Grandes canciones en versión española: Tapiman (Max Sunyer). “Rock and Roll Music”, 1972 (“Max Sunyer”, 1972)

Max Sunyer es uno de los mejores guitarristas que tenemos en España. He seguido buena parte de su dilatada trayectoria profesional, y he podido verle en directo en varias ocasiones, eso sí todas hace mucho tiempo, a comienzos de los ochenta, en aquellas jornadas de jazz y rock organizadas por algunos de los colegios mayores de la Universidad Complutense. Hemos hablado de él en otras ocasiones, formando parte de grupos como Iceberg o Pegasus, en solitario (versión del tema “El Gessamí i la Rosa”) o dentro de iniciativas como la conocida con el nombre de “Guitarras Mestizas”. Hoy nos vamos a remontar un poco más en el tiempo, a 1972, cuando Max Sunyer se incorporó al grupo Tapiman, un “power trío” a lo Cream o Jimi Hendrix Experience que se había creado un año antes por Miguel Ángel Núñez (guitarra), Pepe Fernández (bajo) y Josep María Vilaseca “Tapi” (batería), los dos primeros procedentes de Vértice y el último de Màquina!, una de las formaciones pioneras del rock progresivo en España. El nombre de la banda fue el resultado de sumar el apodo de Vilaseca (“Tapi”) y las iniciales de Miguel Ángel Núñez; así permaneció incluso cuando el guitarrista tuvo que abandonar Tapiman para incorporarse al servicio militar, circunstancia que obligaría a sustituirle por, el ya mencionado, Max Sunyer. Según explica Àlex Gómez-Font en su libro Barcelona, del rock progresivo a la música layetana y Zeleste (Lleida: Milenio, 2011; pp. 75-76), antes de que Miguel Ángel Núñez abandonara el grupo grabaron un disco de una sola vez, como si fuera en directo, aunque con la entrada de Max Sunyer decidieron abandonar este proyecto y grabar un nuevo Lp, ya con Sunyer, que es el que finalmente saldría al mercado; un trabajo titulado “Tapiman” (1972) que, en mi opinión, todos los amantes al hard rock, el blues-rock y el rock progresivo deberían conocer.

Tras este disco publicaron el que hoy nos ocupa, titulado “Rock & Roll Music”, con la incorporación como cantante de Jordi Querol, aunque lo cierto es que se hizo sin que apareciera el nombre de Tapiman por ningún lado, de ahí que, en ocasiones, ni siquiera se le considere un disco de esta formación. Apenas se publicaron mil copias, lo que le convierte en un tesoro para los coleccionistas. Poco tiempo después volvería a ser publicado por Max Sunyer como disco homónimo (1972). Ese mismo año acabaría disolviéndose Tapiman por desavenencias relacionadas con la manera de entender el trabajo entre los componentes de la banda, aunque unos años después tendrían un reagrupamiento fugaz, que aprovecharon para grabar su último álbum, “En Ruta” (1979), con el sello Chapa. “Rock & Roll Music” (o “Max Sunyer”) es un disco de versiones de clásicos del R&R, pero ejecutado con aspereza hardrockera y, en cierto modo, también un poco “garagera“. Esta perla olvidada de la discografía hispana está compuesta por diez canciones, todas muy conocidas: “Jailhouse Rock”, “What’d I Say”, “Carol”, “Kansas City”, “Tutti Frutti”, “Long Tall Sally”, “Blue Suede Shoes”, “Dust My Blues”, “Roll Over Beethoven” y “Rock & Roll Music”. En los respectivos enlaces podéis escuchar estas potentes versiones, y os dejo cuatro de ellas al comienzo del post, elegidas entre las que ya han tenido cabida en anteriores entradas de este blog.

Sponsored Post Learn from the experts: Create a successful blog with our brand new courseThe WordPress.com Blog

Are you new to blogging, and do you want step-by-step guidance on how to publish and grow your blog? Learn more about our new Blogging for Beginners course and get 50% off through December 10th.

WordPress.com is excited to announce our newest offering: a course just for beginning bloggers where you’ll learn everything you need to know about blogging from the most trusted experts in the industry. We have helped millions of blogs get up and running, we know what works, and we want you to to know everything we know. This course provides all the fundamental skills and inspiration you need to get your blog started, an interactive community forum, and content updated annually.

Elizeth Cardoso (con Pixinguinha) / Paquito D’Rivera / Homenaje a Pixinguinha. “Carinhoso”

El choro, popularmente conocido como chorinho, es un género musical brasileño cuyos orígenes se remontan al siglo XIX. En 1808, con la corte portuguesa instalada en Río de Janeiro, esta ciudad se convirtió en la capital del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve y, por lo tanto, en un gran núcleo administrativo y cultural; se inició una importante reforma urbana, se crearon cargos públicos y llegaron a esta corte instrumentos (clarinete, piano, saxofón, guitarra, etc.) y bailes de salón europeos, como la polca, el chotis o el vals. La abolición de la esclavitud, en 1888, permitió la irrupción de una nueva clase media (funcionarios, pequeños comerciantes e instrumentistas de bandas militares), que comenzó a tocar “de oído” aquella música procedente de Europa fusionada con ritmos africanos, como la batuca o el lundu, interpretada de manera “abrasileirada”, generalmente “llorosa”, de ahí el apelativo de aquellos músicos populares: chorões. Alexandre Petillo (y otros autores), en su libro Curtindo Música Brasileira (Caxias do Sul, RS: Belas Letras, 2013), señala que el chorinho es la primera manifestación de música urbana brasileña, y que los primeros grupos de chorões se formaron con funcionarios de la Aduana, Correos y Ferrocarril Central de Brasil. Suele decirse que el choro es el jazz brasileño; a pesar del carácter de improvisación, común a ambos géneros, esta expresión no es muy afortunada, pues el choro es anterior al jazz -siguiendo esta lógica, más bien deberíamos decir que el jazz es el choro estadounidense-, además, sus orígenes son bien diferentes: los del choro son europeos, mientras que los del jazz proceden de la cultura negra afroamericana. El choro es un género esencialmente instrumental, en el que están presentes la flauta, la mandolina, la guitarra, el cavaquinho o el pandeiro, aunque también existen melodías cantadas, sin ir más lejos la que hoy traemos en representación de este estilo. Entre los pioneros del chorinho, podemos destacar a Joaquim Antônio da Silva Calado, Anacleto de Medeiros, Patápio Silva, Ernesto Nazareth o Alfredo da Rocha Viana Filho, más conocido como Pixinguinha, uno de los más renombrados compositores de música popular brasileña e impulsor del género que hoy nos ocupa, de hecho, el día del choro se celebra en Brasil el 23 de abril, fecha en la que nació Pixinguinha.

Carinhoso” es una de las canciones emblemáticas de Brasil. Fue compuesta, entre 1916 y 1917, por el compositor, cantante, flautista y saxofonista Pixinguinha; en 1936 se escribió su letra, a cargo de João de Barro “Braguinha”. La primera grabación de este clásico popular data de 1928, a cargo de la Orquestra Típica Pixinguinha-Donga; la primera versión cantada es la de Orlando Silva, de 1937 y, a partir de entonces, casi podría decirse que todo el mundo ha tocado o cantando alguna vez este tema en Brasil. Entre las muchísimas versiones que existen de “Carinhoso”, podemos citar las interpretadas por Isaura García, Elis Regina, Maria Bethânia, Flora Purim, Maria Creuza, Rita Payés y Elisabeth Roma, Paulinho da Viola y Marisa Monte, Djavan, João Gilberto, Caetano Veloso, Luiz Bonfa y Fafá Lemos, Antônio Carlos Jobim, Baden Powell, Toquinho, Andrea Motis y Joan Chamorro, Estrella Morente y Niño Josele (en español) y, por supuesto, las tres que destacamos en esta entrada; en primer lugar, la de Elizeth Cardoso (con Pixinguinha al saxo), en segundo lugar la del cubano Paquito D’Rivera y, en tercer lugar, la que se hizo con ocasión del centenario del nacimiento de Pixinguinha (al final del vídeo podéis leer los músicos que intervinieron en él).

Pixinguinha (1897-1973)

Billie Holiday and Her Orchestra. “Trav’lin’ All Alone”

“Jerry llamó al pianista y me dijo que bailara. Empecé y resultó deplorable. Repetí sin parar mis dos pasos hasta que empezó a chillarme y me dijo que me largara, que no le hiciera perder el tiempo.
Estaban a punto de sacarme de una oreja, pero yo seguía rogándole que me diera trabajo. Por último el pianista se apiadó de mí, apagó el cigarrillo, levantó la vista y me preguntó:
– ¿Sabes cantar, chica?
– Claro que sé cantar, eso no es nada del otro mundo
– respondí.
Yo había cantado toda mi vida, pero disfrutaba tanto con ello que nunca se me ocurrió que sirviera para ganar dinero. Además, aquellos eran los tiempos del Cotton Club y de las gatitas glamurosas que lo único que hacían era mostrarse atractivas, menearse un poco y recoger el dinero de las mesas.
Yo creía que ésa era la única forma de ganar dinero, y necesitaba cuarenta y cinco pavos para evitar que a la mañana siguiente dejaran a mamá a la intemperie (…)
Le pedí al pianista que tocara Trav’lin’ All Alone, lo más cercano a mi estado de ánimo. Y en algún momento debió de calar hondo. Se acallaron todas las voces en el bar. Si a alguien se le hubiera caído un alfiler, habría sonado como una bomba. Cuando finalicé, todos aullaban y levantaban sus vasos de cerveza. Recogí treinta y ocho dólares del suelo.
Antes de irme, al terminar la noche, dividí el botín con el pianista y me llevé cincuenta y siete pavos.
Compré un pollo entero y alubias con tomate, que a mamá le encantaban. Subí corriendo la Séptima Avenida hasta casa. Cuando le mostré a mamá el dinero para el alquiler y le dije que tenía trabajo de cantante por dieciocho dólares semanales, no podía creerlo

Holiday, Billie. Lady Sings the Blues. Barcelona: Tusquets, 2010; págs. 43-44

Así nos cuenta Billie Holiday cómo comenzó su carrera como cantante. Tenía quince años, pero ya había vivido y sufrido como si tuviera noventa. Su madre la tuvo a los trece años; pronto serían abandonadas por su padre, por lo que tuvo que trabajar en lo que pudo para ayudar a su joven madre. Fue reiteradamente maltratada por unos familiares, que “cuidaban” de ella cuando su madre trabajaba. Sufrió una violación en un prostíbulo cuando tenía diez años; después de mantenerla varios días en la cárcel, inmediatamente después de ser violada, fue juzgada por un tribunal, junto con su agresor; a él le condenaron a cinco años, mientras que ella tuvo que pasar un infierno en un correccional católico regido por monjas. Un lugar terrible, donde le cambiaron el nombre por el de una Santa (en su caso, Teresa), en el que se vestía de rojo a las chicas que se portaban mal y en el que estuvo encerrada una noche, ella sola en una habitación junto al cadáver de otra chica que había fallecido recientemente al caerse de un columpio. Cuando salió del correccional apenas tenía trece años; fue entonces cuando perdió la virginidad con un trompetista en casa de su abuela, una experiencia traumática por la que odió el sexo durante mucho tiempo. Volvió a ponerse a trabajar, primero limpiando y, después, como prostituta; una denuncia de un cliente insatisfecho, amigo de la policía, hizo que la encerraran de nuevo.

Todo esto que os acabo de contar sucede en las primeras cuarenta y dos páginas de la autobiografía de Billie Holiday, las cuarenta y dos angustiosas páginas que anteceden a la cita con la que comenzamos esta entrada. Como os podréis imaginar, la vida de Billie Holiday a partir de los quince años, cuando empieza a ganarse la vida como cantante profesional, tampoco fue un camino de rosas: relaciones personales turbulentas, alcohol y drogas, prisión y una temprana muerte, a los cuarenta y cuatro años, debido a una cirrosis hepática.

“Trav’lin All Alone” fue la canción con la que Billie se arrancó a cantar en el Pod’s and Jerry’s de Nueva York, aquella noche en la que, a la desesperada, buscaba trabajo como bailarina. Se trata de un tema compuesto por J.C. Johnson, que acabó siendo grabado en 1937 por Billie Holiday and Her Orchestra, en un sencillo publicado por la discográfica Vocalion Records. Los músicos que acompañaron a Billie fueron Buck Clayton (trompeta), Buster Bailey (clarinete), Lester Young (saxo), Claude Thornhill (piano), Freddie Green (guitarra), Walter Page (contrabajo) y Jo Jones (batería). Finalizo con dos versiones, una anterior a la de Billie Holiday, la de las Boswell Sisters, de 1935, y otra de 2016, a cargo de Davina and The Vagabounds, banda a la que ya hemos recurrido en un post anterior.

Billie Holiday (1915-1959)

Patti Smith Group / Bruce Springsteen / U2, P. Smith y B. Springsteen. “Because the Night”

Entre el tercer álbum (“Born to Run”, 1975) de Bruce Springsteen y el cuarto (“Darkness on the Edge of Town”, 1978) pasaron tres años, en los que The Boss trató de superar algunos problemas legales derivados de su relación con el que había sido su representante, Mike Appel. Este último proyecto musical fue grabado entre octubre de 1977 y marzo de 1978, en los Record Plant Studios de Nueva York, en el mismo lugar donde Patti Smith también se encontraba grabando, en este caso su tercer Lp de estudio (“Easter”, 1978).

Because the Night” fue inicialmente compuesta por Bruce Springsteen y pensaban incluirla en “Darkness on the Edge of Town”; sin embargo, se le atragantó la letra y, cuando la tocaba en directo, apenas la balbuceaba, repitiendo el estribillo. Ante la imposibilidad de terminar la canción de manera satisfactoria, su productor musical (Jimmy Lovine) le convenció para cedérsela a Patti Smith, que escribió su propia letra a fin incluirla en “Easter”, además de lanzarla como single. Para Patti fue más sencillo escribir la canción; se encontraba inmersa en un amor a distancia con Fred “Sonic” Smith, de la banda BC5, él vivía en Michigan y ella en Nueva York, por lo que el teléfono era lo que les mantenía unidos; tal y como nos cuentan en la web Rock Fm, “Patty esperaba la llamada de Fred a las 7 y media de la tarde, pero el teléfono no sonaba. Entonces decidió ponerse a escuchar la maqueta de Springsteen en un casete. En aquel momento, la artista comenzó a escribir el primer verso de la canción: ‘Love is a ring, a telephone’. Para la medianoche, la canción estaba terminada”.

Bruce no grabó la versión original -la que desechó cuando publicó “Darkness on the Edge of Town”- hasta el lanzamiento del recopilatorio “The Promise”, en 2010 (podéis escucharla en el segundo vídeo destacado de hoy). Aunque lo cierto es que la cantaba habitualmente en sus directos (aquí tenéis uno de 1978), incluso llegó a grabar una de aquellas interpretaciones en vivo, la que formó parte del álbum “Live 1975/85”, comercializado en 1986 (la autoría que aparece es compartida: Bruce y Patti). Springsteen llegó a comentar que “no la podría haber terminado tan bien como lo hizo ella. Estaba en medio de su amorío con Fred Sonic y tenía la canción justo debajo de la manga. La terminó y la hizo suya de una manera maravillosa”.

Patti Smith interpretó por primera vez en directo esta canción en un concierto que ofreció en Nueva York, el 30 de diciembre de 1977, fecha de su treinta y un cumpleaños, con Bruce Springsteen como invitado, cantando y tocando la guitarra. Desde entonces ha sido uno de los temas habituales en los directos de la pionera del punk, tanto en solitario (aquí tenéis una actuación para televisión, de 1978, y aquí otras dos, una del año 2000 y otra del 2015) como con su amigo Bruce Springsteen: ésta es relativamente reciente, del 2018, y la que ofrecemos en el tercer vídeo de hoy es del 2009, grabada en el 25th Anniversary Rock and Roll Hall of Fame Concerts, una versión a cargo de U2, con Bruce Springsteen y Patti Smith como invitados.

Bruce Springsteen y Patti Smith. 25th Anniversary Rock & Roll Hall of Fame Concert. Madison Square Garden de Nueva York, 30/10/2009

La Frontera. “Juan Antonio Cortés”

“La Frontera se formó en el bar de la Facultad de Ciencias de la Información, entre humo de cigarrillos y botellines, en una de las interminables mañanas en las que no subíamos a clase, ya que nuestras inquietudes estaban dirigidas más a la música que a otro tipo de actividades. Una de esas mañanas propuse a los que estaban sentados conmigo ir a ensayar a un local que tenía alquilado en Faico (entre la glorieta de Embajadores y la de Santa María de la Cabeza). Allí estábamos Rafa Hernández, José Battaglio, Quino López, Toni Marmotta y yo. Daba la casualidad de que los cinco proveníamos de grupos diferentes, y todos éramos guitarristas. El reparto de instrumentos se produjo al azar: Al entrar al local de ensayo, casi empujándonos, los más rápidos –Quino y Rafa-, se adueñaron de las dos guitarras que había. A Toni le tocó el bajo, a José Battaglio la batería –que la transformó en un kit a su medida, sin bombo, con su timbal base, la caja y un plato, y la tocaba de pie-, y a mí me dieron el micrófono. Empezamos a tocar versiones de los New York Dolls, de los Pistols y de los Buzzcocks. Gran parte de la originalidad del grupo residía en que no éramos auténticos profesionales, ya que algunos tocaban el instrumento adjudicado por primera vez”. (Javier Andréu. Cantante, compositor y líder de La Frontera. Consultado en: Domínguez, Salvador. Bienvenido Mr. Rock. Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; págs. 967-968).

Los ochenta eran así. Este grupo de compañeros de facultad, de la maravillosa quinta del 63, todos guitarristas, sin experiencia con otros instrumentos, decidieron presentarse al Festival Villa de Madrid de 1984 bajo el nombre de Las Muñecas Repollo, y lo ganaron. Un año después grababan su primer Lp (“La Frontera”), después de que Rafa Hernández abandonara el grupo para crear Desperados, junto a Guille y Fernando Martín; en 1986 publicaban “Si el whisky no te arruina las mujeres lo harán” y, al año siguiente, “Tren de Medianoche”. En estos tres primeros discos de estudio están muchos de los temas más conocidos de esta banda, finalmente bautizada como La Frontera: “Judas el Miserable”, “La Ley de la Horca”, “La Frontera”, “Pobre Tahúr” o “Siete Calaveras”, canción que ya salió en una entrada anterior. El siguiente álbum de estudio se tituló “Rosa de los Vientos”, con el que consiguieron un gran éxito; el estilo de este disco sigue dentro de los parámetros del rock vaquero característico de esta formación, aunque creo que hay más concesiones al pop melódico, tal vez por decisión de los miembros de la banda y, también, como estrategia de la discográfica para poder acercarse a un público más amplio. En líneas generales los trabajos de estudio de esta banda, en particular “Rosa de los Vientos”, tienen unos arreglos pop muy del gusto de la época, aunque cuando tocaban en directo (he tenido la ocasión de verlos un par de veces) eran muchísimo más rockeros, siempre me ha dado la sensación que ese era su verdadero sonido. Aunque todo el disco me parece interesante, hay dos canciones que brillan por encima de las otras, al menos en lo relativo a reconocimiento y éxito: “El Límite” y “Juan Antonio Cortés”; en los enlaces respectivos podéis escuchar las versiones originales de estudio, y en el vídeo destacado de hoy tenéis la interpretación en directo de “Juan Antonio Cortés” incluida en el álbum “Capturados Vivos” (1992), disco que contó con la colaboración del guitarrista Guillermo Martín, fundador de Desperados y antiguo miembro de Los Rodríguez.

La_Frontera-Capturados_Vivos-Frontal