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B.B. King / The Crusaders / Joe Bonamassa. “The Thrill is Gone”

“B.B. King, el rey del ‘blues’, entusiasmó anoche a los 8.000 espectadores que llenaban el Palacio de los Deportes”. Éste es el titular que dedicó El País al concierto que ofreció B.B. King el 14 de mayo de 1984 dentro la programación de las fiestas de San Isidro de Madrid. Yo fui uno de aquellos 8.000 entusiastas que, una vez apareció el maestro en el escenario, no se volvió a sentar hasta que finalizó el evento. Como ya he comentado en alguna ocasión, creo que es el mejor concierto que he visto en mi vida, la impresión que me dio es la de que B.B. King parecía haber nacido en un escenario, de hecho puede decirse que prácticamente murió en ellos; enfermo de diabetes e hipertensión, casualmente falleció otro 14 de mayo, treinta y un años después de aquel concierto en Madrid, a los ochenta y nueve años. De ellos, casi la mayoría los pasó con una guitarra en la mano, su querida “Lucille”; nacido en una familia pobre de Misisipi, a los doce años ya formaba parte de un coro gospel, donde aprendió los primeros acordes a la guitarra de la mano del predicador. En 1946 dejó de recoger algodón y marchó a Memphis, donde inició su carrera musical proponiendo un estilo en el que mezclaba la modernidad de la gran urbe con sus orígenes rurales. Grabó su primer álbum en 1956 (“Singin’ the Blues”) y en el año 1969 ya estaba publicando el que hacía el número diecisiete, titulado “Completely Well”. En él se incluyó una canción de Rick Darnell y Roy Hawkins inicialmente grabada por éste último en 1951; “The Thrill is Gone” pasó desaparcebida hasta que B.B. King la versionara en 1969, convirtiéndose en uno de los mayores éxitos de su carrera, imprescindible en sus directos y que ha interpretado junto a otros artistas en ocasiones diversas: Gladys Knight, Eric Clapton, Gary Moore, Richie Sambora, The Manhattan Transfer, Tracy Chapman, Stevie Wonder, Willie Nelson, Barbara Mandrell, Pavaroti, etc. Para la segunda versión de hoy hemos traído a The Crusaders (con Randy Crawford), banda de jazz con la que B.B. King trabajó durante su carrera profesional; en tercer lugar vamos a escuchar otra versión en directo, a cargo del guitarrista Joe Bonamassa que, según he podido leer, a los cuatro años tocaba la guitarra, a los siete hacía blues y a los doce fue telonero del propio B.B. King. Pero existen más versiones, por ejemplo os recomiendo las de Aretha Franklin, Little Milton, Chicken Shack, Luther Allison, Jerry Garcia & David Grisman, The Marshall Tucker Band, Joe Satriani, Steve Vai & Friends, Leslie West o Dishwalla.

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Concierto de Madeleine Peyroux Trio. Fernán Gómez Centro Cultural de La Villa. Madrid, 23-XI-2016

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Madrid nunca ha tenido tradición de grandes festivales de jazz; es verdad que los ha habido y que durante todo el año se puede disfrutar de este género en salas de conciertos, teatros y bares con longeva tradición jazzística, como Clamores, Café Central o Café Populart, entre otros. Pero, desde hace algunos años, se viene celebrando el “Festival Internacional de Jazz de Madrid“, en el que se incluyen debates, exposiciones y, por supuesto, conciertos en distintos lugares de la capital. Aún es pronto para estar a la altura de festivales como los de Almuñécar, Donosti o Vitoria, entre otras cosas porque lo primero que tiene que hacer el de Madrid es consolidarse y no quedar expuesto al albur de nuestros gobernantes de turno.

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El pasado 23 de noviembre tuve el inmenso placer de presenciar uno de los conciertos incluidos en este festival, el de Madeleine Peyroux Trio; de esta cantante, guitarrista y compositora estadounidense ya hemos hablado aquí, a propósito de las canciones “Dance me to the end of love“, “Smile” y “J’ai deux amours“. Creo que es la segunda vez que visita Madrid, la primera fue hace unos tres años, cuando quizás era menos conocida; para esta ocasión la organización ha querido que la recibiéramos en la Sala Guirau del Centro Cultural de la Villa (Centro Fernán Gómez), un lugar perfecto para este evento, cómodo, suficientemente amplio (por supuesto, hubo lleno) y bien preparado para el sonido elegante y delicado que nos ofreció este trío. Lamentablemente, las fotografías y los vídeos estaban prohibidos, por lo que no puedo ofrecer más que una foto que pude hacer cuando se abrió el acceso a la sala y otra de mi entrada, el resto del material gráfico y videográfico que aparece en este post pertenece a otras actuaciones relativamente recientes.

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Acostumbrado a los conciertos de rock, a estar de pie durante horas, a los empujones y a la incomodidad propia de estos eventos, los butacones numerados de la sala Guirau me parecieron de ciencia-ficción. En estos conciertos no se bebe cerveza, así que acompañé la espera con la lectura del folleto que nos regalaron con todos los actos de este festival de jazz. A las 21:35 horas aparecieron Madeleine Peyroux (voz, guitarra acústica), Jon Herington (guitarra eléctrica) y Barak Mori (contrabajo); como podéis ver, una propuesta muy sencilla: tres instrumentos y la inigualable voz de Madeleine. Se situaron en formación triangular: en el vértice trasero Barak y delante de él Jon y Madeleine, ambos sentados.

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La mayor parte de los temas que sonaron pertenecen a su último álbum, “Secular Hymns” (2016), un disco de versiones con canciones pertenecientes a autores tan diferentes como Willie Dixon, Lil Green, Allen Toussaint, Stephen Foster o Tom Waits, es decir, temas de blues, folk, country y canción tradicional americana, vestidos de jazz y cantados con mucha personalidad por la que bien podría ser la heredera de Billie Holiday. Por cierto, he podido observar que, en directo, sigue conservando ese giro tímbrico parecido al de Billie, aunque quizás ya no sea tan acusado como en sus primeros discos; ahora su riqueza expresiva es mayor y, desde luego, no concibe la interpretación en los términos de desesperación trágica tan característicos en Billie Holiday.

Me sorprendió gratamente su simpatía, su buen humor y sus ganas de agradar al público; habló mucho durante la actuación, a menudo en castellano, esforzándose en todo momento por conectar con nosotros, incluso cambió la frase final del tema “J’ai deux amours”, sustituyendo París por Madrid. Además de las canciones de su último disco y de ésta que acabamos de comentar, hizo más versiones -no hay que olvidar que ésta es una de las facetas que caracterizan a esta artista-, como “Água de Beber”, de Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim, o la ya comentada “Dance me to the end of love”, de Leonard Cohen.

Excepto en un par de canciones, interpretadas en solitario por Madeleine, en el resto intervinieron Jon Herington y Barak Mori, que hicieron gala de una maestría y un buen gusto musical a la altura de las circunstancias, en ocasiones acompañando vocalmente; incluso se permitieron ejecutar, primero Jon con su guitarra y luego Barak con el contrabajo, sendos solos simultaneados con un tarareo en el que se imitaba al instrumento en cuestión, algo así como una versión actualizada de la técnica conocida como scat.

Hacía mucho tiempo que no iba solo a un concierto y, lamentablemente, no podía comentar con nadie los pormenores de la actuación; tal vez por eso estuve más concentrado y sentí la música como pocas veces. A todos nos ha pasado alguna vez que hemos desconectado en algún concierto y que sólo hemos vuelto a él cuando han empezado a aparecer los temas más emblemáticos del grupo; el pasado 23 de noviembre nunca tuve esa sensación de estar fuera, independientemente de que conociera o no las canciones. Imagino que eso es mérito de Madeleine, Jon y Barak, por eso no puedo más que agradecerles por compartir con nosotros su talento.

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Big Mama Thorton / Elvis Presley / Dirty Blues Band. “Hound Dog”

El nacimiento del R&R tuvo que ser algo grande: la juventud en plena efervescencia, blancos haciendo música de negros y negros copiando patrones musicales procedentes del country más tradicional, bailes alocados, pelos, vestimentas y canciones desenfadadas, y un tipo que movía las caderas con toda la lascivia que podía o que le permitía la puritana sociedad de aquella época. Si hay una canción que simboliza la primera etapa artística de Elvis Presley, aquella que le llevó a ser un fenómeno de masas, adorado y odiado a partes iguales, esa es “Hound Dog”, una de las preferidas para dar rienda suelta a su mensaje rebelde y provocador, y con la que conseguía un sensual movimiento pélvico más propio de un diablo que de un joven cristiano temeroso de Dios. Publicó este tema en 1956, sin embargo ya contaba con un buen número de versiones, eso sí la mayoría orientadas hacia el blues o el country; fue compuesto en 1952 (publicado en 1953) por Jerry Leiber y Mike Stoller para la cantante de blues Willie Mae “Big Mama” Thorton. La letra, como era habitual en muchas canciones de blues, jugaba con el argot, los dobles sentidos y la componente sexual; estaba pensada para una mujer que hablaba despectivamente de un “perro de caza”, un hombre que engaña a su esposa, tal vez un gigoló al que trataba de expulsar de su lado. “Hound Dog” fue la canción más exitosa de Big Mama Thorton, una cantante que no gozó de una carrera musical excesivamente reconocida. En 1955 Freddie Bell & The Bellboys prepararon una versión un tanto diferente, algo más alejada del blues inicial de Big Mama y con un ritmo más acelerado; ésta, y no la original, es la que Elvis tomó como referencia para su conocidísima adaptación, con un cambio en la letra que incrementaba su leyenda de “chico malo”. Por lo tanto, existen versiones de blues o country al modo Big Mama, como las de Little Esther, Jack Turner, Billy Star, Eddie Hazelwood, Betsy Gay, Tommy Duncan and The Miller Bros, Cleve Jackson, Etta James, Jimi Hendrix o Eric Clapton; otras versionan a Elvis: Gene Vincent, The Surfaris, Little Richard, Jerry Lee Lewis, Chubby Checker, Carl Perkins, Van Morrison o John Lennon; y hay dos, según he podido leer, que deben ser francamente interesantes, las de Vanilla Fudge y The Mothers of Invention, aunque no he logrado localizarlas. Para la tercera vesión destacada os propongo el blues-rock de la Dirty Blues Band, grupo de vida breve, formado en torno a Rod Piazza a mediados de los sesenta.

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Etta James. “At Last”

Cadillac Records” (2008) es una película que narra la historia de la compañía discográfica Chess; creada en 1950 por los hermanos Leonard y Phil Chess, fue fundamental para el desarrollo del blues, del R&B y del incipiente R&R. Por la Chess pasaron artistas como Muddy Waters, Chuck Berry, Willie Dixon, Howlin’ Wolf, Bo Diddley, Gene Ammons o Jimmy Rogers, por mencionar sólo algunos nombres; y también Etta James que, en la película mencionada líneas arriba, tuvo un papel protagonista de la mano de Beyoncé Knowles. Según nos cuenta la amiga Marta, en la imprescindible web We Are Rock, tuvo una dura infancia, con padres de acogida que trataron de explotar su talento en coros gospel cuando apenas contaba con cinco años de edad. Con catorce inició su carrera en el grupo The Peaches y, cuando éste se disolvió, continuó en solitario. En 1960 firmó con la Chess Records; comienza así la etapa más brillante en la carrera de Etta, tan solo ensombrecida por sus problemas con la heroína y el alcohol, su costumbre de utilizar cheques falsos y su tendencia a la obesidad. A partir de los años setenta puso su extraordinaria voz a proyectos musicales en los que trató de fusionar el blues y el soul con otros ritmos como el rock o el funk. Falleció el 20 de enero de 2012. Etta James es una de las grandes voces que ha dado la música, tal vez menos valorada o con menos éxito que otras divas del soul, como Aretha Franklin. Era capaz de cantar casi cualquier cosa, sin embargo a mí me cautiva su manera de interpretar las baladas, precisamente el estilo con el que se dio a conocer en los años sesenta. Su primer álbum se tituló “At Last!” (1960), y contenía canciones como “A Sunday Kind of Love”, “Stormy Weather”, “My Dearest Darling” y, por supuesto, el tema titulado igual que el disco, que fue compuesto por Mack Gordon y Harry Warren para la película musical “Viudas del Jazz” (1942) y utilizado en el largometraje “Tu serás mi marido” (1941), gracias a los arreglos de la Glenn Miller Orchestra. Sin embargo, la versión más conocida es la de Etta James; es ella quien saca mejor partido a esta historia de amor que volvió a poner de moda Beyoncé cuando la interpretó al recoger el premio Grammy recibido por su interpretación de Etta James en “Cadillac Records” y, también, cuando la cantó ante el matrimonio Obama durante la gala en la que se celebró la toma de posesión como presidente de los Estados Unidos.

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Bo Carter / Merle Haggard / Wynton Marsalis y Eric Clapton. “Corrine Corrina”

Durante el primer tercio del siglo XX el blues y el country parecían dos estilos antagónicos; de un lado la música de los antiguos esclavos estadounidenses, de otro las viejas melodías de los colonos blancos, a menudo procedentes de la patria irlandesa. Antes de que entraran en proceso de reacción para dar lugar al R&R, durante los años 30 y 40 hubo algunos trasvases o préstamos entre estas, a priori, irreconciliables maneras de concebir la música y la vida. El amigo Eduardo, desde su imprescindible River of Country, a menudo nos habla de estos tempranos procesos de mestizaje; el otro día, precisamente cuando preparaba esta entrada, nos regalaba una deliciosa versión de “Corrine Corrina”, grabada en 1939 e interpretada por las hijas de Maybelle Carter: Helen (12 años), June (diez años) y Anita (seis años). A pesar de que es un tema que se suele asociar con el country, gracias al interés mostrado por pioneros como la mencionada Carter Family, Bob Wills & The Texas Playboys o Roy Newman & His Boys, lo cierto es que “Corrine Corrina” (también conocida como “Corrina Corrina”) es un tema que originalmente fue grabado por el músico de blues Bo Carter, probablemente a partir de otros temas que, a su vez, bebían de la tradición popular negra. Lo interesante de estas adaptaciones country, sobre todo las dos últimas que acabo de mencionar, es que ya tienen un cierto aroma a R&R, cuando a este estilo aún le quedaban unos cuantos años para eclosionar. Por ello, no es de extrañar que los pioneros del R&R también quisieran versionar este clásico: Jerry Lee Lewis, Bill Haley, Big Joe Turner, incluso algunos rockabilly posteriores, como Sleepy La Beef. Por supuesto, también ha sido interpretada por gente del blues y del blues-rock, como Muddy Waters, Steppenwolf o Eric Clapton (bajo el título de “Alberta”, como la versión de 1930 de los Jackson Blue Boys, titulada “Sweet Alberta“). Mención aparte merece la de Bob Dylan, con cambio en la melodía. En cuanto a las tres destacadas de hoy, voy a inclinarme por la original de Bo Carter; después por una gran versión en directo (muy cortita) a cargo del músico country Merle Haggard; y, por último, una excepcional performance perteneciente al disco “Play de Blues: Live From Jazz At Lincoln Center” (2011), de Wynton Marsalis y Eric Clapton; de verdad, no os la perdáis, y no sólo por Wynton y Eric, la nómina de músicos es excelente, Taj Mahal incluido.