Concierto de Carlos Núñez & The Chieftains. Noches del Botánico. Madrid, 25-VI-2019

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Hace algunos meses, en los comentarios de la entrada dedicada a la canción “Tango to Evora”, el compañero lrotula me preguntaba si iría al concierto de Loreena McKennitt que había programado en el festival “Noches del Botánico”, un evento que no me pierdo desde que se implantó con éxito en las calurosas noches del verano madrileño. Le contesté que trataría de ir, pero que antes tenía que ver el programa completo para decidir. Desde el principio tuve claro que no me podía perder el concierto de O Sister! y Pink Martini (con Storm Large como cantante principal), aunque creo que no me dará tiempo a hablaros de él por impedimento vacacional. Lo de Loreena fue un éxito desde el mismo momento en que se pusieron a la venta las entradas; se agotaron inmediatamente y tuvieron que programar otro día más de actuación. Por otro lado, me llamaba más la atención otro concierto de este mismo ámbito folk celta, el de Carlos Núñez & The Chieftains.

65300545_10156370692173807_4121304176036675584_oCarlos Núñez y Paddy Moloney. Página de facebook de Carlos Núñez

Al primero le había visto hace año y medio en el Teatro Circo Price de Madrid, aquello fue un espectáculo increíble, aunque entonces no pude escribir nada sobre este evento. El concierto de enero del Price se ha convertido ya en algo habitual en su agenda, el que vi era el que cerraba ese año la gira del gaitero y flautista gallego. Si tenéis oportunidad, no os perdáis este espectáculo, es mucho más que un concierto: grupos de gaiteros de todo el mundo desfilando por el escenario (y fuera de él), tocando a la vez, hermanados en la misma tradición; instrumentos celtas casi olvidados, presentados por los artesanos que los han recuperado, en un ejercicio de Antropología cultural que nunca he visto en un concierto; invitados y más invitados de procedencia diversa, actuando con Carlos Núñez me imagino que de manera desinteresada; y éste haciendo de maestro de ceremonias de un espectáculo en el que el público vibra y hasta sube al escenario al finalizar (sinceramente, no sé de qué material estará hecho el escenario del Price para aguantar a tanta gente).

Pensé que el concierto de “Las Noches del Botánico” probablemente sería menos cultural y formativo pero, conociendo a Carlos Núñez, estaba seguro que algo grande ocurriría ese día, y más aun teniendo en cuenta que compartía escenario con sus mentores, The Chieftains, más que una banda una leyenda de la música tradicional irlandesa. Con ellos comenzó su carrera musical, con ellos acabó de formarse como músico y, aunque desde hace muchos años desarrolla su propia carrera en solitario, bien podría decirse que, al menos de corazón, aún se sigue considerando uno de los Chieftains; de hecho, él mismo llegó a comentar que entre ambas bandas suele haber un trasvase amistoso de músicos. Era bonito y emocionante ver el comportamiento del anfitrión de la noche con sus maestros, el respeto y el cariño que les demostraba minuto a minuto sobre el escenario; y no me estoy refiriendo sólo a las cosas que decía de ellos, más bien a esos pequeños gestos de amor filial con los que agasajó durante toda la noche a sus padrinos. A veces daba la sensación de que se empequeñecía, como si fuera un niño, ante Paddy Moloney y compañía, hasta que cogía la gaita o la flauta y se ponía a tocar; entonces podías comprobar que estabas escuchando a un músico excepcional. No me cansaré de decirlo, en mi opinión, después de Paco de Lucía, es el talento más grande que ha dado la música popular española. Mi hermano llegó a decirme que incluso luce la misma melena calva que el difunto Paco de Lucía.

Imágenes del concierto. Página de facebook de Carlos Núñez

Los músicos salieron al escenario con cuarenta y cinco minutos de retraso, no sé si porque se estaban relajados contándose sus cosas, porque tuvieron que esperar a la embajadora de Irlanda en España, que estuvo presente en el evento, o porque se negaban a comenzar siendo aún de día. Sea como fuere, comenzamos a las 21:30, con la mitad de la grada al sol y la otra mitad a la sombra, como en los toros, y con mucho calor. Nosotros nos situamos en pista, bastante cerca del escenario, tal vez algo ladeados.

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Los primeros en salir fueron Carlos Núñez y su banda, compuesta por los siguientes músicos: Itsaso Elizagoyen (acordeón), Jon Pilatzke (violín), Pancho Álvarez (guitarras) y Xurxo Núñez, el hermano de Carlos, a las percusiones. Tocaron tres o cuatro temas y, después, se unieron a ellos los integrantes de los Chieftains, que celebraban su 57 Aniversario en los escenarios, casi nada; con Paddy Moloney (flautas, gaita) a la cabeza, también se incorporaron Kevin Conneff (percusiones), Matt Molloy (flautas), Triona Marshall (arpa), Amy Eckersley (violín) y un guitarrista que no hemos logrado averiguar quién es. Así, todos juntos, tocaron hasta que hicieron un descanso de media hora, a mitad de la actuación, momento que aprovechamos para situarnos mejor, podría decirse que en segunda fila.

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En esta foto, tomada de la página de facebook de Carlos Nuñez, se nos puede ver. Justo detrás del chico alto de blanco, ahí está Begoña y detras Carlos y yo

Tras el corte salieron los Chieftains, tocaron algún tema ellos solos y después se sumaron Carlos Núñez y los suyos. Sin contar el tiempo de descanso, tuvimos dos horas y media de uno de los mejores conciertos que he visto en mi vida. Los músicos, cada uno por separado, no podían ser mejores, y juntos nos ofrecieron una noche vibrante y llena de emociones, con un Carlos Núñez exultante y muy comunicativo, como es habitual en él. Pero no fue el único, el octogenario Paddy Moloney parecía un chaval: se reía, hablaba con unos y con otros, con el público, disfrutaba de la noche y nos ofreció momentos mágicos, como cuando interpretó el tema tradicional irlandés “Words”, aquel que popularizaran The Christians.

65532926_10156370691523807_5665185936439246848_oCarlos Núñez y Paddy Moloney. Página de facebook de Carlos Núñez

La noche estuvo plagada de momentos especiales. Carlos Núñez parecía un prestidigitador que no paraba de sacar conejos de su chistera: bailarinas country ataviadas con los colores de Irlanda; grupos de gaiteros que por momentos llenaron el escenario; dos hermanos bailarines de tap (claqué) que enamoraron a la concurrencia, sobre todo el violinista Jon Pilatzke que, a sus virtudes como músico y bailarín, unía un sex appeal que, os puedo asegurar, causó furor entre el público femenino; una cantante escocesa con una voz prodigiosa que nos dejó conmovidos, no estamos seguros pero pensamos que podría ser Alyth McCormac; una arriesgada versión del “Baba O’Riley” de los Who que nos enamoró; y, para encandilar, aún más al público, a Carlos Núñez no se le ocurrió otra cosa que invitar a los artistas (una cantante valenciana y su guitarrista) que amenizaban la espera con sus canciones en uno de los bares del recinto, fue uno de los momentos álgidos de la noche, con el clásico “A Rianxeira” cantando por todo el público. Todo acabó como en el Price, con la gente subiéndose al escenario y bailando mientras los músicos seguían tocando.

No quiero terminar sin dar las gracias a Carlos Núñez, a los Chiftains y a todos los músicos y artistas por hacernos partícipes de esta gran fiesta. También quiero agradecer a Begoña y a mi hermano Carlos, con quienes compartí la noche, por su apoyo documental para la redacción de esta entrada y por facilitarme buena parte de las fotografías y vídeos que ilustran esta crónica.

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C. Núñez, L. Casal & R. Cooder / Milladoiro / Fusioon. “Negra Sombra”

Rosalía de Castro (1837-1885) es una de nuestras más grandes poetisas, una de las figuras más importantes del Rexurdimento y precursora de la poesía española moderna. Escribió en castellano y gallego, lengua que dignificó y afianzó en una época en la que este idioma no estaba excesivamente bien valorado por la intelectualidad. En el documental “La mitad invisible – Negra Sombra (Rosalía de Castro)” se la recuerda como alguien muy representativo de la cultura gallega, incluso se la conoce como “Rosalyn”, comparándola con el icono pop por excelencia: Marilyn Monroe. Aunque, como señalan los especialistas en su obra, Rosalía nunca escribió de manera autobiográfica, sus poemas retratan la sociedad que le tocó vivir, su tristeza, desasosiego y pesimismo por una existencia marcada, en su niñez y juventud, por ser hija natural de un sacerdote, bautizada como hija de padres desconocidos y bajo la custodia de su tía paterna hasta los ocho años; y, en su madurez, por un matrimonio no excesivamente feliz, impuesto por las costumbres y obligaciones sociales de entonces, y por un cáncer de útero que pronto mermó su salud hasta desembocar en una prematura muerte a los cuarenta y ocho años. Follas Novas, poemario publicado en 1880, fue su última obra escrita en gallego; su poema más famoso es “Negra Sombra“, dieciséis versos repartidos en cuatro estrofas que condensan su pesimismo vital, su temor a la muerte y a su implacable proceder. Está escrito con palabras sencillas, al alcance de cualquiera, lo que probablemente ha convertido a este escrito en un himno para los gallegos, y aún más cuando el compositor lucense Juan Montes Capón musicalizó el poema; la canción fue presentada por primera vez en el Gran Teatro de La Habana (Cuba), en 1892, una ciudad llena gallegos que habían abandonado su tierra en busca de mejores oportunidades. Aunque se han realizado muchas versiones de este tema (Amancio Prada, Maria do Ceo, Najla Shami, Nuberu, Martirio, Rosa Zaragoza, Al Bano, Orquesta Sinfónica de Galicia, Los Relámpagos, Astarot, etc.), tengo que comenzar por la que a mí me parece más bella de todas, la de Carlos Núñez, Luz Casal y Ry Cooder, publicada en el primer álbum del gaitero (“A Irmandade das Estrelas”, 1996) e incluida en la B.S.O. de la película “Mar Adentro“, de Alejandro Amenábar. Las otras dos destacadas son instrumentales, la primera es la de la banda gallega Milladoiro, incluida en el álbum “Castellum Honesti” (1989), y la segunda es francamente interesante, a cargo de los catalanes Fusioon, una de las mejores bandas de rock progresivo y jazz-rock que ha habido en España; formó parte de su primer álbum (“Fusioon”, 1973), en el que se recogen temas populares y clásicos españoles, como “La Danza del Molinero” de Falla, “El Cant dels Ocells”, “Ya se van los pastores”, “Pavana Española” o esta espectacular versión de “Negra Sombra”.

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pe dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.Cando maxino que es ida
no mesmo sol te me amostras
i eres a estrela que brila
i eres o vento que zoa.Si cantan, es ti que cantas;
si choran, es ti que choras
i es o marmurio do río
i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
al pie de mi cabecera,
tornas haciéndome mofa. Si imagino que te has ido,
en el mismo sol te asomas,
y eres la estrella que brilla
y eres el viento que sopla.Si cantan, tú eres quien canta;
si lloran, tú eres quien llora;
y eres murmullo del río
y eres la noche y la aurora.

En todo estás y eres todo
para mí, en mí misma moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.

 

Las Cinco Canciones de Alex (V): “May the Living Be Dead (In Our Wake)” (Flogging Molly)

Alex ha querido terminar esta semana al ritmo punk celta, con la banda Flogging Molly, en concreto con el tema “May the Living Be Dead (In Our Wake)”, que él ha subtitulado como “Cuchería” (ya veréis por qué). Hoy la protagonista es su hija, no os perdáis esta entrañable historia, en la que podréis disfrutar viendo como se derrite un rockero. Antes de dar la palabra al autor de Rocktelegram, me gustaría darle las gracias por haber querido participar de esta iniciativa y por la buena semana que nos ha hecho pasar con sus canciones y sus recuerdos. Nos seguimos leyendo, amigo. Un fuerte abrazo.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

“¿Las canciones cambian la vida? No lo sé, la verdad, pero lo cierto es que son una compañía muy especial en determinados momentos y como perlas de memoria son, en muchas ocasiones, infalibles. Y es el caso de este tema de los Flogging Molly, una banda de punk-celta que me encanta, dignos sucesores de mis amados Pogues, que atesora recuerdos absolutamente preciosos para mí, aunque sea una banda que he descubierto hace relativamente poco tiempo.

Y es que los recuerdos que adornan esta canción se construyeron hace también muy poco. Me explico:

Tengo una preciosa hija que tiene ahora cuatro años. Se llama Aldara y cuando tenía dos añitos era el encargado de despertarla, asearla y vestirla, darle el desayuno y llevarla a la guardería. Durante su primer año, los primeros días, como suele pasar, no iba demasiado convencida, de modo que para distraerla un poco le ponía música en el coche. Dio la casualidad de que esos días llevaba en el reproductor de CD’s el disco Drunken Lullabies de los Flogging Molly y ella se enganchó al tema What’s Left of the Flag?, que acabo pidiéndome como “boys”, porque en efecto en el estribillo se repite varias veces: walk away me boys…

Poco a poco le fui introduciendo la siguiente canción que es la que nos ocupa, May the Living Be Dead (In Our Wake); y un buen día la monto en el coche y me dice con su media lengua “cuchería”, así, como suena… Ni idea. Me volvía loco tratando de saber qué quería y ella me lo repetía una y otra vez. Frustrado por no entenderla, desistí y le di al play a ver si se le olvidaba la cosa. De pronto a ella se le ilumina la cara y asintiendo con una sonrisa perfecta me dice: “¡¡Cuchería!!” En efecto, lo que sonaba era su canción favorita, que para mí siempre tendrá ese curioso nombre, con perdón de los Flogging, y que no tengo ni idea de dónde se lo sacó mi pequeña. Desde entonces todos los días me pedía “cuchería” y los dos nos íbamos felices a la guarde a ritmo de punk-celta… Todavía hoy la llama así y me la pide de vez en cuando…

¿Es o no un recuerdo precioso?”

 

Friday Frolics. “The Morning After the Day Before”

No conozco a ningún pueblo, cultura o país que sea más desagradecido que España con el talento, la valía personal y la buena educación; aquí expulsamos a nuestros mejores titulados y nos quedamos con la zafiedad y la incultura de las diferentes especies zoológicas que merodean por “Gran Hermano”. Con un país cargado de analfabetos funcionales no podemos aspirar a proteger nuestro patrimonio cultural, ni siquiera darlo a conocer, sencillamente no interesa, al fin y al cabo es asunto de cuatro excéntricos pretenciosos y anticuados. Me parece lamentable que formaciones de la calidad de Friday Frolics no reciban la promoción y visibilidad que merecen; no obstante, como en el fondo soy un optimista, no descarto escucharlos en algún programa de radio de cierto tirón, incluso, por qué no, en la televisión, creo que se lo merecen. Mientras tanto, para los que me seguís, os diré que este trío se creó a finales de 2012 a partir de una sesión de música tradicional irlandesa celebrada en Barcelona. Publicaron su primer trabajo homónimo (aquí lo podéis escuchar) en 2014 y el segundo (“Factor 3”) en 2015; tal y como ellos mismos manifiestan, “grabado de manera simultánea, microfonando cada instrumento y utilizando el sonido ambiente de la sala de grabación”. Aunque han contando con la colaboración de otros colegas para la grabación del disco, Friday Frolics está formado por tres músicos: Marta Ponce (violín), Albert Pamies (bouzouki) y Javier Sagal (mandolina). En cuanto a su estilo, podríamos etiquetarlos como de grupo folk-celta, aunque su sonido tiene características propias y, desde mi punto de vista, no estamos ante otro grupo más de música celta; su apuesta bascula entre los tonos medievales y el rock progresivo, incorporando toda una gama de ritmos y sonidos ejecutados con maestría y gusto musical. El tema que he elegido, “The Morning After the Day Before”, creo que nos habla muy bien de la potencialidad de esta formación; está compuesto de tres partes: “Bachelor party”, que cuenta con la colaboración de Emilio Nieto (bajo) y Juan Jiménez Almaraz (flauta), de la banda Stolen Notes; “Hangover”, donde se puede disfrutar con la guitarra eléctrica de Jen Majura, del grupo Evanescence; y “Wedding Reel”, una canción tradicional irlandesa, en este caso interpretada por el trío habitual: Marta, Albert y Javier. Para finalizar, os recomiendo tres vídeos; éste primero es el videoclip promocional correspondiente a la grabación de “Factor 3”, disco que puede escucharse completo a través de spotify; éste otro corresponde al tema “Farewel to Liverpool“, de su primer álbum; por último, si queréis ver cómo se manejan en directo, aquí tenéis una interpretación de “Spanish Omelette“, también de su disco anterior.

Carlos Nuñez y Teresa Salgueiro. “María Soliña”

Carlos Núñez es uno de los talentos musicales más grandes que tenemos en España, está considerado como uno de los mejores gaiteros del Mundo y toca la flauta con gran delicadeza y sentimiento, como váis a comprobar en la canción de hoy: “María Soliña”. No es la primera vez que este gallego aparece por aquí, ya lo hizo con el tema “Lela“, magistralmente interpretado por la portuguesa Dulce Pontes; me he animado a proponer otra de sus canciones ante el éxito que ha tenido (y sigue teniendo) “Lela” entre quienes visitan La Guitarra de las Musas, no en vano es una de las entradas más visitadas de este blog, lo que no deja de sorprenderme. “Lela” apareció en el primer trabajo de Carlos Núñez, “A Irmandade das Estrelas” (1996), y “María Soliña” en su siguiente álbum, “Os Amores Libres” (1999), donde el gaitero trató de indagar sobre la música celta y su relación con las melodías tradicionales gallegas e, incluso, con culturas en principio bien alejadas de lo celta, como el flamenco; en este sentido, os recomiendo que escuchéis “A Orillas del Río Sil“, interpretada por la cantaora Carmen Linares. Volviendo a la melodía de hoy, os diré que está dedicada a María Soliño (o Soliña), una mujer nacida en Cangas de Morrazo (Pontevedra) a finales del siglo XVI, que consiguió adquirir un estatus económico desahogado gracias al establecimiento, junto con su hermano y su marido, de una pequeña manufactura de pescado en el municipio. En 1617 Cangas fue atacada y saqueada por los piratas turcos, lo que llevó al empobrecimiento de su población, incluida la clase acomodada, y al enloquecimiento de muchas de sus mujeres, que padecieron el horror de la guerra y, a menudo, vieron como fallecían sus maridos y familiares en la defensa de la plaza. Esta circunstancia fue aprovechada por la minoría dominante de Cangas para culminar el saqueo, esta vez entre quienes aún poséian bienes preciados como los “derechos de presentación” en capillas y freguesías, es decir, los previsibles beneficios de estas entidades. Al parecer, María Soliño acudía a la playa por la noche (como otras mujeres), probablemente para rezar por su marido y hermano muertos en el ataque de los turcos; actitudes como ésta fueron suficientes para iniciar un proceso inquisitorial por brujería, en el que también se vieron envueltas otras mujeres de extracción social más humilde. María fue acusada de entregar su alma al diablo y de poseer poderes demoniacos; confesó ser bruja tras ser sometida a una cruel tortura, fue condenada a llevar el hábito de penitente durante seis meses y, por supuesto, fueron requisados todos sus bienes, entre ellos los “derechos de presentación”, el principal objetivo del Santo Oficio y de los poderes económicos y políticos de Cangas. La letra de esta canción fue escrita por Celso Emilio Ferreiro (1912-1972) y, por supuesto, existen distintas adaptaciones y versiones; ésta debe el arreglo musical a A. Paz Valverde y está maravillosamente cantada por la portuguesa Teresa Salgueiro, vocalista del grupo Madredeus.