Bob Dylan / Fairport Convention / Arlo Guthrie. “Percy’s Song”

El tercer álbum de Bob Dylan se tituló “The Times They Are a-Changin’” (1964), el primero en el que sólo se incluyeron temas originales del cantautor estadounidense, que trataban de asuntos como la pobreza, el racismo o los problemas sociales, todo ello tratado con crudeza, en lo que respecta a las letras, y con sencillez, en lo concerniente a los arreglos musicales. Tal era el estado creativo de Dylan durante aquellos años, que tuvieron que descartarse algunas de las canciones que se registraron en las sesiones de grabación de este álbum. Una de ellas fue “Percy’s Song”, una hermosa balada, que no se llegó a publicar hasta 1985, en la compilación titulada “Biograph”, aunque Dylan la había interpretado en directo mucho antes, la primera vez el 26 de octubre de 1963, en el Carnegie Hall. En aquella ocasión Dylan debió afirmar -también aparece explicitado en el recopilatorio “Biograph”- que la melodía estaba basada en la canción “The Wind And The Rain”, del cantante folk Paul Clayton que, a su vez, parece ser una variante de la balada tradicional británica “The Two Sisters”, cuyo origen se remonta al siglo XVII; en ella, se narra la historia de una niña asesinada por su celosa hermana.

Utilizando el recurso del verso repetido, a modo de estribillo letánico, y de la narración en tercera persona, Dylan hace que nos zambullamos en una dura historia, quizás basada en alguien que conocía, la de un conductor condenado a noventa y nueve años de prisión por un accidente automovilístico en el que fallecieron varias personas. El narrador trata de explicar al juez que su amigo es una buena persona, incapaz de matar a nadie, y que no merece una sentencia tan severa; el juez hace oídos sordos y mantiene la pena, técnicamente de cadena perpetua. Según señalan algunas fuentes, el recurso narrativo empleado por Dylan recuerda mucho al que aparece en “Geordie”, otra balada infantil tradicional, en la que se cuenta el juicio de un héroe y cómo la amante implora por su vida.

Joan Báez interpretó “Percy’s Song” en 1967, en el documental “Don’t Look Back” (aquí tenéis la secuencia). No existen demasiadas versiones de este tema, a pesar de que me parece de los mejores de Bob Dylan, lo cual es mucho decir. Entre las existentes, destaco la del dúo sesentero Dave Waite y Marianne Segal, las de Steve Sevek, Lötsjön y, por supuesto, las dos que os propongo para acompañar el original de Dylan: la del grupo británico Fairport Convention, incluida en su excelente álbum “Unhalfbricking” (1969), del que ya hemos hablado a propósito del tema titulado “Who Knows Where the Time Goes?”; y la del cantante estadounidense Arlo Guthrie, quien incluyó esta canción en su álbum “Washington County” (1970).

Asia. “The Heat Goes On”

Los que tenéis la santa paciencia de seguir este blog, semana tras semana, habréis leído más de una vez mi punto de vista respecto de lo que fue el punk, un movimiento social, cultural y musical que apareció con el deseo de recuperar la frescura del viejo R&R y acabó como un homenaje a la provocación, la disidencia, el rechazo a lo socialmente establecido y el odio hacia el rock progresivo o hacia cualquier mecanismo que hiciera del rock un estilo complicado, pretencioso y pretendidamente culto. En esta revolución, los aristócratas del rock, grupos como Yes, Genesis, King Crimson, Camel o Pink Floyd (especialmente odiados por bandas como Sex Pistols), no lo pasaron muy bien, al igual que sucedió con otro género setentero por excelencia: el hard rock. En estas circunstancias, tanto los grupos hardrockeros como los progresivos, intentaron simplificar sus propuestas musicales, con el fin de hacerse más comerciales y llegar a un público que ya estaba paladeando el rock sencillo y sin complicaciones que proponían punkies y nuevaoleros. Bandas como Boston, Foreigner, Toto, REO Speedwagon o Asia, nuestros protagonistas de hoy, trataron de facturar un producto fundamentado en melodías reconocibles, con estribillos bien trabajados, y un sonido bien arreglado, de calidad pero sin la aspereza del rock duro o el virtuosismo del rock progresivo. Una especie de rock melódico apto para todos los públicos, también conocido como AOR (“adult-oriented-rock”), “west coast sound” o “yacht rock”. Si queréis saber más sobre este subgénero del rock, os recomiendo la entrada que dedicó Álvaro en su blog Anhelarium.

De Asia ya os hablé en un par de entradas anteriores, las dedicadas a los temas “Don’t Cry” y “Heat at the Moment”, quizás los más conocidos de esta formación, un supergrupo británico creado en 1981 por Steve Howe -guitarra- y Geoff Dones -teclados- (antiguos miembros de Yes), John Wetton -bajo, voz- (King Crimson) y Carl Palmer -batería (Emerson, Lake & Palmer). Publicaron su primer álbum (“Asia”) en 1982, con una portada diseñada por Roger Dean, el artista de referencia de Yes y otras bandas de rock progresivo. Sin embargo, de este estilo quedaba poco en este álbum; como ya comenté en aquellas entradas, el disco tuvo bastante éxito, pero fue muy criticado por la prensa especializada y por los aficionados al rock progresivo que, entonces, consideramos que este disco era una traición al género. Como ya soy mayor, detesto los prejuicios musicales y me da igual el sentimiento de pertenencia tribal, os dejo con Asia, esta vez con “The Heat Goes On”, el segundo tema incluido en la cara B del álbum titulado “Alpha” (1983), compuesto por Geff Dones y John Wetton; y con esta interpretación en directo del año 1983, para que podáis ver en acción a estos supermúsicos.

Melody Gardot. “Your Heart Is As Black As Night”

De entre las bellas artes, la música quizás sea la más popular y la más utilizada para expresar sentimientos y estados de ánimo. Existe desde siempre, ligada a ritos cotidianos como la caza, las cosechas, las celebraciones nupciales, la danza, los ritos funerarios o la curación de enfermedades. Por lo tanto, la musicoterapia es un acto atávico que, a través de distintas teorías y corrientes doctrinales formuladas a lo largo de la historia, ha llegado hasta nuestros días (Palacios Sanz, 2001).

Hoy os quiero hablar de una artista, Melody Gardot, que debe gran parte de su éxito a la musicoterapia. Nacida en New Jersey (EE.UU.), fue criada por sus abuelos; comenzó sus estudios musicales a los nueve años y, durante la adolescencia, ya cantaba en directo en locales de Filadelfia, generalmente haciendo versiones de clásicos del jazz, el pop y el rock. A los diecinueve años fue atropellada por un coche mientras montaba en bicicleta; sufrió lesiones muy graves en distintas partes de su cuerpo (cabeza, pelvis o columna); como consecuencia de ello, tuvo problemas serios de movilidad, aprendizaje, pérdida de memoria, alteraciones de la orientación temporal, fotosensibilidad e hiperacusia. Animada por un médico, abrazó la musicoterapia para tratar de restablecer su salud, tanto en lo fisiológico como en lo emocional. Empezó a escribir canciones casi al mismo tiempo que reaprendía a hablar, las tarareaba y grababa. Incluso aprendió a tocar la guitarra (la tocaba boca arriba) porque era incapaz de sentarse al piano. Optó por escuchar, componer y cantar melodías suaves, de jazz o bossanova, que cantaba en pequeños locales de Filadelfia, y grababa para su descarga a través de iTunes. En seguida llamó la atención de los especialistas musicales de su entorno y, pese a su reticencia a ir más allá de lo que para ella era una terapia, grabó su primer álbum (“Worrisome Heart”) en el año 2006; un año antes había publicado un EP con seis canciones.

El estilo de Melody Gardot se consolidó en su segundo disco (“My One And Only Thrill”, 2009), un álbum que se arrima a un exquisito jazz vocal atemporal, un tipo de música como el que podía sonar en algunos tugurios humeantes de los años cincuenta. Mientras que todas las canciones de su primer álbum fueron compuestas por ella en su totalidad, en su segundo trabajo también se incluyeron dos temas compuestos por Melody Gardot, junto al guitarrista Jesse Harris, y el superclásico “Over The Rainbow”, del que nos hemos ocupado en la versión de Eva Cassidy, otra voz excepcional, prematuramente malograda. Si estáis hasta las narices de ruidos y os queréis relajar mientras disfrutáis de la música, apagad la luz y escuchad este disco, en el que se incluyen temas tan hermosos como “Baby I’m Fool”, “If The Stars Were Mine”, “Les Etoiles” o Your Heart Is As Black As Night”, nuestra canción de hoy. Prestad atención al irresistible y sensual timbre vocal de Melody, a su voz contenida, a su fraseo, a sus silencios; todo ello envuelto en una atmósfera nostálgica, dominada por el piano, el saxo, la trompeta y el órgano. La letra es una bellísima reflexión en torno a los amores tóxicos, esos que nos hacen vibrar, con los que perdemos la cabeza cuando nos dejamos seducir por amantes de labios dulces y corazones tan negros como la noche. Finalizo con un directo de Melody Gardot interpretando este tema, para que la veáis en acción, y con una espectacular versión, a cargo de Beth Hart y Joe Bonamassa, publicada en el álbum “Don’t Explain” (2011).