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Guadalquivir. “Baila Gitana”

Andrés Olaegui y Luis Cobo “Manglis” (también conocido como “El Mangarra”) son dos guitarristas sevillanos creadores de la banda Guadalquivir, una de las formaciones de mayor calidad de cuantas compusieron el entramado conocido como rock andaluz. Ambos músicos hicieron el servicio militar juntos, en 1972, allí empezaron a hablar de la música que les gustaba (Miles Davis, Herbie Hancock, Return to Forever, Weather Report, etc.), a componer y a tocar; Andrés Olaegui ha reconocido en una entrevista que intentaban hacer la música de sus bandas de referencia con sus propias guitarras y que algunos de los temas de Guadalquivir, grabados seis años después, se gestaron durante la mili. Tras licenciarse marcharon a Madrid y crearon Manantial, junto a otros músicos; comenzaron a tocar en locales de jazz (Balboa Jazz, Whisky Jimm, Raíces, etc.), donde se codearon con la vanguardia del jazz-rock madrileño: Jorge Pardo, Pedro Ruy Blas, Luis Fornés, Rubem Dantas, etc. Olaegui y “Manglis”, junto con Jaime Casado (bajo), Pedro Ontiveros (saxo, flauta) y Larry Martín (batería), crearon Guadalquivir en 1978, después de grabar el disco de Miguel Ríos “Al Andalus” (1977), en el que intervinieron como músicos de sesión. Fue entonces cuando el mánager de Triana les sugirió que crearan una banda que hiciera de teloneros de sus representados; debutaron en marzo de 1978, en el Polideportivo de Móstoles. Tras una gira muy exitosa por todo el país, grabaron su primer álbum (“Guadalquivir”, 1978) en los estudios EMI de Barcelona y Kirios de Madrid, y dos años después el segundo (“Camino del Concierto”); se disolvieron en 1983, tras publicar su último Lp (“Después del silencio”), en palabras del batería Larry Martín: en aquella época “ya no llenaban las plazas de toros Weather Report, Chick Corea, Triana o Iceberg, sino gente muy joven haciendo pop y punk, en general muy malo musicalmente, con dos acordes y una caja de ritmo; eso nos empezó a descorazonar”. El disco que más me gusta es el primero, en el que también intervinieron en su grabación músicos como Manolo Marinelli (Alameda) a los teclados, Rubem Dantas a la percusión o el guitarrista flamenco Diego Carrasco; en este trabajo se puede apreciar bien el sonido característico de Guadalquivir, más cercano al jazz-rock que al rock progresivo. Es un trabajo francamente bueno, cálido y sensible, os aconsejo que lo escuchéis entero cuando podáis (aquí lo podéis hacer); para tratar de convenceros os dejo una de mis piezas preferidas, “Baila Gitana”, espero que os guste.

La cita, y gran parte de los datos que aparecen en esta entrada, ha sido tomados del texto de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004.

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Smash. “El Garrotín”

“En 1967 yo recorría los clubes sevillanos con mi guitarra. No tenía ni un duro, así que tocaba un poco y me invitaban a una copa. Todo el mundo de Sevilla me conocía de verme así. Un día, justo cuando Gong se iban a disolver, pasé por el club Don Gonzalo, y su dueño, Gonzalo García Pelayo, me preguntó si quería tocar unas canciones. Allí estaba el equipo de Gong, que por lo visto yo podía usar. Entonces formé Smash pensando en Julio Matito y en Antoñito, a los que ya había visto en el club Yeyé, que estaba en la calle Alfonso XII” (Gualberto García, líder de Smash. Consultado en: Domínguez, Salvador. Bienvenido Mr. Rock … Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; pág. 566).

Gualberto García (guitarras, sitar, clavicordio), Julio Matito (bajo, voz) y Antonio Rodríguez (batería) fueron los creadores y el núcleo duro de Smash, banda sevillana creada a finales de los sesenta, a la que se suele considerar como pionera del rock andaluz; de hecho, grupos como Triana, Alameda, Guadalquivir, Cai, Mezquita o Goma, por mencionar sólo algunos, son hijos del sonido Smash, una manera de entender el hipismo, el underground y los movimientos musicales de aquella época (blues-rock, psicodelia, jazz-rock, rock progresivo, etc.) en clave andaluza, con el flamenco como protagonista. Así se expresaba, sobre este particular, Gonzalo García Pelayo, mánager de esta formación: “Smash es el primer grupo en darse cuenta que hacer lo de Frank Zappa y Jimi Hendrix no tiene mucho sentido siendo sevillanos. Por qué no mezclar todo eso un poco con el flamenco y los gitanos” (Domínguez, Salvador. Op. cit., pág. 568). Existe un documento, titulado “Manifiesto de lo borde”, atribuido a Smash (algunos dicen que escrito por Julio Matito, otros por Gonzalo García Pelayo), que es toda una declaración de intenciones de lo que pretendía este grupo, caracterizado por una ansia voraz de libertad creativa y una visión de la vida alejada de tópicos y convencionalismos:

“I. No se trata de hacer ‘flamenco-pop’ ni ‘blues aflamencado’, sino de corromperse por derecho. II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza. III. Imáginate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego el del Gastor, a la guitarra, y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo el compás, y dile: canta ahora tus canciones. ¿Qué le entraría a Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel [Manuel Molina, miembro de Smash] cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico”.

Grabaron varios singles y dos discos de estudio (“Glorieta de los lotos”, 1970; y “We come to smash this time”, 1971); cuando preparaban su siguiente trabajo, tras publicar su exitoso single “El Garrotín / Tangos de Ketama” (1971), Gualberto abandonó la formación para iniciar su carrera en solitario, y el resto decidieron dar por finalizada esta aventura. Unos años después intentaron retomar el grupo con nuevos temas, incluso actuaron en el programa de televisión “Musical Express”; lamentablemente, al día siguiente de la grabación, Julio Matito fallecía en un accidente de coche (aquí podéis ver esta última actuación de Smash). “El Garrotín” fue el éxito más importante de los sevillanos, un tema aparentemente pachanguero pero con más enjundia musical de lo que parece, en el que se puede apreciar ese mestizaje característico de Smash: rock mezclado con flamenco, en este caso los acordes fundamentales del palo conocido como “Garrotín”, una variante del tango flamenco, de origen incierto (cuadrillas gitanas de zambras del Sacromonte, gitanos de Lérida y Tarragona, incluso hay quien lo emparenta con las “garrotiadas” asturianas), claramente identificable por su estribillo: “Al garrotín, al garrotán, a la vera, vera, vera de San Juan”.

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Las Cinco Canciones de Itziar (I): “Abre la Puerta” (Triana)

¡Regresa “Las Cinco Canciones de tu Vida”! Tenemos una nueva colaboración, la número diecinueve. Os recuerdo que esta sección sigue abierta para todos aquellos que decidáis compartir vuestros recuerdos con nosotros; elegid cinco canciones, no necesariamente vuestras cinco canciones preferidas sino aquellas que, por una u otra razón, han sido importantes en vuestras vidas. Si queréis participar no tenéis más que enviar vuestros cinco temas, con sus recuerdos respectivos, al correo raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

A mis amigos, sobre todo a los más “musiqueros”, les he perseguido sin descanso pidiéndoles las cinco canciones de su vida; algunos ya han participado en esta sección pero otros se me siguen resistiendo, más que nada porque no están familiarizados con el mundo de los blogs, algunos tampoco están acostumbrados a escribir y, a menudo, sienten un cierto pudor por lo psicoanalítico de la situación. La colaboración de esta semana me hace especialmente feliz porque Itziar es una amiga con mayúsculas, con quien he compartido barrio, instituto, facultad, inquietudes profesionales y vivencias personales, incluso cuando se marchó a vivir a Holanda en busca de amor y oportunidades con las que satisfacer su vida. A pesar de los kilómetros la sigo sintiendo cerca, como a toda su familia (la española y la holandesa) ¡Mil gracias, amiga, por querer participar! Y comienza con un temazo, desde mi punto de vista una de las mejores canciones de Triana y, probablemente, el tema más progresivo de todo su repertorio; “Abre la Puerta” fue publicado en el primer álbum de los sevillanos (“El Patio”, 1975), del que ya hemos hablado en este blog a propósito de la canción “Luminosa Mañana”. Triana es una banda que me entusiasma; ya os puedo adelantar que, en breve, tendremos un nuevo post con otra de las canciones míticas de este grupo.

“Escoger cinco canciones es algo muy complicado, llevo varios meses pensando en ello, cada mañana cuando voy al trabajo en bicicleta. Sin embargo, cuando Raúl me hizo el encargo, pensé que sería un asunto bien fácil; en aquel momento ya pensé en cinco temas pero, a la semana siguiente, eran otros los que asomaban. Pasaban los días y, dependiendo del estado anímico, de las circunstancias o de lo que estuviera haciendo en cada momento, las canciones iban cambiando; ya vi que no era algo baladí y decidí, como con los vinos, dejar reposar la decisión durante un tiempo para observar qué temas se iban repitiendo en mi cabeza. Entonces me sucedió algo bastante curioso, surgió una especie de competición entre las canciones; me dio la sensación que no tenía opción de opinar y elegir. Las melodías habían tomado vida propia y pugnaban entre ellas por aflorar en mi memoria. Al igual que sucede con los libros que vas leyendo a lo largo de tu vida, me di cuenta que algunas canciones me habían cambiado como persona y habían actuado como catalizadores en mi formación musical, desde que empecé a escuchar música, gracias a la radio, durante la adolescencia, hasta nuestros días. Como vais a poder comprobar a lo largo de esta semana, desde siempre he mostrado una especial predilección por la fusión de estilos, creo que éste es el verdadero nexo de unión que tienen los cinco temas finalmente seleccionados.

El primero es “Abre la Puerta”, de Triana. Con ellos descubrí la fusión entre el flamenco y el rock; comprendí que no sólo era posible, sino que también se podían utilizar textos poéticos en las letras de las canciones, como hacía Jesús de la Rosa, el líder de esta formación. Esta experiencia iniciática en el mundo de la música sucedió en mi adolescencia, cuando mi vida y mis sentimientos me llevaban a fijarme en los valores, la cultura y el folclore andaluz”.

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Mezquita. “Recuerdos de mi Tierra”

Recuerdos de mi Tierra” es uno de los mejores discos de rock progresivo que se han hecho en España. Pertenece a los cordobeses Mezquita, banda que tiene su origen a finales de 1969, cuando José Rafa García (guitarra, voz), Randy López (bajo, voz), Rafael Zorrilla “El Pelucas” (batería) y Paco “Roscka” López (teclados), éste último incorporado algo después, crearon un grupo de rock llamado Expresión. Ensayaban en el céntrico barrio de Los Patios de San Francisco de su ciudad natal, aunque durante un período vivieron en Madrid; fue entonces cuando los descubrió el Mariscal Romero, quien incluso les llegaría a grabar una maqueta con Eurosonic. Ya de nuevo en Córdoba, y con el servicio militar cumplido, deciden modificar el nombre del grupo por el de Mezquita y añaden nuevos sonidos, arábigo-andaluces, al hard rock progresivo que ya venían practicando. Tras estos cambios fichan por Chapa Discos para grabar “Recuerdos de mi Tierra“, un álbum muy cuidado, con portada de Máximo Moreno, habitual en los trabajos de Triana, y arreglos de José Juan Almela, músico del departamento artístico de Zafiro. Publicaron un segundo álbum en 1981, titulado “Califas del rock”, también muy interesante aunque, en mi opinión, no tanto como el primero, tal vez porque trataron de ajustarse (o ajustarlos) a lo que tenía tirón en aquella época: Barón Rojo y Obús; de hecho, mientras que su primer trabajo recuerda a Triana y a Medina Azahara, el segundo se acerca más a la propuesta de estos últimos. Tras este disco se separaron; en palabras de Randy López, “preparamos un tercer disco que nunca llegó a grabarse por el poco interés de la discográfica en invertir en rock, ya que fue en aquella época cuando llegaron los modernos a Madrid y se cargaron todo lo que con mucho trabajo habíamos conseguido los rockeros” (Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 437). Aunque “Recuerdos de mi Tierra” merece una escucha en su totalidad, os recomiendo el corte que da nombre al disco, una pieza fabulosa, llena de cambios, como si en siete minutos y medio hubieran querido resumir una suite progresiva de veintitantos minutos; a destacar toda la instrumentación y la evocadora parte cantada, que comienza hacia el minuto cinco.

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Cai. “Noche abierta” / “La Roca del Diablo”

Cai fue una de aquellas formaciones que, a finales de los años setenta, llenaron la escena española de sonidos que recordaban a los grandes grupos británicos de la época dorada del rock progresivo, pero con el aroma de las guitarras y los quejíos flamencos. Fue creado en Cádiz, durante 1977, en torno al pianista Chano Domínguez, uno de nuestros músicos de jazz más afamados y valiosos, y de los que mejor han sabido ensamblar este estilo con el flamenco, de hecho, fue el único español que participó en la película de Fernando Trueba “Calle 54”, dedicada al jazz latino. Los dos primeros discos de Cai creo que son los más interesantes: “Más allá de Nuestras Mentes Diminutas” (1978), quizás el más progresivo de todos y hoy una pieza de coleccionista difícil de conseguir; y “Noche abierta” (1980), el disco que les hizo famosos, con canciones más cortas y mayor presencia flamenca. En 1981 grabaron “Canción de la Primavera” y un año después se separaron, aunque se volvieron a unir en 2007, incluso han vuelto a sacar algún disco. Hoy os propongo dos temas, ambos pertenecientes a su segundo disco: “Noche abierta”, creo que su tema más conocido y menos progresivo, y la canción con la que se cierra el LP: “La Roca del Diablo”, donde se puede apreciar bien el estilo sinfónico andaluz del grupo. Acabo con la interesantísima visión de Chano Domínguez en torno a la figura del productor musical y su influencia en la creatividad musical:
“En este disco [el primero] utilicé tres teclados italianos. Un órgano Krumer, de un solo teclado, al que le ponía efectos de phase, flanger, distorsion … También usaba un mellotrón Le Logan, sin cinta, y un sintetizador monofónico Korg (…) Algún tiempo después de grabar el disco, Javier García Pelayo se interesa por nosotros y hace de mánager nuestro. Es entonces cuando su hermano Gonzalo nos produce. Él quería que estructuráramos de una manera más sencilla y lógica las canciones: introducción, estrofa, estribillo, estrofa … Simplificamos las estructuras en relación a nuestro primer disco, que era más volado, con muchas modulaciones y temas de largo desarrollo, que eran los procedimientos musicales típicos de aquella época. Nosotros entramos en ese juego, que fue beneficioso para todos, porque se vendieron varios miles de discos. Eso sí, Gonzalo recortó un poco el espíritu de la música por la música, no enfocada simplemente como un producto. Pero así es esto” (tomado del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 429).