Deep Purple. “Son of Alerik”

Deep Purple es una de las bandas en activo más veteranas del panorama roquero internacional. Se formó en 1968 y, desde entonces, no han sido pocos los cambios que ha experimentado este quinteto, diferentes alineaciones que suelen ser etiquetadas como “Mark I”, Mark II”, etc. Sin embargo, hubo un período, entre 1976 y 1984, en el que la banda no existió, ya que fue disuelta en 1976, cuando el vocalista David Coverdale comunicó a sus compañeros Ian Pace y Jon Lord, los únicos que aún quedaban de la formación original, que abandonaba el grupo para iniciar un proyecto en solitario. Era la crónica de una muerte anunciada, el final de una etapa marcada por las adicciones de los últimos músicos que entraron en la banda: Glenn Hughes y Tommy Bolin, éste último también tuvo que aguantar la animadversión del público inglés hacia él, que nunca asimiló la sustitución de Ritchie Blackmore por un guitarrista estadounidense. Durante ocho años, los integrantes de Deep Purple se centraron en sus respectivos proyectos musicales: Rainbow, Whitesnake, Gillan, etc. En 1980 el nombre de Deep Purple volvió a escucharse en los escenarios, aunque se trataba de una versión ilegítima del grupo, una iniciativa liderada por Rod Evans, el que fuera primer vocalista del grupo, que dio lugar a un pleito finalmente ganado por los miembros que detentaban los derechos sobre el uso del nombre de la banda.

La reunión definitiva se produjo en 1984, nada más y nada menos que con los cinco componentes del Mark II, la formación emblemática de Deep Purple: Ritchie Blackmore (guitarra), Ian Gillan (voz), Roger Glover (bajo), Jon Lord (teclados) e Ian Paice (batería). En otoño de 1984 publicaban el que fue el undécimo álbum de estudio de esta formación, un trabajo que conserva la vieja esencia hardrockera de la banda, renovada con los sonidos que fueron aprendiendo y desarrollando durante aquellos ocho años de interrupción púrpura. “Perfect Strangers” (1984), que fue como se tituló este disco, fue reeditado en 1999, añadiendo entonces un tema más que, en 1984, había sido utilizado como cara B del single “Perfect Strangers”: “Son of Alerik”. Este tema instrumental, compuesto por Ritchie Blackmore, es una de esas rarezas de las que hace tiempo nos habló el amigo Alex en su blog Rocktelegram; un enigmático tema que más bien parece el regreso a los Deep Purple de los años sesenta, cuando la componente psicodélico-progresiva tenía más peso en esta formación que el hard rock, el sonido que les hizo famosos a comienzos de los setenta.

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Free / Maggie Bell / Gary Moore. “Wishing Well”

Los buenos aficionados al blues-rock y al hard rock conocen bien a la banda inglesa Free, de las mejores durante los años dorados de estos estilos, entre mediados de las décadas de 1960 y 1970. Sin embargo, para los que sólo escuchan Rock FM y emisoras similares, Free es el grupo de la canción “All Right Now”, de la que quizás nos ocupemos en otra ocasión (si la “putrefacción sonora” aún lo permite). Según nos cuenta Álvaro Corazón Rural, en un artículo publicado en Jot Down titulado “Free y la maldición de ‘All Right Now’”, esta banda se formó en Londres, hacia 1968, a partir del cantante Paul Rodgers, el bajista Andy Fraser, el batería Simon Kirke y el excelente guitarrista Paul Kossoff, fallecido a los veinticinco años de una embolia pulmonar, probablemente agravada por su nefasto estilo de vida, en el que el consumo de drogas fue algo habitual desde que cumpliera los quince años. El nombre de Free lo sugirió Alexis Corner, uno de los nombres fundamentales del british blues, cuando los vio tocar juntos por primera vez; se quedó fascinado con aquellos chavales que, a pesar de su edad (entre quince y diecisiete años), ya tenían experiencia en grupos anteriores como Brown Sugar, John Mayall & The Bluesbreakers o Black Cat Bones. Los dos primeros discos (“Tons of Sobs”, 1969 y “Free”, 1969) no tuvieron mucho éxito; y el tercero (“Fire and Water”, 1970) quizás tampoco lo hubiera tenido si no llega a ser por “All Right Now”, canción que los situó en las listas de éxitos y ventas, convirtiéndolos -injustamente- en un grupo one-hit wonder. Antes de que el grupo se disolviera definitivamente en 1973, después de un amago de ruptura en 1971, grabaron tres Lps más: “Highway” (1970), “Free at Last” (1972) y “Heartbreaker” (1973).

La canción que hoy nos ocupa, “Wishing Well”, formó parte del último álbum de esta formación (“Heartbreaker”, 1973), ya sin Andy Fraser (sustituido por Tetsy Yamauchi), con John “Rabbit” Bundrick a los teclados y con otros músicos de apoyo. Compuesta por todos los miembros de la banda (al menos así figura en los créditos), “Wishing Well” parece querer trasladarnos un mensaje de alerta ante el consumo de drogas. Al principio se pensó que la letra iba dirigida al guitarrista Paul Kossoff; sin embargo, Paul Rodgers la pudo escribir pensando-consciente o inconscientemente- en personas que conocía, como Bevan T. Woodhouse, un amigo del grupo al que se suele citar como fuente de inspiración de esta canción. Dos años después, este tema fue incluido en el tercer álbum en solitario (“Suicide Sal”, 1975) de la cantante escocesa Maggie Bell, cuya voz recuerda bastante a la de Janis Joplin; y, en 1982, Gary Moore incluyó “Wishing Well” en uno de sus mejores trabajos y de los más representativos de su etapa hardrockera-metalera: “Corridors of Power”. Pero no son las únicas versiones que se han hecho de esta melodía; véanse, por ejemplo, las debidas a Blackfoot, The Mission, Quiet Riot, Joe Lynn Turner, Queen & Paul Rodgers, Jon Lord (con Maggie Bell) o Siggi Schwarz & Michael Schenker.

Rory Gallagher. “Shadow Play”

Cuentan las crónicas musicales que le preguntaron a Jimi Hendrix cómo se sentía siendo el mejor guitarrista del Mundo, a lo que él respondió algo así como “no lo sé, pregúntale a Rory Gallagher”.

Este inolvidable guitarrista irlandés está considerado como uno de los grandes del blues-rock y el hard rock, a pesar de su temprana muerte, a los cuarenta y siete años, debido a un fallo hepático grave causado por un excesivo consumo de alcohol y por un tratamiento para la aerofobia, que le generó aún más daños en su maltrecho hígado; fue sometido a un trasplante pero, cuando estaba hospitalizado, contrajo una infección bacteriana que acabó con su vida. William Roy Gallagher nació en Ballyshannon (Irlanda), el 2 de marzo de 1948, en el seno de una familia de músicos: su padre tocaba el acordeón y cantaba en una banda local, mientras que su madre también era cantante en la agrupación Abbey Players. Tuvo su primera guitarra -una acústica- a los nueve años, que aprendió a tocar por su cuenta; a los doce ganó un concurso de talentos y, con lo que ganó, pudo comprarse su primera guitarra eléctrica; a los quince adquirió su primera Fender Stratocaster, que acabó convirtiéndose en una seña de identidad de este músico. No se conformó con dominar la guitarra, también aprendió a tocar otros instrumentos, siempre de manera autodidacta, como el banjo, la mandolina, el bajo, el sitar o el saxo. Se inició como profesional a los quince años, en el grupo Fontana, donde tocaba temas de R&R y blues, probablemente de sus admirados Eddie Cochran, Buddy Holly o Muddy Waters, entre otros. En 1966 formó, junto con Norman Damerey y Eric Kitteringham, la banda de blues-rock Taste, en la que estuvo hasta 1970. Tras su etapa con Taste, en la que grabó dos discos de estudio y otros dos directos, Rory comenzó su carrera en solitario con un álbum titulado “Rory Gallagher” (1971); después vinieron “Deuce” (1971), “Blueprint” (1973), Tattoo (1973), “Against the Grain” (1975), “Calling Card” (1976), “Photo-Finish” (1978) y “Top Priority” (1979); todos durante la década de 1970, la mejor en la carrera del guitarrista irlandés. Aún grabaría tres discos de estudio más, entre 1982 y 1990, alternando su actividad musical con prolongados períodos de ausencia profesional.

“Shadow Play” formó parte del álbum “Photo-Finish” (1978), grabado en formato power trio junto al bajista Gerry McAvoy y al batería Ted McKenna. Es uno de los temas más recordados de Rory Gallagher, de los imprescindibles en sus conciertos, como éste de 1978, éste otro de 1979 -verdaderamente espectacular- o el de la grabación que se utilizó para el álbum en directo titulado “Stage Struck” (1980). Os aconsejo que echéis un vistazo a estos vídeos, para que veáis cuáles eran los principales atributos musicales de Rory Gallagher, y las razones por las que este guitarrista es tan querido y respetado por todos los aficionados al rock. Aunque sus discos de estudio son excelentes, era en directo donde Gallagher se mostrada en toda su plenitud, con esos interminables solos llenos de pasión y energía.

Ya que hemos empezado con una cita de Jimi Hendrix, vamos a acabar con otra del gran Ritchie Blackmore, el que fuera guitarrista de Deep Purple: “Rory fue probablemente el guitarrista más natural que he visto en mi vida. En todos los conciertos que hicimos juntos, creo que nunca lo escuché tocar lo mismo dos veces … Fue el mejor artista”.

Grandes canciones en versión española: Tapiman (Max Sunyer). “Rock and Roll Music”, 1972 (“Max Sunyer”, 1972)

Max Sunyer es uno de los mejores guitarristas que tenemos en España. He seguido buena parte de su dilatada trayectoria profesional, y he podido verle en directo en varias ocasiones, eso sí todas hace mucho tiempo, a comienzos de los ochenta, en aquellas jornadas de jazz y rock organizadas por algunos de los colegios mayores de la Universidad Complutense. Hemos hablado de él en otras ocasiones, formando parte de grupos como Iceberg o Pegasus, en solitario (versión del tema “El Gessamí i la Rosa”) o dentro de iniciativas como la conocida con el nombre de “Guitarras Mestizas”. Hoy nos vamos a remontar un poco más en el tiempo, a 1972, cuando Max Sunyer se incorporó al grupo Tapiman, un “power trío” a lo Cream o Jimi Hendrix Experience que se había creado un año antes por Miguel Ángel Núñez (guitarra), Pepe Fernández (bajo) y Josep María Vilaseca “Tapi” (batería), los dos primeros procedentes de Vértice y el último de Màquina!, una de las formaciones pioneras del rock progresivo en España. El nombre de la banda fue el resultado de sumar el apodo de Vilaseca (“Tapi”) y las iniciales de Miguel Ángel Núñez; así permaneció incluso cuando el guitarrista tuvo que abandonar Tapiman para incorporarse al servicio militar, circunstancia que obligaría a sustituirle por, el ya mencionado, Max Sunyer. Según explica Àlex Gómez-Font en su libro Barcelona, del rock progresivo a la música layetana y Zeleste (Lleida: Milenio, 2011; pp. 75-76), antes de que Miguel Ángel Núñez abandonara el grupo grabaron un disco de una sola vez, como si fuera en directo, aunque con la entrada de Max Sunyer decidieron abandonar este proyecto y grabar un nuevo Lp, ya con Sunyer, que es el que finalmente saldría al mercado; un trabajo titulado “Tapiman” (1972) que, en mi opinión, todos los amantes al hard rock, el blues-rock y el rock progresivo deberían conocer.

Tras este disco publicaron el que hoy nos ocupa, titulado “Rock & Roll Music”, con la incorporación como cantante de Jordi Querol, aunque lo cierto es que se hizo sin que apareciera el nombre de Tapiman por ningún lado, de ahí que, en ocasiones, ni siquiera se le considere un disco de esta formación. Apenas se publicaron mil copias, lo que le convierte en un tesoro para los coleccionistas. Poco tiempo después volvería a ser publicado por Max Sunyer como disco homónimo (1972). Ese mismo año acabaría disolviéndose Tapiman por desavenencias relacionadas con la manera de entender el trabajo entre los componentes de la banda, aunque unos años después tendrían un reagrupamiento fugaz, que aprovecharon para grabar su último álbum, “En Ruta” (1979), con el sello Chapa. “Rock & Roll Music” (o “Max Sunyer”) es un disco de versiones de clásicos del R&R, pero ejecutado con aspereza hardrockera y, en cierto modo, también un poco “garagera“. Esta perla olvidada de la discografía hispana está compuesta por diez canciones, todas muy conocidas: “Jailhouse Rock”, “What’d I Say”, “Carol”, “Kansas City”, “Tutti Frutti”, “Long Tall Sally”, “Blue Suede Shoes”, “Dust My Blues”, “Roll Over Beethoven” y “Rock & Roll Music”. En los respectivos enlaces podéis escuchar estas potentes versiones, y os dejo cuatro de ellas al comienzo del post, elegidas entre las que ya han tenido cabida en anteriores entradas de este blog.

Iron Butterfly. “In-A-Gadda-Da-Vida”

Iron Butterfly es el nombre de una banda californiana, creada en 1966 en torno al teclista Doug Ingle y el batería Ron Bushy, que tiene el honor de contar en su repertorio con uno de los temas emblemáticos del rock, de los más influyentes en la historia de este género y de los más recordados: “In-A-Gadda-Da-Vida”. Esta composición, con sus más de diecisiete minutos de duración, algo verdaderamente inusual para la época, por no decir impensable para una industria discográfica acostumbrada a las canciones de tres minutos, ocupó toda la cara B del segundo álbum de esta formación, también titulado “In-A-Gadda-Da-Vida”; fue publicado en 1968, aunque a comienzos de ese mismo año ya habían sacado al mercado su primer Lp, “Heavy”, un título profético para una formación que fue muy importante en el nacimiento del hard rock y el heavy metal. Las relaciones personales entre los miembros de la banda no debieron ser muy buenas; de hecho, una pelea entre ellos impidió que tocaran en el Festival de Woodstock, evento al que fueron invitados. Tras estos dos discos, y antes de su disolución en 1971, publicaron dos trabajos más: “Ball” (1969) y “Metamorphosis” (1970); se volvieron a reunir en 1975, manteniendo desde entonces una actividad intermitente con una formación cambiante, casi siempre liderada por Ingle y Bushy.

En el disco que nos ocupa, también tocaron el bajista Lee Dorman y un joven guitarrista de diecisiete años llamado Erik Brann. “In-A-Gadda-Da-Vida” fue compuesto, al igual que el resto de temas que integran este álbum, por Doug Ingle. Parece que estaba borracho cuando lo hizo, de tal manera que, al dárselo a escuchar a Ron Bushy, éste le preguntó a Ingle cómo se titulaba el tema; debió decir el título que inicialmente dio a esta composición (“In the Garden of Eden”), pero estaba tan ebrio que balbuceó algo ininteligible, que Bushy apuntó como lo pareció; así fue como “In the Garden of Eden” se convirtió en “In-A-Gadda-Da-Vida”, un título críptico y misterioso, ideal para una pieza endiabladamente psicodélica como ésta. Para incrementar aún más la leyenda en torno a este tema, parece que fue grabado en una sesión de prueba, mientras esperaban la llegada de su productor musical al estudio; quedó tan bien que decidieron elevar esa toma como definitiva.

En “In-A-Gadda-Da-Vida” se mezclaban dos estilos embrionarios, el rock progresivo y el hard rock, a partir de una pieza irresistiblemente hipnótica de aroma psicodélico, con continuos cambios y una pesada estructura rítmica -sustentada en el bajo y en la voz grave de Ingle-, que nos permite un viaje astral sin necesidad de tomar drogas. El tema está lleno de sorpresas: un solo de guitarra, otro de órgano –muy eclesiástico- y uno más de batería -algo bastante novedoso para la época, que acabaría siendo imitado por bandas como Led Zeppelin o Deep Purple- y, por supuesto, ese riff sostenido de guitarra que ha pasado a la posteridad. El guitarrista Jeff Beck afirma haber visto una actuación en directo de Iron Butterfly, en abril de 1967, cuando aún no habían grabado “In-A-Gadda-Da-Vida”, en la que interpretaron esta composición durante treinta y cinco minutos; sin embargo, es más habitual escuchar la versión mutilada reducida que se preparó para su emisión por radio.

Como ya viene siendo habitual por estas fechas, entramos en modo verano. Nos tomamos un descanso bloguero, aunque volveremos en septiembre ¡Feliz verano para todos!

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