Quienes seguís estas entradas dedicadas al rock progresivo seguro que os habréis dado cuenta que, además de los grandes clásicos del género, tengo especial predilección por los pioneros de este estilo, cuando aún se llamaba rock sinfónico y predominaban en él los sonidos melódicos próximos al pop barroco, los arreglos orquestales sinfónicos, la melancolía que lograban transmitir con instrumentos como el órgano, y esa manera de cantar, cálida y sensible, que solían tener los vocalistas de estas formaciones. Aquí hemos hablado de bandas englobables dentro de estos parámetros estilísticos, como The Moody Blues, Procol Harum, Beggar’s Opera, Barclay James Harvest o Czar; hoy traemos a los británicos Cressida, no excesivamente conocidos entre el gran público, aunque algo más entre los seguidores del rock progresivo temprano.
Los orígenes de esta banda se remontan al año 1968, cuando el vocalista Angus Cullen y el guitarrista John Heyworth entraron a formar parte de la banda The Dominators; a ellos se unieron, ya bajo el nombre de Charge, Lol Coker (órgano), Kevin McCarthy (bajo) e Ian Clark (batería). Iniciaron su andadura musical haciendo versiones de Spirit, The Doors o The Drifters, que alternaban con temas propios, compuestos por Cullen y Heyworth. A comienzos de 1969 ya se llamaban Cressida, nombre probablemente inspirado en “Troilo y Crésida”, la obra de Shakespeare. Con este nombre, tras intentar triunfar (o ganarse la vida) en países como Suiza o Alemania, consiguieron firmar con Philips Records, a través del recién creado sello Vertigo Records, especializado en rock progresivo. Sólo publicaron dos álbumes (“Cressida”, 1970 y “Asylum, 1971) y, salvo algún evento concreto, como cuando fueron teloneros de Black Sabbath en un concierto celebrado en Bruselas, sobre todo tocaron en el circuito universitario londinense y en clubes de la capital británica. Mientras que en el primer álbum predominan los temas cortos, entre el pop y el rock sinfónico melódico, en el segundo disco se incluyeron algunas composiciones más largas y esencialmente progresivas, como “Let Them Come When They Will” y “Munich”, mis temas preferidos de Cressida.
El primero -por momentos jazzístico-canterbury, al estilo Caravan– fue compuesto por John Heyworth, aunque este músico no llegaría a tocar en “Asylum” porque abandonó la banda a comienzos de 1970; fue sustituido por John Culley, que fue finalmente el guitarrista que tocó en este Lp. El corte titulado “Munich” fue compuesto por el teclista Peter Jennings quien, en verano de 1969, había sustituido a Lol Coker. Para septiembre de 1970, la banda ya se había separado; Ian Clarke se incorporó a Uriah Heep, Kevin McCarthy a la banda Tranquility -aunque lo hizo como guitarrista rítmico y vocalista- y John Culley entró a formar parte de Black Widow y, después, fundaría la banda Odin. John Heyworth falleció en 2010; un año después, tres de los cuatro miembros originales de Cressida (Cullen, Clark y McCarthy) se unirían a Jennings para dar un único concierto en The Underworld (Camden Town -Londres-), el 2 de diciembre de 2011. Hicieron coincidir este concierto con la publicación del álbum “Trapped in Time – The Lost Tapes” (2012), en el que se incluyeron algunas demos, convenientemente editadas, grabadas en 1969. A este concierto en Camden Town pertenece este vídeo, en el que se puede ver a la banda interpretando el tema “Munich”, aunque el sonido es bastante malo. Se trata de una minisuite de nueve minutos y medio de duración, en la que se alternan pasajes melódicos a lo The Moody Blues, con arreglos orquestales, emocionantes solos de guitarra, un sonido de órgano Hammond sensacional y un final épico, que nos deja con ganas de más.
