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Las Cinco Canciones de Antonio Mazuecos (IV): “Bamberas” (La Niña de los Peines)

Pastora María Pavón Cruz, más conocida como La Niña de los Peines (1890-1969), fue una cantaora de origen gitano; está considerada como una de las figuras más importantes que ha dado el flamenco. A los ocho años ya fue contratada para cantar en una caseta de la Feria de Sevilla, en sustitución de su hermano; debutó en 1901, en el madrileño Café del Brillante. Fue amiga de Manuel de Falla, Julio Romero de Torres o Federico García Lorca y compartió cartel con lo más granado del flamenco: Manolo Caracol, Antonio Chacón, Pepe Marchena, Ramón Montoya o Melchor de Marchena, entre otros. Tal y como señalan algunas fuentes, entre 1910 y 1950 grabó 258 cantes en discos de pizarra que, en 2004, fueron publicados bajo el formato cd. Su voz ha sido declarada como “bien de interés cultural” por la Junta de Andalucía. 

“La bambera sale de aflamencar el cante de columpio del folclore andaluz. Estos cantes eran conocidos como bambas o mecederos, y se hacían con la cadencia de la mecida. La Niña los Peines creó la bambera en compás de fandango. (Hasta aquí Wikipedia). Propongo este palo de Pastora Pavón por la grandeza que le confiere ella, y en lo personal porque siempre me recordó el habla prieta, cálida, salida de la entraña, de mis tías abuelas y sus vecinas de la vega de Granada ¡Ojo al ingenio del reproche de la última estrofa!, “… eres la iglesia mayor, donde todo el mundo entra, toíto el mundo menos yo”, que va de la donosura a la obscenidad, según se piense en la cabeza o en el sexo”.

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Las Cinco Canciones de Antonio Mazuecos (III): “Killing Me Softly With His Song” (Roberta Flack)

Las canciones pueden llegar a ser mágicas y los intérpretes videntes capaces de remover lo más profundo de nuestros sentimientos y recuerdos, de descubrir nuestras miserias y tristezas, como si nos estuvieran matando muy suavemente con su melodía. De eso nos habla “Killing Me Softly With His Song” (aquí podéis ver la letra, en español e inglés); este tema fue compuesto en 1971 por Charles Fox y Norman Gimbel, tomando como inspiración un poema de Lori Lieberman. La versión más conocida es la de la estadounidense Roberta Flack, con ella llegaría a ganar tres premios Grammy.

“A veces, en los primeros 70, imaginé ser el muchacho que la desnudaba con una canción en medio de la gente, aunque nadie más que ella se reconociera y no hubiese motivo para querer morirse más que conmigo”.

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Las Cinco Canciones de Antonio Mazuecos (II): “I’m a Believer” (The Monkees)

Antonio es algo mayor que yo, por eso no puedo explicaros cómo eran las discotecas a finales de los sesenta pero, a juzgar por lo que nos cuenta, no parecían lugares que se caracterizaran por su buen olor. No debería decirlo, más que nada para no dar pistas a las empresas farmacéuticas, pero la mezcla de tabaco, sudor y desodorante, “en su justo punto”, como dirían los Gomaespuma, tal vez sea el mayor afrodisíaco que jamás haya existido. “I’m Believer” es un tema compuesto por Neil Diamond para la banda estadounidense The Monkees, inicialmente creada para una serie de televisión del mismo nombre. El tema fue publicado en 1966 y fue todo un éxito.

“Un homenaje a las discotecas de los últimos 60, que entre la media hora lenta y la media rápida se cuajaban de sueños y vahos de piper, bisonte, sudor y rexona, de ellos y ellas. Por cierto, nada que ver este original ‘unplugged’ con el arreglo para la peli ‘Shrek’“.

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Las Cinco Canciones de Antonio Mazuecos (I): “Cuesta Abajo” (Carlos Gardel)

El otro día comentaba a un amigo que esta bitácora tiene bastantes seguidores procedentes del ámbito literario, blogueros que utilizan la palabra para algo más que comunicar cosas o divulgar conocimientos, como solemos hacer la mayoría de los que tenemos webs de temática musical; no sabéis la ilusión que me hace que lean las entradas que se publican en La Guitarra de las Musas. Los escritores profesionales suelen decir que lo importante para hacer literatura es la constancia, el trabajo y la disciplina, tener siempre presente que es como una actividad más, que requiere de una jornada laboral. Sin embargo, yo no comparto esa opinión; en mi caso, jamás podré escribir poesía, novela o teatro, tal vez sí podría intentarlo con el ensayo, al fin y al cabo es una actividad más próxima a los trabajos científicos y divulgativos, con los que estoy más familiarizado. Podría decirse que intento comunicarme por medio de la palabra escrita, trato de construir correctamente la frase, no cometer faltas de ortografía, poner puntos y comas; en definitiva, colocar las palabras de manera ordenada y precisa. Pero todo esto, aunque imprescindible y básico, no es suficiente para ser escritor, de la misma manera que no es suficiente afinar para ser cantante (aunque sí necesario) o saber poner los acordes para ser guitarrista. Uno se da cuenta de sus limitaciones cuando lee a invitados como el que nos va a acompañar durante esta semana, capaz de embellecer sus recuerdos con el arte de la palabra porque, al fin y al cabo, un escritor lo es no por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta, de la misma manera que el placer de viajar no está en el destino sino en el propio viaje.

A Antonio lo he perseguido hasta que no ha tenido más remedio que ponerse manos a la obra con las cinco canciones de su vida. Evidentemente, esto es algo que sólo podemos hacer con los miembros de nuestra familia, tal vez también con los amigos, con el resto siempre es más difícil. Antonio, espero que pases una buena semana en La Guitarra de las Musas, que te encuentres a gusto y disfrutes de esta experiencia; de la apertura de tu blog hablaremos después, con esto también te voy a seguir torturando.

Y comenzamos con “Cuesta Abajo”, un tango compuesto por Alfredo Le Pera (letra) y Carlos Gardel (música), interpretado por este cantante y actor que, ya en la entrada que dediqué a “El Día que me Quieras“, lo calificaba de idolatrado mito que forma parte del patrimonio nacional de tres países: Uruguay, Francia y Argentina. No os perdáis la letra, el arranque es arrebatador, una obra de arte: “Si arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido el dolor de ya no ser. Bajo el ala del sombrero, cuantas veces, embozada, una lágrima asomada ya no pude contener”.

“De mi niñez en los 50 y por inducción paterna, un tango. Sin duda, de Carlos Gardel. Valórese si no se da cierto aire con el maestro Gardel el exministro Soria, y por otro lado la desolación de la guapísima chica y la indolencia de las damas que escuchan. Género clave para la educación sentimental en el arrojo, la deserción y la nostalgia, y para la educación estética en el expresionismo, desde Lang o Lubitsch a Ford y Welles. El tango hay que tomarlo con prudencia, pues su fuerte contenido sexista (culto al macho, a la madre y a la mala) y populista, puede llevar a cualquiera a emocionarse en los mítines, o a tirarse en el diván del psicoanálisis; algo en lo que se dieron la mano Centroeuropa y Suramérica en el siglo XX”.

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David Bowie. “Heroes”

¿Quién no ha soñado alguna vez con la posibilidad de ser un héroe, aunque sólo fuera por un día? ¿Quién no ha sentido la necesidad de aparcar miedos, complejos y convencionalismos sociales, mandarlo todo a mejor vida, aunque fuera sólo por un día? Que levante la mano el que se haya comportado como un valiente durante toda su vida. Si hay algún héroe entre vosotros la letra de esta canción os va a parecer una tontería, en ese caso siempre os podéis quedar con la música que es también excelente. Al resto de mortales que leáis este blog os aconsejo que os dejéis seducir por este esperanzador himno al amor y la valentía, al igual que han hecho miles de personas desde que este tema fuera lanzado al mercado en 1977. En aquel año, David Bowie vivía en Berlín, ciudad a la que había llegado procedente de Suiza con el ánimo de desintoxicarse o, cuando menos, reducir su consumo de cocaína; pero también con el propósito de buscar nuevos proyectos vitales, artísticos y profesionales con los que satisfacer su ansia creadora; así, tras sus etapas de formación jazzística, el R&R, la psicodelia, el glam rock o el funk, tocaba marcarse unos nuevos objetivos. Lo conseguiría gracias a su gran talento y al apoyo de músicos como Brian Eno o Iggy Pop, quienes le ayudaron a iniciar en Berlín un nuevo proyecto, más intelectual, basado en el rock experimental, la instrumentación electrónica y algo que algunos especialistas han venido en denominar art rock. Esta colaboración berlinesa con Brian Eno fructificó en tres álbumes de estudio: “Low” (1977), “Heroes” (1977) y “Lodger” (1979). En “Heroes” participaron músicos como el ya mencionado Brian Eno, Carlos Alomar o el mismísmo Robert Fripp, líder de King Crimson, que contribuyó como guitarrista en la grabación de este interesante disco. La tercera canción de la cara A se titula igual que el Lp; la letra está escrita por Bowie, mientras que en la música también intervino Eno. Durante mucho tiempo Bowie mantuvo que la historia de esta canción estaba basada en una pareja de enamorados que se besaban junto al muro de Berlín, probablemente un amor imposible a merced de cualquier acto heroico que pudiera reivindicarlo. Sin embargo, bastantes años después, Bowie confesaría que la inspiración para escribir la canción no procedió de aquella pareja sino de su propio productor musical, Tony Visconti, protagonista de un encendido romance con la alemana Antonia Maass cuando Tony seguía casado con la cantante galesa Mary Hopkin. Hace poco tuve la oportunidad de ver la interesante película “Las ventajas de ser un marginado“, en la que esta canción desempeña un rol principal; y una serie, “Vinyl“, con un capítulo en recuerdo de David Bowie (aquí podéis ver un fragmento), artista fallecido en enero de 2016.