Benny Goodman / Ella Fitzgerald / John Coltrane. “Ev’ry Time We Say Goodbye”

Great American Songbook es el nombre con el que se conoce al cancionero popular estadounidense, un conjunto de melodías que a menudo fueron compuestas, entre 1920 y 1960, para musicales de Broadway o películas de Hollywood por músicos y letristas como Jerome Kern, Cole Porter, George Gershwin, Richard Rodgers o Irving Berlin. El tema que hoy nos ocupa, que ya apareció por aquí hace unos años, formando parte de las cinco canciones de Eduardo (River of Country), fue compuesto por Cole Porter (1891-1964) para la revista musical “Seven Lively Arts”, de Billy Rose. Ted Gioia, en su texto El Canon del jazz. 250 temas imprescindibles (Madrid: Turner, 2013), nos cuenta que el estreno de esta obra, en diciembre de 1944, fue todo un acontecimiento en el que se dejaron ver artistas como Judy Garland o Joe DiMaggio, y se consumieron trescientas cajas de champán entre los asistentes. A pesar de todo, “Seven Lively Arts” ni cosechó buenas críticas ni fue un éxito en taquilla. De este relativo fracaso se salvó una canción “Ev’ry Time We Say Goodbay”, a la que Cole Porter consiguió insuflar emoción acompasando de manera magistral la música con los vaivenes de la letra, que nos habla del sufrimiento de dos enamorados cuando se separan; os dejo la docta explicación de Ted Gioia:

“La melodía arranca con cautela, casi tímidamente, con una secuencia de notas delicadas que se repiten, antes de expandirse de forma espectacular en los últimos ocho compases: un contraste impactante que da forma y sustancia a las interpretaciones de esta pieza. Esa comparación deliciosa entre la despedida de la persona amada y el cambio ‘de mayor a menor’, con la música remedando literalmente la letra, está maravillosamente lograda (no es más que un instante fugaz, de acuerdo; pero uno de los más sublimes del cancionero popular estadounidense)”.

El tema fue grabado por Benny Goodman, con Peggy Mann como cantante, incluso antes de que se estrenara el musical, este será nuestro primer vídeo destacado de hoy; salió al mercado en 1945, año en el que también aparecieron otras versiones, como la de Charlie Spivak, la de Stan Kenton o la de Teddy Wilson, con Maxine Sullivan como vocalista. La segunda versión que destacamos es la de Ella Fitzgerald, publicada en 1956 en el álbum titulado “Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook”. Del año 1957 es la versión de Dinah Washington y Quincy Jones, de 1959 la de Carmen McRae y de 1960 la de John Coltrane, incluida en su Lp “My Favourite Things”, una interpretación realmente espectacular con la que cerramos nuestra habitual terna. No obstante, si os apetece seguir escuchando esta bella melodía por otros intérpretes, os dejo unos cuantos enlaces para que lo podáis hacer, en concreto las versiones debidas a artistas como Ray Charles and Betty Carter, Shirley Bassey, Sarah Vaughan, The Anita Kerr Singers, Erma Franklin, Julie London, Simply Red, Annie Lennox, Diane Schuur, Chris Porter, Rod Stewart, Kurt Elling, Silje Nergaard, Cheryl Bentyne, Roy Hargrove o Diana Krall.

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Procol Harum / Doro / Pop Tops. “A Whiter Shade of Pale”

Hace algún tiempo, en septiembre de 2017, os hablaba del álbum titulado “Procol Harum” (1967), el primer Lp de la banda británica del mismo nombre, un trabajo en el que conviven elementos de diferentes géneros, como el rock psicodélico-sinfónico, el R&B, el soul o el pop beat. Entonces recomendaba su escucha a todos los amantes del órgano Hammond y a quienes buscan los orígenes del rock progresivo. En aquella entrada trataba de poner en valor la melodía con la que se cierra el álbum “Repent Walpurgis”, aunque la canción más conocida es, sin duda, “A Whiter Shade of Pale”, de hecho, se da la circunstancia de que este tema es más conocido que la propia banda, al menos entre el gran público, como si Procol Harum hubieran sido fagocitados por su propio éxito.

“A Whiter Shade of Pale” fue publicada como sencillo en 1967 y, al menos inicialmente, no fue incluida en el mencionado álbum, aunque sí en la edición estadounidense y en posteriores reediciones. Según nos cuenta Héctor Sánchez en un artículo publicado por EfeEme.com, la historia de esta canción comienza con una conversación que escuchó el letrista Keith Reid en una fiesta, cuando un hombre se acercó a una mujer y le dijo: “Estás más pálida que el blanco”; a partir de ahí, según ha contado el propio Keith Reid, escribió una canción bajo la influencia de los libros, y no de las drogas, aunque también dejó su impronta el surrealismo de Magritte o Dalí, el cine de la Nouvelle Vague y la música de The Beatles, Ray Charles o Bob Dylan, autor a quien Reid admiraba especialmente por la manera con la que jugaba con las palabras. Hay quien interpreta esta canción en tono metafórico, como una relación entre hombre y mujer que acaba en un acto sexual; el propio autor de la letra señaló que no trataba de transmitir misterio o decadencia, sino evocar un estado de ánimo a través de una clásica historia de desamor. Inicialmente la canción tenía una introducción instrumental más larga y cuatro estrofas, en lugar de las dos que finalmente quedaron, y duraba casi diez minutos; siguiendo las indicaciones del productor, acortaron el tema para favorecer su difusión radiofónica, aunque en directo interpretaban la versión larga (ésta es la versión extendida). La parte musical quedó en manos del cantante y pianista Gary Brooker, él fue quien pensó en utilizar el “Aria para la cuerda de sol” de Johann Sebastian Bach como punto de partida para crear la melodía, todo un clásico en guateques y bailes sesenteros. Uno de los elementos característicos de esta canción es el órgano Hammond de Matthew Fisher, músico que acabó acudiendo a los tribunales para reclamar la autoría de esta canción, algo que le fue reconocido en el año 2009 con un 40% de los derechos de autor.

De “A Whiter Shade of Pale” se han hecho muchas versiones, tanto desde el lado romántico como desde una vertiente más rockera, incluso inspiró (al menos en lo relativo a la parte instrumental) el tema de Serge Gainsbourg “Je t’aime … moi non plus” (1969). Entre las versiones generadas en el ámbito del rock, mencionaremos la de Gerry & The Pacemakers, Johnny Rivers, Bonnie Tyler, Joe Cocker, Gov’t Mule, Glenn Hughes, Eric Clapton, Sammy Hagar o la cantante alemana de heavy metal Doro (nuestro segundo vídeo), que incluyó esta canción en su primer álbum de estudio en solitario (“Force Majeure”, 1989). Del lado melódico podemos destacar, entre otras, las interpretaciones de Percy Sledge, The Dells, Sarah Brightman, Michael Bolton, Annie Lennox, Willie Nelson & Waylon Jennings o The Shadows. También hay muchas versiones en español, como las de Sergio Denis, Cristina y los Stop, Los Impala, Los Salvajes, Los Rebeldes o la de los Pop Tops (el tercer vídeo destacado de hoy), también del año 1967 como el original, en la que se puede apreciar la dificultad que aún tenía Phil Trim con el español.

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Pink Martini. “Una Notte a Napoli”

Dicen en su página web que comenzaron en 1994, cuando el pianista Thomas Lauderdale, de Oregón (EE.UU.), intentaba hacerse un hueco en el mundo de la política; pronto se dio cuenta que la música que aparecía en los mítines y demás actos públicos era insoportable. Decidió entonces crear una orquesta junto a una antigua compañera de Harvard, la cantante China Forbes, que entonces vivía en Nueva York. Comenzaron a escribir canciones y, en 1997, la orquesta Pink Martini hacía su debut en el Festival de Cine de Cannes y sacaba al mercado su primer álbum (“Sympatique”, 1997), ya aludido en una entrada anterior a propósito de la canción “¿Dónde estás Yolanda?” En este disco quedaba claro cuál iba a ser el estilo Pink Martini; ante todo una orquesta de baile formada por buenos músicos, con temas de diversas procedencias (pop, jazz, música latina y de otros lugares del mundo, etc.) cantados en diferentes idiomas y, todo ello, envuelto en ese glamur vintage tan característico de esta formación. Entre “Sympatique” y su segundo trabajo de estudio transcurrieron siete años, tiempo que se tomaron para digerir su éxito por todo el mundo mientras ofrecían sus espectáculos en directo, y para escribir canciones originales, sobre todo por parte de sus dos líderes: Thomas Lauderdale y China Forbes.

La mayor parte de los temas que integran “Hang on Little Tomato” (2004) fueron compuestos por la “familia” Pink Martini, un disco que contiene canciones en francés, italiano, japonés, croata, español e inglés, del que se han vendido más de setecientas mil copias, incluso llegó a ser número uno de ventas en Amazon. El corte número once lleva por título “Una Notte a Napoli”; fue escrito por el DJ Johnny Dynel, del legendario club nocturno Jackie 60 (Nueva York), y la actriz italiana Alba Clemente, esposa y musa del pintor Francesco Clemente, representante del movimiento conocido como transvanguardia; en los títulos de crédito también figuran Lauderdale y Forbes quienes, me imagino, hicieron todo lo posible para adaptar esta canción al estilo Pink Martini. En el vídeo que encabeza esta entrada podéis ver una interpretación de “Una Notte a Napoli” emitida por un canal de televisión, con China Forbes como cantante; aquí tenéis la versión de estudio, también con China Forbes; aquí podemos ver a la sensual Storm Large, que sustituyó a Forbes cuando ésta fue operada, a la que ya hemos podido ver en otro post interpretando el conocido tema “Amado mío”, de la película Gilda; y aquí otra vez a Storm Large, en esta ocasión junto a Alba Clemente. Finalizamos con la versión que, en el año 2014, publicó Santana para su álbum “Corazón”, cantada por Lila Downs, Niña Pastori y Soledad Pastorutti.

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Triana. “Tu frialdad”

La primera entrada del año 2015 publicada en este blog estuvo dedicada al tema “Luminosa mañana”, de la banda de rock sinfónico andaluz Triana, en mi opinión -ya lo dije entonces- la mejor que ha habido en España en el ámbito del rock progresivo. Sus tres primeros álbumes (“El Patio”, 1975; “Hijos del Agobio”, 1977; y “Sombra y Luz”, 1979) son tres obras fundamentales del rock hispano. En 1979 ya eran un grupo conocido y vendían bastantes discos, por lo que su compañía discográfica (Moviplay) decidió promocionar el disco “Sombra y Luz” a través de los canales habituales en aquellos años: “El Gran Musical” de la Cadena Ser, el programa de televisión “Aplauso”, incluso participaron en el espectáculo “La Noche Roja”, producido por Miguel Ríos, que recorrió diferentes localidades de nuestra geografía. Tal vez envalentonados por el éxito que había tenido “Sombra y Luz” y por la manera en que se seguían vendiendo “El Patio” e “Hijos del Agobio”, Lp que también hemos tenido aquí a propósito del tema “Sr. Troncoso”, decidieron grabar rápidamente otro álbum, sin dejar pasar los dos años que habían separado los lanzamientos de sus anteriores discos. “Un Encuentro” (1980), que es como se tituló el nuevo trabajo de Triana, fue una decepción; apenas quedaba nada del grupo que había maravillado con su emotivo estilo lisérgico, se habían apartado de los sonidos progresivos que los habían convertido en los líderes de este género en España, y daba la sensación que su cuarto álbum buscaba más el triunfo fácil que la calidad. Tampoco debe ser casual que Gonzalo García Pelayo, el productor discográfico de los tres primeros álbumes, no participara en éste, del que llegó a decir que su

“repertorio no era muy bueno, pero había una canción, Tu frialdad, que lo arreglaba, porque era muy buena. Pero en el quinto, Triana [sic] (1981), la selección del repertorio es prácticamente inexistente, y es ahí cuando el grupo cae en picado, viniéndose completamente abajo con el sexto, Llego el día (1983). La movida madrileña y el cambio de modas también influyó mucho en ello” (Dominguez, Salvador. Los hijos del rock. Los grupos hispanos. Madrid: SGAE, 2004; pág. 84).

Con el paso de los años, y disuelta la banda en 1983 tras el fallecimiento de su líder, Jesús de la Rosa, “Tu frialdad” se ha convertido en una de las canciones más populares de esta formación. De ella se han hecho bastantes versiones, aunque a mí el original me sigue pareciendo insuperable; no obstante, por si queréis probar con otras interpretaciones, os propongo dos: una más rockera, la de Alhándal, y otra más flamenca, la de José Mercé y Pablo Alborán. Os dejo con esta maravillosa canción de amor compuesta por Jesús de la Rosa, en la que destacan los teclados, la guitarra eléctrica de Antonio García de Diego y, por supuesto, su exquisita melodía. “Tu frialdad” es el canto del cisne de Triana, que emerge como un espejismo en plena decadencia del grupo.

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Carlos Núñez y Dulce Pontes. “Lela”

Carlos Núñez es uno de los habituales de este blog, hemos hablado de él en ésta y ésta otra entrada, y también a propósito de la actuación que ofreció en Madrid, en junio de 2019,  junto a los irlandeses The Chieftains. Es uno de los músicos españoles en activo a quien más admiro y respeto; y no sólo por sus discos y sus directos, también por su labor como investigador de la música folclórica, por dar voz y oportunidades a músicos desconocidos, a instrumentos recuperados por artesanos musicales y, en definitiva, por su compromiso con la cultura y la divulgación de la música tradicional. Nacido en Vigo (Pontevedra), el 16 de julio de 1971, aprendió a tocar la flauta desde muy pequeño y, a los ocho años, ya sabía tocar la gaita; cuando tenía doce fue invitado a tocar como solista una pieza del irlandés Shaun Davey con la Orquesta Sinfónica de Lorient. Poco tiempo después entró en el Conservatorio de Madrid, para estudiar flauta de pico, obteniendo calificaciones de Matrícula de Honor y Premio Extraordinario de Fin de Carrera. Fue descubierto por The Chieftains, la mítica banda de música tradicional irlandesa, cuando tenía trece años, gracias a una actuación realizada en el Auditorio Castrelos de Vigo. Ya con The Chieftains, en 1989 participó en la grabación de la película “La Isla del Tesoro” y, desde entonces, formó parte de este grupo, siendo considerado como el séptimo Chieftain.

Grabó su primer álbum en solitario en 1996, titulado “A Irmandade das estrelas”, un trabajo fundamental para la música celta española y de los imprescindibles para asentar el concepto de lo que se ha venido en denominar world music. En este disco colaboraron más de cincuenta músicos, entre ellos los Chieftains, Tino di Geraldo, Kepa Junquera, Rafael Riqueni, Ry Cooder, Luz Casal, Dulce Pontes, Amancio Prada o La Vieja Trova Santiaguera. En este disco, Carlos Núñez quiso recuperar un clásico de la canción popular gallega, “Lela”, para ello contó con Dulce Pontes, una de las grandes del fado y la canción portuguesa. La autoría de esta canción está envuelta en una gran polémica, que ha ocupado algunas páginas en la prensa, sobre todo gallega, desde el 2006. Ese año tuvo lugar la quinta edición del programa de televisión “Operación Triunfo”, en el que la cantante viguesa Eva Carreras interpretó “Lela”; en algún momento (aquí lo podéis ver), recibió un mensaje de voz de Miguel de Santiago felicitándola; se presentó como el autor de la canción, aunque la letra pertenece a Alfonso Daniel Rodríguez Castelao y la melodía parece ser obra de Rosendo Mato Hermida. Así lo hizo saber su hija Dolores Mato, quien interpuso una querella contra Miguel de Santiago, que acabó dando lugar a una investigación sobre este asunto, finalmente archivada tras el fallecimiento de Miguel de Santiago el 9 de febrero de 2019. Sin embargo, según he podido leer, los documentos de archivo y los testimonios de los testigos directos son elocuentes; Rosendo Mato parece que escribió la melodía para la obra de teatro “Os vellos non deben namorarse”, escrita por Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, estrenada en Buenos Aires en el año 1941. En concreto lo haría para una parte del primer acto, en el que el boticario Don Saturio le declara su amor a la joven Lela, todo ello acompañado de un grupo de boticarios tocando la guitarra. En este artículo publicado en La Voz de Galicia tenéis todos los detalles, incluidas algunas imágenes de documentos que, según el redactor, dejan claro este asunto, entre ellos el resguardo de Rosendo Mato ante el Registro de la Propiedad Intelectual, de 1977, inscribiendo este tema con el título de “’Lela’. Serenata de boticarios. Vals”. En este mismo artículo, el abogado de Dolores Mato, Xavier Alonso, nos explica cómo pudo Miguel de Santiago hacer suya esta obra:

“Nunca ha habido dudas sobre la autoría de Lela, lo que sucedió es que Miguel de Santiago aprovechó que Rosendo había muerto para declararse ante la SGAE como autor, y como la SGAE no comprueba la autoría le hizo pagos que son los cobros indebidos que le estábamos reclamando. Cerca de 30.000 euros, aunque eran más, pero esto es lo que pudimos acreditar”.

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