Si hace unos meses ponía a Steely Dan como ejemplo de grupo cuyo hábitat natural era el estudio de grabación, los californianos The Grateful Dead representan lo contrario, es decir, estamos ante una banda cuyas principales virtudes siempre lucieron mejor en sus numerosas actuaciones en directo y, por supuesto, en sus discos en vivo. Esta banda fue creada en 1965 con el nombre de The Warlocks, aunque pronto tendrían que abandonarlo por pertenecer a otra, la que finalmente sería conocida como The Velvet Underground. Estuvieron en activo hasta 1995, año en que falleció su líder Jerry García, nieto de un coruñés emigrado a los Estados Unidos. “The Dead”, como habitualmente eran conocidos por sus fieles seguidores, fueron un grupo realmente singular. En primer lugar por su ecléctico estilo, un cocktail –convenientemente mezclado, no agitado, como diría James Bond- de rock, folk, pop, blues e, incluso, country, rectificado de sabor y textura gracias a la emanaciones psicodélicas que habitualmente acompañaban a esta formación. En segundo lugar por el concepto familiar o comunal que tenían del grupo y sus actividades; sus seguidores, conocidos como “Deadheads”, eran casi una familia, seguían a la banda allá donde actuara, grababan los conciertos con su beneplácito y bien podría decirse que eran de los aficionados más fieles y entusiastas que había en aquellos años hippies; os recomiendo la película “La música nunca dejó de sonar” (2011), la historia de un enfermo de tumor cerebral que sólo reacciona ante la música rock de los Dead y de otros grupos de la época. La tercera característica que hacía de The Grateful Dead una banda singular era, como ya hemos comentado, su apego por el directo, lo que les llevaría a crear su propia infraestructura de sonido, su “Wall of Sound”, un grandioso sistema -especialmente diseñado para ellos- de más de veintiséis mil vatios de potencia, capaz de abarcar cuatrocientos metros y con un excelente sonido a menos de ciento ochenta metros. “Truckin’” es el tema con el que se cerraba su disco “American Beauty” (1970), uno de sus mejores trabajos de estudio; aquí tenéis la versión original de esta canción, no obstante, como no podía ser de otra manera, yo he optado por una de sus versiones en directo. La versión de estudio duraba poco más de cinco minutos, ésta más de doce; así eran los conciertos de esta banda, pura improvisación alucinatoria.
Categoría: Rock psicodélico
The Doors. «Riders on the Storm»
La primera vez que recomendé una canción de los Doors a mis amigos de Facebook (entonces no tenía blog) comentaba que ésta es una de las bandas más influyentes en la historia del rock; su propuesta musical, entre la psicodelia y el blues-rock, ha dejado una huella bien reconocible en grupos que vendrían después. Comenzaron su andadura en 1965 y, entre 1967 y 1971, crearon uno de los legados más importantes que se recuerdan; fueron seis discos de estudio, a cual mejor, todos ellos absolutamente imprescindibles: «The Doors» (1967), «Strange Days» (1967), «Waiting for the Sun» (1968), «The Soft Parade» (1969), «Morrison Hotel» (1970) y «L.A. Woman» (1971). Lamentablemente, el 3 de julio de 1971 fallecía en extrañas circunstancias su figura más carismática, Jim Morrison. El grupo continuó sin él durante unos años, incluso grabaron algún disco más, pero lo cierto es que ya nunca fue lo mismo, evidentemente The Doors no podían seguir existiendo sin Morrison. Siempre me he sentido cautivado por el sonido de este grupo, por ese inquietante halo de misterio que no era tanto responsabilidad de su cantante como del teclista de la banda: Ray Manzarek, un verdadero innovador de técnicas y sonidos gracias al uso de su «Fender Rhodes Piano Bass», el teclado que llegaba a sonar como un bajo, supliendo de esta manera a ese instrumento en las actuaciones en directo; recordemos que los Doors eran una banda de rock sin bajista, aunque recurrieran a algún profesional en sus discos de estudio. Probablemente Jim Morrison fue la imagen, incluso el alma de este grupo, pero el artífice de ese sonido Doors tan hipnótico y peculiar fue Ray Manzarek. Hace algunos meses me ocupé de su primer éxito, «Break on through»; hoy le toca el turno a su último gran tema, «Riders on the Storm» («L.A. Woman», 1971). Se ha especulado mucho sobre el significado de la canción (hay teorías de todo tipo), en esta ocasión prefiero quedarme con su inquietante música y con el genio de Manzarek, que consigue que salgamos aterrados y mojados tras el paso de esta tormenta de siete minutos. Una curiosidad, este tema está basado en un clásico del country: «Ghost Riders in the Sky», de Stan Jones; aquí lo tenéis en la voz de Johnny Cash.
The Rolling Stones / Rick Wakeman / M Clan. «Paint it Black»
Si la canción protagonista de la última entrada fue la antibélica “Querida Milagros”, de El Último de la Fila, hoy nos ocupamos de uno de los temas que más me gustan de los Rolling Stones, “Paint it Black” (1966), habitualmente asociado a la Guerra del Vietnam por su inclusión en videojuegos, series y, sobre todo, películas –la más conocida es “La Chaqueta Metálica”, del gran maestro Stanley Kubrick- asociados a este conflicto bélico. Sin embargo la canción no habla de la guerra, sino de dolor y desesperación por la pérdida de alguien querido, donde lo negro simboliza la muerte y se repite de manera obsesiva; al parecer la idea la tomaron de los funerales de la Reina Victoria, cuando se pintaron puertas y rejas de ese color. Fue compuesta por Keith Richards y Mick Jagger, aunque intervinieron en ella todos los miembros del grupo, que aceleraron la canción e introdujeron algunos de sus elementos más característicos, como el hipnótico riff de sitar de Brian Jones y la enérgica batería de Bill Wyman, con esa entrada inolvidable al comienzo de la canción. Existen muchas versiones debidas a grupos de Hard y Metal, como las de W.A.S.P., Anvil, Type O Negative, The Black Dahlia Murder o, incluso, Deep Purple; sin embargo, me he decidido por otra instrumental francamente sorprendente, la debida al ex miembro de la banda de rock progresivo Yes, Rick Wakeman, uno de mis teclistas preferidos. La última tenía que ser para un grupo español; bien podría haber sido la de Los Salvajes o, incluso, la de Medina Azahara, pero ese “Todo negro” de M Clan, grabado en directo (“Sin enchufe”, 2001), creo que aún sigue estando en la memoria de todos.
The Yardbirds. «Heart full of soul»
Entre la pléyade de grupos británicos, pioneros de estilos musicales como el blues rock, el rock psicodélico y el hard rock, hay uno que tuvo en su nómina a tres de los guitarristas más grandes. Me estoy refiriendo a The Yardbirds, banda que funcionó entre 1963 y 1968 -en 1992 volvió a reactivarse-; al guitarrista original, Anthony «Top» Topham lo sustituyó, en octubre de 1963, Eric Clapton y a éste Jeff Beck, cuando «Mano lenta» formó Cream; al retirarse de la banda el bajista Samwell-Smith fue reemplazado, de manera provisional, por Jimmy Page quien, durante una tiempo, compartió cartel con Jeff Beck, aquél al bajo y éste a la guitarra. En 1966 Beck abandona el grupo, quedando Page como guitarra solista. 1968 se disuelve el grupo y es entonces cuando Jimmy Page crea «The New Yardbirds», nombre que hubo que abandonar -probablemente por problemas legales- dando paso Led Zeppelin. «Heart full of soul» es un tema de rock psicodélico temprano, con toques beat, que fue grabado por Jeff Beck, aunque en esta actuación, como bien puede apreciarse, ya estaba Jimmy Page.
The Beatles / Deep Purple / Tina Turner. «Help»
Hoy tengo que regañarme por no haber puesto antes a The Beatles, uno de los grupos más influyentes de la música moderna y de los que cuentan con más versiones de sus temas. «Help» apareció en 1965, en el álbum homónimo, una canción en la que John Lennon, autor de la letra, trató de expresar su desasosiego ante el fulgurante éxito que tuvo el grupo durante sus primeros años. Tres años más tarde era incluida en el primer disco de Deep Purple, «Shades of Deep Purple», con cierto aire psicodélico, tocada más lenta (en realidad, como Lennon siempre quiso) y con una duración de seis minutos, más del doble de la que tenía la original. Siendo los Purple una de mis debilidades (incluso en su primera época), hay otra versión de esta canción que me parece magistral, para mi gusto la mejor que se ha hecho y de las mejores que existen a partir de temas de los Beatles; me refiero a la de Tina Turner, una propuesta plena de fuerza, sentimiento y ganas de comunicar (dedicada a Marta, del blog «We are Rock«).