Stealers Wheel. “Stuck in the Middle with You”

Don’t let me be Misunderstood”, “She’s not there”, “You never can tell” o “Misirlou” son algunas de las canciones que han formado parte de las, siempre interesantes, bandas sonoras utilizadas por Quentin Tarantino para sus películas. En entradas anteriores nos hemos ocupado de esas melodías, hoy volvemos a recordar el gusto musical de este cineasta y el efecto divulgativo que suelen tener sus propuestas musicales entre el gran público. “Stuck in the middle with You” es un tema de la banda Stealers Wheel, que fue utilizado por Tarantino para su primer largometraje, el titulado “Reservoir Dogs” (1992); en concreto, aparece en una violentísima escena en la que Michael Madsen, con baile incluido, tortura al policía que tiene retenido mientras suena esta canción; aunque era el tema que él quería, les dijo a los actores que estaba abierto a otras posibilidades, por supuesto asumieron la sugerencia del jefe y éste quedó gratamente sorprendido con la crueldad que transmitía la escena (aquí la podéis ver). El compañero Nostromo, en el blog Musicaememorandum, alude a la desacertada o, cuando menos, desconcertante presentación radiofónica del tema que aparece en la película: “ni eran dúo, ni era una balada de Dylan, ni era de 1974”.

Efectivamente, la canción es de 1972 y, aunque en aquella época mucha gente pensó que era un tema de Bob Dylan, lo cierto es que pertenece al grupo Stealers Wheel, formado en la ciudad escocesa de Paisley por Joe Egan y Gerry Rafferty, cantautor éste último del que ya hemos hablado a propósito de su conocida composición “Baker Street”. Egan y Rafferty se conocieron siendo adolescentes, y en torno a ellos se formó Stealers Wheel; cuando publicaron su primer álbum (“Stealers Wheel”, 1972), en el que se incluyó “Stuck in the Middle with You”, formaban parte de la banda varios músicos, aunque poco tiempo después abandonarían la formación, pasando ésta a ser un dúo (Egan-Rafferty, los autores de la canción que hoy nos ocupa). Parece que bebían bastante y, aunque eran amigos de juventud, no se debían llevar muy bien; sólo pudieron grabar tres discos de estudio: el mencionado “Stealers Wheel” (1972), “Ferguslie Park” (1973) y “Right or Wrong” (1975), poco después acabarían disolviendo la banda.

“Stuck in the Middle with You”, el tema más conocido de esta formación, es una parodia de la industria musical y sus fiestas, que ha tenido bastantes versiones y una destacada presencia en el cine y la televisión. En lo que respecta a la parte musical, entre el folk-rock y el soft-rock, destaca la voz, la guitarra acústica y la steel guitar. Aquí podéis escuchar el álbum completo, que estuvo producido por los míticos Jerry Leiber y Mike Stoller, en el que se también se incluyó la balada “Late Again”, que quizás hayáis escuchado alguna vez. Al final de la entrada os dejo la portada de este álbum, obra de John Patrick Byrne, en la que parece que se pueden leer las palabras “Steelers Wheel” once veces (yo aún sigo buscándolas …) ¡Ah! No os perdáis el vídeo con el que encabezamos la entrada.

81fEcHjZp7L._SL1200_

Tri Yann. “La Jument de Michao”

La nostalgia se comporta como un microorganismo oportunista, se apodera de nosotros cuando nos entregamos a prácticas de riesgo, como escuchar una cinta de casete por el viejo método de poner una cara y, después, darle la vuelta. Dada la dificultad de encontrar el disco en internet, fue lo más sencillo que se me ocurrió para escuchar el álbum “La Découverte ou l’ignorance” (1976), de la banda bretona de folk-rock celta Tri Yann. Conocí a esta formación en el año 1995, gracias a la canción “La jument de Michao”, que escuchábamos y bailábamos en una discoteca de Poitiers (Francia) durante mi estancia postdoctoral. La expresión bretona Tri Yann significa algo así como “los tres Juanes”, haciendo alusión a los tres Jean fundadores del grupo (Jean-Louis Jossic, Jean Chocun y Jean-Paul Corbineu), aunque inicialmente el nombre que tomaron fue el de Tri Yann an Naoned, es decir, “los tres Jean de Nantes”. Comenzaron su andadura en 1969, siguiendo la estela de pioneros de la música celta como Alan Stivell, y grabaron su primer álbum en 1972 (“Tri Yann and Naoned”), aunque el disco que les dio a conocer fue el cuarto, el ya mencionado “La Découverte ou l’ignorance”, al que incorporaron instrumentos eléctricos que ayudaron a fusionar el rock con los planteamientos folk-celta característicos de esta formación. Aún siguen en activo, de hecho, es una de las bandas más longevas de Francia y, tal vez, la más conocida en el ámbito de la música celta francesa, junto con Gwendal.

“La jument de Michao” es una canción popular bretona que forma parte de un tronco común habitualmente conocido con el nombre de “J’ai vu le loup, le renard, le lièvre”, una “canción tipo” perteneciente al repertorio tradicional francés, probablemente de origen medieval, que debido a su transmisión oral ha dado lugar a canciones diferentes en función del territorio en el que se ha difundido; por ejemplo, en Borgoña se llama igual, en la región occitana “Ai vist lo lop, lo rainard, la lèbre”, en Quebec (Canadá) “Le loup, le renard, le lièvre”, en la zona Cajún (Luisiana -Estados Unidos-) “le loup, le renard et la belette”, y en Bretaña “La jument de Michao”. Esta última versión fue recuperada en 1973 por la banda Kourien y, de manera definitiva, en 1976 por Tri Yann. La mayor parte de las versiones existentes parten de la adaptación realizada por Tri Yann; aquí os dejo dos en registros diferentes, la de Nolwenn Leroy y la de los alemanes Saltatio Mortis. Puede escucharse a Tri Yann a través de Spotify, aunque no el disco que hoy nos ocupa, al menos completo; en este enlace los podéis ver interpretando en directo “La jument de Michao”. Quiero dedicar esta entrada a los amigos que hice en Poitiers; a los que regresaron a sus países de origen, a los españoles (espero que no se os haya olvidado jugar al mus) y a los que se quedaron en Francia. Gracias, Sam, por regalarme este casete, por tus deliciosas crepes y por explicarme lo que significa ser bretón.

IMG_20200831_112607

IMG_20200831_112637

Joan Baez / The Animals / The White Buffalo “The House of the Rising Sun”

Joan Baez grabó su primer álbum en el año 1960, se tituló “Joan Baez” y en él se incluyeron trece canciones populares arregladas e interpretadas por la cantante estadounidense; ya hemos hablado de este disco en una entrada anterior, dedicada al tema “Donna, Donna”, en la que también dábamos alguna pincelada en torno a su biografía más temprana. En este Lp podemos escuchar una de las versiones más conocidas de “The House of Rising Sun”, melodía de autoría y origen incierto, cuya primera grabación se remonta al año 1933, en el sello Vocalion, por Clarence “Tom” Ashley y Gwin Foster a partir de los recuerdos que tenía de esta canción el primero, transmitidos por su abuelo. La canción nos habla de una persona (puede ser hombre o mujer, en función de quien la interprete) que debió pasarlo mal en la ciudad de Nueva Orleans (Luisiana –EE.UU.-), no se sabe muy bien si debido al juego, al alcohol, a la prostitución o a una suma de todo; quizás en las interpretaciones masculinas son más abundantes las referencias al juego, mientras que en las femeninas lo es la prostitución. Tanto los historiadores como los antropólogos musicales han propuesto diferentes lugares en Nueva Orleans donde localizar esa casa del sol naciente; las más de las veces burdeles, aunque también  hay casas de juego, hoteles, cárceles o lugares donde a las prostitutas se las trataba la sífilis. Aquí podéis descubrir algunas de estas ubicaciones reales propuestas para esta “casa”, aunque a lo mejor se trataba de una metáfora y, en realidad, tal enclave nunca existió.

No son pocas las versiones que se han hecho de esta canción anteriores a la de Joan Baez; en los años treinta lo hicieron, además de Tom Ashley y Gwen Foster, Callahan Brothers, Georgia Turner o Roy Acuff; en la década de 1940 la grabaron artistas como The Almanac Singers, Woody Guthrie, Libby Golman, Josh White, Leadbelly o Esco Hankins; mientras que en los cincuenta fue versionada por músicos como Glenn Yarbrough, Pete Seeger, The Weavers o Miriam Makeba. Posteriores a la de Joan Baez son las de Nina Simone, Carlyne Hester, Bob Dylan, Odetta y, por supuesto, la del grupo The Animals, la versión más conocida y mejor valorada de cuantas se han hecho de esta canción. La banda de Eric Burdon grabó “The House of the Rising Sun” en 1964, en un single cuya cara B estaba ocupada por el tema de Ray Charles “Talkin’ ‘bout You”. Tal y como ha reconocido en alguna ocasión Eric Burdon, estaban buscando una canción que captara la atención del público, y vaya si lo consiguieron; solían interpretar esta melodía en una gira que hicieron junto a Chuck Berry, la dejaban para el final, con el fin de concluir su actuación con una canción diferente, en tono folk-rock, para que contrastara con el estilo declaradamente roquero con el que habitualmente acababa este tipo de conciertos. En esta inmortal versión hay tres elementos que llaman la atención: el luminoso órgano de Alan Price, la voz agresiva y profunda de Eric Burdon y el arpegio de guitarra (compuesto a partir de la secuencia de acordes que utilizó Bob Dylan en su versión), especialmente llamativo al comienzo de la canción, imitado una y mil veces por músicos profesionales y aficionados que dan sus primeros pasos con la guitarra.

Para la tercera versión destacada de hoy propongo a un artista actual, The White Buffalo (ya hablamos de él en un post anterior) acompañado de la banda The Forest Rangers (conocida gracias a la serie “Hijos de la Anarquía”). Casi todas las versiones posteriores a 1964 suelen tomar como punto de partida la de los Animals; os dejo algunas, en concreto las de Lone Star (en español), Frijid Pink, The Everly Brothers, Conway Twitty, Alan Price, Santa Esmeralda, Tracy Chapman, Sinead O’Connor, Jerry García, David Grisman & Tony Rice, Bon Jovi y Muse.

Solera. “Calles del viejo París”

Solera fue un grupo español creado en 1972, con un único disco en su haber (“Solera”, 1973) y una única actuación en directo. En plena fiebre de grupos como Formula V y de las pegadizas “canciones del verano”, Solera no parecía una apuesta ganadora; ofrecían armonías vocales de calidad y sugerentes letras, un buen trabajo instrumental, unos bellos arreglos orquestales -a cargo de Rafael Trabucchelli– y un suave folk-rock que, en algunas canciones, recordaba a artistas como Crosby, Still & Nash. Se formó en Madrid, a partir de los hermanos malagueños José Antonio y Manuel Martín, que ya habían grabado algún disco folk como dúo; del bajista y guitarrista José María Guzmán, músico que ya había acompañado a artistas como Micky o Karina; y del guitarrista Rodrigo García, que había formado parte de la banda colombiana Los Speakers y, cuando regresó a España, de Los Pekenikes. La mala relación que, casi desde el principio, tuvieron Rodrigo y Guzmán con los hermanos Martín precipitó la ruptura de la banda y propició la creación de otra nueva; a ella se incorporaron Juan Cánovas y Adolfo Rodríguez para constituir el cuarteto denominado Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, grupo que ya ha tenido cabida en este blog, cuando hablamos del tema “Señora Azul”. Os dejo el punto de vista de José María Guzmán y de Rodrigo García respecto de lo que fue el final de Solera y el inicio de Cánovas, Adolfo, Rodrigo y Guzmán:

“Sólo llegamos a tocar una vez en directo, pues la subsistencia con el grupo era imposible. También la compañía [Hispavox] dejaba mucho que desear, dado que la promoción iba siempre dirigida a los artistas consagrados (…) El álbum (…) se hizo a nuestro gusto totalmente, apoyado por el productor de moda en ese momento, Rafael Trabucchelli, persona grata que nos dejaba hacer, refunfuñando de vez en cuando y elaborando a conciencia los fondos orquestales, como solía llamarlos. Solera duró exactamente un año. Las relaciones con los hermanos Martín se deterioraron en los primeros meses. La escisión fue al año, y por entonces Cánovas y Adolfo ya estaban libres de compromisos, así que decidimos formar un nuevo grupo, esta vez con los nombres de cada uno, idea que se me ocurrió para no tener más problemas como con Solera” (José María Guzmán, consultado en: Domínguez, Salvador (2004) Los hijos del rock. Los grupos hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE; pág. 33).

“El germen de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán fue Solera, absolutamente. La impuntualidad en los ensayos creó una crisis, porque, al hilo de nuestra juventud, la seriedad era algo que nos parecía esencial. Guzmán y yo hablamos entonces con Trabuchelli y le dijimos que íbamos a buscar reemplazos y pensábamos tirar hacia adelante. Él nos dijo: ‘vale os espero’. Acto seguido, le proponemos la idea a Juan Cánovas y a Adolfo Rodríguez y formamos CRAG” (Rodrigo García Blanca, consultado en el texto de Salvador Domínguez citado líneas arriba -pág. 33-).

Si aún no conocéis este disco, y os animáis a escucharlo, os va a sorprender por su calidad, frescura y sus buenas canciones, como “Tierra mojada”, “El discípulo de Merlín”, “Noche tras noche”, “Una singular debilidad” o, tal vez, las más conocidas: “Linda Prima” y la nostálgica “Calles del viejo París”, precisamente el tema con el que encabezamos esta entrada. Aquí os dejo una versión posterior de Guzmán y Cía (con la colaboración de Cánovas, Rodrigo y Adolfo), y aquí un tutorial para los que se animen con la guitarra.

Untitled-36

Gene Clark y Carla Olson. “Gypsy Rider”

The Byrds es una de las bandas más importantes e influyentes que ha dado el pop y el rock, y bien podría decirse que son los creadores de estilos como el folk-rock o el country-rock; ya han aparecido por aquí, a propósito de los temas “You’re Still on my Mind” y “Mr. Tambourine Man”. Sus integrantes (Jim McGuinn, David Crosby, Chris Hillman, Gene Clark, Michael Clarke o Gram Parsons) también han desarrollado carreras en solitario muy relevantes, y han formado parte de grupos tan importantes para el country, el folk y el rock como The Flying Burrito Brothers, Manassas o Crosby Still & Nash. Gene Clark tal vez fue el menos afortunado; aunque fue el principal compositor en la primera etapa de The Byrds (1964-1966), tuvo que encajar que los productores le apartaran de las tareas vocales en las canciones más emblemáticas y, también, la incomprensión de sus propios compañeros. Abandonó The Byrds tras la publicación del tercer álbum de estudio de los californianos (“Fifth Dimension”, 1966), iniciando así una carrera en solitario con discos tal vez no muy conocidos pero de gran calidad, como el último que grabó en colaboración con la compositora, guitarrista y cantante Carla Olson.

So Rebellious a Lover” fue publicado en 1987, con la ayuda de músicos como Chris Hillman, Stephen McCarthy o Randy Fuller. No os voy a recomendar ningún tema en concreto, excepto el que encabeza este post, porque con la parte os estaríais perdiendo el todo; aquí lo tenéis por si os animáis. Como bien dice el compañero Addison de Witt, “un disco crepuscular, acústico, folk y country; un trabajo de camino y granero, de olor a heno y sabor de maíz y licor de zarzaparrilla; un cancionero en el que, en muchos momentos, manda la melancolía y el rumor de la tristeza”. Lamentablemente, el torturado organismo de Gene Clark no pudo aguantar mucho más; el alcohol, las drogas y su delicada salud (física y mental) acabaron con él cuando apenas tenía cuarenta y seis años, el 27 de mayo de 1991. Antes fue capaz de dejarnos un disco maravilloso, con canciones tan profundas como “Gypsy Rider”, la triste historia de un perdedor que jamás recuperará a su chica. Os dejo algunas versiones de esta canción, en concreto las de The Kennedys (a partir del minuto 14.25), Midnight Choir, Johan Asherton, Tex Perkin & The Band of Gold, Jason Haywood y George Elliot, así como una interpretación en directo a cargo de nuestros protagonistas de hoy, Gene Clark y Carla Olson.

cd-gene-clark-carla-olson-so-rebellious-a-lover-cd-D_NQ_NP_848940-MLA27951966081_082018-F.jpg