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Eagles. “New Kid in Town”

En 1976 Eagles era una banda reconocida y exitosa, con excelentes álbumes en su haber como “Eagles” (1972), “Desperado” (1973), “On the Border” (1974) y “One of these Nights” (1975). Los productores musicales debieron pensar que era un buen momento para hacer balance con un disco de grandes éxitos, que recogiera temas como “Take it Easy“, “Lyin’ Eyes”, “Desperado“, “Tequila Sunrise” o “Take it to the Limit”. Pero a los Eagles, como a los buenos pistoleros, aún les quedaba una bala en la recámara. Entraron en los estudios de grabación nada más salir al mercado el mencionado recopilatorio (“Their Greatest Hits” (1971-1975)”), para grabar su quinto trabajo, que acabarían titulando “Hotel California“, su Lp más alabado, más querido y el que más éxito obtuvo; las cifras habituales hablan de más de dieciséis millones de copias vendidas en Estados Unidos y más de treinta y dos millones en todo el mundo. Uno de los líderes de la banda, el batería Don Henley, afirmó en una entrevista que, en cierto modo, se trataba de un álbum conceptual en torno al bicentenario de los Estados Unidos: “(…) pensamos que ya que somos los Eagles y que el águila es nuestro símbolo nacional, estábamos por ello obligados a hacer una mención al bicentenario usando California como un microcosmos del conjunto de Estados Unidos, o del conjunto del mundo, si lo prefieres, e intentar que la gente se levante y diga ‘Hemos estado bien hasta ahora, durante 200 años, pero vamos a tener que cambiar si vamos a seguir estando por aquí'”. “Fue el mejor trabajo que hicimos juntos”, llegó a decir el cantante y guitarrista Glenn Frey, el otro líder del grupo: “Rebosábamos confianza. No teníamos miedo de buscar riesgos. Y teníamos un par de guitarristas muy prolíficos”. Lo difícil vendría después; el vértigo del éxito, las drogas, el miedo a no estar a la altura en el siguiente disco, la confusión creativa en la que se vieron sumidos los miembros del grupo y las discusiones que esta situación generó, fueron algunos de los factores que atenazaron las jornadas de grabación del que sería su siguiente y, a la postre, último disco, “The Long Run”, publicado tres años después de “Hotel California”. Se separaron en 1980 y no se volvieron a reunir hasta 1994, para grabar el álbum en vivo “Hell Freezes Over”. Volviendo a “Hotel California“, está claro que hay una canción que destaca por encima de todas, la titulada igual que el disco, un himno para toda una generación, una de “las cinco canciones de mi vida“, como ya tuve ocasión de contaros en una entrada anterior. La trascendencia de este tema ha eclipsado al resto de los que conforman el disco, melodías tan hermosas como “Life in the Fast Lane“, “Wasted Time“, “Try and Love Again“, “The Last Resort” o “New Kid in Town”, el primer single que tuvo este álbum, compuesta por Don Henley, Glenn Frey y JD Souther (aquí tenéis su propia versión). “New Kid in Town” es, probablemente, una metáfora en torno a lo efímero del éxito y la fama en el mundo de la música y, en general, en la vida; sobre lo sencillo que resulta reemplazar a cualquiera por savia nueva, como ese chico de la canción, ese nuevo joven en el barrio que acapara miradas, comentarios y anhelos inconfesables.

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Dr. Hooke. “Sylvia’s Mother”

Imaginaos la siguiente escena (estamos a principios de los años setenta): un chico llama desde una cabina a su ex-novia y, en lugar de contestar ella, lo hace su madre. No parece que el muchacho sea santo de su devoción, así que le comunica que su hija no puede atender el teléfono porque está muy ocupada tratando de rehacer su vida: Sylvia es feliz, ¿por qué no la dejas en paz? Él comienza a ponerse nervioso y pide, por favor, hablar con ella para decirle adiós. La madre se mantiene firme: está haciendo las maletas y va a reunirse con su novio para casarse, lo que menos le conviene ahora es hablar contigo, entristecerse y dudar si se queda o se va. En medio de esta conversación, al chaval le comunican que introduzca cuarenta centavos si quiere continuar hablando; su nerviosismo se incrementa: “¡por favor, señora, tengo que hablar con ella! Voy a ser breve, sólo quiero decirle adiós. La madre no afloja: Sylvia tiene que tomar el tren de las nueve; mientras, nuestro protagonista escucha cómo la señora le recuerda a su hija que coja un paraguas porque está lloviendo; gracias por llamar, añade la madre, pero no lo vuelva a hacer. La operadora está empeñada en rematar al chico: añada cuarenta centavos más … ¡Por favor tengo que hablar con ella, sólo quiero decirle adiós! Ante este relato tenemos dos opciones: llorar de pena por el pobre chaval o hincharnos a reír por lo hilarante de la situación. Esta es la historia que nos cuenta “Sylvia’s Mother”, una de las canciones más conocidas y exitosas de la banda estadounidense Dr. Hooke. Aunque en su momento conmovió a muchos jóvenes, que se identificaban y sufrían con lo que allí se contaba, yo me niego a aceptar que un grupo tan alocado, divertido y gamberro como Dr. Hooke no añadiera su parte de parodia a esta historia cotidiana de desamor, basada en una vivencia personal de Shel Silverstein, el compositor del tema. Esta banda se creó en 1967, con el nombre inicial de Dr. Hooke & The Medicine Show, en alusión a los charlatanes que vendían remedios milagrosos y al Capitan James Hook (“Capitán Garfio”), el personaje de Peter Pan. Publicaron su primer álbum (“Dr. Hooke“) en 1971, un trabajo de country-rock en el que se incluía “Sylvia’s Mother”, canción que ha tenido algunas versiones, como las debidas a Bobby Bare, Bon Jovi o Sacha Distel, por mencionar algunas, aunque probablemente ninguna pueda compararse con el original. Aquí y aquí podéis ver a Dr. Hooke en directo interpretando esta melodía.

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Johnny Cash / The Beach Boys / Creedence Clearwater Revival. “Cotton Fields”

A comienzos de 1969 los Beach Boys ya habían publicado diecinueve álbumes, para entonces su líder Brian Wilson se encontraba inmerso en una nueva crisis derivada de sus habituales problemas psicológicos y de consumo de drogas, lo que obligó a su hospitalización y tratamiento psiquiátrico. Mientras tanto, el resto del grupo editaba un nuevo disco para cumplir con la casa discográfica; lo titularon “20/20”, en alusión al número de Lps comercializados hasta entonces por The Beach Boys. Con Brian Wilson de retirada, fueron sus hermanos pequeños (Dennis y Carl) quienes adquirieron un mayor protagonismo; aunque el peso de Brian Wilson aún es evidente en varias de las composiciones de este disco, otras fueron escritas por sus compañeros, además de incorporar alguna versión, como la titulada “Cotton Fields (The Cotton Song)” que, poco tiempo después, sería re-grabada y re-titulada como “Cotton Fields”. En realidad, se trata de una canción más antigua, compuesta por Leadbelly -de quien ya nos hemos ocupado a propósito del tema “Goodbye Irene“-, grabada por él en 1953. Tras la primera interpretación a cargo de esta leyenda del blues y la música folk, fue publicada por otros artistas como Odetta & Larry, Harry Belafonte, The Highwaymen o Bill Monroe and his Blue Grass Boys. En 1962 Johnny Cash la incorporó a su álbum “The Sound of Johnny Cash”; la tituló “In Them Old Cottonfields Back Home” y le dio un aire entre country y rockabilly que acabaría acompañando a esta melodía en otras versiones que se harían después, por ejemplo las de Buck Owens, The Carter Sisters, Sleepy LaBeef o la muy conocida de Creedence Clearwater Revival, publicada en su cuarto álbum de estudio: “Willy and the Poor Boys” (1969), donde también se publicó una canción tradicional, “Midnight Special”, versionada y dada a conocer por Leadbelly en los años treinta. En un tono más melódico la grabaron Joe Dassin o Elton John mientras que, en el extremo opuesto, se sitúan las interpretaciones de Flatfoot, Tesla o la adaptación de The Pogues, un tema con el mismo título compuesto por Shane MacGowan a partir de la melodía de Leadbelly. En lo que respecta a la letra de “Cotton Fields”, el compañero Eduardo (River of Country) nos cuenta como “el narrador recuerda que, cuando era un bebé, su madre le mecía en su hogar natal de Lousiana, cerca de la ciudad de Texarkana, en Arkansas y que, cuando creció, se puso a recoger algodón para ganarse la vida”.

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M Clan. “Noche de desolación”


No soy muy dado a seguir las novedades musicales, por eso agradezco mucho a los compañeros que están a la última, gracias a ellos logro estar medianamente informado de nuevos grupos, sonidos y estilos, incluso me entero de aquellas novedades discográficas que afectan a bandas ya veteranas. Como es lógico, algunas cosas me gustan más que otras pero pocas veces consigo entusiasmarme como me ha sucedido con el último trabajo de los murcianos M Clan. Después de publicar seis discos de estudio, esta formación quedó reducida a dos componentes: el vocalista Carlos Tarque y el guitarrista Ricardo Ruipérez; en estas condiciones grabaron “Para no ver el final” (2010), “Arenas movedizas” (2012) y el disco en directo “Dos Noches en el Price” (2014), en el que intervinieron como invitados algunas figuras destacadas del rock hispano, como Fito Cabrales, “El Drogas”, Alejo Stivel, Ariel Rot, Miguel Ríos o Enrique Bunbury, un disco excelente, grabado en el Teatro Circo Price de Madrid, en un par de conciertos que me perdí por mi incapacidad para enterarme a tiempo de estos eventos. El pasado año se fueron a Nashville (EE.UU.) y grabaron un nuevo disco, en los Alex The Great Studios, que fue lanzado en septiembre de 2016. “Delta” es un álbum con el que M Clan han querido homenajear al country, al folk y, en general, a toda la herencia musical estadounidense, pero sin perder la esencia que siempre les ha caracterizado. El sonido de este disco es verdaderamente cautivador: sosegado, excelentemente cantado, con unas preciosas letras (compuestas por Tarque y Ruipérez) y una instrumentación de gran calidad, en la que destacan músicos como Al Perkins, Brad Jones, Chris Carmichael, Derek Maxon, Will Kimbrough, Bryan Owings y John Jackson, que hacen frente a instrumentos como la guitarra de doce cuerdas, la steele guitar, el dobro, el violín, la viola, el violonchelo, la armonica o el harmonium. “Delta” recuerda a bandas y solistas como Crosby, Still & Nash, The Byrds, Creedence Clearwater Revival, Eagles o Warren Zevon, pero todo ello acorde a los gustos actuales, dentro del estilo conocido como americana. Podéis empezar con el primer tema del disco, “Grupos americanos“, un recuerdo nostálgico que, además, es toda una declaración de intenciones, y seguir con “California“, “La Esperanza“, “Delta“, “Caminos Secundarios“, “Viaje hacia el sur” o “Concierto Salvaje“, aunque mejor que lo escuchéis entero (aquí lo podéis hacer). Finaliza con “Noche de desolación”, el único tema compuesto solamente por Ricardo Ruipérez. Haciendo mía esta letra, quiero dedicar esta canción a todos los que alguna vez se hayan sentido desolados, a quienes se sienten solos a pesar de estar rodeados de gente, a los necesitados de nanas y abrazos, a los que tienen el valor de desnudar sus sentimientos, a aquellos a los que el silencio les estruja el corazón, a los abandonados insomnes y a los que creen que sin memoria no hay compromiso.

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J.D. Souther. “You’re only Lonely”

“You’re only Lonely” es una bellísima canción que nos habla de la Soledad, pero desde el punto de vista de quien espera preparado para consolar a alguien querido, para rescatarlo de esas noches que le torturan, de la vergüenza de sentirse solo, de la propia Soledad. Fue incluida en el tercer álbum del estadounidense John David Souther, conocido artísticamente como J.D. Souther, músico, cantautor y actor aún en activo. Grabó su primer disco en 1972 (“John David Souther”) y al año siguiente se unió al supergrupo Souther-Hillman-Furay Band, del que también formaron parte Richi Furay (Buffalo Springfield, Poco) y Chris Hillman (The Byrds, The Flying Burrito Brothers), una formación que se disolvió en 1975 después de haber grabado dos Lps. A partir de entonces retomó su carrera en solitario, primero con el álbum “Black Rose” (1976) y, posteriormente, con el que nos ocupa: “You’re only Lonely” (1979), un trabajo muy cuidado, de rock melódico con influencias country, en el que participaron un buen número de músicos, entre ellos algunos tan conocidos como David Sanborn (saxo), los Eagles Glenn Frey (guitarra), Don Felder (guitarra) y Don Henley (voz) o Jackson Browne, que pone su voz en el tema que hoy nos ocupa. Sin embargo, J.D. Souther es más conocido por escribir y co-escribir canciones muy conocidas de artistas tan famosos como Eagles (“Heartache Tonight”, “New Kid in Town” o “How Long”), Bonnie Raitt (“Run Like a Thief”) o Linda Rondstad (“Faithless Love” o “White Rhythm and Blues”), con quien estuvo unido sentimentalmente; también mantuvo romances con otras cantantes conocidas, como Stevie Nicks o Judee Sill. Ha colaborado en trabajos de otros artistas, como Don Henley o Cristopher Cross, participó en la producción del álbum “Roy Orbison and Friends: a Black and White Night” y ha actuado en algunas películas (“Postales desde el filo”, “Mi Chica 2” o “Deadline”) y series de televisión (“Treinta y tantos”). Con “You’re only Lonely” cosechó un gran éxito; es un tema que, de algún modo, rinde homenaje a Roy Orbison, uno de los artistas que más han influido en él; de hecho, esta canción guarda una cierta similitud con “Only the Lonely“, del mencionado Orbison, al menos eso me parece a mí, ¿qué opináis vosotros? Se han realizado algunas versiones, como las debidas a Raúl MaloSchuyler Fisk; también hay otra en español, que me reservo para otra ocasión.