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Norman Greenbaum / Doctor and the Medics / The Kentucky Headhunters. “Spirit in the Sky”

Norman Greenbaum es un norteamericano de Massachusetts que vive en Petaluma (California), promoviendo conciertos y alejado de los escenarios y la fama. Aunque grabó algunos discos a finales de los sesenta y principios de los setenta, es conocido en el mundo de la música por su éxito “Spirit in the Sky”, compuesto por él y publicado en 1969 como single y, poco después, como parte de su primer álbum, titulado igual que la canción. Nació en el seno de una familia judeoamericana y fue educado como tal, por lo que resulta paradójico que “Spirit in the Sky” esté considerado como un himno religioso cristiano debido a su letra, en la que se habla de Jesús y del Cielo como lugar a donde ir después de morir. El propio Norman Greenbaum ha reconocido que, en realidad, se inspiró en las películas del oeste, en aquellos héroes que morían con las botas puestas, y en algunos cantantes de country, como Dolly Parton o Porter Wagoner, cantando canciones de temática religiosa en la televisión; nunca pensó en componer una canción de plegaria o alabanza cristiana: “he utilizado el elemento cristiano porque tenía que utilizar algo y porque estaba ahí, pero lo más importante no es la parte en la que se menciona a Jesús, sino la propia historia del espíritu que se marcha para el cielo. Es bastante divertido: yo también quería morir con mis botas puestas”. Lo más reconocible de “Spirit in the Sky”, su verdadera seña de identidad, es ese riff inicial de guitarra, entre psicodélico y hardrockero, con el que consiguió cautivar a los aficionados al rock. Sin embargo, no parece que sea totalmente original; apenas un año antes Canned Heat cerraban su excelente “Boogie with Canned Heat” con un tema (“Fried Hockey Boogie“), compuesto por el bajista Larry Taylor, que recuerda bastante al que hoy nos ocupa. Incluso podría pensarse en una influencia anterior en lo que a este riff se refiere, la del tema “Boogie Chillen #2“, grabado por John Lee Hooker en 1950. Y si queremos seguir viendo parecidos razonables, ahí tenéis, sin ir más lejos, uno de los temas más conocidos de ZZ Top, “La Grange“, publicado en 1973; incluso “Shake Your Hips“, de los Rolling Stones, también posterior a “Spirit in the Sky”. Para la segunda versión os propongo a la banda de glam-rock Doctor and the Medics, que incluyeron este tema en su álbum “Laughing at the Pieces” (1986); y para la tercera a los Kentucky Headhunters, grupo de rock sureño que versionó esta canción para su segundo álbum de estudio (“Electric Barnyard”, 1991). No obstante, si queréis escuchar otras versiones, aquí tenéis las debidas a Bauhaus (rock gótico, post punk), Nina Hagen (punk, new wave), Larry Norman (rock cristiano), Elton John (melódico) o las más poperas de Dorothy Morrison, Gareth Gates o Kim Wilde.

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The Kingsmen / Motörhead / Joan Jett & the Blackhearts “Louie Louie”

A comienzos de los sesenta el rock and roll era un fenómeno musical y cultural extendido por todo el mundo, manejado por las compañías discográficas a su antojo. Había muchos solistas y grupos que se dedicaban profesionalmente a cultivar este género, respaldados con buenos medios técnicos y una óptima calidad de sonido. Sin embargo, los chavales más jóvenes se encontraban más a gusto con un R&R más pasional y menos virtuoso, reivindicando así lo que ellos consideraban el verdadero espíritu rebelde del R&R. Algunos de estos adolescentes y jóvenes norteamericanos formaron sus propias bandas, grupos generalmente amateurs que solían ensayar en los garajes de los domicilios familiares; apostaron por un R&R enérgico y muy sencillo, ya que la mayoría de ellos no tenía formación musical, en ocasiones algo distorsionado, con unos estribillos pegadizos que intentaban ocultar lo elemental de su propuesta. Con el paso de los años, cuando este movimiento juvenil declinó, a finales de los sesenta, acabaría siendo bautizado como “garaje rock“. Esta corriente musical fue fundamental en el nacimiento del punk, a mediados de los setenta, por eso no es de extrañar que muchas bandas de punk y proto-punk versionen temas típicamente garajeros. Si hay una canción representativa de este estilo esa es “Louie Louie”, escrita por Richard Berry en 1955 (éste es el original), en la que se nos cuenta la historia de un pescador que regresa a Jamaica para reencontrarse con su amada. La versión más famosa es la de los Kingsmen, de 1963, una interpretación que acabó dando lugar a una investigación del F.B.I. por presunta obscenidad en la letra de la canción; un delirio más del puritanismo estadounidense que nos detalla el compañero Pere, en su blog Lo que surja records. Otra versión muy garajera es la de Paul Revere & The Raiders, del mismo año; de la misma época (1964) es la muy conocida de los Kinks; los Beach Boys también la hicieron suya, al igual que The Ventures. Algunas interpretaciones de este tema apuntaron hacia el soul y el funky, como las de Otis Redding, Ike & Tina Turner o Stanley Clarke & George Duke; otras hacia el hard rock o el blues-rock, es el caso de las debidas a The Flamin’ Groovies, Grateful Dead, Led Zeppelin, Robert Plant o la segunda destacada de hoy, la del grupo Motörhead, publicada como sencillo en 1978; pero las de corte punk y proto-punk son legión: The Troggs, The Sonics, Patti Smith, The Clash, Iggy Pop, Johnny Thunders, The Stooges, The Sister of Mercy, Black Flag o Joan Jett & The Blackhearts, que podemos escuchar en el tercer vídeo de esta entrada. Por supuesto, existen más versiones, algunas tan alocadas e inclasificables como la de The Mothers of Invention.

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Boston. “Don’t look back”

No es habitual que un ingeniero del prestigioso MIT acabe dedicándose a la música de manera profesional. Tom Scholtz, el líder de la banda norteamericana Boston, se graduó en este centro donde probablemente adquirió una serie de conocimientos de gran utilidad para su carrera musical; incluso se llegó a extender el rumor de que el primer trabajo de esta banda (“Boston“, 1976), del que nos hemos ocupado en otra ocasión a propósito de la conocidísima canción “More than a feeling“, fue compuesto con un programa informático; mientras, en la radio se escuchaban cuñas publicitarias como la que decía: “Boston: mejor música gracias a la Ciencia” (Roberts, David. Crónicas del Rock. Una historia visual de las 250 mejores bandas de todos los tiempos. Barcelona, Lunwerg, 2013; págs. 82-83). En aquel primer álbum es donde se encuentra la quintaesencia de Boston: un hard rock melódico con una producción muy cuidada, con un sonido cristalino, algunas influencias procedentes del rock progresivo y, ante todo, la pretensión de llegar al gran público utilizando las premisas de lo que se ha venido en denominar “Adult Oriented Rock” (AOR). El segundo disco, titulado “Don’ look back”, se publicó en 1978 y en él se incluyeron ocho cortes todos compuestos por Tom Scholtz, aunque él siempre quiso haber contado con una canción más; de hecho, la cara B de este Lp sólo dura quince minutos. Lo cierto es que el metódico y concienzudo Scholtz se vió sorprendio y violentado por la compañía discográfica (CBS), que no quiso conceder más tiempo a la banda para la preparación de su segundo álbum; de tal manera que prácticamente lo publicaron a partir de la maqueta provisional que recibieron del grupo, para desesperación de Scholtz quien reconoció que habría necesitado unos seis meses más para pulir el trabajo. El malestar entre el guitarrista y la discográfica fue a más, hasta el extremo de verse involucrados en una serie de demandas y pleitos, en los que unos reclamaban indemnizaciones por no haber entregado a tiempo algunos materiales, mientras que la banda acusó a la compañía de no beneficiarles con los royalties a los que tenían derecho. No volvieron a grabar otro disco hasta ocho años después, ya con el grupo desmembrado, el titulado “Third Stage” (1986), donde se recogía la conocida balada “Amanda”. Volviendo a “Don’t look back”, con todos sus problemas que hemos comentado, me sigue pareciendo un trabajo interesante, tal vez no tanto como el primero pero con buenos temas: “It’s easy“, “Don’ be afraid“, “A man i’ll never me” o el que titulado igual que el disco, el más popular de este álbum.

En recuerdo de Sib Hashian (1949-2017), batería del grupo Boston en los álbumes “Boston” (1976) y “Don’t Look Back” (1978)

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Las Cinco Canciones de JakeSnake (V): “A man I’ll never be” (Boston)

Hoy día los chavales de catorce o quince años tienen de todo, incluso modernos y costosos smartphones, donde pueden escuchar la música que les dé la gana. En los años setenta la cosa era más complicada, al menos para los que procedíamos de familias humildes como la mía; me acuerdo que grababa en cintas de marca completamente desconocidas (y así me iba …) y medité mucho antes de comprar mis primeras casetes; aún me acuerdo cuáles fueron: “El Patio” (Triana), “Relayer” (Yes), “Aqualung” (Jethro Tull) y “Boston” (Boston). De este último disco ya me ocupé en su momento, a través del tema “More Than a Feeling” o “Más que un sentimiento”, el título que aparece en mi cinta. Desde hace tiempo tenía ganas de que esta banda volviera a aparecer en La Guitarra de las Musas; de hecho, tengo preparada una entrada con el tema tal vez más conocido de su segundo álbum: “Don’t look back”; por eso, cuando vi que JakeSnake elegía otra canción de ese mismo disco me llevé una alegría. En concreto, ha elegido la balada “A man I’ll never be”, un tema precioso con el que ha querido recordar y homenajear a su abuelo; no os perdáis su relato porque os va a emocionar, ni su penúltima frase donde se condensa, de manera brillante, todo el amor y el respeto que puedes sentir hacia quien quieres y admiras. Muchas gracias, Jake, por esta semana tan intensa y emotiva que nos has regalado, y por todas las elogiosas, más bien “ruborizantes”, palabras que me has dedicado. Recordad que el blog de Jake es Musicae Memorandum. Un abrazo muy fuerte.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

“Por fin, que pensarán algunos, llega mi última colaboración en La Guitarra de las Musas. En primer lugar he de pedir disculpas por haber tardado tanto en realizar las 5 canciones de mi vida, creedme cuando os digo que dispongo de poco tiempo y que me ha costado una barbaridad decidir el quinteto sobre el que referir, de verdad que se me quedan decenas de bandas y cientos de canciones de mi vida en el tintero. Y en segundo y último, me gustaría recordar que, la primera vez que entré por estos lares, tan sólo me hicieron falta 15 minutos para darme cuenta de que estaba ante un gran blog; tanto, que me permití el lujo de afirmar que estaría entre los tres finalistas (asegurar que finalmente vencería me pareció una falta de respeto hacia los demás participantes) de aquel concurso del que es actual ganador. Por la parte que me toca, y sin ánimo ninguno de parecer petulante en absoluto, es el mejor sucesor, en lo que a palmarés de concurso se refiere, que uno pudiera imaginar y/o desear. A ver si me expreso bien, que un blog como éste tenga el Premio 20Blogs revaloriza el que nosotros conseguimos justamente un año antes. Dicho queda.

No he sido capaz de encontrar un tamaño de fuente tan grande como para poder expresar de manera justa el enorme GRACIAS que me gustaría transmitir. Quizá no sea necesario, estoy seguro que Raúl sabe cuán agradecido y orgulloso me siento de poder intervenir en La Guitarra de las musas. Para mí ha sido un honor, un privilegio, un lujo… de todo corazón.

En este sentido, mi agradecimiento va más allá al hecho de poder escribir unas líneas en un lugar tan prestigioso como lo es éste, va más bien dirigido hacia la oportunidad de poder plasmar todos los sentimientos, inquietudes, recuerdos, miedos que uno tiene a través de la música, esa pasión que nos une, y que algunos, mediante el formato Blog, usamos muchas veces a modo de desahogo. Y es que la de hoy es sin ningún género de duda, la entrada más dura que escribí jamás.

Llegados a este punto, me es imposible no rememorar la entrada de Salva en esta misma bitácora sobre “Back in black”. Y no, no es por AC/DC, sino por la figura del abuelo. Me encantó aquello de “nada más alejado del Rock que mi abuelo“, algo que yo sin duda también pudiera afirmar. No sé si las casualidades existen o si el destino está ya escrito, lo cierto es que la noche en la que falleció mi abuelo, mientras me dirigía hacia la casa de mi Tete, se oyó la canción de hoy. En verdad que no recuerdo muy bien de cómo pude llegar, las lágrimas en mis ojos y las imágenes de mi abuelo Paco en mi cabeza apenas sí me permitían ver la carretera. Lo que sí puedo asegurar es que en aquel preciso momento, en la radio de mi coche, sonaba “A man I´ll never be”.

Cuando comentaba anteriormente lo de las casualidades, no lo hacía porque a mi Tete también le encanten Boston, sino más bien por aquello de el hombre que nunca seré. Soy perfectamente consciente de que la letra del tema poco o nada tiene que ver con mi experiencia en concreto, realmente habla sobre la impotencia de un hombre por no ser capaz de colmar las expectativas de su chica, de como, por muy duro que lo intente, él nunca será el hombre que ella imagina en su mente, pero entenderéis que yo haya asimilado la canción como un recuerdo indeleble hacia ese gran hombre que fue mi abuelo, alguien que sólo supo responder a todas las dificultades e injusticias que la vida le planteó con amor hacia sus seres más queridos y con respeto y educación hacia todos los demás.

No sé, a veces tengo la sensación de que esa noche marcó un punto de inflexión en mi vida, un antes y un después. Si bien, hasta que mi abuelo se marchó tenía la impresión de estar viviendo la vida, tras Él (y Ellas dos), parece que sólo la recuerdo. Sería injusto afirmar, especialmente para las personas que me quieren y me acompañan en mi vida, que no soy feliz, pero lo cierto es que sin ellos tres ya nunca será lo mismo.
Y es que aquella noche de 2007, súbitamente, pasé de ser un chico a ser un hombre. Pero no como mi abuelo, pues Él fue el hombre que yo nunca seré, o mejor dicho, el hombre que yo nunca seré capaz de ser.

Gran abrazo a todos, nos seguimos leyendo, hasta siempre”.

 

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Las Cinco Canciones de JakeSnake (III): “Think about you” (Guns N’ Roses)

Hoy más que nunca, estaría bien contar con los comentarios de las chicas en relación al tema planteado por JakeSnake. Tal vez algunas de vosotras intentéis convencernos de que siempre os han gustado los chicos tranquilitos y bien educados, los que sacaban buenas notas en clase, los que no fumaban y los que trataban a las chicas con educación y dedicación; pero, por qué será que nunca he conocido a nadie, con este perfil, que haga estragos entre las mujeres, y más a los dieciséis años. Si en la entrada anterior Jake nos contaba cómo se resistió al “bakalao”, hoy hace lo propio con el grunge, sobre todo desde que entraron en escena los potentes Guns N’ Roses y su carismático líder, Axl Rose. “Think About You”, el tema elegido por JakeSnake, fue escrito por el guitarrista Izzy Stradlin y pertenece a uno de los mejores álbumes de los estadounidenses: “Appetite for Destruction” (1987).

“Recuerdo, como si fuera ayer mismo, la tarde en la que mi madre, ante mi negativa a acompañarla al hipermercado para realizar la compra, me convenció mediante la promesa de comprarme un CD. Inmediatamente acepté el soborno, Ella me conocía mejor de lo que nadie me conocerá jamás. Por favor, no penséis que era un mal hijo, tan sólo que tenía 16 años y temía que algún compañer@ de instituto me sorprendiera en tan “embarazosa situación”. Mi reputación de rebelde oficial de clase podía irse al garete fulminantemente si era descubierto…

Y es que esa era seguramente mi máxima preocupación en aquel momento, ser un malote. Porque desde bien temprano comprendí que ellas se sentían irresistiblemente atraídas por el tipo malo, que se derretían por el chico salvaje e impulsivo que aparenta una seguridad aplastante en sí mismo y que muestra una total indiferencia por todo lo que le rodea; excepto él mismo, claro.

En este sentido, quizá nunca logre entender ese magnetismo femenino hacia el tipo duro, la contradicción en la que ellas suelen caer al desear al granuja que representa todo lo contrario a lo que predican, la irreprimible erótica que sienten hacia el macho alfa que va por libre y se sienta en la fila de atrás, pero lo cierto es que funciona, es casi un hecho demostrado científicamente. Pudiera decirse pues, que la principal motivación que me movía era aparentar ser un rebelde, sin moto pero con causa, la de ligar 😉

Visto desde la perspectiva que otorga la lejanía más de 20 años después, dejarse los pelajos largos, llevar chaqueta de (semi) cuero con 35 grados a la sombra, mostrar una permanente actitud interesante (o sea, ceño fruncido y cara de dolor de estómago crónico) y provocar día sí día también al profesor para ganarse la atención general, bien pudiera parecer una completa sandez, pero en aquel momento era casi una forma de vida.

Mi particular sublevación hacia todo lo que no fuera yo mismo, como no podía ser de otra manera, también incumbía a la música. Porque cuando la inmensa mayoría, súbitamente, se convirtió a la religión Grunge con Kurt Cobain como único y todopoderoso Dios renunciando flagrantemente a sus divinidades anteriores, yo preferí seguir profesando la doctrina Hard Rock. Tan sólo me faltaba una figura a la que aferrarme para que interpretara el rol antagónico respecto a Cobain y así concretar mi personal insurrección: Bon Jovi, Ozzy y Joey Tempest aparentaban ser demasiados endebles y, sobre todo, estaban muy manidos frente a la imponente y fresca imagen del Rey de Seattle, mientras que Bruce Dickinson, Michael Kiske o Eric Adams resultaban bastante desconocidos para la mayoría.

Fue entonces cuando, de repente, apareció en mi vida Axl Rose en el videoclip de “Sweet child o´mine“. Era exactamente lo que andaba buscando, esa estética, esa arrogancia, esa voz, ese carisma. Comprenderéis entonces que el CD que elegí aquella tarde en el hipermercado fuera “Appetite for destruction”, un álbum que devoré con una avidez demencial, obsesiva, casi alucinógena, hasta el punto de emplear los siguientes 6 meses de mi vida escuchando única y exclusivamente esta obra magna sin parangón.

Cortes más conocidos como “Paradise city“, “Welcome to the jungle” o “Rocket Queen” junto con el mencionado “Sweet child o’mine” fueron los que más alcance mediático obtuvieron permitiendo la supervivencia del Hard Rock en tiempos favorables a lo alternativo, siendo además, los grandes responsables de derrocar la comercialidad rockera de la segunda mitad de los ochenta en favor de un estilo más callejero, salvaje y macarra. Sin embargo yo siempre sentí una especial inclinación a otros temas menos renombrados como “It´s so easy“, “Nightrain” o “You´re crazy“. De entre todas, me quedo con “Think about you”, porque fue (aún lo sigue haciendo) la que más violentamente voló mi cabeza adolescente, porque -junto a “Kickstart my heart“- es la canción que más veces he cantado junto a mis amigos en un perfecto y etílico spanglish y sobre todo, porque quizá sea el final de canción -esa doble voz de Axl y ese conmovedor “youuuuuu only youuuuuu“- más acojonante que yo haya escuchado nunca”.