Charles Aznavour. “Que c’est triste Venise”

No me gustan los días de lluvia, no me gusta el color del cielo, ni la tristeza que se atisba cuando ves llover a través de las ventanas. No sé muy bien por qué pero, siempre que llueve, me viene a la cabeza la canción “Que c’est triste Venise”; que yo sepa, este tema no está directamente relacionado con la lluvia, aunque sí con el agua que circunda Venecia y … con la tristeza ¿Puede haber algo más triste que compartir esta ciudad, emblema de lo romántico, con alguien al que ya no amas?

Este clásico del cancionero francés fue compuesto por la escritora y actriz Françoise Dorin (letra) y por el francés, de padres armenios, Charles Aznavour, sobre el que ya ofrecimos unas pinceladas biográficas en la entrada que dedicamos al tema “L’amour c’est comme un jour”. Grabó algunos de sus temas más conocidos, como “La Bohème” (1965) o “Que c’est triste Venise”, durante la década de 1960. En este último caso, el single fue publicado en 1964, con el tema “Hier encore” en la cara B; ese mismo año, también se grabó un Ep con cuatro canciones, las dos que conformaron en sencillo y las tituladas “À ma fille” y “Quand j’en aurai assez”; el tema que hoy nos ocupa también fue incluido en el álbum “Charles Aznavour Accompagné Par Paul Mauriat Et Son Orchestre” (1964). Definitivamente, creo que es el melancólico arreglo de Paul Mauriat el que me viene a la cabeza en los días de lluvia, siempre en la versión original en francés, aunque en España -y en otros lugares del Mundo- sea más famosa la interpretación que hiciera el propio Charles Aznavour en castellano (aquí la tenéis). Aprovechando la facilidad que tenía con los idiomas, Aznavour también grabó esta canción en italiano, alemán e inglés.

Como homenaje a esta multiculturalidad lingüística que acompaña a “Que c’est triste Venise”, hoy voy a ofreceros cuatro versiones, una en cada uno de estos idiomas, aunque me consta que existen muchas más, algunas de ellas en lenguas como el serbio, el catalán, el portugués o el sueco. Para la versión francesa, he elegido a una italiana: Gigliola Cinquetti, quien grabó esta melodía para su álbum titulado “Bonjour Paris”, publicado en 1974; otra italiana, Iva Zanicchi, incluyó el tema en su disco “Caro Aznavour …Iva”; la versión alemana es la de Corry Brokken, grabada un año después que el original de Aznavour; en inglés, os propongo la del crooner Bobby Darin, también de 1965; finalmente, os propongo una excelente interpretación en castellano, a cargo del cantante catalán Dyango, con la que se abre el disco que lleva por título “Himnos al amor” (2001).

Ricky Nelson / Milton Mapes / Paul McCartney & friends. “Lonesome Town”

En octubre de 1999 se lanzó al mercado el undécimo álbum de estudio de Paul McCartney en solitario. Fue grabado entre marzo y mayo de 1999, aproximadamente un año después del fallecimiento de su esposa, Linda, debido a un cáncer. Quizás por ello, quiso hacer un disco diferente, algo así como un reencuentro con la música que escuchaba cuando era adolescente. En “Run, Devil Run” (1999) se incluyeron dieciséis canciones de R&R de los años cincuenta: trece versiones de temas conocidos (y otros no tan conocidos) que, en su día, fueron interpretados por artistas como Gene Vincent, Chuck Berry, Ricky Nelson, Elvis Presley, Carl Perkins, Buddy Holly, Little Richard o Fats Domino; y tres canciones compuestas por McCartney, dentro de estos parámetros rocanroleros. Para la ocasion, Paul McCartney se rodeó de un grupo de músicos excepcional, entre los que podemos destacar a David Gilmour (Pink Floyd), Ian Pace (Deep Purple) o Dave Mattacks (Fairport Convention).

El corte número seis del disco corresponde al tema “Lonesome Town”, compuesto por Baker Knight -autor de temas tan conocidos como “The Wonder of You”, que popularizara Elvis Presley- e interpretado por primera vez por Ricky Nelson, en 1958. De este músico y actor ya hablamos en una entrada anterior, dedicada al tema “Hello Mary Lou”, en la que hicimos una breve semblanza biográfica de este cantante, a menudo conocido como “el otro Elvis Presley”. Incluyó esta canción en su tercer álbum de estudio (“Ricky Sings Again”), para el que contó con el acompañamiento vocal del grupo The Jordanaires, también habituales en las grabaciones de Elvis Presley.

De “Lonesome Town”, cuya letra describe un lugar ficticio al que pueden acudir los corazones rotos para ahogar sus penas, se han hecho bastantes versiones; además de las dos ya mencionadas, a cargo de Ricky Nelson y de Paul McCartney, también podemos mencionar las debidas por Mark Murphy, The Ventures, Johnny Tillotson, The Fleetwoods, The Hep Stars, Ronnie Hawkins, Ray Dexter, Jerry Garcia, Chloe Moser, Françoise Hardy, Richard Anthony (en francés), Johnny Hallyday (en francés), The Cramps (psychobilly) o nuestra tercera opción de hoy, a cargo de la banda estadounidense de folk rock y country rock Milton Mapes. Esta versión fue incluida en la banda sonora del videojuego “Stubbs the Zombie in Rebel Without a Pulse”, del que ya hablamos en un post anterior. “Lonesome Town” ha aparecido en películas como “Pulp Fiction” y en series de televisión como “Heroes”, “The End of the F***ing World” o “Grantchester”.

Riccardo Cocciante. “Margherita”

Riccardo Vincent Cocciante, conocido como Riccardo Cocciante o Richard Cocciante, es un cantautor italiano nacido en Saigón (Indochina francesa, actual Vietnam), hijo de padre italiano y madre francesa. A los once años ya había emigrado con su familia a Roma (Italia), donde se formó como músico, sin olvidar nunca su ascendencia materna francesa. Grabó su primer sencillo en 1968 -como Riccardo Conte-, con 21 ó 22 años, aunque no tuvo mucho éxito; tampoco lo tendría en los años posteriores, con el sello Delta, para el que grabaría algún single, que también pasó desapercibido. No salió del ostracismo hasta que conoció a los autores italianos Marco Luberti y Amerigo Paolo Cassella, con quienes trabajó en los nuevos discos que grabo con la RCA italiana; en 1972, publicó un álbum conceptual -el primer Lp de su carrera- (“Mu”, 1972), con influencias procedentes del rock progresivo; después grabaría “Poesía” (1973), “Anima” (1974 -en el que se incluyó su primer gran éxito: “Bella senz’anima”-), “L’alba” (1975) y “Concerto per Margherita” (1976), un excelente álbum de pop melódico con unos imponentes arreglos electrónicos a cargo del griego Vangelis, músico de la misma casa discográfica que Cocciante que, un par de años antes, ya había trabajado con otro cantante italiano: Claudio Baglioni.

Los diez temas que componen el disco fueron compuestos por Marco Luberti (letra) y Riccardo Cocciante (música), mientras que la imagen de la portada es obra del artista Bernhard Grisel, en concreto una parte de su cuadro titulado “Les Styriennes”, cuya modelo fue la propia esposa del pintor. La canción más conocida del disco, y una de las más recordadas de Riccardo Cocciante, es la titulada “Margherita”, cuya letra surgió en la cabeza de Marco Luberti mientras dormía, obsesionado por dar texto a todas las partituras que había compuesto Cocciante para este álbum. Este poético y arrebatador canto al amor, también se grabó en francés, inglés y español -me acuerdo del gran éxito que tuvo en nuestro país-, y ha sido interpretado por Cocciante en multitud de ocasiones; aquí os dejo éste directo de 1976, éste otro de 1980, uno de 1998 -con todo el público cantando- y el del Festival de San Remo de 1999. A pesar de que existen bastantes versiones de este tema, sólo os voy a proponer dos: la de Mina y, la más reciente, de Tiziano Ferro.

Bette Midler / The Dubliners / Joe Bonamassa. “The Rose”

“Pearl” era el apodo de Janis Joplin y, también, el título que inicialmente tuvo una película de la 20th Century Fox, que pretendía ser un biopic de esta inolvidable cantante, fallecida a los veintisiete años. Con el guion ya listo, la familia de Janis no aceptó la historia que allí se contaba y prohibió utilizar su nombre, y su música, en la película. Los productores no abandonaron el proyecto, pero lo orientaron hacia la dramatización de una artista autodestructiva, de finales de los años sesenta del siglo XX, que intentaba hacer frente a sus adicciones y a las presiones que recibía del negocio de la música. La dirección de la película le fue encomendada a Mark Rydell, y los asuntos musicales a Paul A. Rothchild, el mismo que produjo el álbum titulado “Pearl” (1971), el segundo y último disco de estudio de Janis Joplin, lanzado al mercado tres meses después de su fallecimiento. Parece que Rothchild escuchó unas tres mil canciones y, de entre ellas, seleccionó treinta; una de aquellas melodías estaba compuesta por la cantautora y actriz Amanda McBroom, y fue una de las elegidas por la protagonista de la película, Bette Midler, para formar parte de la banda sonora de este film.

Según cuenta la compositora de este tema en su página web, ella misma presentó esta melodía a los productores de la película, a quienes no les gustó nada; fue Rothchild quien se la mandó a Bette Midler, y ella sí que dio el visto bueno. Según relata Amanda McBroom, la inspiración le llegó cuando escuchó por la radio el tema “Magdalena”, de Danny O’Keefe, cantada por Leo Sayer. A pesar de que la letra le pareció bella, no estaba de acuerdo con ella (“Tu amor es como una navaja. Mi corazón es solo una cicatriz”), y quiso componer su propia canción, en la que pudiera expresar lo que, para ella, era el amor: “De repente, fue como si alguien hubiera abierto una ventana en lo alto de mi cabeza. Las palabras empezaron a fluir. Tuve que seguir recitándolas para mí misma mientras conducía cada vez más rápido hacia casa, para no olvidarlas. Entré a toda velocidad en la entrada de mi casa, corrí hacia la casa, pasé junto a varios perros, gatos y maridos desconcertados, y me senté al piano. Diez minutos después, LA ROSA estaba allí. Llamé a mi marido, George, a la habitación y se la toqué, como siempre hacía con mis nuevas canciones. Escuchó y me dijo en voz baja: ‘Acabas de escribir un clásico’. Yo protesté diciendo que sólo mis amigos la escucharían (esto fue mucho antes de que yo hubiera grabado nada). Él dijo: ‘Recuerda lo que le digo, algo va a pasar con esta canción’”.

Un año después, aconsejada por su colaboradora y amiga Michele Brourman, envió esta canción a los productores de la película “Pearl”, finalmente titulada “The Rose”. Pusieron a la canción el mismo nombre, y ocupó un lugar destacado al final de la película, en el momento en el que se proyectan los créditos finales. Bette Midler ganó el Grammy a la mejor interpretación vocal pop femenina por “The Rose”, imponiéndose a voces como Barbra Streisand o Donna Summer, entre otras. Sin embargo, “The Rose” ni siquiera fue nominada a los premios Oscar en la categoría de mejor canción original; ello fue debido a la rígida normativa de la Academia, que exigía a los temas en concurso que hubieran sido escritos, de manera específica e inequívoca, para alguna película. En cambio, sí obtuvo el Globo de Oro a la mejor canción original, puesto que estos premios no exigían este requisito de canción completamente original.

Para acompañar a Bette Midler, os propongo al grupo folk irlandés The Dubliners (con The Hot House Flowers), quienes grabaron este tema hacia 1991; y al guitarrista de blues estadounidense Joe Bonamassa, que nos regala una espléndida versión, con su guitarra acústica, sin grandes alardes guitarreros y con un acompañamiento instrumental de lo más sugerente. Si queréis probar con otros artistas, os propongo a Joan Baez, Conway Twitty, Lincoln Mayorga & Amanda McBroom, Amanda McBroom, Nana Mouskouri, Judy Collins, Jonathan Richman, Shirley Bassey, Le Ann Rimes, Bonnie Tyler, Elkie Brooks, Glee Cast o Katherine Jenkins.

Mina. “Il cielo in una stanza”

Mina Anna Maria Mazzini, conocida con el nombre artístico de Mina, es una de las grandes voces de la música pop y, probablemente, la cantante con más premios, reconocimientos y obra publicada de la música italiana. Nació en Busto Arsizio (Lombardía -Italia-), en 1940, aunque creció en Cremona (Italia), no en vano también es conocida con el sobrenombre de “Tigresa de Cremona”. Comenzó su carrera en un local de Pietrasanta (Italia), cantando versiones de R&R; en 1959 debutó en la tele, con uno de sus temas más conocidos: “Nessuno”; le terminó de llegar el éxito tras participar en los Festivales de San Remo de 1960 y 1961, hasta convertirse en una de las voces más reconocibles de Italia, una habitual en los programas de televisión, y también en el cine (intervino en casi una decena de películas, entre 1959 y 1967). Durante la década de 1970 fue abandonando sus apariciones en los medios, apenas aceptó conciertos fuera de Italia y rechazó papeles en películas de Fellini, incluso en “El Padrino”, de Coppola. A finales de los setenta decidió recluirse en su casa de Lugano (Suiza), donde se había trasladado en 1967; aunque ha seguido grabando discos con cierta regularidad, eso sí, sin someterse a giras y actos promocionales.

La canción que hoy nos ocupa, “Il cielo in una stanza”, fue grabada por Mina en 1960, publicada como single en junio de ese mismo año e incluida en su segundo álbum de estudio, titulado igual que la canción. Se trata de una pieza musical compuesta por el cantautor Gino Paoli -aunque inicialmente fuera inscrita con otra titularidad: Mogol (letra) y De Toang (música)-, autor de temas tan conocidos del cancionero pop italiano como “La gatta”, “Senza fine” o “Sapore di sale”. Al parecer, según ha manifestado el propio Paoli, la inspiración para esta canción vino después de un encuentro sexual con una prostituta de Génova, concretamente en una habitación con el techo pintado de morado. Esta canción fue rechazada por algunos intérpretes, incluso por Mina, hasta que se dejó convencer cuando la escuchó del propio Paoli, tocada al piano y, por qué no decirlo, también debido a la presión efectuada por la discográfica. Es lógico que Mina (y otros intérpretes) no quisieran saber nada de una canción que habla de practicar el sexo con una prostituta en un burdel de techo morado, sobre todo si tenemos en cuenta el nivel de intrascendencia y el tono ligero que venía siendo habitual en las canciones pop y melódicas que entonces se escuchaban en Italia. “Il cielo in una stanza” es una obra poética bella e innovadora, sin un estribillo marcado y con un crescendo musical que nos traslada desde lo onírico a lo íntimo, una manera de entender la música, más adulta y comprometida, que revolucionó el pop melódico en el país transalpino.

Aquí podemos ver a Mina, en 1961, interpretando esta canción en televisión, aquí otro directo suyo de 1962 y, en los siguientes enlaces, versiones de este tema cantadas por Mina en español, inglés y alemán. Entre las numerosas versiones realizadas por otros artistas, mencionaremos una de la ejecutadas por el autor y las de Connie Francis, Franco Battiato y Margheritta Pirri (no os perdáis el vídeo). No quiero acabar sin recomendar una serie, que a mí me ha parecido fabulosa, la mejor que he visto este año; os hablo de “Ripley”, una adaptación de la novela de Patricia Highsmith, que ya tuvo su película en 1999 (“El talento de Mr. Ripley”); en el capítulo 2 se incluye una escena bellísima (aquí la tenéis), en la que esta canción es la protagonista.