Vídeo

Lionel Hampton. “Flying Home”

En los años cuarenta aún no existía el rock & roll, sin embargo hay algunas canciones que actuaron a modo de precursores; eran piezas adelantadas a su tiempo, con elementos que, en la década de los cincuenta, se acabarían incorporando al naciente R&R. A menudo me sorprendo con estos sonidos, en la mayoría de las ocasiones procedentes del blues o del country, casi siempre melodías aceleradas, con un ritmo más vivo de lo habitual para estos géneros, sobre todo en aquellos años. Otro de los estilos musicales que actuaron como catalizadores del R&R fue el jazz, en concreto el swing practicado por las grandes orquestas. Uno de esos temas inspiradores del R&R fue “Flying Home”, una pieza compuesta por Lionel Hampton, Benny Goodman y Eddie DeLange, grabada por primera vez en 1939 por el célebre Benny Goodman Sextet. Sin embargo, “Flying Home” es un tema que habitualmente se asocia a la carrera musical de Lionel Hampton, debido a la versión que éste, con su propia orquesta, hiciera en 1942. Hampton comenzó su carrera como batería aunque lo que le hizo verdaderamente famoso fue el vibráfono, un instrumento poco habitual en el jazz, al menos como solista, que él convirtió en su elemento distintivo. Comenzó a tocarlo cuando era miembro de la banda Les Hite que, durante algún tiempo, acompañó a Louis Armstrong, incluso llegó a realizar algún solo de vibráfono con este grupo. Tras abandonar Les Hite, se estableció con su propia banda hasta que, en 1936, el clarinetista Benny Goodman lo incorporó a su cuarteto, del que ya formaban parte Teddy Wilson y Gene Krupa. En 1940 abandonó esta banda para formar su big band propia, por la que han pasado músicos tan importantes como Illinois Jacquet, Dexter Gordon, Clifford Brown, Charles Mingus, Dinah Washington, Wes Montgomery, etc. “Flying Home” fue compuesta a partir de un silbido nervioso, el que Lionel Hampton empezó a hacer cuando el grupo de Benny Goodman esperaba un avión con destino a Atlantic City. Ésta es la versión original, dentro de los parámetros habituales del swing; cuando Hampton se independizó de Goodman convirtió esta pieza en una de las habituales de su repertorio; la nueva versión -la que podéis ver en el vídeo correspondiente esta entrada-, de 1942, era más alegre, más rápida y con un solo a cargo del saxofonista Illinois Jacquet que ha pasado a la historia de la música. Los especialistas y críticos musicales entienden que esa manera de tocar el saxo, a modo de bocinazos, es un claro antecedente del rock & roll y, probablemente, el primer solo de saxo en la historia del rhythm & blues.

Vídeo

Golden Gate Quartet / Johnny Griffin / The Graham Bond Organisation / Pacific Gas & Electric. “Wade in the Water”

“Ferrocarril subterráneo” fue el nombre que adquirió la red de hogares clandestinos, organizada para ayudar a escapar a los esclavos afroamericanos durante el siglo XIX. El nombre viene dado por la terminología ferroviaria que utilizaban los esclavos y los abolicionistas que se sacrificaron por este colectivo; los fugitivos eran los “pasajeros”, quienes facilitaban la salida de éstos eran los “conductores” o maquinistas”, las casas de acogida eran las “estaciones” y los “revisores” eran los encargados de todo el proceso de comunicación y mensajería. La música fue una fiel acompañante en este viaje hacia la libertad. Estas canciones, según algunas fuentes, solían estar repletas de códigos ocultos, de instrucciones para planificar la fuga; otros especialistas en la materia sostienen que, en realidad, no hay pruebas de que estos cánticos ayudaran a los esclavos a escapar y califican todo esto de “leyenda urbana”. Sea como fuere, “Wade in the Water” fue una de aquellas canciones, un espiritual negro tradicional publicado por primera vez en 1901 en el álbum “New Jubilee Songs as Sung by the Fisk Jubilee Singers”; narra la huida de los judios de Egipto a través del Mar Rojo, tal y como relatan las Sagradas Escrituras. El código oculto bien podría ser el de continuar la huida por el agua, para que los perros de los cazadores de esclavos no pudieran seguir el rastro. Algunos autores calculan que, en los años previos a la Guerra de Secesión, lograron huir alrededor de cuarenta mil afroamericanos a Canadá. Ni que decir tiene que las versiones de “Wade in the Water” son numerosas, sobre todo las de tipo gospel: The Charioteers, The Staple Singers, Odetta, Ella Jenkins o la elegida como primer vídeo, la del Golden Gate Quartet. En segundo lugar me apetecía recomendar una en clave swing o jazz, en este caso la de Johnny Griffin & The Big Soul-Band, aunque también es muy interesante la de Ramsey Lewis Trio, incluso hay una de latin jazz, la de Herb Alpert and the Tijuana Brass. En tercer lugar una más cercana al blues-rock, la de The Graham Bond Organisation, grupo del que formaron parte Ginger Baker y Jack Bruce antes de que se creara Cream. Añado una más, la de Pacific Gas & Electric, que me comentó el compañero Irotula (“Algo de Jazz, Blues, Rock …“), el verdadero artífice de esta entrada y a quien agradezco la sugerencia que me hizo para que me ocupara de este tema. Y aún hay más versiones, incluso en otros estilos, como las de Bob Dylan, Eva Cassidy, Marlena Shaw o Big Mama Thorton.

Vídeo

The Dave Brubeck Quartet / Carmen McRae / The String Cheese Incident. “Take Five”

“Take Five” es la historia de un experimento convertido en clásico del jazz; en opinión de Ted Gioia (El Canon del jazz: los 250 temas imprescindibles. Madrid: Turner, 2013) fue “el primer instrumental de jazz moderno que vendió un millón de copias … y también uno de los últimos”, y una de las primeras piezas en utilizar un compás inusual para el jazz de aquella época, el de 5/4. Fue compuesto por Paul Desmond para el álbum “Time Out”, perteneciente al grupo del que formaba parte (The Dave Brubeck Quartet), liderado por el pianista que daba nombre a este conocido cuarteto. “Time Out” fue un experimento en el que se incluyeron piezas escritas en compases musicales inusuales para el jazz de aquella época (1959). Lo cierto es que ni el propio Paul Desmond confiaba en su obra: “Todavía creo que era una idea dudosa en el mejor de los casos (…) En su momento me parecía algo prescindible. Estaba dispuesto a cambiar los derechos de autor de “Take Five” por una maquinilla de afeitar usada”. Gracias a Dios no lo hizo; en cambio, tras su fallecimiento en 1977, cedió parte de los ingresos generados por derechos de autor (de esta canción y del resto de su obra) a la Cruz Roja estadounidense. Según nos cuenta Ted Gioia, en aquel momento tacharon esta partitura de “mera ocurrencia efectista” aunque, con el paso de los años, el compás de 5/4 se convirtió en algo habitual entre los músicos de jazz. La letra de este tema apareció dos o tres años después y fue escrita por el propio Dave Brubeck -con ayuda de su esposa Iola- para la gran Carmen McRae. “Take Five” es una de las canciones de jazz más versionadas y presentes en la cultura popular, a menudo sustituyendo la característica melodía de saxo por otros instrumentos, como el piano (Michel Camilo), la guitarra (George Benson, Chet Atkins, Davy Graham o Rodrigo y Gabriela), los ritmos latinos (Tito Puente) o la voz (Al Jarreau). Las dos primeras versiones son obligadas: la original de The Dave Brubeck Quartet y la de Carmen McRae, en este caso os propongo una grabación en directo en el Festival de Jazz de Montreaux (1982). Para la tercera me he permitido un pequeño atrevimiento; se trata de la banda estadounidense The String Cheese Incident, caracterizada por un sonido bluegrass eléctrico con influencias procedentes de otros estilos musicales.

Vídeo

Duke Ellington. “Take the A train”

Duke Ellington es uno de los más importantes compositores que nos ha dado el jazz y, también, uno de los más influyentes. El propio Miles Davis comentó en alguna ocasión que “todo el mundo tendría que caer de rodillas un día y darle las gracias a Duke”. Nacido en Washington, en 1899, con apenas diecinueve años dirigía pequeñas bandas en bailes y fiestas; diez años más tarde firmó su primer contrato para el célebre “Cotton Club” de Nueva York. En 1930 consiguió su primer gran éxito con el tema “Mood Indigo” y, poco tiempo después, ya era una celebridad en Estados Unidos y Europa. Su época más brillante, desde el punto de vista compositivo, tal vez fue la de los años cuarenta, con títulos como “Solitude”, “Diminuendo and Crescendo in Blue”, “Harlem Airshaft”, “Black, Brown and Beige”, “Concerto for Cootie”, “Ko-Ko”, etc. Sin embargo, una de sus piezas emblemáticas, “Take the A train”, con la que solía abrir los conciertos de su big band, no fue compuesta por él sino por Billy Strayhorn, un pianista, arreglista y compositor estadounidense que, desde 1938, trabajo para Duke Ellington. Strayhorn comenzó a componer este tema en 1939, pero dudaba que pudiera ser del agrado de su jefe porque temía que sonara como una pieza de Fletcher Henderson, uno de los rivales musicales de Duke Ellington en aquella época. Esta canción hacía alusión a la línea A del metro de Nueva York, que conectaba con Harlem, lugar donde se encontraba el Cotton Club, y también a las indicaciones que recibió Strayhorn cuando se reunió con “Duke” por primera vez. “Take the A train” fue un éxito arrollador y pronto se incorporó al repertorio de otras orquestas. Desde entonces no han cesado las versiones: Bob Wills, Oscar Peterson, Ella Fitzgerald, Charles Mingus, Dave Brubeck, Cliford Brown, Sarah Vaughan, Dexter Gordon, Joe Henderson, etc. Incluso ha sido versionada por el grupo de jazz-rock Chicago e incluida (al menos un fragmento), a modo de “intro”, en el álbum en directo de los Rolling Stones titulado “Still Life” (American Concert 1981). Os animo a que propongáis la versión que os gusta más, yo me voy a limitar a la original de 1941, aunque aquí también podéis escuchar la primera versión vocal de esta canción, también debida a Duke Ellington, con la colaboración de la cantante Joya Sherrill; y la que grabara el compositor, Billy Strayhorn, en 1961.

Vídeo

Pegasus. “Tema del Müll”


No es la primera vez que declaro mi admiración por los grupos catalanes que poblaron la escena española durante los años setenta, ya lo hice cuando me ocupé de Gótic, una de las mejores bandas de rock progresivo que hubo en aquella época; en esa entrada mencionábamos (también lo hacían algunos compañeros en sus comentarios) algunos de los grupos que constituyeron el movimiento conocido como rock laietano. Una de aquellas bandas, pionera del rock progresivo en España, fue Iceberg, que funcionó entre 1974 y 1980. Tras su disolución, el guitarrista Max Sunyer, tal vez su líder más carismático, creó Max Sunyer Trío, el germen de lo que acabaría siendo Pegasus, un verdadero supergrupo que, tras la sustitución de Carles Benavent y Salvador Niebla, quedó constituido por Max Sunyer (guitarra) y Kitflus (teclados) procedentes de Iceberg; Santi Arisa (batería), antiguo integrante de otro de los grupos de referencia del rock sinfónico catalán, “Fusioon”; y, finalmente, Rafael Escoté (bajo) del ya mencionado Gótic. En febrero de 1982 empezaron a ensayar en una casa del Pirineo propiedad de Albert Boadella, amigo de Santi Arisa; allí prepararon su primer disco bajo la supervisión del productor ejecutivo Alain Milhaud; y, en junio de aquel año, entraban en el estudio de grabación para hacer frente a su primer trabajo de estudio: “Nuevos encuentros”. Estuvieron en activo hasta 1997, actuando en lugares tan importantes como el Festival de Jazz de Montreaux, el Carnegie Hall de Nueva York, el Palau de la Música de Barcelona o el Festival Internacional de Cine de Miami; en 2007 retomaron su actividad y aún hoy día la mantienen. Hoy nos vamos a centrar en uno de los temas de su primer álbum (en total tienen diez): “Tema del Müll”, aunque os recomiendo que escuchéis aquí el disco entero. Para quien esto escribe, Pegasus atesora la mayor concentración de talento que ha habido nunca en un grupo español; cuatro músicos excepcionales haciendo la música que les motiva y les divierte, básicamente jazz-rock impregnado de una intensa fragancia mediterránea, en ocasiones aderezado con elementos de rock progresivo. Éste es otro de los grupos que me traen muy buenos recuerdos, de tardes y noches escuchandolos en los Colegios Mayores de la Ciudad Universitaria de Madrid, en ocasiones como Pegasus y, otras veces, cada uno de sus componentes por separado.