The Mars Volta. “L’Via L’Viaquez”

Miranda era una mujer católica, muy devota. Confiaba en los sacerdotes, al fin y al cabo, hablaban por boca de Dios. Vivía en un barrio pobre, muy cerca del mar, un lugar poseído por los pecados, los secretos, la moral religiosa y el miedo. Tenía una hija, Frances, que pronto se dejó seducir por la lujuria y las drogas. Entre quienes frecuentaba había un hombre de Dios, que aliviaba con Frances las pasiones que escondía bajo su sotana. Un día, las bonitas palabras que empleaba con Frances (amor, dinero, protección …) se tornaron en violación, y la hija de Miranda quedó embarazada. La Iglesia quiso sepultar este turbio asunto, valiéndose de recursos como la negación, el silencio y … el aborto. Pese a todo, Frances quiso llevar a término su embarazo. Impulsados por el odio y la ira, un grupo de hombres asesinaron a Frances cerca de un lago, un lugar que guardaba en su memoria el alma de veinticinco mujeres, veinticinco esposas asesinadas para mantener la reputación de los hombres. L’Via, hermana de Frances, fue testigo de todo: sotanas, cuchillos y la visión de su hermana ahogándose en el lago. Fue descubierta mientras huía, y sometida a una atroz amenaza: o callaba o correría la misma suerte. Así fue como L’Via cambió su apellido por L’Via Viaquez. Mientras Miranda era acusada de blasfema, histérica y enemiga de la Iglesia, su amada Iglesia, el niño que Frances llevaba en su vientre, Cygnus, logró sobrevivir y fue dado en adopción. El joven Cygnus también cedió a la tentación de las drogas, incluso se ganó la vida traficando con ellas, pero siempre sintió el vacío en su corazón. Un buen día, encontró un diario abandonado en el asiento trasero de un coche, en el que se narraba una historia de adopción parecida a la suya. Espoleado por el diario, decidió investigar su propio pasado, que terminó reconstruyendo gracias a los relatos fragmentados y las confesiones de su tía y de su abuela biológicas. Cygnus, consumido por la rabia, la culpa y la desesperación, se refugió en su adicción. Y, así, desde la confluencia entre realidad y alucinación, nació Cassandra Gemini, una especie de alter ego demoniaco deseoso de venganza, que regresó al lugar de los hechos para ajusticiar a los asesinos de su madre.

Este relato no deja de ser una ficción, eso sí, elaborada (con algo de imaginación y la ayuda de algunos “Mars Volta maniacos”) a partir de las crípticas letras contenidas en las canciones que integran el disco “Frances The Mute” (2004), del grupo estadounidense The Mars Volta, una banda a medio camino entre la psicodelia experimental y el rock progresivo del siglo XXI. Tanto de los orígenes de este grupo, como de este disco, nos hemos ocupado en una entrada anterior, dedicada al tema “The Widow”. En ella comentábamos que no es un trabajo de escucha fácil, un “álbum inquietante, agresivo, oscuro que, para algunos, puede resultar un tanto incómodo por su tono ácido, sus distorsiones y sus letras difíciles de interpretar”. Si en aquella ocasión proponíamos el tema “The Widow”, hoy os animo a que os sumerjáis en la magia de “L’Via L’Viaquez”, una canción cantada en inglés y español, con continuos cambios de estilo, como si fuera una montaña rusa de sensaciones sonoras, desde la psicodelia experimental al rock progresivo, con interludios de música latinoamericana y agresivos solos de guitarra a cargo de John Frusciante (Red Hot Chili Peppers). Finalizo con un directo de 2023, para que veáis a The Mars Volta en acción interpretando nuestra canción de hoy.

The Nice. «America (2nd Amendment)»

Para muchos aficionados al rock progresivo, The Nice fue la banda de la que salió el teclista Keith Emerson, antes de que éste fundara -junto a Gregg Lake- el trío de rock progresivo Emerson, Lake & Palmer. Aunque fue indudable el liderazgo de Emerson en este proyecto, surgido a partir de un grupo llamado Gary Farr and the T-Bones, hacia 1967, lo cierto es que The Nice fue inicialmente el grupo de acompañamiento de la cantante de soul P.P. Arnold; además, solían tocar como teloneros en los conciertos de Arnold, donde mostraban todo su potencial de rock psicodélico agresivo y ampuloso, con Keith Emerson como maestro de ceremonias, torturando su órgano Hammond (saltaba sobre él, lo hacía distorsionar como si se estuviera quejando del daño sufrido, utilizaba cuchillos para mantener pulsadas las teclas …), de esta manera trataba de emular las maniobras que había visto hacer a Jimi Hendrix con la guitarra o a Jerry Lee Lewis con el piano. Como os podéis imaginar, el directo era el medio natural de The Nice, pero también grabaron tres Lps, varios singles y, por supuesto, algunos álbumes en vivo. Se hicieron famosos por sus agresivos directos, sus atrevidas versiones de autores como Bob Dylan o sus adaptaciones de piezas de música clásica.

Pero terminaron de llamar la atención con su segundo single, un provocativo arreglo del clásico “America”, el tema de Leonard Bernstein (música) y Stephen Sondheim (letra) perteneciente al musical “West Side Story”, representado por primera vez en Broadway en el año 1957 (aquí os dejo la primera grabación de Chita Rivera & Girls) y llevado al cine en 1961, de la mano de Rober Wise y Jerome Robbins (ésta es la secuencia en la que se interpreta la canción). Aunque con algunas diferencias entre las versiones teatral y cinematográfica, “America” es una especie de disputa entre neoyorkinos y puertorriqueños sobre las virtudes y defectos de sus territorios de origen. Keith Emerson fue más allá con la polémica, convirtiendo su “America” en, prácticamente, un alegato antiimperialista yanki; de entrada, tituló su arreglo “America (2nd Amendment)”, en clara alusión a la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, aprobada en 1791, la que concede el derecho de poseer y portar armas a los ciudadanos estadounidenses; esta versión instrumental de “America” finaliza con unas palabras de un niño de tres años, hijo de la ya mencionada P.P Arnold: “América [Estados Unidos] está llena de promesas y expectativas, pero es asesinada por la mano de lo inevitable”; en julio de 1968, la discográfica Inmediate Records publicitó el sencillo de The Nice con un póster en el que se podía ver a los miembros del grupo con niños pequeños e imágenes superpuestas de los rostros de Robert F. Kennedy, John F. Kennedy y Martin Luther King Jr sobre las cabezas de los niños, una polémica promoción que algunas tiendas de discos británicas se negaron a compartir en sus establecimientos. Por si todo esto fuera poco, Keith Emerson quemó una bandera estadounidense en el escenario, mientras interpretaban “America” en el Royal Albert Hall de Londres, recinto que les prohibió la entrada para futuros conciertos.

Paradójicamente, esta canción protesta se concibió como una pieza instrumental, con gran protagonismo de la guitarra y el órgano, en la que se incluyen algunos fragmentos de la Sinfonía del Nuevo Mundo (1893) de Antonín Dvořák. Este tema, inicialmente grabado como sencillo, acabó incorporándose al primer álbum de los británicos («The Thoughts of Emerlist Davjack», 1968), aunque hubo que esperar a la reedición de 1999, incluyéndose como bonus track. Finalizo con un directo de 1968, para que veáis a The Nice en acción interpretando “America”, y un popurrí de 1992 en el que, a partir del minuto 6:22, se les puede ver (esta vez como Emerson, Lake & Palmer) tocando esta pieza.

Andrés Segovia / Los Pekenikes / The Doors. “Asturias (Leyenda)”

En julio de 1968 se publicó el tercer álbum de estudio de los estadounidenses The Doors, titulado “Waiting for the Sun”. En él se incluyeron algunos de los temas mas reconocibles de su repertorio, como “Hello, I Love You”, “Five to One”, “Wintertime Love” o “Spanish Caravan”. Esta última melodía, escrita por Jim Morrison dentro de las coordenadas habituales de este autor (simbolismo, lenguaje metafórico y romanticismo misterioso), contiene una pista de flamenco construida a partir de piezas de música clásica española, concretamente el tema conocido como “Asturias (Leyenda)”, del compositor español Isaac Albéniz (1860-1909), que se reconoce muy bien en el riff de guitarra a cargo de Robby Krieger.

Este clásico del patrimonio musical español fue compuesto para piano, hacia 1890, cuando Albéniz residía en Londres (aquí tenéis un análisis musical de la obra); lo publicó por primera vez Juan Bautista Pujol, en 1892, como preludio a la obra “Chants D’Espagne”; años después, se integraría en la “Suite española Op 47” -quinto movimiento, titulado “Asturias (Leyenda)”-, publicada en 1911 por la editorial alemana Hofmeister. Aunque se compuso para piano, probablemente sean más conocidas las adaptaciones para guitarra, buena parte de ellas realizadas sobre la partitura del guitarrista granadino Andrés Segovia, fechada en 1956. Sin embargo, no fue la primera; debió de haber varios guitarristas que se cruzaron a la hora de transcribir sus respectivas partituras. El propio Andrés Segovia ya tocaba el tema en 1924, incluso antes, quizás hacia 1918; pero es probable que todo comenzara en 1914, cuando Severino García Fortea publicó la primera transcripción de la partitura para guitarra. Otros autores pioneros en la adaptación de esta pieza para guitarra fueron Regino Sainz de la Maza (parece que tocó esta pieza en 1917, en la Sala Mozart de Barcelona) y Juan Parras del Moral (en 1921). La opinión que tenía Andrés Segovia de Severino García Fortea no era muy buena: “Este hombre tenía tal monumental vanidad y presunción que, a pesar de su insuficiente conocimiento musical o técnica de notación, se atrevió a retranscribir todo lo que Tárrega ya había transcrito para la guitarra. De alguna manera convenció a la prestigiosa editorial de música, Dotesio, para publicar tales sacrilegios, que todavía pueden encontrarse impresos” (Andrés Segovia, recogido por Marcial García Ballesteros en su ficha bibliográfica de Severino García Fortea).

También anteriores a la partitura de Andrés Segovia (aunque éste probablemente ya interpretara el tema desde 1918) son las de Luis Maravilla, Narciso Yepes, Laurindo Almeida o María Luisa Anido. Posteriores a las del maestro Segovia son las de Abel Carlevaro, Rogelio Reguera, Fernando Sirvent o Alicia de Larocha (ésta al piano), todas de 1958. A partir de 1960 se publicaron las versiones de Sebastián Maroto, Julian Bream, Christoper Parkering, Ernesto Bitetti, Lucero Tena y José Luis Rodríguez (con castañuelas y guitarra), Alexandre Lagoya, John Williams, Mauro Storti, Kiyoshi Shõmura o Thomas Müller-Pering, por citar sólo algunas, porque deber haber más de trescientas, la mayoría de ellas para guitarra. Yo me voy a quedar con otra adaptación libre, la que realizó el grupo español de pop-rock instrumental Los Pekenikes, publicado como sencillo en 1966, bajo el título de “Sombras y rejas”. Si queréis escuchar alguna versión del “Spanish Caravan” de los Doors, podéis probar con las de Eric Martin & Elliot Easton, Simon James o George Winston (instrumental al piano).

Isaac Albéniz (1860-1909)

Los Brincos. “Mundo, Demonio, Carne”

Hoy más de uno habrá pensado que me he equivocado de grupo o que, realmente, en España debieron existir dos formaciones conocidas con el nombre de Los Brincos. Nada de eso, el tema “Mundo, Demonio, Carne” pertenece al álbum homónimo de Los Brincos que todos conocemos, el cuarto y último de esta formación, publicado en 1970. De los inicios de esta mítica banda española me ocupé en una entrada dedicada al tema titulado “Flamenco”; en ella, daba mi opinión sobre lo importante que fue este grupo para el pop hispano que se hizo durante la década de 1960, la gran aceptación que tuvieron entre el gran público y la calidad de su propuesta musical, con Fernando Arbex, Juan Pardo y Junior como principales artífices. Tras la publicación de su primer álbum (“Los Brincos”, 1964), salió al mercado “Brincos II” (1966), más o menos en la misma línea que el anterior, en el que se incluyeron temas tan conocidos como “Mejor”, Me dijiste adiós” o “Borracho”; después se produjo la salida de Juan Pardo y Junior, parece que tras un intento fallido de hacerse con el control del grupo en detrimento de Fernando Arbex. El caso es que Juan y Junior acabarían formando un dúo (los de “Anduriña”) y Fernando Arbex asumió la jefatura de Los Brincos; para sustituir a Juan y Junior, entraron Vicente Jesús Martínez (guitarra rítmica) y Ricky Morales -hermano de Junior- (guitarra solista), que habían formado parte del grupo español The Shakers (no confundir con la banda uruguaya). Con esta formación (Manolo González continuaba al bajo), se grabó el disco “Contrabando”, al que pertenecen canciones tan emblemáticas de esta banda como “Lola”, “El Pasaporte” o “Nadie te quiere ya”.

En 1969, Vicente Jesús Martínez se marchó al servicio militar, siendo sustituido por Miguel Morales -hermano de Ricky y Junior-; además, Fernando Arbex decidió introducir en escena al teclista colombiano Óscar Lasprilla, con el fin de dar un giro al estilo sonoro del grupo, desde el pop de sus inicios a la psicodelia y el rock progresivo, géneros que ya estaban imponiéndose en la escena europea. Con estos mimbres, Arbex pergeñó un álbum conceptual -tal vez el primero realizado en España- en torno a los tres grandes enemigos del alma: el Mundo, el Demonio y la Carne. A la discográfica de Los Brincos (Novola) aquello les pareció un espanto: canciones larguísimas, muchas en inglés, con un sonido muy diferente al que había sido seña de identidad del grupo, sin canciones potencialmente exitosas y, por si esto fuera poco, con una portada del pintor Claudio Bravo en la que aparecían los cinco miembros del grupo dibujados con sus torsos desnudos. La discográfica obligó a que la mayoría de las canciones fueran en español -algunas, como la titulada “Esa mujer”, francamente interesantes-, y que se sustituyera la portada por otra horrorosa, obra de Jesús Rodríguez Parada, en la que se ve una especie de criatura en forma de cerebro chorreante. Tras esta negociación con Novola, Fernando Arbex consiguió mantener el tema “Mundo, Demonio, Carne”, cantado en inglés, con más de doce minutos de duración y una estructura vanguardista próxima a la psicodelia y el rock progresivo. Una maravilla de composición.

Comienza con unos efectos acústicos que, en seguida, dan paso a un ritmo casi latino, suave, con protagonismo del órgano, todo muy psicodélico. Las percusiones dan paso a una fase más experimental, tenebrosa, que comienza siendo instrumental (sobre todo guitarra) para continuar con una parte cantada, que finaliza con la entrada de la batería. A partir de aquí se abre un nuevo movimiento, con cierto tono marcial, apoyado en percusiones, guitarras y teclados. La última parte del tema es más melódica y jazzística, con arreglos de viento y una finalización entre sonidos de aves y mar. El disco apenas tuvo aceptación entre el público, lo que condujo a la disolución del grupo. Treinta y un años después de publicado “Mundo, Demonio, Carne”, se realizó una reedición de este trabajo por el sello Arcade, el disco que realmente siempre quiso publicar Fernando Arbex: diez temas, todos en inglés, con la secuencia ideada por él, y una diferenciación clara de los cuatro movimientos que integran la suite principal: “Crazy World”, “Angel Felt”, “Hell’s Door” y “Body & Soul”. Además, en la portada se utilizó el diseño inicial, en el que aparecen los cinco integrantes de Los Brincos con los torsos desnudos. Os animo a que descubráis (si aún no lo habéis hecho) a estos Brincos oscuros y psicodélicos, quizás os llevéis una sorpresa.

The Jimi Hendrix Experience. “Voodoo Child (Slight Return)”

The Jimi Hendrix Experience fue la banda del guitarrista Jimi Hendrix, uno de los músicos más innovadores y salvajes que ha dado el rock, y de los que más han influido en generaciones posteriores; recordemos, sin ir más lejos, el juicio emitido por el virtuoso guitarrista Joe Satriani a propósito del tema que hoy nos ocupa, “Voodoo Child (Slight Return)”: “Es la mayor pieza de guitarra eléctrica hecha jamás registrada. De hecho, la canción entera puede ser considerada como el santo grial de la guitarra de expresión y técnica. Se trata de un faro de la humanidad».

Este power trio, formado por el bajista Noel Redding, el batería Mitch Mitchell y el propio Hendrix a la guitarra, se creó en 1966, gracias a la iniciativa del productor Chas Chandler, convencido de que había que formar una banda solvente alrededor de un músico tan genial como Hendrix, capaz de aventurarse con la guitarra en territorios apenas explorados hasta entonces, y de aportar la suficiente dosis de teatralidad como para que se interesaran por él; véase, por ejemplo, la capacidad que tenía para tocar la guitarra con los dientes o en la espalda, o de hacer una hoguera con ella en mitad del escenario. El grupo estuvo en activo poco más de cuatro años, entre 1966 y 1970, cuando falleció Hendrix, concretamente dos meses antes de cumplir los veintiocho años, el 18 de septiembre. Sólo grabaron tres álbumes (“Are You Experienced?”, 1967; “Axis: Bold As Love”, 1967; y “Electric Ladyland”, 1968), tres discos fundamentales en la historia del rock. Bajo este formato de power trio tocaron como teloneros del francés Johnny Hallyday, participaron en eventos como el Monterey Pop Festival, el Denver Pop Festival o el Festival de Woodstock, aunque para entonces (agosto de 1969) la banda se llamaba Band of Gypsys (Billy Cox había reemplazado a Noel Redding).

El primer gran éxito de The Jimi Hendrix Experience fue “Hey Joe”, después vendrían otros temas míticos, como “Purple Haze”, “All Along The Watchtower”, “Foxey Lady”, “Little Wing” o “Voodoo Child (Slight Return)”. Este último es uno de los títulos más recordados, interpretados en directo y representativos de Jimi Hendrix, además compuesto por él. En esta composición destaca el clásico sonido Hendrix, un blues-rock ácido, hardrockero, de algún modo pionero de lo que, años después, vendría en denominarse heavy metal; el virtuosismo que demuestra con la guitarra; y el uso magistral que hace del pedal wah-wah, recurso técnico que siempre utilizó con maestría y acierto. “Voodoo Child (Slight Return)” surgió a partir de otro tema, “Voodoo Chile”, grabado en mayo de 1968, después de una sesión de improvisación en la que intervinieron Jack Casady al bajo y Steve Winwood al órgano; esta composición finalmente se incluyó en el disco “Electric Ladyland”, con una duración de quince minutos y un planteamiento musical entre el rock psicodélico y el rock progresivo. Volviendo a “Voodoo Child (Slight Return)”, hay bastantes versiones de esta canción, pero sólo os voy a proponer una, que me parece sensacional, la de Stevie Ray Vaughan. También os dejo enlaces a tres interpretaciones en directo de Jimi Hendrix, todas de 1969: la del Festival de Woodstock, la del Royal Albert Hall y otra de un concierto celebrado en Estocolmo.