The Hollies / Robert Gordon / Brian May / “It’s Only Make Believe”

The Hollies fue un grupo beat de los que podríamos englobar dentro del movimiento musical conocido como British Invasion. Fue creado en Manchester, en 1962, por dos compañeros y amigos del colegio, Allan Clarke y Graham Nash, que se conocían desde que tenían cinco años. Siempre mostraron interés por la música y, cuando comenzaron a crecer, se establecieron como dueto semi-profesional, con un estilo parecido al de los Everly Brothers; en 1962 conocieron a Eric Haydock y Don Rathbone, juntos crearon The Hollies. A la formación original se uniría el guitarrista Vic Steel, sustituido poco después por Tony Hicks; en 1963 entro a formar parte de la banda Bobby Elliot (batería) en sustitución de Rathbone, convertido en representante del grupo; y en 1968, cuando Graham Nash abandonó la formación para constituir Crosby, Still & Nash, se incorporó Terry Syvester. El período más exitoso de los Hollies fue la década de los sesenta, también la de los setenta y, a juzgar por lo visto en su página web, aún continúan en activo. Publicaron sus primeros singles en 1963 y su primer álbum en enero de 1964, un trabajo titulado “Stay with the Hollies”, en el que se incluyó un tema o dos escritos por ellos, aunque la mayoría eran versiones de Chuck Berry, Little Richard, Maurice Williams, Ray Charles, Berry Gordy Jr. o Conway Twitty.

“It’s Only Make Believe” es un tema country escrito precisamente por Conway Twitty y Jack Nance, publicado por el primero en 1958. Según nos cuenta Eduardo en su blog River of Country, fue el primer número uno de este artista, con más de ocho millones de singles vendidos; nos cuenta la historia de un hombre muy enamorado que desearía verse correspondido por su novia, al parecer menos entregada a la relación. Las versiones country y melódicas son mayoría (Loretta Lynn & Conway Twitty, Glen Campbell, Mina, Wanda Jackson, Lynn Anderson, Connie Francis, Billy Fury, Child, etc.), aunque también las hay más singulares, como las de Fiona Apple, Cold Chisel o Misfits. Después de escuchar a los Hollies (prestad atención a su delicado y elegante solo de guitarra), os propongo al rockabilly Robert Gordon con una versión publicada en su álbum “Rock Billy Boogie” (1979); y, para finalizar, al guitarrista de Queen, Brian May, que publicó este tema como single, en 1998, con una banda de excepción: Cozy Powell (batería), Jamie Moses (guitarra), Spike Edney (teclados) y Neil Murray (bajo).

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Tony Sheridan & The Beat Brothers. “My Bonnie”

Ya lo puedo decir. Adoro Escocia, sus paisajes redondeados y verdes, la mágica quietud de sus lagos y glens, la amabilidad de su gente, sus estrechas carreteras que invitan a la concordia y al entendimiento, y el fuerte apego que los escoceses tienen a su historia, no siempre alegre ni victoriosa. Los castillos, iglesias, museos y monumentos son testigos de un pasado orgulloso y de una cultura propia que reivindican con pasión. Si vais a Escocia os faltará tiempo para llegar a todos sus rincones pero, si tenéis ocasión, no dejéis de visitar el antiguo campo de batalla de Culloden; en aquella contienda, ocurrida el 16 de abril de 1746, las tropas jacobitas lideradas por Carlos Eduardo Estuardo, formadas en su mayoría por escoceses católicos y episcopalianos de las Highlands, cayeron derrotadas por el ejército británico al mando del Duque de Cumberland, el hijo menor de Jorge II, de la Casa de Hannover. La batalla puso fin a los levantamientos jacobitas y a la pretensión de colocar a un descendiente de Jacobo II en el trono de Inglaterra; se destruyó el sistema escocés de clanes, se prohibió la religión episcopaliana (la católica ya lo estaba) y los distintivos y vestimentas escoceses, como el kilt, el tartán o las gaitas, éstas últimas se consideraron armas de guerra. El Duque de Cumberland, conocido a partir de entonces como “Cumberland el Carnicero”, mató a los jacobitas heridos y prisioneros, excepto a los de mayor rango, que fueron ejecutados posteriormente en Inverness. El carismático Carlos Eduardo Estuardo, conocido como “Bonnie Prince Charlie”, al parecer una persona irresoluta, caprichosa, irascible y muy aficionada al alcohol, pudo huir gracias a Flora MacDonald, uno de los personajes más célebres de Escocia, que logró trasladarlo en barca a la isla de Skye disfrazado como su criada irlandesa Betty Burke. Este acto heroico fue inmortalizado en la canción “The Skye Boat Song”; otras melodías, como “Crua Chan”, de los argentinos Sumo, recuerdan la batalla de Culloden; y el tema popular “My Bonnie lies over the ocean” es posible que aluda a Carlos María Estuardo (“Bonnie Prince Charlie”), ya que bonnie, en jerga escocesa, significa chica bonita o preciosa, aunque creo que también se emplea en masculino.
Las primeras partituras de “My Bonnie lies over the ocean”, una de las canciones escocesas más populares, utilizada como melodía infantil, imprescindible en campamentos y como recurso para aprender inglés, se remontan al siglo XIX. Yo os voy a proponer la adaptación realizada en 1961 por el músico británico Tony Sheridan, bajo el título “My Bonnie”, que grabó este clásico acompañado de los Beat Brothers, unos muchachos que trataban de ganarse la vida como buenamente podían en locales y clubs de Hamburgo; poco tiempo después lograrían el reconocimiento y el éxito, ya con su nombre definitivo: The Beatles.

Los Brincos. “Flamenco”

Los Brincos fueron, en mi opinión, la banda de pop más importante que hubo en España durante los años sesenta; su éxito fue incontestable, consiguieron un fuerte apoyo mediático, fueron lanzados al mercado musical como un producto beat pero con una fortísima carga de idisincrasia hispana (letras en castellano, guitarras españolas, capas, zapatos con cascabeles …) y, por si esto fuera poco, componían sus propias canciones, algo poco habitual entre las formaciones españolas de la época, más orientadas hacia las versiones. El grupo se crea en 1964, tras la disolución de Los Estudiantes, banda pionera del pop y el pop-rock de nuestro país; el cuarteto inicial, el más conocido por el gran público, estaba integrado por Fernando Arbex a la batería (procedente de Los Estudiantes), Juan Pardo y Junior a las guitarras (habían sido cantantes ocasionales en Los Pekenikes) y Manuel González al bajo (ex de The Blue Shadows); Luis Sartorius, el representante, fue en gran medida el artífice del proyecto y quien consiguió la inclusión del grupo en el recién creado sello discográfico Novola, subsidiario de Zafiro, si bien nunca lograría ver en funcionamiento su idea pues falleció pronto en un accidente de coche, siendo sustituido en las labores de producción por Maryni Callejo, la directora artística y arreglista de Zafiro, una persona que siempre estuvo muy bien valorada por los miembros de la banda, para muchos “el quinto Brinco”. El primer Lp se tituló “Los Brincos“, fue publicado en 1964 incluyendo en él todas las canciones que habían ido apareciendo anteriormente en formato single o EP. El tema que nos ocupa, “Flamenco”, se publicó como cara B del tema “Cry“, tal vez por miedo a que el público juvenil lo considerara “una españolada”; no fue así, “Flamenco” se convirtió en la quintaesencia de su estilo: un pop beat de influencia británica pero con mucha personalidad española, como bien puede comprobarse en el arranque de la canción (batería y guitarra española) -uno de los mejores y más recordados comienzos de nuestra música popular- y en los característicos juegos vocales, que acabarían siendo una de las señas de identidad de esta formación. En cuanto a la letra, posiblemente hoy se podría considerar como políticamente incorrecta debido a ese tono chulesco-machista de quien se cree muy seguro de sí mismo y de su encanto ante las mujeres. Finalizamos con tres versiones de esta canción, las realizadas por Los Sencillos, Los Coronas y la sofisticada de Juan D’Ors, que podéis escuchar gracias a este interesante videoclip.

Los Iberos. “Las Tres de la Noche”

La música beat contó con algunos representantes en España; tal vez los más conocidos sean Los Brincos, pero no fueron los únicos. Hoy os quiero hablar de otra formación, Los Iberos, que bien podríamos englobar dentro de esta tendencia, aunque haya quien los etiquete como banda de pop barroco debido al uso de armonías vocales y de instrumentos como el saxo o los teclados. Este grupo se creó en Torremolinos (Málaga), hacia 1966, por iniciativa de Enrique Lozano (guitarra solista), a él se unirían Adolfo Rodríguez (guitarra rítmica), Cristóbal “Cristo” de Aro (bajo) y Diego Casado (batería). Tras empezar a ser conocidos por sus actuaciones en directo, incluso por su participación en programas de televisión como “Escala en Hi Fi“, consiguieron firmar un contrato con Columbia que les posibilitó grabar su primer, y único, álbum en los estudios Decca de Londres, algo poco habitual para los grupos españoles de aquella época. Esta producción les abrió muchas puertas, tanto en Inglaterra como en España; allí consiguieron actuar en clubes como Picadilly o J&J, codo con codo con los grandes grupos británicos del momento y, al parecer, con una elegancia, un desempeño y una calidad artística dignas de elogio, incluso por los propios críticos ingleses. A finales de los sesenta llegaron a actuar en un par de películas (“Un, dos, tres, al escondite inglés” y “Topical Spanish“), pero pronto comenzaría todo a truncarse; el líder de la banda (Enrique Lozano) sufrió un accidente de tráfico y otros dos de sus miembros (Diego Casado y Cristóbal de Aro) tuvieron que incorporarse a filas; se hicieron las obligadas sustituciones, pero ya nada fue igual. En 1973 publicaron su último single y se disolvieron; Adolfo Rodríguez, junto con otros tres músicos procedentes de la banda Solera, acabaría formando el cuarteto Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, que ya ha aparecido en este blog a propósito del tema “Señora Azul“. El único Lp de Los Iberos, titulado igual que el grupo, salió a la venta en 1969, y en él se recogieron la mayor parte de las canciones que habían ido publicando, como sencillos, desde el año 1967, cuando editaron el primero con los temas “Summertime Girl” -una de sus melodías más conocidas- y “Hiding Behind My Smile“. El siguiente single que, tal y como podéis ver en la foto que aparece al final de la entrada, tengo el privilegio de conservar en mi colección, fue publicado en 1968, con las canciones “Corto y Ancho” y “Las Tres de la Noche”, el tema destacado de hoy. Si os apetece seguir escuchando a Los Iberos, desde aquí podéis acceder a una lista de reproducción con dieciocho canciones; también os recomiendo este vídeo, en el que Adolfo Rodríguez nos cuenta algunas cosas de su paso por Los Iberos, y deja bien claro cuáles fueron sus influencias: los Beatles, los Hollies, Manfred Mann, Small Faces y Spencer Davis Group.


Las Cinco Canciones de Laacantha (II): “Yesterday” (The Beatles)

“Cuando una puerta se cierra, otra se nos abre”, “no mal que por bien no venga” o “no hay daño que no tenga apaño” son algunas expresiones o refranes que solemos utilizar cuando queremos ver el lado bueno de las desgracias o las cosas malas. También es verdad que son propias de personas optimistas porque los pesimistas siempre se acogerán a alguna de las variantes de la Ley de Murphy: “cuando parezca que ya nada puede ir peor, empeorará”, “todo lo que empieza mal, acaba peor” o “nada es tan malo nunca como para que no pueda empeorar”. Laacantha pertenece a la primera categoría, la de los optimistas, al menos por lo que nos cuenta en este relato, con los Beatles y un chico que canturreaba “Yesterday” como protagonistas. Es la primera vez que aparece este conocido tema en La Guitarra de las Musas, así que recordemos que se trata de una canción compuesta por Paul McCartney, incluida en el álbum “Help!” (1965); según señalan algunas fuentes, se trata de la canción más retransmitida a través de la radio (seis millones de transmisiones en los Estados Unidos) y la más versionada de la historia, con unas 1.600 interpretaciones distintas.

“- Yesterday … Why she had to go I don’t know…-, canturreaba el chico con los ojos cerrados, exaltado. Era casi un hippy, de pelo largo y despeinado, y le gustaban los Beatles . Yo casi una comunista, y “la cultura podrida” del Oeste hostil no estaba en mi círculo de intereses. Pero, pese a ello, estaba enamorada de él.

– ¿Te gustan los Beatles? -, el chico me pilló de improviso. No tuve ni menor idea de que se trataba. Así que él seguía insistiendo con esos dichosos Beatles, yo febrilmente buscaba una salida digna para aquella situación. – ¿Qué canción te gusta más? -, sonrió maliciosamente .

No era muy lista, pero tampoco una idiota. Entendí que, si le decía que mi canción preferida era “La internacional”, sería un fracaso total y definitivo. Nunca me rindo fácilmente, y cuando era más joven aún menos; era una chica con carácter, de esas que dicen: “no me toques los cojones” …

– ¡Ah! … ¿Que soneto de Shakespeare te gusta más? -, desvié de golpe la conversación a mi terreno. “El amor es tan loco, tan ingenuo y leal, que hagas lo que hagas, él nunca piensa mal” – ¿Te gusta?-

Él tampoco tenía mucha idea de a qué me refería. Acabamos en un justo empate. La semana entera busqué toda la información posible, e imposible, sobre este grupo, conseguí memorizar la melodía de “Let it Be”: … leidi biiii, leidi biiii … Pero aquel chico no volvió, desapareció de mi vida para siempre, dejándome un valioso regalo … cuatros chicos cantando ‘Yesterday'”.