Gene Clark y Carla Olson. “Gypsy Rider”

The Byrds es una de las bandas más importantes e influyentes que ha dado el pop y el rock, y bien podría decirse que son los creadores de estilos como el folk-rock o el country-rock; ya han aparecido por aquí, a propósito de los temas “You’re Still on my Mind” y “Mr. Tambourine Man”. Sus integrantes (Jim McGuinn, David Crosby, Chris Hillman, Gene Clark, Michael Clarke o Gram Parsons) también han desarrollado carreras en solitario muy relevantes, y han formado parte de grupos tan importantes para el country, el folk y el rock como The Flying Burrito Brothers, Manassas o Crosby Still & Nash. Gene Clark tal vez fue el menos afortunado; aunque fue el principal compositor en la primera etapa de The Byrds (1964-1966), tuvo que encajar que los productores le apartaran de las tareas vocales en las canciones más emblemáticas y, también, la incomprensión de sus propios compañeros. Abandonó The Byrds tras la publicación del tercer álbum de estudio de los californianos (“Fifth Dimension”, 1966), iniciando así una carrera en solitario con discos tal vez no muy conocidos pero de gran calidad, como el último que grabó en colaboración con la compositora, guitarrista y cantante Carla Olson.

So Rebellious a Lover” fue publicado en 1987, con la ayuda de músicos como Chris Hillman, Stephen McCarthy o Randy Fuller. No os voy a recomendar ningún tema en concreto, excepto el que encabeza este post, porque con la parte os estaríais perdiendo el todo; aquí lo tenéis por si os animáis. Como bien dice el compañero Addison de Witt, “un disco crepuscular, acústico, folk y country; un trabajo de camino y granero, de olor a heno y sabor de maíz y licor de zarzaparrilla; un cancionero en el que, en muchos momentos, manda la melancolía y el rumor de la tristeza”. Lamentablemente, el torturado organismo de Gene Clark no pudo aguantar mucho más; el alcohol, las drogas y su delicada salud (física y mental) acabaron con él cuando apenas tenía cuarenta y seis años, el 27 de mayo de 1991. Antes fue capaz de dejarnos un disco maravilloso, con canciones tan profundas como “Gypsy Rider”, la triste historia de un perdedor que jamás recuperará a su chica. Os dejo algunas versiones de esta canción, en concreto las de The Kennedys (a partir del minuto 14.25), Midnight Choir, Johan Asherton, Tex Perkin & The Band of Gold, Jason Haywood y George Elliot, así como una interpretación en directo a cargo de nuestros protagonistas de hoy, Gene Clark y Carla Olson.

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Creedence Clearwater Revival / Bo Diddley / Hayseed Dixie. “Bad Moon Rising”

“Brasil, decime qué se siente / tener en casa a tu papá / Te juro que aunque pasen los años / nunca nos vamos a olvidar / Que el Diego te gambeteó / que Cani te vacunó / que estás llorando desde Italia hasta hoy / A Messi lo vas a ver / la Copa nos va a traer / Maradona es más grande que Pelé”.

La Copa Mundial de Fútbol del año 2014 se celebró en Brasil, el país con más títulos en esta competición, cinco en total. Las frases que encabezan esta entrada fueron improvisadas por la afición de la selección nacional de Argentina, los eternos rivales de los brasileños, para animar a su selección y, de paso, ridiculizar a los organizadores del torneo. Todos cantaban esta canción, titulada “Brasil, decime qué se siente“, tanto los hinchas como los jugadores; podría decirse que se convirtió en algo así como himno oficioso de Argentina, sobre todo a raíz de que los anfitriones perdieran por 7 a 1 contra la selección alemana, la misma que ganó el Mundial tras vencer en la final a Argentina. No era la primera vez que los argentinos utilizaban esta melodía; con letras diferentes, ya había sido manejada por los seguidores de San Lorenzo de Almagro, Boca Junios y otros equipos, incluso por grupos y asociaciones de corte político (aquí lo explican con más detalle). Como bien sabréis muchos de vosotros, el tema original, titulado “Bad Moon Rising”, fue compuesto por John Fogerty en 1969 para su banda Creedence Clearwater Revival; fue el primer single de “Green River”, el tercer álbum de estudio de los californianos, habituales de este blog a través de canciones como “Cotton Fields”, “I Heard it Through the Grapevine”, “Good Golly Miss Molly”, “Susie Q” o “Have You Ever Seen the Rain?

El ritmo alegre de “Bad Moon Rising”, entre rocanrolero y country, contrasta con la apocalíptica letra; tal y como ha reconocido el autor, la canción habla sobre el fin del Mundo y está inspirada en la película “El hombre que vendió su alma” (1941), en concreto en una escena en la que un huracán arrasa el pueblo. Es uno de los temas más conocidos de Creedence Clearwater Revival, de los más utilizados en películas, series, anuncios publicitarios o videojuegos; y, por supuesto, tiene muchas versiones. Os voy a proponer dos algo alejadas en el tiempo; la primera fue grabada un par de años después del original por el estadounidense Bo Diddley, en su álbum “Another Dimension” (1971); la segunda, algo más reciente, pertenece a la banda de bluegrass Hayseed Dixie, y formó parte de su EP “You Wanna See Something Really Scary?” (2006). “Bad Moon Rising” ha sido versionada por otros músicos al modo clásico, es decir, conservando la esencia marcada por la Creedence; en este sentido, podemos citar las interpretaciones de Larry Morris, The Ventures, Emmylou Harris, Jerry Lee Lewis, el propio John Fogerty, Bruce Springsteen, Just the Boyz o Ann Wilson. Pero también tiene muchas versiones bien diferentes del original y en estilos diversos, como el grunge (Nirvana), el punk (Lagwagon V8 Wankers), el psichobilly (Stage Frite o The Meteors), cercanas al pop y al indie (The Reels, Arborea o A-Sides Club), al rap-reggae (Ozomatli) o al género americana (16 Horsepower).

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The Rolling Stones. “Sweet Virginia”

En 1972 los Rolling Stones habían publicado algunos de sus mejores álbumes, como “Beggars Banquet” (1968), “Let it Bleed” (1969) o “Sticky Fingers” (1971); eran ya ricos y famosos, tanto que el fisco británico también quiso llevarse su parte. Ante semejante panorama decidieron huir a Francia; por ejemplo, Charlie Watts se fue a vivir a Avignon, Mick Jagger y su esposa Bianca a Saint-Tropez y Keith Richards -junto con su mujer, Anita Pallenberg, y su hijo Marlon- se instaló en Villefranche-sur-Mer, en una mansión que había sido usada como cuartel de la Gestapo durante la II Guerra Mundial. Richards compró una lancha con la que viajaban algunos miembros de la banda por la Costa Azul francesa, incluso llegaban hasta Italia, ruta que acabarían llamando “Main St.”; dado que se sentían exiliados, aunque fuera por motivos económicos, decidieron titular su siguiente disco “Exile on Main St.” Este álbum es uno de los trabajos fundamentales en la discografía de los Rolling Stones (aquí lo podéis escuchar), para algunos críticos y seguidores es incluso el mejor, a pesar de que ninguna de sus canciones es de las más conocidas, y a pesar también de las circunstancias que rodearon la grabación de este doble Lp.

La casa de Keith Richards, donde se grabó el disco, parecía el hotel de los líos: explosiones, “groupies” por todas las esquinas, “camellos”, ladrones, conocidos, amigos, amigos de los amigos y de los conocidos, descontrol, drogas como para “colocar” a todo el sur de Francia y visitas de la policía para tratar de que aquello no se les fuera de las manos. El estudio de grabación fue el sótano de la casa, que estaba conectado a una unidad móvil exterior desde donde se intentaba rescatar el pésimo sonido que salía de aquel lugar lleno de humedad y sin electricidad suficiente como para trabajar con normalidad, de hecho, desviaron de manera ilegal fluido eléctrico procedente del cableado ferroviario con el fin de hacer frente a estas necesidades. En fin, que aquello era un caos en el que parecía sentirse muy a gusto el incontrolable y anárquico Keith Richards, pero que ponía de los nervios a otros integrantes del grupo, como Mick Jagger que, en aquella época ya frecuentaba los usos y costumbres de la jet set, y su voz sufría mucho con el calor y la humedad de aquel infame sótano. A pesar de todo, tal vez porque una parte importante del trabajo se hizo en Los Ángeles (EE.UU.), donde se produjo el disco, consiguieron hacer un trabajo excelente, con un sonido muy americano y canciones que se sitúan entre el R&R, el R&B, el country, el folk-rock, el boogie y el blues. Mi canción preferida de este disco es “Sweet Virginia”, compuesta por Jagger y Richards, un tema entre folk-rock y country que cuenta con un bonito solo de armónica tocado por Mick Jagger y otro de saxo a cargo de Bobby Keys. Os dejo también algunas versiones, en concreto las debidas a Ronnie Lane (Small Faces), Phish, Jerry Lee Lewis & Keith Richards y Tedeschi Tracks Band, la banda de Susan Tedeschi. Por si alguien se anima con la guitarra, aquí podéis ver un tutorial en el que enseñan a tocarla.

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Eagles. “Lyin’ Eyes”

La banda californiana Eagles cimentó su estilo a partir de las coordenadas musicales dejadas por bandas como Crosby, Still & Nash, Buffalo Springfield, The Byrds o The Flying Burrito Brothers. Estas formaciones sentaron las bases del country-rock, y grupos como Poco o Eagles acabaron por definir este género. En anteriores entradas nos hemos ocupado de canciones incluidas en los tres primeros álbumes de Eagles, los titulados “Eagles” (1972), “Desperado” (1973) y “On the Border” (1975); canciones como “Desperado” o “Take it Easy” se ajustan bastante bien a lo que fue el estilo Eagles con anterioridad a “Hotel California” (1976), el álbum que les llevaría al Olimpo del rock pero, también, el que les condujo por unos caminos, los del rock melódico, hasta entonces no excesivamente transitados por la banda de Glenn Frey, Don Henley y compañía. Si escuchamos melodías como “Hotel California” o “New Kid in Town” en seguida nos daremos cuenta que tienen algo de diferente respecto de las mencionadas líneas arriba o de “Lyin’ Eyes”, el tema que protagoniza este post.

Esta canción fue incluida en el cuarto trabajo de estudio de los norteamericanos (“One Of These Nights”, 1975), precisamente el anterior a “Hotel California” (1976). Aunque los arreglos orquestales son habituales en él, todavía se pueden percibir los viejos aromas country de discos anteriores, sobre todo en cortes como “Too Many Hands”, “Hollywood Waltz” o el mencionado “Lyin’ Eyes”, con el que se inicia la cara B de este Lp. Su ritmo parece el de un caballo que, de manera parsimoniosa, nos conduce por un polvoriento camino en el que los jinetes parecen construir un relato con el que entretener la travesía. “Lyin’ Eyes” fue compuesta por don Henley y Glenn Frey tras una de sus habituales visitas al bar Danna Tana’s (Los Ángeles -California-) donde, al parecer, acudían bellas mujeres; aquel día presenciaron un encuentro entre una mujer joven y un hombre mucho mayor que ella, entonces Glenn Frey dijo algo así como: “¡Mírala, ni siquiera puede disimular sus ojos mentirosos!” Quiero pensar que el resto de la historia la escribieron en servilletas del bar, tratando de fabular una historia de amores secretos e infidelidades consentidas. Con el fin de poderlo radiar, tuvieron que acortar los más de seis minutos originales hasta dejar el tema en 4:14, aunque en la etiqueta del single (al final de la entrada lo podéis ver) pusieron 3:58, con el fin de no rebasar la psicológica frontera de los cuatro minutos. En el vídeo que preside esta entrada podéis escuchar la versión original de estudio, aquí la reducida y aquí un directo de Eagles interpretando esta canción. También os dejo alguna versión, como las de Kenny Rankin, Diamond Rio y Buck Owens.

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Eagles. “New Kid in Town”

 

 

En 1976 Eagles era una banda reconocida y exitosa, con excelentes álbumes en su haber como “Eagles” (1972), “Desperado” (1973), “On the Border” (1974) y “One of these Nights” (1975). Los productores musicales debieron pensar que era un buen momento para hacer balance con un disco de grandes éxitos, que recogiera temas como “Take it Easy“, “Lyin’ Eyes”, “Desperado“, “Tequila Sunrise” o “Take it to the Limit”. Pero a los Eagles, como a los buenos pistoleros, aún les quedaba una bala en la recámara. Entraron en los estudios de grabación nada más salir al mercado el mencionado recopilatorio (“Their Greatest Hits” (1971-1975)”), para grabar su quinto trabajo, que acabarían titulando “Hotel California“, su Lp más alabado, más querido y el que más éxito obtuvo; las cifras habituales hablan de más de dieciséis millones de copias vendidas en Estados Unidos y más de treinta y dos millones en todo el mundo. Uno de los líderes de la banda, el batería Don Henley, afirmó en una entrevista que, en cierto modo, se trataba de un álbum conceptual en torno al bicentenario de los Estados Unidos: “(…) pensamos que ya que somos los Eagles y que el águila es nuestro símbolo nacional, estábamos por ello obligados a hacer una mención al bicentenario usando California como un microcosmos del conjunto de Estados Unidos, o del conjunto del mundo, si lo prefieres, e intentar que la gente se levante y diga ‘Hemos estado bien hasta ahora, durante 200 años, pero vamos a tener que cambiar si vamos a seguir estando por aquí'”. “Fue el mejor trabajo que hicimos juntos”, llegó a decir el cantante y guitarrista Glenn Frey, el otro líder del grupo: “Rebosábamos confianza. No teníamos miedo de buscar riesgos. Y teníamos un par de guitarristas muy prolíficos”. Lo difícil vendría después; el vértigo del éxito, las drogas, el miedo a no estar a la altura en el siguiente disco, la confusión creativa en la que se vieron sumidos los miembros del grupo y las discusiones que esta situación generó, fueron algunos de los factores que atenazaron las jornadas de grabación del que sería su siguiente y, a la postre, último disco, “The Long Run”, publicado tres años después de “Hotel California”. Se separaron en 1980 y no se volvieron a reunir hasta 1994, para grabar el álbum en vivo “Hell Freezes Over”. Volviendo a “Hotel California“, está claro que hay una canción que destaca por encima de todas, la titulada igual que el disco, un himno para toda una generación, una de “las cinco canciones de mi vida“, como ya tuve ocasión de contaros en una entrada anterior. La trascendencia de este tema ha eclipsado al resto de los que conforman el disco, melodías tan hermosas como “Life in the Fast Lane“, “Wasted Time“, “Try and Love Again“, “The Last Resort” o “New Kid in Town”, el primer single que tuvo este álbum, compuesta por Don Henley, Glenn Frey y JD Souther (aquí tenéis su propia versión). “New Kid in Town” es, probablemente, una metáfora en torno a lo efímero del éxito y la fama en el mundo de la música y, en general, en la vida; sobre lo sencillo que resulta reemplazar a cualquiera por savia nueva, como ese chico de la canción, ese nuevo joven en el barrio que acapara miradas, comentarios y anhelos inconfesables.