Gato Pérez. “Gitanitos y morenos”

Xavier Patricio Pérez Álvarez, más conocido como Gato Pérez, nació en Buenos Aires (Argentina), el 11 de abril de 1951. Llegó a España siendo aún un adolescente; se instaló con su familia en Barcelona, en un momento cultural especialmente interesante para esta ciudad. Acabó incorporándose al movimiento conocido como música layetana, establecido en torno a la Vía Layetana y la sala Zeleste, un entorno en el que la música fue protagonista (en esta entrada hablábamos de ello). Según nos cuenta Àlex Gómez-Font en su libro Barcelona, del rock progresivo a la música layetana y Zeleste (Lleida: Milenio, 2011; pág. 103), el término “música layetana” u “Ona laietana” fue sugerido por Gato Pérez, tras acudir a un concierto de Jaume Sisa: “El concierto de Sisa le hizo caer en la cuenta de que estaba surgiendo un interesante movimiento musical en torno a Zeleste y todo lo que era la Vía Layetana, una zona donde se respiraba un ambiente de fiesta y libertad”. Tras experimentar en grupos de country-rock como Slo-blo y de jazz-rock como Secta Sónica, Gato Pérez descubrió la rumba catalana en las fiestas de Gracia de 1977 y, a partir de entonces, abandonó sus proyectos anteriores para centrarse en este género, hasta entonces dominado por figuras como Peret o Antonio González “El Pescaílla”. Su primer álbum se tituló “Carabruta” (1978), el segundo “Romesco” (1979) y el tercero -tal vez el más conocido y exitoso de este artista- “Atalaya” (1981), en el que se incluyó nuestra canción protagonista de hoy. Aunque tal vez con menor repercusión, continuó grabando discos, con su salud seriamente amenazada por un infarto sufrido en 1981; falleció el 18 de octubre de 1990, cuando tan sólo tenía treinta y nueve años, a causa un nuevo infarto agudo de miocardio. Gato Pérez dignificó y revitalizó la rumba catalana, sometiéndola a un mestizaje enriquecedor y poético; en palabras de Àlex Gómez-Font,

“Gato cogió este género, lo renovó totalmente y lo vistió con un lenguaje nuevo. Entre sus aportaciones destacan las letras, que hablan de cosas cotidianas, a la vez que incorpora todo lo referente al mestizaje, canta a la Barcelona cosmopolita y compone unas letras que son auténtica poesía. En el aspecto musical la rumba se viste con matices más eléctricos con la aportación de músicos como Agustí Fernández, giros más latinoamericanos y podríamos añadir que la fusiona con el rock y, en menor medida, con el bolero”

Àlex Gómez-Font, Álex. Del rock progresivo a la música layetana y Zeleste. Lleida: Milenio, 2011; págs. 121-122.

Y que mejor tema para recordar a este músico que “Gitanitos y morenos”, incluido en el ya mencionado “Atalaya”, producido por Ricardo Miralles, arreglista habitual de Joan Manuel Serrat. Según nos cuenta Ramón González en la web La Fonoteca, esta canción fue compuesta por Gato Pérez y Paco Gijón a partir de una anécdota del músico cubano Mayito Fernández, quien solía asociar el talento musical con el color de la piel. No puedo acabar sin recomendaros la versión de “Gitanitos y morenos” a cargo de La Orquesta Platería, otra de aquellas bandas que poblaron la ecléctica y multicultural escena layetana.

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