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J.D. Souther. “You’re only Lonely”

“You’re only Lonely” es una bellísima canción que nos habla de la Soledad, pero desde el punto de vista de quien espera preparado para consolar a alguien querido, para rescatarlo de esas noches que le torturan, de la vergüenza de sentirse solo, de la propia Soledad. Fue incluida en el tercer álbum del estadounidense John David Souther, conocido artísticamente como J.D. Souther, músico, cantautor y actor aún en activo. Grabó su primer disco en 1972 (“John David Souther”) y al año siguiente se unió al supergrupo Souther-Hillman-Furay Band, del que también formaron parte Richi Furay (Buffalo Springfield, Poco) y Chris Hillman (The Byrds, The Flying Burrito Brothers), una formación que se disolvió en 1975 después de haber grabado dos Lps. A partir de entonces retomó su carrera en solitario, primero con el álbum “Black Rose” (1976) y, posteriormente, con el que nos ocupa: “You’re only Lonely” (1979), un trabajo muy cuidado, de rock melódico con influencias country, en el que participaron un buen número de músicos, entre ellos algunos tan conocidos como David Sanborn (saxo), los Eagles Glenn Frey (guitarra), Don Felder (guitarra) y Don Henley (voz) o Jackson Browne, que pone su voz en el tema que hoy nos ocupa. Sin embargo, J.D. Souther es más conocido por escribir y co-escribir canciones muy conocidas de artistas tan famosos como Eagles (“Heartache Tonight”, “New Kid in Town” o “How Long”), Bonnie Raitt (“Run Like a Thief”) o Linda Rondstad (“Faithless Love” o “White Rhythm and Blues”), con quien estuvo unido sentimentalmente; también mantuvo romances con otras cantantes conocidas, como Stevie Nicks o Judee Sill. Ha colaborado en trabajos de otros artistas, como Don Henley o Cristopher Cross, participó en la producción del álbum “Roy Orbison and Friends: a Black and White Night” y ha actuado en algunas películas (“Postales desde el filo”, “Mi Chica 2” o “Deadline”) y series de televisión (“Treinta y tantos”). Con “You’re only Lonely” cosechó un gran éxito; es un tema que, de algún modo, rinde homenaje a Roy Orbison, uno de los artistas que más han influido en él; de hecho, esta canción guarda una cierta similitud con “Only the Lonely“, del mencionado Orbison, al menos eso me parece a mí, ¿qué opináis vosotros? Se han realizado algunas versiones, como las debidas a Raúl MaloSchuyler Fisk; también hay otra en español, que me reservo para otra ocasión.

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Las Cinco Canciones de Pedro (IV): “Hotel California” (Eagles)

La de veces que le habré escuchado decir a Pedro: “ese disco lo teníamos en la residencia”, y yo pensaba: “menuda discoteca la de estos vascos”, porque todos los títulos eran a cual mejor, de esos que los buenos aficionados al rock consideramos como de tenencia y escucha obligada. Hoy nos habla de su época en la Residencia de Estudiantes de Ingeniería de Bilbao, de su “Sala de Música” y de su amigo Eduardo, un gran tipo al que conocí hace ya muchos años y al que no veo desde hace mucho tiempo. Por cierto, que aquí hay una anécdota muy buena, parecida a una que narró hace poco el amigo Salva en su blog, pero con bolsas de basura, que prefiero no contar por prudencia y, en todo caso, que sea el propio Pedro el que lo relate si le apetece. “Hotel California” fue la primera canción que elegí para iniciar esta sección de las Cinco Canciones, no lo dudé como tampoco lo ha hecho Pedro cuando ha querido acordarse de esta inolvidable etapa de su vida. Recordemos que “Hotel California” formó parte del quinto álbum de la banda estadounidense Eagles, titulado igual que la canción y publicado en 1976.

“Estaba yo por aquel entonces, a mis 17, tan despistado como lo está mi hijo Pablo hoy, a sus 17, pero tenía que tomar una decisión trascendental para mi vida: a qué me dedicaría profesionalmente. Tenía que elegir “carrera”. Era buen estudiante, no un lumbreras, pero trabajador, y quizás porque mi padre trabajaba en una fábrica de la que me hablaba con pasión, elegí Ingeniería Industrial, aunque no estaba muy convencido.

Esta elección conllevaba una condición, que yo en aquel momento veía como negativa, pero que, a la postre, fue estupenda. Había que ir a Bilbao, tenía que salir de casa. A pesar de que Bilbao está a escasos 70 kilómetros de Vitoria, lo escarpado del terreno, y el puerto de Barazar, hacía que el viaje durase demasiado, por lo que la opción elegida por todos era que me quedase a vivir en Bilbao.

Así fue como acabé mi primer año de universitario, en “La REI” (Residencia de Estudiantes de Ingeniería). Era un edificio independiente, alto, situado en las laderas del “Bocho”. Desde las ventanas de sus habitaciones individuales, con baño pero sin lujos, se veía al fondo la ría adornada por grúas, barcos y fábricas, y más cerca, justo debajo, una ciudad de color gris metálico. Todo ello muy acorde con la carrera que había elegido.

En aquel entonces la Escuela de Ingenieros de Bilbao estaba dominada por el OPUS, no era de su propiedad, pero había muchos profesores de La Obra, y la Residencia, que dependía de la facultad, estaba dirigida por un opusino muy elegante. A pesar de ello, la fauna de estudiantes que allí nos juntamos era muy variopinta, en cuanto a su procedencia, aspecto e ideario político.

Una de las zona comunes de la Residencia era “La Sala de Música”. La sala era más bien pequeña, con un “tocata” de una calidad aceptable, y unos estantes repletos de discos que, poco a poco, se habían ido comprando gracias a la única decisión democrática que se tomaba allí. Todos los meses se colocaba en el tablón de la sala una lista, donde cada uno podía proponer los discos, LPs claro está, y que después eran votados por los estudiantes, y la REI compraba los cuatro títulos ganadores.

En esa sala pasé muchas horas de aquel primer año de universidad, a dónde bajábamos con los apuntes, y decíamos que íbamos a estudiar. Y ahora, de vez en cuando, me sorprendo diciendo a mi hijo que “cómo puede estudiar con la música puesta”.

Allí, gracias a aquellos estudiantes veteranos que años atrás habían votado por aquellos discos tan maravillosos, pude descubrir muchos grupos y discos, que hasta el momento eran desconocidos para mí.

Entre ellos, Eagles, y su “Hotel California”, que los estudiantes del 76 votaron para que, yo en el 77, descubriera y amara para el resto de mi vida.

Así que, esta canción me recuerda a aquel año en el que desperté a tantas cosas importantes, y a mi Hermano Eduardo, al que conocí aquel maravilloso 1977″.

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Buffalo Springfield. “For What it’s Worth”

En entradas anteriores me ocupaba de bandas que tuvieron una gran importancia en el nacimiento de estilos como el folk-rock o el country-rock. Grupos como The Byrds, The Flying Burrito Brothers o Crosby, Still & Nash fueron claves para poder entender cómo se originan estos movimientos musicales, pero sería injusto no incluir también en este selecto grupo a Buffalo Springfield, un grupo de vida efímera que fue el germen de otras formaciónes como CS&N o Poco, y de carreras en solitario tan destacadas como las de Neil Young o Stephen Stills. El nucleo fundacional, establecido en 1966, estaba integrado por Stephen Stills (voz, guitarra, teclados), Richie Furay (voz, guitarra), Neil Young (guitarra, piano, armónica y voz), Dewey Martin (batería) y Bruce Palmer (bajo); el nombre del grupo lo tomaron de una apisonadora que estaba aparcada frente a la casa del productor Barry Friedman. Con varios cambios en la formación inicial, estuvieron en activo entre 1966 y 1968, período en el que grabaron tres discos: “Buffalo Springfield” (1966), “Buffalo Springfield Again” (1967) y “Last Time Around” (1968); después se separaron, en gran parte debido a la insostenible lucha de egos entre los miembros de la banda y, también, por los frecuentes episodios de escándalos y detenciones por consumo y posesión de drogas. “For What it’s Worth” es la canción más conocida de este grupo; fue compuesta en 1966 por Stephen Stills y publicada como single en enero de 1967, con tal éxito que obligó a la compañía discográfica a reeditar el primer álbum con el objeto de incorporar este tema; el título hace alusión a la frase que Stills pronunció ante la discográfica: “Aquí tenéis esta canción, por si os sirve de algo”. “For What it’s Worth” está inspirada en los acontecimientos que acompañaron al cierre del club “Whisky a Go Go” de Hollywood y la manifestación que hubo después, violentamente disuelta por los antidisturbios de Los Ángeles. El movimiento hippie, el pacifismo y el ambiente reivindicativo de la época acabaron convirtiendo a esta canción en una de las preferidas para encabezar las manifestaciones y las luchas en favor de la libertad y los derechos civiles. Se han hecho algunas versiones, como las de Sergio Mendes, The Staple Singers, Cher, CS&N o Rush, entre otras, y ha sido utilizada en películas, series y anuncios de televisión. Aunque en esta canción ya se pueden apreciar algunos de los elementos característicos del sonido Buffalo Springfield (armonías vocales, diálogos entre guitarras eléctricas y acústicas, y fusión de estilos -folk, country y rock-), no puedo acabar sin recomendar muy sinceramente que escuchéis este trabajo en su totalidad (aquí lo podéis hacer) porque creo que es un disco imprescindible, un álbum pionero en el que, además, todas las canciones son buenas y muy diferentes unas de otras.

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Las Cinco Canciones de lrotula (II): “Good Golly, Miss Molly” (Creedence Clearwater Revival)

Si a un chaval de hoy en día le parece anticuado un cd os podéis imaginar lo que pensará de un Lp, y ya ni os cuento si hablamos del formato protagonista ayer, el single. De todos los formatos que han existido para dar soporte a la música hay uno que, probablemente, cuenta con las simpatías de buena parte de los aficionados: el Lp. Por supuesto, la calidad del sonido es una de las razones que siempre han legitimado al vinilo como soporte musical de elección, pero hay existen otros motivos que tienen que ver con la posibilidad de tomar contacto físico con la música que escuchas; en un comentario que realizaba en el blog del amigo Salva (Mi Vida es una Canción), le decía que el vinilo es el formato más sexy: hay que sacarlo de su funda, tocarlo, quitar el polvo y aproximar la aguja con mucha suavidad; decidme, ¿tiene algún otro soporte esta carga de sensualidad? Preparaos para el viaje iniciático que nos propone lrotula, con el vinilo como protagonista; de todos los grupos y Lps que menciona ha querido quedarse con una versión del tema de Little Richard “Good Golly, Miss Molly”, en concreto la ejecutada por la banda californiana Creedence Clearwater Revival.

EL LP

“Los primeros LPs que vi fueron de Beatles y de los Rolling: “Revolver”, “Rubber soul”, “Aftermath” y “Sgt. Pepper’s”. Este último era “el no va más”, se abría  como un libro y en la portada salía hasta Frankenstein, y dentro hay unos recortables. En “Good morning” hasta perros y gallos (mi canción preferida aquellos días).

La música se va complicando pero a mí me sigue sorprendiendo. “Let it Bleed”, “Beggars Banquet”, “White Album”, “Abbey Road”…

Aún se complica más: Iron Butterfly “In a Gadda da Vida“, Cream “Goodbye”, “The Black-Man’s Burdon”, Grateful “Workingman’s Dead” son los primeros LPs que recuerdo.

Hemos cambiado de casa y mi hermano el de la música tiene habitación propia. Afortunadamente oye la música muy alta y con la puerta abierta.

Una tarde con la excusa de jugar al ajedrez me cuelo en su habitación. Pierdo partida tras partida y no paro de desafiarle. Suena “John Barleycorn Must Die” de Traffic, debe ser recién comprado pues suena más de dos veces. Ese disco me marcó. El ajedrez me traía al fresco, yo estaba ahí para oír música.

Con 11 ó 12 años empiezo a comprar discos y además a recomendar a otro hermano 2 años mayor que yo. Oía  mucho la radio y estaba algo al día de las novedades. Le hice que cambiara “la leyenda de la ciudad sin nombre” por “Led Zeppelin III”.

Mis tres primeros LPs Creedence Clearwater Revival, “Bayou Country”, Bob Dylan “Higway 61 revisited” y Donovan “Open Road”. Variadito.

Un día vino un compañero a casa y me dijo mientras oía a Dylan. “Pero esta música es muy antigua ¿No tienes nada moderno? Yo no entendí nada, a mi me daba igual haber comprado discos antiguos. Además era Bob Dylan.

En mi primer LP había un tema muy directo que me encantaba: “Good Golly, Miss Molly”.

Además enseguida me dijo mi hermano que era un tema de un rockero mas antiguo Little Richard. Que me dieran esa información era para mí muy importante”.

uno-de-mis-primeros-discos

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La Guardia. “Blues de la Nacional II”

Durante los ochenta y los noventa en España triunfó el pop; pero no todo lo que se hizo en este estilo se circunscribió a ámbitos como el tecno-pop, la new wave, el post-punk de carácter jocoso y festivo o el pop desenfadado y sin pretensiones. En aquellos años también proliferó el country-rock, un género que no procedía de Europa sino de America. Bandas como Los Secretos, La Frontera, Gatos Locos o La Guardia, por mencionar algunos de los más conocidos, trataron de condimentar aquel pop y, en menor medida también el rock, con ingredientes y sabores de la norteamérica fronteriza. La Guardia, banda granadina creada hacia 1982 en torno a Manuel España (guitarra y cantante), inició su andadura bajo el nombre de “La Guardia del Cardenal Richelieu”, con un primer single (“Las Mil y una Noches”, 1983) publicado por el sello independiente La Sepulvedana. Acabaron acortando el nombre y, en 1985, consiguieron ganar el Primer Certamen de Rock de Fuengirola, lo que les permitió grabar un maxi-single y acudir a Londres a trabajar en su primer álbum (“Noches como ésta”, 1986). Según ha comentado el propio líder de la banda en alguna entrevista, decidieron pasarse al country-rock cuando alguien que trabajaba en su compañía discográfica (Zafiro) les regaló “una colección de discos de música vaquera. Nos dejó alucinados y a partir de ese momento dimos un giro en nuestra música. Pero si hay que poner un nombre, el culpable es Ricky Scaggs. De él salió nuestro “Blues de la Nacional II”, que es una versión de una canción suya (“Highway 40 Blues“)”. El “Blues de la Nacional II” formó parte de su disco “Vámonos” (1988), todo un éxito de ventas y con él se consagraron como nuevas estrellas del pop-rock patrio; esta canción es la que les proporcionó su identidad, aunque hubo otras aún más conocidas, como “Mil calles llevan hacia ti“, compuesta por Miguel España mientras paseaba por el granadino barrio del Albaicín, “Vámonos” o “El Mundo tras el cristal“. En el año 2008 se editó un disco de homenaje en el que diferentes artistas interpretaron los grandes éxitos de La Guardia con el propio grupo; el “Blues de la Nacional II” contó con la colaboración de Los Delinqüentes (aquí podéis escuchar esta versión). Quiero dedicar esta canción a camioneros, transportistas y conductores profesionales y, por supuesto, a mi padre que dedicó gran parte de su vida profesional a esta actividad.