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Las Cinco Canciones de Itziar (II): “Rapper’s Delight” (The Sugarhill Gang)

En los ochenta Itziar vivía con su hermana Mariola (os hablé de ella en esta entrada dedicada a la canción “Mi agüita amarilla”), en el piso que había servido de domicilio familiar; sus padres se habían trasladado a la casa del pueblo y, tanto Itziar como Mariola, habían transformado su domicilio en lugar de encuentro para la familia y los amigos, que íbamos a estudiar allí, veíamos películas, charlábamos, comíamos y escuchábamos música. En aquella casa del madrileño Paseo de Extremadura siempre estaba sonando la música y casi siempre era funky, jazz o smooth jazz: Al Jarreau, David Sanborn, Pat Metheny, George Benson y, por supuesto, grupos como The Sugarhill Gang y su “Rapper’s Delight”, un tema rap con aroma funky que seguro os sonará. Con ellas aprendí a valorar otros estilos musicales, a comprender el jazz y a incorporarlo a mis gustos musicales, ¡muchas gracias, chicas!

“Al igual que comentaba en la entrada anterior, la segunda canción también tiene que ver con la fusión de estilos, en este caso está relacionada con la primera vez que escuché un rap mezclado con funky. El hip hop comenzó en los Estados Unidos a finales de los setenta, aunque cuando adquirió un mayor desarrollo y se hizo más popular en todo el Mundo fue en la década de los ochenta. El tema “Rapper’s Delight”, del trío The Sugarhill Gang, lo conocí gracias al programa “Selección 15” de Antonio Fernández Arias, que a veces escuchaba por las mañanas, en Radio 80. Lamentablemente Antonio Fernández nos abandonó en 2013, aquí os dejo un artículo publicado en El País rindiéndole homenaje por su gran trayectoria radiofónica y musical.

A comienzos de este siglo, Manuel Ruiz Queco compuso un tema titulado “Aserejé”, popularizado por el grupo femenino Las Ketchup, en el que utilizó algunas partes de “Rapper’s Delight” para construir su canción en forma de ingeniosa parodia, traducida fonéticamente al español como lo haría alguien que no sabe inglés, tal y como podría entenderlo un gitano que va a la discoteca por la noche, le ponen “Rapper’s Delight” y se pone a cantar a grito pelado lo que buenamente entiende: “Aserejé, ja deje tejebe tude jebere / Sebiunouba majabi an de bugui an de buididipí”. Este rap nos unió para siempre al gitano y a mí, cada vez que canto extasiada y a gritos este número: ‘y la bailaaa, y la cantaaaaa…’”

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Lila Downs. “La cumbia del mole” / “La cucaracha” / “Dignificada”

Hoy hacemos una excepción en este blog, cuya protagonista habitual es la canción, para dar paso a una gran artista, una de las mejores de la música latina actual, digna sucesora de Chavela Vargas: Lila Downs, hija de la cantante indígena mixteca Anita Sánchez y del profesor de cinematografía estadounidense Allen Downs. Su música es como una ensalada llena de ingredientes tradicionales y de otros más propios de la Nouvelle Cuisine, exóticos y atrevidos, todo a la vez, de un sabor intenso y multicultural: corrido mexicano, cumbia, bolero, folk, rock, jazz, rap, hip-hop, etc. Canta en inglés, castellano e incluso en lenguas nativas mexicanas de Oaxaca; sus canciones casi nunca son aburridas, en un mismo tema te encuentras con giros y ritmos completamente diferentes (tan pronto la canción es un corrido, como se transforma en un rap o aparece un riff de guitarra) y con una propuesta vocal muy sugerente, en la que Lila Downs es capaz de ejecutar 3 ó 4 voces diferentes (lógicamente, alguna de ellas impostadas o forzadas). La primera canción que os propongo es “La cumbia del mole”, una receta que espero os levante el ánimo para este inicio de semana. Las otras dos nos acercan a una de las facetas más interesantes de esta gran mujer: su compromiso social; una versión de la canción tradicional “La cucaracha” (os recomiendo que no os perdáis la letra) y “Dignificada”, un homenaje a las mujeres luchadoras en un ambiente tan hostil como el latinoamericano.