver si tenía grabaciones inéditas de su marido, la viuda respondió enviándole cuatro canciones en formato cassette. John había grabado una versión incompleta de Libre como un pájaro en 1977, las otras canciones contenidas en aquella cajita del señor Phillips eran: Grow Old With Me, Real Love y Now and Then. Ono, que no es santo de mi devoción, declaró en una entrevista: “Yo no quise separar a The Beatles, pero estuve en ese momento clave. Ahora tengo una ocasión de hacerles juntarse otra vez y la voy a aprovechar. Es como si el destino me la hubiera preparado”.

Los tres exFab Four decidieron que Jeff Lynne -había trabajado ya con Harrison en Traveling Wilburys– fuera el productor y no el habitual George Martin con problemas de oído. En la cinta, Lennon cantaba y tocaba el piano, respetaron la idea básica del cantante y rellenaron pequeños espacios musicalmente. Algunos acordes fueron cambiados y el arreglo instrumental se alargó para incluir otras líneas con las voces de Paul y George.

El vídeo promocional fue dirigido por Joe Pytka y muestra, desde la perspectiva de un pájaro volando, referencias a otras canciones como: Penny Lane, A Day in the Life o Eleanor Rigby. Se dice que existen entre 80 y 100 alusiones a la historia, composiciones y letras de The Beatles. El pájaro no aparece nunca porque no se pusieron de acuerdo sobre qué clase de ave debería ser,… y yo con estos pelos.

Bueno y ahora una cosita sonrojante o graciosa, dependiendo de los oídos con que se mire o los ojos con que se escuche, también aparece en Anthology. Bésame mucho (Consuelo Velázquez, 1940) era parte del repertorio de la banda en Hamburgo, entró en el paquete de canciones del intento fallido por fichar por Decca Records cuando no eran nadie todavía. “Los grupos de tres guitarras y una batería tienen los días contados, así que The Beatles no tienen futuro”, les dijeron”.

Las Cinco Canciones de Nostromo (I): “Hadaly” (Radio Futura)

Esta semana tenemos nueva entrega de “Las Cinco Canciones de tu Vida”. Ya sabéis que es una sección abierta a todos los que queráis participar en ella si queréis compartir con nosotros vuestros recuerdos y vuestras canciones; tan sólo tenéis que elegir cinco que sean importantes en vuestra vida por alguna razón, contarnos por qué son o han sido importantes y enviar el texto por correo electrónico (raulrn@wanadoo.es) o twitter (@guitarmuses). El invitado de esta semana es Nostromo, uno de los tres patrones de Musicae Memorandum, un blog excelente, ganador de los Premios 20Blogs (categoría de Música) en la edición de 2014. Ya os he hablado de esta web en otras ocasiones, no en vano he tenido el privilegio de participar, al igual que otros amigos, en sus dos últimos aniversarios, una fiesta bloguera que este último año (el quinto en la blogosfera) contó con más de cuarenta colaboraciones en forma de entradas, publicadas una cada día, todo ello amenizado con juegos, regalos y sorteos. También os hablé de Musicae Memorandum cuando nos visitó JakeSnake -otro de los responsables de esta web- en esta misma sección.

Cuando leí los textos que me envió Nostromo lo primero que pensé es que muchas de las cosas que cuenta las podría haber escrito yo mismo. Cuando volví a leerlos por segunda vez me di cuenta que las vivencias y, sobre todo, las coincidencias musicales eran muy numerosas; debemos tener una edad similar, no hacemos ascos a casi ningún género musical (excepto al regaeton, jajaja) aunque el rock siempre estará en el centro de nuestro corazón musical, nos sentimos más a gusto con la música que conocemos, que no suele ser la de rabiosa actualidad, iniciamos el siglo un poco despistados sin saber muy bien a qué musica quedarnos, vivimos los ochenta y disfrutamos con el pop que se hacía en España y, por si esto fuera poco, también compartimos una anécdota parecida, luego en los comentarios lo cuento. Estoy seguro que os va a encantar Nostromo y que vais a disfrutar, tanto como yo, con sus canciones y sus recuerdos. Comienza con “Hadaly”, tema de Radio Futura publicado en su segundo Lp.

“Cuando el amigo Raúl me sugirió hacer la tan famosa tanda de Las cinco canciones de mi vida, la verdad es que me abrumé un poco. Como le dije, me considero un bloguero amateur, de los de andar por casa, nunca he publicado en terrenos forasteros padeciendo mal de altura fuera de mi hábitat natural, pero ante su amabilidad y predisposición, no solo porque participa en nuestros últimos aniversarios de Musicae Memorandum o por sus sabios apuntes, me veo casi obligado a corresponder a su positivismo y dejarme liar, Quid pro quo” o “do ut des como diría aquel. Allá vamos con todo cariño y mi mejor voluntad.

Nací castellano-manchego y me siento cartagenero de adopción, mis mejores baños estivales me los he dado, y espero seguir dándomelos, en Castilla-La Manga; o sea que por esos tres lugares es por donde ha pululado el 95% de mi existencia, no me preguntéis cómo lo he calculado porque rima. Todo eso explica que aparezca en mi bio lo de manchego/carthaginés, una peculiar amalgama con lo peor de cada bando.

Como decía, vine a este mundo en un lugar llamado Puertollano hace más de veinte mil días, que se dice pronto. Puertollano es un pueblo grande o una ciudad pequeña, según se tenga que defender la tierra de uno. Un buen sitio para vivir venido a menos como tantos otros, tiene la enorme ventaja de la proximidad con el centro neurálgico en muchos kilómetros a la redonda de aquella zona, Madrid. Aparte de esta pequeña presentación de un servidor, meto este rollo porque está relacionado con la música, con mi canción de hoy, mi flashback particular me lleva hasta 1984 directamente a una ya decadente Movida madrileña.

Musicalmente me siento ecléctico convencido, me gustan casi todas las tendencias (cuando digo esto siempre me acuerdo del reguetón) y he pasado por casi todas las etapas musicales, según la época con mayor o menor duración; desde el heavy hasta el tecno, desde el punk hasta el pop, pero siempre con un denominador común: el rock. Lo que me ha dado la sabiduría necesaria para no saber de nada, y el don de reconocer lo que me gusta a la primera escucha, pocas veces me falla… sobre todo si es bueno.

Hadaly es un tema de Santiago Auserón que ocupa la segunda pista del famosísimo disco de Radio Futura La ley del desierto / La ley del mar, ya sabéis, un pelotazo con una nueva fórmula de funky/punk donde dicen que apareció el término rock latino con aquella Semilla negra. Hadaly no tuvo tanta repercusión como otras canciones del álbum, pero a mi media naranja y a mí nos encantaba. Su letra es ambigua, como casi todas las de esta banda, está basada en la novela de ciencia ficción La Eva futura de Auguste Villiers.

Ahora y para terminar, me explico en la elección de esta canción. Hacemos de nuevo ese flashback y volvemos al pueblo apodado de las dos mentiras (algo que no es cierto), por aquel entonces regentaba junto a mi amigo Pepe un disco bar típico de aquellos años, mucha marcha, sonido fuerte y oloroso humo, El Tenerife, puntero con buen ambiente y buena música. Veinteañero y con pasta para gastar no existía el aburrimiento, hasta que un poco cansado de los excesos (afortunadamente) y por motivos laborales, me trasladé a estas tierras de Aníbal y los Barca. Bien, mi actual mujer también se vino y tuvimos nuestra hija ochentera, tenemos la pareja. Cuando nació, como todo quisqui fui al registro para darle de alta, allí al decirle al funcionario de turno el nombre elegido me frunció el ceño: “¿eso qué es, no está en el santoral?”, ante mi insistencia dijo: “tendrás que ir a hablar con el juez”, efectivamente, por aquel entonces no me achicaba y el de la toga estaba de juicios en una sala contigua. En un receso me metí y me fui para el estrado cargado de razones, otro que frunció el ceño, “¿eso qué es?” espetó, “¡una flor!” afirmé mintiendo, “¿una flor?”, “¡Sí, como Rosa!”, “Bueno, ponle María delante y asunto arreglado” sentenció. Me retiré de la batalla apabullado, pero con la sensación de haber ganado al poderoso aunque solo sea a medias. Desde aquel día mi hija se llama Mª Adalí (nos pareció más adecuado), un nombre precioso y único para un ser maravilloso.

Miro una estrella lejana
Y me pongo a pensar
Que al llegar a mí su luz
Puede haberse apagado ya”

Tony Sheridan & The Beat Brothers. “My Bonnie”

Ya lo puedo decir. Adoro Escocia, sus paisajes redondeados y verdes, la mágica quietud de sus lagos y glens, la amabilidad de su gente, sus estrechas carreteras que invitan a la concordia y al entendimiento, y el fuerte apego que los escoceses tienen a su historia, no siempre alegre ni victoriosa. Los castillos, iglesias, museos y monumentos son testigos de un pasado orgulloso y de una cultura propia que reivindican con pasión. Si vais a Escocia os faltará tiempo para llegar a todos sus rincones pero, si tenéis ocasión, no dejéis de visitar el antiguo campo de batalla de Culloden; en aquella contienda, ocurrida el 16 de abril de 1746, las tropas jacobitas lideradas por Carlos Eduardo Estuardo, formadas en su mayoría por escoceses católicos y episcopalianos de las Highlands, cayeron derrotadas por el ejército británico al mando del Duque de Cumberland, el hijo menor de Jorge II, de la Casa de Hannover. La batalla puso fin a los levantamientos jacobitas y a la pretensión de colocar a un descendiente de Jacobo II en el trono de Inglaterra; se destruyó el sistema escocés de clanes, se prohibió la religión episcopaliana (la católica ya lo estaba) y los distintivos y vestimentas escoceses, como el kilt, el tartán o las gaitas, éstas últimas se consideraron armas de guerra. El Duque de Cumberland, conocido a partir de entonces como “Cumberland el Carnicero”, mató a los jacobitas heridos y prisioneros, excepto a los de mayor rango, que fueron ejecutados posteriormente en Inverness. El carismático Carlos Eduardo Estuardo, conocido como “Bonnie Prince Charlie”, al parecer una persona irresoluta, caprichosa, irascible y muy aficionada al alcohol, pudo huir gracias a Flora MacDonald, uno de los personajes más célebres de Escocia, que logró trasladarlo en barca a la isla de Skye disfrazado como su criada irlandesa Betty Burke. Este acto heroico fue inmortalizado en la canción “The Skye Boat Song”; otras melodías, como “Crua Chan”, de los argentinos Sumo, recuerdan la batalla de Culloden; y el tema popular “My Bonnie lies over the ocean” es posible que aluda a Carlos María Estuardo (“Bonnie Prince Charlie”), ya que bonnie, en jerga escocesa, significa chica bonita o preciosa, aunque creo que también se emplea en masculino.
Las primeras partituras de “My Bonnie lies over the ocean”, una de las canciones escocesas más populares, utilizada como melodía infantil, imprescindible en campamentos y como recurso para aprender inglés, se remontan al siglo XIX. Yo os voy a proponer la adaptación realizada en 1961 por el músico británico Tony Sheridan, bajo el título “My Bonnie”, que grabó este clásico acompañado de los Beat Brothers, unos muchachos que trataban de ganarse la vida como buenamente podían en locales y clubs de Hamburgo; poco tiempo después lograrían el reconocimiento y el éxito, ya con su nombre definitivo: The Beatles.