Vídeo

Marvin Gaye / Creedence Clearwater Revival / Amy Winehouse y Paul Weller.”I Heard it Through the Grapevine”

España es un país de chismorreos, pero no somos los únicos. En los Estados Unidos existe un modismo para referirse a este asunto que, curiosamente, se hizo más popular a raíz del tema “I Heard it Through the Grapevine” que diera a conocer Marvin Gaye en los años sesenta. Escuchar una cosa “a través de la vid” es algo así como enterarse de cualquier asunto escabroso o morboso, generalmente de tipo familiar o sentimental, por los cotilleos de la gente. La expresión tiene su origen en la intrincada red de telégrafos estadounidense, tan compleja y entrelazada como las vides, y en el sistema de comunicación oral que mantuvieron los esclavos norteamericanos durante la Guerra de Secesión. “I Heard it Through the Grapevine” nos cuenta la historia de alguien que sufre una traición sentimental y se entera de ello a través de los comentarios de otros. El tema fue compuesto por Norman Whitfield y Barret Strong para la discográfica Motown; los primeros en grabarla fueron Smokey Robinson & The Miracles, aunque el resultado no fue del gusto de Berry Gordy, dueño de esta compañía; es posible que los segundos en intentarlo fueran los Isley Brothers, aunque al parecer no se conservan registros. Marvin Gaye fue el siguiente; esta versión agradó a los compositores pero no a Berry Gordy, que empezó a hartarse de la canción. Aún así accedió a una nueva toma, en esta ocasión con Gladys Night & The Pipps, versión que fue aceptada por el magnate y publicada como single, con gran éxito, en septiembre de 1967. Mientras tanto, Norman Whitfield logró el visto bueno de Gordy para incluir la versión desechada de Marvin Gaye en su álbum “In the Groove” (1968); el éxito fue tal que eclipsó la versión de Gladys Night, se lanzó como single y obligó a una reedición de este Lp con el mismo título que el de la canción. En 1968 y 1969 se editaron nuevas versiones, como las de Ike & Tina Turner o The Temptations, pero la más importante de todas fue la de Creedence Clearwater Revival, de once minutos de duración, publicada en el quinto álbum de estudio de los californianos: “Cosmo’s Factory” (1970). Otras versiones interesantes son las de Joe Cocker, Fairport Convention, Emmerson Nogueira, Karen Souza, Michael McDonald, Foghat o Amy Winehouse, quien protagoniza el tercer vídeo destacado de hoy, un directo interpretado junto al músico británico Paul Weller.

Vídeo

Mercedes Sosa / Michel Camilo / Silvia Pérez Cruz. “Alfonsina y el Mar”

Mujeres Argentinas” es el título de un disco publicado en 1969, cuyas canciones fueron escritas en homenaje a algunas de las grandes mujeres de la historia argentina. Todos los temas fueron compuestos por el pianista Ariel Ramírez y por el historiador y escritor Félix Luna, mientras que la interpretación corrió a cargo de la cantante Mercedes Sosa. Según nos ha contado el propio Ariel Ramírez en este vídeo, Felix Luna acudió a él con cuarenta nombres de argentinas ilustres de los que acabaron seleccionando ocho, entre los que estaba el de la poetisa Alfonsina Storni, fallecida a los cuarenta y seis años, el 25 de octubre de 1938, cuando se suicidó en Mar de Plata arrojándose desde la escollera del Club Argentino de Mujeres. Unos años antes le habían detectado un tumor en un pecho que inicialmente pensaron que era benigno; las cicatrices de la operación, los fuertes dolores que padecía y, al parecer, algunos errores médicos incrementaron su temperamento nervioso y depresivo. Antes de suicidarse dejó escrito un poema titulado “Voy a dormir”, enviado al diario La Nación, que sirvió de inspiración a Felix Luna para escribir la letra de “Alfonsina y el Mar”, una de las canciones que formaron parte del mencionado disco de Mercedes Sosa. En el relato de Félix Luna, Alfonsina no se arroja desde una escollera sino que se interna lentamente en el mar hasta perder la vida: “Por la blanda arena que lame el mar su pequeña huella no vuelve más, un sendero solo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda”. “Alfonsina y el Mar” es una de las grandes canciones de la música popular argentina y, por supuesto, ha sido interpretada en multitud de ocasiones y por artistas de diferentes procedencias y géneros: Chabuca Granda, Alberto Cortez, Teresa Salgueiro, Maria do Ceo, Antonio Machín, Pedro Guerra, Los Panchos, Pasión Vega, Andrés Calamaro, Diego el Cigala, Los Pianos Barrocos, Arpas Fantásticas, Avishai Cohen, Patricia Kraus o Ane Brun, sólo por citar algunas versiones porque la lista es muy grande, sobre todo en el ámbito latinoamericano. Finalmente me he inclinado por Michel Camilo y por Silvia Pérez Cruz para acompañar a Mercedes Sosa, el primero desde el jazz y Silvia porque, ya os lo comenté en otra ocasión, es una de las mejores voces que existen dentro del panorama musical español.

Vídeo

J.D. Souther. “You’re only Lonely”

“You’re only Lonely” es una bellísima canción que nos habla de la Soledad, pero desde el punto de vista de quien espera preparado para consolar a alguien querido, para rescatarlo de esas noches que le torturan, de la vergüenza de sentirse solo, de la propia Soledad. Fue incluida en el tercer álbum del estadounidense John David Souther, conocido artísticamente como J.D. Souther, músico, cantautor y actor aún en activo. Grabó su primer disco en 1972 (“John David Souther”) y al año siguiente se unió al supergrupo Souther-Hillman-Furay Band, del que también formaron parte Richi Furay (Buffalo Springfield, Poco) y Chris Hillman (The Byrds, The Flying Burrito Brothers), una formación que se disolvió en 1975 después de haber grabado dos Lps. A partir de entonces retomó su carrera en solitario, primero con el álbum “Black Rose” (1976) y, posteriormente, con el que nos ocupa: “You’re only Lonely” (1979), un trabajo muy cuidado, de rock melódico con influencias country, en el que participaron un buen número de músicos, entre ellos algunos tan conocidos como David Sanborn (saxo), los Eagles Glenn Frey (guitarra), Don Felder (guitarra) y Don Henley (voz) o Jackson Browne, que pone su voz en el tema que hoy nos ocupa. Sin embargo, J.D. Souther es más conocido por escribir y co-escribir canciones muy conocidas de artistas tan famosos como Eagles (“Heartache Tonight”, “New Kid in Town” o “How Long”), Bonnie Raitt (“Run Like a Thief”) o Linda Rondstad (“Faithless Love” o “White Rhythm and Blues”), con quien estuvo unido sentimentalmente; también mantuvo romances con otras cantantes conocidas, como Stevie Nicks o Judee Sill. Ha colaborado en trabajos de otros artistas, como Don Henley o Cristopher Cross, participó en la producción del álbum “Roy Orbison and Friends: a Black and White Night” y ha actuado en algunas películas (“Postales desde el filo”, “Mi Chica 2” o “Deadline”) y series de televisión (“Treinta y tantos”). Con “You’re only Lonely” cosechó un gran éxito; es un tema que, de algún modo, rinde homenaje a Roy Orbison, uno de los artistas que más han influido en él; de hecho, esta canción guarda una cierta similitud con “Only the Lonely“, del mencionado Orbison, al menos eso me parece a mí, ¿qué opináis vosotros? Se han realizado algunas versiones, como las debidas a Raúl MaloSchuyler Fisk; también hay otra en español, que me reservo para otra ocasión.

Vídeo

Las Cinco Canciones de Pedro (V): “Mi agüita amarilla” (Los Toreros Muertos)

Le decía a Pedro el otro día, cuando me entregó la última canción, que me había emocionado al leer los recuerdos que acompañan a las cuatro primeras canciones; con la quinta he de confesar que se me han saltado las lágrimas, y no precisamente por la temática de la canción, con la que puedes romper a llorar, pero de risa. Pedro nos habla hoy de su llegada a Madrid, de cómo nos conocimos y de cómo nos divertimos en aquellos locos años ochenta. Hace casi un año os hablaba de “Mi agüita amarilla”, de los buenos recuerdos que conservo en torno a esta canción; Pedro nos ofrece su propia versión de la película, en la que desempeño un papel destacado y agitado. Ha sido una semana muy especial para mí, con muchos recuerdos que han aflorado gracias a estos bonitos relatos que, de manera sincera y elocuente, nos ha ofrecido Pedro. Un abrazo muy fuerte, amigo, espero que te hayas sentido cómodo y que la experiencia bloguera haya sido de tu agrado; una vez abierto el melón lo mismo te apuntas a cualquier otro sarao, en forma de colaboración, que se nos ocurra …

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

“Eran los años de la movida, y España conseguía su primera medalla olímpica, de plata, en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 84 cuando, por una triste circunstancia, una enfermedad, a mis 24 añitos, caí en Madrid, solo y desamparado, en medio de una ciudad enorme y desconocida.

Estando yo en esa situación tan triste, quizá por el destino, si es que existe, me crucé por la calle con una chica muy mona que se me quedó mirando. Mi primer pensamiento fue, cómo no, que en Madrid se ligaba más que en Vitoria, donde decíamos entre los lugareños, que “ligar en Vitoria, con una de Vitoria, era un milagro”. Pero una vez pasado mi ilusión inicial, me di cuenta que aquella chica me miró no por mis encantos, sino porque nos conocíamos de algo. Sí, sabía quien era, era la prima madrileña de un amigo de Vitoria, a la que conocía, pero tan solo de vista. Alguien conocido en Madrid, pensé. Mi salvación. Corrí tras de ella, la abordé, y me agarré a ella (en sentido figurado, claro), como un náufrago que encuentra un salvavidas en altamar.

Esto fue un rescate en toda regla. Con la simpatía y la generosidad que caracterizan a los madrileños (y las madrileñas, como diría un político), mi amiga Marta, me enseñó Madrid y compartió conmigo su familia, madre vitoriana incluida, y sus amigos, entre los que se encontraba un nutrido grupo de estudiantes de Farmacia.

Aquel grupo de farmacéuticos se convirtió rápidamente en mi “pandilla”, y dado que además me ennovié con una de las chicas del grupo, comencé a visitar con mucha frecuencia Madrid, donde al cabo de unos años me instalé. Hoy, después de casi 30 años de trabajar y vivir en esta enorme ciudad, soy un madrileño más, y me parece maravillosa.

Uno de los sitios que estaban de moda entonces, hasta que fue tomado por los “fachas” y se convirtió en un lugar peligroso, eran “Los Bajos de Aurrerá”. Solíamos ir allí con frecuencia, porque había un ambiente universitario muy animado, a tomar unas cervezas, con nocturnidad y alevosía.

Había varios locales que nos gustaban, pero cuando queríamos marcha, nos metíamos en uno muy molón, “El Ibiza”, completamente blanco, como no podía ser de otra manera. Cuando digo “nos metíamos”, es literal, porque dado el tamaño reducido del local, estaba siempre a tope, y había que entrar “apretando”.

La música que ponían allí era prácticamente toda española, estábamos en plena movida, aunque también ponían música algo más antigua. Nacha Pop, Los Secretos, Gabinete, Danza Invisible, Kaka de Luxe,… eran habituales.

Había canciones que eran mágicas, como apretar un botón, era sonar y toda la masa se ponía a bailar…,bueno a saltar más bien, como auténticos posesos. Era imposible resistirte, no eras tú, eras parte de la masa que saltaba al unísono, como un solo cuerpo, sudado, claro.

Pero, para mí, la canción que define mejor aquella época es “Mi agüita amarilla”, gran éxito de aquel loco grupo, “Toreros Muertos”, que con su animada música y su divertido texto, nos “colocaba”, sin porro, y nos llevaba a aquel estado de catarsis corporal y mental.

Pero, es que, además, esta canción me recuerda especialmente a uno de aquellos estudiantes de Farmacia, a mi amigo y colega Raúl. Me trae la imagen de un Raúl exultante y divertido, cantando a todo trapo, y saltando como un verdadero batusi.

Va por ti, amigo”.

Vídeo

Las Cinco Canciones de Pedro (IV): “Hotel California” (Eagles)

La de veces que le habré escuchado decir a Pedro: “ese disco lo teníamos en la residencia”, y yo pensaba: “menuda discoteca la de estos vascos”, porque todos los títulos eran a cual mejor, de esos que los buenos aficionados al rock consideramos como de tenencia y escucha obligada. Hoy nos habla de su época en la Residencia de Estudiantes de Ingeniería de Bilbao, de su “Sala de Música” y de su amigo Eduardo, un gran tipo al que conocí hace ya muchos años y al que no veo desde hace mucho tiempo. Por cierto, que aquí hay una anécdota muy buena, parecida a una que narró hace poco el amigo Salva en su blog, pero con bolsas de basura, que prefiero no contar por prudencia y, en todo caso, que sea el propio Pedro el que lo relate si le apetece. “Hotel California” fue la primera canción que elegí para iniciar esta sección de las Cinco Canciones, no lo dudé como tampoco lo ha hecho Pedro cuando ha querido acordarse de esta inolvidable etapa de su vida. Recordemos que “Hotel California” formó parte del quinto álbum de la banda estadounidense Eagles, titulado igual que la canción y publicado en 1976.

“Estaba yo por aquel entonces, a mis 17, tan despistado como lo está mi hijo Pablo hoy, a sus 17, pero tenía que tomar una decisión trascendental para mi vida: a qué me dedicaría profesionalmente. Tenía que elegir “carrera”. Era buen estudiante, no un lumbreras, pero trabajador, y quizás porque mi padre trabajaba en una fábrica de la que me hablaba con pasión, elegí Ingeniería Industrial, aunque no estaba muy convencido.

Esta elección conllevaba una condición, que yo en aquel momento veía como negativa, pero que, a la postre, fue estupenda. Había que ir a Bilbao, tenía que salir de casa. A pesar de que Bilbao está a escasos 70 kilómetros de Vitoria, lo escarpado del terreno, y el puerto de Barazar, hacía que el viaje durase demasiado, por lo que la opción elegida por todos era que me quedase a vivir en Bilbao.

Así fue como acabé mi primer año de universitario, en “La REI” (Residencia de Estudiantes de Ingeniería). Era un edificio independiente, alto, situado en las laderas del “Bocho”. Desde las ventanas de sus habitaciones individuales, con baño pero sin lujos, se veía al fondo la ría adornada por grúas, barcos y fábricas, y más cerca, justo debajo, una ciudad de color gris metálico. Todo ello muy acorde con la carrera que había elegido.

En aquel entonces la Escuela de Ingenieros de Bilbao estaba dominada por el OPUS, no era de su propiedad, pero había muchos profesores de La Obra, y la Residencia, que dependía de la facultad, estaba dirigida por un opusino muy elegante. A pesar de ello, la fauna de estudiantes que allí nos juntamos era muy variopinta, en cuanto a su procedencia, aspecto e ideario político.

Una de las zona comunes de la Residencia era “La Sala de Música”. La sala era más bien pequeña, con un “tocata” de una calidad aceptable, y unos estantes repletos de discos que, poco a poco, se habían ido comprando gracias a la única decisión democrática que se tomaba allí. Todos los meses se colocaba en el tablón de la sala una lista, donde cada uno podía proponer los discos, LPs claro está, y que después eran votados por los estudiantes, y la REI compraba los cuatro títulos ganadores.

En esa sala pasé muchas horas de aquel primer año de universidad, a dónde bajábamos con los apuntes, y decíamos que íbamos a estudiar. Y ahora, de vez en cuando, me sorprendo diciendo a mi hijo que “cómo puede estudiar con la música puesta”.

Allí, gracias a aquellos estudiantes veteranos que años atrás habían votado por aquellos discos tan maravillosos, pude descubrir muchos grupos y discos, que hasta el momento eran desconocidos para mí.

Entre ellos, Eagles, y su “Hotel California”, que los estudiantes del 76 votaron para que, yo en el 77, descubriera y amara para el resto de mi vida.

Así que, esta canción me recuerda a aquel año en el que desperté a tantas cosas importantes, y a mi Hermano Eduardo, al que conocí aquel maravilloso 1977″.