Concierto de O Sister! Fernán Gómez Centro Cultural de La Villa. Madrid, 16-XI-2017

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Éste es el tercer año que acudo al Festival de Jazz de Madrid, un evento que parece consolidarse en la capital durante el mes de noviembre, para alegría de quienes amamos la música. En la edición anterior estuve en los conciertos de la Vargas Blues Band y del trío Benavent-Di Geraldo-Pardo y, en 2016, puede ver, después de mucho tiempo esperando, a Madeleine Peyroux; en aquella edición también estuvieron los sevillanos O Sister!, que han repetido este año para disfrute de todos los que estuvimos el viernes pasado en la Sala Guirau del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa (Madrid).

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O Sister! no son precisamente unos recién llegados al mundo de la música, este año celebran su décimo aniversario con la gira “10 Crazy Years”, que espero sea todo un éxito y consolide a este grupo como referencia del jazz vocal, estilo Nueva Orleans, en Europa. Durante la actuación confesaron su deuda con The Boswell Sisters, un trío de armonía vocal estadounidense de la década de 1930 (así sonaban), incluso comentaron que O Sister! comenzó como un homenaje a las hermanas Boswell; en Mondo Sonoro señalan que llegaron a participar en un homenaje a las Boswell Sisters que se celebró en Nueva Orleans, en el año 2014 (aquí los podemos ver, en un documental muy interesante).

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Todo comenzó para nuestros protagonistas de hoy en 2008, cuando Paula Padilla decidió crear un proyecto, junto con su amiga Helena, para rescatar el viejo swing del primer tercio del siglo XX; tal y como la propia Paula ha comentado, “se lo propuse a mi amiga Elena, con la que llevaba años cantando en corales, y completamos el trío con mi hermano Marcos, que venía de una formación clásica y tenía voz de tenor. Ninguno había hecho este estilo antes aunque yo sí había escuchado mucho jazz a través de mi padre (…) Más tarde, se unió Matías, que era mi profesor de guitarra” (consultado en Tribus Ocultas). Ofrecieron su primer concierto en Sevilla, el 28 de junio de 2008, después incorporaron a Camilo Bossa (contrabajo) y Pablo Cabra (batería, percusiones); con esta formación siguieron actuando como un grupo de versiones y grabando álbumes como “Crazy People” (2009), “Shout Sister!” (2012) y el EP “Spooky Sessions” (2014); su último álbum se tituló “Stompin’ in Joy (2016), un trabajo donde la mayoría de las canciones ya están compuestas por ellos.

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O Sister! estuvieron en escena durante aproximadamente dos horas que, os puedo asegurar, se hicieron cortas. Desde luego, sabía que iba a presenciar un concierto de swing, dixieland y jazz vocal años veinte-treinta, lo que no me imaginaba es la calidad que atesora esta formación. Pronto me di cuenta, en cuanto vi su exquisita puesta en escena y tras escuchar los primeros acordes de “Begin the Beguine”, tema de Cole Porter que fue grabado por otro trío vocal (las Andrew Sisters), también de los años treinta. Las canciones fueron sucediéndose, al igual que los bailes y las performances con las que este grupo adorna su música; a mí me conquistaron desde el minuto uno y, según puede comprobar, también a todo el auditorio, rendido ante la manera de interpretar, la simpatía, el arte y la entrega de estos sevillanos poseídos por el swing.

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Cualquiera que vea en directo a O Sister! se percatará de lo bien que han recreado la época a la que homenajean; los bailes, la escenificación de las canciones, hasta el sonido se parece al de las viejas grabaciones en discos de pizarra. Por supuesto, todo eso no es casual, detrás hay muchísimo trabajo y, a mi entender, una planificación milimétrica de la interpretación vocal e instrumental que exhiben en cada canción. O Sister! es un proyecto que emociona y sabe llegar al público, algo que consiguen a base de calidad y trabajo; sólo hay que escuchar las tres voces para percatarse de ello, perfectamente empastadas, sincronizadas a la perfección, sin desafinar ni una nota en toda la noche, incluso capaces de emular instrumentos como la trompeta. Hasta el pequeño descanso que se tomaron está perfectamente estudiado; lo hicieron después de interpretar “Rasca-Yú”, el clásico de Bonet de San Pedro, creo que el único tema cantado en castellano; inmediatamente después nos quedamos en compañía del violinista Raúl Márquez, uno de los tres invitados de la noche –junto con Ángel Andrés Muñoz (piano) y David Pérez (trompeta)-, quien interpretó el tema central de “Casablanca”, “As Time Goes By“, improvisándolo con la complicidad del público.

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El concierto acabó y aún nos tenían reservada una sorpresa; a la salida de la Sala Guirau, en el hall, habían puesto una pequeña mesa para vender sus discos; en ese momento aparecieron los músicos y se pusieron a tocar allí, entremezclados con la gente, mientras los tres cantantes firmaban discos y charlaban, con simpatía y cercanía, con quienes se acercaban a ellos.

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Durante el concierto la organización prohibió cualquier tipo de grabación; por lo tanto, algunas de las fotos que aparecen a lo largo de esta entrada las he tomado de la página oficial de Facebook de O Sister! y de internet, el resto son mías, del momento que os acabo de comentar, tras la finalización del concierto. Por supuesto, compré sus discos y me acerqué a que me los firmaran, uno Helena y el otro Paula, como bien podéis ver en las siguientes imágenes ¡Muchas gracias chicas!

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También os dejo un par de vídeos, tomados de otras actuaciones en directo de este grupo para que os hagáis a la idea de su estilo, el enlace a sus canales de Youtube y Spotify, a su página web y, al final del todo, el único vídeo que hice el viernes, precisamente al finalizar la actuación, en el hall.

Si tenéis oportunidad y os gusta el swing, no os perdáis a O Sister! Espero que tengan mucha suerte y triunfen como se merecen, creo que hay público para ello; cuando los veía pensaba en la Orquesta Pink Martini, diferente en su concepto musical pero también muy apegados a lo “vintage” ¡Qué arte hay en Sevilla y qué veinte euros más bien pagados!

 

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Sonata Arctica. “8th Commandment”

Creo que esta es la tercera entrada que dedicamos al power metal; en la primera, con la banda finlandesa Stratovarius como protagonista, me atrevía a tipificar este subgénero del heavy metal con lo que, a mi entender, son sus principales rasgos distintivos; la segunda giraba en torno al personaje histórico de Torquemada, visto a través de los asturianos Avalanch. Hoy vuelve a aparecer por aquí un grupo finlandés, precisamente muy influenciado por la obra de sus paisanos Stratovarius, como ellos mismos han reconocido en alguna ocasión, incluso fueron sus teloneros en el año 2000, cuando éstos eran ya una banda consagrada. Sonata Arctica comenzó su andadura musical en 1996, con el nombre de Tricky Beans (en 1999 transformado en Tricky Means), un grupo que tocaba temas de hard rock clásico en directo; en sus primeros años no grabaron ningún disco, apenas tres maquetas que no fueron enviadas a ninguna compañía discográfica. Adquirieron su nombre definitivo (Sonata Arctica) en 1999, tras la grabación de la demo “Full Moon” y la posterior publicación de su primer álbum de estudio, “Ecliptica” (1999). A pesar de la valoración realizada por alguna web especializada, a mí me parece un álbum excelente, con muy buen sonido y un puñado de canciones a cual mejor: “Replica”, “My Land”, “Kingdom for a Heart”, “Full Moon”, “Letter to Dana” (os recomiendo que visitéis el blog Rocktelegram, donde el amigo Alex nos plantea un interesante relato a partir de la letra de esta melodía) o “8th Commandment”. Podía haber elegido cualquiera de estos temas para ilustrar la entrada, finalmente me he inclinado por la última de las citadas (aquí tenéis una versión en directo), compuesta por el vocalista Tony Kakko y el guitarrista Jani Liimatainen, por varias razones: en primer lugar por su velocidad, lo que me hace pensar en bandas precursoras del power metal, como Deep Purple o Rainbow; en segundo lugar, por su riqueza melódica, porque se escuchan claramente todos los instrumentos y por la voz de Tony Kakko, que luce aguda y poderosa, como era habitual en el heavy metal hasta la aparición de los sonidos guturales característicos del black o el death metal; en tercer lugar, por su riqueza instrumental: bajo y batería contribuyen al ritmo vertiginoso, mientras que los teclados y la guitarra suenan con complicidad, olvidando viejos prejuicios metaleros en torno al uso de los teclados en este género; y, por último, por su reflexión en torno al Octavo Mandamiento, el que se refiere a la mentira, el falso testimonio, la maledicencia o la injuria.

The Rubettes. “Sugar Baby Love”

El bublegum es un subgénero de entronque pop que funcionó desde finales de los sesenta hasta la aparición del movimiento punk, a mediados de los setenta. Se trata de música de porte naif especialmente diseñada para adolescentes, sencilla, de melodía pegagosa y con mucho ritmo, ideal para ligar y pasárselo bien en fiestas y guateques. En 1973, los productores y compositores Wayne Bickerton y Tony Waddington, los mismos que escribieron “Summertime Girl”, uno de los éxitos más conocidos de la formación española Los Iberos, decidieron explotar el repunte del viejo R&R y el doo-wop de los años cincuenta entre ciertos sectores de la juventud de aquella época; la idea era crear un grupo, al estilo Sha Na Na, que fuese capaz de interpretar una canción titulada “Sugar Baby Love”, que Bickerton y Waddington habían intentado presentar al Festival de Eurovisión y, posteriormente, ceder a otros grupos y músicos británicos, aunque no tuvieron éxito y la canción fue sistemáticamente rechazada. Ante este panorama, pero convencidos de que tenían un éxito potencial entre sus manos, grabaron la canción con músicos de sesión y un cantante, Paul Da Vinci, que se desmarcó muy pronto de este proyecto para iniciar su carrera en solitario. La banda creada en torno a la grabación de “Sugar Baby Love” acabó llamándose The Rubettes; estaba formada por Alan Williams, John Richardson, Mick Clarke, Tony Thorpe, Pete Arnesen y Bill Hurd. En este vídeo os podéis hacer a la idea de su aspecto y vestimenta: trajes blancos ajustados de estética inclasificable y boinas blancas o de colores, todo muy kitsch. Aunque aún deben continuar en activo, incluso con pleitos y demandas debido a la utilización del nombre del grupo, la época clásica fue la setentera, entre 1973 y 1980, cuando grabaron la mayor parte de sus discos; álbumes que no conozco porque siempre he escuchado a este grupo a través de sus recopilatorios (aquí tenéis uno), una buena manera de acercarse a The Rubettes. Hay quien dice que son un grupo one-hit wonder; yo no estoy muy de acuerdo porque tienen temas, como “Juke Box Jive”, “Tonight” o “I Can Do it” que, en España, sonaron mucho -ese al menos es mi recuerdo-, aunque ninguno tanto como “Sugar Baby Love”, canción que quizás recordéis de la película “La Boda de Muriel”; llegó a ser número uno en la lista de singles del Reino Unido y estuvo cuatro semanas entre los temas más escuchados del momento. Os recomiendo que prestéis atención a ese “Bop-shu-waddy”, a ritmo doo-wop, obsesivamente presente en toda la canción, y al falsete con el que comienza la canción, a cargo del mencionado Paul Da Vinci quien, paradójicamente, nunca llegó a formar parte de la banda.

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Canned Heat / Bryan Ferry / Status Quo. “Let’s Work Together”

Bryan Ferry disolvió Roxy Music en un par de ocasiones, la primera en 1976 y la segunda en 1983, desde el año 2011 han permanecido inactivos como banda. Ferry publicó dos álbumes en solitario cuando aún formaba parte de Roxy Music (“These Foolish Things”, 1973; y “Another Time, Another Place”, 1974) y el tercero, en 1976, cuando se separó de esta formación. Quiso rodearse, para la ocasión, de un plantel de músicos excelente: Chris Spedding (guitarra), Paul Thompson (batería), John Wetton (bajo), Chris Mercer (saxo), Mel Collins (saxo), Eddie Johnson (violín), etc.; lo tituló “Let’s Stick Together” e incluyó en él cinco canciones que ya había grabado con Roxy Music y seis versiones de temas debidos a Jimmy Reed, The Everly Brothers, The Beatles o Wilbert Harrison, entre otros. Precisamente, el título del Lp era el mismo que el de la primera canción, un boogie-blues compuesto por Wilbert Harrison que fue lanzado al mercado en 1962 por el propio autor, no con demasiado éxito (aquí lo tenéis). Harrison lo volvió a grabar en 1969, ya con el título de “Let’s Work Together” y algunos cambios en la letra. La canción alcanzó el número 32 en la lista Bilboard Hot 100, aunque quienes realmente triunfaron con este tema fueron los californianos Canned Heat; la publicaron como single y la incluyeron en su quinto álbum, “Future Blues” (1970), el último que contó con la formación clásica de la banda (Bob Hites, Alan Wilson, Harvey Mandel, Larry Taylor y Adolfo de la Parra). También en 1970 se editó la versión de los alemanes Electric Food, que formaba parte de un disco en el que también había otras versiones de temas conocidos, como “Whole Lotta Love” o “House of the Rising Sun”. Otros músicos que han versionado “Let’s Work Together” son Dwight Yoakam, Ry Cooder, John Mayall, Rafu Neal, Climax Blues Band, Leningrad Cowboys, The Treatment, George Throgood & The Destroyers, The Kentucky Headhunters o KT Tunstall, por mencionar algunos. El tercer vídeo destacado de hoy, que acompaña a los de Canned Heat y Bryan Ferry, está protagonizado por los británicos Status Quo; grabaron esta canción para su vigésimo trabajo de estudio, el titulado “Rock ‘Til You Drop” (1991).

Grandes canciones en versión española: La Orquesta Mondragón. “Rock & Roll Circus”

A finales de los años setenta un grupo español sorprendía en sus actuaciones en directo. Mezclaban el rock con espectáculos teatrales de cabaré llenos de provocación y surrealismo; los temas prohibidos durante la Dictadura eran sus preferidos: homosexualidad, sadomasoquismo, violencia doméstica, drogas, corrupción de menores, etc. Se hacían llamar La Orquesta Mondragón. El nombre, tal y como puede leerse en su página web, alude al hospital psiquiátrico de Mondragón, que estaba en el antiguo balneario de Santa Águeda, donde fue asesinado el político Antonio Cánovas del Castillo; para los guipuzcoanos, “enviar a alguien a Mondragon es equivalente a llamarle loco. El nombre del grupo pretende por tanto ser un elogio del espíritu de la locura con el que nació el grupo”. Salvador Domínguez, en su imprescindible libro Los Hijos del Rock. Los grupos hispanos 1975-1989 (Madrid: SGAE, 2004; págs. 519-528), señala que esta banda se fundó en 1976 en torno a Javier Gurruchaga, Pedro Ayesterán –Popotxo- y Cheli Lanzagorta; por mediación del productor Julián Ruiz, en 1979 ficharon por la discográfica EMI, en concreto los tres miembros que, entonces, conformaban La Orquesta Mondragón: Gurruchaga, Popotxo y el guitarrista José María Insausti, aunque hay que recordar que en sus performances había más músicos, sin ir más lejos Jaime Stinus, en gran medida responsable del sonido de la banda. Publicaron su primer álbum (“Muñeca hinchable”) ese mismo año y, antes de grabar el segundo (“Bon Voyage”, 1980), tal y como señala Salvador Domínguez, “EMI ofreció a Popotxo y a Insausti una cantidad de dinero a cambio de su renuncia a los derechos contractuales. Ellos accedieron, y Javier Gurruchaga quedó como único testaferro del tinglado”. En 1981, Jaime Stinus abandonó el proyecto; tal y como él mismo ha comentado, su relación con Javier Gurruchaga “era muy tormentosa. Cuando estás en la cresta de la ola todo es incandescente. Ahora nos respetamos” (consultado en el mencionado texto de Salvador Domínguez).

La Orquesta Mondragón continuó publicando discos (“Bésame tonta”, 1982; “Cumpleaños feliz”, 1983; y “¡Es la guerra!, 1984); en 1985 salió al mercado el álbum doble “Rock & Roll Circus”, un excelente trabajo en directo, grabado en Sevilla durante los días 25 y 26 de abril de 1985, en el que se recogían algunos de sus grandes éxitos (“Caperucita feroz”, “Viaje con nosotros”, “Bon Voyage”, “Ponte peluca”, etc.), algunos temas nuevos (“Lola, Lola”, “Es mi vida”, y “Rock & Roll Circus”) y las cuatro versiones que encabezan esta entrada: “Stand By Me”, el clásico de Ben E. King; “El hombre de los caramelos”, una adaptación del tema de Duke Ellington “Satin Doll”, con letra de Eduardo Hagro Ibars; “Back in the U.S.S.R.”, de John Lennon y Paul McCartney; y “Rock & Roll”, de Lou Reed. En cuanto a las versiones, en este disco no hicieron otra cosa que reflejar lo que era habitual en sus directos; en aquella ocasión interpretaron cuatro temas, pero la lista de clásicos del rock y de otros estilos versionados por esta banda es interminable: “Susie Q”, “Mi Delilah”, “Just a Gigolo”, “Imagine”, “Light my fire”, “Oh! Darling”, “Get Ready”, “Lady Madonna”, “Twist and Shout”, etc.