The Surfaris / The Ventures / The Queers. “Wipe Out”

El surf es un estilo musical que surgió en las playas de California a comienzos de los años sesenta, con el sol, la arena, las tablas de surf y las carreras de coches como protagonistas de estas canciones. La vertiente más pop tiene a los Beach Boys como principales estandartes, mientras que el surf rock, generalmente instrumental, está bien representado por músicos como Dick Dale (guitarrista del que nos ocuparemos en otra ocasión) o los dos grupos que encabezan esta entrada: The Surfaris y The Ventures. Los primeros se crearon en 1962 y publicaron su primer single al año siguiente; tenían una de las dos canciones (“Surfer Joe”), pero necesitaban la cara B, por lo que se pusieron a escribir una sobre la marcha. Tomando como referencia el tema “Bongo Rock” del percusionista estadounidense Preston Epps, los cuatro miembros de la banda (Ron Wilson, Jim Fuller, bob Berryhill y Pat Connolly) compusieron una acelerada y animada melodía instrumental con la batería y la guitarra como protagonistas, a la que al principio añadieron un sonido como de tabla de surf rota y una risa maníaca que hacía alusión a lo que, en el argot surfero, se conoce como una aparatosa caída de la tabla: “ja, ja, ja, ja, ja, wipe out”. Unos meses después fue grabada por The Ventures, una longeva formación (comenzaron en 1958) que aún continúa en activo, y por otras formaciones como The Saints, Bud Ashton and His Group, Ray Barretto o The Challengers, aunque se hicieron más en años posteriores. A partir de la década de los ochenta se incrementó la fuerza rockera e, incluso, fue versionada por algunos grupos punk, como los norteamericanos The Queers, protagonistas del tercer vídeo destacado de hoy; la incluyeron en su álbum “Acid Beaters” (2003). También me parecen interesantes la del guitarrista Gary Hoey, la de Nedy Gray, la de Phantom Planet y, por supuesto, la de los madrileños Los Coronas, que suelen tocar en directo unida a otros temas (este vídeo comienza con “Maremoto” y, a partir del minuto 3:06, suena “Wipe Out”). Los Beach Boys también hicieron su versión, pero fue en 1987, junto al trío de hip hop The Fat Boys; no sé qué os parecerá a vosotros, a mí ese ritmo rap-pop no acaba de convencerme. “Wipe Out” ha sido utilizada en el cine, en películas como “Toy Story 2”, “Dirty Dancing”, “Estrella Oscura” o “The Sandlot”, por mencionar algunas.

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The Kingsmen / Motörhead / Joan Jett & the Blackhearts “Louie Louie”

A comienzos de los sesenta el rock and roll era un fenómeno musical y cultural extendido por todo el mundo, manejado por las compañías discográficas a su antojo. Había muchos solistas y grupos que se dedicaban profesionalmente a cultivar este género, respaldados con buenos medios técnicos y una óptima calidad de sonido. Sin embargo, los chavales más jóvenes se encontraban más a gusto con un R&R más pasional y menos virtuoso, reivindicando así lo que ellos consideraban el verdadero espíritu rebelde del R&R. Algunos de estos adolescentes y jóvenes norteamericanos formaron sus propias bandas, grupos generalmente amateurs que solían ensayar en los garajes de los domicilios familiares; apostaron por un R&R enérgico y muy sencillo, ya que la mayoría de ellos no tenía formación musical, en ocasiones algo distorsionado, con unos estribillos pegadizos que intentaban ocultar lo elemental de su propuesta. Con el paso de los años, cuando este movimiento juvenil declinó, a finales de los sesenta, acabaría siendo bautizado como “garaje rock“. Esta corriente musical fue fundamental en el nacimiento del punk, a mediados de los setenta, por eso no es de extrañar que muchas bandas de punk y proto-punk versionen temas típicamente garajeros. Si hay una canción representativa de este estilo esa es “Louie Louie”, escrita por Richard Berry en 1955 (éste es el original), en la que se nos cuenta la historia de un pescador que regresa a Jamaica para reencontrarse con su amada. La versión más famosa es la de los Kingsmen, de 1963, una interpretación que acabó dando lugar a una investigación del F.B.I. por presunta obscenidad en la letra de la canción; un delirio más del puritanismo estadounidense que nos detalla el compañero Pere, en su blog Lo que surja records. Otra versión muy garajera es la de Paul Revere & The Raiders, del mismo año; de la misma época (1964) es la muy conocida de los Kinks; los Beach Boys también la hicieron suya, al igual que The Ventures. Algunas interpretaciones de este tema apuntaron hacia el soul y el funky, como las de Otis Redding, Ike & Tina Turner o Stanley Clarke & George Duke; otras hacia el hard rock o el blues-rock, es el caso de las debidas a The Flamin’ Groovies, Grateful Dead, Led Zeppelin, Robert Plant o la segunda destacada de hoy, la del grupo Motörhead, publicada como sencillo en 1978; pero las de corte punk y proto-punk son legión: The Troggs, The Sonics, Patti Smith, The Clash, Iggy Pop, Johnny Thunders, The Stooges, The Sister of Mercy, Black Flag o Joan Jett & The Blackhearts, que podemos escuchar en el tercer vídeo de esta entrada. Por supuesto, existen más versiones, algunas tan alocadas e inclasificables como la de The Mothers of Invention.

Las Cinco Canciones de Pedro (V): “Mi agüita amarilla” (Los Toreros Muertos)

Le decía a Pedro el otro día, cuando me entregó la última canción, que me había emocionado al leer los recuerdos que acompañan a las cuatro primeras canciones; con la quinta he de confesar que se me han saltado las lágrimas, y no precisamente por la temática de la canción, con la que puedes romper a llorar, pero de risa. Pedro nos habla hoy de su llegada a Madrid, de cómo nos conocimos y de cómo nos divertimos en aquellos locos años ochenta. Hace casi un año os hablaba de “Mi agüita amarilla”, de los buenos recuerdos que conservo en torno a esta canción; Pedro nos ofrece su propia versión de la película, en la que desempeño un papel destacado y agitado. Ha sido una semana muy especial para mí, con muchos recuerdos que han aflorado gracias a estos bonitos relatos que, de manera sincera y elocuente, nos ha ofrecido Pedro. Un abrazo muy fuerte, amigo, espero que te hayas sentido cómodo y que la experiencia bloguera haya sido de tu agrado; una vez abierto el melón lo mismo te apuntas a cualquier otro sarao, en forma de colaboración, que se nos ocurra …

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

“Eran los años de la movida, y España conseguía su primera medalla olímpica, de plata, en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 84 cuando, por una triste circunstancia, una enfermedad, a mis 24 añitos, caí en Madrid, solo y desamparado, en medio de una ciudad enorme y desconocida.

Estando yo en esa situación tan triste, quizá por el destino, si es que existe, me crucé por la calle con una chica muy mona que se me quedó mirando. Mi primer pensamiento fue, cómo no, que en Madrid se ligaba más que en Vitoria, donde decíamos entre los lugareños, que “ligar en Vitoria, con una de Vitoria, era un milagro”. Pero una vez pasado mi ilusión inicial, me di cuenta que aquella chica me miró no por mis encantos, sino porque nos conocíamos de algo. Sí, sabía quien era, era la prima madrileña de un amigo de Vitoria, a la que conocía, pero tan solo de vista. Alguien conocido en Madrid, pensé. Mi salvación. Corrí tras de ella, la abordé, y me agarré a ella (en sentido figurado, claro), como un náufrago que encuentra un salvavidas en altamar.

Esto fue un rescate en toda regla. Con la simpatía y la generosidad que caracterizan a los madrileños (y las madrileñas, como diría un político), mi amiga Marta, me enseñó Madrid y compartió conmigo su familia, madre vitoriana incluida, y sus amigos, entre los que se encontraba un nutrido grupo de estudiantes de Farmacia.

Aquel grupo de farmacéuticos se convirtió rápidamente en mi “pandilla”, y dado que además me ennovié con una de las chicas del grupo, comencé a visitar con mucha frecuencia Madrid, donde al cabo de unos años me instalé. Hoy, después de casi 30 años de trabajar y vivir en esta enorme ciudad, soy un madrileño más, y me parece maravillosa.

Uno de los sitios que estaban de moda entonces, hasta que fue tomado por los “fachas” y se convirtió en un lugar peligroso, eran “Los Bajos de Aurrerá”. Solíamos ir allí con frecuencia, porque había un ambiente universitario muy animado, a tomar unas cervezas, con nocturnidad y alevosía.

Había varios locales que nos gustaban, pero cuando queríamos marcha, nos metíamos en uno muy molón, “El Ibiza”, completamente blanco, como no podía ser de otra manera. Cuando digo “nos metíamos”, es literal, porque dado el tamaño reducido del local, estaba siempre a tope, y había que entrar “apretando”.

La música que ponían allí era prácticamente toda española, estábamos en plena movida, aunque también ponían música algo más antigua. Nacha Pop, Los Secretos, Gabinete, Danza Invisible, Kaka de Luxe,… eran habituales.

Había canciones que eran mágicas, como apretar un botón, era sonar y toda la masa se ponía a bailar…,bueno a saltar más bien, como auténticos posesos. Era imposible resistirte, no eras tú, eras parte de la masa que saltaba al unísono, como un solo cuerpo, sudado, claro.

Pero, para mí, la canción que define mejor aquella época es “Mi agüita amarilla”, gran éxito de aquel loco grupo, “Toreros Muertos”, que con su animada música y su divertido texto, nos “colocaba”, sin porro, y nos llevaba a aquel estado de catarsis corporal y mental.

Pero, es que, además, esta canción me recuerda especialmente a uno de aquellos estudiantes de Farmacia, a mi amigo y colega Raúl. Me trae la imagen de un Raúl exultante y divertido, cantando a todo trapo, y saltando como un verdadero batusi.

Va por ti, amigo”.

 

Las Cinco Canciones de Rockologia (IV): “Un papel morao y un submarino amarillo” (Manolo Kabezabolo)

Manolo Kabezabolo es el nombre artístico del zaragozano Manuel Méndez Lozano, podríamos decir que un cantautor punk de letras descaradas, sencillas y explícitas. Sacó su primera maqueta en 1990, publicó su primer disco en 1995 y aún sigue en activo, aunque también estuvo internado en un centro psiquiátrico de Madrid víctima de un ataque esquizofrénico. La historia que hoy nos cuenta Rockologia es muy divertida y está muy bien contada, tan sólo os adelanto que es un relato romántico, todo lo romántico que puede ser “Un papel morao y un submarino amarillo” ¿Diríais vosotros que es una buena canción para ligar? ¿En qué se parece un papel morao a un submarino amarillo? ¿Son compatibles los Beatles y Manolo Kabezabolo?

“Colocar una canción de Manolo Kabezabolo en este blog de tan buen gusto es como pegar un moco en la pantalla, soy consciente, pero no puedo dejar de incluir esta canción aquí. Gracias a ella besé por primera vez a la mujer que se convirtió en MI mujer (machistas, aplauso). Tranquilidad, que en el fondo os va a inundar el romanticismo. Para quienes no lo sepáis, Manolo Kabezabolo lanzó en 1995 una casete autoproducida con canciones irreverentes y simplísimas, con su voz y una guitarra, un personaje que vivía la mitad del año entrando y saliendo de un psiquiátrico. La letra retrata en parte la vida que yo llevaba por entonces: pillar, beber, fiesta. Nos caló al grupo de amigos y aburríamos al personal con ella. A mí me gustaba una chica mucho y coincidimos en una fiesta casera, donde el personal llevaba casetes y cedés que sonaban al gusto de quien era capaz de ponerlos y quitarlos. Sonó “Un papel morao” y yo hablaba con esta chica: era muy mona y un tanto pija y odiaba el rollo que llevábamos con esta cantinela, así que discutimos cordialmente. A algún animal sin gusto se le ocurrió que era buena idea poner “Yellow submarine” de The Beatles justo detrás de este energúmeno, y ella dijo, cómo no, que eso sí era una canción. Yo, cantarín, me esforcé en canturrear la letra de “Un papel morao” con la melodía del submarino. A ella le dio tal ataque de risa que acabó abrazándome. Ahora poned un centenar de velas y una luna gigantesca al fondo y ya está la escena melosa. En ese momento nos besamos. No fue espectacular, vale, ni largo, pero una tarjeta de presentación. Ahí empezó todo. Esa canción de Manolo KabezaBeatle, el submarino morao, cambió mi vida de la manera más estúpida y casual posible. Ahí os la dejo. Barman póngame un DYC”.

 

The Pretenders. “Kid”

Si preguntáramos por The Pretenders a cualquier aficionado a la música pop medianamente informado, lo más probable es que nos contestase que ese es el grupo de Chrissie Hynde. Y, en efecto, así ha sido desde su creación en 1978 hasta la actualidad, pues creo que aún continúan en activo. Sin embargo, los dos primeros discos de esta banda –sobre todo el primero- fueron mucho más que Chrissie Hynde. The Pretenders acabaron inclinándose, como muchas formaciones ochenteras, por un rock melódico que se alimentaba de las buenas canciones de esta artista, líder absoluto de la banda; a pesar de todo, su álbum de debut (“Pretenders”, 1980) es uno de los mejores discos de New Wave que conozco, bastante rockero y con un sabroso aderezo punk, más evidente en la estética que en la propia música. Los responsables de este excelente trabajo fueron el bajista Pete Farndon, el batería Martin Chambers, el interesantísimo guitarrista James Honeyman-Scott -en gran medida el responsible de esos cambios de ritmo y esos riffs tan creativos y singulares- y, por supuesto, la norteamericana Chrissie Hynde, la vocalista y autora de todas las canciones. A finales de 1981, en pleno éxito musical de esta banda, la relación de Pete Farndon –ex novio de Hynde- con el resto de compañeros fue deteriorandose a causa de las drogas, lo que llevó a su expulsión del grupo en 1982. Mientras tanto, el guitarrista Honeyman-Scott había aprovechado las últimas giras para dedicarse a la misma peligrosa actividad que su compañero; murió el 16 de junio de 1982, apenas dos días después de la expulsión de Farndon, debido a un paro cardiaco ocasionado por una sobredosis de cocaína. Meses después, cuando trataban de recomponer la banda, fallecía Pete Farndon, ahogado en una bañera tras perder el conocimiento por una inyección de heroína. El siguiente disco (“Learning to Crawl”) lo sacaron en 1986 y, desde entonces, los cambios en la formación de The Pretenders han sido continuos. Volviendo a su primer trabajo (aquí podéis escuchar el disco entero), está lleno de buenas canciones: “Precius”, “Tattoed Love Boys”, “Stop your Sobbing”, “Brass in Pocket” y mi preferida: “Kid”, una hermosa balada que ha tenido alguna versión interesante, como ésta debida al dúo inglés Everything but the Girl publicada en su álbum “Love Not Money” (1985).