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Las Cinco Canciones de lrotula (III): “Rubylove” (Cat Stevens)

Creo que el casete es el formato musical al que tengo más cariño, el que está conmigo desde que empecé a escuchar música; en mi casa no había tocadiscos, así que puede decirse que las cintas fueron mi salvación. En ellas grabé mis primeras canciones de la radio y, ya en el instituto, se convirtió en el vehículo que utilizábamos para conocer a los grandes grupos y escucharlos en cualquier sitio, casi siempre al aire libre. Desde luego, la calidad de sonido no es comparable con la del vinilo pero, como nos cuenta hoy lrotula, los casetes también tenían sus ventajas, como pueden ser la facilidad de transporte y el precio; al igual que le sucediera a nuestro protagonista de esta semana, yo también he comprado cintas a precio de ganga, como aquella vez que adquirí en Discoplay una cinta de Tony Ronald y sus Kroner’s al módico precio de 99 pesetas, me compré dos iguales por si se me estropeaba y aún conservo una de ellas en su plástico, sin desprecintar. La canción que lrotula ha elegido para recordar a este formato, y sus recuerdos asociados a él, es “Rubylove”, del británico Cat Stevens.

EL CASSETTE

“La revolución, además de permitir que la música se moviera, permitía compartir música. Lo de las grabaciones creo que se les fue de las manos a los promotores de la idea, pero enseguida editaron la música también en formato cassette. El mercado se ampliaba.

Un botón para play otro para grabar (había que dar a éste y sin dejar de apretarlo al play. El mismo del play según a que lado lo movieras era adelante o atrás en la cinta. Las primeras grabaciones las hacíamos con micro directamente de los altavoces. Ósea que si entraba tu hermano voz en grito ¿Has visto el rotulador rojo? había que repetir esa canción.

Una de las ventajas del cassette es que te permitía comprar música cuando ibas con la mochila de una parte a otra. Por supuesto en los pocos viajes que hice siembre me traía música del país que fuera. Grecia, Portugal, Argelia.

Otra ventaja del formato eran las ofertas. Yo compre por cuatro perras en una gran superficie “Exile on Main St.” y discos por el estilo.

“Teaser an the Firecat” de Cat Stevens (el disco que hizo rico al patrón de Island) fue el primer disco que grabé.  En él estaba “Rubylove”. Una sencilla canción de la que en su día me llamo la atención la diferente instrumentación y sobre todo que una parte de la  canción fuera en griego”.

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Steve Howe & Jon Anderson. “Sad Eyed Lady of the Lowlands”

Mañana va a ser un día importante para la Música, por primera vez en la historia el premio Nobel de Literatura va a ser entregado a un cantautor, Bob Dylan, aunque parece que finalmente no irá a recogerlo (sus razones tendrá). La decisión de la Academia no ha podido ser más polémica; se han vertido ríos de tinta para tratar de justificar lo inadecuado de este galardón, en manos de alguien que no se gana la vida como literato sino como cantante y escritor de canciones. El argumento más recurrente tiene que ver con la propia concepción de su obra que, efectivamente, no está pensada para la lectura sino para la escucha en forma de canción; entiendo que los defensores de esta posición también hubiesen estado en contra de que Shakespeare o Molière recibieran tal distinción si hubiera existido en su época, al fin y al cabo buena parte de sus obras estaban escritas con la finalidad de ser representadas en público. Entiendo a quienes critican esta decisión desde el conocimiento literario y porque, además, han escuchado las canciones de Dylan, se han esforzado en comprender y, en el mejor de los casos, se han dejado acariciar por sus poemas; pero, sinceramente, no comparto esas críticas que vienen de personas que, en su vida, se han parado a escuchar una canción de Dylan y, lo que es peor, tal vez nunca hayan tenido el placer de leer un libro. Como me imagino que hoy me estaré ganando una buena cantidad de collejas por mis opiniones, ahora voy a cosechar algunas más, esta vez por parte de los fans de Dylan; creo que el estadounidense es único escribiendo canciones pero no soy un gran enamorado de su voz, ni de su manera de interpretar; siempre he preferido las versiones que otros han hecho de sus temas y, de hecho, en este blog ya han aparecido algunas. Así que, para homenajear a Bob Dylan por este premio Nobel he querido seleccionar uno de los trabajos donde, desde mi punto de vista, mejor se condensa el espíritu poético de este autor, pero interpretado por dos de mis ídolos de juventud: los ex-Yes Steve Howe y Jon Anderson. La canción en cuestión es “Sad Eyed Lady of the Lowlands“, un tema de casi doce minutos que escribió probablemente pensando en su mujer Sara, con quien se había casado unos meses antes, poniendo fin a su romance con Joan Baez; ocupaba toda la cara D del disco doble “Blonde on Blonde” (1966), uno de sus mejores álbumes, en el que intervinieron músicos tan destacados como Al Kooper, Joe South o los miembros de The Band. La versión que os propongo fue incluida en un álbum de Stewe Howe homenaje a Dylan (“Portraits of Bob Dylan”, 1999), y para este tema contó con su ex-compañero Jon Anderson. La primera vez que la escuché me cautivó, la segunda me emocionó, con la tercera se me escapó alguna lágrima.

With your mercury mouth
in the missionary times,
And your eyes like smoke
and your prayers like rhymes,
And your silver cross,
and your voice like chimes,
Oh, who among them do they think
could bury you?
With your pockets well protected at last,
And your streetcar visions
which you place on the grass,
And your flesh like silk,
and your face like glass,
Who among them do they think could carry you?
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet
says that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
With your sheets like metal
and your belt like lace,
And your deck of cards missing the jack
and the ace,
And your basement clothes
and your hollow face,
Who among them can think
he could outguess you?
With your silhouette when the sunlight dims
Into your eyes where the moonlight swims,
And your match-book songs
and your gypsy hymns,
Who among them would try to impress you?
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet says
that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
The kings of Tyrus with their convict list
Are waiting in line
for their geranium kiss,
And you wouldn’t know it
would happen like this,
But who among them really wants
just to kiss you?
With your childhood flames
on your midnight rug,
And your Spanish manners
and your mother’s drugs,
And your cowboy mouth
and your curfew plugs,
Who among them do you think
could resist you?
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet says
that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
Oh, the farmers and the businessmen,
they all did decide
To show you the dead angels
that they used to hide.
But why did they pick you to sympathize
with their side?
Oh, how could they ever mistake you?
They wished you’d accepted the blame
for the farm,
But with the sea at your feet
and the phony false alarm,
And with the child of a hoodlum wrapped up
in your arms,
How could they ever,
ever persuade you?
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet says
that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
With your sheet-metal memory
of Cannery Row,
And your magazine-husband
who one day just had to go,
And your gentleness now,
which you just can’t help but show,
Who among them do you think
would employ you?
Now you stand with your thief,
you’re on his parole
With your holy medallion
which your fingertips fold,
And your saintlike face
and your ghostlike soul,
Oh, who among them do you think
could destroy you
Sad-eyed lady of the lowlands,
Where the sad-eyed prophet says
that no man comes,
My warehouse eyes, my Arabian drums,
Should I leave them by your gate,
Or, sad-eyed lady, should I wait?
Con tu boca de mercurio
en tiempos de misioneros
y tus ojos como humo
y tus oraciones como poesías
y tu cruz de plata,
y tu voz como repiques
oh, ¿quién hace que ellos piensen
que podrían enterrarte?
Con tus bolsillos siempre bien protegidos
y tus visiones de tranvía
que colocas en la hierba
y tu carne como seda,
y tu cara como el cristal
¿quién podría conseguir llevarte?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería ponerlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Con tus sábanas como metal
y tu cinturón como un lazo
y tu baraja de cartas perdida la J
y el As
y tus ropas de sótano
y tu cara sin expresión
¿quién de ellos podría pensar
que podría vencerte?
Con tu silueta cuando la luz del sol a media luz
en tus ojos donde nada la luz de luna
y tus canciones de caja de cerillas
e himnos gitanos
¿quién entre ellos intentaría impresionarte?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería ponerlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Los reyes de Tiro con sus listas de presidiarios
están todos esperando en fila
sus besos de geranio
y tú no sabías que podría ocurrirte
algo como eso
¿pero quien de ellos realmente
quiere besarte a ti?
Con tus amores de infancia
en tu alfombra de medianoche
y tus ademanes hispanos
y tus drogas de madre
y tu boca vaquera
y tus enchufes de toque de queda
¿quien de ellos te hace pensar
que pudiera resistirte?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería abandonarlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Oh, los granjeros y los hombres de negocios
han decidido
mostrarte los ángeles de la muerte
que solían esconder
pero porqué ellos te escogieron
para simpatizar contigo
¿cómo podrían alguna vez equivocarte?
Querían que te responsabilizaras
de lo de la granja
pero con el mar a tus pies
y la alarma falsa
y con el niño de un matón
arropado en tus brazos
¿cómo podrían ellos alguna vez,
haberte convencido?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería abandonarlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Con tus recuerdos de planchas metálicas
de Cannery Row
y tu marido de revista
que un día tuvo que irse
y tu gentileza, que ahora no puedes
evitar mostrar
¿cual de ellos crees
que te emplearía?
Ahora estás junto a tu ladrón,
estás en su libertad condicional
con tu medallón sagrado
que la yemas de tus dedos doblaron
y tu cara de santa
y tu alma de fantasma
oh, ¿quién de ellos podría pensar siquiera
que pudiera destruirte?
Dama de ojos tristes de las tierras bajas
donde dice el profeta de ojos tristes
que ningún hombre llega
mis ojos en depósito, mis tambores árabes
¿debería abandonarlos en tu puerta
o debería esperar, dama de ojos tristes?
Fuente: http://www.goddylan.com
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Van Morrison. “Moondance”

En opinión de algunos críticos y especialistas musicales, “ningún hombre blanco canta como Van Morrison”; la voz aguda de sus primeros discos ha sido calificada como “tierna, suplicante y quejumbrosa”, un timbre bien diferente del que utiliza en sus últimos discos, una especie de rugido profundo lleno de matices, ideal para hacer frente a su ecléctico planteamiento musical y a su longeva carrera artística. Aun siendo un excelente recurso, que Van Morrison maneja de manera magistral, lo cierto es que aquella voz de cantante soul que lucía en sus inicios es, con permiso de Steve Winwood, de lo mejorcito que un hombre blanco ha dado al R&B. En una entrada anterior, la dedicada al tema “Gloria“, recordábamos sus primeros pasos en el mundo de la música. En 1967 inició su carrera en solitario, tras abandonar Them, el grupo del que formaba parte. Grabó su primer Lp (“Blowin’ Your Mind!”, 1967) con el sello discográfico Bang Records, en él se incluyó la conocida canción “Brown Eyed Girl“. Sin embargo, nunca se sintió muy satisfecho con aquel trabajo, de tal manera que hizo todo lo posible para rescindir el contrato y firmar con Warner. En 1968 publicaba “Astral Weeks”, para muchos el mejor álbum del irlandés y uno de los mejores discos de todos los tiempos; un trabajo místico, hipnótico y delicado, que ha sido comparado con el impresionismo francés y con la poesía celta; pese a que las críticas fueron muy buenas, no tuvo un gran éxito popular. Su siguiente Lp, el que hoy nos ocupa, se tituló “Moondance” (1970); fue producido y compuesto íntegramente por Van Morrison utilizando esa misma amalgama de estilos presentes en “Astral Weeks”, pero en un tono más rockero y optimista, y dando un protagonismo mayor a la sección de viento (saxos, clarinete y flauta). Es el otro gran disco de Van Morrison, para mi gusto incluso superior a “Astral Weeks”, donde no hay ni una sola canción que no esté a la altura; casi todas (“And it Stoned Me“, “Crazy Love“, “Caravan“, “Into the Mystic“, “Everyone“, etc.) merecen un lugar destacado hoy, pero me voy a decidir por “Moondance” -la más conocida y la que más versiones tiene-, por ese embriagador ritmo de swing jazz, por el excelente trabajo de saxo, teclados y flauta, y porque la voz de Van Morrison suena maravillosamente bien.

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The Band / Al Kooper & Mike Bloomfield / The Allman Brothers Band. “The Weight”

A mediados de los sesenta Bob Dylan quiso dar un giro a su estilo; el folk fue cediendo protagonismo en la misma medida que el rock se hacía cada vez más presente en los nuevos trabajos del estadounidense. Para este viaje echó mano de un grupo canadiense creado a finales de los cincuenta, The Hawks, en realidad la banda de acompañamiento de Ronnie Hawkins; en 1964 le abandonan y cambian sucesivamente de nombre hasta que adquieren su definitiva denominación: The Band; poco después se asocian con Bob Dylan y se incorporan a la primera “gira eléctrica” que dio el cantautor por Norteamérica y Europa. En julio de 1966 Dylan sufre un grave accidente de motocicleta que le obliga a recluirse en Woodstock, en un lugar llamado “Big Pink” donde también residieron, durante unos cuantos años, los miembros de The Hawks. Las grabaciones realizadas en el sótano de este chalet acabaron dando lugar, en 1975, al álbum “The Basement Tapes”, aunque algunos temas ya habían aparecido en discos pirata. Mientras The Hawks ayudaban a Dylan en su conversión hacia lo eléctrico y el rock, Bob insuflaba creatividad e inspiración a los integrantes de este grupo; en este productivo ambiente, los ya denominados The Band grabaron un disco, “Music from Big Pink” (1968), que la mayor parte de críticos musicales consideran como uno de los álbumes de folk-rock más importantes de la historia. Este trabajo cuenta con once canciones, bastantes escritas por Richard Manuel o Robbie Robertson, aunque en tres de ellas también intervino Bob Dylan, como autor o coautor. El tema más conocido de este Lp, y de los que mejor representan a The Band, es “The Weight”, una críptica y surrealista historia de tintes buñuelianos con la muerte, la culpa, el pecado, el diablo y un viajero que llega a Nazareth (Pensilvania) en busca de un hotel como protagonistas. Formó parte de la banda sonora de “Easy Rider” y ha sido muy versionado, tanto desde el soul (Diana Ross & The Supremes, The Staple Singers, Aretha Franklin y Duane Allman), el country (Jackie DeShannon, Marty Stuart, Lee Ann Womack), el rock (Bruce Springsteen, Joe Cocker, North Mississipi All Stars, Grateful Dead), el blues-rock (Jeff Healey, Karise Eden), el indie folk-rock (Mumford and Sons) o el pop (Travis, Jimmy Barnes & The Badloves, Weezer). Para la segunda versión destacada de hoy he pensado en una adaptación instrumental a cargo del pianista Al Kooper y del guitarrista Mike Bloomfield -ambos músicos que colaboraron con Bob Dylan-, incluida en el álbum “The Live Adventures of Mike Bloomfield and Al Kooper” (1968). La tercera corre a cargo de la Allman Brothers Band, perteneciente a su disco “Live at Jazz Fest 2007”, y cuenta con Chuck Leavell al piano y con Susan Tedeschi como cantante. Y finalizo con la versión que nos dejó The Band -con la colaboración de las Staple Singers- para la película “The Last Waltz“, de Martin Scorsesse, donde ellos eran los homenajeados.

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Las Cinco Canciones de Eduardo Cano (I): “The Sounds of Silence” (Simon & Garfunkel)

Hay personas que irradian bondad, a las que miras a la cara y te reconfortan porque piensas que nunca podrá salir nada malo de ellas. Eduardo entra en esa categoría. Ir a Granada siempre es un placer, más aún si la familia Cano te invita a su casa; me imagino que comprendéis lo que quiero decir, seguro que la mayor parte de vosotros habéis sido convocados a alguna comida o cena de esas donde todo es rígido y acartonado, incluyendo la hospitalidad del anfitrión. Ese no es el caso de nuestro invitado de esta semana en “Las Cinco Canciones de tu Vida”, porque te hace sentir como en tu propia casa pero con sus discos y sus guitarras. Al igual que Begoña -a la que ya conocéis tras su paso por esta sección-, Eduardo es uno de mis más antiguos seguidores, de mi primera época en facebook. Al contrario del protagonista de hace quince días, Whatgoesaround, los comentarios que Eduardo ha preparado para cada canción son muy breves, tal vez por timidez porque os puedo asegurar que sabe escribir y muy bien; su libro de relatos breves, titulado Historias absurdas para gente absurda, es interesante, atrevido y muy entretenido. Esta semana Eduardo comparte con todos nosotros sus recuerdos y sus canciones, temas rockeros, baladas, folk y música brasileña. Comenzamos con uno de los clásicos de Simon & Garfunkel, “The Sounds of Silence”, incluido en el primer álbum del dúo: “Wednesday Morning 3 A.M.” (1964), posteriormente reeditado como single con nuevos arreglos; su letra es preciosa, como bien señala Eduardo, fue escrita por Paul Simon tras el asesinato de John F. Kennedy.

“Fue la primera canción que escuché de este grupo y a partir de ahí me enganché a él. Además, las versiones que se han hecho en castellano también me parecen muy buenas. Me gusta su letra y significado”.