Concierto de Vargas Blues Band. Fernán Gómez Centro Cultural de La Villa. Madrid, 21-XI-2017

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A Javier Vargas lo llevo escuchando desde que publicó sus primeros discos: “All Around Blues” (1991) y “Madrid-Memphis” (1992), álbum éste último del cual ya hemos hablado a propósito del tema titulado “Del Sur”; sin embargo, por unas razones o por otras, nunca lo había visto en directo hasta el pasado martes, con motivo del Festival Internacional de Jazz de Madrid (JazzMadrid), un evento al que ya acudí el año pasado, concretamente al concierto de Madeleine Peyroux, y que, año a año, va adquiriendo consistencia y calidad, como puede comprobarse en el listado de actividades y en el programa impreso, que cada vez es más voluminoso y detallado.

Cuando me enteré de la sala en la que tocaría la Vargas Blues Band me quedé un poco extrañado: la Sala Guirau del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, un teatro con los asientos probablemente más cómodos y lujosos de todo Madrid; inmediatamente pensé que era un lugar ideal para el jazz, la música clásica o la canción melódica pero tenía mis dudas al respecto de que fuera adecuado para una banda de blues-rock latino. En cualquier caso, allí estábamos, embutidos en aquellos super-butacones, los habituales en estos saraos: Marta, Begoña, mi hermano Carlos y yo mismo, rodeados de un público que parecía querer mimetizarse con esta exquisita y placentera sala, como si fueran a juego con los carísimos sillones, en los que más de uno ya se estaba empezando a quedar dormido antes de empezar el concierto. Por un momento pensé que muchos se habían equivocado de sala y que iba a ocurrir una catástrofe cuando los decibelios de la Vargas Blues Band hicieran acto de presencia. Por supuesto, en este tipo de conciertos no hay cerveza ni bocadillos; se empieza puntual y se acaba a la hora prefijada; no se permiten fotos ni vídeos; se aplaude, pero no se suele gritar ni silbar; y te acompañan a tu asiento, como en la Ópera o como se hacía antiguamente en los cines de estreno.

Cuando empezaron a tocar me quedé más tranquilo; comenzaron de manera muy suave, como queriéndose, también ellos, adaptar al local y al público, con temas de corte latino (algunos de su último álbum, “Cambalache & Bronca”) y varias baladas de guitarra. Y tampoco sonaban a gran volumen (es evidente que esto lo habían pactado con la organización, algo que me confirmaron luego) por miedo a que la acústica de la sala se volviera contra ellos; sin embargo, la solución hizo que las guitarras sonaran con algunos ruidos de fondo cuando el volumen era bajo y los tonos graves. De hecho, al menos desde mi punto de vista, y aunque resulte paradójico, sonaron mejor los temas potentes y cañeros -como las versiones que hicieron de “Sunshine of Your Love” o de “Chill Out (Sácalo)”- que los más tranquilitos. Aunque en el programa del Festival figuraban cuatro músicos, lo cierto es que el teclista Giovanni Romano no estuvo en el concierto; a Javier Vargas, a la guitarra, le acompañaron Peter Kunst (batería, voz) y Luis Mayol (bajo, guitarra y voz). Luis Mayol, con un timbre que en algunos momentos nos recordaba al de Santiago Auserón (Radio Futura), llevó el peso vocal en la mayoría de las canciones; comenzó un tanto impreciso pero fue de menos a más, como si el concierto se le hubiera quedado corto; Peter Kunst, en cambio, estuvo más regular, aunque su participación como cantante se limitó a los temas más rockeros. Lógicamente, Javier Vargas fue el que llevó el protagonismo con su guitarra, deleitándonos con su técnica, sus recursos, su sentimiento y su pasión por el blues, el rock y los ritmos latinos; mientras lo escuchaba pensaba en Santana, en cual podría haber sido la evolución del mexicano si en lugar de arregostarse al éxito fácil hubiera continuado haciendo discos como los que publicó en los años sesenta y setenta.

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Como comentaba antes, no pudimos hacer fotos ni vídeos durante el concierto, sin embargo en esta entrada hay varias fotos (las podéis ver un poco más arriba, en forma de mosaico) y un vídeo tomados desde el backstage, y varias sorpresas más de esas que no olvidamos los aficionados a la música. Como podéis comprobar, Marta y yo tuvimos el privilegio de hacernos una foto con Javier Vargas quien, además, nos regaló una púa y un autógrafo firmado en el letrero de su camerino. Obviamente, nada de esto hubiera sido posible sin la intermediación de los organizadores de este Festival; muchísimas gracias, Sheila, por esos obsequios que alimentan y estimulan nuestra pasión por la música.

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Santana. “Samba Pa Ti”

Al mexicano Carlos Santana se le considera el padre del rock latino, un género caracterizado por la fusión del rock con sonidos afrocaribeños, ritmos procedentes de Latinoamérica y, en el caso que nos ocupa, elementos del jazz, el funk, el soul, la psicodelia y el blues. En una entrada anterior, la dedicada al tema “Soul Sacrifice“, me ocupaba de los inicios de Santana, en el Festival de Woodstock, y de su primer disco (“Santana”, 1969). El siguiente trabajo de estudio fue “Abraxas” (1970), con el que consolidó esa manera de entender el rock, cálida, enérgica y sensual, con la que encandiló a críticos y público, ávidos de sonidos mestizos en un panorama musical eminentemente anglosajón. La portada de este álbum se tomó del cuadro titulado “Anunciación”, pintado unos años antes por el alemán Matias Klarwein, famoso por sus trabajos entroncados en el surrealismo, la psicodelia y el movimiento contracultural de los años sesenta; sus pinturas se han utilizado como portadas de discos, algunos pertenecientes a artistas tan conocidos como Miles Davis, Earth Wind & Fire o Gregg Allman, aunque su obra más reconocible en este ámbito es la ya mencionada para el Lp “Abraxas“. Matias Klarwein quiso representar la Anunciación de la Inmaculada Concepción, el instante en el que el Arcángel Gabriel le comunicaba a la Virgen María que iba a ser la madre Jesús. Carlos Santana vio la pintura en una revista y supo inmediatamente que aquel ángel con una conga entre las piernas, aquellos vivos colores y sugerentes imágenes eran perfectos para la portada de su disco. Como ya ocurriera en el disco anterior, las percusiones ocupan un lugar destacado en este álbum, con la presencia de músicos como Rico Reyes, Mike Carabello y, sobre todo, Chepito Areas que, además, fue el autor de algunas de las canciones. “Abraxas” es uno de los mejores trabajos de Santana, en él destacan temas como “Black Magic Woman” (compuesto por Peter Green), “Oye Como Va” (de Tito Puente), “Hope you’re feeling better” (de Gregg Rolie, teclista de la banda) o “Samba Pa Ti”, un tema instrumental lleno de sentimiento con el que Carlos Santana quiso expresar su singularidad e identidad como guitarrista y artista: “Sospecho que esta canción trae embotellada muchas cosas personales, que no sabía cómo expresar o articular en una letra. Muchas veces me enfado porque no puedo decir el verdadero significado de esta canción y es debido a que simplemente salió de mí. Eso sí que el mundo lo entiende”. En 1982, José Feliciano puso letra a esta canción; lo hizo en español, para su álbum “Escenas de Amor”.

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Matias Klarwein. “Anunciación”, 1962

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Vargas Blues Band. “Del Sur”

“Empecé a tocar en 1968, así que no soy un principiante. Vivo el presente, pero me formé en la generación de Woodstock: me tengo por hijo de los Doors, Free, Deep Purple, Led Zeppelin y los Fleetwood Mac de Peter Green. Y, sí ¡soy un tío vintage!” Así contestaba el guitarrista español Javier Vargas, en una entrevista reciente (11-IV-2016) concedida al diario El País, cuando le preguntaban sobre si le incomodaba que le consideraran un veterano. Nació en Madrid, en 1958, aunque a los nueve años emigró con su familia a Argentina; allí empezó a tocar con una guitarra española que le regaló su padre hasta que, a los doce, consiguió su primera guitarra eléctrica, instrumento que, desde entonces, ha formado parte de su vida y con el que ha conseguido el honor de figurar entre los mejores guitarristas de nuestro país, desde mi punto de vista el mejor con la guitarra eléctrica en el ámbito del blues-rock y el blues latino. Según él mismo ha comentado, comenzó a tocar la guitarra porque se enamoró de la música de Jimi Hendrix: “fue mi inspiración para decidir que ése era mi instrumento. De hecho, mi guitarra icono, con la que toco, es una Fender Stratocaster, la misma que él”. Tras viajar por otros países, como Venezuela, Estados Unidos o Jamaica, donde entraría en contacto con estilos como el country, el blues o el reggae, regresó a España y se incorporó a la banda de Miguel Ríos, con quien grabaría algunos discos, y también colaboró con otros grupos y artistas, como RH+, Orquesta Mondragon o Manolo Tena, junto a él compondría el conocido éxito “Sangre Española”. En 1991, “para poder tocar mi propia música y no tener un jefe que me dijera como tocarla”, creó la Vargas Blues Band; el primer álbum se tituló “All around blues” (1991) y el segundo “Madrid-Memphis” (1992), en el que colaboraron, entre otros, Carey Bell (voz y armónica), Louisiana Red (guitarra), Jeff Espinoza (voz) o Rafael Riqueni, un excelente guitarrista procedente del flamenco con quien compuso “Del Sur”, el octavo corte de este álbum, un cálido tema instrumental en el que ambos guitarristas hacen valer su maestría y sensibilidad a las seis cuerdas; aunque con algunos cortes y algunas deficiencias de imagen, en este otro vídeo les podéis ver juntos interpretando “Del Sur” (todo un lujo, como podréis comprobar). A Javier Vargas lo han comparado con Santana, con quien mantiene muy buena relación, o con Stevie Ray Vaughan, no en vano le han llegado a apodar “Stevie Ray Vargas”; mientras que la listas de artistas con los que ha colaborado, además de interminable, es excepcional: Glen Hughes, Prince, Raimundo Amador, Chris Rea, Flaco Jiménez, Calamaro, Carles Benavent, Jack Bruce, Devon Allman, etc. Tiene publicados veintitantos discos, por lo que espero que ésta no sea la última vez que veamos por aquí a Javier Vargas.

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The Doors / José Feliciano / I. Gillan, R. Wakeman & S. Howe. “Light My Fire”

Hace algunas semanas vi un interesante vídeo en facebook en el que Ray Manzarek, teclista de los Doors, explicaba cómo se creo este grupo, así como otros aspectos relacionados con la banda; os dejo algunas de sus frases: “(…) una vez en California un amigo me dijo: ¿sabes que sería genial? matricularse en la Escuela de Filmación (…) Y uno de los muchachos que estaba ahí en la carrera en la UCLA era (…) Jim Morrison (…) Un día conversábamos [y me dijo]: he estado escribiendo canciones (…) Y me canta “Moonlight Drive” (…), no había escuchado unas letras tan profundas y esa voz tan oscura (…) y le dije (…) estas canciones son geniales, podríamos montar una banda de rock & roll. A lo que me responde: te digo la verdad, Ray, es exactamente lo que tengo en mente”. Tras incorporar a John Desmore (batería) y a Robby Krieger (guitarra), The Doors comenzó su andadura con un álbum homónimo publicado en 1967, del que extrajeron dos singles: “Break on Through” y “Light My Fire”; así nos cuenta Ray Manzarek cómo compusieron este último tema: “Robbie Krieger llegó con su primera canción, “Light My Fire” (…) Densmore dice: no, no, no, no la hagamos folk, démosle algo de jazz y un ritmo latino (…) Morrison agregó el segundo verso (…) por supuesto, otra acotación sobre la muerte, y yo inventé la introducción”. La canción nos habla de una pareja tratando de alcanzar la euforia por medio de las drogas; algunas de sus líneas trataron de ser suavizadas en ciertos programas de televisión, como el muy popular de Ed Sullivan, quien les solicitó cambiar la frase “Girl, we couldn’t get much higher” (“nena, no podríamos habernos colocado más”) por otra más inofensiva: “girl, we couldn’t get much better” (“nena, no podríamos haberlo hecho mejor”); Jim Morrison hizo caso omiso y cantó el tema con la frase original, para desesperación de Ed Sullivan quien, al parecer, ni siquiera se despidió de ellos, además de vetar su presencia para futuros programas. En 1968, José Feliciano publicaba su exitosa versión, que serviría como referencia para la mayor parte de las interpretaciones que se hicieron después. De hecho, existen más versiones al modo Feliciano que al modo Doors; son adaptaciones melódicas u orientadas hacia estilos como el soul, el funk o la música brasileña, por ejemplo las de Shirley Bassey, Al Green, Stevie Wonder, Erma Franklin, Etta James, UB40, Astrud Gilberto, Tahta Menezes, Julie London, Nancy Sinatra o Will Young. Las versiones psicodélicas son menos abundantes: The Guess Who, Julie Driscoll, Brien Auger & The Trinity (no os la perdáis) y la tercera destacada de hoy, a cargo de tres grandes músicos: Ian Gillan, Rick Wakeman y Steve Howe, grabada en el álbum homenaje “Light My Fire: A Classic Rock Salute to the Doors” (2014). Hay muchas versiones de este tema, algunas verdaderamente singulares, como la de la London Symphony Orchestra o la de Amorphis, grupo de metal finlandés.

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The Zombies / Santana / Neko Case & Nick Cave. “She’s not there”

El éxito arrollador de The Beatles en los Estados Unidos, a comienzos de la década de los sesenta, dio lugar a un movimiento musical conocido como “Invasión Británica“, caracterizado por la fuerte presencia de grupos procedentes del Reino Unido en el panorama musical norteamericano; bandas como The Rolling Stones, The Animals, The Who y, en menor medida, otras como The Kinks, The Yardbirds o Them, coparon las listas de éxitos con canciones sencillas y pegadizas a ritmo de R&R, R&B y blues-rock. Una de aquellas formaciones, tal vez de menos éxito que las citadas aunque con mayor presencia en los EE.UU. que en su país, fue The Zombies. Creada a comienzos de los sesenta y disuelta en 1968, grabó su primer sencillo en 1964 con dos temas propios: “You make me feel good” y la canción que nos ocupa: “She’s not there”. Ésta última fue compuesta por el teclista de la banda, Rod Argent, al parecer inspirado en su primer amor, Patricia, quien canceló la boda dos semanas antes de su celebración, y en una canción de John Lee Hooker titulada “No One Told Me”. “She’s not there” es un buen ejemplo del estilo The Zombies, caracterizado por sus interesantes armonías vocales y la calidad de sus arreglos instrumentales, en este tema en concreto destaca el piano eléctrico, especialmente notorio hacia el final de la canción. Fue un importante éxito, sobre todo en los Estados Unidos, dando lugar a un buen número de versiones durante la década de los sesenta, como la que realizaran los norteamericanos Vanilla Fudge en su álbum de debut (“Vanilla Fudge”, 1967). Pero la más conocida de todas es la que grabó Santana para su disco “Moonflower” (1977), una propuesta dominada por la voz de Greg Walker, las percusiones características de esta banda (José “Chepito” Areas, Pete Escovedo y Raul Rekow) y, por supuesto, la expresiva guitarra de Carlos Santana. Después de ésta han seguido apareciendo más versiones y, últimamente, ha sido una canción bastante utilizada en el cine, por ejemplo en la película de Quentin Tarantino “Kill Bill: Volumen 2” -en realidad un “sample” a cargo de Malcolm McLaren titulado “About Her“-, o en “Boys” (Stacy Cochran, 1996), en este caso interpretada por la formación australiana The Cruel Sea; también en series de televisión, como “Glee” o “True Blood”, de donde está tomada la inquietante tercera versión destacada de hoy, a cargo de la cantante estadounidense Neko Case y el polifacético Nick Cave.