Hoy cumple años alguien muy querido para mí y eso es motivo más que suficiente para hacer una excepción en los usos y costumbres de este blog, ayer no hubo entrada, más que nada para no restar protagonismo a la de hoy. No vayáis a pensar que me voy a arrancar con una poesía, ¡ya me gustaría!, lamentablemente no tengo talento para ello. Así que he optado por buscar ayuda en las historias que nos proporciona la música. Como en gustos musicales soy bastante ecléctico, no tengo problemas para adaptarme a las preferencias de las personas a las que quiero; de hecho, cuando viajamos en coche escuchamos algunos discos variados de esos que nos pueden gustar a los dos, entre ellos los de pop y pop-rock en español, de artistas como Los Secretos, Joaquín Sabina, El Último de la Fila, La Guardia, Loquillo y los Trogloditas, Bunbury o Los Rodríguez. El otro día me di cuenta que en ninguno de estos recopilatorios está mi tocayo Rulo (Raúl Gutiérrez Ánderez), el que fuera líder del grupo de rock La Fuga y, posteriormente, de Rulo y la Contrabanda. Éstos últimos tienen dos discos de estudio: «Señales de humo» (2010) y «Especies en extinción» (2012), donde se incluye «A punto de colapsar», un tema creo que muy de tu gusto: rockero sin estridencias y con una melodía sabrosona al estilo de Los Rodríguez. Hubiese querido escribir esta letra aunque no creo que Rulo se enfade conmigo si se la pido prestada: «Fijo que si te desnudas se acerca el cielo y se quedan cortos todos los adjetivos. Todos los dioses quisieron rozar tu pelo y les distes calabazas por ir conmigo. Y volamos a La Habana, navegamos a Estambul, mis ojos no vieron ojos como los que tienes tú (…) Y nos perdimos en Brooklyn, en Amsterdam te hice un blues. Sólo me gusta estar lejos si a mi vera vienes tú (…) Tengo miedo de perder aunque llegué primero, ahí afuera el mundo está muy feo a punto de colapsar. Mi objetivo es coleccionar años contigo, seguiré burlando este destino que nos quiso despegar». ¡Feliz cumpleaños, Eugenia! Como dice mi tocayo Rulo, mi objetivo no puede ser otro que el de coleccionar años contigo.
Categoría: Pop-canción melódica
Peggy Lee / Renato Carosone / The Shadows. «Johnny Guitar»
El western es, en mi opinión, el género cinematográfico peor tratado por la intelectualidad del Séptimo Arte, y digo esto porque hay muchas películas del oeste que trascienden la aventura, la acción y el simple divertimento para adentrarse en el estudio psicológico de sus personajes, a menudo algo más que violentos pistoleros aficionados a las prostitutas y el alcohol. Para aquellos que os negáis, casi por principios estéticos y morales, a dar una opción a este género pero amáis los papeles atormentados, débiles en su aparente fortaleza y, en definitiva, complejos, os estáis perdiendo algo grande con largometrajes como “Centauros del Desierto”, “Solo ante el peligro”, “El hombre que mató a Liberty Valance”, “Pasión de los fuertes”, “Sin Perdón” o el protagonista de hoy: “Johnny Guitar” (1954), rodado durante el auge de la “Caza de Brujas” por un director, Nicholas Ray, que colaboró con perseguidos por el Macarthismo. Por varias razones lo tengo entre mis westerns preferidos: por el magistral uso que se hace del color, por su puesta en escena como si fuera una obra de teatro, por el drama psicológico que se plantea, por el hecho de que el duelo de “machitos” aquí se sustituya por un enfrentamiento entre dos mujeres y, por supuesto, por la omnipresente canción de Peggy Lee (letra) y Víctor Young (música), con el mismo título que la película y que, en opinión de algunas personas (yo no lo tengo tan claro), guarda ciertas similitudes melódicas con la «Danza española número 5 (‘Andaluza’)”, del maestro Enrique Granados. Vamos primero con la propuesta original de la norteamericana Peggy Lee, precisamente la que aparece en este atípico western donde las mujeres son protagonistas; a continuación, la versión del cantante napolitano Renato Carosone; y, para finalizar, la instrumental de los británicos The Shadows. Este año el día de San Valentín cae en sábado, un día poco frecuentado por este blog, por ello he decidido adelantar la efeméride a esta cita con las versiones (el viernes volveré con otra canción romántica). En “Johnny Guitar” encontraréis una de las escenas más rabiosamente románticas jamás rodada –aquí la podéis ver-; la primera parte del diálogo entre Johhny y Vienna es de los que no se olvidan:
Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna: A tantos como mujeres tú, me imagino.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: ¡Pero si no me he movido!
Johnny: Dime algo bonito.
Vienna: Claro ¿Qué deseas oír?
Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado estos cinco años.
Vienna: Todos estos años te he esperado.
Johnny: Y que habrías muerto si no hubiese venido.
Vienna: Habría muerto si tú no hubieras venido.
Johnny: Y que todavía me quieres como yo te quiero a ti.
Vienna: Te quiero como tú me quieres a mi.
Johnny: Gracias.
¡Espero que el sábado tengáis un bonito día de San Valentín!
Nacha Pop. «Chica de ayer»
Hay canciones que, más allá de su calidad musical, son recordadas por lo que representan, por sus valores históricos, sociológicos o culturales. «Chica de ayer» es uno de los temas emblemáticos de la «Movida madrileña», un himno romántico de mi generación, uno de los iconos más venerados por quienes vivimos aquellos divertidos y provocativos años. Pertenece a Nacha Pop, un grupo que nunca fue muy de mi agrado (otra cosa es este tema en concreto, que siempre me gustó), creado en 1978 cuando Antonio Vega acaba su servicio militar en Valencia y regresa Madrid; allí contacta con su primo Nacho García Vega y con Carlos Brooking, antiguos miembros del grupo Helicopter, formado por estudiantes del Liceo Francés de Madrid (por cierto, muy cerca de mi casa). En 1980 graban su primer disco («Nacha Pop») y participan en eventos como el homenaje a Canito o el concierto de Ramones en la plaza de toros de Vista Alegre, donde actuaron como teloneros. En aquel primer álbum se incluyó «Chica de ayer», compuesta por Antonio Vega cuando apenas tenía diecisiete años; el productor musical fue el conocido músico Teddy Bautista, que decidió aumentar la velocidad de la canción, al parecer, influenciado por el tema «Do you Believe in Magic?» de la banda The Lovin’ Spoonful. «Chica de ayer» es una inconcreta y adolescente historia de amor cargada de melancolía, en la que se desliza una referencia precisa a un bar de copas de Madrid, «El Penta», situado en la calle de La Palma, uno de los locales característicos de la «La Movida», junto con otros como «La Vía Láctea», «Rock-Ola» o «El Sol». Según he podido leer, hace algunos años, algunas tiendas de música especializadas, como «Discos Melocotón», y ciertos medios de comunicación, como la revista «Efe Eme» o el programa de Radio 3 «Sonideros», detectaron un parecido razonable entre «Chica de ayer» y el tema «La Caza del bisonte«, grabado por el italoargentino Piero de Benedectis en 1976 y publicado en España, como single, durante 1980 -precisamente el mismo año en que salió a la luz la canción de Antonio Vega-; en realidad, «La Caza del bisonte» era una adaptación al castellano del tema italiano «La Caccia al Bisonte«, compuesta por Ivano Fossati y Oscar Prudente; he dejado enlace a ambas versiones ¿Qué opináis vosotros?
Los Secretos / J. Sabina / G. Parsons. “Ojos de gata” / “Y nos dieron las diez” / “Drug store truck drivin man”
“Ojos de gata”, “Y nos dieron las diez” y “Drug store truck drivin man” son las canciones elegidas para este miércoles de versiones, tres temas que parecen tener un tronco común, tres manifestaciones de un mismo patrón melódico, como acostumbran a decir los especialistas en copla española cuando quieren designar aquellas canciones creadas, del mismo molde, a partir de una determinada copla matriz. En el caso que nos ocupa, lo verdaderamente llamativo es que son tres canciones con tres autores diferentes: Enrique Urquijo, Joaquín Sabina y Roger McGuinn & Gram Parsons. Detrás de ello hay una historia curiosa, que se ha explicado muy bien en los blogs “En clave de recuerdo” y “El primer cruce”; de ellos he obtenido la información que paso a compartir con vosotros.
A comienzos de 1991, Enrique Urquijo y Joaquín Sabina, quienes mantenían una excelente relación, coinciden en un bar de copas madrileño; comienzan a charlar y, en un momento dado, Urquijo le pregunta a Sabina si dispondría de algún material que pudiera utilizar para su próximo disco, dado que no estaba especialmente inspirado en aquellos días. Sabina le muestra unos versos que, al parecer, había escrito esa misma mañana y Enrique toma nota de ellos; de regreso a casa, en el mismo taxi, escribe el primer borrador de “Ojos de gata”; se lo presenta a sus compañeros de Los Secretos y deciden incluirlo, incluso como single, en su próximo álbum, “Adiós Tristeza”, que acabaría publicándose en septiembre de 1991. Mientras tanto, Sabina finaliza la canción por su cuenta y la titula “Y nos dieron las diez”, tema que formó parte de su disco “Física y Química”, lanzando en abril de 1992, apenas unos meses después del álbum de Los Secretos. Esta es la parte más o menos objetiva, con la que casi todo el mundo está de acuerdo; el resto son especulaciones y testimonios contradictorios. Las similitudes melódicas son evidentes, “Ojos de gata” en clave country-pop y la de Sabina al estilo ranchera mexicana, por lo que parece posible que el jienense conociera el tema de Urquijo y le sirviera como patrón o matriz. Sea como fuere, “Ojos de gata” tiene como autores a Urquijo y Sabina, mientras que “Y nos dieron las diez” declara un único autor: Joaquín Sabina. Para rizar aún más el rizo, es bastante probable que Enrique Urquijo se valiera de un tema de The Byrds (“Drug store truck drivin man”), grupo por el que siempre manifestó admiración, para componer su tema. Y no es un hecho aislado, el compañero Ángel Maíllo, en su blog “El Gramófono”, ya nos alertaba del gran parecido que tiene el tema “Agárrate a mi María” con “Carmelita”, del cantautor Warren Zevon. Las versiones más conocidas de “Drug store truck drivin man” son las de The Byrds y la de Joan Baez, interpretada en el Festival de Woodstock, sin embargo he preferido la de Gram Parsons y Emmylou Harris (aunque la calidad del sonido sea pésima) porque es en la que mejor se aprecia su parentesco con “Ojos de gata”.
Los Relámpagos. «Nocturno»
Dicen de los que hemos nacido en una gran ciudad que nos falta apego a la tierra, sentimiento de pertenencia a un lugar al que acudir cuando estamos confundidos, deprimidos o alienados. Yo creo que esto no es del todo verdad, en ciudades como Madrid los barrios son lugares de referencia que pueden llegar a funcionar como auténticas aldeas o pueblos. No obstante, tengo mi propio pueblo adoptivo, Almendral de la Cañada (Toledo), en pleno Valle del Tiétar, al que empecé a ir cuando era un niño y en el que aún tenemos una pequeña casa familiar. Como podréis imaginar, guardo multitud de recuerdos de mis años de adolescencia y juventud; de algunos ya os he hecho partícipes y espero seguir haciéndolo, como siempre, a través de canciones. La de hoy lleva por título «Nocturno» y es obra del grupo instrumental Los Relámpagos, el más importante que hubo en la España de los sesenta -con permiso, por supuesto, de Pekenikes-. Comenzaron su periplo musical hacia 1962, tomando como grupo de referencia a los estadounidenses Johnny & The Hurricanes. Fueron asiduos de locales emblemáticos de Madrid, como el Castelló Club o el Price, donde actuaron en sus históricos festivales junto a lo más granado del pop-rock madrileño de aquellos años. Pese a su adscripción inicial al estilo instrumental de grupos como el ya citado y de otros como The Ventures o The Shadows, pronto empezarían a desarrollar un estilo propio, utilizando como material de partida temas muy conocidos de la cultura española: «La Danza del Fuego», el «Concierto de Aranjuez», coplas como «Limosna de Amores«, etc. En «Nocturno», la guitarra sigue siendo el instrumento solista pero lo que llama la atención es el órgano: intenso, enigmático y bello. Siempre que la escucho me veo en la plaza del pueblo, un día de fiestas de esos en los que tocaba la orquesta «Copacabana». Esta canción era una de las fijas en su repertorio de «lentas», una de las que más me gustaba bailar, y me trae recuerdos de una época en la que te jugabas toda la noche en la batalla de las lentas; la timidez, la indecisión, la lentitud, las calabazas o las malas decisiones te podían llevar en brazos de la que menos te gustaba o, lo que es peor, de la que vilmente te neutralizaba poniéndote los codos sobre el pecho, haciendo gala de una terrorífica maniobra de inmovilización, más eficaz que la realizada por cualquier experto judoka.