The Beatles / Whitesnake / The Jimi Hendrix Experience / Los Coronas. «Day Tripper»

Hace algunas semanas comentaba en Mentalparadise que aún no había aparecido ninguna canción de Whitesnake en La Guitarra de las Musas. Fernando, administrador del interesante blog Tu Lisa, yo Conda, me dijo lo siguiente: «Si permites sugerencia, Whitesnake hizo una estupenda versión de Day Tripper de los Beatles. Con otra versión que dejo a tu elección, tienes ya el trío para una de tus fantásticas entradas de canción con varias perspectivas». Muchas gracias, Fernando, por tus amables palabras y por el obsequio en forma de idea. «Day Tripper», a pesar de ser una canción bien conocida de los Beatles y de contener uno de los más famosos riff de guitarra que se recuerdan, nunca llegó a formar parte de ninguno de los álbumes de estudio de este grupo, más allá de los habituales recopilatorios. Fue grabada durante las sesiones de «Rubber Soul» (1965) y publicada como sencillo, en las navidades de 1965, junto con el tema «We can work it out», lo que dio lugar a un single con dos caras A. Al parecer, la autoría principal se debe a John Lennon, aunque Paul McCartney contribuyó con algunos versos. Esta lisérgica canción es posible que haga referencia a los llamados en aquella época «hippies de fin de semana», es decir, aquellos que, de vez en cuando, se ponían las camisas de flores para escuchar música psicodélica. El segundo vídeo que podéis ver es el correspondiente a la ya comentada versión de Whitesnake, que forma parte del primer álbum de estudio de los británicos: «Trouble» (1978). La tercera propuesta es la de la banda The Jimi Hendrix Experience, recogida en el álbum en vivo «BBC Sessions», publicado en 1998 a partir de materiales procedentes de actuaciones de este grupo en los programas de radio de la BBC. Hoy voy añadir un cuarto vídeo, perteneciente a un grupo al que hace tiempo también quería dar cabida aquí: Los Coronas; los madrileños, con su estilo surf-rock y un sonido fronterizo a lo spaguetti western, nos ofrecen una interesante versión instrumental con mucho sabor. Por supuesto que no son las únicas versiones de esta canción, tal vez a vosotros os gusten otras, a mi también me agradan las de Grateful Dead, Otis Redding, Anne Murray, ELO, James Taylor, Cheap Trick, José Feliciano o los españoles La Orquesta Mondragón y Asfalto, ésta última incluida en un singular disco con versiones de los Beatles, publicado en fechas relativamente recientes a partir de materiales anteriores a sus primeros discos de rock urbano progresivo

Gualberto. «Tarantos (para Jimi Hendrix)»

Gualberto es uno de los genios más brillantes que ha dado el rock patrio, sin embargo es poco conocido, tal vez algo más por los aficionados al rock progresivo. Nació en Sevilla y fue uno de los principales pioneros del rock andaluz, mucho antes de que fuera popularizado por grupos como Triana. Junto con Julio Matito, fundó el mítico grupo Smash en 1968, un arriesgado experimento en el que convivieron el rock psicodélico, el rock progresivo, el blues-rock y el flamenco; un ejemplo del derroche creativo de esta banda fue su tema titulado «El Garrotín«, tal vez el más exitoso en la trayectoria de esta formación. Tras su disolución, Gualberto viajó a Estados Unidos donde adquirió formación musical, contactó con diferentes músicos, asistió al Festival de Woodstock y casi llegó a tocar con Jefferson Airplane. Ya en España, firmó dos excelentes trabajos: «A la vida / Al dolor» (1974) y «Vericuetos» (1976), el primero más psicodélico y el segundo más progresivo, dos obras geniales plenas de atrevimiento y experimentalidad; os dejo estas palabras suyas, para que valoréis su irreprimible capacidad creativa: «En la época de Vericuetos mandé quitar el mástil de una Fender Stratocaster y poner el de mi guitarra flamenca, una Alhambra, con clavijas de palo y cuerdas de nailon para eléctrica. De este modo, podía arpegiar y tocar con los dedos usando las técnicas del flamenco, pero con un sonido eléctrico. Me ponía la púa en la boca y podía hacer rasgueos fuertes» (tomado del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 60). El tema que he seleccionado es «Tarantos (para Jimi Hendrix)», una pieza instrumental contenida en el primero de los discos comentados. En este álbum intervinieron dos cantantes, uno lo hacía en inglés (Todd Porcell) y el otro en español (el cantaor Enrique Morente). No os perdáis este homenaje a Jimi Hendrix, ejecutado con guitarra española, violín, palmas y la expresiva guitarra eléctrica de Gualberto (alucinante a partir del minuto dos). Su legado es variado y extenso: ha sido arreglista, productor y asesor musical, compositor y músico de piezas clásicas y de flamenco, pionero de la informática musical que utilizó en la grabación de piezas para cine y televisión, buen conocedor de diversos instrumentos (guitarras, sitar, sarod, dilruba, etc.) y aún hoy sigue en activo, siempre en proyectos variopintos y rodeado de los mejores talentos. Si queréis saber más sobre este músico, aquí os dejo una interesante entrevista realizada en el año 2006.

The Grateful Dead. «Truckin'»

Si hace unos meses ponía a Steely Dan como ejemplo de grupo cuyo hábitat natural era el estudio de grabación, los californianos The Grateful Dead representan lo contrario, es decir, estamos ante una banda cuyas principales virtudes siempre lucieron mejor en sus numerosas actuaciones en directo y, por supuesto, en sus discos en vivo. Esta banda fue creada en 1965 con el nombre de The Warlocks, aunque pronto tendrían que abandonarlo por pertenecer a otra, la que finalmente sería conocida como The Velvet Underground. Estuvieron en activo hasta 1995, año en que falleció su líder Jerry García, nieto de un coruñés emigrado a los Estados Unidos. “The Dead”, como habitualmente eran conocidos por sus fieles seguidores, fueron un grupo realmente singular. En primer lugar por su ecléctico estilo, un cocktail –convenientemente mezclado, no agitado, como diría James Bond- de rock, folk, pop, blues e, incluso, country, rectificado de sabor y textura gracias a la emanaciones psicodélicas que habitualmente acompañaban a esta formación. En segundo lugar por el concepto familiar o comunal que tenían del grupo y sus actividades; sus seguidores, conocidos como “Deadheads”, eran casi una familia, seguían a la banda allá donde actuara, grababan los conciertos con su beneplácito y bien podría decirse que eran de los aficionados más fieles y entusiastas que había en aquellos años hippies; os recomiendo la película “La música nunca dejó de sonar” (2011), la historia de un enfermo de tumor cerebral que sólo reacciona ante la música rock de los Dead y de otros grupos de la época. La tercera característica que hacía de The Grateful Dead una banda singular era, como ya hemos comentado, su apego por el directo, lo que les llevaría a crear su propia infraestructura de sonido, su “Wall of Sound”, un grandioso sistema -especialmente diseñado para ellos- de más de veintiséis mil vatios de potencia, capaz de abarcar cuatrocientos metros y con un excelente sonido a menos de ciento ochenta metros. “Truckin’” es el tema con el que se cerraba su disco “American Beauty” (1970), uno de sus mejores trabajos de estudio; aquí tenéis la versión original de esta canción, no obstante, como no podía ser de otra manera, yo he optado por una de sus versiones en directo. La versión de estudio duraba poco más de cinco minutos, ésta más de doce; así eran los conciertos de esta banda, pura improvisación alucinatoria.

Santana. «Soul Sacrifice»

A menudo nos preguntamos qué hubiera sido de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison o Duane Allman si hubieran tenido una carrera longeva. Probablemente habrían seguido haciendo muy buena música, pero también otras cosas de menor calidad; al fin y al cabo entra dentro de lo normal, la genialidad en la Música, como en otras facetas del Arte, no acostumbra a ser infinita. Al menos eso es lo que vemos y sentimos con las grandes figuras de los sesenta y los setenta que aún siguen vivas, como el norteamericano de origen mexicano Carlos Santana, uno de los supervivientes de aquel acontecimiento social, cultural y musical que se vivió en el Festival de Woodstock (agosto de 1969). Llegó a San Francisco en 1961, unos años antes de que aquella ciudad se convirtiera en el lugar de referencia del movimento hippie y psicodélico; en 1966 ya debutaba con su banda Santana Blues Band y, tres años más tarde, hacía su aparición en el mencionado festival de Woodstock, ofreciendo una actuación que, a juicio de críticos y asistentes, fue una de las mejores de aquel irrepetible evento. Gracias a ese éxito lo tuvieron más fácil para grabar sus dos primeros discos, “Santana (1969) y “Abraxas” (1970), ambos sensacionales. En el publicado en 1970 se incluía una versión de Fletwood Mac, “Black Magic Woman”, una de mis canciones preferidas de Santana. Su álbum de debut finalizaba con “Soul Sacrifice”, tema muy representativo del primigenio estilo Santana, un rock latino con muchísima presencia de ritmos afroamericanos, canalizado a través de la batería (Mike Shrieve) y las percusiones (Mike Carabello y José Chepito Areas), y magistralmente conducido por la singular guitarra de Carlos Santana, llena de vida y energía como nunca en toda su carrera. El vídeo elegido, no podía ser de otra manera, es el de Woodstock; no obstante, aquí podéis comparar su sonido con la propuesta de estudio.

Storm. “It’s all right” / “Un señor llamado Fernández de Córdoba” / “Crazy machine”

Ya viene siendo habitual ver en este blog a grupos españoles que, durante los años setenta, se dedicaron al cultivo del rock sinfónico; sin embargo, aquellos que se inclinaban por el hard rock apenas han tenido cabida en este espacio, tal vez porque fueron menos numerosos que los progresivos y, cuando alcanzaron una mayor repercusión, lo hicieron formando parte del rock urbano. Antes de que triunfaran grupos bien conocidos, como Leño, Topo, Asfalto o Ñu, hubo alguna formación que podríamos englobar dentro de los parámetros característicos del hard rock británico; una de estas bandas fue Storm, formada en 1969, inicialmente bajo el nombre de Los Tormentos, en la ciudad de Sevilla. Además de dos EPs, publicados en 1974, editaron un LP ese mismo año («The Storm») y otro en 1980 («El día de la tormenta»), después de que se reunificaran tras su disolución, en 1976, por el llamamiento a filas de varios de sus componentes. En 1981 volvieron a separarse, aunque durante este 2014 han vuelto a publicar un disco («Trilogía»), en el que se incluyen algunos temas inéditos. La banda estaba formada por los hermanos gemelos Ángel y Diego Ruiz Geniz -el primero tocaba la guitarra y el segundo la batería-, José Torres Alcoba -bajo- y el interesantísimo músico Luis Genil Rodríguez -teclados-. Desde mi punto de vista, el disco verdaderamente interesante fue el primero, un sorprendente trabajo de rock duro setentero con mucha presencia psicodélica, en ocasiones progresiva, donde la guitarra y el órgano Hammond, perfectamente ensamblados, jugaban un papel protagonista; no en vano, este grupo es conocido como el Deep Purple español. Merece la pena escuchar todo el álbum (aquí lo podéis hacer) pero, para abrir boca, os recomiendo tres temas: «It’s all right», una canción con una base rocanrolera que parece una mezcla entre «Rock & Roll en la plaza del pueblo» (1977), de Tequila, y «Maneras de vivir» (1981), de Leño, con unos toques de «Strange Kind of Woman» (1971), de los Purple; «Un señor llamado Fernández de Córdoba, dedicada a su mánager, tal vez la que más me gusta, la más psicodélica de todas, la que tiene un desarrollo instrumental más interesante; y «Crazy machine», con unos increíbles sonidos distorsionados de órgano y guitarra y un solo de batería al estilo «The Mule». Por cierto que este último instrumento también brilla de manera especial en el tema «Experiencia sin órgano«, una canción sustentada a base de guitarra y batería.