Vaya con Dios. “Nah Neh Nah”

Vaya con Dios -expresado así, en español- fue un grupo musical belga creado en 1986, en torno a la cantante Danielle Schoovaerts, más conocida como Dani Klein; a ella se unieron Willy Lambregt “Willy Willy” (guitarra) y Dirk Schoufs (bajo). Cuando grabaron su primer álbum (“Vaya con Dios”, 1988), en el que incluyeron su exitoso tema “Just a Friend of Mine”, Willy Willy ya había abandonado la formación, siendo sustituido por Jean-Michel Gielen. El segundo disco de estudio (“Night Owls”, 1990), al igual que el primero, también fue producido por Dani Klein y Dirk Schoufs, y contó con el apoyo instrumental de diferentes músicos, que se hicieron cargo de instrumentos como el órgano Hammond, la batería, la guitarra acústica, el piano o diferentes instrumentos de viento. El estilo mostrado por Vaya con Dios en sus dos primeros discos pronto llamaría la atención de especialistas y público, que disfrutaron con un pop elegante, en el que los ritmos zíngaros, latinos, la música gipsy, el jazz suave, incluso el soul, acompañaban a la característica voz de Dani Klein.

En 1991, Dani y Dirk se pelearon, lo que provocó que Schoufs abandonara la banda; murió pocos meses después, cuando tenía veintinueve años, víctima de una intoxicación por consumo de alcohol y drogas. Desde entonces, el grupo fue cosa de Dani Klein; así fue hasta el año 1996, momento en el decidió abandonar la música; regresó en 1999, primero como cantante de la banda Purple Rose y, en 2004, grabó un nuevo álbum (“The Promise”) con su grupo Vaya con Dios. Disolvió definitivamente la banda en 2014, después de una gira de despedida que finalizó en la capital belga.

Volviendo a su segundo Lp (“Night Owls”, 1990), fue quizás el que más se escuchó en España -al menos así lo recuerdo yo-; en él destacan canciones como “Quand elle rit aux éclats” (a lo Édith Piaf, no os lo perdáis), “I Don’t Want to Know”, “What’s a Woman” (en clave soul) o “Nah Neh Nah”, con la que hemos querido encabezar la entrada de hoy, dedicada a esta banda de Bruselas. Aquí podéis ver una interpretación en directo de 1996, a cargo de Dani Klein con acompañamiento orquestal. El dúo alemán de música house Milk & Sugar hizo un remix de este tema en 2010, que tuvo bastante éxito en algunos países europeos. También la han interpretado otros artistas, como el violinista David Garrett o las formaciones Trio Manouche y The Kruasans & Diana Pashko.

Juanito Valderrama / Ole Swing / Varios (homenaje a Juanito Valderrama). “El emigrante”

«Escribí El emigrante al ver llorar a los españoles que se fueron a Marruecos. Yo le hubiera puesto El exiliado, pero me habrían fusilado (…) Lo que pasó es que he vivido muy bien y las envidias existen (…) No sé cómo, me adjudicaron con Franco. Y yo ni Franco ni na ¡Yo serví a la República, hice trincheras republicanas! Le canté a Franco cuando me llamó, ¡pues claro! Como Marchena, Lola Flores, Antonio Molina. ¿Qué otra cosa ibas a hacer? ¿Qué hago hoy si me llama el Rey? A mí se me tildó de facha por envidia, pero ni facha ni na. Yo he sido un artista del pueblo».

Juanito Valderrama, consultado en Mora, Miguel. “Muere a los 87 años Juanito Valderrama, mito de la historia sentimental española”. El País, 13/04/2004.

Estas palabras pertenecen a Juan Manuel Valderrama Blanca (1916-2004), más conocido con el nombre artístico de Juanito Valderrama, una de las figuras españolas más destacadas que ha dado el flamenco y la copla. Nació en Torredelcampo (Jaén), en una familia de agricultores; precisamente en el campo comenzó a cantar, cuando apenas era un niño. Se inició como profesional hacia 1935, en el cine Metropolitano de Madrid, después se incorporaría a la compañía de Angelillo, junto con otros artistas como Pepe Marchena. Durante la Guerra Civil, estuvo alistado en un batallón de la CNT, donde creó un espectáculo para animar a las tropas en la retaguardia. Según nos cuenta Antonio Burgos en su libro Juanito Valderrama: mi España Querida (Madrid: La Esfera de los Libros, 2004), narrado en primera persona, como si fuera el propio Juanito Valderrama:

El estribillo [de «El emigrante»] se me había ocurrido en una gira por el norte, un día que estábamos actuando en un teatro de Ponferrada y el Niño Ricardo me hizo a la guitarra una falseta preciosa, acompañando unos versos que yo recitaba. Una falseta con una melodía que me dio casi escrito el estribillo de la canción, de sentimiento que tenía:Adiós, mi España querida, dentro de mi alma te llevo metía…Pero la letra de la canción entera la terminé de escribir mucho después, y de un tirón, como si me la fuera dictando mi propio corazón, en la misma turné, después de aquella noche moruna tan española en que vi las lágrimas de los exiliados españoles en Tánger.

Tánger entonces era como un París en chiquetito, era internacional. Aquello ni era de España como Tetuán, ni era de Francia como Casablanca. Lo llevaban las grandes potencias que habían ganado la Guerra Mundial y allí se hablaban todos los idiomas y se practicaban todas las religiones (…) En Tánger se respiraba la libertad a cuarenta leguas (…) Y allí a Tánger, buscando esta libertad y esta prosperidad, se fueron muchos españoles después de la guerra, huyendo de Franco, de la cárcel o del fusilamiento, y allí se buscaron la vida y se establecieron. Y éstos eran los que iban a verme al teatro, como iban a verme también algunos moros (…) Y a mí me llegó muy hondo saber que allí en el teatro Cervantes donde íbamos a actuar se había acabado el papel porque Tánger estaba atestado de españoles que se habían tenido que ir después de la guerra. Yo los vi llorar allí en la puerta del teatro, agarrados a mí, rodeándome cuando entraba para los camerinos por la puerta de artistas (…)

A mí me pareció que media España estaba allí, refugiada en Tánger, en esa emigración forzosa, con esa emoción que vi luego en el teatro, todos en pie aplaudiendo los cantes de España, sin colores, sin bandos, con lágrimas en los ojos. Allí ni se decía nada en contra del régimen de Franco ni a favor de nadie. Nada más que llorar recordando nuestra tierra (…) Y a mí aquello me llegó tan hondo y era una verdad tan dolorosa, que al llegar al hotel por la noche (…) cogí un papel y me puse a escribir toda la canción que me faltaba, porque hasta entonces el Niño Ricardo y yo nada más que teníamos compuesto el estribillo. La hice de un tirón

Burgos, Antonio. Juanito Valderrama: mi España Querida. Madrid: La Esfera de los Libros, 2004; consultado en El Mundo Magazine.

Según relata Antonio Burgos, Franco adoraba la canción, incluso se la hizo cantar a Juanito Valderrama un par de veces, en 1950, en el transcurso de una cacería de perdices a la que acudieron los principales poderes políticos y económicos de aquella época: “Mientras la cantaba por segunda vez no se me quitaba el mosqueo. Seguía pensando: “¿Qué va a pasar ahora como este tío se entere bien y ya no le parezca tan patriótica? ¿Pensará de buenas o pensará meterme en la cárcel?” A Franco le debió parecer una canción modélica; al fin y al cabo, en ella se hablaba de vírgenes, rosarios con cuentas de marfil y, sobre todo, se ensalzaba España y el sentimiento de ser español. Ignoro si alguna vez se dio cuenta de que “El Emigrante” era, realmente, una canción dedicada a los exiliados españoles, precisamente los que tuvieron que abandonar el país cuando Franco consumó el golpe de estado y gano la guerra. Si con el paso del tiempo se percató de ello – o alguien se lo delató-, tal vez no quiso darse por enterado; al fin y al cabo, podría haber sido peor el remedio que la enfermedad, sobre todo si tenemos en cuenta que “El emigrante” se había convertido en un éxito absoluto, y en ejemplo patriótico de lo que debería ser la música española.

Durante los años cincuenta aparecieron algunas versiones de esta copla en la voz de artistas vinculados de algún modo a Francia, es el caso de Pierre Malar, Lita Mirial o el turco Dario Moreno. Durante la década de 1960 también se grabaron algunas interpretaciones de esta composición, como las de Joselito, Paco de Lucía (con Ricardo Modrego y Los 7 de Andalucía) o Gloria Lasso. Posteriores son la de Manolo Escobar, Pequeña Compañía, Felipe Campuzano y, por supuesto, todas las de programa de Canal Sur “Se llama copla”: Antonio Cortés, Nicolás García, Álvaro Díaz, Alejandra Rodríguez o Alba Gallardo. También se han hecho versiones en el ámbito del flamenco, como las de Angelillo de Valladolid, Cascabel de Jerez, Parrita o Vicente Amigo; incluso en tono pachanguero, véanse las de Los Centellas o El Chaval de la Peca. “El emigrante” también ha sido interpretado por Valderrama -hijo de Juanito Valderrama-, incluso a dúo padre e hijo, cuando Juanito ya era bastante mayor. Para acompañar al original, como versiones destacadas, os propongo las del grupo Ole Swing –aquí hablábamos de su propuesta, entre el flamenco, la copla y el jazz manouche-, incluida en su disco “Swing Ibérico” (2012); y la que formó parte del disco homenaje “Juanito Valderrama 1916-2016”, cantada por todos los artistas que participaron en la grabación de ese disco.

Juanito Valderrama (1916-2004)

Concierto de Ole Swing (con Eva Durán). Teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de La Villa). Madrid, 14/11/2021

Todos los géneros musicales tienen sus seguidores y sus detractores. Yo diría que, en la mayoría de las ocasiones, abundan más los primeros que los segundos, excepto en el caso de la copla, sobre todo si nos situamos fuera de Andalucía y de algunos territorios castellanos. Sin embargo, no sucede lo mismo con dos géneros próximos, el flamenco y la rumba, bien arraigados en nuestro país, incluso entre la población más joven. Géneros como el rap, el rock, el pop, la canción melódica, el bolero y, por supuesto, el jazz, a menudo toman prestados sonidos procedentes de estos estilos, de manera análoga a como se hace en otras latitudes con músicas populares y tradicionales como el country, el góspel, la canción italiana, el cancionero americano o la samba brasileña, a menudo fusionados con géneros como el blues, el rock o el jazz, éste último siempre muy presente en todos estos movimientos de mestizaje musical.

En España, nuestros artistas no tienen reparos para incorporarse a la sempiterna moda de “lo flamenco” y el “flamenquito” (término que siempre me ha parecido horroroso), a veces por voluntad propia, otras a petición de las productoras y, las más de las veces, obligados por el tirón que tienen estos sucedáneos del flamenco (género grande donde los haya) entre el gran público. Sin embargo, nadie quiere saber nada de la copla; para ser más preciso, por supuesto que tiene sus seguidores, pero la copla que se suele hacer es la ortodoxa, en líneas generales la misma que se hacía durante la primera mitad del siglo XX, cuando este género fue protagonista. Un ejemplo de lo que acabo de comentar lo tenemos en el concurso de televisión “Se Llama Copla”, que se emitió durante nueve temporadas (2007-2016) en Canal Sur, la televisión pública andaluza; todo un homenaje al género: espectaculares y coloridos trajes con bata de cola, grandes orquestas, las coplas de siempre -cantadas una y otra vez, año tras año, con la duración reglamentaria y sin mutilar-, las características interpretaciones de los cantantes -las más de las veces, mujeres al borde de la sobreactuación- y un reconocimiento explícito de los principales autores de este género, algo que se agradece y de lo que, habitualmente, se olvidan en otros programas musicales de la televisión. Todo hecho con mucho respeto a la copla tradicional, medido con escuadra y cartabón, sin concesiones estilísticas que pudieran perturbar la ortodoxia del género.

El jazz es un estilo perfecto para desapolillar sonidos almacenados en viejos armarios, para revitalizar propuestas musicales muy deudoras de su tiempo, como el cancionero americano, el bolero, la samba o el flamenco. Por ello, no es de extrañar que, nuestros protagonistas de hoy, lo hayan elegido para poner en valor un género como la copla, cargado de excelentes melodías y bellas letras, escritas por poetas como Salvador Valverde, Juan Antonio Ochaíta, Xandoro Valeiro, Ramón Perelló o Rafael de León, uno de los integrantes de la literaria «Generación del 27”. Por supuesto, las historias que se cuentan en la canción española son hijas de su tiempo, algunas de ellas claramente anacrónicas; sin embargo, como en cualquier obra poética que se precie, lo más importante no es lo que se dice en ellas, sino cómo se dice.

La propuesta que nos ofrece Ole Swing es interesantísima y, por supuesto, apasionante; de un lado el “jazz manouche” o “gypsy jazz” francés del guitarrista Django Reinhardt y el violinista Stéphane Grappelli; y, de otro, la tradición musical española, sobre todo la copla, pero también el pasodoble, el bolero y la música clásica de autores como Falla, Albéniz o Tárrega. Tienen publicados dos discos: “Swing ibérico” (2012) y “Sueño gitano” (2015), con temas esencialmente instrumentales, aunque también incorporan algunas melodías cantadas por intérpretes como Zenet, Antonio Carmona o la cantaora flamenca Eva Durán, experimentada en colaboraciones con músicos de jazz como Chano Domínguez, Carles Benavent o Jorge Pardo. Eva acompañó a Ole Swing en el concierto que éstos últimos ofrecieron, el pasado domingo, en el Festival de Jazz de Madrid (JazzMadrid21).

Ha sido mi primer concierto con mascarilla y precauciones anti-COVID, aunque esto último siempre se lleva mejor en locales como la Sala Guirau del Teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de la Villa -Madrid-), con esas comodísimas y espaciadas butacas, que parecen pensadas para tiempos de pandemia. El repertorio de Ole Swing no puede ser más conocido; pudimos disfrutar de coplas y pasodobles como “El Emigrante”, “Ay pena penita pena”, “La bien pagá”, “Ojos verdes”, “El Gallito”, “Soy minero”, “Mi jaca” o “María de la O” (tal vez se me olvide alguna canción), unas veces ejecutadas sólo de manera instrumental y otras con la magnífica voz flamenca de Eva Durán, perfectamente acoplada con sus compañeros en ritmo y compás, algo no muy fácil de conseguir si tenemos en cuenta que el “jazz manouche” suele transitar más rápido que la copla tradicional. Eva también interpretó, por supuesto junto a Ole Swing, el bolero “Dos gardenias”, con giros y detalles diferentes a la propuesta de Diego “El Cigala”, que ya tuvimos la ocasión de escuchar en una entrada anterior. Finalizaron con una especie de popurrí de Manuel de Falla, en el que incluyeron la conocida pieza “Danza ritual del fuego”.

El Teatro Fernán Gómez tiene prohibidas las fotos y las grabaciones durante el concierto; por ello, sólo os puedo mostrar mi entrada, una imagen del escenario antes de iniciarse el concierto y el primer vídeo que he compartido, en el que interpretan «El Emigrante» (no es mío, aunque sí de aquella noche); el resto de fotos y vídeos no corresponden con este evento, pero estoy seguro que os ayudarán a haceros una idea de la excelente propuesta musical que nos ofrece Ole Swing, grupo formado por Paco Rivas, Fernando Bellver (guitarra), Roberto Jabonero (violín), Josemi Garzón (contrabajo) y Eva Durán (cante).

Paco Rivas, Roberto Jabonero, Josemi Garzón y Fernando Bellver
Eva Durán

Django Reinhardt / Bobby Darin / George Benson. «La Mer» / «Beyond the Sea»

Charles Trenet fue un compositor y cantante francés a quien se considera el padre de la canción francesa contemporánea. Comenzó a desarrollar sus dotes artísticas (música, pintura y escultura) cuando era niño, para entretenerse mientras se recuperaba de unas fiebres tifoideas. Trenet es autor de «La Mer», uno de los temas galos más versionados de la historia. Según cuentan las crónicas habituales, fue compuesta durante un viaje en tren (Montpellier-Perpignan) en el que Trenet iba acompañado de su secretario, del cantante Roland Gerbeau y del pianista Léo Chauliac. Esta canción nos habla del mar en tono evocador, tal vez como metáfora del amor, sin embargo no se inspiró en el mar para componerla sino en el Lago de Thau, que podía ver a través de la ventana de su vagón. La música fue adaptada por el mencionado Léo Chauliac y cantada por, el también aludido, Roland Gerbeau en 1945, después de que fuera rechazada por la cantante Suzy Solidor argumentando que canciones sobre el mar recibía unas diez al día. En 1946, Charles Trenet grabó su propia versión y la llevó a los Estados Unidos, donde vivió finalizada la II Guerra Mundial. Como en tantas otras ocasiones -véase, por ejemplo, la historia de «My Way«-, los americanos la adaptaron a su lengua, modificaron su letra e, incluso, cambiaron el título. A finales de los cincuenta esta canción ya se conocía como «Beyond the Sea», y fue un gran éxito a partir de la versión que hiciera Bobby Darin, una de las más imitadas por otros cantantes; de este estilo hay muchas, yo os recomendaría una relativamente reciente a cargo de Rod Stewart, publicada en uno de sus discos (tiene cinco) titulados «The Great American Songbook». Las primeras versiones de este tema, las de Roland Gerbeau y Charles Trenet, las podéis escuchar en sus respectivos enlaces, de tal manera que el primer vídeo que hoy os propongo es la interpretación realizada por del guitarrista de gipsy-jazz Django Reinhardt en su breve gira italiana de 1949, en la que estuvo acompañado por Stéphane Grappelli; estas grabaciones se publicaron en el álbum «Djangology» (2005). La segunda versión es la de Bobby Darin, grabada a finales de la década de los cincuenta. La última, la del cantante, guitarrista y compositor George Benson, publicada en el disco»20/20″ (1985), aunque el vídeo que podéis ver se corresponde con una actuación en directo en el Festival de Jazz de Montreaux de 1986.

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