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C. Núñez, L. Casal & R. Cooder / Milladoiro / Fusioon. “Negra Sombra”

Rosalía de Castro (1837-1885) es una de nuestras más grandes poetisas, una de las figuras más importantes del Rexurdimento y precursora de la poesía española moderna. Escribió en castellano y gallego, lengua que dignificó y afianzó en una época en la que este idioma no estaba excesivamente bien valorado por la intelectualidad. En el documental “La mitad invisible – Negra Sombra (Rosalía de Castro)” se la recuerda como alguien muy representativo de la cultura gallega, incluso se la conoce como “Rosalyn”, comparándola con el icono pop por excelencia: Marilyn Monroe. Aunque, como señalan los especialistas en su obra, Rosalía nunca escribió de manera autobiográfica, sus poemas retratan la sociedad que le tocó vivir, su tristeza, desasosiego y pesimismo por una existencia marcada, en su niñez y juventud, por ser hija natural de un sacerdote, bautizada como hija de padres desconocidos y bajo la custodia de su tía paterna hasta los ocho años; y, en su madurez, por un matrimonio no excesivamente feliz, impuesto por las costumbres y obligaciones sociales de entonces, y por un cáncer de útero que pronto mermó su salud hasta desembocar en una prematura muerte a los cuarenta y ocho años. Follas Novas, poemario publicado en 1880, fue su última obra escrita en gallego; su poema más famoso es “Negra Sombra“, dieciséis versos repartidos en cuatro estrofas que condensan su pesimismo vital, su temor a la muerte y a su implacable proceder. Está escrito con palabras sencillas, al alcance de cualquiera, lo que probablemente ha convertido a este escrito en un himno para los gallegos, y aún más cuando el compositor lucense Juan Montes Capón musicalizó el poema; la canción fue presentada por primera vez en el Gran Teatro de La Habana (Cuba), en 1892, una ciudad llena gallegos que habían abandonado su tierra en busca de mejores oportunidades. Aunque se han realizado muchas versiones de este tema (Amancio Prada, Maria do Ceo, Najla Shami, Nuberu, Martirio, Rosa Zaragoza, Al Bano, Orquesta Sinfónica de Galicia, Los Relámpagos, Astarot, etc.), tengo que comenzar por la que a mí me parece más bella de todas, la de Carlos Núñez, Luz Casal y Ry Cooder, publicada en el primer álbum del gaitero (“A Irmandade das Estrelas”, 1996) e incluida en la B.S.O. de la película “Mar Adentro“, de Alejandro Amenábar. Las otras dos destacadas son instrumentales, la primera es la de la banda gallega Milladoiro, incluida en el álbum “Castellum Honesti” (1989), y la segunda es francamente interesante, a cargo de los catalanes Fusioon, una de las mejores bandas de rock progresivo y jazz-rock que ha habido en España; formó parte de su primer álbum (“Fusioon”, 1973), en el que se recogen temas populares y clásicos españoles, como “La Danza del Molinero” de Falla, “El Cant dels Ocells”, “Ya se van los pastores”, “Pavana Española” o esta espectacular versión de “Negra Sombra”.

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pe dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.Cando maxino que es ida
no mesmo sol te me amostras
i eres a estrela que brila
i eres o vento que zoa.Si cantan, es ti que cantas;
si choran, es ti que choras
i es o marmurio do río
i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
al pie de mi cabecera,
tornas haciéndome mofa. Si imagino que te has ido,
en el mismo sol te asomas,
y eres la estrella que brilla
y eres el viento que sopla.Si cantan, tú eres quien canta;
si lloran, tú eres quien llora;
y eres murmullo del río
y eres la noche y la aurora.

En todo estás y eres todo
para mí, en mí misma moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.

 

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Las Cinco Canciones de Salva (IV): “¿Qué voy a hacer yo? ” (Celtas Cortos)

Para los que no sepan qué es eso de la “putrefacción sonora”, termino acuñado por Salva a partir unas conversaciones locas que mantuvimos hace poco, os recomiendo que os paséis por la entrada que hizo el amigo Alex (que también estaba en el “fregao”) hace unos meses en su web Rocktelegram (he dejado enlace en el relato de Salva). En cuanto a Celtas Cortos, yo también tengo muy buenos recuerdos de ellos, de bailes y fiestas de pueblo, hubo una época en la que eran imprescindibles en casi todos los saraos. En esa vena antimilitarista tienen otro tema característico: “Haz Turismo“. Me imagino que, aunque no sea el grupo preferido de Salva, esta canción no se le olvidará nunca, al fin y al cabo aquel día hizo el mejor fichaje de tu vida.

“Esta canción no cambió realmente mi vida. Lo hizo la persona que aflora en mi recuerdo cada vez que la escucho o simplemente rememoro las notas de esta canción. Cuando conocí a mi mujer, Celtas Cortos acababan de publicar su segundo álbum “Gente Impresentable”. Ya podías ir a al bar que quisieras, desde el garito más infecto al pub más de moda, allí estaba sonando “¿Qué voy a hacer yo?” (sí, en aquella época esta canción llegó a niveles inverosímiles de putrefación sonora) el canto anti-militarista que los pucelanos pusieron en boca de todo el mundo. Un tema, el antimilitarismo, muy popular en los círculos rockeros, y que aquí se centra en la utilidad de realizar la mili. Por cierto, a mí me dieron por inútil.

Los primeros meses de tonteo amoroso, Celtas Cortos pusieron la banda sonora a la relación con mi mujer, y el de Celtas Cortos fue precisamente el primer concierto al asistimos juntos. Fue en el Festival Actual, el seis de enero de 1991; los de Valladolid eran casi unos desconocidos y, en su primera visita a Logroño, vinieron como teloneros de los irlandeses The Oyster Band, pero los que allí nos concentramos íbamos a escuchar a los Celtas Cortos.

Si soy sincero, del concierto no me enteré demasiado. Entre cerveza y cerveza y con música celta de fondo, Carmen y yo nos pasamos el concierto charlando sobre nuestra vida, esas largas y extensas conversaciones de las primeras citas en las que haces un repaso de lo mejor de tu paso por el mundo para admiración de la persona que enfrente es todo oídos.

Por eso Celtas Cortos siempre ocuparan un lugar muy importante en mis recuerdos. Tal vez el más importante”.

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Carlos Nuñez y Teresa Salgueiro. “María Soliña”

Carlos Núñez es uno de los talentos musicales más grandes que tenemos en España, está considerado como uno de los mejores gaiteros del Mundo y toca la flauta con gran delicadeza y sentimiento, como váis a comprobar en la canción de hoy: “María Soliña”. No es la primera vez que este gallego aparece por aquí, ya lo hizo con el tema “Lela“, magistralmente interpretado por la portuguesa Dulce Pontes; me he animado a proponer otra de sus canciones ante el éxito que ha tenido (y sigue teniendo) “Lela” entre quienes visitan La Guitarra de las Musas, no en vano es una de las entradas más visitadas de este blog, lo que no deja de sorprenderme. “Lela” apareció en el primer trabajo de Carlos Núñez, “A Irmandade das Estrelas” (1996), y “María Soliña” en su siguiente álbum, “Os Amores Libres” (1999), donde el gaitero trató de indagar sobre la música celta y su relación con las melodías tradicionales gallegas e, incluso, con culturas en principio bien alejadas de lo celta, como el flamenco; en este sentido, os recomiendo que escuchéis “A Orillas del Río Sil“, interpretada por la cantaora Carmen Linares. Volviendo a la melodía de hoy, os diré que está dedicada a María Soliño (o Soliña), una mujer nacida en Cangas de Morrazo (Pontevedra) a finales del siglo XVI, que consiguió adquirir un estatus económico desahogado gracias al establecimiento, junto con su hermano y su marido, de una pequeña manufactura de pescado en el municipio. En 1617 Cangas fue atacada y saqueada por los piratas turcos, lo que llevó al empobrecimiento de su población, incluida la clase acomodada, y al enloquecimiento de muchas de sus mujeres, que padecieron el horror de la guerra y, a menudo, vieron como fallecían sus maridos y familiares en la defensa de la plaza. Esta circunstancia fue aprovechada por la minoría dominante de Cangas para culminar el saqueo, esta vez entre quienes aún poséian bienes preciados como los “derechos de presentación” en capillas y freguesías, es decir, los previsibles beneficios de estas entidades. Al parecer, María Soliño acudía a la playa por la noche (como otras mujeres), probablemente para rezar por su marido y hermano muertos en el ataque de los turcos; actitudes como ésta fueron suficientes para iniciar un proceso inquisitorial por brujería, en el que también se vieron envueltas otras mujeres de extracción social más humilde. María fue acusada de entregar su alma al diablo y de poseer poderes demoniacos; confesó ser bruja tras ser sometida a una cruel tortura, fue condenada a llevar el hábito de penitente durante seis meses y, por supuesto, fueron requisados todos sus bienes, entre ellos los “derechos de presentación”, el principal objetivo del Santo Oficio y de los poderes económicos y políticos de Cangas. La letra de esta canción fue escrita por Celso Emilio Ferreiro (1912-1972) y, por supuesto, existen distintas adaptaciones y versiones; ésta debe el arreglo musical a A. Paz Valverde y está maravillosamente cantada por la portuguesa Teresa Salgueiro, vocalista del grupo Madredeus.

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Alan Stivell. “Marv Pontkalleg”

Hace unos meses me ocupaba del músico gallego Carlos Núñez, al que calificaba como el Paco de Lucía de la gaita, y lo hacía con un clásico de la canción popular (“Lela“) cantado por la portuguesa Dulce Pontes. Alan Stivell es otro de los grandes de la música folk celta, responsable -junto a su padre- de haber revitalizado el arpa como instrumento de la música tradicional bretona. Partidario de la autodeterminación de esta región francesa y del panceltismo, es portador de una propuesta musical comprometida con sus raíces e ideología y, sobre todo, francamente innovadora, en la que se mezclan elementos populares con ritmos rock y new age. En 1971 publicó “Renaissance de la Harpe Celtique”; tal y como ha comentado el propio Alan Stivell , como homenaje y reconocimiento a los creadores de este instrumento, con unos arreglos a medio camino entre el folk y la música clásica antigua, con el ánimo de no asustar a quienes huyen de los sonidos eléctricos. El tema que he elegido de este álbum es “Marv Pontkalleg”, una canción tradicional que cuenta con otras interpretaciones aunque, desde mi punto de vista, ninguna tan mágica y cristalina como ésta.